Contáctanos

Latinoamérica

Daniel Haaksman estrena nuevo single y video “Bruja ft. MALAGÜERA + Los Bulldozer”

Este singles es un dembow que fusiona ritmos latinos con sonidos y vibras electrónicas alemanas.

Publicado

en

Daniel Haaksman está de regreso con un nuevo sencillo parte de su nuevo álbum ‘Sonido
Lava’ listo para salir el 14 de Abril. “Bruja ft. MALAGÜERA + Los Bulldozer” es rumba sin fronteras. Las voces son a cargo de la artista chilena multidisciplinaria MALAGÜERA, quien ya había tenido una aparición en el lanzamiento de 2022 “La Mujer Dormida”. MALAGÜERA relata en sus letras la historia de una bruja, la cual está purificando su alma a través de la danza y el fuego.

“La canción trata del volcán Masaya en Nicaragua. Cuenta la leyenda que en la época pre-colonial había una bruja allí que vivía. La letra habla de esta bruja, y ahora esta mujer de haber estado completamente dormida ahora está despierta y tiene que abrazar quién ella es. Esta bruja al final purifica su alma a través de la danza, a través del fuego, a través del canto, siempre en conexión con esta fuerza de la naturaleza que es el volcán.” – Nos cuenta MALAGÜERA.

Pocos son los afortunados que pueden decir haber hecho tanto por el intercambio musical en todo el mundo como el DJ, productor y director de sello berlinés “Man Recordings”, Daniel Haaksman. Apartir del 2005 Daniel les dió una plataforma propia a todos los sonidos emergentes de Brasil y sus adaptaciones internacionales. Esta plataforma sería su sello “Man Recordings”, con más de 125 lanzamientos, es considerado el sello pionero de Tropical Bass. En cuanto a su producción musical como artista incluye varios álbumes, tales como “African Fabrics”, “With Love, from Berlín” y recopilaciones como “Black Atlanta edits” en BBE, así como innumerables singles, remixes y edits. Como DJ, ha recorrido el mundo entero llevando su propuesta musical a escenarios de festivales como Tim Festival, Glastonbury Festival, Womad o Tomorrowland.

Daniela Schott Correa, mejor conocida como MALAGÜERA, es una artista multidisciplinaria originaria de Santiago de Chile, que actualmente reside en Berlín. Se desenvuelve en distintas áreas tales como teatro, música, cantante y DJ, ejecutando un híbrido y en diversas áreas las cuales combinan escritura, música electrónica y música en vivo.

Las guitarras de refuerzo en “Bruja” son cortesía de Los Bulldozer, quienes ya habían tenido una aparición en clásicos como “Akabongi” ft. Spoek Mathambo o “Sabado”. Fundada por el guitarrista y productor Fabián Morales en 2012, Los Bulldozers tienen una manera única de traer a la mesa influencias como Soukous, un estilo de blues proveniente de África Occidental y post punk y fusionarlos con la ya exquisita diversidad musical de estilos colombianos clave como el currulao, la champeta y el reggaetón.

El broche de oro es el video musical, dirigido por Johannes Wachsmuth, aclamado director berlinés.

Latinoamérica

Fesde Argentina Manu Sousax lleva la rabia de Parque Patricios al rock latinoamericano

Publicado

en

Hay músicos que se construyen en los estudios y otros que nacen en la calle, entre adoquines y códigos que no se aprenden en ningún conservatorio. Manu Sousax pertenece a esa segunda estirpe. Desde Parque Patricios, Buenos Aires, este artista independiente viene levantando una bandera de rock de barrio con actitud punk, una música que no pide permiso y que se siente en cada acorde como un golpe directo al pecho. Su historia no empezó de a poco, empezó de golpe: fue en un recital en el viejo Salón Rock Sur de Pompeya, viendo a Viejas Locas junto a Jóvenes Pordioseros, cuando el Pity Álvarez entró al escenario y le partió la cabeza. Ahí entendió que su lugar estaba arriba de las tablas, y que la música no iba a ser una opción sino su lenguaje vital.

Ese ADN musical está atravesado por el pulso inconfundible de Viejas Locas e Intoxicados, pero no como una copia calculada sino como una forma natural de respirar rock. “No es algo que busque. Es la forma que me sale naturalmente, la manera de hacer música con la que más me identifico desde siempre”, confiesa Manu. A eso le suma una crudeza que no se aprende: letras frontales, sin filtros, con la realidad urbana como materia prima. Su propuesta se mueve dentro del rock nacional con pinceladas de punk y reggae, pero siempre con una identidad marcada por la honestidad de quien cuenta lo que le pasó o lo que le podría pasar a cualquiera.

El camino de Manu Sousax tuvo un quiebre que pocos músicos de barrio pueden contar. Se fue a vivir a Brasil con la idea de rebuscársela vendiendo caipirinhas en la playa, pero terminó tocando el saxo en restaurantes y hoteles frente al mar. Ahí, lejos de Parque Patricios, reafirmó que la música siempre encuentra la forma de aparecer, incluso cuando el plan original era otro. Esa experiencia internacional no lo alejó de su raíz; al contrario, le dio una perspectiva más ancha sobre lo que significa ser un artista independiente en Latinoamérica. Por eso hoy, cuando mira hacia Colombia y sigue lo que hacen las bandas del rock colombiano, siente que hay un idioma común: el de la música hecha sin intermediarios, desde abajo y con las entrañas.

Su discografía es el mapa de ese recorrido. Con “Entre el Bien y el Bar” , su álbum debut, definió el rumbo y la identidad sonora del proyecto: un disco conceptual que retrata las luces y las sombras de la vida, las decisiones y las historias que nos transforman. De ahí salieron los primeros singles, “Viejas Locas” —un homenaje explícito a la banda que le cambió la vida— y “PerdóNAME”, un corte punk intenso y pegadizo que mostró que Manu podía golpear con fuerza sin perder melodía. Pero la evolución no se detuvo. Ahora presenta “Zona Liberada” , su lanzamiento más reciente, un material que él mismo define como más intenso, potente y explosivo, una versión superadora de todo lo que había hecho antes. De ese disco se desprende “Mucha Policía” , un punk crudo y directo que Manu quiere hacer llegar a la radio y a los portales colombianos, porque siente que la rabia y la urgencia de sus letras pueden conectar con lo que se está gestando en la escena independiente del país.

En un momento en que el rock independiente latinoamericano se sostiene a fuerza de colectivos y redes que cruzan fronteras, la historia de Manu Sousax es la de un tipo que eligió el camino más difícil: mantenerse independiente para hacer las cosas como realmente siente, aunque eso signifique menos comodidades y más pulmones. Su proyecto está arrancando, todavía no hizo presentaciones en vivo porque está armando la banda, pero la intención es clara: cuando eso pase, quiere que tanto él como la gente se entreguen por completo. “No quiero que sea solo un show, quiero que pase algo de verdad”, dice. Esa misma verdad es la que trae hasta Colombia con “Mucha Policía” , un tema que no pide permiso y que llega en el momento justo, cuando el punk de barrio vuelve a ser una necesidad.

Continúa leyendo

Colombia

Bogotá afina las guitarras para Incendiar Wacken y el primer heat ya tiene dueño

Publicado

en

La maquinaria del metal colombiano ha vuelto a rugir con una fuerza que no entiende de fronteras y Wacken Metal Battle Colombia ha abierto oficialmente su cuarta temporada consecutiva con una noche que quedará grabada en la memoria de la escena capitalina, porque Bbar se convirtió en el epicentro de una operación enorme que activa un circuito único en la región y que este 2026 llega con un antecedente demoledor, el primer lugar a nivel mundial conquistado con fuerza por el talento de los chilenos Force, un hito que ahora obliga a llevar a dos bandas al campo sagrado de Alemania y que eleva la vara para cada agrupación que se atreve a subirse al escenario.

La geografía de esta batalla es tan ambiciosa como su propósito y nuestra región se divide en dos, norte con Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que el oeste agrupa a Chile, Perú y Bolivia, tejiendo una red de eliminatorias que desembocan en una final regional donde los mejores exponentes del continente se disputan el pasaje a Wacken Open Air y esa presión se sintió desde el primer acorde en Bogotá, donde cinco bandas de altísimo nivel se lanzaron a la arena con la certeza de que solo un cupo directo estaban en juego y con la responsabilidad de demostrar que la escena local es mucho más que las diez bandas que suelen rotar por los espacios públicos.

La primera en reventar el escenario fue Decimation, una agrupación bogotana de death metal formada en 2016 que sonó como un camión y que dejó claro por qué es una de las bandas más sólidas del circuito extremo capitalino, con una alta factura en los riffs de guitarra y una energía que no dio tregua en ningún momento, porque su punto fuerte es ese front man que combina una voz poderosa con una presencia escénica bestial y que, respaldado por una banda de ejecución precisa, logró que el público entendiera de inmediato que la noche no iba a tener concesiones, sobre todo si se tiene en cuenta que Decimation trabajando constantemen te consolidando un nombre que ya es sinónimo de brutalidad bien entendida en la movida bogotana.

Siguió Atomic Heart, una de esas bandas jóvenes que llevan varios años trabajando y cuya evolución ha sido evidente para quienes han seguido su rastro, porque el ensamble musical es de mucho calibre y refresca una escena que necesita urgentemente de savia nueva, y es que Atomic Heart ha dado un giro hacia una especie de hard rock con una identidad propia que ellos mismos bautizaron como Street-Rock, una propuesta que refleja lo que es ser un muchacho en estos tiempos y que se sostiene en el caos urbano de Bogotá como materia prima, con guitarras pesadas, estructuras directas y una estética que bebe del pixel art y el glitch, además de contar con recorrido que ya supera una enorme cantidad de presentaciones y nominaciones en los Premios Subterránica 2026, lo que confirma que su juventud no es un obstáculo sino un combustible para seguir conquistando espacios.

Luego vino Sunset Street, una banda que ha dado mucho de qué hablar en Bogotá por su puesta en escena, su look y su energía, y que representó toda la estética glam de los ochentas a la perfección con una diversión contagiosa que cautivó al público desde el primer acorde, porque su propuesta rescata el sonido y la imaginería de bandas como Mötley Crüe, Ratt y Poison con una fidelidad que no cae en la copia y que, por el contrario, se apropia del sleaze metal para proyectarlo hacia el presente, y para este heat integraron una segunda voz femenina que sí aportó y enriqueció tanto visual como musicalmente, sumando armonías, texturas y una presencia escénica que potenció la puesta en escena y se complementó con la solidez de un grupo que se nota sin esfuerzo sobre las tablas, con un performance que levantó a todos los asistentes y que confirmó por qué son una de las bandas revelación de los últimos años en el país.

Le llegó el turno a Detonadores, una agrupación que ha sufrido cambios a lo largo de los años hasta consolidar lo que son hoy, con una demostración de poder que dejó al jurado sin argumentos en contra, porque su vocalista es una fuerza de la naturaleza imparable, una mujer que se lleva por delante a muchos de los vocalistas de metal actuales y que, con una música que mezcla crust punk alterado con la fuerza del gutural, convierte cada canción en un golpe profundo y pesado, agresivo y con clase, demostrando que la escena extrema colombiana tiene nombres femeninos que están redefiniendo las reglas del juego y que el jurado supo reconocer al momento de deliberar, apostando por una presencia escénica arrolladora y por un sonido que no necesita adornos para ser demoledor.

Para cerrar la noche llegó Thunder Steel, heavy clásico pero con tintes modernos, riffs rápidos y una puesta en escena perfecta para despedir una jornada tan intensa, y bandas como estas demuestran que los géneros más puros del rock se están retomando por las nuevas generaciones y los están haciendo propios, metiendo el tinte de la ciudad y la realidad en donde viven, porque a pesar de que ya habían pasado cuatro bandas la gente se levantó y respondió con una entrega que pocas veces se ve en un concierto de esta naturaleza, validando el trabajo de una agrupación fundada en 2010 que lleva más de una década construyendo un camino en la escena bogotana y que con discos como “Legión del Trueno” ha sabido mantener viva la llama del heavy metal tradicional sin quedarse anclada en el pasado.

Fue un gran inicio de Metal Battle y las cuentas hablan por sí solas, porque en tres participaciones hemos conquistado dos podios a nivel mundial y eso para nosotros dice mucho, pero la apuesta para esta edición es buscar esa banda que vuelva a remover la tierra de Wacken y eso es algo totalmente difícil, tanto que no se puede decir que hubo una mejor banda que otra, porque los estilos fueron diferentes y los sonidos también, y por eso el jurado se tardó tanto tiempo en decidir, aunque al final el veredicto fue claro, el ganador del primer Heat es Detonadores porque el jurado piensa que la presencia escénica de su vocalista y el poder de la banda podrían destacar en el campo sagrado, así mismo Sunset Street pasa a las finales gracias a un performance que levantó a todo el público y que además les valió el voto de la gente, y algo interesante que estamos haciendo es que las bandas voten por otra banda, y ese voto se lo llevó Atomic Heart, lo cual es muy interesante porque demuestra que todos apoyaron a la generación nueva y que la escena entiende que el relevo generacional no es una amenaza sino una necesidad.

Qué honor poder ver a estas bandas en este circuito y descubrir y reiterar una vez más que Bogotá es mucho más de las diez bandas que rotan por todos los espacios públicos, porque a los que fueron saben que fue un concierto de talla mundial y que las grandes bandas no necesitan estadios para sonar como deben, así que encontraremos de nuevo a Detonadores y Sunset Street en las finales para ver si alguna de ellas avanza a la gran final regional, mientras que por lo pronto el segundo heat será el sábado 24 de octubre con otro cartel que promete darnos una de las mejores noches del año y que dejará claro que esta cuarta edición del Wacken Metal Battle Colombia no es un simple torneo sino una declaración de intenciones de una escena que ya no pide permiso para existir sino que exige ser escuchada.

@subterranica

Continúa leyendo

La mirada Subterránica

Mariachis en Bogotá, la calle como escenario de una ciudad que suena en muchas lenguas

Publicado

en

Bogotá no es solo rock, eso es un hecho, y aunque la escena independiente, los circuitos de metal y los bares de música alternativa hayan construido buena parte de la identidad sonora de la ciudad, lo cierto es que en sus calles conviven culturas diversas que se expresan a través de géneros que no siempre aparecen en los titulares de la prensa especializada. Y entre esas expresiones, el mariachi ocupa un lugar que merece mirarse con detenimiento, no desde el del cliché ni desde la vitrina turística, sino desde una mirada que reconozca su valor como fenómeno escénico, ritual social y memoria afectiva de una urbe que se resiste a reducirse a una sola etiqueta.

En Bogotá una serenata no es solo una lista de canciones, es una irrupción teatral en la rutina, una escena sonora que convierte la cuadra, la sala o el restaurante en escenario. La ciudad, acostumbrada al ruido del tráfico y al bullicio de sus calles de repente se detiene ante la fanfarria de una trompeta y el vibrar de un guitarrón y en ese instante algo cambia en el ambiente, porque no se trata solo de música sino de un performance que rompe con lo cotidiano y obliga a los transeúntes, incluso a los que no pidieron nada, a convertirse en público de una obra breve pero intensa. Es un ritual social que a pesar del paso del tiempo y las modas, se niega a desaparecer del imaginario de la capital y que además dialoga con esa diversidad cultural que hace de Bogotá un territorio mucho más complejo de lo que sugieren los estereotipos sobre su escena musical.

Para los que venimos de la escena independiente no siempre tenemos las herramientas para leer el mariachi en toda su dimensión y es fácil quedarse con la imagen que nos vende la televisión o las historias tradicionales, sin embargo, mirarlo con detenimiento revela una complejidad escénica y una carga emocional que merecen un análisis más profundo, porque en una ciudad donde el rock, el metal y los circuitos alternativos buscan su espacio, el mariachi se erige como un recordatorio de que la música en vivo, en todas sus formas, es ante todo una experiencia de conexión humana. Vale la pena detenerse en el oficio, porque ser mariachi en Bogotá es un ejercicio de resistencia y versatilidad que va mucho más allá del traje de charro impecable y exige dominar un repertorio que abarca desde el desgarro de “El Rey” hasta la melancolía de “La Media Vuelta” y las agrupaciones locales han sabido adaptar ese formato a públicos muy distintos, desde quien pide “Las Mañanitas” para un cumpleaños hasta quien busca una versión de “Cielito Lindo” para sorprender a su pareja, y en ese tránsito entre generaciones, gustos y ocasiones se juega buena parte de su vigencia, una que nunca se pierde y que siempre está ahí, al alcance de quien lo necesite.

La escena del mariachi en Bogotá se mueve en un circuito particular que incluye plazas de mercado, restaurantes de comida mexicana, calles del centro y, por supuesto, las célebres serenatas nocturnas, es un trabajo que se ejerce a menudo en condiciones adversas, bajo la lluvia, a altas horas de la madrugada, cargando estuches de instrumentos por calles empinadas, porque en esencia se trata de un gig más en la economía de la música en vivo, pero con un componente ritualístico que lo distingue de cualquier otra presentación. La calle es el escenario principal y un grupo de mariachis no necesita un recinto con acústica perfecta ni un sistema de luces computarizado, su puesta en escena es la intemperie, la fachada de una casa, la mesa de un bar y el espectáculo comienza con la llegada, con el sonido de las botas, el ajuste de los sombreros y la elección del repertorio, mientras el público, incluso el que no lo pidió, se convierte en espectador de una obra que se construye en tiempo real.

Para entender cómo este formato sigue vigente en celebraciones, serenatas y eventos privados, basta revisar propuestas locales como Mariachis Bogotá, donde la música en vivo se presenta como experiencia escénica y emocional. Este tipo de agrupaciones no solo interpretan canciones, sino que construyen un momento, y la interacción con el público es clave porque una mirada cómplice, una dedicatoria improvisada o un chiste entre canción y canción rompen la partitura para dar paso a la emoción del instante, en un teatro de lo espontáneo donde la ciudad se convierte en un personaje más, con la acústica de un parqueadero, el eco de un edificio residencial o el murmullo de fondo de una avenida concurrida integrándose en la performance, porque el mariachi, a diferencia de una banda de rock en un sótano, no busca aislar el sonido del mundo sino fundirse con él y transformar el caos urbano, por unos minutos, en una banda sonora emotiva.

El repertorio es un archivo de memoria afectiva y canciones como “Amor Eterno”, “Volver, Volver” o “El Cantador” no son simples melodías sino vehículos de recuerdos, de historias familiares, de desamores y reconciliaciones, y en Bogotá, donde conviven migrantes de todo el país y de otras naciones, el mariachi se convierte en un punto de encuentro donde es común ver a grupos de amigos o familias enteras coreando las letras y creando un instante de cohesión social en medio de una urbe que a menudo se siente fragmentada. Este repertorio además ha sabido mutar y no es extraño escuchar adaptaciones de canciones populares de otros géneros al estilo mariachi, un guiño que conecta con audiencias más jóvenes y que funciona como estrategia de supervivencia pero también como muestra de la plasticidad de un formato que, como el rock, ha demostrado que puede versionar y resignificar sin perder su esencia.

En la era digital, la forma de elegir una agrupación para una serenata ha cambiado y ya no basta con la recomendación de un amigo o el anuncio en la guía telefónica, porque el video se ha convertido en una herramienta fundamental para evaluar la calidad de un show que no se mide solo en afinación o calidad de los instrumentos sino en algo más intangible como la presencia escénica. Antes de elegir una agrupación, ver Videos de Mariachis Bogota permite apreciar puesta en escena, energía interpretativa y conexión con el público, y un video bien grabado muestra cómo se mueven los músicos, cómo interactúan entre ellos y cómo reacciona la gente, revelando si el grupo tiene esa chispa que convierte una canción en un momento memorable o si, por el contrario, se limita a ejecutar las notas de forma mecánica. La energía interpretativa es crucial porque un mariachi puede tener una técnica impecable pero si no transmite emoción el espectáculo se vuelve frío, y el video captura esos microgestos como la sonrisa del violinista, la intensidad del vocalista o el ritmo del guitarronero, además de permitir evaluar la conexión con el público, si el grupo mira a los ojos a quien contrata, si improvisa, si se adapta al ambiente, detalles que en un formato tan íntimo como la serenata marcan la diferencia.

El mariachi en Bogotá no es una reliquia de museo ni un simple servicio comercial, es un fenómeno cultural que sigue vivo porque cumple una función que otros géneros no cubren, la de ser un ritual de celebración, duelo y afecto en un formato portátil y profundamente teatral, y mientras la ciudad sigue su curso entre el ruido y la prisa, la figura del mariachi emerge como un recordatorio de que la música en vivo, en su forma más directa y sin filtros, sigue siendo una de las herramientas más poderosas para conectar con los demás. Para quienes cubrimos la escena musical desde una mirada crítica, el mariachi merece una reivindicación que no lo reduzca a producto de consumo masivo sino que lo reconozca como una expresión de cultura popular que ha sabido adaptarse, sobrevivir y emocionar en las calles de una ciudad que a veces olvida detenerse a escuchar, y la próxima vez que una trompeta suene en la noche bogotana vale la pena asomarse a la ventana y observar, porque es la ciudad, una vez más, convertida en escenario.

Continúa leyendo

Popular