Colombia
Músico de la agrupación Hades se debate entre la vida y la muerte por presunta negligencia de Capital Salud en hospital de Engativá en Bogotá.
Joaquín Betancourth, miembro de la banda Hades, permanece en estado crítico en el Hospital de Engativá. Su entorno asegura que la EPS Capital Salud no ha autorizado una intervención quirúrgica necesaria para salvar su vida, lo que ha desatado una denuncia pública en redes sociales y medios de comunicación.
Joaquín Betancourth, lleva al menos 15 días en el centro asistencial esperando la autorización de la cirugía, según reveló un amigo cercano del artista a través de plataformas digitales. La publicación, que ha sido compartida masivamente, acusa a la EPS Capital Salud de obstaculizar el procedimiento y pone en riesgo la estabilidad del paciente.
La denuncia específica que la negativa a programar la operación constituye un acto de negligencia. El hospital cuenta con la voluntad de realizar el procedimiento, pero las trabas administrativas impuestas por la empresa promotora de salud habrían frenado la acción médica. El entorno del afectado ha solicitado la intervención inmediata de las autoridades de salud para evitar un desenlace fatal.
Hasta el cierre de esta edición, ni Capital Salud ni el Hospital de Engativá habían emitido un comunicado oficial sobre el estado de salud de Betancourth ni sobre los motivos específicos que impiden la realización de la cirugía. La Superintendencia Nacional de Salud cuenta con mecanismos de tutela y procedimientos de vigilancia para estos casos, pero la familia del músico insiste en que la emergencia no admite más demoras administrativas.
La comunidad musical y los seguidores de la banda han iniciado una cadena de solidaridad para presionar a las entidades responsables, exigiendo que la vida del artista prevalezca sobre los procesos burocráticos del sistema de salud. Se espera que en las próximas horas la EPS Capital Salud se pronuncie oficialmente o que un juez ordene la protección inmediata del paciente mediante una acción de tutela.
Joaquín Betancourth permanece en estado crítico en el Hospital de Engativá y su vida corre peligro porque la EPS Capital Salud se niega a autorizar la operación que necesita con urgencia. Este caso no es una excepción en un sistema de salud colombiano que ha sido señalado una y otra vez por su incapacidad para proteger la vida de los pacientes. Según datos de la Superintendencia Nacional de Salud, en el último año se registraron 290.386 reclamos relacionados con negación de medicamentos, entrega tardía o incompleta de servicios médicos, lo que representa el 18 por ciento del total de quejas en el sistema. Detrás de cada uno de esos números hay una historia de dolor, de espera y muchas veces de muerte.

La EPS Capital Salud, precisamente la entidad que tiene en sus manos el destino de Joaquín Betancourth, aparece en el centro de este escándalo. De acuerdo con cifras de la Superintendencia presentadas por el propio presidente Gustavo Petro, Capital Salud registra una tasa de 580,88 reclamos por cada 10.000 afiliados, ubicándose entre las EPS con peores indicadores del país. Esa no es una estadística menor cuando vidas como la de Betancourth están en juego.
Y mientras un músico agoniza en una cama de hospital esperando una autorización, la entidad que debería vigilar el sistema ha tambaleado por sus propios escándalos de corrupción e inoperancia. La Superintendencia Nacional de Salud fue señalada por la Procuraduría por presuntamente falsear actas para intervenir a la Nueva EPS, dejando a 11,5 millones de afiliados en un vacío legal y administrativo que pone en evidencia la fragilidad de la institucionalidad. Las deudas de esa EPS bajo control estatal se dispararon a 26 billones de pesos mientras los funcionarios encargados de vigilar no cumplían ni siquiera con los requisitos mínimos de idoneidad.
El Ministerio de Salud tampoco escapa a las críticas. La representante a la Cámara Catherine Juvinao radicó una moción de censura contra el ministro Guillermo Alfonso Jaramillo por su actitud displicente e inoperante ante la grave crisis en el acceso a medicamentos y servicios de salud. La moción señala que la tutela ha dejado de ser un mecanismo excepcional para convertirse en un instrumento ordinario para obtener lo que el sistema debería suministrar de manera automática, una evidencia irrefutable de que el derecho a la salud es papel mojado si no hay quien lo haga cumplir.
El ministro Jaramillo enfrenta además un posible desacato por incumplir una tutela relacionada con la falta de respuestas a peticiones de información, un patrón de conducta que se repite en distintas instancias del sector. Los sindicatos que impulsan el proceso señalan que la entidad no ha remitido respuestas completas ni aportado los documentos ordenados por el juez, demostrando una vez más que la ley se doblega ante la burocracia y la indolencia.
Ni siquiera las decisiones de la Corte Constitucional han sido suficientes para corregir el rumbo. El máximo tribunal ha tenido que dejar sin efectos intervenciones de EPS como la de Sanitas por violaciones al debido proceso, y las irregularidades en la cadena de mando de la Superintendencia han sido documentadas por distintos organismos de control. El sistema de salud colombiano parece diseñado para que los pacientes paguen con su vida los errores de administradores ineficientes y funcionarios corruptos.

Joaquín Betancourth puede salvarse. Su vida y su caso puede tener un desenlace distinto al de Kevin Acosta, el niño hemofílico que murió por falta de acceso a medicamentos y cuyo caso conmovió al país y desencadenó la moción de censura contra el ministro. Pero la ventana de oportunidad se cierra con cada hora que pasa sin que la EPS Capital Salud autorice la cirugía, sin que la Superintendencia intervenga con la urgencia que el caso requiere y sin que el Ministerio de Salud actúe con la contundencia que la situación demanda.
Es inaceptable que un hombre que ha dedicado su vida al arte, que ha llevado música y cultura a los colombianos, tenga que mendigar por una cirugía que literalmente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Es inaceptable que su familia y sus amigos tengan que acudir a la denuncia pública porque el sistema está diseñado para ignorar a los ciudadanos cuando más lo necesitan. Es inaceptable que se hayan reportado 290.386 reclamos por negación de servicios y que nadie haya pagado las consecuencias.
La comunidad musical colombiana y todos los ciudadanos decentes de este país tienen que alzar la voz por Joaquín Betancourth pero también por las miles de víctimas anónimas de un sistema de salud que mata por negligencia. El clamor no puede quedarse en un tuit o en un artículo de prensa. Tiene que traducirse en acciones de tutela, en movilizaciones, en presión social y política para que los responsables dejen de esconderse detrás de informes técnicos y protocolos burocráticos.
Porque mientras la EPS Capital Salud gaste el tiempo de Joaquín, otros pacientes están muriendo en silencio. Las multas millonarias impuestas a gestores farmacéuticos como Audifarma y Sumiprocesos por no entregar medicamentos a tiempo no han frenado la sangría. Los anuncios presidenciales sobre quitar licencias a las peores EPS suenan huecos cuando la realidad demuestra que la Superintendencia no tiene capacidad ni voluntad para hacerlo con la celeridad que los casos extremos exigen.
Subterránica, El Museo del Rock Colombiano y toda la comunidad cercana exige a la EPS Capital Salud que autorice la cirugía de Joaquín Betancourth de manera inmediata. Exige a la Superintendencia Nacional de Salud que intervenga con toda la fuerza de la ley para que un ciudadano no muera por negligencia mientras los funcionarios discuten procedimientos. Exige al Ministerio de Salud que deje de lado las excusas y los informes y actúe para salvar una vida que está en riesgo ahora, no mañana, cuando ya sea demasiado tarde.
La vida de Joaquín Betancourth puede salvarse. Pero la responsabilidad de que así sea no recae solo en su fuerza de voluntad o en la tenacidad de sus amigos. Recae en quienes tienen el poder y la obligación de garantizar el derecho a la salud. Recae en cada uno de nosotros que podemos alzar la voz y no permitir que un nuevo nombre se sume a la larga y vergonzosa lista de muertos por negligencia en Colombia. Recae ahora, en este momento, porque Joaquín no puede esperar 15 días más.
Colombia
No, The Klaxon no es corrupto, la forma en que actuó Rock al Parque sí lo es.
Una aclaración necesaria ante la mala interpretación de nuestra investigación periodística
Por Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte y Colectivo Subterránica
En las últimas semanas, tras la publicación de nuestro libro de investigación Negocio al Parque: 30 años de Rock al Parque, Corrupción, Poder y Dinero en el Rock Estatal, hemos sido testigos de un fenómeno preocupante pero predecible: la desinformación y la calumnia. Circula en redes sociales un video en el que se me acusa de haber señalado a la banda The Klaxon como “corrupta” o de haberla vinculado directamente con prácticas irregulares dentro del festival. Nada más falso.
Permítanme ser claro, contundente y definitivo:
NUNCA hemos acusado a The Klaxon, ni a sus integrantes, ni a su representante, de ser corruptos. Jamás. Lo que se denuncia en la veeduría, y lo que he denunciado durante más de una década de veeduría ciudadana, es la CORRUPCIÓN SISTEMÁTICA DEL INSTITUTO DISTRITAL DE LAS ARTES (IDARTES) y su forma de operar.
Este artículo no es una disculpa ni un retracto. Es una aclaración que, con toda honestidad, debería ser innecesaria para quienes han leído el libro con la atención que merece. Pero ante la mala fe de algunos y la ligereza de otros, me veo en la obligación de desglosar, punto por punto, lo que realmente dijimos y lo que realmente significa.
Lo que realmente dice el libro sobre The Klaxon
En el Capítulo VII, titulado “La Estafa de las Bandas”, documentamos el caso de The Klaxon en la edición de 2013. La narrativa del libro es clara y está respaldada por hechos documentados:
Primero: The Klaxon se presentó a la convocatoria pública distrital de Rock al Parque, el mecanismo oficial mediante el cual las agrupaciones locales compiten por un cupo en el festival a través de la evaluación de jurados. Es un proceso que, en teoría, debe ser democrático, transparente y basado en criterios artísticos objetivos.
Segundo: Tras surtir el proceso de evaluación, The Klaxon no pasó la convocatoria. Quedó oficialmente fuera del listado de ganadores. Eso significa que, bajo las reglas del juego establecidas por Idartes, la banda no debería haber estado en el cartel.
Tercero (y este es el punto crítico): Idartes, en un acto de absoluta discrecionalidad y arbitrariedad, ignoró el resultado de su propia convocatoria pública y metió a The Klaxon “a dedo” en el cartel oficial bajo la figura de “Show Especial” o “Invitado Distrital”. La banda terminó presentándose en el Escenario BID el domingo 30 de junio de 2013.
El libro dice textualmente:
“Este hecho constituyó una apología a la ‘rosca’ y una burla directa a los cientos de bandas que se sometieron al desgaste de la convocatoria pública. (…) Al meter a la banda de manera directa tras haber sido rechazada en el concurso público, la entidad violó el principio de selección objetiva y de igualdad de oportunidades consagrado en la Constitución Nacional.”
¿Dónde está la acusación contra The Klaxon? No existe. La crítica, la denuncia y el señalamiento son contra IDARTES, la entidad que administra los recursos públicos, que diseña las convocatorias y que decide a quién invitar y a quién excluir.
The Klaxon es una banda excelente. Su inclusión en el cartel fue, desde el punto de vista artístico, un acierto. Andrés, su representante y líder, es un amigo y un músico al que respeto profundamente. El problema no es que The Klaxon haya tocado. El problema es CÓMO y POR QUÉ tocaron.
Un patrón documentado: no es un caso aislado
Para que no quede duda de que estamos ante un patrón de conducta institucional y no ante un ataque a una banda en particular, la investigación documenta otros casos idénticos:
El caso SHIP (2016): Al igual que The Klaxon, la banda SHIP no pasó la convocatoria pública de ese año. Sin embargo, tras presiones externas y contactos dentro de la organización, fue invitada directamente a presentarse en un evento del festival con recursos pagados por el distrito. La misma lógica: se ignora el resultado de la convocatoria y se favorece a quienes tienen la capacidad de presionar o de acceder a los canales no oficiales.
El caso Paul Gillman (2017-2026): Aquí el favoritismo se tiñe de censura ideológica. En 2017, el músico venezolano fue vetado del cartel tras una campaña de desprestigio impulsada por empresarios privados. Idartes, en lugar de defender la libertad de expresión y su propia programación, cedió a la presión y canceló al artista. Años después, con un cambio de administración política, Gillman fue reinvitado. Su música nunca fue el problema. La sumisión de Idartes a grupos de presión y a la ideología del gobierno de turno sí lo fue.
El caso The Castles: La investigación documenta cómo esta banda también fue víctima de la arbitrariedad institucional, siendo retirada de la programación por decisiones caprichosas de la burocracia cultural.
En todos estos casos, el denominador común no son las bandas. Son las decisiones unilaterales, discrecionales y muchas veces ilegales de los funcionarios y contratistas de Idartes.
¿Por qué es grave este patrón de conducta?
Porque viola los principios fundamentales de la contratación pública y de la gestión del Estado:
- El Principio de Selección Objetiva (Artículo 5 de la Ley 1150 de 2007): La entidad está obligada a elegir las propuestas más favorables para el interés público mediante un proceso transparente y competitivo. Cuando Idartes ignora el resultado de su propia convocatoria para meter a una banda “a dedo”, está vulnerando este principio de manera flagrante.
- El Principio de Igualdad: Se crean dos categorías de participantes: los que se someten a las reglas y los que, por tener los contactos adecuados, pueden saltarse el proceso. Esto es un mensaje demoledor para los cientos de bandas que cada año invierten tiempo, dinero y esfuerzo en diligenciar formularios, preparar carpetas y someterse a la evaluación de jurados.
- El Principio de Transparencia: No existe un acto administrativo formal que justifique estas invitaciones directas. No hay una resolución, no hay una explicación pública, no hay un criterio objetivo. Es la pura y simple voluntad de quien ejerce el poder de contratación.
- La Desnaturalización del Festival: Rock al Parque fue declarado Patrimonio Cultural de Bogotá mediante el Acuerdo 120 de 2004. Su misión es la protección, circulación y visibilización del género rock en la capital. Cuando Idartes diluye ese mandato para incluir géneros ajenos o para complacer favores, está traicionando el espíritu de la ley.
¿Cómo funciona el “círculo de los elegidos”?
Lo que hemos documentado a lo largo de 189 páginas es la existencia de un sistema, una “rosca” institucionalizada, que opera de la siguiente manera:
- Un grupo reducido de agrupaciones repite año tras año en el cartel, acumulando hasta 10 o 12 presentaciones en el festival.
- Un círculo de contratistas y asesores decide qué bandas entran, cuáles se quedan fuera y quiénes reciben los millonarios contratos de producción y logística.
- Los jurados de las convocatorias son seleccionados a dedo, sin criterios de imparcialidad, y en muchos casos tienen vínculos directos con las bandas que evalúan.
- Los medios de comunicación aliados reciben acreditaciones masivas y a cambio se comprometen a guardar silencio sobre las irregularidades.
- Los veedores ciudadanos que se atreven a denunciar son sometidos a campañas de desprestigio, linchamiento digital y vetos institucionales.
Las bandas, en este ecosistema, son piezas de un tablero. No son las culpables. Son, en muchos casos, víctimas de un sistema que las obliga a bailar al ritmo que marca el Estado si quieren sobrevivir.
La responsabilidad de Idartes y la cooptación de la crítica
En el libro también documentamos un fenómeno que el teórico Antonio Gramsci llamó “transformismo”: el proceso mediante el cual el Estado absorbe, neutraliza y asimila a los elementos disidentes a través de la asignación de contratos, recursos públicos o prebendas.
En el Capítulo VI, “El Cartel de los Medios y el Botín de las Acreditaciones”, relatamos el caso de un periodista y gestor cultural, que entre 2012 y 2013 fue uno de los críticos más duros de la gestión de Rock al Parque, fue contratado directamente por Idartes como asesor de comunicaciones. Tras recibir el flujo de fondos públicos, su línea editorial crítica se desvaneció por completo.
Esa es la forma de operar de Idartes: comprar conciencias, silenciar voces y neutralizar la fiscalización ciudadana con recursos del erario.
Y cuando eso no funciona, cuando la crítica persiste, se recurre a la descalificación, al matoneo digital y a la difamación. Como ocurrió conmigo mismo, como ocurrió con el Colectivo Subterránica, como ha ocurrido con todos los que nos hemos atrevido a señalar las irregularidades.
La calumnia como mecanismo de defensa
Ahora entiendo por qué están circulando esos videos que me acusan de haber calumniado a The Klaxon. Es el mismo mecanismo de siempre:
Primero: Se descontextualiza mi declaración.
Segundo: Se reduce el libro a un titular sensacionalista.
Tercero: Se me acusa de atacar a una banda querida por el público.
Cuarto: Se desvía la atención de las verdaderas denuncias: los hallazgos fiscales por más de 960 millones de pesos, los contratos a dedo con Teatro R101, los vetos ideológicos, la persecución a Félix Báez, el desorden documental, las puertas giratorias y el nepotismo institucionalizado.
Es un truco viejo. Y no funcionará.
La verdad está en el libro, no en los titulares
Invitó a quienes han visto esos videos y han dudado a que hagan lo que muchos ya están haciendo: leer el libro completo. No basta con leer un fragmento, un tuit o un titular. Negocio al Parque es un expediente documentado de 30 años de corrupción estructural. Contiene:
- Pruebas documentales oficiales: Contratos, minutas, estudios previos y actas de liquidación extraídos de SECOP I y II.
- Hallazgos de entes de control: Informes de la Contraloría de Bogotá que documentan sobrecostos, pagos sin soporte y desorden administrativo.
- Respuestas oficiales: Derechos de petición y requerimientos de control fiscal que evidencian las excusas y evasivas de Idartes.
- Análisis estadístico: Datos de programación que demuestran la repetición sistemática de bandas y la exclusión de la escena emergente.
The Klaxon aparece en una de las páginas del libro como un ejemplo de la arbitrariedad de Idartes. No como un ejemplo de corrupción.
The Klaxon es parte de la solución, no del problema
Andrés y The Klaxon son parte del ecosistema musical de Bogotá. Han trabajado por el rock local, han defendido la escena y han hecho buena música. Su inclusión en el cartel de 2013 fue un acierto artístico. Eso no lo discute nadie.
Lo que discuto es que, para que ellos tocaran, Idartes tuvo que violar sus propias reglas. Si la convocatoria decía que no habían pasado, la entidad no debería haberlos invitado. O, mejor aún, la convocatoria debería haber sido lo suficientemente flexible y justa para que bandas como The Klaxon pudieran pasar sin necesidad de “contactos”.
El problema no es la banda. El problema es un sistema que obliga a las bandas a depender de la voluntad de un burócrata.
La fatiga del veedor y la resistencia ciudadana
Llevo más de diez años haciendo veeduría ciudadana. He interpuesto derechos de petición, acciones de tutela, denuncias penales y quejas disciplinarias. He sido vetado, difamado, amenazado y perseguido. He visto cómo Idartes utiliza el presupuesto de los bogotanos para comprar a críticos, silenciar medios y consolidar un feudo cultural.
Y estoy cansado.
Cansado de que me calumnien por no saber leer. Cansado de que se desvíe la atención de las verdaderas irregularidades. Cansado de que se me acuse de atacar a músicos cuando lo que estoy atacando es un sistema que los victimiza.
Pero también estoy fortalecido. Porque la gente está leyendo el libro. En masa. Y se están dando cuenta de la verdad.
No, The Klaxon no es corrupto. La forma en que actuó Rock al Parque, a través de Idartes, es lo que ha sido, durante décadas, la antítesis de la transparencia y la justicia para los artistas de esta ciudad.
El Festival Rock al Parque no es de Idartes. No es de los contratistas. No es de los curadores de turno. Es de la ciudadanía. Es un patrimonio cultural que debe ser defendido, saneado y devuelto a los músicos y al público.
Seguiremos investigando. Seguiremos denunciando. Seguiremos ejerciendo el control social que la Constitución y la ley nos otorgan. Y no nos callarán con calumnias.
Invito a quienes han malinterpretado el libro a que lo lean con atención. Invito a los medios de comunicación a que hagan periodismo serio y no se dejen instrumentalizar por la maquinaria de propaganda de Idartes. Invito a los músicos a que se organicen y exijan transparencia.
The Klaxon es una excelente banda. La corrupción está en las oficinas de Idartes, no en los escenarios.
Toca que aprendan a leer… pero para eso, hay que hacerlo primero.
Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte
Colectivo Subterránica
Bogotá, septiembre de 2026
Colombia
K-Tarzys y el grito de la sabana: rock y metal con conciencia social frente al horror de la guerra
Hay propuestas emergentes que entienden el rock y el metal no solo como vehículos de descarga sónica, sino como trincheras de reflexión humana. Este es el caso de K-Tarzys, una sólida agrupación de la sabana de Bogotá conformada por jóvenes músicos que irrumpen en la escena independiente con una premisa clara: utilizar la música como un altavoz para diseccionar las heridas sociales y políticas que golpean al mundo.
La banda presenta su más reciente sencillo, “Susurros de Piedad”, un lanzamiento que trasciende el circuito convencional del género al proponer una profunda y dolorosa reflexión sobre el impacto humano de los conflictos armados y el sufrimiento de las víctimas anónimas de la guerra.
“Susurros de Piedad” nace de la necesidad de mirar de frente una realidad que continúa afectando a millones de personas. Lejos de la estriducción vacía, K-Tarzys canaliza la crudeza instrumental del rock y el metal hacia una atmósfera densa e interpelante, buscando sacudir al oyente y remover conciencias. Es un ejercicio de empatía hecho canción, donde los pesados acordes y la potencia rítmica sirven para traducir el desgarro de los territorios atravesados por el fuego cruzado.
La agrupación se encuentra actualmente puliendo los detalles de su primer EP de siete canciones, un trabajo discográfico de larga duración con el que buscan consolidar su identidad dentro de la escena independiente colombiana y abrirse paso con fuerza en los circuitos culturales y escenarios de Bogotá y su región.
El valor de K-Tarzys radica precisamente en su capacidad de hibridar la destreza técnica de sus integrantes con una inquietud narrativa genuina. En tiempos donde la música suele buscar el consumo efímero, ver a jóvenes creadores apostar por temáticas de profunda trascendencia humana demuestra que el rock nacional sigue vivo, inconforme y con los pies firmemente puestos sobre la realidad de su entorno
Para quienes deseen sumergirse en esta propuesta, la banda ha dispuesto su material en plataformas digitales y redes oficiales:
Instagram oficial: @ktarzys.oficial
K-Tarzys demuestra que desde la sabana de Bogotá se sigue agitando un rock con memoria, agudeza y un profundo sentido de urgencia.
Colombia
Grietas Mentales presenta “Nada Me Quema”: La catarsis sónica del hastío hecho armadura
Grietas Mentales está de regreso con “Nada Me Quema”, su nuevo sencillo y el primer adelanto de un próximo EP que marcará una evolución decisiva en el sonido de la banda. El estreno está disponible en todas las plataformas digitales desde el pasado 28 de agosto de 2026.
Definida por sus creadores como la banda sonora oficial de mandar todo al carajo, la canción nace de ese punto de quiebre donde el cansancio deja de ser una simple fatiga cotidiana para transformarse en una coraza impenetrable. Habla de estar harto de las cargas laborales, los problemas y las presiones diarias, hasta cruzar la línea donde el dolor cede ante una certeza absoluta: ya nada puede hacer daño, ya nada quema.

En el plano sonoro, la agrupación traduce esa frustración y liberación hacia una propuesta que fusiona el rock alternativo y el indie con sutiles texturas electrónicas. Un bajo robusto, sintetizadores envolventes, cambios dinámicos precisos y un coro de alto impacto conforman un tema diseñado para transformar la rabia contenida en pura energía cinética.
El lanzamiento se completa con un videoclip oficial animado protagonizado por Paco, una silueta concebida como la representación abstracta de la banda dentro de la narrativa visual. Paco encarna al individuo que llega al límite de sus fuerzas, se planta frente al fuego y logra transmutar aquello que lo consumía en su propia armadura, conectando de lleno con el imaginario underground del proyecto.
Ficha Técnica y Formación:
Thiago Villada – Voz
Davyd Junguito – Bajo
Juan Esteban Arango – Guitarra, sintetizadores y voces
Santiago “Rigby” Palacio – Batería, sintetizadores y coros
Producción, mezcla y máster: Juan Esteban Arango, realizado en El Planetario Records
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