Contáctanos

La mirada Subterránica

Aprenda cuales son los principales sub-géneros del Rock y el Metal con sus características y ejemplos.

Publicado

en

Muchos son los amantes y seguidores del Rock y el Metal en el planeta y a medida que estos géneros tomaron más y más fuerza fueron apareciendo diferentes corrientes sonoras que ofrecían formas y estilos que los convertían en “hijos” de papá Rock o papá Metal según sea el caso, a grosso modo tenemos algunas definiciones:

El Rock es un género que nace de otros como el Blues, el Rockabilly y otros, mientras que el Metal es hijo directo del rock, son géneros de música relacionados, pero se diferencian en varios aspectos como por ejemplo en su sonido y su estilo, el Metal es generalmente más pesado y agresivo que el rock, con guitarras distorsionadas, baterías fuertes y voces más potentes y agudas. El rock, en cambio, puede ser más suave y melódico.

El metal a menudo se enfoca en temas oscuros y violentos, como la muerte, la guerra y el horror, mientras que el rock puede abarcar una gama más amplia de temas, desde el amor y la amistad hasta la política y la religión. El metal tiende a ser más técnico que el rock, con solos de guitarra y batería más complejos y estructuras de canciones más elaboradas.

El público del metal es casi siempre más apasionado y dedicado que el público del rock, y los conciertos de metal son más intensos, para resumir, el metal es un subgénero más pesado y agresivo del rock, con una temática y técnica musical distintiva, los tempos son más altos y el uso de doble bombo en la batería es común, mientras que el rock puede ser más variado en cuanto a ritmos y velocidades, presenta una instrumentación más sencilla y es más libre en cuanto a formas musicales.

Así pues, tenemos varios géneros que compartimos para ayudar a navegar en este maremágnum de sonidos que a veces nos inquieta, pero ojo, cabe recalcar que esta es una información que solo sirve para clasificar sonidos dentro de algunas corrientes pero que no afecta en nada ni la vivencia, ni la escucha, ni el disfrute de la música que amamos, los vamos a tocar de manera muy superficial para que esto no se convierta en un tratado de musicología o algo así:

NOTA: Para comprender las diferencias y formas les recomendamos darle “reproducir” a los videos.

Heavy Metal: es uno de los géneros más icónicos y reconocibles dentro del metal. Se caracteriza por su sonido fuerte y agresivo en las guitarras, así como por el uso frecuente solos y voces melódicas y agudas. Ejemplos de bandas de heavy metal son Iron Maiden, Judas Priest y Black Sabbath (Considerados los padres del Metal, gracias a una condición particular de su guitarrista que perdió dos partes de sus dedos y se obligó a usar prótesis y bajar el tono de la guitarra lo cual dio nacimiento al género).

Thrash Metal: es un subgénero del metal que surgió en la década de 1980. Se caracteriza por su velocidad y agresividad, con guitarras pesadas y baterías aceleradas. Las voces suelen ser más guturales o gruesas que en el heavy metal, el género comparte muchas características con el speed metal solo que este último está enfocado en los riffs y la ejecución. Ejemplos de bandas de thrash metal son Metallica, Slayer y Anthrax.

Death Metal: es un subgénero del metal que se enfoca en letras oscuras y a menudo violentas. Las guitarras suelen tener un sonido pesado y grave, y las voces suelen ser guturales y extremadamente bajas. Ejemplos de bandas de Death Metal son Cannibal Corpse, Morbid Angel y Death.

Black Metal: es un subgénero del metal que se caracteriza por su enfoque en temas oscuros y satánicos. El sonido suele ser crudo y áspero, no tan producido como los demás, con guitarras distorsionadas y baterías rápidas. Las voces suelen ser guturales o chillonas. Ejemplos de bandas de Black Metal son Mayhem, Burzum y Darkthrone.

Power Metal: es un subgénero del metal que se enfoca en letras épicas y fantasiosas. La música suele ser rápida y melódica, con guitarras y baterías aceleradas. Las voces suelen ser agudas o intercaladas entre melódicas y guturales, además el uso de teclados es importante en muchas bandas. Ejemplos de bandas de power metal son Dragonforce, Helloween y Stratovarius.

Doom Metal: El doom metal se caracteriza por su lento tempo, pesadez y uso de acordes disonantes. Las letras suelen ser oscuras y pesimistas, y a menudo tratan temas como la muerte, el dolor y la desesperación. Las bandas pioneras de Doom Metal incluyen a Black Sabbath (Sí, también los papás de este), Saint Vitus y Candlemass.

Symphonic Metal: El symphonic metal combina elementos de música clásica con heavy metal. Las bandas de symphonic metal suelen incorporar elementos de orquesta, coros y teclados en sus canciones, lo que les da una atmósfera grandiosa y épica. Nightwish, Within Temptation y Epica son algunas de las bandas más conocidas de este género.

Folk Metal: El folk metal combina elementos de música folklórica con heavy metal, pero ojo, manteniendo la jerarquía en el Metal. Las bandas de folk metal a menudo utilizan instrumentos tradicionales como violines, flautas y acordeones, y sus letras suelen tratar temas de mitología y folclore. Entre las bandas más destacadas de folk metal se encuentran Finntroll, Eluveitie y Korpiklaani.

Deathcore: El deathcore es un subgénero de metal extremo que combina elementos de death metal y metalcore. Se caracteriza por su uso de guitarras afinadas a un tono muy bajo y guturales profundos. Las bandas de deathcore suelen incorporar también ritmos de hardcore punk y breakdowns en sus canciones. Whitechapel, Suicide Silence y Carnifex son algunas de las bandas más conocidas de este género.

Groove Metal: Este es uno de los géneros más nuevos y que nació en los 90´s, después derivó en lo que se conoció como el Nu-Metal, es el género más “fiestero” del Metal y fácilmente reconocible por el poder auditivo de las canciones, bandas pioneras fueron Pantera, Sepultura o White Zombie, los riff son pegadizos y fáciles de recordar y no son generalmente el enfoque en estas bandas. Es una parte muy comercial del género, son los padres de todas las bandas de rock-metal como Linkin Park o Korn.

Ahora, dentro del rock abunda muchos sub-generos ya que el rock es una música más abierta a las fusiones y a la experimentación, pero como algunos de sus principales tenemos:
Define los principales géneros del rock con sus características y ejemplos

Rock and Roll: Un género de música popular que se originó en los Estados Unidos en la década de 1950, con una mezcla de blues, country y gospel. Se caracteriza por su ritmo rápido, la guitarra eléctrica y la batería. Ejemplos: Elvis Presley, Chuck Berry, Little Richard.

https://www.youtube.com/watch?v=u0Ujb6lJ_mM

Hard Rock: Un género de rock que se caracteriza por su uso de riffs de guitarra pesados que rozan el Metal pero no alcanzan a ingresar en la categoría, es un poco más suave y melódico que este a los oidos del público, batería potente y voces gritadas. Ejemplos: AC/DC, Led Zeppelin, Guns N’ Roses.

Punk Rock: Un género de rock que se caracteriza por su actitud rebelde, letras políticas y un sonido crudo y enérgico casi sin producción, además a muchas bandas de punk nisiquiera les interesaba grabar un disco. Ejemplos: The Ramones, The Clash, Sex Pistols.

Grunge: Un género de rock alternativo que se originó en Seattle en la década de 1990, con influencias del punk rock y del heavy metal. Se caracteriza por su sonido crudo, las letras melancólicas y la guitarra pesada. Ejemplos: Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden.

Alternative Rock: Un género de rock que se desarrolló en la década de 1980 y se caracteriza por su rechazo a los sonidos comerciales y la experimentación con diferentes estilos. Ejemplos: R.E.M., Radiohead, Foo Fighters.

Indie Rock: Un género de rock que se caracteriza por su sonido “independiente”, a menudo producido por sellos discográficos independientes y con un enfoque en la creatividad y la originalidad. Ejemplos: Arctic Monkeys, Arcade Fire, The Strokes.

Classic Rock: Un término utilizado para referirse a las bandas de rock de los años 60, 70 y 80 que han logrado mantener su popularidad a lo largo del tiempo. Ejemplos: The Rolling Stones, The Beatles, Queen.

Pero y entonces ¿El reggae y el ska son parte del rock?

El reggae y el ska no son considerados parte del género rock en sí, aunque comparten algunas influencias y elementos comunes. Ambos surgieron en la década de 1960 y están asociados con la música popular de Jamaica.

El reggae se caracteriza por su tempo lento y su énfasis en los ritmos de bajo y batería, así como por la utilización de instrumentos como la guitarra, el piano y los metales. Las letras del reggae suelen tratar temas como la justicia social, la espiritualidad y la liberación. Algunos de los artistas más destacados del reggae son Bob Marley, Peter Tosh y Jimmy Cliff.

El ska, por su parte, es un género más rápido y bailable que el reggae, con una fuerte influencia del rhythm and blues y del jazz. Se caracteriza por su uso de guitarras eléctricas, saxofones y trompetas, así como por sus ritmos sincopados. Las letras del ska suelen ser más ligeras y enfocadas en el baile y la diversión. Algunos de los artistas más destacados del ska son The Skatalites, Madness y The Specials.

El reggae y el ska son géneros musicales que surgieron a partir del rocksteady. Aunque tienen algunas influencias del rock, no se consideran géneros del rock en sí mismos, ambos tienen una fuerte presencia en la cultura musical del Caribe y se han extendido a nivel mundial.

Ahora que ya tienen este panorama ¿Reconocen algunos otros sub-géneros que no estén acá?

@Subterranica

Foto de Pexels por Thibault Trillet

Colombia

Estos son los ganadores de los Premios Subterránica Colombia en su edición XVII

Publicado

en


La catedral del rock vibró con una nueva edición de la noche más importante para la escena underground del país. El Ace of Spades de Bogotá fue el epicentro de una celebración que ratificó el poder de una comunidad que crece, se reinventa y resiste.

En la madrugada de este viernes aún retumbaban los acordes y los ecos de los discursos en el Ace of Spades, luego de que la noche del 30 de abril se llevara a cabo la XVII Entrega de los Premios Subterránica Colombia. Bajo el concepto “Constructores de sonidos y sociedad” , la ceremonia no solo galardonó a lo más destacado de la música pesada y alternativa del país, sino que se consolidó como una férrea declaración de principios: el movimiento independiente está más vivo y brutal que nunca.

Como es tradición el evento agotó localidades, registrando un lleno total, la cita no solo convocó a la escena bogotana, sino que se convirtió en un punto de encuentro nacional. Músicos, gestores culturales, fotógrafos y seguidores llegaron desde distintas regiones del país, confirmando que el espíritu de Subterranica ha trascendido fronteras departamentales para convertirse en un movimiento cultural de primer orden.

La velada estuvo marcada por un ambiente de hermandad y fiesta, pero también de reivindicación. Durante su intervención, los organizadores de la Fundación Museo del Rock Colombiano y la plataforma Subterránica hicieron hincapié en el crecimiento exponencial de los premios. Con más de 300 pre-nominaciones recibidas en esta edición y un total de 193 nominaciones distribuidas en 31 categorías, los números reflejan la vitalidad de una escena que se niega a desaparecer del mapa cultural del país .

“Estos premios dejaron de ser solo un reconocimiento al talento. Somos el termómetro de la cultura alternativa en Colombia y el galardón más importante del género en el continente. No somos uno más, sencillamente somos los únicos”, destacó la voz oficial del evento durante la ceremonia, haciendo referencia al concepto que ha llevado a Subterránica a posicionarse como un movimiento sin parangón en la región .

La diversidad fue otro de los grandes protagonistas de la noche. Aunque el Metal sigue siendo el género predominante, la edición “Constructores de sonidos” evidenció una fuerte apertura a la fusión, el experimentalismo y los cruces con lo folclórico . Asimismo, se destacó la creciente participación femenina en el ecosistema del rock, que ronda el 25% del total de influencia, especialmente en roles de vocalización, gestión y creación visual .

Geográficamente, la velada reflejó el cambio de paradigma en la distribución del talento. Si bien Bogotá sigue siendo el epicentro con un alto porcentaje de representación, ciudades como Medellín y Pasto se consolidan como polos fundamentales de creación, seguidas de cerca por Cali, Pereira, Sincelejo y el Meta . Bandas como Under Threat, quienes lideraron el número de nominaciones, junto a Soul Desease, Psychopath Billy y Las Tres Piedras, demostraron con su presencia y victorias que la escena ya no se entiende sin el flujo constante de creadores provenientes de todo el territorio nacional.

La noche transcurrió entre aplausos, presentaciones en vivo que hicieron retumbar las paredes del recinto y momentos de fuerte carga emotiva, especialmente en las categorías dedicadas a la memoria de la escena (como el Premio Juliana Gómez Tarrá) y en los homenajes especiales a Mauricio Batori Pardo y a Hugo Bohorquez.

Esta XVII edición no fue una simple entrega de premios; fue la constatación de que la escena independiente colombiana ha madurado para convertirse en una industria cultural respetada y feroz.

Categorías Principales

Artista del Año

Masacre (Medellín)

Disco del Año

Brainblast – Colossus Suprema (Bogotá)

Canción del Año

Indefinido – Camargo (Bogotá)

Premio Juliana Gómez Tarrá al Artista Nuevo del Año

Natyvo (medellín)

Categorías Individuales

Mejor Voz

Andrea Puerta Bernal – Athémesis (Medellín)

Mejor voz gutural

Diego Melo – Neurosis (Bogotá)

Mejor Guitarrista

Juan Carlos Burbano – Under Threat (Bogotá)

Mejor Bajista

Jean Jiménez – Soul Desease (Bogotá)

Mejor Baterísta

Cesar Quintero – Athemesis, GOC, Craneo (Medellín)

Categorías por géneros

Mejor Banda Fusión, modernizaciones, tropidelia o folclorizaciones

El santo hereje (Bogotá)

Mejor Banda de Metal (Todos los géneros)

Vitam et mortem (Carmen del Viboral)

Mejor Banda de Rock (Rock, hard rock)

Ennui

Mejor Banda de Punk / Hardcore

Infested Co. (Bogotá)

Mejor Banda Progresiva / Experimental / Post-Rock / post punk

Las tres piedras (Pasto)

Mejor Banda blues, jazz o blues-rock

Vanegas Blues (Cali)

Categorías escena en vivo

Mejor Show en Vivo

Rain of Fire (Tulua)

Mejor Gira Nacional o internacional

Las Tres Piedras – Gira Colombia y México (Pasto)

Mejor Festival Independiente

Festival Metal de las Montañas XX años (Bogotá)

Mejor Venue de Rock

9th Avenue (Cali)

Mejor letra del año

Cartas Suicidas – Mandingasea (Bogotá)

Categorías periodismo de Rock y contenido

Mejor Medio de Rock

Oscura Radio TV (Bogotá)

Mejor Artículo, crónica o entrevista de Periodismo Musical

Geraldine de la Hoz, Diario La Libertad Barranquilla – El eco eterno del vinilo: El legado incombustible del rock barranquillero

Mejor Cobertura de la Escena

Lobotomía (Bogotá)

Mejor Podcast o Programa Radial Rock

El Show del Mutuo Elogio (Medellín)

Mejor Fotografía Musical

Alexis Cañón

Categorías Audiovisual y estética

Mejor Videoclip

2030 nuevo orden mundial (Brain Voltaje)

Mejor Arte Gráfico / Portada

Colossus Suprema – Brainblast (Bogotá) El arte del disco fue creado por el diseñador francés Pierre-Alain D. (3mmi Design)

Categorías en gestión cultural, industria y autogestión

Mejor Gestor/a Cultural

Juna Carlos Obando – Por su gestión labor sostenida que combina formación, circulación y producción con su Fundación Rey Largarto en Pasto y la parte sur del país. (Pasto)

Mejor Proyecto Comunitario desde el Rock

Sonrisas de plástico (Bogotá) 29

Categorías Subterránica

Premio Subterránica

Richard Torres de Todo en Fase por su colaboración en audio en los eventos de Subterránica y Wacken Metal Battle (Bogotá)

Ricardo Florian por su resistencia y la construcción de su proyecto Feel Connections. (Bogotá)

Homenajes Especiales

Hector Carmona Amaya (Luciferian) Por 30 años de Black Metal en Colombia (Pereira)

Masacre por su trayectoria de 30 años y su lucha por el sonido extremo de Medellín (Medellín)

Cromlech por sus 30 años de trayectoria independiente. (Medellín)

Premio a toda una vida a Francisco Nieto. (Bogotá)

Continúa leyendo

Colombia

Los sepultureros del Rock: Critican concursos, premios y festivales y aplauden la corrupción mientras entierran el rock con su lengua. Radiografía del Rock Colombiano.

Publicado

en

En Colombia, aunque son pocos, existen algunos artistas que les fascina criticar todo lo que se hace por ellos. Repito, no son muchos, pero algunos arman escándalos tales que a veces terminan hasta enfrentando procesos legales por calumnia o injuria o peor aún, influyendo en mentes cortas que creen cualquier cosa. Es una práctica muy colombiana, hablar sin saber, criticar solo por odio, por desprecio, lo que sucede acá es que esos artísticas (Y acá hablando específicamente de los músicos de rock que lo hacen) lo que están es hundiendo cada vez más lo poco que nos queda de escena y en lugar de construir lo que hacen es cavar más y más la tumba del género. Creyendo en su mente que son rockstars, pero lo que se puede concluir es que lo hacen más por cobardía o miedo. Hoy les traigo un artículo que tiene toda la paciencia para explicar algo que ya deberían saber, pero que parece que no quieren aceptar. Si logran leerlo todo, porque tampoco leen, entenderán por qué esa actitud no es solo atrofiada, sino que también afecta a muchos que usted ni conoce, es decir, no solo está cavando su propia tumba, sino que la de los demás y alimentando la constante corrupción en las artes del país.

Decir y pensar que “El arte no es competencia” es una mentira romántica, eso no existe. En todo el mundo, en toda la historia, la música siempre ha sido una competencia. Mozart competía con Salieri. Los Beatles competían con los Rolling Stones. Las bandas de punk competían por tocar más rápido, más sucio, más fuerte. El rock and roll nació en un concurso de talentos en la televisión estadounidense. ¿O usted cree que Elvis ganó el concurso de la Louisiana Hayride porque no estaba compitiendo?

La competencia no mata el arte, la competencia lo afila, porque usted no mejora tocando en su sala de ensayo, solo, frente al espejo. Usted mejora cuando sube a un escenario, mira al lado y ve a otra banda que toca mejor que usted. Ahí es cuando le dan ganas de llorar, de volver a casa, de practicar ocho horas al día, de romper la guitarra y comprarse una nueva, eso se llama crecer, a todos nos ha pasado y la competencia es el suelo donde eso crece.

Entienda que los concursos no son para que usted gane, son para que usted se vea. El que se inscribe en un concurso pensando únicamente en el premio, ya perdió. El premio es secundario. Lo que importa es el escenario, el público nuevo, los jurados que lo ven, los organizadores que lo anotan en su libreta, las otras bandas con las que comparte camerino. Eso es “crear escena”. ¿Y cómo se crea escena? Pegándose con otros, mirándose de frente, sudando en el mismo escenario, no publicando memes en Instagram.

Usted puede odiar a los jurados, puede pensar que son unos vendidos, puede estar seguro de que el premio se lo van a robar, pero mientras usted está ahí, arriba, tocando, hay 50 o 100 personas que no lo conocían y ahora saben su nombre. Hay un periodista que le pidió su contacto. Hay un dueño de un bar que le dijo “me gustó su show, venga a tocar acá”. Eso no lo consigue usted encerrado en su casa quejándose de que el sistema es una mierda.

No se trata de competir, se trata de que el público tenga una razón para elegirlo. Usted quiere que la gente escuche su música y que tal vez le paguen por tocarla. Muy bien. ¿Por qué deberían escucharla a usted y no a la banda de la esquina? ¿Por qué deberían pagar la entrada a su show y no al de los otros cuatro que tocan el mismo día? ¿Por qué deberían comprar su disco si pueden piratear el de alguien más?

La respuesta es fácil, porque usted es mejor o porque es más interesante. O porque toca más duro. O porque tiene mejor puesta en escena. O porque sus letras duelen más. Pero para saber si es mejor, tiene que medirse. Y la forma de medirse es subiéndose a un ring que se llama concurso, festival, toque, o simplemente la calle donde toca usted y al lado toca otro. El público elige. Eso es una competencia. Siempre lo ha sido. Negarlo es de ingenuo o de cagón.

Los que insultan los premios son los que nunca han estado cerca de ganar uno. Duro, pero cierto. Busque en su ciudad al músico más hocicón contra los concursos. El que más escupe contra las acciones de los gestores independientes. Ahora pregúntele ¿usted se ha presentado alguna vez? ¿Llenó los requisitos? ¿Mandó la inscripción? ¿Pasó el primer filtro? Lo más probable es que le diga que no, que “para qué”, que “eso es una pérdida de tiempo”. Claro, porque si no se inscribe, no pierde. Y si no pierde, no tiene que enfrentar el hecho de que tal vez su banda no es tan buena como él cree.

El concursante, incluso el que pierde, tiene más huevos que el que se queda en la casa insultando. Porque el concursante se arriesgó a que le dijeran “no”. El concursante puso su música frente a otros, la midió, la comparó, y aunque haya perdido, aprendió algo. El que insulta desde el sofá no aprende nada. Solo se pudre en su propia bilis.

Usted no tiene que creer en el premio. Tiene que creer en el escenario. Si usted no cree en los jurados, está bien. Si usted cree que el premio se lo roban, también. Pero el escenario no miente. El escenario es un termómetro. Usted sube, toca, y la gente —esa que no sabe ni quién es usted— decide si se queda o se va. El público es el único jurado que importa. Y el público no vota por correo, no tiene padrinos, no recibe sobornos. El público aplaude o se va a tomar cerveza. Así de simple.

Los concursos le dan acceso a ese público. Aunque usted pierda, aunque el jurado sea un asco, aunque el premio se lo lleve la banda que usted cree que es peor, el público que lo vio no sabe nada de eso. El público solo sabe que usted tocó bien o tocó mal. Y si tocó bien, se ganó a 50 personas que antes no lo conocían. Eso no se lo quita nadie.

No sea idiota. El mundo es una competencia. Usted compite por un puesto en la universidad. Compite por un contrato de arrendamiento. Compite por una cita médica en la EPS. Compite por el puesto de trabajo. Compite por el espacio en la radio. Compite por el último concierto del año en el bar del barrio. Todo es competencia. ¿Por qué la música tendría que ser la única zona libre de competencia? ¿Por qué usted tendría derecho a que lo escuchen sin tener que ganárselo?

La música no es un derecho, es un privilegio que se gana y se gana tocando mejor que el otro, se gana escribiendo mejor que el otro, se gana moviéndose mejor que el otro, se gana siendo más constante, más profesional, más audaz, conquistando público. Eso es competencia. Y si usted no quiere competir, bien, quédese en su casa, toque para su mamá, publique sus canciones en YouTube y espere el milagro. Pero no insulte al que sí tiene los huevos de subirse al ring, porque ese, aunque pierda, está haciendo más por la escena que usted en toda su vida.

Ahora, si usted es de los que insultan, le propongo algo, el próximo concurso, inscríbase. No por el premio, por demostrarse que tiene huevos. Y si pierde, pierda bien. Aprenda. Vuelva el año siguiente y toque mejor. Y si gana, no se le suba a la cabeza. Porque al otro día, en la esquina, va a haber otro pelao con una guitarra más barata que la suya, tocando mejor que usted. Y ahí vuelve a empezar la competencia.

Así funciona el mundo. Así funciona la música. Siempre ha sido así. Negarlo es de idiotas. Usted no lo es. Por eso está leyendo esto. Ahora deje de quejarse y póngase a tocar.

Ustedes critican los concursos independientes. Dicen que son injustos, que son una pérdida de tiempo, que el arte no debería competir. Pero cuando se trata de Idartes —que ya tiene hallazgos fiscales y denuncias por corrupción— ustedes no solo callan… se arrodillan. Hacen fila. Lamen las botas del funcionario de turno. ¿Por qué? Porque Idartes paga. Porque el Estado tiene la chequera gorda. Porque ustedes no buscan música, buscan plata. Y la plata, venga de donde venga, les parece buena.

Hablemos con datos, no con opiniones.

La Contraloría ya encontró irregularidades. No es un secreto. La Contraloría de Bogotá ha auditado los festivales de Idartes —Rock al Parque, Hip Hop al Parque— y ha encontrado sobrecostos, contratos amañados y falta de transparencia en la asignación de recursos. No es “yo creo”. Es el ente de control del Estado diciendo que la plata de los impuestos se maneja mal. Y esos hallazgos están en informes públicos. ¿Usted los ha leído? Seguro que no. Porque si los hubiera leído, no podría defender a Idartes con la misma boca con la que critica los concursos independientes.

Los curadores lo han dicho en voz alta. Uno de ellos, en una entrevista que quedó grabada, dijo textualmente: “Siempre van a estar los mismos, porque son los que conocen el proceso” . Esa frase es la confesión de un sistema cerrado. No importa cuántas bandas nuevas aparezcan. No importa cuánto talento esté por fuera. Los mismos nombres, los mismos amigos, los mismos de siempre. Eso no es curaduría. Eso es una rosca.

Y cuando usted señala eso, lo tildan de “amargado”, de “perdedor”, de “gente que no sabe perder”. Pero el que no sabe perder no es usted. El que no sabe perder es el que lleva quince años en la misma convocatoria, ganando una y otra vez, mientras otros se pudren en la puerta.

Los bookers son amigos entre sí. Revise los contratos de Idartes. Revise quiénes son los proveedores de producción técnica, los curadores, los jurados, los gestores. Son los mismos apellidos, las mismas empresas, los mismos colectivos. Unos son contratistas, otros son jurados, otros son programadores. Y entre todos se recomiendan, se premian, se contratan. Eso se llama conflicto de interés institucionalizado. No es una teoría de la conspiración. Es una red documentada.

Nunca tienen problemas. A pesar de los hallazgos de la Contraloría, a pesar de las denuncias públicas, a pesar de que cualquier persona con dos dedos de frente puede ver que el sistema está podrido, ellos siguen ahí. No pasa nada. Nadie va a la cárcel. Nadie devuelve la plata. Nadie pierde su puesto. ¿Por qué? Porque el sistema está blindado. Porque los que fiscalizan son los mismos que otorgan los contratos. Porque la ley en Colombia es de papel mojado.

Ustedes se someten porque quieren el dinero del Estado. Ahí está la verdad que duele. Ustedes no defienden a Idartes porque sea transparente. Lo defienden porque les ha dado de comer. Porque alguna vez les aprobaron un proyecto, les pagaron una gira, les financiaron un disco. Y eso, aunque venga de un sistema corrupto, les sabe a gloria. Por eso callan. Por eso no denuncian. Por eso critican a los concursos independientes —que no tienen plata del Estado pero sí tienen reglas claras— y aplauden a Idartes —que tiene plata pero tiene el proceso podrido.

Ustedes son dobles. Ustedes son falsos. Critican los concursos independientes porque no pueden manipularlos. Porque no tienen un amigo adentro. Porque el jurado no es el compadre. Pero se arrodillan ante Idartes porque ahí sí tienen quien los recomiende, quien les pase el dato, quien les acomode la convocatoria.

Eso no es coherencia. Eso es conveniencia. Y la conveniencia, en un músico, es la antesala de la mediocridad.

No me vengan con discursos de pureza artística. No me vengan con que el arte no es competencia. Ustedes compiten todo el tiempo, por un puesto en Idartes, por un contrato con el Ministerio, por una invitación a un festival. Solo que quieren competir con ventaja. Y cuando la ventaja no está, lloran.

Así que ya saben. Los concursos independientes tienen reglas. Idartes tiene hallazgos fiscales. Ustedes pueden seguir arrodillados. Yo prefiero seguir trabajando.

Ese es el cierre. No es una opinión. Es un señalamiento con pruebas. Y si después de eso alguien sigue defendiendo esa hipocresía, ya no es un ingenuo. Es un cómplice. Y los cómplices no merecen más argumentos. Merecen que los señalen con el dedo mientras los demás seguimos construyendo.

Cada vez que abren la boca y creen que están haciendo crítica. Lo que están haciendo es cavando la tumba del rock bogotano.

Porque cada vez que insultan un concurso independiente, un festival independiente, unos premios, un proceso, de esos que organiza un tipo que puso plata de su bolsillo, que duró noches sin dormir imprimiendo afiches, que pidió prestado para pagar el sonido, ustedes no están defendiendo el arte. Están matando la iniciativa. Están espantando a los que vienen atrás. Están diciéndole al que apenas empieza ‘para qué te esfuerzas, si al final te van a escupir’.

¿Y qué logran con eso? Que la escena se vuelva más pequeña. Que los espacios cierren. Que los organizadores digan ‘no más’. Que las convocatorias se acaben porque nadie quiere poner la cara por un público que lo único que sabe hacer es quejarse. Eso es lo que logran: un desierto. Un silencio. Un vacío donde antes había al menos la intención de hacer algo. ¿Cuántos gestores se han retidado hartos, hartos hasta la madre de los músicos pendejos?

Y no contentos con eso, se meten en peleas legales, se enemistan con el que les ofreció un escenario. Insultan al que les prestó una consola. Convierten el rock en un juzgado. Y mientras ustedes se pelean por quién tiene la razón, los reguetoneros se están llenando de plata, los espacios se están convirtiendo en discotecas de electrónica, y el rock —el rock que ustedes dicen defender— se está muriendo en una bodega solo, esperando que alguien le preste atención.

Pero ustedes no ven eso. Ustedes ven al enemigo en el que organizó un concurso. Ven al enemigo en el jurado que no los eligió. Ven al enemigo en el músico que ganó. Y en esa paranoia, se olvidan del verdadero enemigo… el que no quiere que el rock exista. El que cree que el rock es ruido de pobres. El que financia reguetón y vallenato y lo que sea que no piense. Ese enemigo sí es real. Y mientras ustedes pelean entre ustedes, él se ríe.

Así que ya cierren la boca o pónganse a construir.

Si no les gusta un concurso, hagan el suyo. Si no les gusta un premio, creen el suyo. Si no les gusta un jurado, organicen uno mejor. Pero dejen de romper. Dejen de joder. Dejen de escupir para arriba.

Porque el rock bogotano no está jodido por la falta de plata. Está jodido por gente como ustedes, que prefiere quejarse a hacer. Que prefiere enfrentar una demanda a construir. Que prefiere tener razón a tener escena.

Y yo les digo esto con toda la rabia que me queda, si ustedes siguen así, cuando el rock bogotano se muera del todo, no va a ser culpa del Estado, no va a ser culpa del reguetón, no va a ser culpa de la falta de recursos. Va a ser culpa de ustedes. De su lengua podrida. De su incapacidad de ver que el otro no es un enemigo, es un compañero de viaje. De su obsesión por tener la razón mientras el barco se hunde.

Así que ya decidieron. Pueden seguir siendo el martillo que rompe. O pueden aprender a ser la mano que construye. Pero no se hagan los sorprendidos cuando la escena se caiga a pedazos y ustedes se queden solos, en un bar vacío, quejándose de que nadie los quiere.

Porque la escena no la mató el enemigo. La mataron ustedes. Con cada crítica estéril. Con cada insulto. Con cada mierda que tiraron contra el que estaba poniendo el hombro. Ustedes son los sepultureros del rock bogotano. Y cuando terminen de enterrarlo, no les va a quedar nada. Solo el silencio. Ese silencio que tanto han ayudado a construir.

Continúa leyendo

Colombia

Rock al Parque anuncia fechas y cumple 30 años con la necesidad de saldar sus cuentas con el rock

Publicado

en

Que bueno sería pensar que para la celebración de los 30 años de Rock al Parque, Idartes va a preparar una fiesta rockera real que honre al género en el país. Desde los años noventa hasta hoy, Colombia se ha convertido en una potencia mundial del Metal mientras el Rock sigue perdiendo terreno ante las “nuevas músicas colombianas” y la tropidelia. Sería genial pensar que lo que veremos es el retorno al rock y sus sonidos.

Lo que para Idartes es un anuncio de fechas, para la comunidad del rock nacional es un ultimátum histórico. La entidad ha confirmado que los próximos 10, 11 y 12 de octubre de 2026, el Parque Simón Bolívar recibirá la edición número 30 de Rock al Parque. Viéndolo de manera histórica, el festival más grande de la región no llega en su mejor momento de identidad, sino arrastrando una deuda profunda con el género que le da nombre.

Bajo el concepto oficial de “30 años, 30 ediciones, estremeciendo a Bogotá”, la dirección de Idartes pretende celebrar un hito, un hito que está más marcado por la ideología de contratistas y trabajadores de turno que tienen la idea que “la música es una” y siguen una agenda política que ha usado el festival tanto para vetar ideologías como el caso de “Gillman”, como para impulsar ideologías, entre ellas que la cumbia es el nuevo rock o que el vallenato de Celso Piña es “el rock de mi pueblo” o que los Gaiteros de San Jacinto son “rebeldes por naturaleza” etc. Entre muchas voces, sobre todo la nuestra, la denuncia ha sido sostenida, en los últimos 20 años, el festival ha sido de todo menos rock. La inclusión sistemática de propuestas de “tropidelia” y otros géneros que desdibujan la esencia del evento ha generado una crisis de representatividad que este aniversario está obligado a corregir, porque el cometido está logrado, ya en Colombia ni siquiera los músicos saben que es rock y eso en lugar de darnos identidad nos ha alejado aun más de la escena mundial.

Para la comunidad del rock y el Metal, celebrar 30 años no puede ser una sencilla fiesta de diversidad mal entendida sino la oportunidad imperativa de saldar las cuentas con el rock, el metal, el punk y el rock alternativo que fundaron las bases de este movimiento y que, edición tras edición, han sido desplazados por curadurías que parecen más interesadas en la tendencia tropical que en la fuerza del género.

El anuncio de María Claudia Parias, directora de Idartes, sobre las “miradas curatoriales” para 2026, pone el foco en una de las heridas más abiertas del festival, la idoneidad de quienes eligen las bandas. Subterránica ha sido enfática en exigir que para esta edición histórica debe haber una curaduría especializada, los encargados de la programación deben ser conocedores reales de la historia y técnica del rock, evitando que el festival termine convertido en una “verbena al parque” más. Se requiere claridad absoluta en los procesos de selección y en el manejo de los recursos públicos, garantizando que el presupuesto se invierta en traer leyendas y fortalecer a las bandas locales que sí representan el género, sin amiguismos ni sesgos ideológicos.

Tras años de denunciar la infiltración de ritmos ajenos, la expectativa para 2026 es que el cartel sea una declaración de principios. El rock bogotano no espera “experimentos sonoros” para sus 30 años; espera el regreso de la distorsión, la técnica y la altura internacional que perdió en las últimas dos décadas. Si bien el Idartes resalta el impacto económico y el derecho a la cultura, el sector del rock le recuerda a la institución que Rock al Parque es patrimonio vivo gracias a los músicos y al público que lo defendió cuando nadie creía en él, porque esto se les olvidó.

Llegar a las 30 ediciones es un logro de la ciudad, pero la verdadera celebración solo ocurrirá si Idartes entiende que el festival no le pertenece a la burocracia de turno, sino a una cultura que exige respeto. Bogotá ya tiene banda sonora para octubre de 2026 y la ciudadanía estará vigilante para que, por fin, esa banda sonora sea auténticamente Rock.

Fotos: Prensa Idartes.

Continúa leyendo

Popular