Colombia
De Valledupar a Black Sabbath: ¿Existe una conexión entre el vallenato y el heavy metal?
Hoy he decidido darle rienda suelta a este teclado y compartir con ustedes una de mis teorías más locas pero que extrañamente ha ido tomando forma, así como han tomado forma algunas de las ideas descabelladas que terminan en tesis o en libros; pues bueno, hoy quiero decirles que por allá, en los sueños más extraños y lejanos podría existir la posibilidad de que Jimmy Hendrix no hubiera existido sin que primero hubiera existido Francisco El Hombre y acá les voy a dar mis argumentos para ver si de pronto algún académico aventurero se lanza a comprobarlo, yo cumplo con crear este demonio y ustedes de exorcizarlo.
Durante años he estado pensando en las historias, conectando puntos y buscando las similitudes ocultas entre diferentes géneros musicales, así nació mi libro “Distorsiones: Reconfigurando el rock colombiano”. En mi búsqueda incansable, me he preguntado si es posible que el heavy metal, uno de los géneros más influyentes y emblemáticos de la música contemporánea, tenga sus raíces o al menos una influencia del valle de Upar, en el norte de Colombia. Ya sé que gritaron, se halaron los pelos y puede sonar muy loco, pero al unir las piezas de un rompecabezas musical que parecía imposible, he encontrado una teoría que podría no estar tan alejada de la cordura señores.
¿Qué tal si el legado del legendario juglar vallenato Francisco el Hombre, quien supuestamente hizo un pacto con el diablo para tocar su acordeón con maestría, llegó hasta los oídos de músicos de blues en los Estados Unidos e influenció el género con este folclor y dio origen a la leyenda de Robert Jhonson? Así entonces al ser el blues el padre del rock and roll y este el padre del Metal ¿podría Jimmy Hendrix haber sido inspirado por la música de los juglares de la costa colombiana? En este artículo les voy a presentar mi teoría y exploraré las posibles conexiones entre el vallenato y el blues, así que abra esa mente, ábrala bien y póngale ojo a lo que le cuento acá.

La ruta de comercio de esclavos desde España a México era parte del comercio atlántico de esclavos, que consistía en el traslado forzado de millones de africanos hacia América para trabajar como mano de obra en las plantaciones de caña de azúcar, tabaco, algodón y otros productos. Este comercio se dividió en dos épocas: el Primer Sistema Atlántico y el Segundo Sistema Atlántico.
El Primer Sistema Atlántico fue el comercio de africanos esclavizados hacía las colonias americanas de los imperios español y portugués. Los barcos salían de Sevilla o Lisboa cargados de mercancías que intercambiaban por esclavos en las costas de África occidental. Luego cruzaban el océano hasta llegar al Caribe o al golfo de México, donde vendían los esclavos a los colonos. Finalmente regresaban a Europa con productos americanos como azúcar, tabaco, cacao y plata.
El Segundo Sistema Atlántico fue el comercio de africanos esclavizados hacia las colonias americanas de los imperios británico, francés, holandés y danés. Los barcos salían de diferentes puertos europeos cargados de manufacturas que intercambiaban por esclavos en las costas de África occidental o central. Luego cruzaban el océano hasta llegar al Caribe o a la costa atlántica de América del Norte o del Sur, donde vendían los esclavos a los plantadores.
Finalmente regresaban a Europa con productos americanos como azúcar, algodón, café y ron. Ambos sistemas formaron parte del llamado triángulo comercial, que implicaba un intercambio desigual entre Europa, África y América. El comercio atlántico de esclavos fue una de las mayores atrocidades de la historia humana, que causó la muerte y el sufrimiento de millones de personas y tuvo profundas consecuencias sociales, económicas, culturales y demográficas, es una historia terrible pero nos demuestra una cosa, es muy probable que algún esclavo del valle de Upar, del Caribe colombiano terminara echando cuentos en el delta del Misisippi, contando esa historia de Francisco el hombre e influenciando para siempre el imaginario de lo que se estaba creando en Norteamérica como “Blues”.
Y sí, ya sé que por ahora no hay evidencia histórica concluyente que indique que el vallenato haya influenciado directamente al blues, pero es posible que durante la época de la esclavitud, los esclavos africanos hayan compartido elementos culturales y musicales entre ellos. Es probable que estas interacciones hayan dado lugar a la creación de diferentes géneros musicales, incluyendo el blues y el vallenato ¿No?

La conexión entre el vallenato y el blues
El vallenato es un género musical que nació en la Región Caribe de Colombia, en los departamentos de La Guajira, Cesar y Magdalena, tiene influencia europea ya que el acordeón fue traído por pobladores alemanes a Riohacha, a finales del siglo XIX, pero ojo, cuando comenzó también usaba la guitarra, la misma que usaba el Blues. También tiene influencia de la cultura africana, con la caja vallenata y la guacharaca, instrumentos de percusión que le dan el ritmo a la melodía y tiene una influencia de la cultura indígena por las leyendas y mitos que inspiraron las letras de las canciones. El vallenato se llama así por ser originario del Valle de Upar, hoy Valledupar, donde se cuentan muchas historias de piratas, guerras, fantasmas y hombres que se transforman en animales.
Una de esas historias es la de Francisco el Hombre, un legendario juglar que se enfrentó al diablo tocando el acordeón al revés.
Acá viene algo loco, la historia de Francisco el Hombre es muy parecida a la de Robert Johnson, un famoso guitarrista de blues que también se dice que vendió su alma al diablo a cambio de su talento. Según la leyenda, Robert Johnson era un músico mediocre que desapareció por un tiempo y volvió convertido en un virtuoso de la guitarra. Se cree que en ese lapso hizo un pacto con el diablo en el cruce de las carreteras 61 y 49 en Clarksdale, Mississippi y al igual que Francisco el Hombre, Robert Johnson tuvo que enfrentarse al diablo tocando su instrumento al revés ¿coincidencia?
Ahora repasemos más coincidencias entre los dos géneros porque son increíbles, las dos son músicas que nacen de los pueblos esclavos en un valle, las dos usan un instrumento de viento europeo de la marca Hohner que venía en los barcos que comerciaban esclavos y mercancía, las dos figuras principales se enfrentaron al diablo por sus poderes, los dos géneros tienen leyendas y letras de tristeza y desamor o de amores y fiesta, los dos géneros han sido fusionados para dar cabida a nuevos sonidos y géneros, son demasiadas coincidencias como para no poder dejar la puerta abierta a un dialogo entre estas músicas.
El acordeón vallenato no fue creado como se conoce ahora, que incluso hay uno específico para el género, la historia es muy poderosa e interesante, el acordeón fue llevado por pobladores alemanes a Riohacha a finales del siglo XIX. Sin embargo, el instrumento llegó dañado y los músicos locales tuvieron que arreglarlo como pudieron. Así, le quitaron algunas teclas y botones, y le cambiaron la afinación. De esta manera, crearon un sonido único y diferente al original, así fue que nació el acordeón vallenato, más o menos como cuando Tom Morello de Rage Against de Machine desarmó y volvió a armar un pedal y le quedó tan mal que le dio el sonido característico a sus solos, pero lo interesante es que en esos barcos también venían las armónicas Hohner, también alemanas y ¿que fabricaba Hohner? ¡Pues acordeones desde 1857!

En el blues, la armónica es un instrumento muy importante que aporta expresividad y sentimiento a las canciones. Algunos de los grandes armonicistas de blues son Little Walter, Sonny Boy Williamson, James Cotton y Charlie Musselwhite, en el vallenato, la armónica no es un instrumento tradicional, pero algunos artistas la han incorporado a sus fusiones con otros géneros. Por ejemplo, Carlos Vives ha usado la armónica en algunas de sus canciones, como La tierra del olvido y ha sido usada por muchos exponentel del género a lo largo de la historia.
Ahora, en la parte musical el blues y el vallenato tienen algunas similitudes en su estructura musical, pero también hay diferencias notables.
En términos de tempo, ambos géneros son relativamente lentos y tienen un ritmo suave y cadencioso, pero el blues es generalmente más lento y se caracteriza por un ritmo más letárgico y un enfoque en las pausas y los silencios. En la composición, tanto el blues como el vallenato a menudo se basan en la repetición de patrones y progresiones de acordes, el blues típicamente sigue una estructura de doce compases, mientras que el vallenato a menudo sigue una estructura de cuatro o ocho compases, ambos géneros también pueden incorporar elementos de improvisación, especialmente en la guitarra o el acordeón y esta es una de las mejores coincidencias.
Ahora miremos algunos de los contras que podría tener esta teoría y los argumentos con los cuales cualquier investigador en música me la refutaría fácilmente:
• No hay pruebas de que haya habido un esclavo que llevara las leyendas del vallenato al Mississippi. Además, las leyendas del vallenato son muy locales y específicas de la región caribeña de Colombia, mientras que las leyendas del blues son más universales y simbólicas.
• No hay pruebas de que los músicos de blues imitaran el sonido del acordeón con la armónica. De hecho, la armónica se usaba en el blues antes de que el acordeón llegara a Colombia. La armónica tiene su origen en China y se difundió por Europa y Estados Unidos en el siglo XIX.
• No hay pruebas de que los músicos de blues percutieran la guitarra por falta de tambores. De hecho, el blues se originó en las plantaciones del sur de Estados Unidos, donde los esclavos africanos tenían acceso a tambores y otros instrumentos de percusión. La guitarra se incorporó al blues más tarde, como una forma de acompañar la voz y crear solos.
Así que para que esta teoría fuera respaldada por una duda probable, se necesitarían pruebas, pruebas tangibles e irrefutables, pruebas documentales o testimoniales de que hubo un esclavo que llevó las leyendas del vallenato al Mississippi y que las transmitió a los músicos de blues, pruebas musicales o técnicas de que los músicos de blues imitaron el sonido del acordeón con la armónica y que lo hicieron por influencia del vallenato, pruebas históricas o culturales de que hubo un contacto o un intercambio entre los músicos de blues y vallenato en algún momento y lugar y creo que este tipo de pruebas por la época en que se dieron los hechos son muy difíciles de encontrar y una investigación así costaría mucho dinero y la verdad le daría más tristeza y rabia que otra cosa a la comunidad musical.
Pero entonces no es descabellada y pensarlo es increíble ya que sabemos que algunos esclavos que llegaban a Colombia eran llevados al Mississippi para trabajar en las plantaciones de algodón, donde entraron en contacto con otros esclavos que cantaban canciones de trabajo y espirituales que darían origen al blues y las coincidencias presentadas en mi artículo, o si quieren llamarlo en “mi viaje”, podrían sugerir que hubo una influencia directa del vallenato en el blues, o al menos una conexión oculta entre ellos.
Hoy recuerdo a mis compañeros en la maestría cuando les llegué con la teoría de que la mayoría de lo que en el país llamaban “rock colombiano” no era en realidad rock, todos decían que era improbable, con el tiempo demostré que era cierto y aporté dos géneros musicales nuevos que son la modernización y la folclorización para clasificar correctamente estas músicas, lo publiqué en mi tesis Distorsiones reconfigurando el rock colombiano, también demostré que rock al parque era corrupto algo que para todos era improbable y que ahora está demostrado por la contraloría de la nación. A veces de lo improbable salen cosas hermosas y entonces tengo el derecho a pensar que Black Sabbath puede ser un descendiente directo de Alberto Fernández Mindiola.
La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada. -George Duby-
@felipeszarruk, doctorando en periodismo, magister en estudios artísticos, comunicador social y músico, director de Subterránica.
Colombia
Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?
Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.
Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas
Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.
El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.
El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.
Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.
Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.
Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.
Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM
Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.
Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.
Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?
Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.
La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.
La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.
Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia
100% de la asistencia
$561.020.000
561.020 asistencias pagando $1.000 cada una
90% de la asistencia
$504.918.000
504.918 asistencias pagando $1.000 cada una
75% de la asistencia
$420.765.000
420.765 asistencias pagando $1.000 cada una
50% de la asistencia
$280.510.000
280.510 asistencias pagando $1.000 cada una
25% de la asistencia
$140.255.000
140.255 asistencias pagando $1.000 cada una
Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.
Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.
Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?
La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.
Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?
Colombia
Cuatro bandas independientes se toman Bogotá con una noche de rock sin etiquetas presentes en Ruido Capital
El próximo viernes 23 de octubre de 2026, la escena independiente de Bogotá tiene una cita ineludible en Rockxy Bar, ubicado en la calle 65 #13-15, en el corazón de Chapinero. Bajo el nombre Ruido Capital, cuatro propuestas musicales de identidades radicalmente distintas compartirán un mismo escenario con una sola consigna: demostrar que el rock bogotano sigue siendo un territorio abierto, incómodo y difícil de encasillar. La jornada arrancará a las 7:30 p. m. con una entrada de $25.000 COP, en un espacio que se ha consolidado como uno de los puntos de encuentro más importantes para la música en vivo de la ciudad, con capacidad para 120 personas y una reputación ganada a pulso entre músicos y público que buscan algo más que una noche de covers.
El Pez Capitán, 6 de Bastos, Radio de Monos y El Pregón del Mudo son los encargados de darle forma a esta descarga sonora. Cada uno llega con una historia y una búsqueda particular. Radio de Monos, por ejemplo, se ha convertido en una de las propuestas más provocadoras del metal alternativo bogotano. La banda, que se consolidó en 2021, construyó su identidad a partir de una mezcla de punk, metal y electrónica que ellos mismos describen como una descarga de caos y energía. Su más reciente sencillo, Soy el Mal, es una pieza que combina riffs pesados, secuencias electrónicas y una estética visual cargada de pintura fluorescente y luces UV, un sello que han perfeccionado en tres años de presentaciones en vivo. Diego, su vocalista y fundador, ha contado que el nombre de la banda nació de una escena casi cinematográfica, cuando vio un programa de televisión donde un personaje escuchaba las voces de los monos mientras en la radio sonaba una noticia trágica. Primero fue la canción, luego el nombre, y de ahí en adelante todo fue construcción de una identidad que no quiere sonar igual a nadie más.
El Pregón del Mudo llega con una propuesta que bebe del rock, el punk y los sonidos propios de Colombia, con la cumbia como uno de sus pilares. La banda nació en 2019 del reencuentro de un grupo de amigos con trayectoria musical, y desde entonces ha construido un repertorio que se alimenta de las situaciones inverosímiles que aparecen en los titulares del país. Canciones como ¿Miedo o empanada?, Tu mamá tiene bigote o El Putas de Aguadas hacen parte de su primer disco, Antipatría, una producción que mezcla la agenda nacional con ritmos de la región y el toque rockero y punkero que los caracteriza. Santiago Garcés, guitarrista de la banda, ha explicado que el nombre surgió de la necesidad de ser la vocería de toda esa gente callada, silenciada o que sencillamente no quiere hablar en el país. Antes se llamaban Ñoñe, pero el nombre les trajo problemas en redes y plataformas digitales, y decidieron cambiarlo por uno que reflejara mejor el rumbo que estaba tomando el proyecto. La banda está conformada por Daniel Bernal en la batería, Jhon Tato Cortés en el bajo, Santiago Garcés en la guitarra y Luis Javier Uribe en la voz, y su música ha ido creciendo al ritmo del público que los ha visto en bares y festivales de Bogotá.
El Pez Capitán y 6 de Bastos completan el cartel de Ruido Capital, dos nombres que hacen parte de esa red de bandas que sostienen la escena independiente de la ciudad con presentaciones constantes y una búsqueda sonora que no se detiene. Rockxy Bar, el lugar elegido para la cita, es un espacio que se ha posicionado rápidamente en la zona de Chapinero gracias a su buen sonido y a una programación periódica de música en vivo que incluye rock, metal y alternativo. Los asistentes destacan la acústica del lugar, la comodidad del espacio y la facilidad de acceso desde la estación de Transmilenio Calle 63, aunque algunos también señalan que el servicio puede ser lento y que las bebidas tienen precios elevados.
Ruido Capital no es solo un concierto. Es una apuesta por la diversidad sonora y por el poder de la música en directo en una ciudad donde la escena independiente sigue resistiendo a punta de guitarras, distorsión y actitud. Cuatro bandas, cuatro universos, una sola noche. La cita es el viernes 23 de octubre de 2026 a las 7:30 p. m. en Rockxy Bar, calle 65 #13-15, Bogotá. La entrada cuesta $25.000 COP. Cuatro bandas. Una noche. Ruido Capital.
Colombia
“Noir” el lado más íntimo y oscuro de Hijos del Viento
Hijos del Viento anuncia Noir, el tercer adelanto de su nuevo álbum “Insurgente”, que verá la luz el próximo 30 de octubre. El sencillo, que se estrena oficialmente el 17 de octubre, marca un giro hacia un territorio más íntimo y oscuro dentro de la propuesta de la banda bogotana, explorando la depresión, el aislamiento y la pérdida de identidad desde una estética inspirada en el cine negro. Según la propia agrupación, Noir habla de ese momento en que la depresión deja de sentirse como tristeza y empieza a sentirse como desaparecer, una idea que atraviesa tanto la lírica como la atmósfera sonora del tema. Musicalmente, el corte mantiene la dirección moderna y progresiva que Hijos del Viento viene construyendo, combinando metal moderno, atmósferas densas, melodía y peso en una mezcla que ellos mismos describen como power metalcore hecho en Bogotá.

El estreno de Noir será la misma noche del 17 de octubre, Hijos del Viento lanzará su álbum en vivo con un show de lanzamiento en La Sucursal, en Bogotá, donde presentarán por primera vez el material de su nuevo álbum completo. La banda, conformada por Sebastián Pascagaza en voces, Juan Pablo Carrillo en guitarra, Nicolás Jaime en bajo y Nicolás Gómez en batería, llega a este lanzamiento con un recorrido sólido que incluye haber abierto para Stryper en Bogotá, una participación en un evento masivo en Ciudad de México en 2026 con cerca de cien mil asistentes, su competencia en Wacken Metal Battle Colombia 2027 en Bogotá y el reconocimiento como Mejor Metal Mainstream en los Monster Music Award 2025.
“Insurgente” llegará completo el 30 de octubre y promete consolidar la evolución de la banda hacia un sonido más personal y ambicioso.
-
Colombia5 meses agoMúsico de la agrupación Hades se debate entre la vida y la muerte por presunta negligencia de Capital Salud en hospital de Engativá en Bogotá.
-
Colombia6 meses agoEstos son los ganadores de los Premios Subterránica Colombia en su edición XVII
-
Colombia6 meses agoTreinta Años de oscuridad: Luciferian y el nacimiento del lamento negro
-
Colombia4 días agoAun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
-
Colombia2 meses agoSin burocracia, sin demora, sin excusas, Medellín organizó en 48 horas lo que las instituciones no pudieron. Rockaton 2026, el poder del rock.
-
Colombia6 meses agoLa banda colombiana de Metal Hijos del Viento debutó en México frente a 100.000 personas en la Marcha para Jesús 2026
-
Colombia6 meses agoRock al Parque inicia la celebración de sus 30 años declarándose los salvadores del género que destruyeron y anunciando un museo igual al del que se burlaron
-
Colombia6 meses agoLos sepultureros del Rock: Critican concursos, premios y festivales y aplauden la corrupción mientras entierran el rock con su lengua. Radiografía del Rock Colombiano.

