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Colombia

No es una ley sino la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos, el camino para el fortalecimiento de las artes en Colombia.

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“Da igual de qué color político fuera, nunca ha habido conexión entre la cultura y las instituciones políticas” dijo Álvaro Urquijo en una intervención en un libro que recoge experiencias de diversos artistas en España. Y yo lo complemento afirmando que los artistas siempre han sido usados ofreciéndoles un pan que es el precio que han recibido por sus ideales y sus sueños.

Las artes son una expresión de la cultura, la identidad y la creatividad de un pueblo, pero en Colombia, los artistas enfrentan múltiples dificultades para desarrollar su trabajo, tales como la falta de recursos, la precariedad laboral, la inseguridad social, la estigmatización y la invisibilización, estos factores limitan el potencial artístico y cultural del país y afectan el bienestar y la calidad de vida de los creadores.

Ante esta situación siempre se han planteado diversas propuestas para apoyar y proteger a los artistas que nunca han sido escuchadas, desde Subterránica y de manera personal, he lanzado varias propuestas entre las que se destacan la ley de renta básica universal para el sector cultural y la ley de mecenazgo cultural. Sin embargo, estas iniciativas han generado controversia y debate, pues algunos las consideran inviables, insuficientes o contraproducentes ya que sería una afrenta para el sistema establecido en donde predomina el robo y el nepotismo.

En este artículo, se argumenta que no es una ley sino la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos, el camino para el fortalecimiento de las artes en Colombia. Se explica en qué consisten estas dos medidas, cuáles son sus beneficios y desafíos, y cómo se complementan entre sí para generar un ecosistema cultural más dinámico, diverso e inclusivo.

Renta básica de creación para artistas

La renta básica de creación para artistas es una modalidad de apoyo económico que consiste en otorgar una suma fija mensual a los creadores que cumplan con ciertos requisitos, como tener una trayectoria artística reconocida, estar inscritos en un registro único de artistas y gestores culturales pero que sea público, transparente y verificable, presentar un proyecto artístico anual y rendir cuentas de su ejecución.

La renta básica de creación para artistas tiene como objetivo garantizar las condiciones mínimas de subsistencia de los creadores, así como incentivar su producción artística y su participación en el circuito cultural. De esta manera, se busca reconocer el valor social y económico de las artes, así como contribuir al desarrollo humano y cultural del país.
La renta básica de creación para artistas se diferencia de la renta básica universal para el sector cultural, que es una propuesta legislativa que busca establecer un ingreso mínimo vital para todos los trabajadores del sector cultural, independientemente de su actividad o condición. La renta básica universal para el sector cultural ha sido criticada por su alto costo fiscal, su falta de focalización y su posible efecto desincentivador sobre la actividad económica.

La renta básica de creación para artistas también se diferencia de las becas, los estímulos y las convocatorias que actualmente existen para apoyar a los artistas y que sufren de dudosa ejecución y transparencia, pues estas son formas de financiación puntual, competitiva y condicionada a la realización de proyectos específicos. La renta básica de creación para artistas pretende ser una forma de financiación permanente, universal y flexible que permita a los creadores desarrollar su trabajo con mayor autonomía, libertad y seguridad y además esto descentralizaría los fondos para los artistas y atacaría directamente la dictadura cultural actual y la corrupción ligada al estado.

Mecenazgos culturales

Los mecenazgos culturales son una modalidad de apoyo financiero que consiste en que personas naturales o jurídicas aporten recursos económicos a proyectos artísticos o culturales a cambio de beneficios fiscales o publicitarios. Los mecenazgos culturales tienen como objetivo movilizar recursos privados hacia el sector cultural, así como fomentar la responsabilidad social empresarial y el compromiso ciudadano con las artes.
Los mecenazgos culturales se basan en el principio de corresponsabilidad entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil para el desarrollo cultural del país. De esta manera, se busca diversificar las fuentes de financiación del sector cultural, así como generar alianzas estratégicas entre los diferentes actores involucrados.

Los mecenazgos culturales se regirían por una normativa de mecenazgo cultural, que es una propuesta legislativa que busca crear un marco normativo e institucional que regule y promueva esta práctica en Colombia. Esta iniciativa de mecenazgo cultural ha sido respaldada por diversos sectores culturales, pero también ha enfrentado resistencias por parte de algunos sectores políticos y económicos que la consideran una forma de elusión tributaria, una intromisión del sector privado en la política cultural o una amenaza a la independencia y la diversidad de las expresiones artísticas lo cual sencillamente no es real y carece de argumentación.

Complementariedad entre la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales

La renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales son dos medidas que se complementan entre sí para el fortalecimiento de las artes en Colombia. Por un lado, la renta básica de creación para artistas garantiza el derecho a la cultura de los creadores, al asegurar su dignidad, su sostenibilidad y su capacidad creativa. Por otro lado, los mecenazgos culturales potencian el derecho a la cultura de la ciudadanía, al ampliar la oferta, la calidad y el acceso a los bienes y servicios culturales.

Así mismo, la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales contribuyen al desarrollo económico y social del país, al generar empleo, ingresos, innovación, educación y cohesión social. Además, la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales fortalecen la democracia y la paz, al promover la participación, la diversidad, el diálogo y la convivencia.

Pero la renta y los mecenazgos culturales también enfrentan desafíos para su implementación efectiva, como el aseguramiento de los recursos financieros, el diseño de los criterios de elegibilidad y evaluación, el seguimiento y el control de los resultados, el fortalecimiento de las capacidades institucionales y técnicas, y la articulación entre los diferentes niveles y sectores del Estado lo cual exige que se implemente por un estado que no sea corrupto y por lo tanto en Colombia muchas de estas iniciativas han muerto en manos de la corrupción.
Mi propuesta

Considero que he sido una de las voces que ha defendido la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales en Colombia, como músico, comunicador social, Magister en Estudios Artísticos y Doctorando en Periodismo de la Complutense de Madrid he sido uno de los temas que más he investigado ya que la corrupción en las instituciones del estado que manejan las artes está desbordada y a nadie ni le interesa ni parece verla. Se ha planteado desde hace tiempos que estas medidas son necesarias para garantizar la transparencia, la equidad y la calidad en el sector cultural, frente a las actuales convocatorias públicas que no cumplen con estos criterios.

Desde Subterránica y La Asociación de Músicos Independientes de Colombia, hemos denunciado que las convocatorias públicas para el sector cultural son acomodadas al gobierno y a la ideología de turno, lo que genera sesgos, favoritismos y corrupción. Además, hemos comprobado gracias a las veedurías ciudadanas y a las investigaciones de la Contraloría, que las convocatorias públicas son insuficientes, inestables y burocráticas, lo que dificulta el acceso y la participación de los artistas, especialmente de los más vulnerables y marginados.
Por eso siempre hemos propuesto que la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales sean de acceso automático para quienes cumplan los requisitos establecidos, sin necesidad de pasar por procesos de selección o evaluación discrecionales. Así, se evitaría la injerencia política o ideológica en el sector cultural y se reconocería el derecho a la cultura como un derecho humano fundamental, además la renta debe tener un valor mínimo a un salario vigente y en ocasiones más dependiendo del proyecto de creación, pero hay que establecer topes para que no se use indebidamente como siempre sucede.

Siempre he argumentado que la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales beneficiarían tanto a los creadores como a la sociedad en general. Por un lado, la renta básica de creación para artistas permitiría a los creadores tener un ingreso digno y estable que les permita dedicarse a su actividad artística sin depender de las condiciones del mercado o de las instituciones públicas. Por otro lado, los mecenazgos culturales implicarían una mayor responsabilidad social de las empresas y las personas que apoyen proyectos artísticos o culturales, lo que redundaría en una mayor oferta, calidad y acceso a los bienes y servicios culturales.

Cómo abordar la corrupción en las artes en Colombia

La corrupción es un fenómeno que afecta a todos los sectores de la sociedad, incluido el sector cultural. La corrupción en las artes se refiere al uso indebido o ilegal de los recursos públicos o privados destinados al fomento, la protección y la difusión de las expresiones artísticas y culturales. La corrupción en las artes puede manifestarse de diversas formas, como el desvío, el robo, el soborno, el clientelismo, el nepotismo. prevaricato, el fraude, la falsificación, la extorsión o el lavado de dinero.

La corrupción en las artes tiene graves consecuencias para el desarrollo cultural del país, pues afecta la calidad, la diversidad, la equidad y la transparencia de las políticas, los programas, los proyectos y los procesos culturales. La corrupción en las artes también tiene un impacto negativo en el bienestar y los derechos de los artistas, pues limita sus oportunidades, sus ingresos, su seguridad y su reconocimiento.

Causas de la corrupción en las artes

La corrupción en las artes es un fenómeno complejo y multifactorial que responde a diversas causas de orden histórico, político, económico, social y cultural. Entre las principales causas de la corrupción en las artes se pueden mencionar las siguientes:

La debilidad institucional del sector cultural, que se refleja en la falta de una política cultural integral, coherente y participativa; la insuficiencia y la inestabilidad de los recursos financieros; la ausencia o el incumplimiento de normas y mecanismos de control; la falta de capacitación y profesionalización del personal; y la escasa articulación entre los niveles y sectores del Estado.

La desigualdad social y territorial del país, que se traduce en una brecha entre el centro y la periferia; entre lo urbano y lo rural; entre lo formal y lo informal; entre lo público y lo privado; entre lo nacional y lo local; entre lo mayoritario y lo minoritario; entre lo hegemónico y lo alternativo. Esta brecha genera exclusión, discriminación y marginación de ciertos grupos sociales y culturales que tienen menos acceso a los recursos, a los espacios y a las oportunidades culturales.

La cultura política dominante en el país, que se caracteriza por el clientelismo, el personalismo, el caudillismo, el populismo, el autoritarismo, el paternalismo, el nepotismo y el corporativismo. Esta cultura política implica una concepción patrimonialista del poder y de los recursos públicos, una falta de ética pública y ciudadana, una baja confianza institucional y social, una alta tolerancia e impunidad frente a la corrupción y una escasa participación y veeduría ciudadana.

La lógica mercantilista del mercado cultural, que se basa en la competencia, la rentabilidad, la eficiencia, la productividad, la estandarización y la homogeneización. Esta lógica mercantilista impone criterios económicos sobre criterios culturales o sociales para valorar las expresiones artísticas y culturales. Así mismo, esta lógica mercantilista genera una concentración del poder económico y mediático en manos de unos pocos agentes que determinan los gustos, las tendencias y las agendas culturales.

Efectos de la corrupción en las artes

La corrupción en las artes tiene efectos negativos tanto para el sector cultural como para los artistas. Entre los principales efectos de la corrupción en las artes se pueden destacar los siguientes:

La pérdida de recursos públicos y privados que podrían destinarse al fomento, la protección y la difusión de las expresiones artísticas y culturales. La corrupción en las artes implica un desperdicio, un mal uso o un robo de los fondos que se asignan al sector cultural, lo que reduce la capacidad de inversión, de gestión y de impacto del sector.

La disminución de la calidad, la diversidad, la equidad y la transparencia de las políticas, los programas, los proyectos y los procesos culturales. La corrupción en las artes afecta el diseño, la implementación, la evaluación y el seguimiento de las acciones culturales, lo que genera ineficiencia, ineficacia, inequidad y opacidad en el sector. Así mismo, la corrupción en las artes distorsiona los criterios de selección, de asignación y de reconocimiento de los proyectos artísticos y culturales, lo que genera injusticia, arbitrariedad y desconfianza en el sector.

La limitación de las oportunidades, los ingresos, la seguridad y el reconocimiento de los artistas. La corrupción en las artes dificulta el acceso y la participación de los artistas en las convocatorias, los estímulos, las becas, los premios y los eventos culturales. Además, la corrupción en las artes reduce los ingresos y la seguridad social de los artistas, al no garantizarles unas condiciones laborales dignas y estables. Finalmente, la corrupción en las artes afecta el reconocimiento social y cultural de los artistas, al no valorar su trabajo ni su aporte al desarrollo del país.

Soluciones para la corrupción en las artes

La corrupción en las artes es un problema que requiere de una solución integral y sistémica que involucre a todos los actores del sector cultural. Entre las posibles soluciones para la corrupción en las artes se pueden proponer las siguientes:

El fortalecimiento institucional del sector cultural, que implica la formulación e implementación de una política cultural integral, coherente y participativa; el incremento y la estabilidad de los recursos financieros; el establecimiento y el cumplimiento de normas y mecanismos de control; la capacitación y profesionalización del personal; y la articulación entre los niveles y sectores del Estado.

La reducción de la desigualdad social y territorial del país, que implica una distribución más equitativa y descentralizada de los recursos, los espacios y las oportunidades culturales; una inclusión, una valoración y una visibilización de los grupos sociales y culturales más vulnerables y marginados; una promoción de la diversidad cultural como un factor de riqueza y no de conflicto; y una garantía del acceso universal a los bienes y servicios culturales.

El cambio de la cultura política dominante en el país, que implica una educación para la ética pública y ciudadana; una construcción de confianza institucional y social; una sanción efectiva e implacable a los actos de corrupción; una participación activa y veeduría ciudadana en los asuntos públicos; y una rendición de cuentas permanente y transparente por parte de los gobernantes y los gestores culturales.

La transformación de la lógica mercantilista del mercado cultural, que implica una regulación del poder económico y mediático en el sector cultural; una defensa del derecho a la cultura como un derecho humano fundamental; una generación de alternativas económicas solidarias, cooperativas y autogestionarias para el sector cultural; y una promoción de la creatividad, la innovación, la calidad y la originalidad en las expresiones artísticas y culturales.

Renta básica de creación para artistas y mecenazgos culturales como medidas contra la corrupción en las artes

La renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales son dos medidas que pueden contribuir a combatir la corrupción en las artes, al generar condiciones más justas, dignas y sostenibles para los creadores.

Pero como siempre, es difícil hacer que alguien escuche en un país en donde lo que manda es la necesidad sobre todas las cosas y en donde todo, incluso las artes han sucumbido a los odios, tretas y manipulaciones de un estado y una sociedad corrupta que no busca la creación de nada sino enriquecerse a costa del erario.

¿Cuánto le cuesta a un artista estudiar y formarse? Y ¿Cuál es la retribución? En este país los artistas solo viven si se alienan con las actuales entidades corruptas que manejan la cultura como un bolsillo personal.

Felipe Szarruk, músico, comunicador social, Magister en Estudios Artísticos y Doctorando en Periodismo de la Complutense de Madrid.

Colombia

Treinta Años de oscuridad: Luciferian y el nacimiento del lamento negro

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Hay discos que se escuchan y hay discos que se viven, que se sufren, que se sangran. “Where Rivers of Sorrow Flow” la más reciente obra de la banda colombiana Luciferian, pertenece sin duda a esta última categoría. Lejos de ser un simple álbum de aniversario, esta producción de Melodic Black Metal se erige como un monumento al dolor más crudo, una catarsis colectiva que celebra tres décadas de existencia no con fuegos artificiales, sino con las cenizas de una experiencia terrible que marca vidas y que solo quienes la vivieron la pueden entender a profundidad, este no es un disco para celebrar… Es un disco para sobrevivir.

Para entender la magnitud de esta obra, hay que mirar directamente al alma de su creador, Héctor Carmona, fundador, guitarrista y voz de la banda desde su nacimiento en Armenia en 1996, Carmona ha transitado un camino que pocos músicos en el país se atreven a pisar. Treinta años después, la celebración no podía ser la típica fiesta de aniversario, en cambio, la banda se sumergió de lleno en una producción que funciona como un exorcismo sonoro y una catarsis de vida.

El resultado es un libro de lamentaciones, cada riff, cada golpe de batería y cada línea vocal están impregnados de una desolación que trasciende lo musical. Es la sensación de estar al borde del abismo, de mirar hacia atrás y ver tres décadas de sacrificios, de penurias y de una lealtad inquebrantable a un ideal oscuro. Ese es el verdadero peso de “Where Rivers of Sorrow Flow”.

En Colombia el metal extremo siempre ha luchado por encontrar su lugar, Luciferian se ha consolidado como una de las bandas con mayor proyección internacional, acumulando más de 123 conciertos internacionales y siendo teloneros de titanes como Mayhem, Immortal, Marduk y Behemoth y es precisamente esta trayectoria la que hace que este nuevo álbum sea tan impactante.

Este disco sin duda es el más crudo de su catálogo, no en lo musical, en el concepto. Mientras que en el pasado la banda exploró sonidos más directos dentro del black metal, aquí se permiten un nivel de vulnerabilidad que sorprende. La inclusión de piezas vocales melódicas no busca suavizar el dolor, sino acentuarlo, creando un contraste desgarrador entre la brutalidad visceral y la belleza funesta. Para quienes aman el género, ya pueden ser considerado un antes y un después en la historia del black metal nacional, elevando la vara lírica y emocional del género en el país.

Y si el corazón del disco es el sufrimiento de Carmona, sus huesos son la batería de Edixon Sepúlveda. La percusión en este álbum no es un solo acompañamiento rítmico; es una fuerza de la naturaleza. Sepúlveda despliega una ejecución visceral que va desde el blast beat agotador hasta golpes pausados y ceremoniales que parecen latidos de un moribundo, es difícil encontrar bateristas compositores que no sean solo acompañamiento.

Es en la interacción entre la guitarra melódica y esta batería implacable donde el álbum alcanza su clímax emocional, la sensación es la de estar atrapado en una tormenta perfecta, la furia del black metal más ortodoxo fusionada con la melancolía épica de un lamento fúnebre. La producción captura esa esencia cruda, evitando la pulcritud excesiva para mantener la autenticidad de la sangre derramada en el estudio.

El arte de la portada es la llave de entrada a la narrativa del disco. Sin necesidad de escuchar una sola nota, la imagen ya advierte al espectador sobre el viaje al que está a punto de someterse. La portada está cargada de simbolismo, repleta de elementos oscuros que funcionan como jeroglíficos del dolor.

Estos símbolos no son coincidencia, son el reflejo visual de la narrativa interna del disco, cada detalle gráfico acompaña y potencia la historia que las canciones cuentan, sumergiendo al oyente en una experiencia multimedia donde la vista y el oído se unen en un mismo punto de desolación. Es un recordatorio de que, en el black metal, la estética es parte esencial del ritual y Luciferian siempre ha sido pionero en esto, quienes los han visto en vivo saben que sus shows son más un ritual que un concierto.

Para entender la manitud del sacrificio de Luciferian, es imposible ignorar el documental noruego “Blackhearts” (2017). Esta producción siguió a tres bandas de black metal en contextos muy diferentes, una de Irán (donde tocar este género puede ser castigado con la muerte), una de Grecia vinculada a la ultraderecha y la colombiana Luciferian. Están invitados a ver el documental para sumergirse en la mente y vida de esta banda colombiana que ha logrado trascender fronteras.

Ese espíritu de “sacrificarlo todo” que se ve en el documental, es el mismo que impregna “Where Rivers of Sorrow Flow”. La mejor (y peor) forma de celebrar 30 años de carrera era enfrentar el dolor de frente, convertirlo en arte y ofrecerlo como un tributo sangrante a la oscuridad que los ha mantenido vivos durante tanto tiempo.

Bienvenidos al río de penas que fluye en donde no hay salvavidas que valga la pena.

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Colombia

Los sepultureros del Rock: Critican concursos, premios y festivales y aplauden la corrupción mientras entierran el rock con su lengua. Radiografía del Rock Colombiano.

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En Colombia, aunque son pocos, existen algunos artistas que les fascina criticar todo lo que se hace por ellos. Repito, no son muchos, pero algunos arman escándalos tales que a veces terminan hasta enfrentando procesos legales por calumnia o injuria o peor aún, influyendo en mentes cortas que creen cualquier cosa. Es una práctica muy colombiana, hablar sin saber, criticar solo por odio, por desprecio, lo que sucede acá es que esos artísticas (Y acá hablando específicamente de los músicos de rock que lo hacen) lo que están es hundiendo cada vez más lo poco que nos queda de escena y en lugar de construir lo que hacen es cavar más y más la tumba del género. Creyendo en su mente que son rockstars, pero lo que se puede concluir es que lo hacen más por cobardía o miedo. Hoy les traigo un artículo que tiene toda la paciencia para explicar algo que ya deberían saber, pero que parece que no quieren aceptar. Si logran leerlo todo, porque tampoco leen, entenderán por qué esa actitud no es solo atrofiada, sino que también afecta a muchos que usted ni conoce, es decir, no solo está cavando su propia tumba, sino que la de los demás y alimentando la constante corrupción en las artes del país.

Decir y pensar que “El arte no es competencia” es una mentira romántica, eso no existe. En todo el mundo, en toda la historia, la música siempre ha sido una competencia. Mozart competía con Salieri. Los Beatles competían con los Rolling Stones. Las bandas de punk competían por tocar más rápido, más sucio, más fuerte. El rock and roll nació en un concurso de talentos en la televisión estadounidense. ¿O usted cree que Elvis ganó el concurso de la Louisiana Hayride porque no estaba compitiendo?

La competencia no mata el arte, la competencia lo afila, porque usted no mejora tocando en su sala de ensayo, solo, frente al espejo. Usted mejora cuando sube a un escenario, mira al lado y ve a otra banda que toca mejor que usted. Ahí es cuando le dan ganas de llorar, de volver a casa, de practicar ocho horas al día, de romper la guitarra y comprarse una nueva, eso se llama crecer, a todos nos ha pasado y la competencia es el suelo donde eso crece.

Entienda que los concursos no son para que usted gane, son para que usted se vea. El que se inscribe en un concurso pensando únicamente en el premio, ya perdió. El premio es secundario. Lo que importa es el escenario, el público nuevo, los jurados que lo ven, los organizadores que lo anotan en su libreta, las otras bandas con las que comparte camerino. Eso es “crear escena”. ¿Y cómo se crea escena? Pegándose con otros, mirándose de frente, sudando en el mismo escenario, no publicando memes en Instagram.

Usted puede odiar a los jurados, puede pensar que son unos vendidos, puede estar seguro de que el premio se lo van a robar, pero mientras usted está ahí, arriba, tocando, hay 50 o 100 personas que no lo conocían y ahora saben su nombre. Hay un periodista que le pidió su contacto. Hay un dueño de un bar que le dijo “me gustó su show, venga a tocar acá”. Eso no lo consigue usted encerrado en su casa quejándose de que el sistema es una mierda.

No se trata de competir, se trata de que el público tenga una razón para elegirlo. Usted quiere que la gente escuche su música y que tal vez le paguen por tocarla. Muy bien. ¿Por qué deberían escucharla a usted y no a la banda de la esquina? ¿Por qué deberían pagar la entrada a su show y no al de los otros cuatro que tocan el mismo día? ¿Por qué deberían comprar su disco si pueden piratear el de alguien más?

La respuesta es fácil, porque usted es mejor o porque es más interesante. O porque toca más duro. O porque tiene mejor puesta en escena. O porque sus letras duelen más. Pero para saber si es mejor, tiene que medirse. Y la forma de medirse es subiéndose a un ring que se llama concurso, festival, toque, o simplemente la calle donde toca usted y al lado toca otro. El público elige. Eso es una competencia. Siempre lo ha sido. Negarlo es de ingenuo o de cagón.

Los que insultan los premios son los que nunca han estado cerca de ganar uno. Duro, pero cierto. Busque en su ciudad al músico más hocicón contra los concursos. El que más escupe contra las acciones de los gestores independientes. Ahora pregúntele ¿usted se ha presentado alguna vez? ¿Llenó los requisitos? ¿Mandó la inscripción? ¿Pasó el primer filtro? Lo más probable es que le diga que no, que “para qué”, que “eso es una pérdida de tiempo”. Claro, porque si no se inscribe, no pierde. Y si no pierde, no tiene que enfrentar el hecho de que tal vez su banda no es tan buena como él cree.

El concursante, incluso el que pierde, tiene más huevos que el que se queda en la casa insultando. Porque el concursante se arriesgó a que le dijeran “no”. El concursante puso su música frente a otros, la midió, la comparó, y aunque haya perdido, aprendió algo. El que insulta desde el sofá no aprende nada. Solo se pudre en su propia bilis.

Usted no tiene que creer en el premio. Tiene que creer en el escenario. Si usted no cree en los jurados, está bien. Si usted cree que el premio se lo roban, también. Pero el escenario no miente. El escenario es un termómetro. Usted sube, toca, y la gente —esa que no sabe ni quién es usted— decide si se queda o se va. El público es el único jurado que importa. Y el público no vota por correo, no tiene padrinos, no recibe sobornos. El público aplaude o se va a tomar cerveza. Así de simple.

Los concursos le dan acceso a ese público. Aunque usted pierda, aunque el jurado sea un asco, aunque el premio se lo lleve la banda que usted cree que es peor, el público que lo vio no sabe nada de eso. El público solo sabe que usted tocó bien o tocó mal. Y si tocó bien, se ganó a 50 personas que antes no lo conocían. Eso no se lo quita nadie.

No sea idiota. El mundo es una competencia. Usted compite por un puesto en la universidad. Compite por un contrato de arrendamiento. Compite por una cita médica en la EPS. Compite por el puesto de trabajo. Compite por el espacio en la radio. Compite por el último concierto del año en el bar del barrio. Todo es competencia. ¿Por qué la música tendría que ser la única zona libre de competencia? ¿Por qué usted tendría derecho a que lo escuchen sin tener que ganárselo?

La música no es un derecho, es un privilegio que se gana y se gana tocando mejor que el otro, se gana escribiendo mejor que el otro, se gana moviéndose mejor que el otro, se gana siendo más constante, más profesional, más audaz, conquistando público. Eso es competencia. Y si usted no quiere competir, bien, quédese en su casa, toque para su mamá, publique sus canciones en YouTube y espere el milagro. Pero no insulte al que sí tiene los huevos de subirse al ring, porque ese, aunque pierda, está haciendo más por la escena que usted en toda su vida.

Ahora, si usted es de los que insultan, le propongo algo, el próximo concurso, inscríbase. No por el premio, por demostrarse que tiene huevos. Y si pierde, pierda bien. Aprenda. Vuelva el año siguiente y toque mejor. Y si gana, no se le suba a la cabeza. Porque al otro día, en la esquina, va a haber otro pelao con una guitarra más barata que la suya, tocando mejor que usted. Y ahí vuelve a empezar la competencia.

Así funciona el mundo. Así funciona la música. Siempre ha sido así. Negarlo es de idiotas. Usted no lo es. Por eso está leyendo esto. Ahora deje de quejarse y póngase a tocar.

Ustedes critican los concursos independientes. Dicen que son injustos, que son una pérdida de tiempo, que el arte no debería competir. Pero cuando se trata de Idartes —que ya tiene hallazgos fiscales y denuncias por corrupción— ustedes no solo callan… se arrodillan. Hacen fila. Lamen las botas del funcionario de turno. ¿Por qué? Porque Idartes paga. Porque el Estado tiene la chequera gorda. Porque ustedes no buscan música, buscan plata. Y la plata, venga de donde venga, les parece buena.

Hablemos con datos, no con opiniones.

La Contraloría ya encontró irregularidades. No es un secreto. La Contraloría de Bogotá ha auditado los festivales de Idartes —Rock al Parque, Hip Hop al Parque— y ha encontrado sobrecostos, contratos amañados y falta de transparencia en la asignación de recursos. No es “yo creo”. Es el ente de control del Estado diciendo que la plata de los impuestos se maneja mal. Y esos hallazgos están en informes públicos. ¿Usted los ha leído? Seguro que no. Porque si los hubiera leído, no podría defender a Idartes con la misma boca con la que critica los concursos independientes.

Los curadores lo han dicho en voz alta. Uno de ellos, en una entrevista que quedó grabada, dijo textualmente: “Siempre van a estar los mismos, porque son los que conocen el proceso” . Esa frase es la confesión de un sistema cerrado. No importa cuántas bandas nuevas aparezcan. No importa cuánto talento esté por fuera. Los mismos nombres, los mismos amigos, los mismos de siempre. Eso no es curaduría. Eso es una rosca.

Y cuando usted señala eso, lo tildan de “amargado”, de “perdedor”, de “gente que no sabe perder”. Pero el que no sabe perder no es usted. El que no sabe perder es el que lleva quince años en la misma convocatoria, ganando una y otra vez, mientras otros se pudren en la puerta.

Los bookers son amigos entre sí. Revise los contratos de Idartes. Revise quiénes son los proveedores de producción técnica, los curadores, los jurados, los gestores. Son los mismos apellidos, las mismas empresas, los mismos colectivos. Unos son contratistas, otros son jurados, otros son programadores. Y entre todos se recomiendan, se premian, se contratan. Eso se llama conflicto de interés institucionalizado. No es una teoría de la conspiración. Es una red documentada.

Nunca tienen problemas. A pesar de los hallazgos de la Contraloría, a pesar de las denuncias públicas, a pesar de que cualquier persona con dos dedos de frente puede ver que el sistema está podrido, ellos siguen ahí. No pasa nada. Nadie va a la cárcel. Nadie devuelve la plata. Nadie pierde su puesto. ¿Por qué? Porque el sistema está blindado. Porque los que fiscalizan son los mismos que otorgan los contratos. Porque la ley en Colombia es de papel mojado.

Ustedes se someten porque quieren el dinero del Estado. Ahí está la verdad que duele. Ustedes no defienden a Idartes porque sea transparente. Lo defienden porque les ha dado de comer. Porque alguna vez les aprobaron un proyecto, les pagaron una gira, les financiaron un disco. Y eso, aunque venga de un sistema corrupto, les sabe a gloria. Por eso callan. Por eso no denuncian. Por eso critican a los concursos independientes —que no tienen plata del Estado pero sí tienen reglas claras— y aplauden a Idartes —que tiene plata pero tiene el proceso podrido.

Ustedes son dobles. Ustedes son falsos. Critican los concursos independientes porque no pueden manipularlos. Porque no tienen un amigo adentro. Porque el jurado no es el compadre. Pero se arrodillan ante Idartes porque ahí sí tienen quien los recomiende, quien les pase el dato, quien les acomode la convocatoria.

Eso no es coherencia. Eso es conveniencia. Y la conveniencia, en un músico, es la antesala de la mediocridad.

No me vengan con discursos de pureza artística. No me vengan con que el arte no es competencia. Ustedes compiten todo el tiempo, por un puesto en Idartes, por un contrato con el Ministerio, por una invitación a un festival. Solo que quieren competir con ventaja. Y cuando la ventaja no está, lloran.

Así que ya saben. Los concursos independientes tienen reglas. Idartes tiene hallazgos fiscales. Ustedes pueden seguir arrodillados. Yo prefiero seguir trabajando.

Ese es el cierre. No es una opinión. Es un señalamiento con pruebas. Y si después de eso alguien sigue defendiendo esa hipocresía, ya no es un ingenuo. Es un cómplice. Y los cómplices no merecen más argumentos. Merecen que los señalen con el dedo mientras los demás seguimos construyendo.

Cada vez que abren la boca y creen que están haciendo crítica. Lo que están haciendo es cavando la tumba del rock bogotano.

Porque cada vez que insultan un concurso independiente, un festival independiente, unos premios, un proceso, de esos que organiza un tipo que puso plata de su bolsillo, que duró noches sin dormir imprimiendo afiches, que pidió prestado para pagar el sonido, ustedes no están defendiendo el arte. Están matando la iniciativa. Están espantando a los que vienen atrás. Están diciéndole al que apenas empieza ‘para qué te esfuerzas, si al final te van a escupir’.

¿Y qué logran con eso? Que la escena se vuelva más pequeña. Que los espacios cierren. Que los organizadores digan ‘no más’. Que las convocatorias se acaben porque nadie quiere poner la cara por un público que lo único que sabe hacer es quejarse. Eso es lo que logran: un desierto. Un silencio. Un vacío donde antes había al menos la intención de hacer algo. ¿Cuántos gestores se han retidado hartos, hartos hasta la madre de los músicos pendejos?

Y no contentos con eso, se meten en peleas legales, se enemistan con el que les ofreció un escenario. Insultan al que les prestó una consola. Convierten el rock en un juzgado. Y mientras ustedes se pelean por quién tiene la razón, los reguetoneros se están llenando de plata, los espacios se están convirtiendo en discotecas de electrónica, y el rock —el rock que ustedes dicen defender— se está muriendo en una bodega solo, esperando que alguien le preste atención.

Pero ustedes no ven eso. Ustedes ven al enemigo en el que organizó un concurso. Ven al enemigo en el jurado que no los eligió. Ven al enemigo en el músico que ganó. Y en esa paranoia, se olvidan del verdadero enemigo… el que no quiere que el rock exista. El que cree que el rock es ruido de pobres. El que financia reguetón y vallenato y lo que sea que no piense. Ese enemigo sí es real. Y mientras ustedes pelean entre ustedes, él se ríe.

Así que ya cierren la boca o pónganse a construir.

Si no les gusta un concurso, hagan el suyo. Si no les gusta un premio, creen el suyo. Si no les gusta un jurado, organicen uno mejor. Pero dejen de romper. Dejen de joder. Dejen de escupir para arriba.

Porque el rock bogotano no está jodido por la falta de plata. Está jodido por gente como ustedes, que prefiere quejarse a hacer. Que prefiere enfrentar una demanda a construir. Que prefiere tener razón a tener escena.

Y yo les digo esto con toda la rabia que me queda, si ustedes siguen así, cuando el rock bogotano se muera del todo, no va a ser culpa del Estado, no va a ser culpa del reguetón, no va a ser culpa de la falta de recursos. Va a ser culpa de ustedes. De su lengua podrida. De su incapacidad de ver que el otro no es un enemigo, es un compañero de viaje. De su obsesión por tener la razón mientras el barco se hunde.

Así que ya decidieron. Pueden seguir siendo el martillo que rompe. O pueden aprender a ser la mano que construye. Pero no se hagan los sorprendidos cuando la escena se caiga a pedazos y ustedes se queden solos, en un bar vacío, quejándose de que nadie los quiere.

Porque la escena no la mató el enemigo. La mataron ustedes. Con cada crítica estéril. Con cada insulto. Con cada mierda que tiraron contra el que estaba poniendo el hombro. Ustedes son los sepultureros del rock bogotano. Y cuando terminen de enterrarlo, no les va a quedar nada. Solo el silencio. Ese silencio que tanto han ayudado a construir.

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Colombia

La banda colombiana de Metal Hijos del Viento debutó en México frente a 100.000 personas en la Marcha para Jesús 2026

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No todos los días una banda de metal cristiano colombiana se sube a un escenario en medio de una manifestación religiosa multitudinaria. Mucho menos frente a una audiencia cercana a las 100.000 personas reunidas en el corazón de Ciudad de México. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió con Hijos del Viento durante su presentación en la Marcha para Jesús 2026.

El concierto se trató de un hecho sin precedentes para el rock nacional. Al pisar el escenario del Zócalo capitalino, la banda no solo realizó su primera salida internacional, sino que se convirtió en la primera agrupación de metal cristiano de Colombia en alcanzar una audiencia de dimensiones colosales, superando las 100.000 personas, marcando un antes y un después en la historia del género en el país, demostrando que una propuesta de metal extremo con mensaje espiritual puede romper el techo de cristal y posicionarse en uno de los epicentros culturales más importantes del mundo.

El repertorio seleccionado para este bautizo de fuego internacional fue una muestra de contundencia y evolución artística. La banda abrió su set con la fuerza de “Martyrum” y “DISRUPT”, temas que retumbaron con una fidelidad técnica impecable desde el Ángel de la Independencia hasta los rincones más alejados de la plaza. La audacia de Hijos del Viento quedó de manifiesto al elegir este escenario masivo para estrenar dos piezas inéditas, “Soy” y “Noir”, demostrando una confianza absoluta en su nueva arquitectura sonora. A pesar de que el show debió terminar antes de lo previsto por razones logísticas, la intensidad desplegada en esos minutos bastó para dejar una marca imborrable en el público mexicano y en los miles de espectadores que siguieron la transmisión global.

El impacto del concierto generó un fenómeno mediático inmediato, alimentado por la capacidad de la banda para generar disrupción en un contexto masivo. Mientras las redes sociales se inundaban de comentarios sobre la potencia del sonido y la calidad de la ejecución, en la plaza se vivían momentos únicos de conexión, como grupos de danza que terminaron moviéndose al ritmo de los riffs, evidenciando que el metal, cuando se ejecuta con maestría, rompe cualquier barrera de prejuicio. Esta presentación no fue un evento fortuito, sino una declaración de principios; para los integrantes del grupo, el objetivo era claro, llevar un mensaje de revolución y confrontación, recordando que la esencia de su fe también reside en la disrupción de lo establecido.

Con este debut triunfal, gracias a la gestión de Independent Booking Artist Manager, Hijos del Viento establece un récord histórico para el metal cristiano colombiano, logrando lo que ninguna otra banda del género había alcanzado en la historia del país. Haber compartido tarima con referentes como Upperroom y conquistar a una multitud de seis cifras en su primera incursión fuera de Colombia, los posiciona como líderes de una nueva avanzada cultural. Este éxito en México no es solo un triunfo para la banda, sino una validación de que el metal hecho con convicción y profesionalismo desde Colombia tiene el poder de convocar multitudes y dejar una huella profunda en los escenarios más grandes del planeta.

Fotos por Edixon Sepúlveda.

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