Latinoamérica
El Rock and Roll Hall of Fame premia a quien no lo necesita, ignora a quien lo merece y confunde eclectismo con identidad en su clase 2026
Por: Redacción Especial
La maquinaria del Rock & Roll Hall of Fame ha hablado y como cada año lo ha hecho entre aplausos tímidos y una catarata de críticas. La Clase de 2026, anunciada el pasado lunes 13 de abril durante un episodio temático de American Idol, ya está aquí. Y sí, es tan confusa, contradictoria y extraña como esperábamos.
En la tierra donde nació el rock and roll (o al menos donde lo patentaron),la institución de Celveland ha decidido abrir de par en par sus puertas a un grupo de artistas que representan todo, absolutamente todo, excepto quizás la esencia del género que supuestamente honran. Mientras leyendas del rock duro como INXS quedan tiradas en la cuneta por enésima vez, el Salón celebra con bombo y platillo (y con una pizarra llena de hip-hop, salsa y pop) su nueva hornada de elegidos.
Uno de los puntos más irónicos de esta convocatoria es la actitud de dos de los mayores pesos pesados del año, Iron Maiden y Oasis. Llevaban años en la lista de espera (tres nominaciones cada uno), y su ingreso huele más a una rendición del Salón por la presión popular que a un deseo mutuo.
Comencemos con los británicos de Iron Maiden. Durante décadas, la banda liderada por Steve Harris ha sido el símbolo de la rebeldía del heavy metal. Sin embargo, la institución los mantuvo fuera durante 20 largos años de elegibilidad, ignorando a una de las bandas más influyentes en la historia de la música pesada. Ahora, en su 50 aniversario, los inducen. La reacción de la banda fue tan fría como profesional: agradecieron a los fans y dijeron que “siempre es bueno ser reconocido”, pero dejando claro que nunca necesitaron este sello para legitimarse. Para ellos, esto es un trámite.
El caso de Oasis es aún más grotesco y divertido. Los hermanos Gallagher llevaron el arte del desprecio a otro nivel. Liam Gallagher llamó al Salón “una mierda llena de BUMBACLARTS” y animó a sus fans a no votar. Noel, por su parte, siempre mostró un cinismo absoluto. Ahora, tras ser inducidos, Liam ha tenido que recurrir a la “psicología inversa” en redes sociales declarando en un trino “Reverse psychology vibes in the area Oasis RnR hall of farmers”.

¿Qué nos dice esto? Que el Salón de la Fama está tan desesperado por relevancia que prefiere incluir a artistas que se han cagado en él sistemáticamente antes que mantener la coherencia. Es la victoria del “clickbait” institucional.
Mientras Liam Gallagher se burla del sistema desde su pedestal, hay artistas que esperan con respeto y dignidad una oportunidad. Es el caso de INXS.
La banda australiana, liderada en su gloria por el carismático Michael Hutchence, era una de las nominadas más fuertes de este año. No solo arrasan en la nostalgia de los 80 y 90, sino que su música es Rock & Roll con mayúsculas: guitarras sucias, secciones rítmicas sexuales y una actitud de estrella de rock que pocos igualan. Consiguieron el sexto puesto en la votación popular con más de 645,000 votos.
¿El resultado? Excluidos. Por supuesto, no hubo cupo para ellos porque el Salón estaba demasiado ocupado premiando a Sade (smooth jazz/soul), Wu-Tang Clan (hip-hop) y Luther Vandross (R&B).
La excusa de que “el rock es una actitud” es un mantra que el Salón repite para lavar su conciencia, pero la realidad es que INXS representa la esencia de la música de estadio, el rock alternativo y el pop rock de alta calidad. Si INXS no es Rock & Roll, ¿qué es? Es una falta de respeto que una institución con sede en Estados Unidos, un país que le debe mucho al rock británico y australiano, deje fuera a la banda de “Need You Tonight” para meter más nombres de la vieja escuela del hip-hop. Australia no tiene un representante en el Salón desde que AC/DC entró en 2003. Esto ya no es un desaire, es una pared.
La gran “sorpresa” para la prensa sensacionalista fue la exclusión de Shakira. La barranquillera era la gran esperanza pop de la votación, colocándose entre las primeras posiciones del voto popular. Sin embargo, el jurado de 1.200 expertos la dejó por fuera.
Permítanme ser claro ¿Es extraño que Shakira no esté en el Salón de la Fama del Rock? No. No lo es. Shakira es un ícono mundial del pop y la música latina, pero su inclusión hubiera sido el clavo final en el ataúd de la identidad del Museo. Sin embargo, la ironía es brutal. El mismo jurado que dice que Shakira “no es suficientemente rockera” ha decidido premiar a Queen Latifah, MC Lyte y Celia Cruz en la categoría de “Influencia Temprana”.

Ojo, no estamos cuestionando el mérito de estas leyendas. Celia Cruz es la reina de la salsa, Queen Latifah una pionera del hip-hop femenino. Son gigantes. Pero la hipocresía es mayúscula, resulta que el género “Rock & Roll” se puede estirar como chicle para incluir salsa y rap, pero no para incluir a una estrella pop latina que ha vendido millones. ¿Dónde está la coherencia? Si el rap es rock, ¿por qué el pop no lo es? Si la salsa es “influencia temprana”, ¿por qué el pop latino no es merecedor? La lógica brilla por su ausencia.
Lo que vemos en la clase de 2026 es la confirmación de una tendencia… el Rock & Roll Hall of Fame debería cambiar su nombre a Music Hall of Fame. Punto.
El listado de este año es un festival de lo políticamente correcto y la diversidad forzada que, paradójicamente, deja fuera a los que realmente tocan la guitarra eléctrica. Tenemos a Phil Collins (otra vez, porque ya estaba con Genesis), a Billy Idol (un acierto tardío), a Joy Division/New Order (indiscutibles, aunque más cerca del post-punk) .
Pero luego miras a los excluidos y la sangre hierve. The Black Crowes, Jeff Buckley, New Edition (que ganaron la votación popular, pero fueron ignorados por el jurado) y sobre todo, INXS, se quedan fuera. Mientras tanto, Fela Kuti (afrobeat) y Gram Parsons (country) entran por la puerta de atrás. Son genios, pero si abrimos la veda para todo el mundo, ¿por qué no está Weird Al Yankovic? ¿O Toto?
La inclusión de Wu-Tang Clan es, para muchos la cereza del pastel. Nadie duda de su impacto cultural, y el rap es tan vital para la música moderna como lo fue el blues para el rock. Sin embargo, cuando vemos a Method Man (lírico del Wu-Tang) quejándose de que New Edition no entró porque “son nuestros Hall of Famers, independientemente de si es rock and roll”, te das cuenta de que ni ellos mismos entienden las reglas de este juego.
El Salón de la Fama del Rock & Roll ha dejado de ser un templo para convertirse en un parque temático. Es un espacio donde Iron Maiden entra a regañadientes, donde Oasis se burla del anfitrión, donde el heavy metal convive con el dance de Sade y donde se le cierra la puerta al rock de estadio australiano.
Mientras sigan confundiendo “influencia cultural” con “Rock & Roll”, seguirán pasando estas cosas. Veremos que pasa el 14 de noviembre en la ceremonia de Los Ángeles, esperando ver a Liam Gallagher recoger su trofeo con una sonrisa irónica, a Bruce Dickinson cantando “The Trooper” mientras los ejecutivos de la industria se miran las carteras, y a los fantasmas de Hutchence preguntándose desde el más allá qué demonios pasó con el espíritu rebelde de la guitarra eléctrica.
Porque en el fondo, lo sabemos… el día que el Rock & Roll Hall of Fame empezó a tomarse en serio a sí mismo, dejó de ser rock and roll.
Latinoamérica
La Tormenta Perfecta ¿Por qué Force ganó Wacken Metal Battle a nivel mundial?
Han pasado unos días desde que los cimientos de Colombia temblaron y el eco de ese movimiento telúrico aún resuena en la memoria de un país que parece vivir en permanente estado de alerta. El silencio que guardé y que como promotor de Wacken Metal Battle Suramérica me pesa, no fue indiferencia sino la pausa necesaria para digerir que la música, por más poderosa que sea, a veces debe ceder el paso a la urgencia de la tierra. Pero el Metal, como la vida, siempre encuentra la forma de resurgir entre los escombros y por eso estamos aquí, para contar una historia que merece ser escrita con letras de resistencia y sudor.
Tres años. Eso es lo que ha tomado construir desde abajo una maquinaria que hoy nos permite hablar no de un sueño, sino de una realidad conquistada. Este 2026 hemos visto coronarse a FORCE, un trío chileno de glam metal, como campeón mundial en el Wacken Open Air. Pero para entender la magnitud de este logro, debemos retroceder y observar el mapa completo de la organización latinoamericana, un esfuerzo titánico que ha involucrado a seis países, cientos de músicos y una inversión que va más allá del dinero.
Hablar de dinero en el Metal underground es hablar de sacrificio. Esta no es la historia de grandes patrocinadores ni de cheques millonarios; es la historia de bandas que han vendido su discografía, rifado sus instrumentos y dormido en buses para llegar a los heats nacionales. Durante tres años, Wacken Metal Battle en Suramérica ha sido un ejercicio de autogestión pura y dura. Los promotores de cada país han puesto su alma y su bolsillo para que la competencia sea posible. En Colombia, el modelo de Subterránica ha demostrado que se puede romper barreras sin maquinaria estatal ni presupuestos oficiales, logrando hitos que el gobierno con toda su plata no puede replicar. Este año, Colombia desplegó finales en Bogotá y las regiones, con una inscripción récord de casi 400 bandas, mientras que Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela y Chile también movilizaron sus escenas. Venezuela, con su problema geopolítico, no pudo estar presente en la final de Lima por la negativa de visado, pero su espíritu estuvo allí, recordándonos que el metal también es un acto de resistencia.

La final regional en Lima fue el punto de inflexión. Allí, en el Teatro Kantaro, no solo se enfrentaron diez bandas de élite; se enfrentaron realidades complejas, Bolivia con su geografía adversa y su escena que lucha por emerger desde el altiplano; Chile con su escena gigantesca y profesionalizada, que ha sabido construir un ecosistema sólido alrededor del metal; Ecuador con su movimiento underground que se abre paso entre la diversidad de sus regiones; Perú con el peso de ser anfitrión y la responsabilidad de mostrar que su escena está a la altura del evento y Colombia con la necesidad de romper el discurso del “talento local” para abrazar el del “discurso mundial”. Athemesis, con su metal sinfónico y virtuoso, y Altars of Rebellion, con su death metal técnico y demoledor, llegaron como representantes de un país que ya no depende de Bogotá para brillar. Son la prueba de que el metal colombiano se cocina en polos como Medellín y Pasto y que hoy compite en igualdad de condiciones en el circuito internacional. La final no fue fácil; competidores como Tepuy de Perú y Shadow Bullets de Ecuador eran temibles, las bandas mostraron una madurez que las coloca en otra liga. Y entonces, en medio de esa vorágine de talento, apareció FORCE, y cuando digo apareció, no me refiero a que llegaron con una propuesta más o menos interesante. Hablo de que irrumpieron como un vendaval de animal print, melenas cardadas y riffs de guitarra que parecían sacados directamente de un sueño de los ochenta, pero con la frescura y la rebeldía de un grupo de veinteañeros que crecieron escuchando a los grandes y decidieron que era hora de devolverle al mundo esa energía. Esta banda chilena, formada hace apenas un año en Melipilla y Santiago por Laureano “Starboy” y Camila Sulwacker, junto al bajista Hans Beyer, no solo ganó el Wacken Metal Battle 2026, sino que lo hizo con una autoridad que dejó boquiabiertos a los alemanes. En varias conversaciones siempre dije que me imaginaba el Sunset Street en los ochentas lleno de muchachos así, era como volver a los inicios de este movimiento que lo comenzaron jóvenes rebeldes y que quienes aun lo mantienen vivo son ya veteranos que pasan los 50 o 60, por eso ver a Force era un respiro no solo para el género sino para la escena del rock.
El glam metal que muchos daban por muerto y enterrado bajo capas de metalcore y death metal técnico, ha resucitado en las manos de estos tres músicos y lo ha hecho para quedarse. Force no es una banda nostálgica que se dedica a copiar fórmulas viejas; es un trío que ha sabido tomar la esencia de aquella era dorada del hard rock y mezclarla con texturas modernas de retrowave y una producción actual que suena a estadio. Su sonido es una patada en que nos recuerda que el rock, incluso después de tantas décadas de evolución, sigue teniendo la capacidad de reinventarse y emocionar. Y eso, en un mundo donde todo parece ya inventado, es un logro monumental. Ellos mismos lo reconocen que vienen de la escuela clásica del rock y su misión es que la gente la pase bien arriba del escenario, con esa onda alegre, llena de guitarras y también jugando con lo sensual que es lo que caracteriza al género.
Pero si hay algo que conquistó al jurado y al público de Wacken, más allá de la técnica impecable de sus integrantes, fue su juventud y su carisma desbordante. En un escenario donde predominaban las bandas de metal extremo con estéticas oscuras y sonidos agresivos, FORCE llegó con su glam rock, sus colores vivos y su actitud provocadora y eso fue un aire fresco que los alemanes supieron apreciar de inmediato. Camila Sulwacker, baterista y cofundadora, lo explica con una claridad brutal “A los alemanes les gusta lo extravagante. Ver el animal print, el pelito escarmenado, entre tanto metalcore… eso es lo que engancha”. No se trataba solo de tocar bien, sino de ofrecer un espectáculo, de tener presencia, de mirar a los ojos del público y hacerle sentir que era parte de algo especial. Y Force domina ese arte como pocos.

El trío tiene una química en el escenario que solo se logra cuando hay verdadera pasión y complicidad. Laureano “Starboy” no es solo el vocalista y guitarrista, es el alma visible de la banda, un frontman que combina la actitud de un rockstar de los ochenta con la técnica de un músico del siglo XXI. Hans Beyer, en el bajo, es el pegamento rítmico que mantiene todo en su sitio y Camila Sulwacker, una baterista que demuestra que el talento no entiende de géneros ni de estereotipos, es el motor implacable que impulsa cada canción. Juntos, han creado un sonido que ya ha dado frutos con su álbum debut homónimo, lanzado este mismo año, y con sencillos como “Shine Like Me, B#tch!” y “SPEED” que son un adelanto de lo que esta banda es capaz de ofrecer en un futuro cercano .
Y aquí es donde quiero hacer una pausa para hablar del nivel del metal latinoamericano, porque lo de Force no es casualidad. Es el resultado de años de trabajo, de sacrificio y de una escena que se ha ido forjando a pulso en cada rincón del continente. Este año Wacken Metal Battle Suramérica Región Norte movilizó a seis países, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela . En Colombia, con un modelo que ya ha demostrado ser efectivo sin depender del apoyo estatal, logramos inscribir a casi 400 bandas y realizamos finales en Bogotá, Medellín, Pereira entre otras. En Ecuador, la producción de Aquelarre Metal consolidó el circuito con dos zonas de competencia, Quito y Guayaquil. Y en Perú, la final regional en Lima fue el punto de encuentro de lo mejor del talento sudamericano. Todos los países de la región crearon un circuito independiente impecable.
Llevamos dos podios en tres años que hemos participado en Alemania, eso dice mucho, los promotores han trabajado como nadie creando todo esto y eso es lo que nadie ve porque en realidad no tienen que verlo, la gente que trabaja desde las sombras para lograr estos resultados, de no ser por ellos las bandas no tendrían esta vitrina, ese título de campeones mundiales se escribe con letras de oro, pero también con números rojos, desvelos y el sudor del que invierte todo lo que tiene para cumplir el sueño de pisar el Holy Ground. Porque la victoria de Force no fue un golpe de suerte ni un regalo caído del cielo; fue el resultado de un sacrificio económico y logístico que merece ser contado con la misma intensidad con la que ellos subieron al escenario en Wacken.
La travesía de la banda chilena hacia Alemania fue un acto de fe y autogestión absoluta. Para financiar su viaje, que incluía pasajes, transporte interno, alojamiento, alimentación y equipamiento, Force lanzó una campaña en GoFundMe, apelando al apoyo de su comunidad para hacer realidad la representación de Chile en el festival más importante del planeta. No hubo padrinos millonarios ni patrocinios de grandes marcas; solo la convicción de que el talento chileno merecía estar en la mesa grande y la respuesta de una escena que respondió con el bolsillo y el corazón. Como ellos mismos declararon, cada aporte, sin importar su monto, era un paso más para demostrar que el rock/metal chileno tiene un lugar en los escenarios más importantes del mundo. Además de la colecta digital, vendieron su mercancía oficial y tocaron en cuanta sala pudieran para sumar fondos. El esfuerzo fue titánico, y el premio final de 5.000 euros, más el bono por la votación del público, aunque significativo, fue recibido con humor y realismo por los músicos, quienes bromeaban sobre tener que reponer las deudas antes de celebrar cualquier ganancia.
Por el lado de nosotros la producción es aun más difícil ya que la banda gana pero nosotros no ganamos nada, Wacken Metal Battle tiene reglas muy estrcitas para los promotores y son complicadas, los viajes y toda la logística del evento deben salir de nuestro bolsillo, entonces ¿por qué lo hacemos? Por amor a lo que nos gusta, por tener un espacio y un nombre en la élite mundial del Rock y del Metal, por aprender de estas escenas top, por conocer, por los contactos, por la experiencia, eso no tiene precio y es una inversión, las personas no ven esto, pero ser parte de algo así enseña más que cualquier universidad o curso dictado por genios locales que no han salido de su ciudad. Es un choque directo con la realidad de la industria musical mundial y Wacken maneja unas dinámicas únicas que no se ven en otros festivales o escenas, su mística, su religión, su unión, su público su producción no se replica en ninguna otra parte del planeta ni siquiera en Monstruos como el HellFest o Coachella. Así que lo que como promotores hemos aprendido no es solo a crear circuitos independientes y puentes culturales para las bandas, sino que hemos hecho un curso obligado de curaduría, producción de eventos de gran y pequeña magnitud y a codearnos y ser parte de la familia mundial del rock.

Y volviendo al tema, es que FORCE no solo compitió; arrasó. Se impusieron ante 31 bandas finalistas provenientes de todos los rincones del planeta, en una competencia que durante cuatro días congregó a lo mejor del talento emergente global. El jurado internacional les otorgó el primer lugar,y el público presente en el festival ratificó el veredicto con el premio a la votación popular, un reconocimiento que habla de la conexión visceral que lograron establecer con los asistentes. La batalla fue épica, y la victoria fue contundente. AL principio yo pensé que todo estaba perdido porque la guitarra no se escuchaba en el lugar y la guitarra es el alma de la banda, hubo demasiados problemas logísticos y de equipo que me hicieron pensar que este año sería una caída épica, pero como me decían en el Metal Battle Lounge, esto lo sabíamos nosotros, ni el público ni el jurado.
Ahora, con el título en sus manos, el futuro de FORCE se presenta brillante. No solo se preparan para el lanzamiento de su primer álbum de larga duración, un trabajo que promete consolidar su sonido y su propuesta, sino que ya han sido confirmados como el acto de apertura para el concierto de la icónica banda estadounidense Halestorm en Chile. Es un espaldarazo que confirma que el mundo está atento a lo que esta banda tiene que decir. Y su victoria no es un punto final, sino un punto de partida para una nueva era en la que el metal latinoamericano ha demostrado que puede ser el número uno.
Porque Force no solo ha levantado una copa; ha levantado la bandera de toda una región, demostrando que el sueño de conquistar el Holy Ground es posible. Su victoria es la victoria de todos los que creemos que el rock es el idioma universal de la rebeldía y que América Latina tiene mucho que decir en esa conversación. El Holy Ground ya tiene nuevos héroes, y ellos visten de animal print, tocan glam metal y tienen el fuego de la juventud en sus venas. Este es el legado de FORCE, es el legado de todos los involucrados en Metal Battle suramérica y es un legado que nos pertenece a todos.
Pendientes porque pronto abrimos inscripciones para la edición 2027.
@felipeszarruk
Latinoamérica
Estos son los finalistas de El XVIII Monster del Rock Subterránica 2026
Dieciocho años… Casi dos décadas de ruido, de sudor, de cuerdas y de baterías que han resistido el embate de los tiempos más duros para la música en vivo. El Monster del Rock Subterránica no es solo un concurso de bandas, es un termómetro, un termómetro que mide la temperatura real de las entrañas del rock hecho en Colombia. Y esta edición número dieciocho, señores, ha sido tan excelente que nos ilusiona por completo. Hoy por fin podemos revelar los nombres que estarán en la gran final, pero antes, permítanme explicar por qué la espera valió la pena.
Hace unas semanas les anunciamos a los primeros tres finalistas. Lo hicimos con la emoción a flor de piel, pero también con la honestidad de quien sabe que la competencia aún no había terminado. Nos faltaban las batallas tres, cuatro y cinco y en lugar de apresurarnos, decidimos esperar. Porque el Monster del Rock siempre se ha caracterizado por una cosa… su nivel altísimo. No es un concurso de principiantes ni un espacio para bandas recién formadas que apenas están aprendiendo a afinar. Aquí se vienen a mostrar los que ya tienen oficio, los que han sudado en ensayos infinitos y han cargado amplificadores por escaleras sin ascensor. Y esta edición no fue la excepción. El nivel fue tan alto, las presentaciones tan parejas, que al jurado le costó demasiado tomar las decisiones finales.
Durante las batallas tres, cuatro y cinco, lo que se vio fue una muestra contundente de que la escena del rock nacional está más viva que nunca y sobre todo produciendo música de talla mundial. Bandas que sonaron como si hubieran ensayado en conciertos mundiales, pero que en realidad ensayan en salas de Bogotá, en garajes de Medellín o en bodegas de Cali. Tuvimos descubrimientos increíbles. Nombres como Decimation o Chaos Vortex pasaron por ese escenario y dejaron a más de uno con la boca abierta, muchos nombres conocidos que siguen consolidándose como The Toxic o Mad Dogs. Bandas demasiado poderosas, con una contundencia rítmica y una agresividad bien entendida que nos recordaron que el metal pesado y el rock duro siguen teniendo profetas en esta tierra. Fueron esas bandas, precisamente, las que hicieron casi imposible la tarea de elegir. Porque cuando el talento abunda, la tijera duele.

También tenemos que hablar de otra cosa, la que nadie quiere decir en voz alta porque es incomoda, porque señala, porque obliga a mirarnos al espejo colectivo… lo único que sigue fallando en esta escena es el público.
No nos malinterpreten, no queremos decir que la sala de Bbar estuviera vacía. Hubo gente, sí. Hubo fieles, hubo amigos, hubo familiares y hubo buena afluencia en algunas batallas. Pero pudo haber sido más. Mucho más. Y esta es una conversación incómoda que el rock colombiano lleva demasiados años evitando. Las bandas, y esto es un hecho que duele reconocer, en realidad no tienen convocatoria. Así tengan nombre, así suenen brutal, así hayan ensayado durante meses y hayan invertido sus ahorros en grabar un disco impecable. La gente no va. Y no es que no haya público para el rock en Colombia. Lo hay. El problema es qué tipo de público es.
Porque resulta que el público colombiano, ese mismo que se llena la boca diciendo que ama la música, tiene dos comportamientos que se han vuelto endémicos y absolutamente contradictorios. Por un lado, le encanta ir gratis. El colombiano facilista prefiere los festivales pagados por el Estado, esos donde no tiene que poner un peso de su bolsillo y puede consumir cultura subvencionada como quien recibe una limosna. Y no estamos en contra de los festivales públicos, ojo. El problema es cuando esa lógica se vuelve la única, si hay que pagar una entrada de veinte mil pesos para ver a cinco bandazas del under, ¡ay, Dios mío, qué caro!, pero si el gobierno pone un escenario en un parque ahí sí llena hasta. Y por otro lado, ese mismo público es capaz de soltar millones de pesos —millones, señores— para ver a una banda extranjera. Para viajar a otro país si hace falta. Para hacer filas de doce horas. Para comprar la camisa oficial a sesenta dólares. El artista de afuera siempre es más valioso. El de acá, el que suda en el mismo barrio, el que canta en el mismo idioma y cuenta las mismas miserias, ese no merece el mismo respeto.
¿Y cuál es el resultado de esta ecuación perversa? Que los promotores se están aburriendo. Que organizar un concierto de rock local se ha convertido en un acto de masoquismo. Que las salas prefieren alquilar el espacio para eventos empresariales antes que arriesgarse con una noche de bandas. Y esto, permítanme ser brutalmente claro, está matando la escena. Porque una cosa es que la escena independiente sea autosostenible —y lo es, porque estos músicos no viven de esto, trabajan, pagan sus instrumentos a cuotas, ensayan después de doce horas de oficina—, pero otra cosa muy distinta es que nadie les devuelva ese esfuerzo con su presencia, con su energía, con su billetera abierta para comprar una cerveza en la barra o una camiseta en la mesa de merch, no solo afecta a las bandas sino a los que crean espacios. El público debe apoyar lo local, lo que ya está hecho tiene mucho apoyo.
Pero —y esto es lo hermoso de este concurso—, a pesar de esa indiferencia, el Monster del Rock sigue en pie. Y sigue en pie porque las bandas se han apoyado entre ellas mismas y nos han apoyado a nosotros. Porque en medio de una escena que a veces se gana la fama de tóxica, de llena de egos y de rencillas idiotas, esta edición rompió ese esquema. El ambiente entre los participantes fue de una camaradería ejemplar. Las bandas tuvieron un papel muy importante votando por ellas mismas, eligiendo a sus compañeras, reconociendo el mérito ajeno sin mezquindad. Eso, señores, es de aplaudir de pie. Porque demuestra que el problema no está en los músicos. Los músicos están poniendo todo. El eslabón débil, otra vez, es el público.
Dicho esto y sin más, estos son los nombres que se enfrentarán en la gran final del XVIII Monster del Rock Subterránica. Aplausos para:
También conocidos como
Potrero
Natyvo
Cóndor multicolor
Devasted
Narcocracia

Seis bandas. Seis universos sonoros distintos. Seis formas de entender el rock y el metal que demuestran que la diversidad no está reñida con la potencia. Y como si esto fuera poco, tendremos invitados de lujo. Nada menos que The End, los flamantes ganadores del Monster del Rock 2025, volverán a subirse a ese escenario para recordarnos por qué se coronaron campeones el año pasado y pasar la batuta al nuevo ganador. Un detalle de categoría que convierte esta final en una cita imperdible.
La gran final será el viernes 5 de junio en el Bbar. Apúntenlo en la agenda, vayan. Paguen su entrada. Cómprense una cerveza. Aplaudan hasta cansarse. Porque estas seis bandas se lo merecen. Porque el rock en Colombia no se rinde, pero tampoco puede sostenerse solo con el esfuerzo de los músicos. Necesita de ustedes. Necesita de verdad. Allí nos vemos para conocer al nuevo Monster del Rock
@Subterránica
Festivales e Industria
Wacken Metal Battle Suramérica anuncia expasión histórica, dos cupos para Wacken 2027.
La región se divide en Northern Region y Central Region, con finales en Chile y Colombia. El período de inscripción comenzará tras la finalización del Wacken Open Air 2026.
Wacken Metal Battle, la competencia de bandas más grande del mundo, continúa su crecimiento imparable. Y Suramérica, reconocida como una de las regiones más grandes y prolíficas del planeta en la escena del metal, será protagonista de esta evolución. La organización ha confirmado una noticia brutal para la edición 2027… nuestra región no tendrá uno, sino dos cupos para el Wacken Open Air.
El cambio responde a la consolidación de la escena sudamericana y al éxito sostenido de la competencia en la región. A partir del próximo ciclo, Suramérica se dividirá en dos zonas: Northern Region y Central Region. Cada una tendrá su propio proceso clasificatorio y al final del camino, su propio campeón. Ambos representantes cruzarán el Atlántico para pisar el Holy Ground en Schleswig-Holstein.
La definición de esta nueva etapa tendrá dos grandes eventos. La Gran Final de la Northern Region se llevará a cabo en Chile. La Gran Final de la Central Region tendrá lugar en Colombia. Ambos países han demostrado, edición tras edición, un compromiso inquebrantable con el desarrollo del metal y una capacidad de convocatoria que los posiciona como ejes centrales del circuito en Latinoamérica.
Ambas finales se realizarán a finales de año, cerrando un proceso que promete movilizar a decenas de bandas, jurados, gestores y, sobre todo, a la comunidad metalera que respalda este proyecto.

Wacken Metal Battle no es solo una competencia. Es una plataforma de desarrollo para la escena. Por eso, junto con las finales, se llevarán a cabo espacios de encuentro, networking y ruedas de negocio, replicando el modelo que ya ha dado resultados en ediciones anteriores .
En estos espacios, músicos, gestores, productores, sellos independientes y medios especializados podrán establecer contactos, explorar alianzas y construir proyectos que trasciendan las fronteras. La experiencia ha demostrado que el verdadero impacto del Metal Battle se mide también en las conexiones que nacen alrededor de las competencias: acuerdos de circulación internacional, coproducciones, giras conjuntas y gestión de patrocinios.
El mensaje para las bandas de la región es claro, el reloj ya está corriendo. La organización ha confirmado que las inscripciones para el ciclo 2027 se abrirán inmediatamente después de que concluya el Wacken Open Air 2026 .
Esto significa que mientras el mundo del metal aún esté resonando en el norte de Alemania, aquí ya se estarán invitando a inscribirse a los músicos interesados. Las bandas deben tener su material listo, su set de al menos 30 minutos de música enteramente original y, crucialmente, la documentación al día para viajar a Alemania en caso de resultar ganadoras .
Las reglas son claras y están publicadas en el sitio oficial de Metal Battle. Cada país gestionará sus propias inscripciones, y solo las bandas residentes en el país donde compiten pueden participar. Los costos de viaje corren por cuenta de las bandas, tanto para las eliminatorias nacionales como para el viaje internacional en caso de ganar .
La decisión de otorgar dos cupos a Suramérica no es un regalo. Es el reconocimiento a un trabajo sostenido. En los últimos años, la región ha demostrado que tiene el talento, la disciplina y la pasión para competir al más alto nivel.

Bandas como Info (Colombia), que representó a la región en Wacken 2024 ganando el quinto lugar a nivel mundial, Vhill (Venezuela) o Force (Chile) que nos respresenta este año, han dejado en alto el nombre de Sudamérica en el escenario más importante del metal mundial . Ahora, con dos cupos, se duplica la oportunidad para que nuevas bandas emergentes den el salto.
Además, Wacken Metal Battle Suramérica ha sido pionera en la integración regional. Países como Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile han competido bajo un mismo paraguas, demostrando que el metal no entiende de fronteras.
Wacken Metal Battle no es cualquier competencia. Creada en 2004, reúne actualmente a más de 100 países de todos los continentes. Cada año, miles de bandas compiten en sus países por un único cupo para la final mundial, que se celebra durante el Wacken Open Air. Los premios incluyen no solo la visibilidad internacional, sino también miles de euros en equipos profesionales, oportunidades de networking con los principales actores de la industria y, para los ganadores, fechas confirmadas en festivales europeos al año siguiente .
Para las bandas sudamericanas, llegar a Wacken ha sido tradicionalmente un desafío logístico y económico. Pero los que lo han logrado coinciden en que la experiencia transforma carreras. No solo por el hecho de tocar en el festival más grande del mundo, sino por el contacto directo con promoters, sellos y managers de Europa, Asia y Norteamérica.
CALENDARIO Y PRÓXIMOS PASOS
Agosto 2026: Celebración del Wacken Open Air 2026. Apertura de convocatorias para el ciclo 2027 inmediatamente después.
Segundo semestre 2026: Eliminatorias nacionales en los países participantes de Northern Region y Central Region.
Noviembre 28 y Diciembre 5: Gran Final Northern Region en Colombia. Gran Final Central Region en Chile.
Agosto 2027: Los dos campeones sudamericanos viajan a Alemania para representar a la región en la final mundial del Wacken Metal Battle, durante el Wacken Open Air 2027.
Las bandas interesadas deben estar atentas a los canales oficiales de Wacken Metal Battle Suramérica en cada país. La información sobre fechas de inscripción, sedes de eliminatorias y requisitos se publicará progresivamente a partir del cierre de Wacken 2026.
Wacken Metal Battle Suramérica es organizado por Subterránica, con el apoyo de aliados estratégicos en Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Para consultas de patrocinio, alianzas o prensa, escribir a director@subterranica.com.
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