Festivales e Industria
Unos Grammy 2026 en donde nadie se calló y la elección de Bad Bunny es un claro mensaje político.
La noche de los Grammy 2026 dejó muchas lecturas posibles, pero una se impone por encima del resto y atraviesa tanto el escenario como el contexto social en Estados Unidos, el máximo galardón entregado a Bad Bunny por Debí Tirar Más Fotos no puede leerse únicamente como un reconocimiento artístico. Es, guste o no, una afrenta frontal de la Academia a un clima político cada vez más hostil hacia la cultura latina, hacia el español como lengua viva y hacia una comunidad que sigue siendo tratada como invitada incómoda incluso cuando sostiene buena parte de la industria del entretenimiento.
Que el Álbum del Año recaiga en un disco íntegramente atravesado por identidad latina, referencias culturales propias y una narrativa que no se acomoda al molde anglosajón tradicional, ocurre en un momento especialmente tenso, en el momento más beligerante cuando Bad Bunny dice que no sabe decir “contaminado” en Inglés, el recinto estalló en aplausos. En las semanas previas, figuras públicas y comentaristas ligados al entorno conservador volvieron a instalar el discurso de que “hay que aprender inglés para pertenecer”, llegando incluso a sugerir que el español debía quedar fuera de eventos masivos como el Super Bowl. En ese contexto, la Academia no solo premia un álbum sino que envía un mensaje. Uno que incomoda, que molesta y que contradice de forma explícita esa idea de asimilación forzada.
El Grammy a Bad Bunny funciona así como una declaración simbólica de resistencia cultural dentro del corazón mismo de la industria estadounidense. No es casualidad y tampoco es neutral. La música popular siempre ha sido un campo de disputa y esta vez la Academia decidió pararse del lado de una realidad demográfica, social y cultural que ya no puede seguir siendo ignorada. Que ese gesto sea suficiente o no es otra discusión, pero el gesto existe y pesa.
Más allá de ese gran titular, la ceremonia volvió a exhibir las contradicciones históricas de los Grammy en categorías que parecen diseñadas para no entender lo que premian. El rock, como casi todos los años, salió mal parado. Que Turnstile se lleve el premio a Mejor Álbum de Rock confirma una confusión persistente, no tienen ni idea de los géneros músicales, especialmente del Metal, rock, punk y otros. Turnstile es una gran banda, con una propuesta sólida y contemporánea, pero no es metal, ni siquiera se mueve dentro de lo que tradicionalmente se ha entendido como rock pesado. El problema no es Turnstile, es la categoría. Una categoría que mezcla sonidos, escenas e historias que no dialogan entre sí y que termina vaciando de sentido cualquier intento de lectura musical seria.
Esa misma confusión se repite, con aún más ruido, en el terreno latino. La insistencia de la Academia en combinar rock y alternativo latino en una sola categoría es una decisión profundamente errada desde lo cultural. No se trata de un tecnicismo ni de una pelea de nicho. El rock latino y la música alternativa latinoamericana responden a tradiciones distintas, públicos distintos y recorridos históricos que no deberían ser empujados a competir entre sí por falta de voluntad curatorial. Juntar esos mundos no los fortalece, los diluye.
Mientras tanto, otras decisiones de la noche dejaron claro que el Grammy sigue funcionando mejor como termómetro industrial que como brújula artística. Kendrick Lamar consolidó su lugar como figura central del rap contemporáneo, Lady Gaga reafirmó su dominio del pop vocal, y el R&B mostró una salud creativa que contrasta con la precariedad conceptual de otras categorías. En ese sentido, la ceremonia fue tan predecible como reveladora: cuando la Academia entiende el género, acierta; cuando no, improvisa.
Pero nada de eso opacó el peso simbólico del premio mayor. El Álbum del Año no solo coronó a Bad Bunny como artista, sino que convirtió su obra en un punto de fricción cultural. En un país donde el español sigue siendo tratado como lengua secundaria pese a ser hablado por decenas de millones de personas, el Grammy más importante entregado a un disco latino es un recordatorio incómodo de una realidad que ya no cabe debajo de la alfombra.
La música no cambia gobiernos, pero sí expone contradicciones. Y este Grammy, más que celebrar una tendencia, dejó en evidencia que el centro de la cultura popular estadounidense ya no es monolingüe, ni monocultural, ni puede seguir fingiendo que lo es.

LISTA DE GANADORES EN LAS PRINCIPALES CATEGORÍAS
Álbum del Año
Bad Bunny – Debí Tirar Más Fotos
Grabación del Año
Luther – Kendrick Lamar con SZA
Canción del Año
Wildflower – Billie Eilish
Mejor Interpretación Vocal Pop Solista
Messy – Lola Young
Mejor Álbum Pop Vocal
Mayhem – Lady Gaga
Mejor Artista Nuevo
Olivia Dean
Mejor Álbum de Rap
GNX – Kendrick Lamar
Mejor Canción de Rap
TV Off – Kendrick Lamar con Lefty Gunplay
Mejor Interpretación de Rap
Chains & Whips – Clipse, Kendrick Lamar, Pusha T & Malice
Mejor Colaboración Rap/Cantada
Luther – Kendrick Lamar & SZA
Mejor Álbum de R&B
Mutt – Leon Thomas
Mejor Interpretación de R&B
Folded – Kehlani
Mejor Canción de R&B
Folded – Kehlani
Compositor del Año (No Clásico)
Amy Allen
Productor del Año (No Clásico)
Cirkut
Mejor Álbum de Música Alternativa
Songs of a Lost World – The Cure
Mejor Álbum de Rock
Never Enough – Turnstile
Mejor Canción de Rock
As Alive as You Need Me to Be – Nine Inch Nails
Mejor Actuación de Rock
Changes (Live From Villa Park) – Yungblud con Nuno Bettencourt y Frank Bello
Mejor Video Musical
Anxiety – Doechii
Mejor Grabación Dance/Pop
Abracadabra – Lady Gaga
Mejor Álbum Dance/Electrónica
Eusexua – FKA twigs
Mejor Grabación Dance/Electrónica
End of Summer – Tame Impala
Mejor Interpretación Pop de Dúo o Grupo
Defying Gravity – Cynthia Erivo & Ariana Grande
Mejor Álbum Pop Latino
Cancionera – Natalia Lafourcade
Mejor Interpretación Pop Solista
Messy – Lola Young
Mejor Álbum de Rock o Alternativo Latino
Papota – Ca7riel & Paco Amoroso
Mejor Álbum de Música Urbana
Debí Tirar Más Fotos – Bad Bunny
Mejor Álbum Tropical Latino
Raíces – Gloria Estefan
Mejor Canción para un Medio Visual
Golden – Huntr/x

Y al final, más allá de la larga lista de ganadores y de los discursos previsibles, los Grammy 2026 dejan una sensación clara, que la Academia sigue siendo un organismo contradictorio, capaz de gestos políticamente significativos y, al mismo tiempo, de errores conceptuales que arrastra desde hace décadas. Premiar a Bad Bunny con el máximo galardón fue una toma de posición en medio de un país que debate su identidad, su idioma y su relación con la cultura latina. Pero ese gesto convive con categorías mal diseñadas, con confusiones de género que perjudican al rock y al metal, y con una mirada latinoamericana todavía filtrada por la simplificación. Los Grammy no son un termómetro perfecto del arte, pero sí un espejo incómodo del poder cultural. Este año reflejaron, con todas sus fallas, una verdad que ya no se puede ignorar, que la música que incomoda, que habla otro idioma y que no pide permiso ya no está en la periferia, está en el centro, aunque a muchos todavía les moleste aceptarlo.
Festivales e Industria
Wacken Metal Battle Suramérica anuncia expasión histórica, dos cupos para Wacken 2027.
La región se divide en Northern Region y Central Region, con finales en Chile y Colombia. El período de inscripción comenzará tras la finalización del Wacken Open Air 2026.
Wacken Metal Battle, la competencia de bandas más grande del mundo, continúa su crecimiento imparable. Y Suramérica, reconocida como una de las regiones más grandes y prolíficas del planeta en la escena del metal, será protagonista de esta evolución. La organización ha confirmado una noticia brutal para la edición 2027… nuestra región no tendrá uno, sino dos cupos para el Wacken Open Air.
El cambio responde a la consolidación de la escena sudamericana y al éxito sostenido de la competencia en la región. A partir del próximo ciclo, Suramérica se dividirá en dos zonas: Northern Region y Central Region. Cada una tendrá su propio proceso clasificatorio y al final del camino, su propio campeón. Ambos representantes cruzarán el Atlántico para pisar el Holy Ground en Schleswig-Holstein.
La definición de esta nueva etapa tendrá dos grandes eventos. La Gran Final de la Northern Region se llevará a cabo en Chile. La Gran Final de la Central Region tendrá lugar en Colombia. Ambos países han demostrado, edición tras edición, un compromiso inquebrantable con el desarrollo del metal y una capacidad de convocatoria que los posiciona como ejes centrales del circuito en Latinoamérica.
Ambas finales se realizarán a finales de año, cerrando un proceso que promete movilizar a decenas de bandas, jurados, gestores y, sobre todo, a la comunidad metalera que respalda este proyecto.

Wacken Metal Battle no es solo una competencia. Es una plataforma de desarrollo para la escena. Por eso, junto con las finales, se llevarán a cabo espacios de encuentro, networking y ruedas de negocio, replicando el modelo que ya ha dado resultados en ediciones anteriores .
En estos espacios, músicos, gestores, productores, sellos independientes y medios especializados podrán establecer contactos, explorar alianzas y construir proyectos que trasciendan las fronteras. La experiencia ha demostrado que el verdadero impacto del Metal Battle se mide también en las conexiones que nacen alrededor de las competencias: acuerdos de circulación internacional, coproducciones, giras conjuntas y gestión de patrocinios.
El mensaje para las bandas de la región es claro, el reloj ya está corriendo. La organización ha confirmado que las inscripciones para el ciclo 2027 se abrirán inmediatamente después de que concluya el Wacken Open Air 2026 .
Esto significa que mientras el mundo del metal aún esté resonando en el norte de Alemania, aquí ya se estarán invitando a inscribirse a los músicos interesados. Las bandas deben tener su material listo, su set de al menos 30 minutos de música enteramente original y, crucialmente, la documentación al día para viajar a Alemania en caso de resultar ganadoras .
Las reglas son claras y están publicadas en el sitio oficial de Metal Battle. Cada país gestionará sus propias inscripciones, y solo las bandas residentes en el país donde compiten pueden participar. Los costos de viaje corren por cuenta de las bandas, tanto para las eliminatorias nacionales como para el viaje internacional en caso de ganar .
La decisión de otorgar dos cupos a Suramérica no es un regalo. Es el reconocimiento a un trabajo sostenido. En los últimos años, la región ha demostrado que tiene el talento, la disciplina y la pasión para competir al más alto nivel.

Bandas como Info (Colombia), que representó a la región en Wacken 2024 ganando el quinto lugar a nivel mundial, Vhill (Venezuela) o Force (Chile) que nos respresenta este año, han dejado en alto el nombre de Sudamérica en el escenario más importante del metal mundial . Ahora, con dos cupos, se duplica la oportunidad para que nuevas bandas emergentes den el salto.
Además, Wacken Metal Battle Suramérica ha sido pionera en la integración regional. Países como Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile han competido bajo un mismo paraguas, demostrando que el metal no entiende de fronteras.
Wacken Metal Battle no es cualquier competencia. Creada en 2004, reúne actualmente a más de 100 países de todos los continentes. Cada año, miles de bandas compiten en sus países por un único cupo para la final mundial, que se celebra durante el Wacken Open Air. Los premios incluyen no solo la visibilidad internacional, sino también miles de euros en equipos profesionales, oportunidades de networking con los principales actores de la industria y, para los ganadores, fechas confirmadas en festivales europeos al año siguiente .
Para las bandas sudamericanas, llegar a Wacken ha sido tradicionalmente un desafío logístico y económico. Pero los que lo han logrado coinciden en que la experiencia transforma carreras. No solo por el hecho de tocar en el festival más grande del mundo, sino por el contacto directo con promoters, sellos y managers de Europa, Asia y Norteamérica.
CALENDARIO Y PRÓXIMOS PASOS
Agosto 2026: Celebración del Wacken Open Air 2026. Apertura de convocatorias para el ciclo 2027 inmediatamente después.
Segundo semestre 2026: Eliminatorias nacionales en los países participantes de Northern Region y Central Region.
Noviembre 28 y Diciembre 5: Gran Final Northern Region en Colombia. Gran Final Central Region en Chile.
Agosto 2027: Los dos campeones sudamericanos viajan a Alemania para representar a la región en la final mundial del Wacken Metal Battle, durante el Wacken Open Air 2027.
Las bandas interesadas deben estar atentas a los canales oficiales de Wacken Metal Battle Suramérica en cada país. La información sobre fechas de inscripción, sedes de eliminatorias y requisitos se publicará progresivamente a partir del cierre de Wacken 2026.
Wacken Metal Battle Suramérica es organizado por Subterránica, con el apoyo de aliados estratégicos en Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Para consultas de patrocinio, alianzas o prensa, escribir a director@subterranica.com.
Colombia
La banda colombiana de Metal Hijos del Viento debutó en México frente a 100.000 personas en la Marcha para Jesús 2026
No todos los días una banda de metal cristiano colombiana se sube a un escenario en medio de una manifestación religiosa multitudinaria. Mucho menos frente a una audiencia cercana a las 100.000 personas reunidas en el corazón de Ciudad de México. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió con Hijos del Viento durante su presentación en la Marcha para Jesús 2026.
El concierto se trató de un hecho sin precedentes para el rock nacional. Al pisar el escenario del Zócalo capitalino, la banda no solo realizó su primera salida internacional, sino que se convirtió en la primera agrupación de metal cristiano de Colombia en alcanzar una audiencia de dimensiones colosales, superando las 100.000 personas, marcando un antes y un después en la historia del género en el país, demostrando que una propuesta de metal extremo con mensaje espiritual puede romper el techo de cristal y posicionarse en uno de los epicentros culturales más importantes del mundo.

El repertorio seleccionado para este bautizo de fuego internacional fue una muestra de contundencia y evolución artística. La banda abrió su set con la fuerza de “Martyrum” y “DISRUPT”, temas que retumbaron con una fidelidad técnica impecable desde el Ángel de la Independencia hasta los rincones más alejados de la plaza. La audacia de Hijos del Viento quedó de manifiesto al elegir este escenario masivo para estrenar dos piezas inéditas, “Soy” y “Noir”, demostrando una confianza absoluta en su nueva arquitectura sonora. A pesar de que el show debió terminar antes de lo previsto por razones logísticas, la intensidad desplegada en esos minutos bastó para dejar una marca imborrable en el público mexicano y en los miles de espectadores que siguieron la transmisión global.
El impacto del concierto generó un fenómeno mediático inmediato, alimentado por la capacidad de la banda para generar disrupción en un contexto masivo. Mientras las redes sociales se inundaban de comentarios sobre la potencia del sonido y la calidad de la ejecución, en la plaza se vivían momentos únicos de conexión, como grupos de danza que terminaron moviéndose al ritmo de los riffs, evidenciando que el metal, cuando se ejecuta con maestría, rompe cualquier barrera de prejuicio. Esta presentación no fue un evento fortuito, sino una declaración de principios; para los integrantes del grupo, el objetivo era claro, llevar un mensaje de revolución y confrontación, recordando que la esencia de su fe también reside en la disrupción de lo establecido.

Con este debut triunfal, gracias a la gestión de Independent Booking Artist Manager, Hijos del Viento establece un récord histórico para el metal cristiano colombiano, logrando lo que ninguna otra banda del género había alcanzado en la historia del país. Haber compartido tarima con referentes como Upperroom y conquistar a una multitud de seis cifras en su primera incursión fuera de Colombia, los posiciona como líderes de una nueva avanzada cultural. Este éxito en México no es solo un triunfo para la banda, sino una validación de que el metal hecho con convicción y profesionalismo desde Colombia tiene el poder de convocar multitudes y dejar una huella profunda en los escenarios más grandes del planeta.
Fotos por Edixon Sepúlveda.
Colombia
Rock al Parque anuncia fechas y cumple 30 años con la necesidad de saldar sus cuentas con el rock
Que bueno sería pensar que para la celebración de los 30 años de Rock al Parque, Idartes va a preparar una fiesta rockera real que honre al género en el país. Desde los años noventa hasta hoy, Colombia se ha convertido en una potencia mundial del Metal mientras el Rock sigue perdiendo terreno ante las “nuevas músicas colombianas” y la tropidelia. Sería genial pensar que lo que veremos es el retorno al rock y sus sonidos.
Lo que para Idartes es un anuncio de fechas, para la comunidad del rock nacional es un ultimátum histórico. La entidad ha confirmado que los próximos 10, 11 y 12 de octubre de 2026, el Parque Simón Bolívar recibirá la edición número 30 de Rock al Parque. Viéndolo de manera histórica, el festival más grande de la región no llega en su mejor momento de identidad, sino arrastrando una deuda profunda con el género que le da nombre.

Bajo el concepto oficial de “30 años, 30 ediciones, estremeciendo a Bogotá”, la dirección de Idartes pretende celebrar un hito, un hito que está más marcado por la ideología de contratistas y trabajadores de turno que tienen la idea que “la música es una” y siguen una agenda política que ha usado el festival tanto para vetar ideologías como el caso de “Gillman”, como para impulsar ideologías, entre ellas que la cumbia es el nuevo rock o que el vallenato de Celso Piña es “el rock de mi pueblo” o que los Gaiteros de San Jacinto son “rebeldes por naturaleza” etc. Entre muchas voces, sobre todo la nuestra, la denuncia ha sido sostenida, en los últimos 20 años, el festival ha sido de todo menos rock. La inclusión sistemática de propuestas de “tropidelia” y otros géneros que desdibujan la esencia del evento ha generado una crisis de representatividad que este aniversario está obligado a corregir, porque el cometido está logrado, ya en Colombia ni siquiera los músicos saben que es rock y eso en lugar de darnos identidad nos ha alejado aun más de la escena mundial.
Para la comunidad del rock y el Metal, celebrar 30 años no puede ser una sencilla fiesta de diversidad mal entendida sino la oportunidad imperativa de saldar las cuentas con el rock, el metal, el punk y el rock alternativo que fundaron las bases de este movimiento y que, edición tras edición, han sido desplazados por curadurías que parecen más interesadas en la tendencia tropical que en la fuerza del género.

El anuncio de María Claudia Parias, directora de Idartes, sobre las “miradas curatoriales” para 2026, pone el foco en una de las heridas más abiertas del festival, la idoneidad de quienes eligen las bandas. Subterránica ha sido enfática en exigir que para esta edición histórica debe haber una curaduría especializada, los encargados de la programación deben ser conocedores reales de la historia y técnica del rock, evitando que el festival termine convertido en una “verbena al parque” más. Se requiere claridad absoluta en los procesos de selección y en el manejo de los recursos públicos, garantizando que el presupuesto se invierta en traer leyendas y fortalecer a las bandas locales que sí representan el género, sin amiguismos ni sesgos ideológicos.
Tras años de denunciar la infiltración de ritmos ajenos, la expectativa para 2026 es que el cartel sea una declaración de principios. El rock bogotano no espera “experimentos sonoros” para sus 30 años; espera el regreso de la distorsión, la técnica y la altura internacional que perdió en las últimas dos décadas. Si bien el Idartes resalta el impacto económico y el derecho a la cultura, el sector del rock le recuerda a la institución que Rock al Parque es patrimonio vivo gracias a los músicos y al público que lo defendió cuando nadie creía en él, porque esto se les olvidó.
Llegar a las 30 ediciones es un logro de la ciudad, pero la verdadera celebración solo ocurrirá si Idartes entiende que el festival no le pertenece a la burocracia de turno, sino a una cultura que exige respeto. Bogotá ya tiene banda sonora para octubre de 2026 y la ciudadanía estará vigilante para que, por fin, esa banda sonora sea auténticamente Rock.
Fotos: Prensa Idartes.
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