Colombia
Estos fueron los hallazgos de la Contraloría en el Festival Rock al Parque… Guitarrita tenía razón.
En una de las entrevistas que le hacían a uno de los curadores de Rock al Parque, él clamaba que había “ganado” la tutela que fue interpuesta no solo al festival sino a él como curador por todas las irregularidades y deshonestidad en Idartes en la producción del evento. Eso es falso, esa tutela no la ganó nadie, fue desestimada por el juzgado porque dijeron como pueden leer en la sentencia pública si la buscan, que no era un caso de tutela sino que debía ser llevado a otros estrados de la justicia. Entonces levantar esa falsa bandera triunfalista como lo hacen muchos colombianos cuando no son castigados por sus faltas es un error fatal, pero lo es aun más que una entidad como Idartes que se supone debe velar por el desarrollo de las artes en Colombia, niegue a sus funcionarios como lo hizo con este curador y un roadie que ya había renunciado públicamente al instituto por corrupción como lo publicó en diversas redes, diciendo que se iba en los tiempos en que el curador de Hip Hop al Parque fue amenazado de muerte por no darle dinero a ciertos sectores y le tocó irse del país. Según la carta de renuncia que hizo pública este funcionario, daba a entender que para “calmar las aguas”, Idartes pagó los dineros solicitados.
Durante años desde Subterránica hemos denunciado estas irregularidades las cuales Idartes siempre ha querido tapar con burlas como la que uno de sus contratistas, un medio que se dedica a espacir noticias falsas y que en cualquier país en donde exista la justicia sus componentes estaría presos, acá el gobierno los ha premiado y hasta les ha organizado conferencias para que enseñen con orgullo bajo máscaras de pollos y caballos que son “los reyes del anonimato” Usaron ese medio para burlarse cuando estábamos denunciando. O usa la treta de decir que los deshonestos no “son funcionarios de iIdartes” para lavarse las manos cuando claramente la ley dice que la entidad es responsable por el actuar de cada uno de sus contratistas. Sin embargo y lo más cómico y dantesco de estos casos es que lo sjueces no los toman en serio y ahí siguen, año tras año desfalcando y practicando el nepotismo y un sinnumero de delitos.
Una lástima porque Rock al Parque era un gran espacio que había sido creado para el rock y el Metal de Bogotá, pero ahora lo convirtieron en una especie de Lollapalooza o Estereo Picnic financiado con el erario para beneficiar a unos pocos y con interés comercial.
Nunca lo habíamos hecho porque pretendíamos que los músicos serían más inteligentes de buscar las actas de la Contraloría pero parece que a los músicos no les interesa esto con tal de tener un pequeño pedazo de esta torta, así los mismos músicos se convierten en cómplices de estas actuaciones, al mirar hacia otra parte y seguir la misma tónica de Idartes.
Ojo, esto no solo sucede en Idartes, sucede en casi todas las entidades del Estado, pero Colombia ha sido y seguirá siendo tolerante a la corrupción, porque parece que es la única manera de poder comer en este país.
Publicamos entonces los pliegos recibidos en las visitas fiscales realizadas al Festival Rock al Parque en 2018 y 2021 y es necesario que entiendan que lo acá descrito no lo inventamos o lo estamos diciendo nosotros sino que fue lo encontrado por la Contraloría General de la República sin que hasta el día de hoy halla sanciones contra Idartes.
Para la visita fiscal que solicitamos en 2018 la Contraloría encontró lo siguiente:
Puede descargar el oficio acá y buscar más en los archivos públicos: https://drive.google.com/file/d/1bYDpNr8NXXMrhIhRinOelMclwZEyVpl_/view?usp=sharing
Hallazgo Administrativo por irregularidades en publicación de pliegos: Esto indica que se encontraron problemas o deficiencias en la manera en que se publicaron los pliegos de condiciones para algún proceso contractual o licitatorio relacionado con el festival. La publicación de los pliegos es crucial para garantizar la transparencia y equidad en los procesos de contratación pública.
Hallazgo Administrativo por falta de cuidado en el manejo del archivo documental del expediente contractual No. 1139 de 2017: Este hallazgo señala que hubo deficiencias en el manejo y archivo de la documentación relacionada con el expediente contractual específico mencionado. Esto puede afectar la trazabilidad y transparencia en la gestión documental del IDARTES.
Hallazgo Administrativo con presunta incidencia disciplinaria por posible omisión a lo establecido en el Manual de Interventoría del IDARTES y no atención a la normativa del artículo 83 de la Ley 1474 de 2011: Aquí se indica que se identificaron acciones u omisiones que podrían constituir infracciones disciplinarias. Específicamente, podría estar relacionado con la falta de cumplimiento de las normativas y procedimientos establecidos para la interventoría de contratos en el IDARTES.
Pero en lugar de aceptar esto y viendo que nunca hubo sanbciones, no solo continuaron como lo habían hecho desde un principio, tomaron fuerzas al ver que los músicos en su desespero por comer y por espacios de difusión no apoyaban a las personas que los denunciaban y que se permitían burlas y vetos a nosotros y a otros agentes, entonces no pararon, para 2021 solicitamos otra visita fiscal basada en varias pruebas de irregularidades y estos fueron los hallazgos de la Contraloría:
Puede descargar el documento acá o buscar en los archivos públicos: https://drive.google.com/file/d/1cfdoioQoNRBlBCk7kWYhlMlzSSa1kpDp/view?usp=sharing
Basado en la auditoría de la Contraloría de Bogotá sobre los contratos relacionados con los festivales al parque, específicamente en el marco del Plan de Desarrollo ‘Bogotá Mejor Para Todos’, se identificaron varios hallazgos administrativos con presunta incidencia disciplinaria y fiscal. Aquí están los principales hallazgos resumidos:
Contrato 1181-18: Se encontró una presunta incidencia disciplinaria y fiscal por falta de evidencia de la ejecución contractual, con una cuantía de $875.805.100.
Contrato 1130-2019: Hubo un hallazgo administrativo por no establecer adecuadamente los gastos de administración, relacionado con los Festivales al Parque 2019.
Contrato 1122-2017: Se identificó un hallazgo administrativo con presunta incidencia disciplinaria y fiscal por deficiencias en el ejercicio de supervisión del contrato, con una cuantía de $79.445.875.
Contrato 1291-2017: Se reportaron varios hallazgos administrativos, incluyendo deficiente planeación, falta de cuidado al elaborar documentos del contrato y la falta de publicación en el SECOP, relacionados con la prestación de servicio de transporte terrestre de pasajeros y carga.
Contrato 1418-2019: Se encontró un hallazgo administrativo con presunta incidencia disciplinaria y fiscal por deficiencias en el ejercicio de supervisión, con una cuantía de $5.532.709.
Contrato 1177-2018: Se detectó un hallazgo administrativo por incumplimiento en el proceso de convocatoria pública, relacionado con la prestación de servicios de alimentación e hidratación.
Contrato 1420-2019: Se reportó un hallazgo administrativo por deficiencias en la gestión documental-contractual, particularmente en el ejercicio del archivo y la trazabilidad documental.
Estos hallazgos reflejan irregularidades en la ejecución y supervisión de los contratos, implicando posibles problemas disciplinarios y fiscales que fueron remitidos a las autoridades competentes para su correspondiente atención y seguimiento, pero las autoridades nunca hacen nada, absolutamente nada y la rueda sigue y sigue girando.
Dentro de los hallazgos identificados por la Contraloría de Bogotá en relación con los contratos de los festivales al parque, se destacó un hallazgo específico relacionado con la transparencia en las convocatorias públicas. Este hallazgo se menciona en el contexto del contrato 1177-2018, donde se señala que no se dio cumplimiento cabal al principio de transparencia reglamentado en la ley 80 de 1993 y los pronunciamientos del Consejo de Estado en materia de procesos de selección objetiva para la adjudicación del mencionado contrato.
Este hallazgo implica que el proceso de convocatoria pública para la adjudicación del contrato 1177-2018 no cumplió adecuadamente con los estándares de transparencia requeridos por la normativa vigente, lo cual es una falta administrativa que puede tener implicaciones disciplinarias y fiscales.
Es importante destacar que estos hallazgos son resultado de la auditoría de la Contraloría para verificar el cumplimiento y la correcta ejecución de los recursos públicos destinados a los festivales al parque, y su objetivo es garantizar el uso eficiente y transparente de dichos recursos en beneficio de la comunidad y el desarrollo cultural de Bogotá.
En consideración a las actitudes críticas, burlonas o difamatorias que a menudo se manifiestan, es relevante recordar que existen individuos comprometidos con el progreso del rock como parte integral de la industria musical en nuestro país. La omisión de estos hechos, motivada por la simple búsqueda de reconocimiento superficial, puede inadvertidamente respaldar la deshonestidad. Afortunadamente, un número creciente de personas ha tomado conciencia y está trabajando arduamente para depurar y fortalecer el panorama del rock. No se trata de “salvar” el rock, sino más bien de “sanearlo”, una tarea especialmente desafiante en un entorno tropical donde esta tradición musical no ha tenido una historia arraigada.
@subterránica
Colombia
Bogotá afina las guitarras para Incendiar Wacken y el primer heat ya tiene dueño
La maquinaria del metal colombiano ha vuelto a rugir con una fuerza que no entiende de fronteras y Wacken Metal Battle Colombia ha abierto oficialmente su cuarta temporada consecutiva con una noche que quedará grabada en la memoria de la escena capitalina, porque Bbar se convirtió en el epicentro de una operación enorme que activa un circuito único en la región y que este 2026 llega con un antecedente demoledor, el primer lugar a nivel mundial conquistado con fuerza por el talento de los chilenos Force, un hito que ahora obliga a llevar a dos bandas al campo sagrado de Alemania y que eleva la vara para cada agrupación que se atreve a subirse al escenario.
La geografía de esta batalla es tan ambiciosa como su propósito y nuestra región se divide en dos, norte con Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que el oeste agrupa a Chile, Perú y Bolivia, tejiendo una red de eliminatorias que desembocan en una final regional donde los mejores exponentes del continente se disputan el pasaje a Wacken Open Air y esa presión se sintió desde el primer acorde en Bogotá, donde cinco bandas de altísimo nivel se lanzaron a la arena con la certeza de que solo un cupo directo estaban en juego y con la responsabilidad de demostrar que la escena local es mucho más que las diez bandas que suelen rotar por los espacios públicos.

La primera en reventar el escenario fue Decimation, una agrupación bogotana de death metal formada en 2016 que sonó como un camión y que dejó claro por qué es una de las bandas más sólidas del circuito extremo capitalino, con una alta factura en los riffs de guitarra y una energía que no dio tregua en ningún momento, porque su punto fuerte es ese front man que combina una voz poderosa con una presencia escénica bestial y que, respaldado por una banda de ejecución precisa, logró que el público entendiera de inmediato que la noche no iba a tener concesiones, sobre todo si se tiene en cuenta que Decimation trabajando constantemen te consolidando un nombre que ya es sinónimo de brutalidad bien entendida en la movida bogotana.

Siguió Atomic Heart, una de esas bandas jóvenes que llevan varios años trabajando y cuya evolución ha sido evidente para quienes han seguido su rastro, porque el ensamble musical es de mucho calibre y refresca una escena que necesita urgentemente de savia nueva, y es que Atomic Heart ha dado un giro hacia una especie de hard rock con una identidad propia que ellos mismos bautizaron como Street-Rock, una propuesta que refleja lo que es ser un muchacho en estos tiempos y que se sostiene en el caos urbano de Bogotá como materia prima, con guitarras pesadas, estructuras directas y una estética que bebe del pixel art y el glitch, además de contar con recorrido que ya supera una enorme cantidad de presentaciones y nominaciones en los Premios Subterránica 2026, lo que confirma que su juventud no es un obstáculo sino un combustible para seguir conquistando espacios.

Luego vino Sunset Street, una banda que ha dado mucho de qué hablar en Bogotá por su puesta en escena, su look y su energía, y que representó toda la estética glam de los ochentas a la perfección con una diversión contagiosa que cautivó al público desde el primer acorde, porque su propuesta rescata el sonido y la imaginería de bandas como Mötley Crüe, Ratt y Poison con una fidelidad que no cae en la copia y que, por el contrario, se apropia del sleaze metal para proyectarlo hacia el presente, y para este heat integraron una segunda voz femenina que sí aportó y enriqueció tanto visual como musicalmente, sumando armonías, texturas y una presencia escénica que potenció la puesta en escena y se complementó con la solidez de un grupo que se nota sin esfuerzo sobre las tablas, con un performance que levantó a todos los asistentes y que confirmó por qué son una de las bandas revelación de los últimos años en el país.

Le llegó el turno a Detonadores, una agrupación que ha sufrido cambios a lo largo de los años hasta consolidar lo que son hoy, con una demostración de poder que dejó al jurado sin argumentos en contra, porque su vocalista es una fuerza de la naturaleza imparable, una mujer que se lleva por delante a muchos de los vocalistas de metal actuales y que, con una música que mezcla crust punk alterado con la fuerza del gutural, convierte cada canción en un golpe profundo y pesado, agresivo y con clase, demostrando que la escena extrema colombiana tiene nombres femeninos que están redefiniendo las reglas del juego y que el jurado supo reconocer al momento de deliberar, apostando por una presencia escénica arrolladora y por un sonido que no necesita adornos para ser demoledor.

Para cerrar la noche llegó Thunder Steel, heavy clásico pero con tintes modernos, riffs rápidos y una puesta en escena perfecta para despedir una jornada tan intensa, y bandas como estas demuestran que los géneros más puros del rock se están retomando por las nuevas generaciones y los están haciendo propios, metiendo el tinte de la ciudad y la realidad en donde viven, porque a pesar de que ya habían pasado cuatro bandas la gente se levantó y respondió con una entrega que pocas veces se ve en un concierto de esta naturaleza, validando el trabajo de una agrupación fundada en 2010 que lleva más de una década construyendo un camino en la escena bogotana y que con discos como “Legión del Trueno” ha sabido mantener viva la llama del heavy metal tradicional sin quedarse anclada en el pasado.
Fue un gran inicio de Metal Battle y las cuentas hablan por sí solas, porque en tres participaciones hemos conquistado dos podios a nivel mundial y eso para nosotros dice mucho, pero la apuesta para esta edición es buscar esa banda que vuelva a remover la tierra de Wacken y eso es algo totalmente difícil, tanto que no se puede decir que hubo una mejor banda que otra, porque los estilos fueron diferentes y los sonidos también, y por eso el jurado se tardó tanto tiempo en decidir, aunque al final el veredicto fue claro, el ganador del primer Heat es Detonadores porque el jurado piensa que la presencia escénica de su vocalista y el poder de la banda podrían destacar en el campo sagrado, así mismo Sunset Street pasa a las finales gracias a un performance que levantó a todo el público y que además les valió el voto de la gente, y algo interesante que estamos haciendo es que las bandas voten por otra banda, y ese voto se lo llevó Atomic Heart, lo cual es muy interesante porque demuestra que todos apoyaron a la generación nueva y que la escena entiende que el relevo generacional no es una amenaza sino una necesidad.
Qué honor poder ver a estas bandas en este circuito y descubrir y reiterar una vez más que Bogotá es mucho más de las diez bandas que rotan por todos los espacios públicos, porque a los que fueron saben que fue un concierto de talla mundial y que las grandes bandas no necesitan estadios para sonar como deben, así que encontraremos de nuevo a Detonadores y Sunset Street en las finales para ver si alguna de ellas avanza a la gran final regional, mientras que por lo pronto el segundo heat será el sábado 24 de octubre con otro cartel que promete darnos una de las mejores noches del año y que dejará claro que esta cuarta edición del Wacken Metal Battle Colombia no es un simple torneo sino una declaración de intenciones de una escena que ya no pide permiso para existir sino que exige ser escuchada.
@subterranica
Colombia
Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?
Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.
Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas
Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.
El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.
El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.
Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.
Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.
Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.
Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM
Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.
Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.
Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?
Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.
La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.
La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.
Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia
100% de la asistencia
$561.020.000
561.020 asistencias pagando $1.000 cada una
90% de la asistencia
$504.918.000
504.918 asistencias pagando $1.000 cada una
75% de la asistencia
$420.765.000
420.765 asistencias pagando $1.000 cada una
50% de la asistencia
$280.510.000
280.510 asistencias pagando $1.000 cada una
25% de la asistencia
$140.255.000
140.255 asistencias pagando $1.000 cada una
Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.
Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.
Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?
La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.
Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?
Colombia
Cuatro bandas independientes se toman Bogotá con una noche de rock sin etiquetas presentes en Ruido Capital
El próximo viernes 23 de octubre de 2026, la escena independiente de Bogotá tiene una cita ineludible en Rockxy Bar, ubicado en la calle 65 #13-15, en el corazón de Chapinero. Bajo el nombre Ruido Capital, cuatro propuestas musicales de identidades radicalmente distintas compartirán un mismo escenario con una sola consigna: demostrar que el rock bogotano sigue siendo un territorio abierto, incómodo y difícil de encasillar. La jornada arrancará a las 7:30 p. m. con una entrada de $25.000 COP, en un espacio que se ha consolidado como uno de los puntos de encuentro más importantes para la música en vivo de la ciudad, con capacidad para 120 personas y una reputación ganada a pulso entre músicos y público que buscan algo más que una noche de covers.
El Pez Capitán, 6 de Bastos, Radio de Monos y El Pregón del Mudo son los encargados de darle forma a esta descarga sonora. Cada uno llega con una historia y una búsqueda particular. Radio de Monos, por ejemplo, se ha convertido en una de las propuestas más provocadoras del metal alternativo bogotano. La banda, que se consolidó en 2021, construyó su identidad a partir de una mezcla de punk, metal y electrónica que ellos mismos describen como una descarga de caos y energía. Su más reciente sencillo, Soy el Mal, es una pieza que combina riffs pesados, secuencias electrónicas y una estética visual cargada de pintura fluorescente y luces UV, un sello que han perfeccionado en tres años de presentaciones en vivo. Diego, su vocalista y fundador, ha contado que el nombre de la banda nació de una escena casi cinematográfica, cuando vio un programa de televisión donde un personaje escuchaba las voces de los monos mientras en la radio sonaba una noticia trágica. Primero fue la canción, luego el nombre, y de ahí en adelante todo fue construcción de una identidad que no quiere sonar igual a nadie más.
El Pregón del Mudo llega con una propuesta que bebe del rock, el punk y los sonidos propios de Colombia, con la cumbia como uno de sus pilares. La banda nació en 2019 del reencuentro de un grupo de amigos con trayectoria musical, y desde entonces ha construido un repertorio que se alimenta de las situaciones inverosímiles que aparecen en los titulares del país. Canciones como ¿Miedo o empanada?, Tu mamá tiene bigote o El Putas de Aguadas hacen parte de su primer disco, Antipatría, una producción que mezcla la agenda nacional con ritmos de la región y el toque rockero y punkero que los caracteriza. Santiago Garcés, guitarrista de la banda, ha explicado que el nombre surgió de la necesidad de ser la vocería de toda esa gente callada, silenciada o que sencillamente no quiere hablar en el país. Antes se llamaban Ñoñe, pero el nombre les trajo problemas en redes y plataformas digitales, y decidieron cambiarlo por uno que reflejara mejor el rumbo que estaba tomando el proyecto. La banda está conformada por Daniel Bernal en la batería, Jhon Tato Cortés en el bajo, Santiago Garcés en la guitarra y Luis Javier Uribe en la voz, y su música ha ido creciendo al ritmo del público que los ha visto en bares y festivales de Bogotá.
El Pez Capitán y 6 de Bastos completan el cartel de Ruido Capital, dos nombres que hacen parte de esa red de bandas que sostienen la escena independiente de la ciudad con presentaciones constantes y una búsqueda sonora que no se detiene. Rockxy Bar, el lugar elegido para la cita, es un espacio que se ha posicionado rápidamente en la zona de Chapinero gracias a su buen sonido y a una programación periódica de música en vivo que incluye rock, metal y alternativo. Los asistentes destacan la acústica del lugar, la comodidad del espacio y la facilidad de acceso desde la estación de Transmilenio Calle 63, aunque algunos también señalan que el servicio puede ser lento y que las bebidas tienen precios elevados.
Ruido Capital no es solo un concierto. Es una apuesta por la diversidad sonora y por el poder de la música en directo en una ciudad donde la escena independiente sigue resistiendo a punta de guitarras, distorsión y actitud. Cuatro bandas, cuatro universos, una sola noche. La cita es el viernes 23 de octubre de 2026 a las 7:30 p. m. en Rockxy Bar, calle 65 #13-15, Bogotá. La entrada cuesta $25.000 COP. Cuatro bandas. Una noche. Ruido Capital.
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