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Estos fueron los hallazgos de la Contraloría en el Festival Rock al Parque… Guitarrita tenía razón.

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En una de las entrevistas que le hacían a uno de los curadores de Rock al Parque, él clamaba que había “ganado” la tutela que fue interpuesta no solo al festival sino a él como curador por todas las irregularidades y deshonestidad en Idartes en la producción del evento. Eso es falso, esa tutela no la ganó nadie, fue desestimada por el juzgado porque dijeron como pueden leer en la sentencia pública si la buscan, que no era un caso de tutela sino que debía ser llevado a otros estrados de la justicia. Entonces levantar esa falsa bandera triunfalista como lo hacen muchos colombianos cuando no son castigados por sus faltas es un error fatal, pero lo es aun más que una entidad como Idartes que se supone debe velar por el desarrollo de las artes en Colombia, niegue a sus funcionarios como lo hizo con este curador y un roadie que ya había renunciado públicamente al instituto por corrupción como lo publicó en diversas redes, diciendo que se iba en los tiempos en que el curador de Hip Hop al Parque fue amenazado de muerte por no darle dinero a ciertos sectores y le tocó irse del país. Según la carta de renuncia que hizo pública este funcionario, daba a entender que para “calmar las aguas”, Idartes pagó los dineros solicitados.

Durante años desde Subterránica hemos denunciado estas irregularidades las cuales Idartes siempre ha querido tapar con burlas como la que uno de sus contratistas, un medio que se dedica a espacir noticias falsas y que en cualquier país en donde exista la justicia sus componentes estaría presos, acá el gobierno los ha premiado y hasta les ha organizado conferencias para que enseñen con orgullo bajo máscaras de pollos y caballos que son “los reyes del anonimato” Usaron ese medio para burlarse cuando estábamos denunciando. O usa la treta de decir que los deshonestos no “son funcionarios de iIdartes” para lavarse las manos cuando claramente la ley dice que la entidad es responsable por el actuar de cada uno de sus contratistas. Sin embargo y lo más cómico y dantesco de estos casos es que lo sjueces no los toman en serio y ahí siguen, año tras año desfalcando y practicando el nepotismo y un sinnumero de delitos.

Una lástima porque Rock al Parque era un gran espacio que había sido creado para el rock y el Metal de Bogotá, pero ahora lo convirtieron en una especie de Lollapalooza o Estereo Picnic financiado con el erario para beneficiar a unos pocos y con interés comercial.

Nunca lo habíamos hecho porque pretendíamos que los músicos serían más inteligentes de buscar las actas de la Contraloría pero parece que a los músicos no les interesa esto con tal de tener un pequeño pedazo de esta torta, así los mismos músicos se convierten en cómplices de estas actuaciones, al mirar hacia otra parte y seguir la misma tónica de Idartes.

Ojo, esto no solo sucede en Idartes, sucede en casi todas las entidades del Estado, pero Colombia ha sido y seguirá siendo tolerante a la corrupción, porque parece que es la única manera de poder comer en este país.

Publicamos entonces los pliegos recibidos en las visitas fiscales realizadas al Festival Rock al Parque en 2018 y 2021 y es necesario que entiendan que lo acá descrito no lo inventamos o lo estamos diciendo nosotros sino que fue lo encontrado por la Contraloría General de la República sin que hasta el día de hoy halla sanciones contra Idartes.

Para la visita fiscal que solicitamos en 2018 la Contraloría encontró lo siguiente:
Puede descargar el oficio acá y buscar más en los archivos públicos: https://drive.google.com/file/d/1bYDpNr8NXXMrhIhRinOelMclwZEyVpl_/view?usp=sharing

Hallazgo Administrativo por irregularidades en publicación de pliegos: Esto indica que se encontraron problemas o deficiencias en la manera en que se publicaron los pliegos de condiciones para algún proceso contractual o licitatorio relacionado con el festival. La publicación de los pliegos es crucial para garantizar la transparencia y equidad en los procesos de contratación pública.

Hallazgo Administrativo por falta de cuidado en el manejo del archivo documental del expediente contractual No. 1139 de 2017: Este hallazgo señala que hubo deficiencias en el manejo y archivo de la documentación relacionada con el expediente contractual específico mencionado. Esto puede afectar la trazabilidad y transparencia en la gestión documental del IDARTES.

Hallazgo Administrativo con presunta incidencia disciplinaria por posible omisión a lo establecido en el Manual de Interventoría del IDARTES y no atención a la normativa del artículo 83 de la Ley 1474 de 2011: Aquí se indica que se identificaron acciones u omisiones que podrían constituir infracciones disciplinarias. Específicamente, podría estar relacionado con la falta de cumplimiento de las normativas y procedimientos establecidos para la interventoría de contratos en el IDARTES.

Pero en lugar de aceptar esto y viendo que nunca hubo sanbciones, no solo continuaron como lo habían hecho desde un principio, tomaron fuerzas al ver que los músicos en su desespero por comer y por espacios de difusión no apoyaban a las personas que los denunciaban y que se permitían burlas y vetos a nosotros y a otros agentes, entonces no pararon, para 2021 solicitamos otra visita fiscal basada en varias pruebas de irregularidades y estos fueron los hallazgos de la Contraloría:

Puede descargar el documento acá o buscar en los archivos públicos: https://drive.google.com/file/d/1cfdoioQoNRBlBCk7kWYhlMlzSSa1kpDp/view?usp=sharing

Basado en la auditoría de la Contraloría de Bogotá sobre los contratos relacionados con los festivales al parque, específicamente en el marco del Plan de Desarrollo ‘Bogotá Mejor Para Todos’, se identificaron varios hallazgos administrativos con presunta incidencia disciplinaria y fiscal. Aquí están los principales hallazgos resumidos:

Contrato 1181-18: Se encontró una presunta incidencia disciplinaria y fiscal por falta de evidencia de la ejecución contractual, con una cuantía de $875.805.100.

Contrato 1130-2019: Hubo un hallazgo administrativo por no establecer adecuadamente los gastos de administración, relacionado con los Festivales al Parque 2019.
Contrato 1122-2017: Se identificó un hallazgo administrativo con presunta incidencia disciplinaria y fiscal por deficiencias en el ejercicio de supervisión del contrato, con una cuantía de $79.445.875.

Contrato 1291-2017: Se reportaron varios hallazgos administrativos, incluyendo deficiente planeación, falta de cuidado al elaborar documentos del contrato y la falta de publicación en el SECOP, relacionados con la prestación de servicio de transporte terrestre de pasajeros y carga.
Contrato 1418-2019: Se encontró un hallazgo administrativo con presunta incidencia disciplinaria y fiscal por deficiencias en el ejercicio de supervisión, con una cuantía de $5.532.709.

Contrato 1177-2018: Se detectó un hallazgo administrativo por incumplimiento en el proceso de convocatoria pública, relacionado con la prestación de servicios de alimentación e hidratación.

Contrato 1420-2019: Se reportó un hallazgo administrativo por deficiencias en la gestión documental-contractual, particularmente en el ejercicio del archivo y la trazabilidad documental.

Estos hallazgos reflejan irregularidades en la ejecución y supervisión de los contratos, implicando posibles problemas disciplinarios y fiscales que fueron remitidos a las autoridades competentes para su correspondiente atención y seguimiento, pero las autoridades nunca hacen nada, absolutamente nada y la rueda sigue y sigue girando.

Dentro de los hallazgos identificados por la Contraloría de Bogotá en relación con los contratos de los festivales al parque, se destacó un hallazgo específico relacionado con la transparencia en las convocatorias públicas. Este hallazgo se menciona en el contexto del contrato 1177-2018, donde se señala que no se dio cumplimiento cabal al principio de transparencia reglamentado en la ley 80 de 1993 y los pronunciamientos del Consejo de Estado en materia de procesos de selección objetiva para la adjudicación del mencionado contrato.
Este hallazgo implica que el proceso de convocatoria pública para la adjudicación del contrato 1177-2018 no cumplió adecuadamente con los estándares de transparencia requeridos por la normativa vigente, lo cual es una falta administrativa que puede tener implicaciones disciplinarias y fiscales.

Es importante destacar que estos hallazgos son resultado de la auditoría de la Contraloría para verificar el cumplimiento y la correcta ejecución de los recursos públicos destinados a los festivales al parque, y su objetivo es garantizar el uso eficiente y transparente de dichos recursos en beneficio de la comunidad y el desarrollo cultural de Bogotá.

En consideración a las actitudes críticas, burlonas o difamatorias que a menudo se manifiestan, es relevante recordar que existen individuos comprometidos con el progreso del rock como parte integral de la industria musical en nuestro país. La omisión de estos hechos, motivada por la simple búsqueda de reconocimiento superficial, puede inadvertidamente respaldar la deshonestidad. Afortunadamente, un número creciente de personas ha tomado conciencia y está trabajando arduamente para depurar y fortalecer el panorama del rock. No se trata de “salvar” el rock, sino más bien de “sanearlo”, una tarea especialmente desafiante en un entorno tropical donde esta tradición musical no ha tenido una historia arraigada.

@subterránica

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No, The Klaxon no es corrupto, la forma en que actuó Rock al Parque sí lo es.

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Una aclaración necesaria ante la mala interpretación de nuestra investigación periodística

Por Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte y Colectivo Subterránica

En las últimas semanas, tras la publicación de nuestro libro de investigación Negocio al Parque: 30 años de Rock al Parque, Corrupción, Poder y Dinero en el Rock Estatal, hemos sido testigos de un fenómeno preocupante pero predecible: la desinformación y la calumnia. Circula en redes sociales un video en el que se me acusa de haber señalado a la banda The Klaxon como “corrupta” o de haberla vinculado directamente con prácticas irregulares dentro del festival. Nada más falso.

Permítanme ser claro, contundente y definitivo:

NUNCA hemos acusado a The Klaxon, ni a sus integrantes, ni a su representante, de ser corruptos. Jamás. Lo que se denuncia en la veeduría, y lo que he denunciado durante más de una década de veeduría ciudadana, es la CORRUPCIÓN SISTEMÁTICA DEL INSTITUTO DISTRITAL DE LAS ARTES (IDARTES) y su forma de operar.

Este artículo no es una disculpa ni un retracto. Es una aclaración que, con toda honestidad, debería ser innecesaria para quienes han leído el libro con la atención que merece. Pero ante la mala fe de algunos y la ligereza de otros, me veo en la obligación de desglosar, punto por punto, lo que realmente dijimos y lo que realmente significa.

Lo que realmente dice el libro sobre The Klaxon

En el Capítulo VII, titulado “La Estafa de las Bandas”, documentamos el caso de The Klaxon en la edición de 2013. La narrativa del libro es clara y está respaldada por hechos documentados:

Primero: The Klaxon se presentó a la convocatoria pública distrital de Rock al Parque, el mecanismo oficial mediante el cual las agrupaciones locales compiten por un cupo en el festival a través de la evaluación de jurados. Es un proceso que, en teoría, debe ser democrático, transparente y basado en criterios artísticos objetivos.

Segundo: Tras surtir el proceso de evaluación, The Klaxon no pasó la convocatoria. Quedó oficialmente fuera del listado de ganadores. Eso significa que, bajo las reglas del juego establecidas por Idartes, la banda no debería haber estado en el cartel.

Tercero (y este es el punto crítico): Idartes, en un acto de absoluta discrecionalidad y arbitrariedad, ignoró el resultado de su propia convocatoria pública y metió a The Klaxon “a dedo” en el cartel oficial bajo la figura de “Show Especial” o “Invitado Distrital”. La banda terminó presentándose en el Escenario BID el domingo 30 de junio de 2013.

El libro dice textualmente:

“Este hecho constituyó una apología a la ‘rosca’ y una burla directa a los cientos de bandas que se sometieron al desgaste de la convocatoria pública. (…) Al meter a la banda de manera directa tras haber sido rechazada en el concurso público, la entidad violó el principio de selección objetiva y de igualdad de oportunidades consagrado en la Constitución Nacional.”

¿Dónde está la acusación contra The Klaxon? No existe. La crítica, la denuncia y el señalamiento son contra IDARTES, la entidad que administra los recursos públicos, que diseña las convocatorias y que decide a quién invitar y a quién excluir.

The Klaxon es una banda excelente. Su inclusión en el cartel fue, desde el punto de vista artístico, un acierto. Andrés, su representante y líder, es un amigo y un músico al que respeto profundamente. El problema no es que The Klaxon haya tocado. El problema es CÓMO y POR QUÉ tocaron.

Un patrón documentado: no es un caso aislado

Para que no quede duda de que estamos ante un patrón de conducta institucional y no ante un ataque a una banda en particular, la investigación documenta otros casos idénticos:

El caso SHIP (2016): Al igual que The Klaxon, la banda SHIP no pasó la convocatoria pública de ese año. Sin embargo, tras presiones externas y contactos dentro de la organización, fue invitada directamente a presentarse en un evento del festival con recursos pagados por el distrito. La misma lógica: se ignora el resultado de la convocatoria y se favorece a quienes tienen la capacidad de presionar o de acceder a los canales no oficiales.

El caso Paul Gillman (2017-2026): Aquí el favoritismo se tiñe de censura ideológica. En 2017, el músico venezolano fue vetado del cartel tras una campaña de desprestigio impulsada por empresarios privados. Idartes, en lugar de defender la libertad de expresión y su propia programación, cedió a la presión y canceló al artista. Años después, con un cambio de administración política, Gillman fue reinvitado. Su música nunca fue el problema. La sumisión de Idartes a grupos de presión y a la ideología del gobierno de turno sí lo fue.

El caso The Castles: La investigación documenta cómo esta banda también fue víctima de la arbitrariedad institucional, siendo retirada de la programación por decisiones caprichosas de la burocracia cultural.

En todos estos casos, el denominador común no son las bandas. Son las decisiones unilaterales, discrecionales y muchas veces ilegales de los funcionarios y contratistas de Idartes.

¿Por qué es grave este patrón de conducta?

Porque viola los principios fundamentales de la contratación pública y de la gestión del Estado:

  1. El Principio de Selección Objetiva (Artículo 5 de la Ley 1150 de 2007): La entidad está obligada a elegir las propuestas más favorables para el interés público mediante un proceso transparente y competitivo. Cuando Idartes ignora el resultado de su propia convocatoria para meter a una banda “a dedo”, está vulnerando este principio de manera flagrante.
  2. El Principio de Igualdad: Se crean dos categorías de participantes: los que se someten a las reglas y los que, por tener los contactos adecuados, pueden saltarse el proceso. Esto es un mensaje demoledor para los cientos de bandas que cada año invierten tiempo, dinero y esfuerzo en diligenciar formularios, preparar carpetas y someterse a la evaluación de jurados.
  3. El Principio de Transparencia: No existe un acto administrativo formal que justifique estas invitaciones directas. No hay una resolución, no hay una explicación pública, no hay un criterio objetivo. Es la pura y simple voluntad de quien ejerce el poder de contratación.
  4. La Desnaturalización del Festival: Rock al Parque fue declarado Patrimonio Cultural de Bogotá mediante el Acuerdo 120 de 2004. Su misión es la protección, circulación y visibilización del género rock en la capital. Cuando Idartes diluye ese mandato para incluir géneros ajenos o para complacer favores, está traicionando el espíritu de la ley.

¿Cómo funciona el “círculo de los elegidos”?

Lo que hemos documentado a lo largo de 189 páginas es la existencia de un sistema, una “rosca” institucionalizada, que opera de la siguiente manera:

  • Un grupo reducido de agrupaciones repite año tras año en el cartel, acumulando hasta 10 o 12 presentaciones en el festival.
  • Un círculo de contratistas y asesores decide qué bandas entran, cuáles se quedan fuera y quiénes reciben los millonarios contratos de producción y logística.
  • Los jurados de las convocatorias son seleccionados a dedo, sin criterios de imparcialidad, y en muchos casos tienen vínculos directos con las bandas que evalúan.
  • Los medios de comunicación aliados reciben acreditaciones masivas y a cambio se comprometen a guardar silencio sobre las irregularidades.
  • Los veedores ciudadanos que se atreven a denunciar son sometidos a campañas de desprestigio, linchamiento digital y vetos institucionales.

Las bandas, en este ecosistema, son piezas de un tablero. No son las culpables. Son, en muchos casos, víctimas de un sistema que las obliga a bailar al ritmo que marca el Estado si quieren sobrevivir.

La responsabilidad de Idartes y la cooptación de la crítica

En el libro también documentamos un fenómeno que el teórico Antonio Gramsci llamó “transformismo”: el proceso mediante el cual el Estado absorbe, neutraliza y asimila a los elementos disidentes a través de la asignación de contratos, recursos públicos o prebendas.

En el Capítulo VI, “El Cartel de los Medios y el Botín de las Acreditaciones”, relatamos el caso de un periodista y gestor cultural, que entre 2012 y 2013 fue uno de los críticos más duros de la gestión de Rock al Parque, fue contratado directamente por Idartes como asesor de comunicaciones. Tras recibir el flujo de fondos públicos, su línea editorial crítica se desvaneció por completo.

Esa es la forma de operar de Idartes: comprar conciencias, silenciar voces y neutralizar la fiscalización ciudadana con recursos del erario.

Y cuando eso no funciona, cuando la crítica persiste, se recurre a la descalificación, al matoneo digital y a la difamación. Como ocurrió conmigo mismo, como ocurrió con el Colectivo Subterránica, como ha ocurrido con todos los que nos hemos atrevido a señalar las irregularidades.

La calumnia como mecanismo de defensa

Ahora entiendo por qué están circulando esos videos que me acusan de haber calumniado a The Klaxon. Es el mismo mecanismo de siempre:

Primero: Se descontextualiza mi declaración.
Segundo: Se reduce el libro a un titular sensacionalista.
Tercero: Se me acusa de atacar a una banda querida por el público.
Cuarto: Se desvía la atención de las verdaderas denuncias: los hallazgos fiscales por más de 960 millones de pesos, los contratos a dedo con Teatro R101, los vetos ideológicos, la persecución a Félix Báez, el desorden documental, las puertas giratorias y el nepotismo institucionalizado.

Es un truco viejo. Y no funcionará.

La verdad está en el libro, no en los titulares

Invitó a quienes han visto esos videos y han dudado a que hagan lo que muchos ya están haciendo: leer el libro completo. No basta con leer un fragmento, un tuit o un titular. Negocio al Parque es un expediente documentado de 30 años de corrupción estructural. Contiene:

  • Pruebas documentales oficiales: Contratos, minutas, estudios previos y actas de liquidación extraídos de SECOP I y II.
  • Hallazgos de entes de control: Informes de la Contraloría de Bogotá que documentan sobrecostos, pagos sin soporte y desorden administrativo.
  • Respuestas oficiales: Derechos de petición y requerimientos de control fiscal que evidencian las excusas y evasivas de Idartes.
  • Análisis estadístico: Datos de programación que demuestran la repetición sistemática de bandas y la exclusión de la escena emergente.

The Klaxon aparece en una de las páginas del libro como un ejemplo de la arbitrariedad de Idartes. No como un ejemplo de corrupción.

The Klaxon es parte de la solución, no del problema

Andrés y The Klaxon son parte del ecosistema musical de Bogotá. Han trabajado por el rock local, han defendido la escena y han hecho buena música. Su inclusión en el cartel de 2013 fue un acierto artístico. Eso no lo discute nadie.

Lo que discuto es que, para que ellos tocaran, Idartes tuvo que violar sus propias reglas. Si la convocatoria decía que no habían pasado, la entidad no debería haberlos invitado. O, mejor aún, la convocatoria debería haber sido lo suficientemente flexible y justa para que bandas como The Klaxon pudieran pasar sin necesidad de “contactos”.

El problema no es la banda. El problema es un sistema que obliga a las bandas a depender de la voluntad de un burócrata.

La fatiga del veedor y la resistencia ciudadana

Llevo más de diez años haciendo veeduría ciudadana. He interpuesto derechos de petición, acciones de tutela, denuncias penales y quejas disciplinarias. He sido vetado, difamado, amenazado y perseguido. He visto cómo Idartes utiliza el presupuesto de los bogotanos para comprar a críticos, silenciar medios y consolidar un feudo cultural.

Y estoy cansado.

Cansado de que me calumnien por no saber leer. Cansado de que se desvíe la atención de las verdaderas irregularidades. Cansado de que se me acuse de atacar a músicos cuando lo que estoy atacando es un sistema que los victimiza.

Pero también estoy fortalecido. Porque la gente está leyendo el libro. En masa. Y se están dando cuenta de la verdad.

No, The Klaxon no es corrupto. La forma en que actuó Rock al Parque, a través de Idartes, es lo que ha sido, durante décadas, la antítesis de la transparencia y la justicia para los artistas de esta ciudad.

El Festival Rock al Parque no es de Idartes. No es de los contratistas. No es de los curadores de turno. Es de la ciudadanía. Es un patrimonio cultural que debe ser defendido, saneado y devuelto a los músicos y al público.

Seguiremos investigando. Seguiremos denunciando. Seguiremos ejerciendo el control social que la Constitución y la ley nos otorgan. Y no nos callarán con calumnias.

Invito a quienes han malinterpretado el libro a que lo lean con atención. Invito a los medios de comunicación a que hagan periodismo serio y no se dejen instrumentalizar por la maquinaria de propaganda de Idartes. Invito a los músicos a que se organicen y exijan transparencia.

The Klaxon es una excelente banda. La corrupción está en las oficinas de Idartes, no en los escenarios.

Toca que aprendan a leer… pero para eso, hay que hacerlo primero.


Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte
Colectivo Subterránica
Bogotá, septiembre de 2026

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K-Tarzys y el grito de la sabana: rock y metal con conciencia social frente al horror de la guerra

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Hay propuestas emergentes que entienden el rock y el metal no solo como vehículos de descarga sónica, sino como trincheras de reflexión humana. Este es el caso de K-Tarzys, una sólida agrupación de la sabana de Bogotá conformada por jóvenes músicos que irrumpen en la escena independiente con una premisa clara: utilizar la música como un altavoz para diseccionar las heridas sociales y políticas que golpean al mundo.

La banda presenta su más reciente sencillo, “Susurros de Piedad”, un lanzamiento que trasciende el circuito convencional del género al proponer una profunda y dolorosa reflexión sobre el impacto humano de los conflictos armados y el sufrimiento de las víctimas anónimas de la guerra.

“Susurros de Piedad” nace de la necesidad de mirar de frente una realidad que continúa afectando a millones de personas. Lejos de la estriducción vacía, K-Tarzys canaliza la crudeza instrumental del rock y el metal hacia una atmósfera densa e interpelante, buscando sacudir al oyente y remover conciencias. Es un ejercicio de empatía hecho canción, donde los pesados acordes y la potencia rítmica sirven para traducir el desgarro de los territorios atravesados por el fuego cruzado.

La agrupación se encuentra actualmente puliendo los detalles de su primer EP de siete canciones, un trabajo discográfico de larga duración con el que buscan consolidar su identidad dentro de la escena independiente colombiana y abrirse paso con fuerza en los circuitos culturales y escenarios de Bogotá y su región.

El valor de K-Tarzys radica precisamente en su capacidad de hibridar la destreza técnica de sus integrantes con una inquietud narrativa genuina. En tiempos donde la música suele buscar el consumo efímero, ver a jóvenes creadores apostar por temáticas de profunda trascendencia humana demuestra que el rock nacional sigue vivo, inconforme y con los pies firmemente puestos sobre la realidad de su entorno

Para quienes deseen sumergirse en esta propuesta, la banda ha dispuesto su material en plataformas digitales y redes oficiales:

Instagram oficial: @ktarzys.oficial

K-Tarzys demuestra que desde la sabana de Bogotá se sigue agitando un rock con memoria, agudeza y un profundo sentido de urgencia.

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Grietas Mentales presenta “Nada Me Quema”: La catarsis sónica del hastío hecho armadura

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Grietas Mentales está de regreso con “Nada Me Quema”, su nuevo sencillo y el primer adelanto de un próximo EP que marcará una evolución decisiva en el sonido de la banda. El estreno está disponible en todas las plataformas digitales desde el pasado 28 de agosto de 2026.

Definida por sus creadores como la banda sonora oficial de mandar todo al carajo, la canción nace de ese punto de quiebre donde el cansancio deja de ser una simple fatiga cotidiana para transformarse en una coraza impenetrable. Habla de estar harto de las cargas laborales, los problemas y las presiones diarias, hasta cruzar la línea donde el dolor cede ante una certeza absoluta: ya nada puede hacer daño, ya nada quema.

En el plano sonoro, la agrupación traduce esa frustración y liberación hacia una propuesta que fusiona el rock alternativo y el indie con sutiles texturas electrónicas. Un bajo robusto, sintetizadores envolventes, cambios dinámicos precisos y un coro de alto impacto conforman un tema diseñado para transformar la rabia contenida en pura energía cinética.

El lanzamiento se completa con un videoclip oficial animado protagonizado por Paco, una silueta concebida como la representación abstracta de la banda dentro de la narrativa visual. Paco encarna al individuo que llega al límite de sus fuerzas, se planta frente al fuego y logra transmutar aquello que lo consumía en su propia armadura, conectando de lleno con el imaginario underground del proyecto.

Ficha Técnica y Formación:

Thiago Villada – Voz

Davyd Junguito – Bajo

Juan Esteban Arango – Guitarra, sintetizadores y voces

Santiago “Rigby” Palacio – Batería, sintetizadores y coros

Producción, mezcla y máster: Juan Esteban Arango, realizado en El Planetario Records

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