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¡Si yo fuera curador de Rock al Parque!

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Ya han pasado algunos años en los que de manera personal sugerí que me gustaría ser el curador de Rock al Parque cansado de las malas gestiones y la deshonestidad del festival. Han pasado algunos años en los que la respuesta inteligente de Idartes fue usar uno de sus contratistas, un medio de noticias falsas y calumnias para responderme con una burla. Gran elocuencia y profesionalismo por parte del instituto demostrando como siempre su forma de hacer las cosas.

Pero la verdad es que el festival sigue levantando ampollas en músicos, público y agentes del sector y a pesar de los oídos sordos del distrito ante el asunto se ha llegado a conclusiones muy importantes como que la gratuidad del festival ha sido uno de los factores más destructivos para la escena del rock nacional y que cómo lo demostró la Contraloría General de la Nación, en el festival hay corrupción e inconsistencias en la administración del dinero y la transparencia.

Pero Rock al Parque es Rock al Parque y es el único festival de ese calibre que tenemos y la idea no es que se acabe sino depurarlo de la corrupción y que vuelva a ser esa utopía que se hizo realidad hace unas décadas en donde en una fiesta de rebeldía y música salían a flote los nuevos nombres del rock y el Metal Colombiano.

Por eso, he consultado a varios de los músicos, gestores y periodistas de la escena independiente para que dijeran sus propuestas si ellos tuvieran la oportunidad de ser curadores de Rock al Parque y que dieran ideas para revitalizar y potenciar el festival, proponer una serie de cambios estratégicos que podrían transformar la experiencia tanto para los artistas como para el público. Aquí se presentan sus puntos:

Germán Ducón – Músico nacional miembro fundador de la banda Mad Dogs:

Monetización del Acceso: Ducón sugiere eliminar la gratuidad del festival, introduciendo un sistema de venta de entradas con diversas categorías, desde localidades generales hasta áreas VIP. Los precios serían accesibles, con entradas que van desde los 20.000 pesos para las opciones más económicas, hasta los 150.000 pesos para experiencias premium, buscando así financiar una producción de mayor calidad y sostenibilidad.

Selección por Convocatoria y Rotación de Artistas: La participación de las bandas se determinaría exclusivamente por convocatoria, garantizando una rotación y diversidad musical. Además, se establecería un intervalo obligatorio de tres años antes de que un grupo pueda ser reinvitado, asegurando así una renovación constante en la alineación del festival, es decir, ninguna banda podría ser invitada sino clasificada por convocatoria. Eliminar la invitación directa.

Promoción de Talentos Nacionales: En un esfuerzo por apoyar a los artistas locales, Ducón aboga por asignarles horarios estelares dentro del evento. Además, propone una distribución de bandas donde el 80% sean nacionales y solo el 20% internacionales, poniendo el foco en el talento colombiano y ofreciendo una plataforma para su proyección.

Acceso Continuo al Agua: Siguiendo el ejemplo de otros festivales exitosos como el Festival Estéreo Picnic (FEP), se mantendrían puntos de hidratación accesibles en todo momento, priorizando el bienestar y la seguridad de los asistentes.

Reubicación de la Zona de Prensa: Para mejorar la experiencia del público, Ducón recomienda mover la zona de prensa a los costados del escenario, permitiendo que los espectadores puedan acercarse más a los artistas y disfrutar de una conexión más íntima con las actuaciones en vivo.

Martin Morales – Gestor Cultural, investigador en Rock y conductor de Radio:

Liderazgo Conocedor y Comprometido: Morales propone que la dirección del festival esté compuesta por individuos que no solo entienden los nichos y las iniciativas independientes, sino que también han participado activamente en ellos. Esto aseguraría que las decisiones tomadas reflejen un conocimiento profundo de la comunidad y sus necesidades.

Políticas Alineadas con la Comunidad Cultural: Sugiere que las políticas del festival se formulen en respuesta directa a los problemas y necesidades identificados en las mesas y consejos de cultura. Esto garantizaría que las acciones del festival estén verdaderamente en sintonía con las voces de la comunidad artística.

Inclusión Total de Participantes: En un esfuerzo por fortalecer el sector independiente, Morales aboga por la inclusión de todas las bandas inscritas en el festival. Si 400 grupos se registran, todos deberían tener la oportunidad de actuar, con los artistas amateurs al principio y los más profesionales al final, creando así un espectro completo de talento emergente y establecido.

Mercado de Intercambio y Feria del Rock: Propone la creación de un mercado de intercambio y una feria del rock que vaya más allá de la música, con el objetivo de fortalecer la cultura del rock en todos sus aspectos económicos y promover su autosostenibilidad.

Reducción de la Burocracia: Morales recomienda eliminar la burocratización, otorgando a las organizaciones independientes la gestión de las inscripciones de los diversos sectores económicos involucrados. Esto facilitaría la participación y el apoyo a la economía cultural del rock.

Javier Rodríguez – Periodista musical independiente:

Inclusión del Blues: Rodríguez enfatiza la importancia de incluir bandas de Blues en el festival, reconociendo este género como la raíz fundamental del Rock. Propone una mayor representación del Blues para honrar su influencia y diversificar la oferta musical del evento.
Dedicación de Días por Género: Sugiere mantener el sábado como el día dedicado a los sonidos extremos del Metal, como el Death, Thrash y Black Metal. Los otros días del festival se reservarían para una mezcla de géneros, desde el Hard Rock hasta el Rock Progresivo, pasando por el Punk y el Grunge, dando visibilidad a estilos que tradicionalmente han tenido menos presencia.

Fomento del Rock Nacional: Rodríguez aboga por una presencia más destacada de las bandas de Rock nacional, argumentando que muchas talentosas agrupaciones locales no reciben la atención que merecen. Su propuesta busca equilibrar la representación y dar a conocer la riqueza del talento nacional.

Sesiones de Jam: Para fomentar la colaboración y celebrar la comunidad del Rock, propone sesiones de “Jam Session” durante el festival, donde músicos de diferentes bandas interpretarían covers de canciones emblemáticas del Rock y Metal, tanto nacionales como internacionales.

Selección de Bandas y Enfoque Educativo: Rodríguez prefiere que las bandas desconocidas seleccionadas sean principalmente nacionales y algunas de Latinoamérica, evitando así las “bandas de relleno”. Además, mantendría un componente educativo con jornadas para profesionales de la industria y ruedas de prensa integradas a estas actividades.

Aida Hodson – Gestora Cultural, creadora de procesos de circulación y promoción, educadora en gestión y otras áreas:

Proceso Formativo para Presentar Propuestas: Hodson sugiere que las bandas y artistas se preparen para presentar sus propuestas a través de un proceso formativo. Esto podría incluir talleres y mentorías que ayuden a los participantes a afinar su arte y comprender mejor la industria musical.

Convocatoria por Categorías de Experiencia: Propone abrir la convocatoria del festival en categorías basadas en la experiencia de las bandas, permitiendo así una competencia justa y una representación equilibrada de artistas emergentes y establecidos.

Enfoque en el Talento Nacional: Hodson aboga por reducir la proporción de artistas internacionales invitados y aumentar la de los nacionales. Esto no solo fomentaría el talento local, sino que también ayudaría a construir una identidad más fuerte para el festival.

Entrada Sustentable: En lugar de la entrada gratuita, Hodson recomienda implementar un costo simbólico, como la donación de alimentos no perecederos. Esto contribuiría a la sostenibilidad del festival y al mismo tiempo apoyaría causas sociales.

Jorge Vanegas – Guitarrista, compositor, fundador de bandas como Vulgarxito y Vanegas Blues:

Enfoque en Géneros Específicos: Durante los tres días del festival, la programación estará dedicada exclusivamente a bandas de metal, rock y blues. Esto garantizará que el festival mantenga su identidad y ofrezca una experiencia auténtica a los aficionados de estos géneros.
Promoción del Talento Nacional: El 80% de las bandas serán nacionales, destacando la riqueza y diversidad de la escena musical del país. El restante 20% serán bandas internacionales, lo que permitirá un intercambio cultural y expondrá al público a nuevas influencias musicales.

Pureza Musical: Se mantendrá una línea clara en la selección de géneros, excluyendo estilos como la música electrónica, cumbias y otros que no se alinean con la temática del festival. Esto asegurará que los asistentes disfruten de una experiencia coherente con las expectativas del evento.

Foco en la Música, No en el Comercio: Las ruedas de negocios serán eliminadas del festival para mantener la atención en la música y la experiencia cultural, evitando que el aspecto comercial distraiga del propósito artístico del evento.

Distribución de Géneros por Día: El festival se organizará de manera que cada día tenga un enfoque específico: el primer día se dedicará al metal, el segundo día al rock y blues, y el tercer día se celebrará más rock, culminando con actuaciones de las bandas más importantes de rock, blues y metal.

Oscar Mora – Guitarrista, compositor y productor de larga trayectoria en Colombia, miembro de varias agrupaciones de Metal y de Rock:

Cobrar boletería: RAP creó un problema incidental que consiste en que la el público bogotano cree que el rock es gratis y eso abarató la calidad de las bandas porque no hay ninguna motivación para producir música salvo el hecho de subirse a Una tarima y ese hecho es aprovechado por bares para crear espacios de música en vivo donde no hay ningún tipo de ayuda económica que es esencial para cualquier músico.

Yo crearía una especie de categorías de boletería dependiendo del estrato de cada persona y basado en eso cobraría un mínimo de $25,000 para los estratos uno y dos 50,000 para los tres y cuatro y 80,000 para los cinco y seis.

Reducir el número de bandas internacionales: Máximo tres o cuatro y las acomodaría de tal forma que sean como los cierres de las bandas locales si hay bandas de carácter internacional o nacional en el grupo debe ser porque están apoyando las bandas emergentes
Tercero una una banda o un músico un grupo de músicos que participen en rock al parque en un año no deberían poder participar en el siguiente sino alternarse es decir buscar mecanismos para que solo sean o en su gran mayoría sean artistas nuevos, que estén surgiendo, o artistas que estén presentando proyectos nuevos para que sea un verdadero espacio de demostración de rock emergente

Establecer un proceso de votación del público: Para que el público real pueda votar por las bandas que quiere ver participando y que ese voto fuera por lo menos un 30 o un 40% del puntaje para garantizar que una banda esté en Roque al parque y para que exista una verdadera motivación de las bandas para hacer networking y para que se den a conocer
Y quinto yo utilizaría parte del presupuesto de Roca al parque para que los incentivos también fueran de alguna manera crear una cosa que se permita vender merchandising o elementos de la banda para que eso también le sirva como un apoyo económico y se genera una industria.

Rixx Isahias – Guitarrista, músico, compositor, miembro fundador de bandas como No Re-action o Grass Ánima:

Optimización del Presupuesto: Reducir el presupuesto del festival a su mínima expresión para enfocarse en lo esencial y evitar gastos superfluos. Esto podría incentivar la creatividad y la eficiencia en la organización del evento.

Selección por Convocatoria: Establecer que todas las bandas participantes sean seleccionadas únicamente por convocatoria, garantizando un proceso transparente y equitativo para todos los aspirantes.

Exclusividad de Bandas Nacionales: No incluir bandas invitadas ni internacionales, para dar prioridad total al talento local y fortalecer la escena musical nacional.
No Repetición de Bandas: Las bandas que pasen la convocatoria y participen en el festival no podrán repetir en la siguiente edición, asegurando así una renovación constante del cartel y oportunidades para nuevos artistas.

Promoción de Nuevos Talentos: El festival deberá presentar exclusivamente bandas nuevas, fomentando la visibilidad y el desarrollo de emergentes talentos musicales.
Convocatoria Nacional: Ampliar la convocatoria a todo el país, transformando Rock al Parque en un festival con representación y alcance nacional.

Rotación de Curadores: Limitar el período de los curadores a un año, con un máximo de dos, para promover la diversidad y la inclusión de nuevas perspectivas en la curaduría del festival.
Credenciales para Jurados: Exigir que los jurados sean expertos y presenten credenciales y títulos que los acrediten para evaluar a las bandas, asegurando un juicio profesional y calificado.

Renovación de las Mesas Distritales de Rock: Cambiar los miembros de las mesas distritales de rock cada año, proporcionando igualdad de oportunidades para todos en la localidad y evitando la formación de lobbys.

Cero – Compositor y vocalista, miembro fundador del proyecto Power of Cero:

Transparencia en la Curaduría: Todo el proceso de curaduría, incluyendo la selección y calificación de las bandas, debe ser público y documentado. Esto podría incluir la grabación de las sesiones de selección para que cualquier interesado pueda entender cómo se tomaron las decisiones.

Selección Profesional de Curadores: Los curadores deben ser seleccionados basándose en criterios profesionales y transparentes, no por elección arbitraria o personal. Debería haber un proceso abierto y claro para la convocatoria de curadores, posiblemente con la participación de la comunidad musical.

Publicación de Criterios y Resultados: Los criterios utilizados para la selección de bandas deben ser especificados y publicados previamente, y los resultados de la selección deben ser anunciados de manera que justifiquen claramente las elecciones realizadas.
Proceso Transparente de Convocatoria: La convocatoria para las bandas interesadas en participar debe ser abierta y accesible, con reglas claras y un sistema de aplicación que garantice la equidad y la imparcialidad.

Honestidad: Cero subraya la importancia de la transparencia para evitar dudas y sospechas sobre el proceso de selección, lo cual es esencial para mantener la integridad y la confianza en el festival. Implementar estas medidas podría mejorar significativamente la percepción del festival y asegurar que sea visto como una plataforma justa y respetable para los artistas.

Phil Adelmo – Periodista musical fundador de Metal Latino:

Dedicación al Metal: El día dedicado al metal deberá contar con bandas de este género en todos los escenarios, asegurando una experiencia completa y sin mezclas para los aficionados del metal.

Coherencia de Géneros: Mantener una coherencia estricta en los géneros musicales presentados, evitando la inclusión de estilos que no se relacionan directamente con el rock. Se podría considerar la inclusión de géneros afines como el ska y el reggae, pero siempre manteniendo la esencia del rock.

Transparencia en la Selección: La selección de las bandas debe ser un proceso abierto y transparente, sin invitaciones arbitrarias o preferenciales. Esto podría incluir la publicación de los criterios de selección y la documentación del proceso de decisión.

Exclusión de Géneros No Afines: Evitar la inclusión de géneros musicales que no tienen relación con el rock para preservar la identidad del festival y satisfacer las expectativas de los asistentes que buscan una experiencia puramente rockera.

Leandro Martínez – Músico, fundador y miembro de bandas como Narcocrácia:

Prioridad Nacional: Se propone incrementar la cuota de bandas nacionales en los festivales para fomentar el desarrollo de una escena musical robusta y una industria musical sostenible en Colombia. Esto no solo daría más oportunidades a los artistas locales, sino que también cultivaría un sentido de identidad y pertenencia cultural.

Post Rock al Parque (Post RaP): Es crucial establecer una plataforma que continúe promoviendo a las bandas nacionales después del evento. Esto podría incluir la creación de espacios en emisoras y programas locales, tanto públicos como privados, asegurando la inclusión en listas de éxitos y otras formas de exposición mediática. El objetivo es mantener la relevancia de las bandas más allá de su actuación en el festival.

Curación Transparente de Jurados: Debe haber claridad y transparencia en el proceso de selección de los jurados. El público debe entender cómo se eligen y cuáles son los criterios exigidos, garantizando así la imparcialidad y la calidad en la elección de las bandas participantes.

Parámetros de Selección de Bandas: Los criterios de selección de las bandas deben ser reescritos y comunicados claramente al público y a los artistas. Esto asegurará que todos comprendan la dirección y el enfoque del festival, confirmando si se mantendrá puramente como un festival de rock o si abarcará otros géneros.

Rotación de la Cúpula de Curación: Se sugiere un cambio anual obligatorio en el equipo de curación de bandas y jurados en Idartes. Esto abriría espacio para la participación de mesas locales y gestores culturales, evitando que ciertas personalidades dominen la narrativa del festival con sus visiones particulares.

Espacio Abierto a la Prensa: La propuesta es eliminar el sistema de acreditaciones para la prensa, permitiendo un acceso más libre y reduciendo la posibilidad de censura indirecta o corrupción. Esto fomentaría una cobertura mediática más amplia y diversa del evento.

Transparencia en Tarifas de Bandas Invitadas: Se debe implementar un proceso transparente en cuanto a las tarifas de las bandas invitadas, tanto nacionales como internacionales. Auditorías independientes y públicas podrían ayudar a garantizar la transparencia y la equidad en los procesos financieros del festival.

Guepa!!!

En resumen, la mayoría aboga por lo siguiente:

Transparencia e Idoneidad: La convocatoria del festival debe caracterizarse por su transparencia y la idoneidad de sus gestores. Esto implica un proceso claro y justo para la selección de participantes, donde todos los criterios y decisiones sean abiertos al escrutinio público.

Financiación del Festival: El evento no debe ser gratuito. Es esencial buscar mecanismos para que el festival genere ingresos, los cuales deben ser reinvertidos en procesos que beneficien directamente a los músicos, como talleres, formación y mejoras en las condiciones de participación.

Prioridad a Bandas Nacionales: Al menos el 80% de las bandas participantes deben ser nacionales, promoviendo así el talento local y fortaleciendo la industria musical del país.

Enfoque en el Rock: El festival debe centrarse en el género rock, excluyendo otros géneros musicales. Debe girar en torno al rock y sus variantes como el metal, e incluir también el blues, para mantener la esencia del evento.

Simplificación de Inscripciones: Se debe eliminar la burocracia presente en el proceso de inscripción, facilitando así la participación de más artistas y evitando procedimientos innecesarios que puedan desalentar a las bandas emergentes.

Equidad en la Participación: Ninguna banda debe tener el privilegio de participar con una invitación directa. Las bandas internacionales invitadas deben ser pocas y seleccionadas por su calidad, no como relleno. Esto requiere eliminar el nepotismo y favoritismos dentro de los encargados de la selección (bookers).

Procesos Públicos y Grabados: Todos los procesos, desde la inscripción hasta la selección y calificación de los artistas, deben ser públicos y grabados. Esto garantiza una mayor transparencia y permite a los interesados seguir el desarrollo del festival.
concluyendo, se busca un festival de rock que se enfoque en la música nacional y que contribuya de manera positiva al desarrollo y construcción de la escena musical local.

Esperemos a que los genios escuchen.

@felipeszarruk

Colombia

La Veeduría Ojo al Arte destapa millonarios vacíos, duplicidades y opacidad financiera en informe sobre los Festivales al Parque de Bogotá.

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La escena subterránea colombiana acaba de presenciar el ejercicio de periodismo de investigación y control ciudadano más demoledor de su historia contemporánea tras el cierre oficial de las pesquisas lideradas por la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte. Nacida desde las entrañas de la resistencia cultural y consolidada como el único contrapeso real frente a la desidia estatal, esta plataforma ha sacudido los cimientos de la burocracia musical local al destapar lo que las grandes esferas del poder cultural querían mantener sepultado bajo alfombras de terciopelo y contratos multimillonarios. Lo que comenzó como una sospecha sobre el manejo de los dineros públicos en los festivales más importantes del continente se convirtió en una radiografía de cómo se mercantiliza la pasión de miles de rockeros en favor de unos pocos operadores privados y clanes institucionales protegidos por el silencio administrativo.

Durante meses de un rastreo forense implacable por los laberintos transaccionales del SECOP II y la revisión de polémicos convenios de asociación, la veeduría diseccionó quirúrgicamente la maquinaria financiera del Instituto Distrital de las Artes exponiendo ante la opinión pública un modelo de contratación opaco que supera los trece mil millones de pesos entregados a dedo a entidades sin ánimo de lucro como el Teatro R101. El equipo investigador logró documentar la existencia de cajas negras presupuestales donde el Estado transfiere sumas astronómicas de dinero para operar festivales masivos mientras confiesa por escrito que carece de extractos bancarios y comprobantes de egreso reales para verificar el destino de los recursos. La investigación detalla con precisión quirúrgica cómo se desvío dinero destinado a la formación artística infantil en los barrios para tapar huecos en contratos de vigilancia y cómo se consolidó un monopolio técnico de backline e infraestructura donde las mismas empresas rotan en simulacros de subasta adjudicándose contratos por el cien por ciento del presupuesto oficial sin dejar un solo peso de ahorro para la ciudad.

El informe final no solo desnuda la duplicidad escandalosa de los gastos operativos y el pago inflado de más de mil doscientos millones de pesos a sociedades de gestión colectiva mediante falsas motivaciones de exclusividad, sino que también pone sobre la mesa el acoso sistemático, los vetos corporativos y las persecuciones policiales orquestadas contra los veedores que se atrevieron a desafiar el statu quo. Con este compendio probatorio ya radicado formalmente ante los entes de control fiscal y disciplinario, la veeduría cierra un ciclo histórico demostrando con documentos firmados que la deshonestidad y la tercerización corrupta imperaban en el corazón de la fiesta musical de Bogotá, dejando ahora la responsabilidad en manos de una ciudadanía que ya despertó y de unas autoridades obligadas a romper su complicidad histórica.

Obviamente el trabajo investigativo termina, se presentaron más de 250 páginas de pruebas. Ya el documento reposa en manos de las autoridades después de que a la veeduría concluyera su trabajo aun con allanamientos basados en denuncias falsas, seguimientos a las viviendas, amenazas y desacreditación por parte de intereses oscuros los cuales también se han solicitado sean investigados.

La conclusión de una auditoría forense de esta magnitud no se sostiene en adjetivos grandilocuentes, sino en la implacable arquitectura de los documentos públicos. Tras meses de un cruce metodológico de bases de datos transaccionales en el SECOP II, oficios institucionales de respuesta evasiva y resoluciones presupuestales, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte ha consolidado el expediente más riguroso y documentado sobre las anomalías estructurales que rigen la contratación del Instituto Distrital de las Artes y los Festivales al Parque en Bogotá. El informe no es un manifiesto político, sino una autopsia institucional que demuestra cómo los mecanismos de fomento cultural fueron desplazados por una maquinaria de tercerización opaca, diseñada para transferir millonarios recursos públicos a manos privadas eludiendo los principios elementales de la contratación estatal.

El núcleo de esta desviación financiera se sostiene sobre convenios de asociación plurianuales que superan los trece mil trescientos millones de pesos entregados a la Asociación Cultural Teatro R101, un operador privado que recibe el grueso del presupuesto operativo mientras la propia entidad pública confiesa por escrito que carece de extractos bancarios, comprobantes de egreso y copias de los subcontratos artísticos que justifiquen el destino real de los dineros. Esta renuncia deliberada a la fiscalización bancaria convierte al operador en una caja negra financiera, blindada por respuestas burocráticas que fragmentan la información entre entidades hermanas y por fallos judiciales de primera instancia que conceden plazos de espera funcionales para la consolidación de coartadas documentales, reproduciendo las mismas prácticas de opacidad detectadas en la gestión de estímulos anteriores como la Beca LEP.

La lista estructurada de los principales hallazgos técnicos y jurídicos de la investigación contine más de 70 jallazos de irregularidades de los cuales estos son algunos de los principales:

La “Caja Negra” Financiera del Teatro R-101 ($13.361 Millones): IDARTES transfiere multimillonarios recursos públicos mediante convenios de asociación para operar los Festivales al Parque, pero la propia entidad confiesa documentalmente que no audita las cuentas bancarias ni posee la totalidad de los subcontratos y pagos a artistas, amparándose en que los extractos son “documentos privados internos” del operador.

Duplicidad Contractual y Gasto Paralelo: IDARTES cubre directamente con contratos independientes los componentes esenciales de técnica, logística, seguridad, salud y transporte, mientras transfiere en paralelo sumas globales al operador privado, configurando un presunto pago doble por las mismas obligaciones operativas.

El Monopolio de Proveedores Técnicos: Concentración plurianual de más de cien contratos en un círculo cerrado de proveedores de infraestructura y backline (como Audio Daz y 4 Cuartos), amparados en pliegos restrictivos, subastas sin ahorro para el Estado (adjudicadas por el 100% del presupuesto) y confesiones documentadas de “monopolio de inventario”.

Escalada Injustificada en los Pagos a SAYCO (Aumento del 600%): Incremento desproporcionado en los giros directos por derechos de autor (de $178 millones en 2024 a más de $1.229 millones en 2026), fundamentados en una falsa motivación sobre inexistencia de pluralidad de oferentes y ejecutados a ciegas en el primer mes del año sin cruce de planillas de repertorio real. Todo esto a una entidad sancionada que históricamente ha estado envuelta en cientos de escándalos.

Privatización del Espacio Público y Patrocinios Ocultos: Explotación comercial de los parques metropolitanos y montaje de escenarios comerciales (como la tarima corporativa comercial) por parte de marcas privadas y licoreras, cuyos contratos y recaudos no ingresan al Tesoro Distrital ni son vigilados por la administración.

Nómina Paralela y Fraccionamiento Presupuestal: Uso masivo de la contratación directa por prestación de servicios y fraccionamiento de Certificados de Disponibilidad Presupuestal (CDPs) para mantener una estructura burocrática interna transversal que elude los concursos públicos de mérito y los umbrales de selección objetiva.

Vetos, Hostigamiento e Intimidación al Control Social: Bloqueo institucional y sistemático contra plataformas de veeduría y medios independientes (como Subterránica y el Museo del Rock Colombiano), trascendiendo a hostigamientos y operativos de presión policial y judicial contra los veedores ciudadanos.

Con la presentación de este informe técnico y financiero, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte cumple a cabalidad con su mandato constitucional y legal de control social, habiendo recaudado y documentado el acervo probatorio que demuestra las graves irregularidades que rodean la contratación de los Festivales al Parque.

No obstante, corresponde ahora de manera exclusiva a las autoridades competentes (Fiscalía General de la Nación, Contraloría General de la República, Procuraduría General de la Nación y Personería de Bogotá) asumir la responsabilidad legal que les compete: realizar las investigaciones forenses de fondo, practicar las pruebas periciales necesarias y tomar las decisiones disciplinarias, fiscales y penales a que haya lugar. Nuestra labor investigativa ha llegado a su término; el esclarecimiento definitivo de los hechos y la determinación de las responsabilidades legales quedan enteramente en manos del Estado.

@veeduríaojoalarte

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Colombia

Bogotá afina las guitarras para Incendiar Wacken y el primer heat ya tiene dueño

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La maquinaria del metal colombiano ha vuelto a rugir con una fuerza que no entiende de fronteras y Wacken Metal Battle Colombia ha abierto oficialmente su cuarta temporada consecutiva con una noche que quedará grabada en la memoria de la escena capitalina, porque Bbar se convirtió en el epicentro de una operación enorme que activa un circuito único en la región y que este 2026 llega con un antecedente demoledor, el primer lugar a nivel mundial conquistado con fuerza por el talento de los chilenos Force, un hito que ahora obliga a llevar a dos bandas al campo sagrado de Alemania y que eleva la vara para cada agrupación que se atreve a subirse al escenario.

La geografía de esta batalla es tan ambiciosa como su propósito y nuestra región se divide en dos, norte con Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que el oeste agrupa a Chile, Perú y Bolivia, tejiendo una red de eliminatorias que desembocan en una final regional donde los mejores exponentes del continente se disputan el pasaje a Wacken Open Air y esa presión se sintió desde el primer acorde en Bogotá, donde cinco bandas de altísimo nivel se lanzaron a la arena con la certeza de que solo un cupo directo estaban en juego y con la responsabilidad de demostrar que la escena local es mucho más que las diez bandas que suelen rotar por los espacios públicos.

La primera en reventar el escenario fue Decimation, una agrupación bogotana de death metal formada en 2016 que sonó como un camión y que dejó claro por qué es una de las bandas más sólidas del circuito extremo capitalino, con una alta factura en los riffs de guitarra y una energía que no dio tregua en ningún momento, porque su punto fuerte es ese front man que combina una voz poderosa con una presencia escénica bestial y que, respaldado por una banda de ejecución precisa, logró que el público entendiera de inmediato que la noche no iba a tener concesiones, sobre todo si se tiene en cuenta que Decimation trabajando constantemen te consolidando un nombre que ya es sinónimo de brutalidad bien entendida en la movida bogotana.

Siguió Atomic Heart, una de esas bandas jóvenes que llevan varios años trabajando y cuya evolución ha sido evidente para quienes han seguido su rastro, porque el ensamble musical es de mucho calibre y refresca una escena que necesita urgentemente de savia nueva, y es que Atomic Heart ha dado un giro hacia una especie de hard rock con una identidad propia que ellos mismos bautizaron como Street-Rock, una propuesta que refleja lo que es ser un muchacho en estos tiempos y que se sostiene en el caos urbano de Bogotá como materia prima, con guitarras pesadas, estructuras directas y una estética que bebe del pixel art y el glitch, además de contar con recorrido que ya supera una enorme cantidad de presentaciones y nominaciones en los Premios Subterránica 2026, lo que confirma que su juventud no es un obstáculo sino un combustible para seguir conquistando espacios.

Luego vino Sunset Street, una banda que ha dado mucho de qué hablar en Bogotá por su puesta en escena, su look y su energía, y que representó toda la estética glam de los ochentas a la perfección con una diversión contagiosa que cautivó al público desde el primer acorde, porque su propuesta rescata el sonido y la imaginería de bandas como Mötley Crüe, Ratt y Poison con una fidelidad que no cae en la copia y que, por el contrario, se apropia del sleaze metal para proyectarlo hacia el presente, y para este heat integraron una segunda voz femenina que sí aportó y enriqueció tanto visual como musicalmente, sumando armonías, texturas y una presencia escénica que potenció la puesta en escena y se complementó con la solidez de un grupo que se nota sin esfuerzo sobre las tablas, con un performance que levantó a todos los asistentes y que confirmó por qué son una de las bandas revelación de los últimos años en el país.

Le llegó el turno a Detonadores, una agrupación que ha sufrido cambios a lo largo de los años hasta consolidar lo que son hoy, con una demostración de poder que dejó al jurado sin argumentos en contra, porque su vocalista es una fuerza de la naturaleza imparable, una mujer que se lleva por delante a muchos de los vocalistas de metal actuales y que, con una música que mezcla crust punk alterado con la fuerza del gutural, convierte cada canción en un golpe profundo y pesado, agresivo y con clase, demostrando que la escena extrema colombiana tiene nombres femeninos que están redefiniendo las reglas del juego y que el jurado supo reconocer al momento de deliberar, apostando por una presencia escénica arrolladora y por un sonido que no necesita adornos para ser demoledor.

Para cerrar la noche llegó Thunder Steel, heavy clásico pero con tintes modernos, riffs rápidos y una puesta en escena perfecta para despedir una jornada tan intensa, y bandas como estas demuestran que los géneros más puros del rock se están retomando por las nuevas generaciones y los están haciendo propios, metiendo el tinte de la ciudad y la realidad en donde viven, porque a pesar de que ya habían pasado cuatro bandas la gente se levantó y respondió con una entrega que pocas veces se ve en un concierto de esta naturaleza, validando el trabajo de una agrupación fundada en 2010 que lleva más de una década construyendo un camino en la escena bogotana y que con discos como “Legión del Trueno” ha sabido mantener viva la llama del heavy metal tradicional sin quedarse anclada en el pasado.

Fue un gran inicio de Metal Battle y las cuentas hablan por sí solas, porque en tres participaciones hemos conquistado dos podios a nivel mundial y eso para nosotros dice mucho, pero la apuesta para esta edición es buscar esa banda que vuelva a remover la tierra de Wacken y eso es algo totalmente difícil, tanto que no se puede decir que hubo una mejor banda que otra, porque los estilos fueron diferentes y los sonidos también, y por eso el jurado se tardó tanto tiempo en decidir, aunque al final el veredicto fue claro, el ganador del primer Heat es Detonadores porque el jurado piensa que la presencia escénica de su vocalista y el poder de la banda podrían destacar en el campo sagrado, así mismo Sunset Street pasa a las finales gracias a un performance que levantó a todo el público y que además les valió el voto de la gente, y algo interesante que estamos haciendo es que las bandas voten por otra banda, y ese voto se lo llevó Atomic Heart, lo cual es muy interesante porque demuestra que todos apoyaron a la generación nueva y que la escena entiende que el relevo generacional no es una amenaza sino una necesidad.

Qué honor poder ver a estas bandas en este circuito y descubrir y reiterar una vez más que Bogotá es mucho más de las diez bandas que rotan por todos los espacios públicos, porque a los que fueron saben que fue un concierto de talla mundial y que las grandes bandas no necesitan estadios para sonar como deben, así que encontraremos de nuevo a Detonadores y Sunset Street en las finales para ver si alguna de ellas avanza a la gran final regional, mientras que por lo pronto el segundo heat será el sábado 24 de octubre con otro cartel que promete darnos una de las mejores noches del año y que dejará claro que esta cuarta edición del Wacken Metal Battle Colombia no es un simple torneo sino una declaración de intenciones de una escena que ya no pide permiso para existir sino que exige ser escuchada.

@subterranica

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Colombia

Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano

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¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?

Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.

Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas

Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.

El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.

El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.

Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.

Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.

Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.

Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM

Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.

Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.

Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?

Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.

La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.

La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.

Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia

100% de la asistencia

$561.020.000

561.020 asistencias pagando $1.000 cada una

90% de la asistencia

$504.918.000

504.918 asistencias pagando $1.000 cada una

75% de la asistencia

$420.765.000

420.765 asistencias pagando $1.000 cada una

50% de la asistencia

$280.510.000

280.510 asistencias pagando $1.000 cada una

25% de la asistencia

$140.255.000

140.255 asistencias pagando $1.000 cada una

Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.

Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.

Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?

La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.

Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?

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