Colombia
¿Cuál fue el papel de Medellín en el movimiento Black Metal y la creación de un nuevo género musical?
El Black Metal no nació en Medellín, Colombia. Es un género musical que surgió en la década de 1980 en Noruega, con bandas como Mayhem, Burzum y Darkthrone, pero Medellín sí tuvo y ha tenido una escena de metal extremo bastante activa y reconocida a nivel internacional con bandas como Reencarnación, Parabellum y otras, que han contribuido al desarrollo del Metal en América Latina. En resumen el Black Metal nace antes que el Ultra Metal que es el género que se le puede atribuir a Medellín, y que ambos se desarrollaron de forma paralela e independiente en diferentes contextos, tener esta diferencia clara es vital en un país en donde no diferencian una cumbia de un rock y por eso se dan estas confusiones y mitos.
La banda Venom con su demo de 1979 tal vez fue la que abrió el camino a lo que iba a venir, uno de los primeros discos de Black Metal como género ya consolidado en el mundo generalmente se considera “Under the Sign of the Black Mark” de Bathory, lanzado en 1987 pero definitivamente Venom podrían considerarse los precursores ya que no necesariamente debemos dar inicio a un género con la edición de un álbum, anteriormente algunas de las bandas más importantes del Black Metal estaban activas.

Mayhem se formó en 1984 y fueron pioneros en el desarrollo del género, su álbum “De Mysteriis Dom Sathanas” lanzado en 1994 es uno de los álbumes más influyentes del género. Por su parte Burzum, el proyecto en solitario de Varg Vikernes que comenzó en 1991 fue también muy influyente en la escena de noruega, su álbum debut homónimo, “Burzum”, fue lanzado en 1992. Darkthrone, formada en el 86 fue otra banda clave con su disco “A Blaze in the Northern Sky” del 92 que ayudó a definir el sonido del Black Metal como género musical.
El primer disco de Ultra Metal en Medellín es un tema de debate y puede variar dependiendo de la perspectiva de cada persona dentro de la escena local ya que no hubo mucho interés en guardar la historia del movimiento, justo como ha pasado con casi todo el rock colombiano, como decíamos, algunas de las primeras bandas de metal extremo en Medellín que ayudaron a establecer el género en la ciudad incluyen a Reencarnación y Parabellum.
Reencarnación, formada en 1983 y es considerada una de las primeras bandas de metal extremo en Colombia, “888 Metal” se lanzó en el 88 y es una obra muy influyente en la escena, en 2024 hemos visto la reactivación fuerte de esta banda preparando y ejecutando varios shows. Por otro lado, Parabellum, también formada en la década de 1980, es conocida por fusionar elementos de Punk y Metal extremo, su álbum “Mutación por Radiación” lanzado en 1987 es uno de los primeros álbumes de lo que se llamó Ultra Metal en Colombia y es un clásico de la historia nacional.
Entonces tenemos que cuando se habla del nacimiento del Black Metal como género musical, generalmente se hace referencia al surgimiento de un movimiento específico con características distintivas en un lugar y tiempo determinado, aunque es cierto que bandas como Reencarnación y Parabellum en Medellín tenían elementos del sonido que luego se asociaría con el Black, el término “Black Metal” en su forma distintiva se popularizó con bandas noruegas como Mayhem, Burzum y Darkthrone en la década de 1980, es importante destacar que el Black Metal como género musical tiene sus raíces en una escena específica en Noruega, caracterizada por su estética, ideología y sonido distintivos, mientras que otras bandas de diferentes partes del mundo pueden haber contribuido después con elementos que luego se integraron en el género.
La ciudad de Medellín siempre ha sido reconocida por el público y los amantes del Rock y el Metal por su escena rica en géneros extremos, y aunque podemos afirmar entonces que el Black Metal no nació en la ciudad como algunos quisieran creer, Medellín sí ha dejado una marca significativa en la historia del movimiento gracias a la contribución de sus bandas que surgieron dentro de este contexto de sonidos en el mundo, desarrollando un sonido único que fusionaba elementos del punk, thrash y proto-Black Metal, estas bandas sentaron las bases para la eventual proliferación del género en la región.

La leyenda de la influencia del Ultra Metal de Medellín en el Black Metal noruego no es una afirmación definitiva, sino una hipótesis basada en algunos indicios y testimonios. Según un artículo de VICE, Bull Metal, el fundador de Masacre y uno de los pioneros del Ultra Metal, intercambiaba cartas y música con Mayhem, la banda más representativa del Black Metal noruego. En una de esas cartas, Euronymous, el líder de Mayhem, le agradeció a Bull Metal por enviarle el demo de Parabellum, otra banda clave del Ultra Metal. Además, en una entrevista, el baterista de Mayhem, reconoció la influencia de Parabellum en su estilo. Estos hechos sugieren que hubo una conexión entre las dos escenas, aunque no se puede asegurar que fuera determinante o generalizada.
Bandas como Astaroth, Mierda, Danger y Sacrilegio crearon un sonido primitivo, caótico y violento, que reflejaba la realidad marginal y el descontento de muchos jóvenes de la ciudad, se caracterizaban por su actitud rebelde, contestataria y blasfema, que desafiaba los valores conservadores y religiosos de la sociedad colombiana.
El Ultra Metal se difundió por el mundo gracias al correo postal y al intercambio de demos y fanzines entre los aficionados al metal. Así, el sonido de Medellín llegó a los oídos de los músicos europeos que estaban dando forma al Black, especialmente en Noruega y Suecia. Estos músicos quedaron impresionados por la crudeza y la autenticidad del Ultra Metal y lo tomaron como una referencia para crear su propio estilo, algunos incluso llegaron a versionar sus canciones.
El Back Metal Noruego se convirtió en el movimiento más radical y notorio del metal, no solo por su música, sino también por sus acciones violentas, como los incendios de iglesias, los asesinatos y los suicidios, se basaba en una ideología anticristiana, nacionalista y elitista, que buscaba recuperar las raíces paganas y vikingas de Escandinavia. Sin embargo, esta ideología contrastaba con la del Ultra Metal de Medellín, que era más anárquica, nihilista y universalista, y que no pretendía imponer una visión única del mundo.
Hay otras fuentes que respaldan la hipótesis de la influencia del Ultra Metal de Medellín en el Black Metal noruego, como entrevistas, documentales, libros y revistas especializadas. Por ejemplo, en el documental Blackhearts (2016), se muestra la conexión entre las dos escenas a través de la historia de Hector, un músico colombiano que viaja a Noruega para conocer el origen del Black. También hay libros como Black Metal: Evolution of the Cult (2013), de Dayal Patterson, que dedica un capítulo al Ultra Metal y su relación con el Black Metal. Además, hay revistas como Metal Hammer o Terrorizer que han publicado artículos sobre el tema.

Dentro de todo este maremagnun sale a flote el nombre de Bull Metal, una figura importante y protagonista de este historia. La historia de Bull Metal es la de un músico, fanzinero y promotor del metal colombiano, que tuvo una gran influencia en el desarrollo del Ultra Metal. Su nombre real era Mauricio Montoya Botero y nació en Medellín en 1965. Desde joven se interesó por el metal y el punk y empezó a tocar la batería en varias bandas, como Masacre, Typhon, Profanación y Erzebet. También fundó su propio sello discográfico, Warmaster Records, y su propio fanzine, Necrometal, donde difundía la música extrema nacional e internacional. A través de su fanzine, se comunicaba con otros músicos y fanáticos de todo el mundo, intercambiando cartas, cintas y discos. Entre sus contactos, se encontraba Euronymous, el líder de la banda noruega Mayhem, con quien compartió el demo de Parabellum, una de las bandas pioneras del Ultra Metal de Medellín. Bull Metal fue el responsable de publicar el álbum The Dawn of the Black Hearts, un bootleg de Mayhem que contiene una foto de la cabeza de Dead, el vocalista que se suicidó en 1991. Este álbum se convirtió en una pieza de culto para los fanáticos del Black Metal, y también en una prueba de la conexión entre el Ultra Metal y el Black Metal.
Bull Metal murió en 2002, a los 37 años, en su apartamento de Medellín y sigue siendo recordado como una leyenda del metal y como un personaje que marcó la historia del Ultra Metal y el Black Metal.
Así, el Ultra Metal de Medellín fue el resultado de una expresión artística genuina, que nació de la necesidad de canalizar el sufrimiento y la rebeldía de una generación marcada por la violencia, fue el testimonio de una cultura urbana, que se forjó en las calles y en las notas que se hizo escuchar en el mundo entero.
Colombia
La banda colombiana de Metal Hijos del Viento debutó en México frente a 100.000 personas en la Marcha para Jesús 2026
No todos los días una banda de metal cristiano colombiana se sube a un escenario en medio de una manifestación religiosa multitudinaria. Mucho menos frente a una audiencia cercana a las 100.000 personas reunidas en el corazón de Ciudad de México. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió con Hijos del Viento durante su presentación en la Marcha para Jesús 2026.
El concierto se trató de un hecho sin precedentes para el rock nacional. Al pisar el escenario del Zócalo capitalino, la banda no solo realizó su primera salida internacional, sino que se convirtió en la primera agrupación de metal cristiano de Colombia en alcanzar una audiencia de dimensiones colosales, superando las 100.000 personas, marcando un antes y un después en la historia del género en el país, demostrando que una propuesta de metal extremo con mensaje espiritual puede romper el techo de cristal y posicionarse en uno de los epicentros culturales más importantes del mundo.

El repertorio seleccionado para este bautizo de fuego internacional fue una muestra de contundencia y evolución artística. La banda abrió su set con la fuerza de “Martyrum” y “DISRUPT”, temas que retumbaron con una fidelidad técnica impecable desde el Ángel de la Independencia hasta los rincones más alejados de la plaza. La audacia de Hijos del Viento quedó de manifiesto al elegir este escenario masivo para estrenar dos piezas inéditas, “Soy” y “Noir”, demostrando una confianza absoluta en su nueva arquitectura sonora. A pesar de que el show debió terminar antes de lo previsto por razones logísticas, la intensidad desplegada en esos minutos bastó para dejar una marca imborrable en el público mexicano y en los miles de espectadores que siguieron la transmisión global.
El impacto del concierto generó un fenómeno mediático inmediato, alimentado por la capacidad de la banda para generar disrupción en un contexto masivo. Mientras las redes sociales se inundaban de comentarios sobre la potencia del sonido y la calidad de la ejecución, en la plaza se vivían momentos únicos de conexión, como grupos de danza que terminaron moviéndose al ritmo de los riffs, evidenciando que el metal, cuando se ejecuta con maestría, rompe cualquier barrera de prejuicio. Esta presentación no fue un evento fortuito, sino una declaración de principios; para los integrantes del grupo, el objetivo era claro, llevar un mensaje de revolución y confrontación, recordando que la esencia de su fe también reside en la disrupción de lo establecido.

Con este debut triunfal, gracias a la gestión de Independent Booking Artist Manager, Hijos del Viento establece un récord histórico para el metal cristiano colombiano, logrando lo que ninguna otra banda del género había alcanzado en la historia del país. Haber compartido tarima con referentes como Upperroom y conquistar a una multitud de seis cifras en su primera incursión fuera de Colombia, los posiciona como líderes de una nueva avanzada cultural. Este éxito en México no es solo un triunfo para la banda, sino una validación de que el metal hecho con convicción y profesionalismo desde Colombia tiene el poder de convocar multitudes y dejar una huella profunda en los escenarios más grandes del planeta.
Fotos por Edixon Sepúlveda.
Colombia
Danny Frati, el músico que hizo de la libertad su único horizonte
Hay artistas que parecen haber nacido con el sonido en la sangre. Danny Frati Celli es uno de ellos. Pero no se los digo como cliché sino como algo más profundo, es un músico de rock que entiende que la libertad no es un concepto abstracto, sino una frecuencia que se encuentra cuando uno se atreve a soltar el freno de mano y lanzarse al vacío al costo que sea.
Lo conocí anoche o mejor dicho lo entrevisté anoche, en una conversación que empezó como una charla sobre su música y terminó convirtiéndose en una reflexión sobre lo que significa realmente ser artista en un mundo que parece empeñado en domesticar el espíritu. Y sí, este artículo es, como deben ser los buenos perfiles, una crónica de ese encuentro y una reflexión sobre lo que encontré en esas preguntas.
Frati nació en San Juan, Puerto Rico hace algunos años, porque el dice que no tiene edad, que el tiempo es algo que no pasa, nació en una época donde la isla aún sonaba a Led Zeppelin, The Animals y otros que llegaba de los Estados Unidos. “Crecí escuchando rock en casa”, me dijo anoche, con esa voz que alterna entre la calma y la intensidad de quien ha encontrado su lugar en el mundo. “Mis padres me enseñaron que la música no era solo entretenimiento, era una forma de entender la vida”.
Para él la música no fue un camino fácil. En los años 90 el rock en Puerto Rico era un territorio en construcción y Danny comenzó su travesía con agrupaciones de amigos tocando covers e incluso su padre fue el primer productor de su primer concierto. Algo que lo marcó ya que por la recepción del público pensó que estaba en el camino correcto, era el primer paso hacia algo suyo, algo más personal, más honesto, porque su necesidad principal siempre ha sido la de tener un mensaje que dar..
Entre 2004 y 2009 se tomó un tiempo y en ese silencio, paradójicamente, encontró su voz. Se graduó como psicólogo, una profesión que, sospecho, le ha dado herramientas para entender la complejidad humana que luego vuelca en sus letras y así lanzó su primer trabajo como solista.
“La psicología me ayudó a entender que la música no es solo expresión, es también escucha”, decía mientras tomaba un trago en medio de la entrevista, solo uno porque tenía otras entrevistas temprano y esa responsabilidad para él es un mantra. “Aprender a escuchar a los demás y sobre todo a uno mismo, cambió por completo mi forma de componer”.
En 2025, Frati nos entregó Más Allá, un álbum que funciona como un viaje cronológico, una novela por entregas donde cada canción es un capítulo en la vida de un protagonista que decide cruzar sus propios límites.
“Quería hacer un álbum que se pudiera escuchar de principio a fin”, explicó Frati, “Un respiro entre la introspección y la euforia, una pausa luminosa dentro de una obra guiada por lo espiritual y lo íntimo”.
Y en ese viaje aparece “Hey, tú”, el sencillo que hoy suena en varias radios y medios independientes y que llegó al número uno en la emisora AzRock de Puerto Rico y que ha sido su carta de presentación en Colombia.

Con un riff que evoca el rock más clásico, “Hey, tú” es mucho más que una canción para escuchar solamente, s un llamado urgente a escapar de la rutina, una invitación a soltarlo todo y lanzarse al vacío.
El 13 de septiembre de 2025, el realizó su primera presentación en Colombia, en el marco de una gira que busca posicionar su propuesta en Suramérica en Dissonante Estudios. Y es que Frati no llegó a Bogotá solo a tocar sino a construir. Durante esa semana, participó en el Bogotá Music Market (BOmm) y visitó medios especializados como Oscura Radio TV, LAUD 90.4 FM, Radio UNAL y Libertadores Online.
Anoche, mientras hablábamos, entendí algo que me pareció genial, Frati no es solo un músico que hace rock sino una persona que vive intensamente con la creencia que la música es un vehículo de autorrealización y tiene claro que no debe depender de nada ni de nadie para conducirlo, la autogestión está siempre presente en todo lo que hace.
Y mientras escribo estas líneas, pienso en eso. En la valentía de empezar, en la libertad de lanzarse al mar sin saber si habrá olas o tormentas, en el rock como un eterno estado de búsqueda y eso conecta, porque muchos vivimos así o al menos tratamos de hacerlo.
Su canción “¿Dónde está el ayer?” es parte del compilado doble de Oscura Radio TV como invitado especial internacional en el disco. Los invito a escuchar su música, un artista que valora su libertad creativa y que ya no le tiene miedo al rock es digno de ser escuchado.
@felipeszarruk
Colombia
Rock al Parque anuncia fechas y cumple 30 años con la necesidad de saldar sus cuentas con el rock
Que bueno sería pensar que para la celebración de los 30 años de Rock al Parque, Idartes va a preparar una fiesta rockera real que honre al género en el país. Desde los años noventa hasta hoy, Colombia se ha convertido en una potencia mundial del Metal mientras el Rock sigue perdiendo terreno ante las “nuevas músicas colombianas” y la tropidelia. Sería genial pensar que lo que veremos es el retorno al rock y sus sonidos.
Lo que para Idartes es un anuncio de fechas, para la comunidad del rock nacional es un ultimátum histórico. La entidad ha confirmado que los próximos 10, 11 y 12 de octubre de 2026, el Parque Simón Bolívar recibirá la edición número 30 de Rock al Parque. Viéndolo de manera histórica, el festival más grande de la región no llega en su mejor momento de identidad, sino arrastrando una deuda profunda con el género que le da nombre.

Bajo el concepto oficial de “30 años, 30 ediciones, estremeciendo a Bogotá”, la dirección de Idartes pretende celebrar un hito, un hito que está más marcado por la ideología de contratistas y trabajadores de turno que tienen la idea que “la música es una” y siguen una agenda política que ha usado el festival tanto para vetar ideologías como el caso de “Gillman”, como para impulsar ideologías, entre ellas que la cumbia es el nuevo rock o que el vallenato de Celso Piña es “el rock de mi pueblo” o que los Gaiteros de San Jacinto son “rebeldes por naturaleza” etc. Entre muchas voces, sobre todo la nuestra, la denuncia ha sido sostenida, en los últimos 20 años, el festival ha sido de todo menos rock. La inclusión sistemática de propuestas de “tropidelia” y otros géneros que desdibujan la esencia del evento ha generado una crisis de representatividad que este aniversario está obligado a corregir, porque el cometido está logrado, ya en Colombia ni siquiera los músicos saben que es rock y eso en lugar de darnos identidad nos ha alejado aun más de la escena mundial.
Para la comunidad del rock y el Metal, celebrar 30 años no puede ser una sencilla fiesta de diversidad mal entendida sino la oportunidad imperativa de saldar las cuentas con el rock, el metal, el punk y el rock alternativo que fundaron las bases de este movimiento y que, edición tras edición, han sido desplazados por curadurías que parecen más interesadas en la tendencia tropical que en la fuerza del género.

El anuncio de María Claudia Parias, directora de Idartes, sobre las “miradas curatoriales” para 2026, pone el foco en una de las heridas más abiertas del festival, la idoneidad de quienes eligen las bandas. Subterránica ha sido enfática en exigir que para esta edición histórica debe haber una curaduría especializada, los encargados de la programación deben ser conocedores reales de la historia y técnica del rock, evitando que el festival termine convertido en una “verbena al parque” más. Se requiere claridad absoluta en los procesos de selección y en el manejo de los recursos públicos, garantizando que el presupuesto se invierta en traer leyendas y fortalecer a las bandas locales que sí representan el género, sin amiguismos ni sesgos ideológicos.
Tras años de denunciar la infiltración de ritmos ajenos, la expectativa para 2026 es que el cartel sea una declaración de principios. El rock bogotano no espera “experimentos sonoros” para sus 30 años; espera el regreso de la distorsión, la técnica y la altura internacional que perdió en las últimas dos décadas. Si bien el Idartes resalta el impacto económico y el derecho a la cultura, el sector del rock le recuerda a la institución que Rock al Parque es patrimonio vivo gracias a los músicos y al público que lo defendió cuando nadie creía en él, porque esto se les olvidó.
Llegar a las 30 ediciones es un logro de la ciudad, pero la verdadera celebración solo ocurrirá si Idartes entiende que el festival no le pertenece a la burocracia de turno, sino a una cultura que exige respeto. Bogotá ya tiene banda sonora para octubre de 2026 y la ciudadanía estará vigilante para que, por fin, esa banda sonora sea auténticamente Rock.
Fotos: Prensa Idartes.
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