Colombia
Los 10 momentos más importantes en la historia del rock colombiano.
El rock es un género musical que ha tenido presencia en Colombia desde mediados del siglo XX. El rock colombiano se ha caracterizado por su diversidad, su creatividad y su capacidad de fusionar el rock con otros ritmos y expresiones culturales del país. El rock colombiano también ha sido un medio de comunicación, de protesta y de resistencia de los jóvenes ante la situación social, política y económica de Colombia en diferentes épocas que ha tenido momentos de auge y de crisis, de éxito y de fracaso, de reconocimiento y de censura, pero siempre ha mantenido su esencia y su identidad. En este artículo, vamos a nombrar los 10 momentos más importantes del rock colombiano, que han marcado la historia y la memoria musical del país.
1. El concierto de Bill Haley y Los Cometas en Bogotá.

El rock and roll llegó a Colombia en 1957, de la mano de una película estadounidense que causó furor entre los jóvenes: “Semilla de Maldad”, que se proyectó en el cine Cid de Bogotá. La película, que retrataba la violencia y el desencanto de una generación rebelde, tenía como banda sonora el tema “Rock around the clock” de Bill Halley and his Comets, considerado uno de los primeros himnos del rock.
Cinco años después, el mismo Bill Halley y su banda pisaron por primera vez el escenario del Teatro Colombia, hoy Teatro Jorge Eliecer Gaitán, en diciembre de 1962. Fue la primera estrella internacional de rock and roll que se presentó en Bogotá, y su concierto marcó un hito en la historia musical y cultural de la ciudad.

Aunque el artista ya no estaba en la cima de su popularidad, su presencia en una ciudad conservadora y tradicionalista fue un signo de que Bogotá se abría al mundo y a las nuevas tendencias. El rock and roll empezó a competir con los géneros musicales dominantes, como la música clásica, el pasillo, el torbellino, el porro y la canción mexicana.
El concierto de Bill Halley fue una fiesta inolvidable para los jóvenes bogotanos, que se identificaron con el espíritu rocanrolero y se lanzaron a bailar en el foso del teatro, convirtiéndolo en una pista improvisada. Alvaro Díaz Manrique, integrante de la banda The Young Beats, recuerda así aquella noche: “Jovencitas y jovencitos que no nos conocíamos, esa noche estrechamos profundos lazos y bailamos durante todo el recital; otros, menos lanzados, los más mayores, llevaron el compás trepados en sus sillas. En cualquier caso, fue una fiesta que cambió nuestra forma de sentir la música: todavía está muy fresco en mi memoria el inicio del concierto cuando la banda se largó a tocar su éxito ‘Rock around the clock’ y nos apoderamos del foso del teatro, convirtiéndolo en un pandemónium. ¿Se alcanzan a imaginar eso? Era un sueño hecho realidad. O mejor, era estar dentro de un sueño en el que centenares de chicos y chicas adolescentes, al unísono, fuimos uno solo en medio de una danza tribal urbana, desenfadada y feliz”.
El rock and roll se instaló en Bogotá como una expresión de rebeldía, libertad y modernidad, y dio origen a una escena musical que se desarrollaría en los años siguientes, con bandas como Los Speakers, Los Flippers, Los Yetis y Los Ampex, entre otras. El concierto de Bill Halley fue el detonante de una revolución que cambiaría para siempre la vida cotidiana de la ciudad.
2. El nacimiento de la Nueva Ola en los años 60, con artistas como Harold, Óscar Golden, Los Flippers, Los Speakers y Los Yetis, que adaptaron el rock and roll y el beat a la realidad colombiana.

La Nueva Ola fue el término con el que se denominaba al grupo de músicos e intérpretes que adoptaron la influencia musical del rock and roll y el beat, provenientes de Estados Unidos y Europa, y los adaptaron a la realidad y el idioma de sus países1. La Nueva Ola se relacionó con otros movimientos artísticos como el beatnik y el pop art, que expresaban el descontento y la rebeldía de la juventud frente a la situación económica y social de la época2.
En Colombia, la Nueva Ola tuvo su auge entre 1963 y 1968, y se caracterizó por la diversidad de estilos y géneros que abarcó, desde el rock and roll, el twist, el surf, el soul, el bolero y la balada. Algunos de los artistas más representativos de la Nueva Ola colombiana fueron:
Harold Orozco: Fue uno de los pioneros de la Nueva Ola en Colombia, y se destacó por su voz potente y su carisma.
Óscar Golden: Se hizo famoso por sus interpretaciones de temas románticos y sentimentales.
Los Flippers: Fue una de las bandas más populares y exitosas de la Nueva Ola, y se especializó en el rock and roll y el surf. Sus integrantes eran jóvenes estudiantes que tocaban instrumentos eléctricos y cantaban en español e inglés.
Los Speakers: Fue otra de las bandas emblemáticas de la Nueva Ola, y se diferenció por su sonido más crudo y experimental, influenciado por el rock psicodélico y el garage. Sus miembros eran rebeldes y contestatarios, y sus letras reflejaban el inconformismo y la crítica social.
Los Yetis: Fue una banda que se formó en Medellín, y que se inspiró en el rock and roll y el beat de los Beatles y los Rolling Stones. Sus canciones eran alegres y divertidas, y trataban sobre el amor, la fiesta y la moda.
La Nueva Ola fue un fenómeno que marcó la historia del rock colombiano, y que dejó un legado de canciones, muchos artistas y estilos que influyeron en las generaciones posteriores.
3. El Festival de la vida en 1970.
El Festival de la Vida fue el primer festival de rock al aire libre y gratuito en Colombia, celebrado el 27 de junio de 1970 en el Parque Nacional de Bogotá. Fue organizado por Tania Moreno, una referente del hippismo nacional, y por Edgar Restrepo, Humberto Monroy y Roberto Fiorilli, dueños de Zodiaco Discos y miembros de Siglo Cero, la banda cabeza de cartel. El festival reunió a seis bandas de rock progresivo y psicodélico, que eran pioneras en el género en el país, y a más de 15.000 personas, que disfrutaron de un día de música, paz y naturaleza. El festival fue inspirado por el famoso festival de Woodstock de 1969 en Estados Unidos, y fue un hito para la cultura rock en Colombia, ya que mostró la creatividad, la diversidad y el talento de los músicos locales, así como el espíritu rebelde y contestatario de una generación que buscaba transformar la sociedad.

Se realizó el sábado 27 de junio de 1970 en el Parque Nacional de Bogotá, con un presupuesto de solo $10.000 pesos. Fue el primer festival de rock al aire libre y gratuito en Colombia, inspirado por el famoso festival de Woodstock de 1969 en Estados Unidos12. El objetivo del festival era promover la paz, el amor y la conciencia social entre la juventud, en contraste con la violencia y el conflicto que se vivía en el país y el mundo.
El festival contó con la participación de seis bandas de rock progresivo y psicodélico, que eran pioneras en el género en Colombia. Estas bandas fueron: Aeda, Terrón de Sueños, La Caja de Pandora, Siglo Cero, Los Yetis y Los Impala (estos últimos provenientes de Venezuela)123. El festival atrajo a más de 15.000 personas, que disfrutaron de seis horas de música en vivo, baile, arte y convivencia.

El Festival de la Vida fue un hito para la cultura rock en Colombia, ya que mostró la creatividad, la diversidad y el talento de los músicos locales, así como el espíritu rebelde y contestatario de una generación que buscaba transformar la sociedad. El festival también fue el precursor de otros eventos similares, como el Festival Rock en las Montañas, que se realizó en agosto de 1970 en el mismo lugar.
4. El Festival de Ancón en Antioquia.
El Festival de Ancón se realizó entre el 18 y el 20 de junio de 1971, fue un evento que desafió las normas tradicionales y congregó a miles de hippies en torno a la música estridente, marcó un hito en la historia de la juventud medellinense y en el desarrollo del rock en Colombia. Organizado por Gonzalo Caro Maya, conocido como Carolo, a la edad de 22 años, el festival tuvo lugar en el Parque Ancón Sur, al sur de Medellín, cincuenta años atrás.
Carolo, junto con colaboradores como Édgar Restrepo Caro, Humberto Caballero, y Álvaro Díaz, logró convencer al alcalde de Medellín, Álvaro Villegas Moreno, de la viabilidad del evento, a pesar de la resistencia de sectores conservadores. El lugar elegido, Ancón, fue seleccionado por sus hongos alucinógenos y se convirtió en escenario de tres días de lluvia, barro, humo dulzón, amor y peripecias absurdas.

Aunque enfrentaron críticas y oposición, Carolo y su equipo organizaron el festival bajo marcos legales, con Villegas autorizando el evento. Sin embargo, la destitución del alcalde fue impulsada por el sacerdote Fernando Gómez, quien lo acusó de permitir la invasión de “vagos y degenerados”. A pesar de los contratiempos, el festival se llevó a cabo con la participación de diversas bandas y solistas de Cali, Bogotá y Medellín.
La Gran Sociedad del Estado inauguró el evento bajo un aguacero, mientras la prensa nacional, encabezada por Gloria Valencia, cubría el acontecimiento. Aunque se intentó documentar el festival en fotografías y video, varios contratiempos, incluyendo un intento de incendio de material gráfico, resultaron en una escasa memoria visual y sonora del evento.
Con la asistencia de alrededor de 200 mil personas en tres días, el festival dejó pérdidas económicas, pero su impacto artístico fue destacado. El Pingüino Rojo, el único puesto de comida que operó durante todo el evento, se convirtió, al final, en un acto de caridad al aceptar marihuana como parte de pago de clientes sin dinero.
Tantas décadas después, el Festival de Ancón sigue siendo recordado como un punto de quiebre en la historia cultural de Medellín y como uno de los eventos cruciales en la evolución del rock en Colombia conocido como “El Woodstock Colombiano”.
5.Los primeros grandes conciertos en Bogotá: Carlos Santana y James Brown.

Es bien dificil hallar soporte documental del concierto de Santana en Bogotá pero sí sucedió. No como los hippies lo esperaban al estilo que se presentó en Woodstock, sino que lo hizo elegante vestido de blanco y muy espiritual según recuerda Willie Vergara. Santana se presentó en el Coliseo El Campín el 2 de octubre de 1973, como parte de su gira mundial. Fue uno de los primeros eventos grandes que se hicieron en el recién remodelado coliseo, y contó con la asistencia de más de 10.000 personas. Santana tocó algunos de sus éxitos como “Black Magic Woman”, “Oye Como Va” y “Samba Pa Ti”, e hizo una improvisación de más de 20 minutos con el grupo colombiano Génesis. El concierto fue un éxito y dejó una huella en la historia musical de Bogotá.
El Periódico El Tiempo recuerda:
El 10 de octubre de 1973 Santana apareció en la mitad del escenario del Coliseo El Campín envuelto en una nube de incienso para bendecir al público y pedirle con insistencia que se convirtiera en el espíritu de Dios: “Elevémonos juntos y unamos nuestras fuerzas positivas para que reine el amor… Y ahora sí estamos listos¡Arranquemos!”
Mientras tanto, afuera, cerca de 10 mil personas armaban el desorden y 54 de ellas resultaban detenidas por volcar e incendiar el automóvil de la embajada de Estados Unidos. Mientras Santana repartía bendiciones a 15 mil espectadores, afuera repartían bolillo.

Unos meses atrás ya se había presentado su majestad James Brown en el mismo coliseo que hoy es el Movistar Arena, fue otro evento memorable que tuvo lugar en el mismo año que el de Santana. Según una fuente, James Brown llegó a Bogotá el 28 de agosto y fue recibido por unos 200 fanáticos en el aeropuerto. Ese mismo día, ofreció un espectáculo impresionante en el coliseo, donde cantó algunos de sus clásicos como “Please, Please, Please”, “I Got You (I Feel Good)” y “Papa’s Got a Brand New Bag”. También hizo su famosa “muerte” teatral en escena, cubriéndose con una capa negra y luego levantándose para seguir cantando. El concierto fue presenciado por unas 15 mil personas, que quedaron fascinadas por la energía y el talento del “Padrino del Soul”.
6. El nacimiento del movimiento del Ultra Metal y el Punk en Medellín en los años ochenta como respuesta a la violencia y al caos social que se vivía en el país.

El ultra metal y el punk en Medellín fueron movimientos musicales que surgieron en los años 80 como una forma de expresar el descontento, la rebeldía y la resistencia de los jóvenes ante la situación de violencia y criminalidad que vivían en la ciudad. Influenciados por bandas extranjeras como Metallica, Slayer, Venom y Sex Pistols, los grupos locales crearon un sonido crudo, caótico y agresivo que reflejaba la realidad marginal y el no futuro que les esperaba. Algunas de las bandas más representativas del ultra metal fueron Parabellum, Reencarnación, Blasfemia y Mierda, mientras que del punk se destacaron Mutantex, I.R.A., Pestes y Fértil Miseria. Estas bandas se dieron a conocer a través del intercambio de cassettes, las presentaciones en vivo y el boca a boca, ya que no contaban con el apoyo de los medios de comunicación ni de la industria musical. Su música también llamó la atención de algunos directores de cine que quisieron plasmar en la pantalla la cultura y el estilo de vida de estos jóvenes.
Uno de ellos fue Víctor Gaviria, quien en 1990 estrenó la película Rodrigo D no futuro, un drama social que narra la historia de Rodrigo, un adolescente que sueña con ser baterista de una banda de punk, pero que se ve atrapado por la violencia y la pobreza de su barrio. La película fue una de las primeras en mostrar la realidad de los sicarios, los narcos y los jóvenes marginales de Medellín, y también en darle protagonismo a la música punk y metal como una forma de expresión y resistencia. La banda sonora de la película incluyó canciones de bandas como Mutantex, Pestes, Blasfemia, Reencarnación y Ekrion, y se convirtió en un clásico del rock subterráneo colombiano. La película y su banda sonora fueron reconocida internacionalmente y tuvieron una gran influencia en el desarrollo del rock nacional y en la visibilización de la problemática social de Medellín.

Aparte, La relación entre Mayhem y el ultrametal de Medellín es una de las leyendas más interesantes del metal extremo. Según algunos testimonios, la banda noruega de black metal se inspiró en el sonido crudo, caótico y violento de bandas colombianas como Parabellum y Reencarnación, que habían creado el subgénero del ultrametal a mediados de los años 80. El contacto entre estas bandas se habría dado a través del intercambio de cassettes por correo postal, una práctica común entre los metaleros underground de la época. Así, Mayhem habría escuchado las grabaciones de Parabellum y Reencarnación, y habría quedado impresionado por la atmósfera sucia y agresiva que reflejaba la realidad marginal y violenta de Medellín. Esto habría influido en el estilo musical y estético de Mayhem, que se caracterizó por ser uno de los más radicales y polémicos del black metal, con letras sobre satanismo, muerte y nihilismo, y con actos como el suicidio de su vocalista Dead, el asesinato de su guitarrista Euronymous y la quema de iglesias. Sin embargo, esta relación entre Mayhem y el ultrametal de Medellín no está del todo confirmada, y hay quienes la consideran solo un mito o una exageración. Lo cierto es que tanto el ultrametal como el black metal noruego fueron movimientos musicales que surgieron en contextos de crisis social y que expresaron su rebeldía y resistencia a través de un sonido extremo y una estética oscura.
7. El Primer Concierto de Conciertos en Bogotá en medio del movimiento del “Rock en Español”.
El Primer Concierto de Conciertos en Bogotá fue el primer evento masivo de música en el Estadio El Campín que se realizó el 17 y 18 de septiembre de 1988, con la participación de artistas nacionales e internacionales de rock en español. Fue organizado por Fernando Pava Camelo, director de la emisora Super Stereo 88.9, con el apoyo de Felipe Santos, Armín Torres, Julio Correal, Coca-Cola y la Alcaldía de Bogotá.

El concierto fue un hito para el rock colombiano, ya que fue uno de los primeros y más grandes espectáculos de este género en el país y reunió a más de 70.000 personas que disfrutaron de la música de bandas como Soda Stereo, Los Prisioneros, Los Toreros Muertos, Miguel Mateos, Franco de Vita, Yordano, Compañía Ilimitada y Pasaporte, entre otras. El concierto también fue una muestra de la diversidad y la creatividad de la cultura juvenil de la época, que expresaba su rebeldía, su identidad y su resistencia ante la situación de violencia y crisis social que vivía el país.

El concierto tuvo algunos problemas, como la oposición de los periodistas deportivos que temían por el daño al estadio, la lluvia que afectó el sonido, pequeños disturbios que se presentaron afuera, la falta de preparación de los técnicos de audio, el mal sonido y las críticas de algunos sectores que consideraban que el rock era una música extranjera y decadente. Sin embargo, el concierto también tuvo muchos logros, como la difusión y el reconocimiento del rock en español en Colombia, el intercambio y la integración de los artistas de diferentes países, la visibilización y la reivindicación de los jóvenes como actores sociales y culturales, y la creación de un referente histórico y simbólico para el rock nacional. El concierto de conciertos fue, sin duda, uno de los momentos más importantes para el rock colombiano, y se convirtió en un ícono de la memoria musical y colectiva del país.
8. 1992: Cuando sacaron a bala a David Gilmour de Cali porque a los traquetos no les gustaba el Rock y en Bogotá cayó la November Rain que dejó al campín y al país sin conciertos por casi una década.

David Gilmour, el legendario guitarrista de Pink Floyd, fue invitado por Chucho Merchán, un músico colombiano que había trabajado con él en Inglaterra, para participar en un concierto ecológico llamado Ecomundo 92. El concierto se realizó el 4 de diciembre de 1992 en el Estadio Pascual Guerrero, y también contó con la presencia de Roger Daltrey, el vocalista de The Who, y Phil Manzanera, el guitarrista de Roxy Music. Pero el concierto fue un fracaso, ya que tuvo muchos problemas de organización, sonido, seguridad y público.

Según algunas fuentes, el concierto fue boicoteado por el Cartel de los Rodríguez Orejuela que controlaba la ciudad y que no toleraba el rock ni a los jóvenes que lo escuchaban. Al parecer, los narcos amenazaron a los organizadores y a los artistas y enviaron sicarios al estadio para intimidar y disparar al aire. También se dice que hubo disturbios y enfrentamientos entre la policía y los asistentes, que no superaron las 10.000 personas. El concierto terminó antes de lo previsto, y los artistas tuvieron que salir escoltados del estadio y del país. David Gilmour y los demás se sintieron decepcionados y asustados por la experiencia y juraron nunca más volver a Colombia (Gilmour si lo hizo). El concierto de Ecomundo 92 fue uno de los episodios más tristes y vergonzosos de la historia del rock colombiano pero también demostró la tenacidad y el alma de Chucho Merchán y de su amor por el rock y hasta donde puede llegar un ser humano por esta pasión.
Mientras tanto el 30 de noviembre en Bogota tocaba Guns and Roses en el Estadio El Campín, como parte de su gira mundial Use Your Illusion. Fue uno de los primeros y más grandes conciertos de rock que se hicieron en Colombia, pero también fue uno de los más problemáticos y polémicos. El concierto tuvo muchos inconvenientes, como la cancelación de uno de los dos shows que estaban programados, por el retraso de los equipos que venían de Venezuela, donde hubo un intento de golpe de Estado. Esto generó la molestia de algunos fanáticos que no pudieron entrar al único concierto que se realizó, y que iniciaron una serie de disturbios y enfrentamientos con la policía a las afueras del estadio. El concierto también tuvo fallas de organización, sonido, seguridad y público, y no cumplió con las expectativas de los asistentes, que esperaban escuchar algunos de los éxitos de la banda, como “Sweet Child O’ Mine” y “Knockin’ on Heaven’s Door”, que no fueron tocados. El momento más emotivo del concierto fue cuando la banda interpretó “November Rain”, y coincidió con una fuerte lluvia que cayó sobre el estadio. El público cantó y se mojó junto a la banda, que tuvo que salir del escenario por el riesgo de electrocución y el concierto terminó antes de lo previsto, y los artistas tuvieron que salir escoltados del estadio y del país. El concierto de Guns and Roses en Bogotá fue un fracaso y dejó una mala imagen del rock colombiano entre los sectores más mojigatos de la sociedad que presionaron para que se prohibieran los conciertos en El Campín. El directo afectado fue el italiano Eros Ramazzoti quien terminó tocando en un potrero improvisado. Después de esto hubo pocos conciertos internacionales en mucho tiempo en el país.
9. El Primer Rock al Parque.
Rock al Parque se realizó en Bogotá por primera vez en 1995 y se convirtió inmediatamente en una bandera de la ciudad. El festival nació como una iniciativa de Mario Duarte, vocalista de la banda La Derecha, Julio Correal, productor musical, y Berta Quintero, subdirectora de fomento del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, con el objetivo de promover el rock nacional y de crear un espacio de convivencia y tolerancia para los jóvenes de la ciudad. El primer Rock al Parque se realizó del 26 al 29 de mayo de 1995 en diferentes escenarios como la Media Torta, el Parque Simón Bolívar, el Estadio Olaya Herrera y la Plaza de Toros La Santa María. Contó con la participación de 43 bandas colombianas, como Aterciopelados, 1280 Almas, Morfonia y Catedral, y dos invitados internacionales, Fobia de México y Seguridad Social de España. El festival fue un éxito y reunió a más de 70.000 personas, que disfrutaron de la diversidad y la creatividad del rock en español. El primer Rock al Parque significó un hito para el rock colombiano ya que fue el primer y más grande evento de este género en el país, y dio a conocer a muchas bandas locales que luego se consolidarían en la escena nacional e internacional.

También fue una muestra de la cultura y el estilo de vida de los jóvenes de la época, que expresaban su rebeldía, su identidad y su resistencia ante la situación de violencia y crisis social que vivía el país. Lamentablemente con el tiempo este festival se sumió en la corrupción y la deshonestidad, pero no se puede desconocer su importancia en la escena del rock y el metal colombiano.
Una de las características del primer Rock al Parque y que explica mucho de lo que fueron las bandas que se consolidaron en la escena, fue que la mayoría de las bandas que se presentaron venían de la escuela Tejedores de Sociedad, un programa del Instituto Distrital de Cultura y Turismo que buscaba formar a los jóvenes de los sectores populares de la ciudad en la música, el arte y la cultura. La escuela Tejedores de Sociedad ofrecía talleres de técnica de guitarra, teoría musical, armonía, jazz, historia de la música colombiana e investigaciones sobre músicas indígenas, entre otros. Algunos de los profesores de la escuela eran músicos reconocidos, como Teto Ocampo, Humberto Monroy y Chucho Merchán. La escuela Tejedores de Sociedad fue una plataforma para que muchas bandas emergentes pudieran mostrar su talento y su propuesta musical, y también para que se generara un intercambio y una integración entre los músicos de diferentes regiones y estilos. La escuela Tejedores de Sociedad fue un factor clave para el desarrollo y la consolidación del rock colombiano, y para el éxito del primer Rock al Parque.
10. La consolidación del rock alternativo y fusión en los años 90 que revivió el rock a gran escala en Colombia.

El rock alternativo y fusión en los años 90 en Bogotá y Medellín fue una enorme escena musical que se caracterizó por la diversidad, la creatividad y la innovación de las bandas que mezclaron el rock con otros géneros como el pop, el funk, el reggae, el rap, el ska, el metal y la música folclórica. Algunas de las bandas más representativas de esta escena fueron Aterciopelados, 1280 Almas, La Pestilencia, Estados Alterados, Ekhymosis, Kraken, Morfonia, La Derecha, Catedral, I.R.A., Los Aterciopelados, entre otras. Estas bandas lograron una gran popularidad y reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional, y expresaron a través de sus letras y su música la realidad social, política y cultural de Colombia en una época marcada por la violencia, el narcotráfico y la crisis. El rock alternativo y fusión en los años 90 en Bogotá y Medellín fue una de las escenas más importantes y vibrantes de la historia del rock colombiano.
El primer video en MTV de una banda colombiana fue el de Estados Alterados y el primer Grammy para el rock colombiano fue el de Aterciopelados, estos logros hacían soñar con que Colombia por fín iba a estar en el radar del mundo como lo hacía México o Argentina. Algunas disqueras se aventuraron con los discos como MTM o BMG con su sello Culebra. Lastimosamente esta escena murió con el rock en 1999 junto a los disturbios de Woodstock y todo el movimiento pop que fue reemplazándolo. Subterránica retrató esta década en el libro “Cuando las calles eran de hierro” de Szarruk.
Estos son diez momentos que marcaron esta pequeña historia de nuestro rock que no es tan nutrida como la de otros países pero que sí tienen alma y han sido importantes. De seguro hay muchos más pero estos son los vitales. Cuando el nuevo siglo comenzó el rock decayó, fue lentamente reemplazado por las modernizaciones y folclorizaciones, se dio un conato de resurgimiento con dos movimientos muy fugaces: el new metal y el neo punk, pero no alcanzaron a durar mucho tiempo. Hoy en día el rock lucha por mantener su nicho y está casi extinto en Colombia en donde el Metal aprovechó y ha venido a reemplazar todos los espacios que el rock tenía consolidándose como una de las escenas actuales más importantes…y por supuesto la llegada de Subterránica al país en 2005 que es lo que nos trae acá en este momento… larga vida al rock colombiano.
Colombia
Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?
Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.
Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas
Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.
El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.
El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.
Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.
Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.
Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.
Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM
Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.
Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.
Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?
Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.
La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.
La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.
Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia
100% de la asistencia
$561.020.000
561.020 asistencias pagando $1.000 cada una
90% de la asistencia
$504.918.000
504.918 asistencias pagando $1.000 cada una
75% de la asistencia
$420.765.000
420.765 asistencias pagando $1.000 cada una
50% de la asistencia
$280.510.000
280.510 asistencias pagando $1.000 cada una
25% de la asistencia
$140.255.000
140.255 asistencias pagando $1.000 cada una
Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.
Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.
Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?
La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.
Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?
Colombia
Cuatro bandas independientes se toman Bogotá con una noche de rock sin etiquetas presentes en Ruido Capital
El próximo viernes 23 de octubre de 2026, la escena independiente de Bogotá tiene una cita ineludible en Rockxy Bar, ubicado en la calle 65 #13-15, en el corazón de Chapinero. Bajo el nombre Ruido Capital, cuatro propuestas musicales de identidades radicalmente distintas compartirán un mismo escenario con una sola consigna: demostrar que el rock bogotano sigue siendo un territorio abierto, incómodo y difícil de encasillar. La jornada arrancará a las 7:30 p. m. con una entrada de $25.000 COP, en un espacio que se ha consolidado como uno de los puntos de encuentro más importantes para la música en vivo de la ciudad, con capacidad para 120 personas y una reputación ganada a pulso entre músicos y público que buscan algo más que una noche de covers.
El Pez Capitán, 6 de Bastos, Radio de Monos y El Pregón del Mudo son los encargados de darle forma a esta descarga sonora. Cada uno llega con una historia y una búsqueda particular. Radio de Monos, por ejemplo, se ha convertido en una de las propuestas más provocadoras del metal alternativo bogotano. La banda, que se consolidó en 2021, construyó su identidad a partir de una mezcla de punk, metal y electrónica que ellos mismos describen como una descarga de caos y energía. Su más reciente sencillo, Soy el Mal, es una pieza que combina riffs pesados, secuencias electrónicas y una estética visual cargada de pintura fluorescente y luces UV, un sello que han perfeccionado en tres años de presentaciones en vivo. Diego, su vocalista y fundador, ha contado que el nombre de la banda nació de una escena casi cinematográfica, cuando vio un programa de televisión donde un personaje escuchaba las voces de los monos mientras en la radio sonaba una noticia trágica. Primero fue la canción, luego el nombre, y de ahí en adelante todo fue construcción de una identidad que no quiere sonar igual a nadie más.
El Pregón del Mudo llega con una propuesta que bebe del rock, el punk y los sonidos propios de Colombia, con la cumbia como uno de sus pilares. La banda nació en 2019 del reencuentro de un grupo de amigos con trayectoria musical, y desde entonces ha construido un repertorio que se alimenta de las situaciones inverosímiles que aparecen en los titulares del país. Canciones como ¿Miedo o empanada?, Tu mamá tiene bigote o El Putas de Aguadas hacen parte de su primer disco, Antipatría, una producción que mezcla la agenda nacional con ritmos de la región y el toque rockero y punkero que los caracteriza. Santiago Garcés, guitarrista de la banda, ha explicado que el nombre surgió de la necesidad de ser la vocería de toda esa gente callada, silenciada o que sencillamente no quiere hablar en el país. Antes se llamaban Ñoñe, pero el nombre les trajo problemas en redes y plataformas digitales, y decidieron cambiarlo por uno que reflejara mejor el rumbo que estaba tomando el proyecto. La banda está conformada por Daniel Bernal en la batería, Jhon Tato Cortés en el bajo, Santiago Garcés en la guitarra y Luis Javier Uribe en la voz, y su música ha ido creciendo al ritmo del público que los ha visto en bares y festivales de Bogotá.
El Pez Capitán y 6 de Bastos completan el cartel de Ruido Capital, dos nombres que hacen parte de esa red de bandas que sostienen la escena independiente de la ciudad con presentaciones constantes y una búsqueda sonora que no se detiene. Rockxy Bar, el lugar elegido para la cita, es un espacio que se ha posicionado rápidamente en la zona de Chapinero gracias a su buen sonido y a una programación periódica de música en vivo que incluye rock, metal y alternativo. Los asistentes destacan la acústica del lugar, la comodidad del espacio y la facilidad de acceso desde la estación de Transmilenio Calle 63, aunque algunos también señalan que el servicio puede ser lento y que las bebidas tienen precios elevados.
Ruido Capital no es solo un concierto. Es una apuesta por la diversidad sonora y por el poder de la música en directo en una ciudad donde la escena independiente sigue resistiendo a punta de guitarras, distorsión y actitud. Cuatro bandas, cuatro universos, una sola noche. La cita es el viernes 23 de octubre de 2026 a las 7:30 p. m. en Rockxy Bar, calle 65 #13-15, Bogotá. La entrada cuesta $25.000 COP. Cuatro bandas. Una noche. Ruido Capital.
Colombia
“Noir” el lado más íntimo y oscuro de Hijos del Viento
Hijos del Viento anuncia Noir, el tercer adelanto de su nuevo álbum “Insurgente”, que verá la luz el próximo 30 de octubre. El sencillo, que se estrena oficialmente el 17 de octubre, marca un giro hacia un territorio más íntimo y oscuro dentro de la propuesta de la banda bogotana, explorando la depresión, el aislamiento y la pérdida de identidad desde una estética inspirada en el cine negro. Según la propia agrupación, Noir habla de ese momento en que la depresión deja de sentirse como tristeza y empieza a sentirse como desaparecer, una idea que atraviesa tanto la lírica como la atmósfera sonora del tema. Musicalmente, el corte mantiene la dirección moderna y progresiva que Hijos del Viento viene construyendo, combinando metal moderno, atmósferas densas, melodía y peso en una mezcla que ellos mismos describen como power metalcore hecho en Bogotá.

El estreno de Noir será la misma noche del 17 de octubre, Hijos del Viento lanzará su álbum en vivo con un show de lanzamiento en La Sucursal, en Bogotá, donde presentarán por primera vez el material de su nuevo álbum completo. La banda, conformada por Sebastián Pascagaza en voces, Juan Pablo Carrillo en guitarra, Nicolás Jaime en bajo y Nicolás Gómez en batería, llega a este lanzamiento con un recorrido sólido que incluye haber abierto para Stryper en Bogotá, una participación en un evento masivo en Ciudad de México en 2026 con cerca de cien mil asistentes, su competencia en Wacken Metal Battle Colombia 2027 en Bogotá y el reconocimiento como Mejor Metal Mainstream en los Monster Music Award 2025.
“Insurgente” llegará completo el 30 de octubre y promete consolidar la evolución de la banda hacia un sonido más personal y ambicioso.
-
Colombia5 meses agoMúsico de la agrupación Hades se debate entre la vida y la muerte por presunta negligencia de Capital Salud en hospital de Engativá en Bogotá.
-
Colombia6 meses agoEstos son los ganadores de los Premios Subterránica Colombia en su edición XVII
-
Colombia6 meses agoTreinta Años de oscuridad: Luciferian y el nacimiento del lamento negro
-
Colombia5 días agoAun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
-
Colombia2 meses agoSin burocracia, sin demora, sin excusas, Medellín organizó en 48 horas lo que las instituciones no pudieron. Rockaton 2026, el poder del rock.
-
Colombia6 meses agoLa banda colombiana de Metal Hijos del Viento debutó en México frente a 100.000 personas en la Marcha para Jesús 2026
-
Colombia6 meses agoRock al Parque inicia la celebración de sus 30 años declarándose los salvadores del género que destruyeron y anunciando un museo igual al del que se burlaron
-
Colombia6 meses agoLos sepultureros del Rock: Critican concursos, premios y festivales y aplauden la corrupción mientras entierran el rock con su lengua. Radiografía del Rock Colombiano.

