Colombia
Ajiaco de langosta: cuando la confianza y la creatividad se convierten en enemigos de las artes por la falta de educación.
Estaba leyendo sobre una pequeña polémica que se dio en torno al “Ajiaco de Langosta”, un plato creación del Chef Fernando Arévalo con el que quería “darle otro toque” a la famosa receta Colombia. A la Chef Leonor Espinoza no le gustó para nada y aseguró que atentaba contra la tradición del plato típico. ¿Quién tiene la razón? ¿El sofisticado Chef visionario o la purista de la tradición? Que dilema el de las artes hoy en tiempo de la corrección política en donde todo vale y las artes son despreciadas y manipuladas solamente porque las personas piensan que “todo vale” o “todo es subjetivo”.
Las artes son una forma de expresión humana que abarca diversas manifestaciones estéticas, desde la pintura y la escultura hasta la literatura y la música. Sin embargo, a pesar de su valor cultural, histórico y social, las artes no suelen ser respetadas por las personas en general, hablan de ellas como si todos dominaran el conocimiento en esas áreas desde el momento en que nacen, cosa que no sucede con las matemáticas, el derecho o la medicina, disciplinas sobre las que uno no ve por ahí a todo el mundo opinando. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Qué factores influyen en la falta de respeto por las artes y en la proliferación de ideas empíricas que se defienden con vehemencia? ¿Qué necesidad tienen las personas de querer creer que dominan áreas que nunca han estudiado solo porque se prestan para análisis abiertos? Pareciera que si algo no es 2+2=4 entonces no existe.
Una posible explicación es que las artes son percibidas como algo subjetivo, relativo y dependiente del gusto personal, mientras que las ciencias son vistas como algo objetivo, universal y basado en la razón. Esta dicotomía entre lo subjetivo y lo objetivo se remonta a la Ilustración, el movimiento intelectual que exaltó la ciencia y la razón como fuentes de conocimiento y progreso, frente a la religión y la tradición. La Ilustración también estableció una jerarquía entre las artes y las ciencias, otorgando mayor prestigio y utilidad a estas últimas. Así, las artes quedaron relegadas a un plano secundario, como meros adornos o entretenimientos y este tipo de pensamiento se mantiene hasta hoy en día.
Otra posible explicación es que las artes son más accesibles y cercanas al público que las ciencias, lo que genera una falsa sensación de familiaridad y competencia, como cualquiera accede a la música, al cine, al teatro entonces claro, cualquiera puede hablar y dar su punto de vista y proclamarlo como verídico, cualquiera puede ver una obra de arte, leer un libro o escuchar una canción, pero no cualquiera puede resolver una ecuación, interpretar una ley o diagnosticar una enfermedad. Esto hace que las personas se sientan con más derecho a opinar sobre las artes que sobre las ciencias, sin tener en cuenta los criterios técnicos, históricos o estéticos que rigen cada disciplina artística, y para completar, las personas tienden a proyectar sus propias emociones, experiencias y valores en las obras de arte, lo que los lleva a defender sus opiniones con pasión e incluso con agresividad.
Y aun entendiendo todo lo anterior, estas explicaciones no son suficientes para entender la complejidad del fenómeno, hay que tener en cuenta también otras variables, como el contexto social, cultural y político en el que se producen y se consumen las obras de arte; el papel de los medios de comunicación y de las industrias culturales en la difusión y la valoración de estas; el grado de educación artística y de sensibilidad estética de los individuos; o la diversidad de teorías del arte que existen y que ofrecen diferentes perspectivas para analizar e interpretar el hecho artístico.
Hablemos de algunos hechos puntuales que ilustran este pensamiento, en el caso de la música el cuál es mi área de estudio:
El vallenato es un género musical tradicional de la región del Magdalena Grande, en el norte de Colombia, que se caracteriza por el uso del acordeón, la caja y la guacharaca, y por sus letras que narran historias de amor, desamor, alegría y tristeza, también una forma de comunicación oral que transmite la cultura, la identidad y los valores de las comunidades campesinas y urbanas que lo practican.
En 2015, la Unesco declaró al vallenato como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, reconociendo su importancia como expresión artística y social que contribuye a la cohesión y la diversidad cultural. Según la Unesco, el vallenato está en necesidad de salvaguardia urgente debido a las amenazas que enfrenta su viabilidad, como el conflicto armado, el narcotráfico, el desplazamiento forzado y la pérdida de espacios públicos para su interpretación.
Pero ¿para qué sirve que el vallenato sea patrimonio inmaterial de la humanidad? ¿Qué beneficios tiene esta declaración para el género musical y para las personas que lo cultivan? ¿Qué responsabilidades implica para el Estado y la sociedad civil?
Según los expertos la declaración de la Unesco tiene varios efectos positivos para el vallenato, entre ellos que le otorga un reconocimiento internacional y una visibilidad que puede favorecer su difusión y su valoración en otros contextos culturales o que le brinda una protección legal y moral que puede servir para prevenir o denunciar situaciones que atenten contra su integridad o su autenticidad entre otras cosas, pero entonces si vemos que nadie hace o dice nada cunado en el Festival Vallenato quieren contratar a Bad Bunny pensando más en la comercialización del evento que en salvaguardar el género protegido por la Unesco precisamente por los peligros que cosas así representan, nos damos cuenta que vivimos en un país de hipócritas en donde a pesar de que lo digan constantemente las artes no interesan sino el dinero, somos prostitutas artísticas, meros entretenedores, mercenarios de las artes.
Lo mismo sucede con varios festivales de los cuales hemos hablado cientos de veces como Rock al Parque, pero que parece que el nivel de pensamiento crítico de Colombia no ha sido capaz de entender. Cada vez que se hace una crítica al festival por el detrimento del género o la corrupción comprobada los músicos y personas piensan que se etá criticando la parte músical lo cuál los ha hecho pensar que defender que la cumbia eléctrica es igual que el rock, que representan lo mismo y alterados e inocentes se vuelven cómplices de la corrupción.
En 2013, Rock al Parque fue declarado patrimonio cultural de Bogotá por el Concejo Distrital, reconociendo su importancia como espacio de expresión artística, convivencia ciudadana y diversidad cultural. Según el acuerdo que lo declaró como tal, Rock al Parque debe garantizar la participación de las bandas locales, la calidad artística de las bandas invitadas, la inclusión de géneros afines al rock y la promoción de valores como la tolerancia, el respeto y la solidaridad pero esto señores, sencillamente no sucede, en este país nadie respeta el rock e incluso los ignorantes ahora llaman “la policía del Metal” a quienes puedan diferenciar un pasodoble de un punk, tal estupidez sería como llamar “la policía de las matemáticas” a una profesor que diga que 2+2 no puede ser 7 y no es una falacia de falsa equivalencia, es lo mismo, pero lo científico sí suena absurdo precisamente porque nadie respeta a las artes.
Y sucede en todas las prácticas, en la pintura, la escultura, el dibujo, la fotografía, el cine, que son artes que requieren de una técnica, de una estética y de una creatividad que las distinguen de otras formas de comunicación visual, hacer una película no es comprar una cámara y ya, montar una obra de teatro no es recitar un texto aprendido, que falta de educación la que hay en la gran mayoría sobre el tema.
El problema es que este fenómeno podría poner en riesgo la calidad y el valor de las artes, el empirismo es una actitud o una práctica que se basa en la experiencia personal y en la observación directa de la realidad, sin tener en cuenta los conocimientos teóricos o los criterios artísticos que rigen cada disciplina que puede ser visto como una forma de aprendizaje autodidacta, de experimentación libre o de expresión espontánea, pero también puede ser visto como una forma de ignorancia, de improvisación o de banalización y precisamente la sublimación de este empirismo en Colombia y en otros países en donde han hecho creer que “cualquiera es artista” el que ha generado conflictos o tensiones entre los diferentes actores involucrados en las artes como los artistas, los críticos, los curadores y los espectadores, por cuestiones de autoría, propiedad intelectual o representatividad, precisamente el darle poder a empíricos sin suficiente educación ha destruido nuestra cultura y nuestra políticas culturales, piense si lo hiciéramos con los médicos o los abogados, piensen en que cualquiera pudiera operarnos un tumor o defendernos en un juicio solo porque cree que lo puede hacer.
Tenemos que comenzar a demandar y exigir respeto por las artes, así como se exige por la política o por la responsabilidad de la información, el público y la población en general debe aprender a callar cuando no tenga la suficiente capacidad para abordar un tema y dejar de ser gestores de odio y de ignorancia. Esto no quiere decir que no se pueda dar una opinión sobre cualquier cosa, pero las personas también tienen que entender que la opinión es sencillamente eso, una opinión, un punto de vista personal que no tiene que ser impuesto como lo han hecho a punta de vetos, irrespetos e insultos a los ciudadanos. El problema no son las artes sino la mediocridad de las personas en ellas que están buscando como saquear dineros sin importarle ni siquiera un poco las prácticas artísticas.
Para terminar me gustaría recordar que un juez de la república de Colombia, rechazó una tutela para congelar o replantear el Festival Rock al Parque, después de que la controlaría de la república demostrara toda su corrupción en dos visitas fiscales que se pidieron por parte de Subterránica solamente porque el honorable no “sabía que era Rock”, dejando de nuevo que el festival se robara más de 15 mil millones de pesos al año, dándole la falsa imagen a las bandas de que tenían razón y dándoles a los músicos vía libre para seguir inscribiéndose y ser cómplices de corrupción y robos. Así de graves estamos, en donde “el artista” prefiere ignorar la deshonestidad con tal de sacar un pedazo del plato para un almuerzo y en donde la creatividad, la creación y la gestión fue relegada a un grupo de empíricos amigos unos de otros que saquean los erarios mientras el público en Internet los defiende y cree que quienes defienden a las artes son “retrógrados”, “radicales” y “pataletudos”.
Felipe Szarruk
Doctorando en Periodismo de la U.Complutense de Madrid, Magister en Estudios Artísticos, músico y comunicador social.
Colombia
Mr Bitch lanza SUCKER, el espejo incómodo del rock colombiano
La banda de Pereira lanza un sencillo que convierte la crítica ajena en autoironía, con un videoclip que no deja títere con cabeza.
Hay una frase que Mr Bitch lanza al aire y que resume el espíritu de «SUCKER»: “todos somos suckers, menos tú… obvio”. Esa coletilla, cargada de sarcasmo, es la puerta de entrada a un lanzamiento que la banda colombiana de rock alternativo usa para señalar esas conductas cotidianas que criticamos en los demás sin detenernos a pensar que nosotros también podemos ser parte de ellas.
El grupo, oriundo de Pereira, construye su propuesta sobre una base sonora que bebe del rock alternativo, el grunge y los sonidos de los años 80 y 90. Guitarras contundentes, actitud irreverente y una ironía que no se esconde, esos son los pilares de un sonido que «SUCKER» lleva a su terreno más reconocible.
Pero si hay un elemento que le da cuerpo a la crítica que la canción propone, es su videoclip. Protagonizado por un personaje con apariencia de bolsa de basura, el video recorre situaciones cargadas de clichés y referencias a comportamientos cotidianos. La elección no es gratuita, el personaje envuelto en basura es, en sí mismo, una metáfora de aquello que desechamos, de lo que señalamos como ajeno, mientras el mensaje de la canción insiste en que eso que tanto criticamos en los demás también puede tener algo que ver con nosotros mismos.
La apuesta de Mr Bitch no es la del sermón ni la del juicio moral. Es la de la autoironía como espejo. La banda juega con la idea de que el “sucker” no es solo el otro, el que comete las conductas que nos molestan, sino también uno mismo. Y lo hace desde un lugar lúdico y provocador, con una propuesta visual que se ríe de los clichés mientras los exhibe.

«SUCKER» ya está disponible en las plataformas digitales, y su videoclip puede verse en el canal oficial de YouTube de la banda. Con este lanzamiento, Mr Bitch reafirma su lugar dentro del rock alternativo colombiano, una banda que combina canciones propias, guitarras contundentes y una actitud irreverente inspirada en distintas generaciones del rock, pero con una mirada propia sobre lo que somos capaces de criticar sin mirarnos al espejo.
Colombia
La Veeduría Ojo al Arte destapa millonarios vacíos, duplicidades y opacidad financiera en informe sobre los Festivales al Parque de Bogotá.
La escena subterránea colombiana acaba de presenciar el ejercicio de periodismo de investigación y control ciudadano más demoledor de su historia contemporánea tras el cierre oficial de las pesquisas lideradas por la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte. Nacida desde las entrañas de la resistencia cultural y consolidada como el único contrapeso real frente a la desidia estatal, esta plataforma ha sacudido los cimientos de la burocracia musical local al destapar lo que las grandes esferas del poder cultural querían mantener sepultado bajo alfombras de terciopelo y contratos multimillonarios. Lo que comenzó como una sospecha sobre el manejo de los dineros públicos en los festivales más importantes del continente se convirtió en una radiografía de cómo se mercantiliza la pasión de miles de rockeros en favor de unos pocos operadores privados y clanes institucionales protegidos por el silencio administrativo.
Durante meses de un rastreo forense implacable por los laberintos transaccionales del SECOP II y la revisión de polémicos convenios de asociación, la veeduría diseccionó quirúrgicamente la maquinaria financiera del Instituto Distrital de las Artes exponiendo ante la opinión pública un modelo de contratación opaco que supera los trece mil millones de pesos entregados a dedo a entidades sin ánimo de lucro como el Teatro R101. El equipo investigador logró documentar la existencia de cajas negras presupuestales donde el Estado transfiere sumas astronómicas de dinero para operar festivales masivos mientras confiesa por escrito que carece de extractos bancarios y comprobantes de egreso reales para verificar el destino de los recursos. La investigación detalla con precisión quirúrgica cómo se desvío dinero destinado a la formación artística infantil en los barrios para tapar huecos en contratos de vigilancia y cómo se consolidó un monopolio técnico de backline e infraestructura donde las mismas empresas rotan en simulacros de subasta adjudicándose contratos por el cien por ciento del presupuesto oficial sin dejar un solo peso de ahorro para la ciudad.
El informe final no solo desnuda la duplicidad escandalosa de los gastos operativos y el pago inflado de más de mil doscientos millones de pesos a sociedades de gestión colectiva mediante falsas motivaciones de exclusividad, sino que también pone sobre la mesa el acoso sistemático, los vetos corporativos y las persecuciones policiales orquestadas contra los veedores que se atrevieron a desafiar el statu quo. Con este compendio probatorio ya radicado formalmente ante los entes de control fiscal y disciplinario, la veeduría cierra un ciclo histórico demostrando con documentos firmados que la deshonestidad y la tercerización corrupta imperaban en el corazón de la fiesta musical de Bogotá, dejando ahora la responsabilidad en manos de una ciudadanía que ya despertó y de unas autoridades obligadas a romper su complicidad histórica.
Obviamente el trabajo investigativo termina, se presentaron más de 250 páginas de pruebas. Ya el documento reposa en manos de las autoridades después de que a la veeduría concluyera su trabajo aun con allanamientos basados en denuncias falsas, seguimientos a las viviendas, amenazas y desacreditación por parte de intereses oscuros los cuales también se han solicitado sean investigados.
La conclusión de una auditoría forense de esta magnitud no se sostiene en adjetivos grandilocuentes, sino en la implacable arquitectura de los documentos públicos. Tras meses de un cruce metodológico de bases de datos transaccionales en el SECOP II, oficios institucionales de respuesta evasiva y resoluciones presupuestales, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte ha consolidado el expediente más riguroso y documentado sobre las anomalías estructurales que rigen la contratación del Instituto Distrital de las Artes y los Festivales al Parque en Bogotá. El informe no es un manifiesto político, sino una autopsia institucional que demuestra cómo los mecanismos de fomento cultural fueron desplazados por una maquinaria de tercerización opaca, diseñada para transferir millonarios recursos públicos a manos privadas eludiendo los principios elementales de la contratación estatal.
El núcleo de esta desviación financiera se sostiene sobre convenios de asociación plurianuales que superan los trece mil trescientos millones de pesos entregados a la Asociación Cultural Teatro R101, un operador privado que recibe el grueso del presupuesto operativo mientras la propia entidad pública confiesa por escrito que carece de extractos bancarios, comprobantes de egreso y copias de los subcontratos artísticos que justifiquen el destino real de los dineros. Esta renuncia deliberada a la fiscalización bancaria convierte al operador en una caja negra financiera, blindada por respuestas burocráticas que fragmentan la información entre entidades hermanas y por fallos judiciales de primera instancia que conceden plazos de espera funcionales para la consolidación de coartadas documentales, reproduciendo las mismas prácticas de opacidad detectadas en la gestión de estímulos anteriores como la Beca LEP.
La lista estructurada de los principales hallazgos técnicos y jurídicos de la investigación contine más de 70 jallazos de irregularidades de los cuales estos son algunos de los principales:
La “Caja Negra” Financiera del Teatro R-101 ($13.361 Millones): IDARTES transfiere multimillonarios recursos públicos mediante convenios de asociación para operar los Festivales al Parque, pero la propia entidad confiesa documentalmente que no audita las cuentas bancarias ni posee la totalidad de los subcontratos y pagos a artistas, amparándose en que los extractos son “documentos privados internos” del operador.
Duplicidad Contractual y Gasto Paralelo: IDARTES cubre directamente con contratos independientes los componentes esenciales de técnica, logística, seguridad, salud y transporte, mientras transfiere en paralelo sumas globales al operador privado, configurando un presunto pago doble por las mismas obligaciones operativas.
El Monopolio de Proveedores Técnicos: Concentración plurianual de más de cien contratos en un círculo cerrado de proveedores de infraestructura y backline (como Audio Daz y 4 Cuartos), amparados en pliegos restrictivos, subastas sin ahorro para el Estado (adjudicadas por el 100% del presupuesto) y confesiones documentadas de “monopolio de inventario”.
Escalada Injustificada en los Pagos a SAYCO (Aumento del 600%): Incremento desproporcionado en los giros directos por derechos de autor (de $178 millones en 2024 a más de $1.229 millones en 2026), fundamentados en una falsa motivación sobre inexistencia de pluralidad de oferentes y ejecutados a ciegas en el primer mes del año sin cruce de planillas de repertorio real. Todo esto a una entidad sancionada que históricamente ha estado envuelta en cientos de escándalos.
Privatización del Espacio Público y Patrocinios Ocultos: Explotación comercial de los parques metropolitanos y montaje de escenarios comerciales (como la tarima corporativa comercial) por parte de marcas privadas y licoreras, cuyos contratos y recaudos no ingresan al Tesoro Distrital ni son vigilados por la administración.
Nómina Paralela y Fraccionamiento Presupuestal: Uso masivo de la contratación directa por prestación de servicios y fraccionamiento de Certificados de Disponibilidad Presupuestal (CDPs) para mantener una estructura burocrática interna transversal que elude los concursos públicos de mérito y los umbrales de selección objetiva.
Vetos, Hostigamiento e Intimidación al Control Social: Bloqueo institucional y sistemático contra plataformas de veeduría y medios independientes (como Subterránica y el Museo del Rock Colombiano), trascendiendo a hostigamientos y operativos de presión policial y judicial contra los veedores ciudadanos.
Con la presentación de este informe técnico y financiero, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte cumple a cabalidad con su mandato constitucional y legal de control social, habiendo recaudado y documentado el acervo probatorio que demuestra las graves irregularidades que rodean la contratación de los Festivales al Parque.
No obstante, corresponde ahora de manera exclusiva a las autoridades competentes (Fiscalía General de la Nación, Contraloría General de la República, Procuraduría General de la Nación y Personería de Bogotá) asumir la responsabilidad legal que les compete: realizar las investigaciones forenses de fondo, practicar las pruebas periciales necesarias y tomar las decisiones disciplinarias, fiscales y penales a que haya lugar. Nuestra labor investigativa ha llegado a su término; el esclarecimiento definitivo de los hechos y la determinación de las responsabilidades legales quedan enteramente en manos del Estado.
@veeduríaojoalarte
Colombia
Bogotá afina las guitarras para Incendiar Wacken y el primer heat ya tiene dueño
La maquinaria del metal colombiano ha vuelto a rugir con una fuerza que no entiende de fronteras y Wacken Metal Battle Colombia ha abierto oficialmente su cuarta temporada consecutiva con una noche que quedará grabada en la memoria de la escena capitalina, porque Bbar se convirtió en el epicentro de una operación enorme que activa un circuito único en la región y que este 2026 llega con un antecedente demoledor, el primer lugar a nivel mundial conquistado con fuerza por el talento de los chilenos Force, un hito que ahora obliga a llevar a dos bandas al campo sagrado de Alemania y que eleva la vara para cada agrupación que se atreve a subirse al escenario.
La geografía de esta batalla es tan ambiciosa como su propósito y nuestra región se divide en dos, norte con Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que el oeste agrupa a Chile, Perú y Bolivia, tejiendo una red de eliminatorias que desembocan en una final regional donde los mejores exponentes del continente se disputan el pasaje a Wacken Open Air y esa presión se sintió desde el primer acorde en Bogotá, donde cinco bandas de altísimo nivel se lanzaron a la arena con la certeza de que solo un cupo directo estaban en juego y con la responsabilidad de demostrar que la escena local es mucho más que las diez bandas que suelen rotar por los espacios públicos.

La primera en reventar el escenario fue Decimation, una agrupación bogotana de death metal formada en 2016 que sonó como un camión y que dejó claro por qué es una de las bandas más sólidas del circuito extremo capitalino, con una alta factura en los riffs de guitarra y una energía que no dio tregua en ningún momento, porque su punto fuerte es ese front man que combina una voz poderosa con una presencia escénica bestial y que, respaldado por una banda de ejecución precisa, logró que el público entendiera de inmediato que la noche no iba a tener concesiones, sobre todo si se tiene en cuenta que Decimation trabajando constantemen te consolidando un nombre que ya es sinónimo de brutalidad bien entendida en la movida bogotana.

Siguió Atomic Heart, una de esas bandas jóvenes que llevan varios años trabajando y cuya evolución ha sido evidente para quienes han seguido su rastro, porque el ensamble musical es de mucho calibre y refresca una escena que necesita urgentemente de savia nueva, y es que Atomic Heart ha dado un giro hacia una especie de hard rock con una identidad propia que ellos mismos bautizaron como Street-Rock, una propuesta que refleja lo que es ser un muchacho en estos tiempos y que se sostiene en el caos urbano de Bogotá como materia prima, con guitarras pesadas, estructuras directas y una estética que bebe del pixel art y el glitch, además de contar con recorrido que ya supera una enorme cantidad de presentaciones y nominaciones en los Premios Subterránica 2026, lo que confirma que su juventud no es un obstáculo sino un combustible para seguir conquistando espacios.

Luego vino Sunset Street, una banda que ha dado mucho de qué hablar en Bogotá por su puesta en escena, su look y su energía, y que representó toda la estética glam de los ochentas a la perfección con una diversión contagiosa que cautivó al público desde el primer acorde, porque su propuesta rescata el sonido y la imaginería de bandas como Mötley Crüe, Ratt y Poison con una fidelidad que no cae en la copia y que, por el contrario, se apropia del sleaze metal para proyectarlo hacia el presente, y para este heat integraron una segunda voz femenina que sí aportó y enriqueció tanto visual como musicalmente, sumando armonías, texturas y una presencia escénica que potenció la puesta en escena y se complementó con la solidez de un grupo que se nota sin esfuerzo sobre las tablas, con un performance que levantó a todos los asistentes y que confirmó por qué son una de las bandas revelación de los últimos años en el país.

Le llegó el turno a Detonadores, una agrupación que ha sufrido cambios a lo largo de los años hasta consolidar lo que son hoy, con una demostración de poder que dejó al jurado sin argumentos en contra, porque su vocalista es una fuerza de la naturaleza imparable, una mujer que se lleva por delante a muchos de los vocalistas de metal actuales y que, con una música que mezcla crust punk alterado con la fuerza del gutural, convierte cada canción en un golpe profundo y pesado, agresivo y con clase, demostrando que la escena extrema colombiana tiene nombres femeninos que están redefiniendo las reglas del juego y que el jurado supo reconocer al momento de deliberar, apostando por una presencia escénica arrolladora y por un sonido que no necesita adornos para ser demoledor.

Para cerrar la noche llegó Thunder Steel, heavy clásico pero con tintes modernos, riffs rápidos y una puesta en escena perfecta para despedir una jornada tan intensa, y bandas como estas demuestran que los géneros más puros del rock se están retomando por las nuevas generaciones y los están haciendo propios, metiendo el tinte de la ciudad y la realidad en donde viven, porque a pesar de que ya habían pasado cuatro bandas la gente se levantó y respondió con una entrega que pocas veces se ve en un concierto de esta naturaleza, validando el trabajo de una agrupación fundada en 2010 que lleva más de una década construyendo un camino en la escena bogotana y que con discos como “Legión del Trueno” ha sabido mantener viva la llama del heavy metal tradicional sin quedarse anclada en el pasado.
Fue un gran inicio de Metal Battle y las cuentas hablan por sí solas, porque en tres participaciones hemos conquistado dos podios a nivel mundial y eso para nosotros dice mucho, pero la apuesta para esta edición es buscar esa banda que vuelva a remover la tierra de Wacken y eso es algo totalmente difícil, tanto que no se puede decir que hubo una mejor banda que otra, porque los estilos fueron diferentes y los sonidos también, y por eso el jurado se tardó tanto tiempo en decidir, aunque al final el veredicto fue claro, el ganador del primer Heat es Detonadores porque el jurado piensa que la presencia escénica de su vocalista y el poder de la banda podrían destacar en el campo sagrado, así mismo Sunset Street pasa a las finales gracias a un performance que levantó a todo el público y que además les valió el voto de la gente, y algo interesante que estamos haciendo es que las bandas voten por otra banda, y ese voto se lo llevó Atomic Heart, lo cual es muy interesante porque demuestra que todos apoyaron a la generación nueva y que la escena entiende que el relevo generacional no es una amenaza sino una necesidad.
Qué honor poder ver a estas bandas en este circuito y descubrir y reiterar una vez más que Bogotá es mucho más de las diez bandas que rotan por todos los espacios públicos, porque a los que fueron saben que fue un concierto de talla mundial y que las grandes bandas no necesitan estadios para sonar como deben, así que encontraremos de nuevo a Detonadores y Sunset Street en las finales para ver si alguna de ellas avanza a la gran final regional, mientras que por lo pronto el segundo heat será el sábado 24 de octubre con otro cartel que promete darnos una de las mejores noches del año y que dejará claro que esta cuarta edición del Wacken Metal Battle Colombia no es un simple torneo sino una declaración de intenciones de una escena que ya no pide permiso para existir sino que exige ser escuchada.
@subterranica
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