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Colombia

Entrevista: Tattoo Music Fest 2023 demostrando que es posible hacer festivales de calidad, con carteles excelentes y con muchísimo menos presupuesto del que usan los festivales públicos.

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Lo que ha sucedido con Tattoo Music Fest este año es de enmarcar, es la confirmación y demostración de todo lo que hemos dicho en Subterránica durante años, el festival anuncia un cartel de primera linea curado y producido por un promotor independiente que no ha usado un solo peso del estado y que ha demostrado que en el país es posible crear espacios de calidad para el rock que generen ingresos, sean autónomos y puedan encajar en los que se llama “industria musical”, contrario a lo que sucede en los espacios del distrito en donde en toda la historia de Rock al Parque no han logrado producir un evento como este pero si han logrado desfalcar el erario en más de 15 mil millones de pesos algunos años. Este es otro campanazo para que los que manejan los presupuestos públicos para las artes sepan que ya no somos el mismo país de hace 20 años, que ya sabemos la verdad y que pronto y poco a poco, más y más músicos se alejarán de la gratuidad, del sometimiento estatal cultural para crear este tipo de espacios.

Carlos Alberto Ruiz es el creador de Tatto Music Fest, un festival de música alternativa que se celebra cada año en Bogotá. Este año, Ruiz logró crear un festival increíble que reúne a más de 50 artistas nacionales e internacionales, entre ellos Deicide, A.N.I.M.A.L, Sick ofi t all, Fear Factory entre otros, toda una fiesta para el rock y el Metal.

Ruiz es un apasionado de la música y el arte, y desde hace más de una década se dedica a promover la cultura del tatuaje y la expresión artística en Colombia. Su festival es una plataforma para mostrar el talento y la diversidad de los artistas que usan su cuerpo como lienzo, así como para ofrecer al público una experiencia musical única y memorable.
Este no es un artículo para promocionar el Tattoo Music Fest, es un artículo que publicamos para celebrar la creación de espacios mejores e independientes para el Rock y el Metal nacional, creemos en Subterránica que esto dentro del contexto de nuestra lucha contra la corrupción del distrito y empresas como Sayco, el Tattoo Music Fest aporta un valor incalculable a la cadena de la música y deja sin fundamento las convocatorias, la gratuidad y la “economía naranja”, por eso lo celebramos.

Otra cosa que demostró este festival es que sí existe un pequeño grupo de músicos en el país y en la ciudad, que acostumbrados a los dineros del gobierno, se dedican a criticar cuanta oportunidad o espacio se abre para ellos pero que no es financiado con recursos públicos. Eso hay que resolverlo, eso se ve muy mal y hace daño al género.

El éxito del Tatto Music Fest es un ejemplo de que es posible hacer festivales autogestionados, eficientes y rentables en el país, sin depender de subsidios, becas o de ser contratista del distrito. Ruiz ha logrado crear un modelo de negocio sostenible, basado en la confianza y el apoyo de su público, que valora la calidad y la originalidad de su propuesta.

También ha demostrado que es posible hacer festivales con responsabilidad social y ambiental, que no solo generen beneficios económicos, sino también culturales y educativos. Su festival es una oportunidad para difundir mensajes de conciencia, respeto y solidaridad, así como para impulsar el desarrollo de las industrias creativas locales.

Ruiz se ha consolidado como uno de los gestores culturales más importantes del país, y su festival es un referente de la escena musical alternativa en Latinoamérica. Con su visión y su pasión, ha demostrado que es posible crear eventos de calidad que celebren la diversidad, la creatividad y la libertad.

La siguiente es una entrevista exclusiva con este músico y gestor cultural que este año hizo ver a Rock al Parque como un festival aficionado al lado del suyo.

Cuenta un poco la historia del Tattoo Music Fest ¿cuántas ediciones van? ¿cuándo nació? y sobretodo ¿por qué decides crear un festival de este tipo?

Bueno curiosamente Tattoo Music Fest nació por la falta de festivales en Colombia y por la necesidad de crear nuevos espacios para las bandas que no pasábamos a los festivales distritales y a convocatorias. Nosotros hicimos el TMF por primera vez en el 2015 porque con mi banda nos presentamos en Rock al Parque y por un puesto quedamos por fuera. Ese día nos frustramos un montón y decidimos hacer nuestro propio festival.

Obviamente nunca llegamos a pensar que fuera a llegar a ser un festival tan grande, lo hicimos en un comienzo como algo pequeño en donde la cabeza de cartel era una banda local y las bandas eran todas locales, en ese momento el headliner fue Koyi K Utho, también nos ayudaron los de El Sagrado y otra serie de bandas que prácticamente nos unimos para hacer este festival, básicamente por eso lo hicimos, con mucho esfuerzo, sin recursos y hasta el día de hoy no hay recursos públicos, ni recursos de grandes marcas, ustedes ven marcas en el festival, pero realmente ellos al final lo que aportan es más que todo publicidad.

¿Cuáles son los principales retos de hacer un festival de esta magnitud?

Bueno, los principales retos para un festival son los permisos, en 2018 la competencia trató de cerrar nuestro festival simplemente porque no quería que lo hiciéramos. Entonces nuestro primer reto fue haber sacado los permisos y un festival que es complejo como este, porque no solamente es de música sino también es de tatuajes, no solamente tenemos que buscar los permisos normales que son bomberos, seguros, policía, ambulancia, alcaldía, Idiger, sino también permisos que mucha gente ignora y no sabe por lo que tenemos que pasar para tenerlos.

Hay muchos festivales o muchos conciertos no hacen absolutamente nada de esto. A nosotros si nos toca porque siempre hemos sido muy honestos y hemos querido cumplir con lo legal. Creo que es lo más difícil es eso.

Lo segundo más difícil es hacer que la gente se apropie del festival y que no lo vean si fuera un festival distrital, porque nosotros no somos un festival distrital, somos un festival privado en donde los recursos son nuestros 100%.

Entonces ha sido un poco complicado hacerle entender a la gente esto y que se apropien del festival y que aporten como tal a él, porque esto es un espacio que se generó de la nada, más con amor que con dinero, la verdad.

¿Qué has aprendido que puedas compartir a los promotores sobre hacer eventos de este tipo en Bogotá?

He aprendido que las marcas no patrocinan el Metal, que para que nos patrocinen tenemos que hacer muchas cosas y ser demasiado visibles.

He aprendido que no vale la pena regalar las cosas, sino que todos se tienen que ganar.

He aprendido que a veces las bandas que más se nombran no son las mejores, he aprendido que hay mucho talento en lo nuevo, pero he aprendió también que los chicos están muy desenfocados de lo que debe ser un artista para poder estar en una tarima como la nuestra. Están muy desenfocados, lo veo desde la perspectiva como artista también ya que yo tengo una banda y me ha tocado moverme mucho para poder tener los espacios que hemos logrado y que muy pocas bandas en Colombia han logrado.

He aprendido que “amigo el ratón del queso”, eso es lo que más he aprendido, pero igual todo lo que he hecho me ha traído satisfacción.

Me gusta mucho llegar al punto en el que estamos y esto no para, queremos que sea mucho más grande.

¿Cuáles son las bandas más importantes según tu criterio que han pasado por el festival?

Creo que las bandas más importantes que han pasado por TMF han sido La Pestilencia, Alcolirykos, Here Comes The Kraken, Atila, Death by Stereo, Puya, Descomunal, Koyi K Utho, El sagrado. Hemos tenido muchas nacionales como internacionales, este año la apuesta es grande, nada ni nada menos tenemos a Deicide, Cataclysm, Incantation, Resorte, A.N.I.M.A.L, mejor dicho, es el más grande de todos, pero creo que ya han sido más de 50 bandas internacionales y hemos apoyado más de 70 bandas nacionales.

Es importante resaltar que nosotros hemos sido una catapulta para que muchas bandas que se han presentado en el Tattoo hayan saltado a escenarios internacionales, eso también es algo que la gente debería saber y también apoyarnos, porque repito, nosotros sin ningún apoyo, ningún dinero de nada, estamos haciendo lo que se debería hacer con el dinero que se gasta en muchas ocasiones en los festivales distritales y locales, porque pues no solamente está Rock al Parque, en Colombia hay muchos festivales y hay mucho dinero en muchas convocatorias y vemos festivales locales y distritales en los que siempre están las mismas bandas tocando y no hay más, entonces están bien que vean que este tipo de festivales siempre está rotándolas y apoyándolas de verdad.

El cartel de este año es impresionante ¿por qué crees que una persona como tú, independiente, empresario, logra hacer un festival mejor que rock al parque en solo ocho años, sin agarrar un peso del distrito mientras que Rock al Parque con todo el presupuesto nunca lo logró?

Creo que como empresarios Independientes tenemos como esa facultad de no rendir cuentas y de tener la libertad y un concepto un poco más objetivo en cuanto a lo que se decide curar en un festival, nosotros estamos haciendo un trabajo desde 2015, donde empezamos con solo bandas nacionales, en 2016 empezamos a incluir bandas de fuera, 2017 y 2018 fue creciendo y en 2019 ya era otra cosa, para 2020 ya era un gigante, pero pues… esto ha sido poco a poco.
Y la curaduría se debe a que nosotros hemos hecho una labor de alianzas y de muy buenos contactos, hemos hecho ese “lobby” para poder llegar a tener los contactos que tenemos y todos los Bookers que en este momento nos están vendiendo artistas.

Creo que, si la gestión se hace bien se pueden lograr cosas. Creo que ni siquiera es dinero, a veces es saber hacer las cosas, saber negociar. Ese es uno de los secretos que hemos tenido con el Tattoo Music Fest, el nombre es muy importante y la continuidad es muy importante.
Creo también que la objetividad en cuanto a lo que se quiere es muy importante, creo que Rock al Parque con el presupuesto que tiene podría llegar a ser un festival demasiado brutal porque tiene los recursos y los nexos.

Creo que eso se puede hacer muy fácil, nosotros de alguna manera siendo independientes y sin ningún tipo de recurso hemos logrado hacer siendo independientes y sin ningún tipo de recursos, hemos logrado hacer cosas.

Dejamos de hacer muchas cosas, ponemos de nuestro dinero para el festival y lo sacamos adelante. Hemos perdido, hemos dado con promotores que nos han robado, hemos dado con con producciones que nos han robado, pero pues volvemos y estamos acá. Esta es la vuelta, si uno trabaja honestamente los resultados se verán más adelante.

¿Qué aporta el tatuaje a la cultura de la ciudad?

El tatuaje aporta demasiado, ellos además de ser tatuadores son artistas y los artistas generan demasiada cultura, en este sentido no solamente son tatuajes, son artistas plásticos, son pintores, son gestores, entonces yo creo que el tatuaje genera demasiadas cosas en este momento en la cultura colombiana.

También es un músculo económico, una actividad que está ayudando mucho y es un tipo de arte que no solamente se hace acá, sino que también se exporta. Viene mucha gente de afuera a tatuarse con tatuadores nacionales, o sea, es muy, muy, muy brutal. El movimiento que se está teniendo en este momento con los tatuadores.

Respecto a los nacionales ¿que has aprendido del Metal de Colombia?

Bueno yo sí, aprendí demasiado del metal colombiano, la verdad, pero ellos parece que no han aprendido… la verdad es esa, creo que por eso siguen tocando los mismos de siempre, los demás siguen como catálogo de bandas pequeñas, las grandes son los que están en grandes festivales.

La vieja excusa confiable de las bandas pequeñas es decir “Es que esos de la rosca son los de siempre”, “¿Por qué siempre ellos?” pero la respuesta es básica, están ahí porque ellos están haciendo la tarea.

Estamos viendo que las bandas pequeñas están mal acostumbrándose y desafortunadamente los festivales distritales les están enseñando algo que no está bien, porque les está enseñando a que todo sea gratis, a que nada es pagó, dicho sea, a que a las bandas toca rendirles pleitesía sabiendo que no están generando mercado ni están generando ventas, entonces creo que eso es algo que las bandas deberían aprender de otras bandas con más experiencia.

No saben que es un agente, no saben que es un técnico, no saben que es un ingeniero, no saben que es un booker, no saben que es un fotógrafo y ya quieren estar a nivel de las bandas que sí lo hacen y por este motivo están de headliners en eventos, ese tipo de bandas que conoce y está consciente del negocio están siendo invitadas a festivales y demás.

Creo que es una pregunta que nos hacen a nosotros siempre, pero que los músicos no se la hacen a un Estéreo PicNic o a un KnotFest, porque pues obviamente ellos ni les van a responder, entonces creo que ellos deberían aprender un poco de eso, debería ser un poco más, deberían informarse y ser un poco más profesionales en ese sentido, el día que eso pase, muchos festivales van a tener en cuenta, muy seguramente van a tener pagos, muy seguramente van a estar en un nivel mucho mejor que en el que se encuentran ahora, donde pues sencillamente “si yo no estoy” entonces no sirve, eso no es lo importante, no es que yo esté, sino que el otro no este y así todos no hacemos nada. Básicamente esa es la consigna desde algunas bandas, no todas, hay algunas que si hacen la tarea y por eso son bandas que resaltan dentro de las demás.

¿Cuáles nacionales han sido destacados en el festival?

Bueno, las bandas nacionales que han sido de la casa en el festival han sido bandas como Koyi K Utho, El Sagrado, Pitbull o Vein que prácticamente han salido del festival, también como nombré anteriormente ha estado La Pestilencia y Alkoholyricos que son como las bandas como más grandes que han estado en el festival y que han estado estado trabajando, obviamente una de las bandas en las que más trabajo hay y que hace toda la producción es Surviving, de hecho, el festival se creó por Surviving se hizo por eso, por eso buscar espacios para la banda.

Otros que han estado son Cuentos de los hermanos Grind, creo que el 90% de las bandas con un nombre en el país han estado en el festival, son bandas que venden, que generan, que llaman a audiencia y en nuestro festival han tenido sus buenas condiciones, pagos y demás para estar dentro del festival.

También hemos tenido bandas alternativas que han estado tocando, que les hemos dado chance de estar y que pues en el festival han tenido han podido recolectar un material bueno, con un buen sonido, con buenas pantallas, con todo y esto les ha servido como catapulta para aplicar a otros festivales.

En conclusión, podrías afirmar entonces que es rentable ser promotor de este tipo de eventos en el país ¿Estás contento? O hay algo al respecto que se deba decir.

Pues podemos decir que de ocho ediciones hemos perdido en seis, hemos ganado en una y esperamos ganar en esta para recuperar de alguna manera algo de toda esa inversión que hemos hecho durante todos estos años.

La gente a veces hace cuentas fáciles, “entraron tantas personas” a “tanto precio” y “vendió tantos stands”, pero se les olvida también hacer las cuentas de cuánto vale el sonido, cuanto la publicidad, cuánto vale el montaje, cuánto vale la producción y todas estas cosas, entonces ser promotor en Colombia es rentable después de 10 años, si uno piensa que hacer un evento en un año es para volverse rico eso es absolutamente falso, hay eventos como el Estéreo Picnic llegaron a su punto de equilibrio luego de seis o siete años.

Los últimos eventos que se han hecho de grandes en Colombia, los resultados no han sido los mejores y siempre los números van para atrás y desafortunadamente esto pasa es con el rock, cuando hacen reguetón, cuando hacen salsa, cuando hacen todas esas cosas, los números siempre van para arriba, porque la gente que consume este tipo de cosas pagan palcos de 10 y 20 millones de pesos, las boletas no son baratas, las boletas son carísimas, nosotros estamos ofreciendo la boleta más barata del mercado en Latinoamérica, tratando de que sea rentable y tratando de brindar al público buenos espectáculos con una buena producción y sobre todo una muy buena experiencia.

Creo que este año podemos llegar a un punto de equilibrio y si llegamos a hacer que este festival sea rentable, no solamente va a ser bueno para nosotros, sino también para todo el público colombiano que va a poder bandas que nunca imaginó ver y qué festivales gratuitos nunca se las van a traer, podemos hacer eso porque estamos metidos escuchando y sabemos qué es lo que quiere la gente y qué es lo que les gusta escuchar, no es porque seamos el gamonal que tiene millones y va a invertir, no, nosotros estamos haciendo esto también desde la perspectiva como músicos.

¿Qué plan hay a futuro y cómo podríamos articular a los músicos de Metal nacionales para que comenzaran a ser parte de una escena mundial?

Estamos empezando a hacer alianzas con festivales como Hell and Heaven, estamos haciendo festivales de alianzas con festivales en Canadá, en Europa y queremos que las bandas nacionales se exporten. ¿Qué debemos hacer para que los músicos entren en esta ola mundial? Dejar la quejadera, dejar la crítica y empezar con la acción.

No solamente es ensayar es informarme de qué es lo que están haciendo en las bandas para que sean famosas que están haciendo las bandas, para que suenen que eso es que están haciendo las bandas para girar.

Y estar dispuesto a invertir porque nadie si sale un festival en Europa y los invitan el festival de Europa no le importa su banda es simplemente le da un cupo, usted tiene que pagarse sus tickets, usted tiene que hacer la gestión de prensa, usted tiene que pagar publicidad Spotify específica en ese país, usted tiene que hacer ruedas de prensa, usted tiene que llamar a las bandas amigas, se tiene que hacer una labor, pero si usted simplemente se limita a decir es que necesito que me paguen los tiquetes, nunca va a viajar, nunca va a tocar y nunca va a salir de tocar en su escena local a que sus 20 a 30 amigos le digan que está bien y sus 40 tías vayan y le digan que les acredita el festival, entonces esa es la enseñanza para los festivales, eso es lo que viene a futuro y sencillo, si las bandas quieren aplicar y quieren girar a nivel mundial y quieren ser parte de esta escena. Deben invertir, deben trabajar y deben quitarse el chip de los gratuitos. Hay que meter, hay que invertir y hay que hacer las cosas. Todas las bandas grandes lo han hecho alguna vez y luego futuro es que recuperan y cobran sumas grandísimas por sus presentaciones.

@felipeszarruk

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El punk no debería morir así…

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Hay noticias que no deberían existir, pero en este momento del mundo pareciera que la violencia es la nueva normalidad. La muerte de Ómar Alexis Ayala Taborda, conocido en la escena punk de Medellín como El Punk o El Crespo, es una de ellas. Tenía 35 años y pertenecía a esa generación de personas que durante años han construido la escena desde lugares que rara vez aparecen en las grandes historias oficiales de la música, contruia desde los barrios, los talleres, los ensayos, los conciertos pequeños, las calles y los espacios donde una comunidad se reconoce a sí misma.

Alexis era ebanista y había trabajado en talleres de Medellín, su vida estaba vinculada a una escena que lleva décadas utilizando el punk como una forma de expresión frente a la desigualdad, la violencia, la exclusión y las contradicciones de una sociedad que muchas veces deja pocas posibilidades para quienes nacen en sus márgenes. En ese contexto, los conciertos no han sido solamente lugares para escuchar música sino espacios de encuentro, amistad, identidad, protesta y solidaridad.

El sábado 12 de septiembre de 2026, Alexis asistió a Ruido Solidario, un concierto realizado en la cancha El Tierrero, en el sector de Popular 1, Medellín. El evento tenía el propósito de recoger ayudas para las personas afectadas por el terremoto del 10 de agosto. La actividad comenzó aproximadamente a las dos de la tarde, participaron varias bandas y la entrada tenía un valor de siete mil pesos, además de la posibilidad de realizar donaciones.

Era una jornada organizada alrededor de la música y de la solidaridad, pero cerca de las diez de la noche se produjo una riña entre varias personas que terminó trágicamente. Según el reporte conocido por las autoridades y publicado por periódico El Colombiano, durante la pelea una persona habría sacado un arma blanca y dos hombres resultaron heridos. Uno de ellos fue Alexis y el otro, un hombre de 28 años, recibió una herida en el pecho. Este último fue trasladado a la Clínica CES y posteriormente dado de alta después de determinarse que la lesión no comprometía órganos vitales.

Alexis fue trasladado a la Unidad Intermedia de Santa Cruz con una herida en la pierna derecha. De acuerdo con la información publicada, inicialmente fue dado de alta porque la lesión no parecía ser grave, pero se presentó una complicación y Alexis murió. Su fallecimiento quedó registrado el 13 de septiembre.

Es precisamente en este punto donde comienza una de las preguntas más importantes de toda la historia. ¿Qué ocurrió entre aquella primera atención médica y la muerte de Alexis? Una herida en una pierna puede tener diferentes consecuencias dependiendo de las estructuras afectadas y de su evolución, pero no sería responsable decir que fue una causa médica sin conocer el dictamen correspondiente. La causa concreta del fallecimiento tendrá que establecerse mediante los documentos médicos y forenses de la investigación.

Existe además una versión que ha comenzado a circular dentro de la escena punk y que ha sido recogida por medios que han reconstruido el episodio. Según esos relatos, Alexis habría intentado intervenir para separar a las personas que estaban peleando y terminó siendo atacado con el arma blanca. Esta circunstancia todavía debe ser establecida formalmente y no puede presentarse como un hecho judicialmente demostrado, pero resulta relevante porque modifica sustancialmente la manera de entender el episodio. Si la investigación llegara a confirmar que Alexis intervino para detener la pelea, estaríamos ante una tragedia todavía más absurda, una persona que intentaba contener una situación violenta terminó convirtiéndose en una de sus víctimas.

Las autoridades reportaron la captura de Cristian Alexis Daza González, de 21 años, quien se presentó voluntariamente acompañado por su padre para aclarar su presunta participación en la riña y en las lesiones ocasionadas con arma blanca. Ese es, hasta ahora, el dato público más concreto sobre una persona vinculada formalmente al caso.

Una captura no equivale a una condena y mientras no exista una decisión judicial que establezca responsabilidades, Daza debe ser considerado un presunto implicado. También hace falta conocer públicamente qué ocurrió después de su presentación ante las autoridades, qué imputación realizó la Fiscalía, qué elementos probatorios existen, si la captura fue legalizada y qué decisión tomó el juez frente al proceso.

La investigación tampoco debería limitarse a determinar quién participó en la pelea. Hay que reconstruir qué ocurrió durante la agresión, qué personas estuvieron presentes, cómo fue atendido Alexis, por qué fue dado de alta inicialmente y qué circunstancias condujeron posteriormente a su muerte. Cada uno de esos elementos forma parte de una misma historia y todos son necesarios para comprenderla.

Sería muy fácil utilizar la muerte de Alexis para alimentar el estereotipo de que el punk es una cultura asociada con el alcohol, las drogas y la violencia ya que algunos medios han mencionado un alto consumo de alcohol y sustancias alrededor del evento, algo que también deberá ser establecido y contextualizado adecuadamente. Pero convertir ese elemento en una explicación automática de lo ocurrido sería tan simplista que cae en el amarillismo estúpido de Colombia, el Punk así como el rock o el Metal siempre han sido satanizados en este país conservador.

El punk no creó la violencia que atraviesa a Medellín ni a Colombia. buena parte de su historia se construyó precisamente como respuesta frente a sociedades marcadas por la desigualdad, la exclusión, la represión y distintas formas de violencia. En Colombia las escenas punk y rock han generado durante décadas espacios de organización, expresión artística y solidaridad que difícilmente pueden reducirse a los comportamientos de algunas personas en una noche determinada.

Eso no significa que la escena deba mirar hacia otro lado, una comunidad cultural también tiene que ser capaz de reconocer aquello que ocurre dentro de ella, incluso cuando resulta incómodo. Si existen conflictos personales que llegan hasta los conciertos, si hay personas que acuden armadas, si determinadas situaciones de consumo terminan aumentando los riesgos o si las organizaciones carecen de mecanismos suficientes para prevenir una confrontación, todo eso debe ser discutido. La muerte de Alexis obliga a hacerlo.

Porque un concierto debería ser un espacio en el que una persona pueda encontrarse con otras, escuchar música, bailar, discutir sobre política, gritar una canción, beber una cerveza, conocer una banda o simplemente pasar unas horas lejos de los problemas cotidianos. Un concierto de punk tiene que ser ruidoso, incómodo, irreverente, provocador y contestatario, para eso es el género. Lo que no debería formar parte de eso es la posibilidad de que una discusión termine con alguien muerto.

Y por eso esta historia merece ser contada con cuidado, pero también con la suficiente firmeza para no permitir que se convierta en una noticia pasajera ¿Qué está ocurriendo dentro de nuestras escenas musicales cuando una diferencia puede terminar de esta manera?

Si la versión según la cual Alexis intentó detener la pelea termina siendo confirmada, su historia debería servir precisamente para recordar que intervenir no siempre es un acto menor. En ocasiones puede ser la diferencia entre que una discusión termine con dos personas insultándose y que termine con una familia enterrando a uno de sus miembros. La escena merece además que esta historia se cuente completa. No solamente porque murió Alexis, sino porque detrás de una tragedia de esta naturaleza existe una comunidad que tendrá que seguir encontrándose en los mismos barrios, en los mismos conciertos y alrededor de la misma música.

Alexis merecía terminar aquella noche regresando a su casa. Merecía seguir trabajando, escuchando música, encontrándose con sus amigos y viviendo la vida que todavía tenía por delante. La causa que reunió a todos aquella tarde era ayudar a personas que habían sufrido una tragedia. Resulta imposible no sentir la dimensión de la contradicción cuando, horas después, una persona de esa misma comunidad terminaba luchando por su vida.

El punk no debería morir así.

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No, The Klaxon no es corrupto, la forma en que actuó Rock al Parque sí lo es.

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Una aclaración necesaria ante la mala interpretación de nuestra investigación periodística

Por Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte y Colectivo Subterránica

En las últimas semanas, tras la publicación de nuestro libro de investigación Negocio al Parque: 30 años de Rock al Parque, Corrupción, Poder y Dinero en el Rock Estatal, hemos sido testigos de un fenómeno preocupante pero predecible: la desinformación y la calumnia. Circula en redes sociales un video en el que se me acusa de haber señalado a la banda The Klaxon como “corrupta” o de haberla vinculado directamente con prácticas irregulares dentro del festival. Nada más falso.

Permítanme ser claro, contundente y definitivo:

NUNCA hemos acusado a The Klaxon, ni a sus integrantes, ni a su representante, de ser corruptos. Jamás. Lo que se denuncia en la veeduría, y lo que he denunciado durante más de una década de veeduría ciudadana, es la CORRUPCIÓN SISTEMÁTICA DEL INSTITUTO DISTRITAL DE LAS ARTES (IDARTES) y su forma de operar.

Este artículo no es una disculpa ni un retracto. Es una aclaración que, con toda honestidad, debería ser innecesaria para quienes han leído el libro con la atención que merece. Pero ante la mala fe de algunos y la ligereza de otros, me veo en la obligación de desglosar, punto por punto, lo que realmente dijimos y lo que realmente significa.

Lo que realmente dice el libro sobre The Klaxon

En el Capítulo VII, titulado “La Estafa de las Bandas”, documentamos el caso de The Klaxon en la edición de 2013. La narrativa del libro es clara y está respaldada por hechos documentados:

Primero: The Klaxon se presentó a la convocatoria pública distrital de Rock al Parque, el mecanismo oficial mediante el cual las agrupaciones locales compiten por un cupo en el festival a través de la evaluación de jurados. Es un proceso que, en teoría, debe ser democrático, transparente y basado en criterios artísticos objetivos.

Segundo: Tras surtir el proceso de evaluación, The Klaxon no pasó la convocatoria. Quedó oficialmente fuera del listado de ganadores. Eso significa que, bajo las reglas del juego establecidas por Idartes, la banda no debería haber estado en el cartel.

Tercero (y este es el punto crítico): Idartes, en un acto de absoluta discrecionalidad y arbitrariedad, ignoró el resultado de su propia convocatoria pública y metió a The Klaxon “a dedo” en el cartel oficial bajo la figura de “Show Especial” o “Invitado Distrital”. La banda terminó presentándose en el Escenario BID el domingo 30 de junio de 2013.

El libro dice textualmente:

“Este hecho constituyó una apología a la ‘rosca’ y una burla directa a los cientos de bandas que se sometieron al desgaste de la convocatoria pública. (…) Al meter a la banda de manera directa tras haber sido rechazada en el concurso público, la entidad violó el principio de selección objetiva y de igualdad de oportunidades consagrado en la Constitución Nacional.”

¿Dónde está la acusación contra The Klaxon? No existe. La crítica, la denuncia y el señalamiento son contra IDARTES, la entidad que administra los recursos públicos, que diseña las convocatorias y que decide a quién invitar y a quién excluir.

The Klaxon es una banda excelente. Su inclusión en el cartel fue, desde el punto de vista artístico, un acierto. Andrés, su representante y líder, es un amigo y un músico al que respeto profundamente. El problema no es que The Klaxon haya tocado. El problema es CÓMO y POR QUÉ tocaron.

Un patrón documentado: no es un caso aislado

Para que no quede duda de que estamos ante un patrón de conducta institucional y no ante un ataque a una banda en particular, la investigación documenta otros casos idénticos:

El caso SHIP (2016): Al igual que The Klaxon, la banda SHIP no pasó la convocatoria pública de ese año. Sin embargo, tras presiones externas y contactos dentro de la organización, fue invitada directamente a presentarse en un evento del festival con recursos pagados por el distrito. La misma lógica: se ignora el resultado de la convocatoria y se favorece a quienes tienen la capacidad de presionar o de acceder a los canales no oficiales.

El caso Paul Gillman (2017-2026): Aquí el favoritismo se tiñe de censura ideológica. En 2017, el músico venezolano fue vetado del cartel tras una campaña de desprestigio impulsada por empresarios privados. Idartes, en lugar de defender la libertad de expresión y su propia programación, cedió a la presión y canceló al artista. Años después, con un cambio de administración política, Gillman fue reinvitado. Su música nunca fue el problema. La sumisión de Idartes a grupos de presión y a la ideología del gobierno de turno sí lo fue.

El caso The Castles: La investigación documenta cómo esta banda también fue víctima de la arbitrariedad institucional, siendo retirada de la programación por decisiones caprichosas de la burocracia cultural.

En todos estos casos, el denominador común no son las bandas. Son las decisiones unilaterales, discrecionales y muchas veces ilegales de los funcionarios y contratistas de Idartes.

¿Por qué es grave este patrón de conducta?

Porque viola los principios fundamentales de la contratación pública y de la gestión del Estado:

  1. El Principio de Selección Objetiva (Artículo 5 de la Ley 1150 de 2007): La entidad está obligada a elegir las propuestas más favorables para el interés público mediante un proceso transparente y competitivo. Cuando Idartes ignora el resultado de su propia convocatoria para meter a una banda “a dedo”, está vulnerando este principio de manera flagrante.
  2. El Principio de Igualdad: Se crean dos categorías de participantes: los que se someten a las reglas y los que, por tener los contactos adecuados, pueden saltarse el proceso. Esto es un mensaje demoledor para los cientos de bandas que cada año invierten tiempo, dinero y esfuerzo en diligenciar formularios, preparar carpetas y someterse a la evaluación de jurados.
  3. El Principio de Transparencia: No existe un acto administrativo formal que justifique estas invitaciones directas. No hay una resolución, no hay una explicación pública, no hay un criterio objetivo. Es la pura y simple voluntad de quien ejerce el poder de contratación.
  4. La Desnaturalización del Festival: Rock al Parque fue declarado Patrimonio Cultural de Bogotá mediante el Acuerdo 120 de 2004. Su misión es la protección, circulación y visibilización del género rock en la capital. Cuando Idartes diluye ese mandato para incluir géneros ajenos o para complacer favores, está traicionando el espíritu de la ley.

¿Cómo funciona el “círculo de los elegidos”?

Lo que hemos documentado a lo largo de 189 páginas es la existencia de un sistema, una “rosca” institucionalizada, que opera de la siguiente manera:

  • Un grupo reducido de agrupaciones repite año tras año en el cartel, acumulando hasta 10 o 12 presentaciones en el festival.
  • Un círculo de contratistas y asesores decide qué bandas entran, cuáles se quedan fuera y quiénes reciben los millonarios contratos de producción y logística.
  • Los jurados de las convocatorias son seleccionados a dedo, sin criterios de imparcialidad, y en muchos casos tienen vínculos directos con las bandas que evalúan.
  • Los medios de comunicación aliados reciben acreditaciones masivas y a cambio se comprometen a guardar silencio sobre las irregularidades.
  • Los veedores ciudadanos que se atreven a denunciar son sometidos a campañas de desprestigio, linchamiento digital y vetos institucionales.

Las bandas, en este ecosistema, son piezas de un tablero. No son las culpables. Son, en muchos casos, víctimas de un sistema que las obliga a bailar al ritmo que marca el Estado si quieren sobrevivir.

La responsabilidad de Idartes y la cooptación de la crítica

En el libro también documentamos un fenómeno que el teórico Antonio Gramsci llamó “transformismo”: el proceso mediante el cual el Estado absorbe, neutraliza y asimila a los elementos disidentes a través de la asignación de contratos, recursos públicos o prebendas.

En el Capítulo VI, “El Cartel de los Medios y el Botín de las Acreditaciones”, relatamos el caso de un periodista y gestor cultural, que entre 2012 y 2013 fue uno de los críticos más duros de la gestión de Rock al Parque, fue contratado directamente por Idartes como asesor de comunicaciones. Tras recibir el flujo de fondos públicos, su línea editorial crítica se desvaneció por completo.

Esa es la forma de operar de Idartes: comprar conciencias, silenciar voces y neutralizar la fiscalización ciudadana con recursos del erario.

Y cuando eso no funciona, cuando la crítica persiste, se recurre a la descalificación, al matoneo digital y a la difamación. Como ocurrió conmigo mismo, como ocurrió con el Colectivo Subterránica, como ha ocurrido con todos los que nos hemos atrevido a señalar las irregularidades.

La calumnia como mecanismo de defensa

Ahora entiendo por qué están circulando esos videos que me acusan de haber calumniado a The Klaxon. Es el mismo mecanismo de siempre:

Primero: Se descontextualiza mi declaración.
Segundo: Se reduce el libro a un titular sensacionalista.
Tercero: Se me acusa de atacar a una banda querida por el público.
Cuarto: Se desvía la atención de las verdaderas denuncias: los hallazgos fiscales por más de 960 millones de pesos, los contratos a dedo con Teatro R101, los vetos ideológicos, la persecución a Félix Báez, el desorden documental, las puertas giratorias y el nepotismo institucionalizado.

Es un truco viejo. Y no funcionará.

La verdad está en el libro, no en los titulares

Invitó a quienes han visto esos videos y han dudado a que hagan lo que muchos ya están haciendo: leer el libro completo. No basta con leer un fragmento, un tuit o un titular. Negocio al Parque es un expediente documentado de 30 años de corrupción estructural. Contiene:

  • Pruebas documentales oficiales: Contratos, minutas, estudios previos y actas de liquidación extraídos de SECOP I y II.
  • Hallazgos de entes de control: Informes de la Contraloría de Bogotá que documentan sobrecostos, pagos sin soporte y desorden administrativo.
  • Respuestas oficiales: Derechos de petición y requerimientos de control fiscal que evidencian las excusas y evasivas de Idartes.
  • Análisis estadístico: Datos de programación que demuestran la repetición sistemática de bandas y la exclusión de la escena emergente.

The Klaxon aparece en una de las páginas del libro como un ejemplo de la arbitrariedad de Idartes. No como un ejemplo de corrupción.

The Klaxon es parte de la solución, no del problema

Andrés y The Klaxon son parte del ecosistema musical de Bogotá. Han trabajado por el rock local, han defendido la escena y han hecho buena música. Su inclusión en el cartel de 2013 fue un acierto artístico. Eso no lo discute nadie.

Lo que discuto es que, para que ellos tocaran, Idartes tuvo que violar sus propias reglas. Si la convocatoria decía que no habían pasado, la entidad no debería haberlos invitado. O, mejor aún, la convocatoria debería haber sido lo suficientemente flexible y justa para que bandas como The Klaxon pudieran pasar sin necesidad de “contactos”.

El problema no es la banda. El problema es un sistema que obliga a las bandas a depender de la voluntad de un burócrata.

La fatiga del veedor y la resistencia ciudadana

Llevo más de diez años haciendo veeduría ciudadana. He interpuesto derechos de petición, acciones de tutela, denuncias penales y quejas disciplinarias. He sido vetado, difamado, amenazado y perseguido. He visto cómo Idartes utiliza el presupuesto de los bogotanos para comprar a críticos, silenciar medios y consolidar un feudo cultural.

Y estoy cansado.

Cansado de que me calumnien por no saber leer. Cansado de que se desvíe la atención de las verdaderas irregularidades. Cansado de que se me acuse de atacar a músicos cuando lo que estoy atacando es un sistema que los victimiza.

Pero también estoy fortalecido. Porque la gente está leyendo el libro. En masa. Y se están dando cuenta de la verdad.

No, The Klaxon no es corrupto. La forma en que actuó Rock al Parque, a través de Idartes, es lo que ha sido, durante décadas, la antítesis de la transparencia y la justicia para los artistas de esta ciudad.

El Festival Rock al Parque no es de Idartes. No es de los contratistas. No es de los curadores de turno. Es de la ciudadanía. Es un patrimonio cultural que debe ser defendido, saneado y devuelto a los músicos y al público.

Seguiremos investigando. Seguiremos denunciando. Seguiremos ejerciendo el control social que la Constitución y la ley nos otorgan. Y no nos callarán con calumnias.

Invito a quienes han malinterpretado el libro a que lo lean con atención. Invito a los medios de comunicación a que hagan periodismo serio y no se dejen instrumentalizar por la maquinaria de propaganda de Idartes. Invito a los músicos a que se organicen y exijan transparencia.

The Klaxon es una excelente banda. La corrupción está en las oficinas de Idartes, no en los escenarios.

Toca que aprendan a leer… pero para eso, hay que hacerlo primero.


Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte
Colectivo Subterránica
Bogotá, septiembre de 2026

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Colombia

K-Tarzys y el grito de la sabana: rock y metal con conciencia social frente al horror de la guerra

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Hay propuestas emergentes que entienden el rock y el metal no solo como vehículos de descarga sónica, sino como trincheras de reflexión humana. Este es el caso de K-Tarzys, una sólida agrupación de la sabana de Bogotá conformada por jóvenes músicos que irrumpen en la escena independiente con una premisa clara: utilizar la música como un altavoz para diseccionar las heridas sociales y políticas que golpean al mundo.

La banda presenta su más reciente sencillo, “Susurros de Piedad”, un lanzamiento que trasciende el circuito convencional del género al proponer una profunda y dolorosa reflexión sobre el impacto humano de los conflictos armados y el sufrimiento de las víctimas anónimas de la guerra.

“Susurros de Piedad” nace de la necesidad de mirar de frente una realidad que continúa afectando a millones de personas. Lejos de la estriducción vacía, K-Tarzys canaliza la crudeza instrumental del rock y el metal hacia una atmósfera densa e interpelante, buscando sacudir al oyente y remover conciencias. Es un ejercicio de empatía hecho canción, donde los pesados acordes y la potencia rítmica sirven para traducir el desgarro de los territorios atravesados por el fuego cruzado.

La agrupación se encuentra actualmente puliendo los detalles de su primer EP de siete canciones, un trabajo discográfico de larga duración con el que buscan consolidar su identidad dentro de la escena independiente colombiana y abrirse paso con fuerza en los circuitos culturales y escenarios de Bogotá y su región.

El valor de K-Tarzys radica precisamente en su capacidad de hibridar la destreza técnica de sus integrantes con una inquietud narrativa genuina. En tiempos donde la música suele buscar el consumo efímero, ver a jóvenes creadores apostar por temáticas de profunda trascendencia humana demuestra que el rock nacional sigue vivo, inconforme y con los pies firmemente puestos sobre la realidad de su entorno

Para quienes deseen sumergirse en esta propuesta, la banda ha dispuesto su material en plataformas digitales y redes oficiales:

Instagram oficial: @ktarzys.oficial

K-Tarzys demuestra que desde la sabana de Bogotá se sigue agitando un rock con memoria, agudeza y un profundo sentido de urgencia.

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