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Colombia

Entrevista: Tattoo Music Fest 2023 demostrando que es posible hacer festivales de calidad, con carteles excelentes y con muchísimo menos presupuesto del que usan los festivales públicos.

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Lo que ha sucedido con Tattoo Music Fest este año es de enmarcar, es la confirmación y demostración de todo lo que hemos dicho en Subterránica durante años, el festival anuncia un cartel de primera linea curado y producido por un promotor independiente que no ha usado un solo peso del estado y que ha demostrado que en el país es posible crear espacios de calidad para el rock que generen ingresos, sean autónomos y puedan encajar en los que se llama “industria musical”, contrario a lo que sucede en los espacios del distrito en donde en toda la historia de Rock al Parque no han logrado producir un evento como este pero si han logrado desfalcar el erario en más de 15 mil millones de pesos algunos años. Este es otro campanazo para que los que manejan los presupuestos públicos para las artes sepan que ya no somos el mismo país de hace 20 años, que ya sabemos la verdad y que pronto y poco a poco, más y más músicos se alejarán de la gratuidad, del sometimiento estatal cultural para crear este tipo de espacios.

Carlos Alberto Ruiz es el creador de Tatto Music Fest, un festival de música alternativa que se celebra cada año en Bogotá. Este año, Ruiz logró crear un festival increíble que reúne a más de 50 artistas nacionales e internacionales, entre ellos Deicide, A.N.I.M.A.L, Sick ofi t all, Fear Factory entre otros, toda una fiesta para el rock y el Metal.

Ruiz es un apasionado de la música y el arte, y desde hace más de una década se dedica a promover la cultura del tatuaje y la expresión artística en Colombia. Su festival es una plataforma para mostrar el talento y la diversidad de los artistas que usan su cuerpo como lienzo, así como para ofrecer al público una experiencia musical única y memorable.
Este no es un artículo para promocionar el Tattoo Music Fest, es un artículo que publicamos para celebrar la creación de espacios mejores e independientes para el Rock y el Metal nacional, creemos en Subterránica que esto dentro del contexto de nuestra lucha contra la corrupción del distrito y empresas como Sayco, el Tattoo Music Fest aporta un valor incalculable a la cadena de la música y deja sin fundamento las convocatorias, la gratuidad y la “economía naranja”, por eso lo celebramos.

Otra cosa que demostró este festival es que sí existe un pequeño grupo de músicos en el país y en la ciudad, que acostumbrados a los dineros del gobierno, se dedican a criticar cuanta oportunidad o espacio se abre para ellos pero que no es financiado con recursos públicos. Eso hay que resolverlo, eso se ve muy mal y hace daño al género.

El éxito del Tatto Music Fest es un ejemplo de que es posible hacer festivales autogestionados, eficientes y rentables en el país, sin depender de subsidios, becas o de ser contratista del distrito. Ruiz ha logrado crear un modelo de negocio sostenible, basado en la confianza y el apoyo de su público, que valora la calidad y la originalidad de su propuesta.

También ha demostrado que es posible hacer festivales con responsabilidad social y ambiental, que no solo generen beneficios económicos, sino también culturales y educativos. Su festival es una oportunidad para difundir mensajes de conciencia, respeto y solidaridad, así como para impulsar el desarrollo de las industrias creativas locales.

Ruiz se ha consolidado como uno de los gestores culturales más importantes del país, y su festival es un referente de la escena musical alternativa en Latinoamérica. Con su visión y su pasión, ha demostrado que es posible crear eventos de calidad que celebren la diversidad, la creatividad y la libertad.

La siguiente es una entrevista exclusiva con este músico y gestor cultural que este año hizo ver a Rock al Parque como un festival aficionado al lado del suyo.

Cuenta un poco la historia del Tattoo Music Fest ¿cuántas ediciones van? ¿cuándo nació? y sobretodo ¿por qué decides crear un festival de este tipo?

Bueno curiosamente Tattoo Music Fest nació por la falta de festivales en Colombia y por la necesidad de crear nuevos espacios para las bandas que no pasábamos a los festivales distritales y a convocatorias. Nosotros hicimos el TMF por primera vez en el 2015 porque con mi banda nos presentamos en Rock al Parque y por un puesto quedamos por fuera. Ese día nos frustramos un montón y decidimos hacer nuestro propio festival.

Obviamente nunca llegamos a pensar que fuera a llegar a ser un festival tan grande, lo hicimos en un comienzo como algo pequeño en donde la cabeza de cartel era una banda local y las bandas eran todas locales, en ese momento el headliner fue Koyi K Utho, también nos ayudaron los de El Sagrado y otra serie de bandas que prácticamente nos unimos para hacer este festival, básicamente por eso lo hicimos, con mucho esfuerzo, sin recursos y hasta el día de hoy no hay recursos públicos, ni recursos de grandes marcas, ustedes ven marcas en el festival, pero realmente ellos al final lo que aportan es más que todo publicidad.

¿Cuáles son los principales retos de hacer un festival de esta magnitud?

Bueno, los principales retos para un festival son los permisos, en 2018 la competencia trató de cerrar nuestro festival simplemente porque no quería que lo hiciéramos. Entonces nuestro primer reto fue haber sacado los permisos y un festival que es complejo como este, porque no solamente es de música sino también es de tatuajes, no solamente tenemos que buscar los permisos normales que son bomberos, seguros, policía, ambulancia, alcaldía, Idiger, sino también permisos que mucha gente ignora y no sabe por lo que tenemos que pasar para tenerlos.

Hay muchos festivales o muchos conciertos no hacen absolutamente nada de esto. A nosotros si nos toca porque siempre hemos sido muy honestos y hemos querido cumplir con lo legal. Creo que es lo más difícil es eso.

Lo segundo más difícil es hacer que la gente se apropie del festival y que no lo vean si fuera un festival distrital, porque nosotros no somos un festival distrital, somos un festival privado en donde los recursos son nuestros 100%.

Entonces ha sido un poco complicado hacerle entender a la gente esto y que se apropien del festival y que aporten como tal a él, porque esto es un espacio que se generó de la nada, más con amor que con dinero, la verdad.

¿Qué has aprendido que puedas compartir a los promotores sobre hacer eventos de este tipo en Bogotá?

He aprendido que las marcas no patrocinan el Metal, que para que nos patrocinen tenemos que hacer muchas cosas y ser demasiado visibles.

He aprendido que no vale la pena regalar las cosas, sino que todos se tienen que ganar.

He aprendido que a veces las bandas que más se nombran no son las mejores, he aprendido que hay mucho talento en lo nuevo, pero he aprendió también que los chicos están muy desenfocados de lo que debe ser un artista para poder estar en una tarima como la nuestra. Están muy desenfocados, lo veo desde la perspectiva como artista también ya que yo tengo una banda y me ha tocado moverme mucho para poder tener los espacios que hemos logrado y que muy pocas bandas en Colombia han logrado.

He aprendido que “amigo el ratón del queso”, eso es lo que más he aprendido, pero igual todo lo que he hecho me ha traído satisfacción.

Me gusta mucho llegar al punto en el que estamos y esto no para, queremos que sea mucho más grande.

¿Cuáles son las bandas más importantes según tu criterio que han pasado por el festival?

Creo que las bandas más importantes que han pasado por TMF han sido La Pestilencia, Alcolirykos, Here Comes The Kraken, Atila, Death by Stereo, Puya, Descomunal, Koyi K Utho, El sagrado. Hemos tenido muchas nacionales como internacionales, este año la apuesta es grande, nada ni nada menos tenemos a Deicide, Cataclysm, Incantation, Resorte, A.N.I.M.A.L, mejor dicho, es el más grande de todos, pero creo que ya han sido más de 50 bandas internacionales y hemos apoyado más de 70 bandas nacionales.

Es importante resaltar que nosotros hemos sido una catapulta para que muchas bandas que se han presentado en el Tattoo hayan saltado a escenarios internacionales, eso también es algo que la gente debería saber y también apoyarnos, porque repito, nosotros sin ningún apoyo, ningún dinero de nada, estamos haciendo lo que se debería hacer con el dinero que se gasta en muchas ocasiones en los festivales distritales y locales, porque pues no solamente está Rock al Parque, en Colombia hay muchos festivales y hay mucho dinero en muchas convocatorias y vemos festivales locales y distritales en los que siempre están las mismas bandas tocando y no hay más, entonces están bien que vean que este tipo de festivales siempre está rotándolas y apoyándolas de verdad.

El cartel de este año es impresionante ¿por qué crees que una persona como tú, independiente, empresario, logra hacer un festival mejor que rock al parque en solo ocho años, sin agarrar un peso del distrito mientras que Rock al Parque con todo el presupuesto nunca lo logró?

Creo que como empresarios Independientes tenemos como esa facultad de no rendir cuentas y de tener la libertad y un concepto un poco más objetivo en cuanto a lo que se decide curar en un festival, nosotros estamos haciendo un trabajo desde 2015, donde empezamos con solo bandas nacionales, en 2016 empezamos a incluir bandas de fuera, 2017 y 2018 fue creciendo y en 2019 ya era otra cosa, para 2020 ya era un gigante, pero pues… esto ha sido poco a poco.
Y la curaduría se debe a que nosotros hemos hecho una labor de alianzas y de muy buenos contactos, hemos hecho ese “lobby” para poder llegar a tener los contactos que tenemos y todos los Bookers que en este momento nos están vendiendo artistas.

Creo que, si la gestión se hace bien se pueden lograr cosas. Creo que ni siquiera es dinero, a veces es saber hacer las cosas, saber negociar. Ese es uno de los secretos que hemos tenido con el Tattoo Music Fest, el nombre es muy importante y la continuidad es muy importante.
Creo también que la objetividad en cuanto a lo que se quiere es muy importante, creo que Rock al Parque con el presupuesto que tiene podría llegar a ser un festival demasiado brutal porque tiene los recursos y los nexos.

Creo que eso se puede hacer muy fácil, nosotros de alguna manera siendo independientes y sin ningún tipo de recurso hemos logrado hacer siendo independientes y sin ningún tipo de recursos, hemos logrado hacer cosas.

Dejamos de hacer muchas cosas, ponemos de nuestro dinero para el festival y lo sacamos adelante. Hemos perdido, hemos dado con promotores que nos han robado, hemos dado con con producciones que nos han robado, pero pues volvemos y estamos acá. Esta es la vuelta, si uno trabaja honestamente los resultados se verán más adelante.

¿Qué aporta el tatuaje a la cultura de la ciudad?

El tatuaje aporta demasiado, ellos además de ser tatuadores son artistas y los artistas generan demasiada cultura, en este sentido no solamente son tatuajes, son artistas plásticos, son pintores, son gestores, entonces yo creo que el tatuaje genera demasiadas cosas en este momento en la cultura colombiana.

También es un músculo económico, una actividad que está ayudando mucho y es un tipo de arte que no solamente se hace acá, sino que también se exporta. Viene mucha gente de afuera a tatuarse con tatuadores nacionales, o sea, es muy, muy, muy brutal. El movimiento que se está teniendo en este momento con los tatuadores.

Respecto a los nacionales ¿que has aprendido del Metal de Colombia?

Bueno yo sí, aprendí demasiado del metal colombiano, la verdad, pero ellos parece que no han aprendido… la verdad es esa, creo que por eso siguen tocando los mismos de siempre, los demás siguen como catálogo de bandas pequeñas, las grandes son los que están en grandes festivales.

La vieja excusa confiable de las bandas pequeñas es decir “Es que esos de la rosca son los de siempre”, “¿Por qué siempre ellos?” pero la respuesta es básica, están ahí porque ellos están haciendo la tarea.

Estamos viendo que las bandas pequeñas están mal acostumbrándose y desafortunadamente los festivales distritales les están enseñando algo que no está bien, porque les está enseñando a que todo sea gratis, a que nada es pagó, dicho sea, a que a las bandas toca rendirles pleitesía sabiendo que no están generando mercado ni están generando ventas, entonces creo que eso es algo que las bandas deberían aprender de otras bandas con más experiencia.

No saben que es un agente, no saben que es un técnico, no saben que es un ingeniero, no saben que es un booker, no saben que es un fotógrafo y ya quieren estar a nivel de las bandas que sí lo hacen y por este motivo están de headliners en eventos, ese tipo de bandas que conoce y está consciente del negocio están siendo invitadas a festivales y demás.

Creo que es una pregunta que nos hacen a nosotros siempre, pero que los músicos no se la hacen a un Estéreo PicNic o a un KnotFest, porque pues obviamente ellos ni les van a responder, entonces creo que ellos deberían aprender un poco de eso, debería ser un poco más, deberían informarse y ser un poco más profesionales en ese sentido, el día que eso pase, muchos festivales van a tener en cuenta, muy seguramente van a tener pagos, muy seguramente van a estar en un nivel mucho mejor que en el que se encuentran ahora, donde pues sencillamente “si yo no estoy” entonces no sirve, eso no es lo importante, no es que yo esté, sino que el otro no este y así todos no hacemos nada. Básicamente esa es la consigna desde algunas bandas, no todas, hay algunas que si hacen la tarea y por eso son bandas que resaltan dentro de las demás.

¿Cuáles nacionales han sido destacados en el festival?

Bueno, las bandas nacionales que han sido de la casa en el festival han sido bandas como Koyi K Utho, El Sagrado, Pitbull o Vein que prácticamente han salido del festival, también como nombré anteriormente ha estado La Pestilencia y Alkoholyricos que son como las bandas como más grandes que han estado en el festival y que han estado estado trabajando, obviamente una de las bandas en las que más trabajo hay y que hace toda la producción es Surviving, de hecho, el festival se creó por Surviving se hizo por eso, por eso buscar espacios para la banda.

Otros que han estado son Cuentos de los hermanos Grind, creo que el 90% de las bandas con un nombre en el país han estado en el festival, son bandas que venden, que generan, que llaman a audiencia y en nuestro festival han tenido sus buenas condiciones, pagos y demás para estar dentro del festival.

También hemos tenido bandas alternativas que han estado tocando, que les hemos dado chance de estar y que pues en el festival han tenido han podido recolectar un material bueno, con un buen sonido, con buenas pantallas, con todo y esto les ha servido como catapulta para aplicar a otros festivales.

En conclusión, podrías afirmar entonces que es rentable ser promotor de este tipo de eventos en el país ¿Estás contento? O hay algo al respecto que se deba decir.

Pues podemos decir que de ocho ediciones hemos perdido en seis, hemos ganado en una y esperamos ganar en esta para recuperar de alguna manera algo de toda esa inversión que hemos hecho durante todos estos años.

La gente a veces hace cuentas fáciles, “entraron tantas personas” a “tanto precio” y “vendió tantos stands”, pero se les olvida también hacer las cuentas de cuánto vale el sonido, cuanto la publicidad, cuánto vale el montaje, cuánto vale la producción y todas estas cosas, entonces ser promotor en Colombia es rentable después de 10 años, si uno piensa que hacer un evento en un año es para volverse rico eso es absolutamente falso, hay eventos como el Estéreo Picnic llegaron a su punto de equilibrio luego de seis o siete años.

Los últimos eventos que se han hecho de grandes en Colombia, los resultados no han sido los mejores y siempre los números van para atrás y desafortunadamente esto pasa es con el rock, cuando hacen reguetón, cuando hacen salsa, cuando hacen todas esas cosas, los números siempre van para arriba, porque la gente que consume este tipo de cosas pagan palcos de 10 y 20 millones de pesos, las boletas no son baratas, las boletas son carísimas, nosotros estamos ofreciendo la boleta más barata del mercado en Latinoamérica, tratando de que sea rentable y tratando de brindar al público buenos espectáculos con una buena producción y sobre todo una muy buena experiencia.

Creo que este año podemos llegar a un punto de equilibrio y si llegamos a hacer que este festival sea rentable, no solamente va a ser bueno para nosotros, sino también para todo el público colombiano que va a poder bandas que nunca imaginó ver y qué festivales gratuitos nunca se las van a traer, podemos hacer eso porque estamos metidos escuchando y sabemos qué es lo que quiere la gente y qué es lo que les gusta escuchar, no es porque seamos el gamonal que tiene millones y va a invertir, no, nosotros estamos haciendo esto también desde la perspectiva como músicos.

¿Qué plan hay a futuro y cómo podríamos articular a los músicos de Metal nacionales para que comenzaran a ser parte de una escena mundial?

Estamos empezando a hacer alianzas con festivales como Hell and Heaven, estamos haciendo festivales de alianzas con festivales en Canadá, en Europa y queremos que las bandas nacionales se exporten. ¿Qué debemos hacer para que los músicos entren en esta ola mundial? Dejar la quejadera, dejar la crítica y empezar con la acción.

No solamente es ensayar es informarme de qué es lo que están haciendo en las bandas para que sean famosas que están haciendo las bandas, para que suenen que eso es que están haciendo las bandas para girar.

Y estar dispuesto a invertir porque nadie si sale un festival en Europa y los invitan el festival de Europa no le importa su banda es simplemente le da un cupo, usted tiene que pagarse sus tickets, usted tiene que hacer la gestión de prensa, usted tiene que pagar publicidad Spotify específica en ese país, usted tiene que hacer ruedas de prensa, usted tiene que llamar a las bandas amigas, se tiene que hacer una labor, pero si usted simplemente se limita a decir es que necesito que me paguen los tiquetes, nunca va a viajar, nunca va a tocar y nunca va a salir de tocar en su escena local a que sus 20 a 30 amigos le digan que está bien y sus 40 tías vayan y le digan que les acredita el festival, entonces esa es la enseñanza para los festivales, eso es lo que viene a futuro y sencillo, si las bandas quieren aplicar y quieren girar a nivel mundial y quieren ser parte de esta escena. Deben invertir, deben trabajar y deben quitarse el chip de los gratuitos. Hay que meter, hay que invertir y hay que hacer las cosas. Todas las bandas grandes lo han hecho alguna vez y luego futuro es que recuperan y cobran sumas grandísimas por sus presentaciones.

@felipeszarruk

Colombia

La Veeduría Ojo al Arte destapa millonarios vacíos, duplicidades y opacidad financiera en informe sobre los Festivales al Parque de Bogotá.

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La escena subterránea colombiana acaba de presenciar el ejercicio de periodismo de investigación y control ciudadano más demoledor de su historia contemporánea tras el cierre oficial de las pesquisas lideradas por la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte. Nacida desde las entrañas de la resistencia cultural y consolidada como el único contrapeso real frente a la desidia estatal, esta plataforma ha sacudido los cimientos de la burocracia musical local al destapar lo que las grandes esferas del poder cultural querían mantener sepultado bajo alfombras de terciopelo y contratos multimillonarios. Lo que comenzó como una sospecha sobre el manejo de los dineros públicos en los festivales más importantes del continente se convirtió en una radiografía de cómo se mercantiliza la pasión de miles de rockeros en favor de unos pocos operadores privados y clanes institucionales protegidos por el silencio administrativo.

Durante meses de un rastreo forense implacable por los laberintos transaccionales del SECOP II y la revisión de polémicos convenios de asociación, la veeduría diseccionó quirúrgicamente la maquinaria financiera del Instituto Distrital de las Artes exponiendo ante la opinión pública un modelo de contratación opaco que supera los trece mil millones de pesos entregados a dedo a entidades sin ánimo de lucro como el Teatro R101. El equipo investigador logró documentar la existencia de cajas negras presupuestales donde el Estado transfiere sumas astronómicas de dinero para operar festivales masivos mientras confiesa por escrito que carece de extractos bancarios y comprobantes de egreso reales para verificar el destino de los recursos. La investigación detalla con precisión quirúrgica cómo se desvío dinero destinado a la formación artística infantil en los barrios para tapar huecos en contratos de vigilancia y cómo se consolidó un monopolio técnico de backline e infraestructura donde las mismas empresas rotan en simulacros de subasta adjudicándose contratos por el cien por ciento del presupuesto oficial sin dejar un solo peso de ahorro para la ciudad.

El informe final no solo desnuda la duplicidad escandalosa de los gastos operativos y el pago inflado de más de mil doscientos millones de pesos a sociedades de gestión colectiva mediante falsas motivaciones de exclusividad, sino que también pone sobre la mesa el acoso sistemático, los vetos corporativos y las persecuciones policiales orquestadas contra los veedores que se atrevieron a desafiar el statu quo. Con este compendio probatorio ya radicado formalmente ante los entes de control fiscal y disciplinario, la veeduría cierra un ciclo histórico demostrando con documentos firmados que la deshonestidad y la tercerización corrupta imperaban en el corazón de la fiesta musical de Bogotá, dejando ahora la responsabilidad en manos de una ciudadanía que ya despertó y de unas autoridades obligadas a romper su complicidad histórica.

Obviamente el trabajo investigativo termina, se presentaron más de 250 páginas de pruebas. Ya el documento reposa en manos de las autoridades después de que a la veeduría concluyera su trabajo aun con allanamientos basados en denuncias falsas, seguimientos a las viviendas, amenazas y desacreditación por parte de intereses oscuros los cuales también se han solicitado sean investigados.

La conclusión de una auditoría forense de esta magnitud no se sostiene en adjetivos grandilocuentes, sino en la implacable arquitectura de los documentos públicos. Tras meses de un cruce metodológico de bases de datos transaccionales en el SECOP II, oficios institucionales de respuesta evasiva y resoluciones presupuestales, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte ha consolidado el expediente más riguroso y documentado sobre las anomalías estructurales que rigen la contratación del Instituto Distrital de las Artes y los Festivales al Parque en Bogotá. El informe no es un manifiesto político, sino una autopsia institucional que demuestra cómo los mecanismos de fomento cultural fueron desplazados por una maquinaria de tercerización opaca, diseñada para transferir millonarios recursos públicos a manos privadas eludiendo los principios elementales de la contratación estatal.

El núcleo de esta desviación financiera se sostiene sobre convenios de asociación plurianuales que superan los trece mil trescientos millones de pesos entregados a la Asociación Cultural Teatro R101, un operador privado que recibe el grueso del presupuesto operativo mientras la propia entidad pública confiesa por escrito que carece de extractos bancarios, comprobantes de egreso y copias de los subcontratos artísticos que justifiquen el destino real de los dineros. Esta renuncia deliberada a la fiscalización bancaria convierte al operador en una caja negra financiera, blindada por respuestas burocráticas que fragmentan la información entre entidades hermanas y por fallos judiciales de primera instancia que conceden plazos de espera funcionales para la consolidación de coartadas documentales, reproduciendo las mismas prácticas de opacidad detectadas en la gestión de estímulos anteriores como la Beca LEP.

La lista estructurada de los principales hallazgos técnicos y jurídicos de la investigación contine más de 70 jallazos de irregularidades de los cuales estos son algunos de los principales:

La “Caja Negra” Financiera del Teatro R-101 ($13.361 Millones): IDARTES transfiere multimillonarios recursos públicos mediante convenios de asociación para operar los Festivales al Parque, pero la propia entidad confiesa documentalmente que no audita las cuentas bancarias ni posee la totalidad de los subcontratos y pagos a artistas, amparándose en que los extractos son “documentos privados internos” del operador.

Duplicidad Contractual y Gasto Paralelo: IDARTES cubre directamente con contratos independientes los componentes esenciales de técnica, logística, seguridad, salud y transporte, mientras transfiere en paralelo sumas globales al operador privado, configurando un presunto pago doble por las mismas obligaciones operativas.

El Monopolio de Proveedores Técnicos: Concentración plurianual de más de cien contratos en un círculo cerrado de proveedores de infraestructura y backline (como Audio Daz y 4 Cuartos), amparados en pliegos restrictivos, subastas sin ahorro para el Estado (adjudicadas por el 100% del presupuesto) y confesiones documentadas de “monopolio de inventario”.

Escalada Injustificada en los Pagos a SAYCO (Aumento del 600%): Incremento desproporcionado en los giros directos por derechos de autor (de $178 millones en 2024 a más de $1.229 millones en 2026), fundamentados en una falsa motivación sobre inexistencia de pluralidad de oferentes y ejecutados a ciegas en el primer mes del año sin cruce de planillas de repertorio real. Todo esto a una entidad sancionada que históricamente ha estado envuelta en cientos de escándalos.

Privatización del Espacio Público y Patrocinios Ocultos: Explotación comercial de los parques metropolitanos y montaje de escenarios comerciales (como la tarima corporativa comercial) por parte de marcas privadas y licoreras, cuyos contratos y recaudos no ingresan al Tesoro Distrital ni son vigilados por la administración.

Nómina Paralela y Fraccionamiento Presupuestal: Uso masivo de la contratación directa por prestación de servicios y fraccionamiento de Certificados de Disponibilidad Presupuestal (CDPs) para mantener una estructura burocrática interna transversal que elude los concursos públicos de mérito y los umbrales de selección objetiva.

Vetos, Hostigamiento e Intimidación al Control Social: Bloqueo institucional y sistemático contra plataformas de veeduría y medios independientes (como Subterránica y el Museo del Rock Colombiano), trascendiendo a hostigamientos y operativos de presión policial y judicial contra los veedores ciudadanos.

Con la presentación de este informe técnico y financiero, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte cumple a cabalidad con su mandato constitucional y legal de control social, habiendo recaudado y documentado el acervo probatorio que demuestra las graves irregularidades que rodean la contratación de los Festivales al Parque.

No obstante, corresponde ahora de manera exclusiva a las autoridades competentes (Fiscalía General de la Nación, Contraloría General de la República, Procuraduría General de la Nación y Personería de Bogotá) asumir la responsabilidad legal que les compete: realizar las investigaciones forenses de fondo, practicar las pruebas periciales necesarias y tomar las decisiones disciplinarias, fiscales y penales a que haya lugar. Nuestra labor investigativa ha llegado a su término; el esclarecimiento definitivo de los hechos y la determinación de las responsabilidades legales quedan enteramente en manos del Estado.

@veeduríaojoalarte

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Colombia

Bogotá afina las guitarras para Incendiar Wacken y el primer heat ya tiene dueño

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La maquinaria del metal colombiano ha vuelto a rugir con una fuerza que no entiende de fronteras y Wacken Metal Battle Colombia ha abierto oficialmente su cuarta temporada consecutiva con una noche que quedará grabada en la memoria de la escena capitalina, porque Bbar se convirtió en el epicentro de una operación enorme que activa un circuito único en la región y que este 2026 llega con un antecedente demoledor, el primer lugar a nivel mundial conquistado con fuerza por el talento de los chilenos Force, un hito que ahora obliga a llevar a dos bandas al campo sagrado de Alemania y que eleva la vara para cada agrupación que se atreve a subirse al escenario.

La geografía de esta batalla es tan ambiciosa como su propósito y nuestra región se divide en dos, norte con Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que el oeste agrupa a Chile, Perú y Bolivia, tejiendo una red de eliminatorias que desembocan en una final regional donde los mejores exponentes del continente se disputan el pasaje a Wacken Open Air y esa presión se sintió desde el primer acorde en Bogotá, donde cinco bandas de altísimo nivel se lanzaron a la arena con la certeza de que solo un cupo directo estaban en juego y con la responsabilidad de demostrar que la escena local es mucho más que las diez bandas que suelen rotar por los espacios públicos.

La primera en reventar el escenario fue Decimation, una agrupación bogotana de death metal formada en 2016 que sonó como un camión y que dejó claro por qué es una de las bandas más sólidas del circuito extremo capitalino, con una alta factura en los riffs de guitarra y una energía que no dio tregua en ningún momento, porque su punto fuerte es ese front man que combina una voz poderosa con una presencia escénica bestial y que, respaldado por una banda de ejecución precisa, logró que el público entendiera de inmediato que la noche no iba a tener concesiones, sobre todo si se tiene en cuenta que Decimation trabajando constantemen te consolidando un nombre que ya es sinónimo de brutalidad bien entendida en la movida bogotana.

Siguió Atomic Heart, una de esas bandas jóvenes que llevan varios años trabajando y cuya evolución ha sido evidente para quienes han seguido su rastro, porque el ensamble musical es de mucho calibre y refresca una escena que necesita urgentemente de savia nueva, y es que Atomic Heart ha dado un giro hacia una especie de hard rock con una identidad propia que ellos mismos bautizaron como Street-Rock, una propuesta que refleja lo que es ser un muchacho en estos tiempos y que se sostiene en el caos urbano de Bogotá como materia prima, con guitarras pesadas, estructuras directas y una estética que bebe del pixel art y el glitch, además de contar con recorrido que ya supera una enorme cantidad de presentaciones y nominaciones en los Premios Subterránica 2026, lo que confirma que su juventud no es un obstáculo sino un combustible para seguir conquistando espacios.

Luego vino Sunset Street, una banda que ha dado mucho de qué hablar en Bogotá por su puesta en escena, su look y su energía, y que representó toda la estética glam de los ochentas a la perfección con una diversión contagiosa que cautivó al público desde el primer acorde, porque su propuesta rescata el sonido y la imaginería de bandas como Mötley Crüe, Ratt y Poison con una fidelidad que no cae en la copia y que, por el contrario, se apropia del sleaze metal para proyectarlo hacia el presente, y para este heat integraron una segunda voz femenina que sí aportó y enriqueció tanto visual como musicalmente, sumando armonías, texturas y una presencia escénica que potenció la puesta en escena y se complementó con la solidez de un grupo que se nota sin esfuerzo sobre las tablas, con un performance que levantó a todos los asistentes y que confirmó por qué son una de las bandas revelación de los últimos años en el país.

Le llegó el turno a Detonadores, una agrupación que ha sufrido cambios a lo largo de los años hasta consolidar lo que son hoy, con una demostración de poder que dejó al jurado sin argumentos en contra, porque su vocalista es una fuerza de la naturaleza imparable, una mujer que se lleva por delante a muchos de los vocalistas de metal actuales y que, con una música que mezcla crust punk alterado con la fuerza del gutural, convierte cada canción en un golpe profundo y pesado, agresivo y con clase, demostrando que la escena extrema colombiana tiene nombres femeninos que están redefiniendo las reglas del juego y que el jurado supo reconocer al momento de deliberar, apostando por una presencia escénica arrolladora y por un sonido que no necesita adornos para ser demoledor.

Para cerrar la noche llegó Thunder Steel, heavy clásico pero con tintes modernos, riffs rápidos y una puesta en escena perfecta para despedir una jornada tan intensa, y bandas como estas demuestran que los géneros más puros del rock se están retomando por las nuevas generaciones y los están haciendo propios, metiendo el tinte de la ciudad y la realidad en donde viven, porque a pesar de que ya habían pasado cuatro bandas la gente se levantó y respondió con una entrega que pocas veces se ve en un concierto de esta naturaleza, validando el trabajo de una agrupación fundada en 2010 que lleva más de una década construyendo un camino en la escena bogotana y que con discos como “Legión del Trueno” ha sabido mantener viva la llama del heavy metal tradicional sin quedarse anclada en el pasado.

Fue un gran inicio de Metal Battle y las cuentas hablan por sí solas, porque en tres participaciones hemos conquistado dos podios a nivel mundial y eso para nosotros dice mucho, pero la apuesta para esta edición es buscar esa banda que vuelva a remover la tierra de Wacken y eso es algo totalmente difícil, tanto que no se puede decir que hubo una mejor banda que otra, porque los estilos fueron diferentes y los sonidos también, y por eso el jurado se tardó tanto tiempo en decidir, aunque al final el veredicto fue claro, el ganador del primer Heat es Detonadores porque el jurado piensa que la presencia escénica de su vocalista y el poder de la banda podrían destacar en el campo sagrado, así mismo Sunset Street pasa a las finales gracias a un performance que levantó a todo el público y que además les valió el voto de la gente, y algo interesante que estamos haciendo es que las bandas voten por otra banda, y ese voto se lo llevó Atomic Heart, lo cual es muy interesante porque demuestra que todos apoyaron a la generación nueva y que la escena entiende que el relevo generacional no es una amenaza sino una necesidad.

Qué honor poder ver a estas bandas en este circuito y descubrir y reiterar una vez más que Bogotá es mucho más de las diez bandas que rotan por todos los espacios públicos, porque a los que fueron saben que fue un concierto de talla mundial y que las grandes bandas no necesitan estadios para sonar como deben, así que encontraremos de nuevo a Detonadores y Sunset Street en las finales para ver si alguna de ellas avanza a la gran final regional, mientras que por lo pronto el segundo heat será el sábado 24 de octubre con otro cartel que promete darnos una de las mejores noches del año y que dejará claro que esta cuarta edición del Wacken Metal Battle Colombia no es un simple torneo sino una declaración de intenciones de una escena que ya no pide permiso para existir sino que exige ser escuchada.

@subterranica

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Colombia

Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano

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¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?

Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.

Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas

Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.

El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.

El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.

Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.

Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.

Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.

Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM

Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.

Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.

Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?

Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.

La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.

La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.

Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia

100% de la asistencia

$561.020.000

561.020 asistencias pagando $1.000 cada una

90% de la asistencia

$504.918.000

504.918 asistencias pagando $1.000 cada una

75% de la asistencia

$420.765.000

420.765 asistencias pagando $1.000 cada una

50% de la asistencia

$280.510.000

280.510 asistencias pagando $1.000 cada una

25% de la asistencia

$140.255.000

140.255 asistencias pagando $1.000 cada una

Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.

Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.

Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?

La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.

Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?

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