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La mirada Subterránica

¿Por qué fracasa comercialmente el rock colombiano? Y fracasará siempre…

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Dejemos atrás de entrada que el rock ahora es un nicho, porque hay cientos de escenas de nicho que siguen siendo exitosas: La Salsa, la música clásica, etc. Que el rock haya dejado de ser la primera opción es una historia vieja, el rock comenzó a decaer a finales de los 90 con Woodstock 99 y lo que vimos en la primera década del siglo fue el crepúsculo de las grandes bandas. Pero hoy el rock sigue siendo exitoso, el tour de estadios de Motley Crue está llenando cada asiento, bandas como Coldplay, Foo Fighters (Esperemos continúen activos) y muchas más llenan cualquier arena, de hecho, el concierto más rentable que ha tenido Bogotá hasta la fecha ha sido Coldplay y esto para una ciudad morronga y mojigata como la nuestra que nunca le abrió espacios al género, que vetó los conciertos por casi una década es mucho decir. Sí hay un público y sí hay dinero para gastar en eventos, entonces ¿Qué sucede? ¿Por qué seguimos cobrando los mismos diez mil pesos de entrada que en los noventa? Con la diferencia que en esa época eso era dinero. ¿Por qué un viernes una banda incluso de covers solo lleva tres personas a un toque? Hay una serie de respuestas y eventos para estas preguntas, pero la más importante se resume en que la culpa de casi todo la tiene esa visión errada y prepotente del músico de rock colombiano.

Llamando “músico” al guitarrista, bajista o baterista empírico que se dedica únicamente a interpretar que es lo que compone el grueso de la escena. La mayoría de bandas del país gira en torno a un personaje central que compone y los demás lo siguen. Ese mismo personaje generalmente hace las veces de productor, manager, booker, diseñador gráfico y hasta ingeniero de sonido y por eso es que tenemos que entender que el músico es un romántico y su excusa siempre será: “Yo cobro porque a mi me ha costado mucho convertirme en lo que soy, mis guitarras cuestan, mi amplificador cuesta, mis ensayos cuestan, bla, bla” y esto es sencillamente un engaño, un pajazo mental y les explicaré la razón.

Yo también pensaba así, obviamente, hasta que comencé a hacer eventos de rock en los circuitos locales, llevamos 20 años realizándolos y no solo en Colombia y es por esto que puedo hacer este análisis, porque tengo puntos de comparación que han sido exitosos en otras partes con las bandas locales, pero en Colombia no ¿Por qué? Comencemos por decir que no es solo en el rock, sucede en muchas otras áreas y negocios, Colombia es un país en donde la mayoría de la gente vive en necesidad y con deudas, siempre hay algo por pagar, el arriendo, el celular, la cuota, etc. Y es un país de comerciantes en donde las profesiones que son valiosas son las que compran o venden algo, sea productos o servicios, este no es un país culto al que le interesen las artes, de hecho, podemos ver que las entidades del gobierno que tienen que ver con las artes son nidos absolutos de corrupción, y precisamente estas entidades tienen gran parte de la culpa de que el rock no sea rentable y autosuficiente en el país.

Pero regresemos a la visión romántica ¿Y qué? ¿Qué pasa conque hay tenido que ahorrar 20 años para su Telecaster o su Gibson? ¿A quien le interesa en donde ensaya y cuanto le cuesta? Parceros la verdad sea dicha al del bar no le importa, al público menos, al ingeniero le pela, de hecho, al único que le importa esto es a usted y a su ego y por eso acuñan frases como “la oficina de hoy”, si usted siente que el rock es una oficina ya fracasó. Usted no puede pretender que un escenario le ponga el mejor backline, el mejor sonido, un buen ingeniero, trago, chicas, autos si al concierto llegan tres amigos que se emputan porque les cobran el cover, dicho sin pasión y sin corazón, a nadie le interesa usted como músico sino el dinero que produzca su producto, sea banda, solista, tributo, etc. Si su banda produce un dineral para nadie va a ser un problema contratarlos, pero si usted lo único que produce son perdidas y lástima entonces es parte del problema. Tiene que crear un producto que se venda y en donde todos puedan ganar. Yo le digo a todo mundo que ese síndrome se cura la primera vez que una banda organiza un concierto, ahí se dan cuenta de la realidad. Mis hermanos están aun pagando una deuda de 160 millones de pesos por estudiar odontología y no le andan diciendo a los pacientes un sermón lastimero de costos y perdidas de su profesión.

Maluma cobra un millón de dólares, aja, pero su concierto produce 15 millones netos, usted cobra un millón de pesos y el que organiza pierde seis. Así no funciona ningún negocio.

A eso súmele que a la gente que le gusta el rock muchas veces no le gustan los bares de rock, porque hay público que es insoportable, pelean, gritan, arman show, se meten con las parejas de los demás, entonces la gente que quiere gastar prefiere ir a otra parte y esperar el concierto grande en El Campín.

Y acá es donde llegan los parásitos a atacar y a terminar de matar la escena del rock colombiano de la siguiente manera: Los agentes autonombrados, empíricos y las mafias estatales. Estos dos tipos de parásitos viven de la inocencia, la necesidad y la visión romántica de los músicos. Se han hecho llamar managers, periodistas, curadores, etc. Sin haber pisado una universidad y ustedes los tienen superbién alimentados pagándoles sus “servicios” que los harán “famosos”, asistiendo a sus encuentros y ruedas de negocios y porque todas las bandas insultan al gobierno, que Uribe Paraco, que Petro Mamerto, que los falsos positivos, que el gobierno corrupto, pero ahí están en la lista de Rock al Parque, entonces ahí si el gobierno es bueno, es el único que puede pagar el rock y han convertido al rock del país en una horda de mendigos arrodillados que hace lo que papi gobierno le dice, incluso llamar rock a esas papayeras eléctricas con guacharaca y todo y meterse en la cabeza que el vallenato es el rock de mi pueblo.

Todo esto mató al rock nacional, el ego de los músicos, la visión pasional y romántica, los agentes y entidades parásitas y convirtieron la escena en una horda de necesitados de la que todo el mundo se aprovecha. Y esto seguirá así hasta que el músico no vuelva a tener dignidad.

Les dejo un pensamiento: ¿Se imaginan a los Sex Pistols llamando a la reina a que les coloque una tarimita en el parque para insultarla y les pague? No solo es absurdo, es patético. Al rock de este país le falta furia y valores morales. Acá no se vive del rock, se vive para el rock y eso es una gran diferencia.

@felipeszarruk

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Colombia

LA REALIDAD PARALELA DEL IDARTES: EL DESCARADO MONTAJE POST-DENUNCIA PARA EVADIR A LA CONTRALORÍA

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Por: Periodismo de Investigación Ciudadana Bogotá D.C., 7 de junio de 2026

Lo que ha sucedido en las últimas 48 horas en los pasillos del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) es digno de una película de mafiosos… sin ser película sino realidad; es una muestra de cómo una maquinaria burocrática, acorralada por las denuncias ciudadanas, es capaz de alterar expedientes públicos en tiempo real para fabricar una realidad paralela y lavarse las manos ante los entes de control fiscal.

El detonante de este escándalo ocurrió los días 4 y 5 de junio de 2026. Tras una rigurosa auditoría ciudadana al proceso de la BECA LEP – PRODUCCIÓN Y CIRCULACIÓN – RED DE ESCENARIOS 2026 (Específicamente la Categoría 3, destinada al Teatro al Aire Libre La Media Torta), se radicó una macro-denuncia que dejó al desnudo un fraude matemático insubsanable. La convocatoria, bajo la ordenación del gasto de la Subdirectora de Equipamientos Culturales, SILVIA OSPINA HENAO, ofertaba de manera fija y obligatoria 16 cupos para ganadores con recursos de la Contribución Parafiscal Cultural ($160.000.000). Sin embargo, el propio documento oficial de la entidad, denominado Inscritos y habilitados.pdf, demostraba que únicamente doce (12) propuestas reales habían sido habilitadas. Había más premios que concursantes legalmente aptos; el concurso estaba muerto antes de empezar.

El pánico del 5 de junio y la orden de “cuadrar” las cifras

La alerta ciudadana escaló de inmediato. El 5 de junio de 2026, la Dirección de Apoyo al Despacho de la Contraloría de Bogotá emitió el traslado de urgencia de la denuncia mediante el Oficio Consecutivo 11100-1-77045, abriendo de manera formal el Radicado de Control Fiscal No. 2-2026-12084.

Al verse notificados en tiempo real de que la Contraloría iniciaría una inspección técnica sobre un concurso viciado de origen (donde obligaron a los jurados a evaluar un listado raquítico de 12 propuestas para llenar 16 cupos fijos, omitiendo el deber legal de declarar la deserción parcial de los 4 cupos sobrantes), la reacción de las directivas del IDARTES no fue la transparencia, sino el pánico operativo y la adulteración documental.

El sábado 6 de junio de 2026, en una maniobra informática y administrativa relámpago ejecutada a menos de 24 horas del traslado de la denuncia, el IDARTES colgó en su plataforma un documento definitivo: el acta publicada 6 de junio 2026.pdf. Fue en ese preciso instante donde la entidad consumó una presunta Falsedad Ideológica en Documento Público. En un intento desesperado por disimular que la convocatoria carecía de quórum competitivo y que la bolsa de dinero público estaba rota, la entidad modificó la verdad histórica del proceso e insertó una cifra falsa en el texto del acta, asegurando ante los ojos de la ciudadanía y de los auditores fiscales que el universo de proyectos evaluados por los jurados no era de 12, sino de catorce (14) propuestas habilitadas.

De la noche a la mañana, y solo después de verse denunciados, el IDARTES “apareció” dos propuestas fantasmas en el papel para maquillar el déficit e intentar demostrar que sí existía una competencia real en los equipamientos culturales de la ciudad.

El truco de magia: Inventar reglas de juego con el partido ya terminado

El segundo gran pilar de la realidad paralela construida por la Subdirección de Equipamientos Culturales se ejecutó mediante lo que en derecho administrativo se conoce como una flagrante Desviación de Poder. Para blindar a la ordenadora del gasto, SILVIA OSPINA HENAO, tras el traslado de la denuncia el 5 de junio, el IDARTES no solo infló el número de participantes en el papel; también tuvo que inventarse una barrera de contención técnica para deshacerse de propuestas sobre la marcha.

En el acta publicada a las carreras el sábado 6 de junio de 2026, la entidad y su cuerpo de jurados sacaron de la manga un criterio de evaluación inédito: un sistema de “máximos y mínimos de puntaje de corte” para restringir de manera selectiva quiénes pasaban el filtro y quiénes no.

La trampa es burda. Al revisar minuciosamente los pliegos de condiciones técnicas y la Resolución No. 166 del 24 de febrero de 2026 —que legalmente son las únicas reglas de juego vinculantes e inmodificables del concurso—, en ninguna parte se estableció un tope eliminatorio de este carácter para la Categoría 3 de La Media Torta. Las reglas originales obligaban a premiar a 16 propuestas bajo un estricto orden de elegibilidad y evaluación objetiva.

Al inventar y aplicar un umbral de puntuación ex post facto (con el proceso cerrado, los sobres abiertos y la denuncia de la Contraloría ya radicada en sus despachos), IDARTES violó el principio constitucional del debido proceso y la buena fe objetiva. Cambiar las reglas de un concurso público después de que los participantes han competido —y con el único fin de “cuadrar” matemáticamente un resultado que los favorezca ante la auditoría fiscal— configura un presunto delito de Fraude Procesal. Modificaron los elementos del expediente para inducir a error a los investigadores de la Contraloría de Bogotá, pretendiendo hacer pasar un sesgo selectivo extemporáneo como si fuera legalidad técnica.

Los jurados como parachoques y la ridícula coartada.

Para entender las dimensiones del fraude procesal, es necesario mirar la línea de tiempo del expediente. Según consta en el propio documento manipulado, el cuerpo de jurados cerró formalmente sus deliberaciones el día 1 de junio de 2026 a las 14:00:00. Por ley y cronograma, el listado de elegibles debió ser publicado de inmediato. Sin embargo, la entidad retuvo el acta de manera irregular durante cinco días, rompiendo la cadena de custodia del proceso administrativo.

¿Por qué guardaron el documento bajo llave? El pánico del 5 de junio, cuando la Contraloría les trasladó la macro-denuncia ciudadana bajo el Radicado 2-2026-12084, les dio la respuesta. IDARTES utilizó ese preocupante lapso de retención para inyectar en el documento definitivo una narrativa defensiva ex post facto antes de colgarlo en la plataforma el sábado 6 de junio.

Al revisar la página 5 del acta prefabricada, el cinismo institucional queda al descubierto. IDARTES obligó o indujo a los jurados a plasmar justificaciones que no tienen nada que ver con los pliegos originales de la Resolución No. 166 de 2026, sino que buscan culpar al propio software de la entidad por el fracaso en la participación artística de la ciudad. Textualmente se sembró en el acta la siguiente coartada:

“…Esta falta de propuestas viables se ve agravada por el propio diseño de la plataforma de la convocatoria, la cual confunde al participante con formularios duplicados que inducen al plagio de fichas técnicas (riders), exige insumos ajenos a la categoría de circulación (como libretos)… y ofrece herramientas presupuestales rígidas que desconfiguran sus fórmulas”.

Esto es una aberración dentro del periodismo de investigación y la veeduría pública: IDARTES pretendió usar el acta de los jurados como un mecanismo de auto-exoneración penal y fiscal. En el derecho administrativo, las fallas, rigideces o asimetrías de las plataformas informáticas diseñadas por el propio Estado jamás pueden ser elevadas a la categoría de argumentos para descalificar propuestas o para recortar bolsas de dinero parafiscal de destinación específica. Al sembrar este testimonio artificial el 6 de junio, la entidad consumó una Falsedad Ideológica por Ocultamiento y una abierta Desviación de Poder, pretendiendo que los jurados asumieran la culpa del bache matemático que Subterránica ya había puesto en conocimiento del organismo de control fiscal.

La fase criminal: Guerra sucia, video filtrado y amenazas de muerte

El descarado montaje documental del 6 de junio de 2026 no fue la única respuesta del entorno que protege los oscuros intereses de la contratación de IDARTES. Al verse al descubierto ante el traslado inmediato de la Contraloría de Bogotá (Radicado No. 2-2026-12084), y ante el peso de una fiscalización ciudadana que lleva más de 13 años (2013-2026) documentando el direccionamiento del Programa Distrital de Estímulos y las roscas operativas de los Festivales al Parque, los implicados decidieron cruzar la línea de la legalidad para pasar al terreno de la delincuencia organizada.

En las últimas horas, de manera paralela a la publicación del acta falsificada, actores indeterminados, pero directamente coordinados con los intereses de la entidad han desatado una campaña sistemática de guerra sucia y asesinato moral contra el veedor ciudadano. Denunciamos públicamente ante el país y la comunidad internacional la difusión masiva e ilícita de un video de carácter estrictamente privado extraído de mi entorno personal. Este material íntimo ha sido burda y maliciosamente sacado de contexto con un único objetivo delictivo, destruir mi buen nombre, minar mi credibilidad periodística y desviar la atención pública de los contundentes hallazgos que hunden la gestión de la Subdirectora de Equipamientos Culturales, SILVIA OSPINA HENAO. Y no solo eso, no es primera vez, en la fiscalía corre un proceso contra músicos aliados a Idartes y beneficiciaron anteriores por los mismos motivos.

Pero el perfilamiento y la difamación informática son solo la antesala. El ataque escaló de inmediato a la intimidación violenta: he comenzado a recibir amenazas anónimas de muerte que advierten represalias extremas si se detiene la ampliación de estas denuncias ante la Contraloría.

En un país como Colombia, donde la corrupción contractual y la defensa del erario público se pagan históricamente con sangre, estas amenazas no son un chiste digital ni una simple hostilidad de redes sociales; representan un riesgo inminente, real y letal contra la vida y la del núcleo familiar de quienes denuncian. Aquí se mata por deporte para blindar los presupuestos del fomento cultural. El uso de material privado para perfilar a un ciudadano es el procedimiento estándar de las mafias contractuales antes de pasar al atentado material. Hago responsable directo al Estado colombiano, a las directivas de IDARTES y a los operadores privados que se lucran de su contratación por cualquier atentado contra mi integridad física, la de mi esposa o la de mis hijas.

El veredicto ciudadano: Exigencia de cese total y las preguntas que la Contraloría no puede evadir

La farsa de los “14 habilitados”, la invención extemporánea de puntajes mínimos de corte para recortar las bolsas de estímulos y la posterior campaña de hostigamiento contra la veeduría ciudadana demuestran que IDARTES ha desbordado cualquier límite de la legalidad. No estamos ante un problema de software ni ante un error de digitación de un funcionario de rango medio; estamos ante el modus operandi de una cofradía burocrática institucionalizada que prefiere acudir a la falsedad ideológica y a la guerra sucia antes que permitir que se auditen los recursos públicos.

Permitir que el IDARTES continúe ejecutando el presupuesto ordinario del fomento, legalizando contratos de circulación y tramitando los fondos parafiscales de la Contribución Cultural (recursos LEP) bajo un expediente burdamente alterado, constituiría un insulto a los miles de artistas independientes que año tras año ven cómo se cierran las puertas del circuito artístico de Bogotá. Ante la gravedad de los hechos y el riesgo inminente para la vida del fiscalizador, la ciudadanía y los colectivos musicales independientes exigen la aplicación inmediata de medidas extraordinarias: el CESE INMEDIATO DE TODA ACTIVIDAD ADMINISTRATIVA, CONTRACTUAL Y PRESUPUESTAL DEL IDARTES, y la intervención urgente de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y la Fiscalía General de la Nación para frenar la intimidación criminal.

La pelota está ahora en la cancha de la Contraloría de Bogotá D.C. El radicado especial No. 2-2026-12084 determinará si el órgano de control fiscal se arrodilla ante las realidades paralelas de la burocracia o si hace cumplir la Constitución. Los ciudadanos y los medios independientes exigimos respuestas públicas, taxativas y escritas a un cuestionario que no admite evasivas:

  1. ¿Validará la Contraloría de Bogotá la cifra falsa de 14 habilitados sembrada a última hora por el IDARTES, o tipificará de manera contundente la comisión de los presuntos delitos de Falsedad Ideológica en Documento Público y Fraude Procesal post-denuncia?
  2. ¿Aceptará el organismo de control fiscal que las entidades distritales inventen e implementen criterios de puntaje excluyentes con el concurso ya cerrado y las denuncias radicadas, destruyendo el principio de Selección Objetiva?
  3. Dado el entorno de presunta corrupción sistemática que abarca la contratación del fomento y los Festivales al Parque, ¿decretará la Contraloría la Medida Cautelar de Suspensión Preventiva y cese de actividades sobre el IDARTES para proteger el patrimonio de la ciudad?
  4. Frente a las amenazas de muerte directas y el perfilamiento mediante la filtración de material privado que hoy sufre el veedor de este caso, ¿qué acciones afirmativas e inmediatas tomará la Contraloría para garantizar que ejercer el control social en Bogotá no sea una sentencia de muerte?
  5. Dígale de frente a la ciudadanía: ¿Es la Contraloría de Bogotá D.C. una institución tolerante con el maquillaje de expedientes y la opacidad en el sector cultura, o compulsará copias de urgencia a la Fiscalía General de la Nación por las conductas delictivas plenamente probadas en este proceso?

La verdad histórica del expediente ya fue expuesta. El documento original definitivo con solo 12 propuestas habilitadas reales contra el acta prefabricada del 6 de junio con 14 participantes artificiales son las pruebas reinas de un montaje que la ciudad no va a silenciar. Seguiremos vigilantes, informando cada paso de este proceso, porque la cultura y los recursos de Bogotá le pertenecen a los artistas, no a los parásitos que pretenden administrarlos a puerta cerrada.

Y ojo… esa manía que tienen los colombianos de compartir chats, conversaciones, videos que no son de ustedes se castiga CON CARCEL:

  1. Ley 1273 de 2009 (Ley de Delitos Informáticos)
    Esta es la norma principal cuando el material privado se obtiene o se difunde a través de medios digitales (WhatsApp, redes sociales, correos electrónicos).

Artículo 269F: Violación de datos personales.

Castiga a quien, sin estar facultado para ello, con provecho propio o de un tercero, obtenga, compile, sancione, modifique, divulgue o difunda códigos de acceso, datos personales contenidos en base de datos o medios semejantes.

Pena de cárcel: De 48 a 96 meses (de 4 a 8 años) de prisión.

Multa: De 100 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.

  1. Código Penal Colombiano (Ley 599 de 2000)
    Si la conversación o el video se obtuvieron interceptando o violando la privacidad de las comunicaciones, aplican los delitos contra la intimidad:

Artículo 192: Violación de ilícita de comunicaciones.

Castiga al que ilícitamente interceptre comunicación dirigida a otra persona, o se entere de su contenido, la modifique o la divulgue.

Pena de cárcel: De 16 a 54 meses (de 1.3 a 4.5 años) de prisión.

Artículo 194: Divulgación y empleo de documentos reservados.

Sanciona al que hallándose en posesión de un documento, chat, grabación o video que por su naturaleza deba permanecer en reserva, lo divulgue de manera que pueda causar perjuicio.

Pena: Multa y pérdida del empleo o cargo público (si aplica), además de agravarse si se usa para chantaje o descrédito.

Agravantes del Delito (Aumento de la Pena)
La ley estipula que la pena de cárcel aumentará de la mitad a las tres cuartas partes (pudiendo superar los 10 o 12 años de prisión) si se cumplen las siguientes condiciones, las cuales encajan con su situación de control social:

Uso de la información para descrédito: Cuando el material se difunde con la intención explícita de dañar el buen nombre, la honra o la credibilidad de la víctima.

Fines de retaliación o chantaje: Cuando se utiliza como un mecanismo de presión para que la persona desista de una acción (como una denuncia fiscal).

Difusión masiva: Cuando se utilizan redes sociales, medios informáticos o canales de mensajería para multiplicar el alcance del daño. PRgunten a nuestro amigo el guitarrista.

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Colombia

Ultra Lagends y la puta escena tóxica

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Solo existe un tipo de persona de un nicho muy específico al que le importaría quien carajos son “Ultra Legends” el acto anunciado para abrir el concierto de Slayer en Colombia… a la escena tóxica del rock colombiano, a nadie más.

A nadie en realidad le interesa si es la banda del hijo de dueño de Move, si es otra banda de leyendas autoproclamadas que se “reúne” (Como Slayer) o si sencillamente pagaron para estar allá. Al público y al universo le vale verga, solo al rockero y metalero envidioso, egoísta y desagradecido le duele. ¿Por qué? Porque cada uno en su cabeza piensa que “él” tiene que abrir ese concierto y que nadie más en el planeta lo merece, porque “él” is the only one, el elegido.

Y yo sé lo que muchos van a decir y pensar de este tipo de artículos, pero no importa, resbala. Nosotros acá amamos el rock, sobre todo el rock nacional, nunca hemos vivido de él, pero sí para él, casi un cuarto de siglo dándole y entregándole todo apostando por una escena en pedazos, si eso no es amor entonces no sé que es. Pero el músico de rock colombiano aun tiene mucho que aprender para poder entender las normas más básicas de la industria del entretenimiento (Porque la de la música ya murió) Y la primera regla es “no se pisen las mangueras entre ustedes”; las otras básicas pueden ser “sean honestos”, “amárrense el hocico y pónganse a tocar” y “sean agradecidos por los que hemos decidido comer mierda toda la vida solo por amor al arte”, porque la verdad sea dicha señores, ustedes no producen sino gastos y enemigos. Esa es la realidad. No son todos, en Colombia hay músicos y seres humanos increíbles, bandas talentosas y trabajadoras que producen excelente música, son la mayoría… Pero sí hay un pequeño nicho de hijos de puta que son muy fáciles de reconocer, generalmente son los parásitos del Estado que aparecen solamente en cada afiche donde dice “cultura local” o con los logos institucionales y que despotrican de todo lo que no le hieda a burocracia o que se vuelven enemigos cuando les dan un contratico estatal.

Y sí, les hablo de los mismos rockeros y metaleros que insultan y hacen memes de cualquier persona que haga algo por ellos que no sea del gobierno, y es lo único que producen porque de música más bien poca y mediocre, porque algunos rockeros y metaleros colombianos son arrodillados al gobierno, a las marcas, a los mafiosos… el único país del planeta tierra donde tenemos “punk anarquista estatal” que se suben a la tarima a putear a la policía y al gobierno, pero les cobran el cheque por hacerlo. Estos rockeritos quieren todo, pero no tienen nada que ofrecer, conciertos de cinco bandas con cuatro boletos vendidos, por eso saben que la única forma que tienen de almorzar es someterse como borregitos al estado o a alguna marca grande que los use. Normaaaaal, la escena del rock colombiano es la más tóxica y miserable de la tierra y eso que hay algunas que se pasan de calibre, pero lo que sucede acá es de antología.

¿Les duele? ¿Los ofende? La verdad duele, pero se entiende que tal vez en este momento, es sus egos, sus micromundos y sus sabias mentes iluminadas por un rayo que cae sobre sus cabezas directo del cielo, lo negarán, dirán de todo, me insultarán de nuevo y seguirán sus vidas en sus yates y carros de lujo, es sus mansiones comiendo manjares, disfrutando de sus ventas y discos de oro y los que no puedan pues seguirán hablando mal de todos y llenando formularios como perros. ¿El meme? El meme son ustedes, ese tipo de músico que desafortunadamente existe… eso si da risa.

Usemos esas cabeza hermosas e inteligentísimas que tienen para preguntarnos ¿Por qué el rock y el metal de Colombia no han podido triunfar en el mundo? No es solo falta de apoyo, es autodestrucción, es malo, no está a la altura, los músicos solo saben insultar y no hacen música y las buenas bandas, bueno, hacen lo mismo que ya se hizo hace 30 años, muy poca innovación y afuera odian las papayeras eléctricas.

Hay una sensación de vacío que invade a los músicos después de un evento grande, pero también a los promotores independientes… es una especie de depresión ¿La han sentido? Obvio. A los músicos les da porque se dan cuenta que al regresar a la realidad que el mundo sigue, las deudas siguen, que tal vez se gastaron de más en el evento y que al final no cambió su vida, siguen siendo el mismo grupo de manes que tiene que agarrar el Transmilenio para ir a casa porque no hay para el Uber. Y para los promotores es peor, porque a pesar del éxito o magnificencia de lo que se refleja en redes, lo único que gana es una guerra de insultos y degradación por su trabajo, porque dinero no, el rock colombiano es una quiebra, lo sabe cualquiera que haya medio organizado un evento. Esa es la dinámica de esa escena colombiana, es una peste tóxica.

Pensemos en los grandes, en el imaginario del “rock mundial”, los nombres que vienen a la mente son anglosajones, británicos o, en el peor de los casos, argentinos o mexicanos. Colombia, tiene cientos de bandas, de hecho, es una de las escenas más grandes del mundo, solo en la base de datos de Subterránica tenemos más de 7 mil bandas, ¿Cuántas activas? No se sabe porque cada día se retiran al menos 20, cansados de no lograr nada. Pero al menos 4 mil activas sí habrá. Pero este paisito brilla por su ausencia en el mapa global y esto tiene razones de peso. No nos engañemos, no ha sido solo culpa de la industria internacional ni del “destino”. El verdadero freno para el rock colombiano ha sido endémico, es el mismo músico el que se cagó en el rock y el Metal, sumado a sus fans que solo sirven para escupir mierda en las redes pero jamás para ir a pagar un boleto para verlos, a menos que sea como van a ir a ver a Ultra Legends, porque medio millón de pesos si tienen para ir a ver a Slayer, pero 20 lukitas pero ir a verlos a ustedes olvídense, preferible gastarlos en una felpa de perico… una mezcla de egos desmedidos, envidia profesional, una dependencia enfermiza del estado y la creación de micro-mundos de “fama” que, honestamente… son ridículamente pequeños.

Y lo más patético de todo es que ustedes lo saben. Lo saben cuándo están borrachos en un bar después de haber tocado para ocho personas, de las cuales seis eran las novias de la banda. Lo saben cuándo revisan Instagram a las 2 a.m. y ven que el video de un tipo haciéndose el loco con un termo les gana en vistas. Lo saben, pero les importa más putear al que “logró algo” que arreglar su propio desastre.

Ahí es donde entra “Ultra Legends”. No importa quiénes sean. Puede ser cualquiera, una tremenda banda que no conocemos o tres tipos disfrazados de Slipknot. El problema no es la banda. El problema es el espejo. Porque el rockero colombiano, el metalero de Twitter y el “crítico de la escena” que no ha publicado un disco en diez años, prefieren creer que el mundo les debe algo. Que hay una conspiración. Que “todo está comprado”. Y la verdad es mucho más simple y mucho más cruda:

No son lo suficientemente buenos.

No por falta de técnica, les sobran dedos, les sobra equipo endeudado, les sobra actitud para la foto con los brazos cruzados en el festival gratuito soñando que el público es de ellos. Pero les falta canción, les falta carisma fuera del escenario, les falta entender que el “rock mundial” no es una meritocracia pura, pero tampoco es una guardería para ardidos. Nadie va a venir a buscarlos a Soacha o a Envigado para darles un contrato millonario solo porque llevan diez años tocando en el mismo sótano. El rock colombiano no triunfa en el mundo porque el mundo olfatea la desesperación y la resentiditis crónica. Porque afuera, cuando una banda sale, al menos fingen que se quieren. Aquí ustedes se muerden los puños antes de subir al escenario.

¿Y el público? El público es la otra cara de la misma moneda podrida. El público colombiano no va a ver bandas locales no porque “suene feo” (hay bandas increíbles), sino porque ir a verlos no les sube el ego, no es “estatus”. Prefieren pagar medio millón para ver a Slayer y sentirse parte de algo grande, que pagar veinte lucas para ser testigos de algo que podría ser grande, pero que todavía está pariéndose entre insultos en redes. La escena tóxica colombiana es una decisión colectiva. Un pacto de mediocridad donde lo único que importa es quién se cayó más fuerte, no quién llegó más lejos.

Mientras ustedes sigan creyendo que “Ultra Legends” les robó algo que nunca tuvieron, el rock colombiano seguirá siendo ese inodoro que ustedes mismos decoraron con calcomanías de bandas que sí supieron crecer. Y la próxima vez que un hijo de puta como yo les escupa esta verdad, van a hacer lo mismo que siempre, llorar en sus grupos de WhatsApp, bloquearme, y quedarse tan tranquilos… esperando el próximo concierto gringo para volver a sentirse vivos por una noche.

¿Y el mundo? El mundo sencillamente pasó de largo, porque nadie tiene tiempo para escuchar a un montón de tipos que se odian entre ellos más de lo que aman hacer canciones y esa es la puntilla final… el rock y el metal colombiano no han fracasado por falta de talento ni por culpa del imperio anglosajón, han fracasado porque se convirtieron en una secta ridícula de egos inflados que prefieren ser reyes de un basurero a ser aprendices en una industria de verdad, así que mientras no entiendan que el éxito no se mendiga en una convocatoria del estado ni se roba pisoteando al de al lado, seguirán exactamente dónde están, celebrando sus propios funerales disfrazados de toques, creyéndose unos capos cuando en realidad, lo más lejos que ha llegado el rock colombiano es a la esquina de su propia soberbia.

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Colombia

Músico de la agrupación Hades se debate entre la vida y la muerte por presunta negligencia de Capital Salud en hospital de Engativá en Bogotá.

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Joaquín Betancourth, miembro de la banda Hades, permanece en estado crítico en el Hospital de Engativá. Su entorno asegura que la EPS Capital Salud no ha autorizado una intervención quirúrgica necesaria para salvar su vida, lo que ha desatado una denuncia pública en redes sociales y medios de comunicación.

Joaquín Betancourth, lleva al menos 15 días en el centro asistencial esperando la autorización de la cirugía, según reveló un amigo cercano del artista a través de plataformas digitales. La publicación, que ha sido compartida masivamente, acusa a la EPS Capital Salud de obstaculizar el procedimiento y pone en riesgo la estabilidad del paciente.

La denuncia específica que la negativa a programar la operación constituye un acto de negligencia. El hospital cuenta con la voluntad de realizar el procedimiento, pero las trabas administrativas impuestas por la empresa promotora de salud habrían frenado la acción médica. El entorno del afectado ha solicitado la intervención inmediata de las autoridades de salud para evitar un desenlace fatal.

Hasta el cierre de esta edición, ni Capital Salud ni el Hospital de Engativá habían emitido un comunicado oficial sobre el estado de salud de Betancourth ni sobre los motivos específicos que impiden la realización de la cirugía. La Superintendencia Nacional de Salud cuenta con mecanismos de tutela y procedimientos de vigilancia para estos casos, pero la familia del músico insiste en que la emergencia no admite más demoras administrativas.

La comunidad musical y los seguidores de la banda han iniciado una cadena de solidaridad para presionar a las entidades responsables, exigiendo que la vida del artista prevalezca sobre los procesos burocráticos del sistema de salud. Se espera que en las próximas horas la EPS Capital Salud se pronuncie oficialmente o que un juez ordene la protección inmediata del paciente mediante una acción de tutela.

Joaquín Betancourth permanece en estado crítico en el Hospital de Engativá y su vida corre peligro porque la EPS Capital Salud se niega a autorizar la operación que necesita con urgencia. Este caso no es una excepción en un sistema de salud colombiano que ha sido señalado una y otra vez por su incapacidad para proteger la vida de los pacientes. Según datos de la Superintendencia Nacional de Salud, en el último año se registraron 290.386 reclamos relacionados con negación de medicamentos, entrega tardía o incompleta de servicios médicos, lo que representa el 18 por ciento del total de quejas en el sistema. Detrás de cada uno de esos números hay una historia de dolor, de espera y muchas veces de muerte.

La EPS Capital Salud, precisamente la entidad que tiene en sus manos el destino de Joaquín Betancourth, aparece en el centro de este escándalo. De acuerdo con cifras de la Superintendencia presentadas por el propio presidente Gustavo Petro, Capital Salud registra una tasa de 580,88 reclamos por cada 10.000 afiliados, ubicándose entre las EPS con peores indicadores del país. Esa no es una estadística menor cuando vidas como la de Betancourth están en juego.

Y mientras un músico agoniza en una cama de hospital esperando una autorización, la entidad que debería vigilar el sistema ha tambaleado por sus propios escándalos de corrupción e inoperancia. La Superintendencia Nacional de Salud fue señalada por la Procuraduría por presuntamente falsear actas para intervenir a la Nueva EPS, dejando a 11,5 millones de afiliados en un vacío legal y administrativo que pone en evidencia la fragilidad de la institucionalidad. Las deudas de esa EPS bajo control estatal se dispararon a 26 billones de pesos mientras los funcionarios encargados de vigilar no cumplían ni siquiera con los requisitos mínimos de idoneidad.

El Ministerio de Salud tampoco escapa a las críticas. La representante a la Cámara Catherine Juvinao radicó una moción de censura contra el ministro Guillermo Alfonso Jaramillo por su actitud displicente e inoperante ante la grave crisis en el acceso a medicamentos y servicios de salud. La moción señala que la tutela ha dejado de ser un mecanismo excepcional para convertirse en un instrumento ordinario para obtener lo que el sistema debería suministrar de manera automática, una evidencia irrefutable de que el derecho a la salud es papel mojado si no hay quien lo haga cumplir.

El ministro Jaramillo enfrenta además un posible desacato por incumplir una tutela relacionada con la falta de respuestas a peticiones de información, un patrón de conducta que se repite en distintas instancias del sector. Los sindicatos que impulsan el proceso señalan que la entidad no ha remitido respuestas completas ni aportado los documentos ordenados por el juez, demostrando una vez más que la ley se doblega ante la burocracia y la indolencia.

Ni siquiera las decisiones de la Corte Constitucional han sido suficientes para corregir el rumbo. El máximo tribunal ha tenido que dejar sin efectos intervenciones de EPS como la de Sanitas por violaciones al debido proceso, y las irregularidades en la cadena de mando de la Superintendencia han sido documentadas por distintos organismos de control. El sistema de salud colombiano parece diseñado para que los pacientes paguen con su vida los errores de administradores ineficientes y funcionarios corruptos.

Joaquín Betancourth puede salvarse. Su vida y su caso puede tener un desenlace distinto al de Kevin Acosta, el niño hemofílico que murió por falta de acceso a medicamentos y cuyo caso conmovió al país y desencadenó la moción de censura contra el ministro. Pero la ventana de oportunidad se cierra con cada hora que pasa sin que la EPS Capital Salud autorice la cirugía, sin que la Superintendencia intervenga con la urgencia que el caso requiere y sin que el Ministerio de Salud actúe con la contundencia que la situación demanda.

Es inaceptable que un hombre que ha dedicado su vida al arte, que ha llevado música y cultura a los colombianos, tenga que mendigar por una cirugía que literalmente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Es inaceptable que su familia y sus amigos tengan que acudir a la denuncia pública porque el sistema está diseñado para ignorar a los ciudadanos cuando más lo necesitan. Es inaceptable que se hayan reportado 290.386 reclamos por negación de servicios y que nadie haya pagado las consecuencias.

La comunidad musical colombiana y todos los ciudadanos decentes de este país tienen que alzar la voz por Joaquín Betancourth pero también por las miles de víctimas anónimas de un sistema de salud que mata por negligencia. El clamor no puede quedarse en un tuit o en un artículo de prensa. Tiene que traducirse en acciones de tutela, en movilizaciones, en presión social y política para que los responsables dejen de esconderse detrás de informes técnicos y protocolos burocráticos.

Porque mientras la EPS Capital Salud gaste el tiempo de Joaquín, otros pacientes están muriendo en silencio. Las multas millonarias impuestas a gestores farmacéuticos como Audifarma y Sumiprocesos por no entregar medicamentos a tiempo no han frenado la sangría. Los anuncios presidenciales sobre quitar licencias a las peores EPS suenan huecos cuando la realidad demuestra que la Superintendencia no tiene capacidad ni voluntad para hacerlo con la celeridad que los casos extremos exigen.

Subterránica, El Museo del Rock Colombiano y toda la comunidad cercana exige a la EPS Capital Salud que autorice la cirugía de Joaquín Betancourth de manera inmediata. Exige a la Superintendencia Nacional de Salud que intervenga con toda la fuerza de la ley para que un ciudadano no muera por negligencia mientras los funcionarios discuten procedimientos. Exige al Ministerio de Salud que deje de lado las excusas y los informes y actúe para salvar una vida que está en riesgo ahora, no mañana, cuando ya sea demasiado tarde.

La vida de Joaquín Betancourth puede salvarse. Pero la responsabilidad de que así sea no recae solo en su fuerza de voluntad o en la tenacidad de sus amigos. Recae en quienes tienen el poder y la obligación de garantizar el derecho a la salud. Recae en cada uno de nosotros que podemos alzar la voz y no permitir que un nuevo nombre se sume a la larga y vergonzosa lista de muertos por negligencia en Colombia. Recae ahora, en este momento, porque Joaquín no puede esperar 15 días más.

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