Latinoamérica
La Tormenta Perfecta ¿Por qué Force ganó Wacken Metal Battle a nivel mundial?
Han pasado unos días desde que los cimientos de Colombia temblaron y el eco de ese movimiento telúrico aún resuena en la memoria de un país que parece vivir en permanente estado de alerta. El silencio que guardé y que como promotor de Wacken Metal Battle Suramérica me pesa, no fue indiferencia sino la pausa necesaria para digerir que la música, por más poderosa que sea, a veces debe ceder el paso a la urgencia de la tierra. Pero el Metal, como la vida, siempre encuentra la forma de resurgir entre los escombros y por eso estamos aquí, para contar una historia que merece ser escrita con letras de resistencia y sudor.
Tres años. Eso es lo que ha tomado construir desde abajo una maquinaria que hoy nos permite hablar no de un sueño, sino de una realidad conquistada. Este 2026 hemos visto coronarse a FORCE, un trío chileno de glam metal, como campeón mundial en el Wacken Open Air. Pero para entender la magnitud de este logro, debemos retroceder y observar el mapa completo de la organización latinoamericana, un esfuerzo titánico que ha involucrado a seis países, cientos de músicos y una inversión que va más allá del dinero.
Hablar de dinero en el Metal underground es hablar de sacrificio. Esta no es la historia de grandes patrocinadores ni de cheques millonarios; es la historia de bandas que han vendido su discografía, rifado sus instrumentos y dormido en buses para llegar a los heats nacionales. Durante tres años, Wacken Metal Battle en Suramérica ha sido un ejercicio de autogestión pura y dura. Los promotores de cada país han puesto su alma y su bolsillo para que la competencia sea posible. En Colombia, el modelo de Subterránica ha demostrado que se puede romper barreras sin maquinaria estatal ni presupuestos oficiales, logrando hitos que el gobierno con toda su plata no puede replicar. Este año, Colombia desplegó finales en Bogotá y las regiones, con una inscripción récord de casi 400 bandas, mientras que Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela y Chile también movilizaron sus escenas. Venezuela, con su problema geopolítico, no pudo estar presente en la final de Lima por la negativa de visado, pero su espíritu estuvo allí, recordándonos que el metal también es un acto de resistencia.

La final regional en Lima fue el punto de inflexión. Allí, en el Teatro Kantaro, no solo se enfrentaron diez bandas de élite; se enfrentaron realidades complejas, Bolivia con su geografía adversa y su escena que lucha por emerger desde el altiplano; Chile con su escena gigantesca y profesionalizada, que ha sabido construir un ecosistema sólido alrededor del metal; Ecuador con su movimiento underground que se abre paso entre la diversidad de sus regiones; Perú con el peso de ser anfitrión y la responsabilidad de mostrar que su escena está a la altura del evento y Colombia con la necesidad de romper el discurso del “talento local” para abrazar el del “discurso mundial”. Athemesis, con su metal sinfónico y virtuoso, y Altars of Rebellion, con su death metal técnico y demoledor, llegaron como representantes de un país que ya no depende de Bogotá para brillar. Son la prueba de que el metal colombiano se cocina en polos como Medellín y Pasto y que hoy compite en igualdad de condiciones en el circuito internacional. La final no fue fácil; competidores como Tepuy de Perú y Shadow Bullets de Ecuador eran temibles, las bandas mostraron una madurez que las coloca en otra liga. Y entonces, en medio de esa vorágine de talento, apareció FORCE, y cuando digo apareció, no me refiero a que llegaron con una propuesta más o menos interesante. Hablo de que irrumpieron como un vendaval de animal print, melenas cardadas y riffs de guitarra que parecían sacados directamente de un sueño de los ochenta, pero con la frescura y la rebeldía de un grupo de veinteañeros que crecieron escuchando a los grandes y decidieron que era hora de devolverle al mundo esa energía. Esta banda chilena, formada hace apenas un año en Melipilla y Santiago por Laureano “Starboy” y Camila Sulwacker, junto al bajista Hans Beyer, no solo ganó el Wacken Metal Battle 2026, sino que lo hizo con una autoridad que dejó boquiabiertos a los alemanes. En varias conversaciones siempre dije que me imaginaba el Sunset Street en los ochentas lleno de muchachos así, era como volver a los inicios de este movimiento que lo comenzaron jóvenes rebeldes y que quienes aun lo mantienen vivo son ya veteranos que pasan los 50 o 60, por eso ver a Force era un respiro no solo para el género sino para la escena del rock.
El glam metal que muchos daban por muerto y enterrado bajo capas de metalcore y death metal técnico, ha resucitado en las manos de estos tres músicos y lo ha hecho para quedarse. Force no es una banda nostálgica que se dedica a copiar fórmulas viejas; es un trío que ha sabido tomar la esencia de aquella era dorada del hard rock y mezclarla con texturas modernas de retrowave y una producción actual que suena a estadio. Su sonido es una patada en que nos recuerda que el rock, incluso después de tantas décadas de evolución, sigue teniendo la capacidad de reinventarse y emocionar. Y eso, en un mundo donde todo parece ya inventado, es un logro monumental. Ellos mismos lo reconocen que vienen de la escuela clásica del rock y su misión es que la gente la pase bien arriba del escenario, con esa onda alegre, llena de guitarras y también jugando con lo sensual que es lo que caracteriza al género.
Pero si hay algo que conquistó al jurado y al público de Wacken, más allá de la técnica impecable de sus integrantes, fue su juventud y su carisma desbordante. En un escenario donde predominaban las bandas de metal extremo con estéticas oscuras y sonidos agresivos, FORCE llegó con su glam rock, sus colores vivos y su actitud provocadora y eso fue un aire fresco que los alemanes supieron apreciar de inmediato. Camila Sulwacker, baterista y cofundadora, lo explica con una claridad brutal “A los alemanes les gusta lo extravagante. Ver el animal print, el pelito escarmenado, entre tanto metalcore… eso es lo que engancha”. No se trataba solo de tocar bien, sino de ofrecer un espectáculo, de tener presencia, de mirar a los ojos del público y hacerle sentir que era parte de algo especial. Y Force domina ese arte como pocos.

El trío tiene una química en el escenario que solo se logra cuando hay verdadera pasión y complicidad. Laureano “Starboy” no es solo el vocalista y guitarrista, es el alma visible de la banda, un frontman que combina la actitud de un rockstar de los ochenta con la técnica de un músico del siglo XXI. Hans Beyer, en el bajo, es el pegamento rítmico que mantiene todo en su sitio y Camila Sulwacker, una baterista que demuestra que el talento no entiende de géneros ni de estereotipos, es el motor implacable que impulsa cada canción. Juntos, han creado un sonido que ya ha dado frutos con su álbum debut homónimo, lanzado este mismo año, y con sencillos como “Shine Like Me, B#tch!” y “SPEED” que son un adelanto de lo que esta banda es capaz de ofrecer en un futuro cercano .
Y aquí es donde quiero hacer una pausa para hablar del nivel del metal latinoamericano, porque lo de Force no es casualidad. Es el resultado de años de trabajo, de sacrificio y de una escena que se ha ido forjando a pulso en cada rincón del continente. Este año Wacken Metal Battle Suramérica Región Norte movilizó a seis países, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela . En Colombia, con un modelo que ya ha demostrado ser efectivo sin depender del apoyo estatal, logramos inscribir a casi 400 bandas y realizamos finales en Bogotá, Medellín, Pereira entre otras. En Ecuador, la producción de Aquelarre Metal consolidó el circuito con dos zonas de competencia, Quito y Guayaquil. Y en Perú, la final regional en Lima fue el punto de encuentro de lo mejor del talento sudamericano. Todos los países de la región crearon un circuito independiente impecable.
Llevamos dos podios en tres años que hemos participado en Alemania, eso dice mucho, los promotores han trabajado como nadie creando todo esto y eso es lo que nadie ve porque en realidad no tienen que verlo, la gente que trabaja desde las sombras para lograr estos resultados, de no ser por ellos las bandas no tendrían esta vitrina, ese título de campeones mundiales se escribe con letras de oro, pero también con números rojos, desvelos y el sudor del que invierte todo lo que tiene para cumplir el sueño de pisar el Holy Ground. Porque la victoria de Force no fue un golpe de suerte ni un regalo caído del cielo; fue el resultado de un sacrificio económico y logístico que merece ser contado con la misma intensidad con la que ellos subieron al escenario en Wacken.
La travesía de la banda chilena hacia Alemania fue un acto de fe y autogestión absoluta. Para financiar su viaje, que incluía pasajes, transporte interno, alojamiento, alimentación y equipamiento, Force lanzó una campaña en GoFundMe, apelando al apoyo de su comunidad para hacer realidad la representación de Chile en el festival más importante del planeta. No hubo padrinos millonarios ni patrocinios de grandes marcas; solo la convicción de que el talento chileno merecía estar en la mesa grande y la respuesta de una escena que respondió con el bolsillo y el corazón. Como ellos mismos declararon, cada aporte, sin importar su monto, era un paso más para demostrar que el rock/metal chileno tiene un lugar en los escenarios más importantes del mundo. Además de la colecta digital, vendieron su mercancía oficial y tocaron en cuanta sala pudieran para sumar fondos. El esfuerzo fue titánico, y el premio final de 5.000 euros, más el bono por la votación del público, aunque significativo, fue recibido con humor y realismo por los músicos, quienes bromeaban sobre tener que reponer las deudas antes de celebrar cualquier ganancia.
Por el lado de nosotros la producción es aun más difícil ya que la banda gana pero nosotros no ganamos nada, Wacken Metal Battle tiene reglas muy estrcitas para los promotores y son complicadas, los viajes y toda la logística del evento deben salir de nuestro bolsillo, entonces ¿por qué lo hacemos? Por amor a lo que nos gusta, por tener un espacio y un nombre en la élite mundial del Rock y del Metal, por aprender de estas escenas top, por conocer, por los contactos, por la experiencia, eso no tiene precio y es una inversión, las personas no ven esto, pero ser parte de algo así enseña más que cualquier universidad o curso dictado por genios locales que no han salido de su ciudad. Es un choque directo con la realidad de la industria musical mundial y Wacken maneja unas dinámicas únicas que no se ven en otros festivales o escenas, su mística, su religión, su unión, su público su producción no se replica en ninguna otra parte del planeta ni siquiera en Monstruos como el HellFest o Coachella. Así que lo que como promotores hemos aprendido no es solo a crear circuitos independientes y puentes culturales para las bandas, sino que hemos hecho un curso obligado de curaduría, producción de eventos de gran y pequeña magnitud y a codearnos y ser parte de la familia mundial del rock.

Y volviendo al tema, es que FORCE no solo compitió; arrasó. Se impusieron ante 31 bandas finalistas provenientes de todos los rincones del planeta, en una competencia que durante cuatro días congregó a lo mejor del talento emergente global. El jurado internacional les otorgó el primer lugar,y el público presente en el festival ratificó el veredicto con el premio a la votación popular, un reconocimiento que habla de la conexión visceral que lograron establecer con los asistentes. La batalla fue épica, y la victoria fue contundente. AL principio yo pensé que todo estaba perdido porque la guitarra no se escuchaba en el lugar y la guitarra es el alma de la banda, hubo demasiados problemas logísticos y de equipo que me hicieron pensar que este año sería una caída épica, pero como me decían en el Metal Battle Lounge, esto lo sabíamos nosotros, ni el público ni el jurado.
Ahora, con el título en sus manos, el futuro de FORCE se presenta brillante. No solo se preparan para el lanzamiento de su primer álbum de larga duración, un trabajo que promete consolidar su sonido y su propuesta, sino que ya han sido confirmados como el acto de apertura para el concierto de la icónica banda estadounidense Halestorm en Chile. Es un espaldarazo que confirma que el mundo está atento a lo que esta banda tiene que decir. Y su victoria no es un punto final, sino un punto de partida para una nueva era en la que el metal latinoamericano ha demostrado que puede ser el número uno.
Porque Force no solo ha levantado una copa; ha levantado la bandera de toda una región, demostrando que el sueño de conquistar el Holy Ground es posible. Su victoria es la victoria de todos los que creemos que el rock es el idioma universal de la rebeldía y que América Latina tiene mucho que decir en esa conversación. El Holy Ground ya tiene nuevos héroes, y ellos visten de animal print, tocan glam metal y tienen el fuego de la juventud en sus venas. Este es el legado de FORCE, es el legado de todos los involucrados en Metal Battle suramérica y es un legado que nos pertenece a todos.
Pendientes porque pronto abrimos inscripciones para la edición 2027.
@felipeszarruk
Colombia
Mr Bitch lanza SUCKER, el espejo incómodo del rock colombiano
La banda de Pereira lanza un sencillo que convierte la crítica ajena en autoironía, con un videoclip que no deja títere con cabeza.
Hay una frase que Mr Bitch lanza al aire y que resume el espíritu de «SUCKER»: “todos somos suckers, menos tú… obvio”. Esa coletilla, cargada de sarcasmo, es la puerta de entrada a un lanzamiento que la banda colombiana de rock alternativo usa para señalar esas conductas cotidianas que criticamos en los demás sin detenernos a pensar que nosotros también podemos ser parte de ellas.
El grupo, oriundo de Pereira, construye su propuesta sobre una base sonora que bebe del rock alternativo, el grunge y los sonidos de los años 80 y 90. Guitarras contundentes, actitud irreverente y una ironía que no se esconde, esos son los pilares de un sonido que «SUCKER» lleva a su terreno más reconocible.
Pero si hay un elemento que le da cuerpo a la crítica que la canción propone, es su videoclip. Protagonizado por un personaje con apariencia de bolsa de basura, el video recorre situaciones cargadas de clichés y referencias a comportamientos cotidianos. La elección no es gratuita, el personaje envuelto en basura es, en sí mismo, una metáfora de aquello que desechamos, de lo que señalamos como ajeno, mientras el mensaje de la canción insiste en que eso que tanto criticamos en los demás también puede tener algo que ver con nosotros mismos.
La apuesta de Mr Bitch no es la del sermón ni la del juicio moral. Es la de la autoironía como espejo. La banda juega con la idea de que el “sucker” no es solo el otro, el que comete las conductas que nos molestan, sino también uno mismo. Y lo hace desde un lugar lúdico y provocador, con una propuesta visual que se ríe de los clichés mientras los exhibe.

«SUCKER» ya está disponible en las plataformas digitales, y su videoclip puede verse en el canal oficial de YouTube de la banda. Con este lanzamiento, Mr Bitch reafirma su lugar dentro del rock alternativo colombiano, una banda que combina canciones propias, guitarras contundentes y una actitud irreverente inspirada en distintas generaciones del rock, pero con una mirada propia sobre lo que somos capaces de criticar sin mirarnos al espejo.
Latinoamérica
Fesde Argentina Manu Sousax lleva la rabia de Parque Patricios al rock latinoamericano
Hay músicos que se construyen en los estudios y otros que nacen en la calle, entre adoquines y códigos que no se aprenden en ningún conservatorio. Manu Sousax pertenece a esa segunda estirpe. Desde Parque Patricios, Buenos Aires, este artista independiente viene levantando una bandera de rock de barrio con actitud punk, una música que no pide permiso y que se siente en cada acorde como un golpe directo al pecho. Su historia no empezó de a poco, empezó de golpe: fue en un recital en el viejo Salón Rock Sur de Pompeya, viendo a Viejas Locas junto a Jóvenes Pordioseros, cuando el Pity Álvarez entró al escenario y le partió la cabeza. Ahí entendió que su lugar estaba arriba de las tablas, y que la música no iba a ser una opción sino su lenguaje vital.
Ese ADN musical está atravesado por el pulso inconfundible de Viejas Locas e Intoxicados, pero no como una copia calculada sino como una forma natural de respirar rock. “No es algo que busque. Es la forma que me sale naturalmente, la manera de hacer música con la que más me identifico desde siempre”, confiesa Manu. A eso le suma una crudeza que no se aprende: letras frontales, sin filtros, con la realidad urbana como materia prima. Su propuesta se mueve dentro del rock nacional con pinceladas de punk y reggae, pero siempre con una identidad marcada por la honestidad de quien cuenta lo que le pasó o lo que le podría pasar a cualquiera.

El camino de Manu Sousax tuvo un quiebre que pocos músicos de barrio pueden contar. Se fue a vivir a Brasil con la idea de rebuscársela vendiendo caipirinhas en la playa, pero terminó tocando el saxo en restaurantes y hoteles frente al mar. Ahí, lejos de Parque Patricios, reafirmó que la música siempre encuentra la forma de aparecer, incluso cuando el plan original era otro. Esa experiencia internacional no lo alejó de su raíz; al contrario, le dio una perspectiva más ancha sobre lo que significa ser un artista independiente en Latinoamérica. Por eso hoy, cuando mira hacia Colombia y sigue lo que hacen las bandas del rock colombiano, siente que hay un idioma común: el de la música hecha sin intermediarios, desde abajo y con las entrañas.
Su discografía es el mapa de ese recorrido. Con “Entre el Bien y el Bar” , su álbum debut, definió el rumbo y la identidad sonora del proyecto: un disco conceptual que retrata las luces y las sombras de la vida, las decisiones y las historias que nos transforman. De ahí salieron los primeros singles, “Viejas Locas” —un homenaje explícito a la banda que le cambió la vida— y “PerdóNAME”, un corte punk intenso y pegadizo que mostró que Manu podía golpear con fuerza sin perder melodía. Pero la evolución no se detuvo. Ahora presenta “Zona Liberada” , su lanzamiento más reciente, un material que él mismo define como más intenso, potente y explosivo, una versión superadora de todo lo que había hecho antes. De ese disco se desprende “Mucha Policía” , un punk crudo y directo que Manu quiere hacer llegar a la radio y a los portales colombianos, porque siente que la rabia y la urgencia de sus letras pueden conectar con lo que se está gestando en la escena independiente del país.
En un momento en que el rock independiente latinoamericano se sostiene a fuerza de colectivos y redes que cruzan fronteras, la historia de Manu Sousax es la de un tipo que eligió el camino más difícil: mantenerse independiente para hacer las cosas como realmente siente, aunque eso signifique menos comodidades y más pulmones. Su proyecto está arrancando, todavía no hizo presentaciones en vivo porque está armando la banda, pero la intención es clara: cuando eso pase, quiere que tanto él como la gente se entreguen por completo. “No quiero que sea solo un show, quiero que pase algo de verdad”, dice. Esa misma verdad es la que trae hasta Colombia con “Mucha Policía” , un tema que no pide permiso y que llega en el momento justo, cuando el punk de barrio vuelve a ser una necesidad.
Colombia
Bogotá afina las guitarras para Incendiar Wacken y el primer heat ya tiene dueño
La maquinaria del metal colombiano ha vuelto a rugir con una fuerza que no entiende de fronteras y Wacken Metal Battle Colombia ha abierto oficialmente su cuarta temporada consecutiva con una noche que quedará grabada en la memoria de la escena capitalina, porque Bbar se convirtió en el epicentro de una operación enorme que activa un circuito único en la región y que este 2026 llega con un antecedente demoledor, el primer lugar a nivel mundial conquistado con fuerza por el talento de los chilenos Force, un hito que ahora obliga a llevar a dos bandas al campo sagrado de Alemania y que eleva la vara para cada agrupación que se atreve a subirse al escenario.
La geografía de esta batalla es tan ambiciosa como su propósito y nuestra región se divide en dos, norte con Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que el oeste agrupa a Chile, Perú y Bolivia, tejiendo una red de eliminatorias que desembocan en una final regional donde los mejores exponentes del continente se disputan el pasaje a Wacken Open Air y esa presión se sintió desde el primer acorde en Bogotá, donde cinco bandas de altísimo nivel se lanzaron a la arena con la certeza de que solo un cupo directo estaban en juego y con la responsabilidad de demostrar que la escena local es mucho más que las diez bandas que suelen rotar por los espacios públicos.

La primera en reventar el escenario fue Decimation, una agrupación bogotana de death metal formada en 2016 que sonó como un camión y que dejó claro por qué es una de las bandas más sólidas del circuito extremo capitalino, con una alta factura en los riffs de guitarra y una energía que no dio tregua en ningún momento, porque su punto fuerte es ese front man que combina una voz poderosa con una presencia escénica bestial y que, respaldado por una banda de ejecución precisa, logró que el público entendiera de inmediato que la noche no iba a tener concesiones, sobre todo si se tiene en cuenta que Decimation trabajando constantemen te consolidando un nombre que ya es sinónimo de brutalidad bien entendida en la movida bogotana.

Siguió Atomic Heart, una de esas bandas jóvenes que llevan varios años trabajando y cuya evolución ha sido evidente para quienes han seguido su rastro, porque el ensamble musical es de mucho calibre y refresca una escena que necesita urgentemente de savia nueva, y es que Atomic Heart ha dado un giro hacia una especie de hard rock con una identidad propia que ellos mismos bautizaron como Street-Rock, una propuesta que refleja lo que es ser un muchacho en estos tiempos y que se sostiene en el caos urbano de Bogotá como materia prima, con guitarras pesadas, estructuras directas y una estética que bebe del pixel art y el glitch, además de contar con recorrido que ya supera una enorme cantidad de presentaciones y nominaciones en los Premios Subterránica 2026, lo que confirma que su juventud no es un obstáculo sino un combustible para seguir conquistando espacios.

Luego vino Sunset Street, una banda que ha dado mucho de qué hablar en Bogotá por su puesta en escena, su look y su energía, y que representó toda la estética glam de los ochentas a la perfección con una diversión contagiosa que cautivó al público desde el primer acorde, porque su propuesta rescata el sonido y la imaginería de bandas como Mötley Crüe, Ratt y Poison con una fidelidad que no cae en la copia y que, por el contrario, se apropia del sleaze metal para proyectarlo hacia el presente, y para este heat integraron una segunda voz femenina que sí aportó y enriqueció tanto visual como musicalmente, sumando armonías, texturas y una presencia escénica que potenció la puesta en escena y se complementó con la solidez de un grupo que se nota sin esfuerzo sobre las tablas, con un performance que levantó a todos los asistentes y que confirmó por qué son una de las bandas revelación de los últimos años en el país.

Le llegó el turno a Detonadores, una agrupación que ha sufrido cambios a lo largo de los años hasta consolidar lo que son hoy, con una demostración de poder que dejó al jurado sin argumentos en contra, porque su vocalista es una fuerza de la naturaleza imparable, una mujer que se lleva por delante a muchos de los vocalistas de metal actuales y que, con una música que mezcla crust punk alterado con la fuerza del gutural, convierte cada canción en un golpe profundo y pesado, agresivo y con clase, demostrando que la escena extrema colombiana tiene nombres femeninos que están redefiniendo las reglas del juego y que el jurado supo reconocer al momento de deliberar, apostando por una presencia escénica arrolladora y por un sonido que no necesita adornos para ser demoledor.

Para cerrar la noche llegó Thunder Steel, heavy clásico pero con tintes modernos, riffs rápidos y una puesta en escena perfecta para despedir una jornada tan intensa, y bandas como estas demuestran que los géneros más puros del rock se están retomando por las nuevas generaciones y los están haciendo propios, metiendo el tinte de la ciudad y la realidad en donde viven, porque a pesar de que ya habían pasado cuatro bandas la gente se levantó y respondió con una entrega que pocas veces se ve en un concierto de esta naturaleza, validando el trabajo de una agrupación fundada en 2010 que lleva más de una década construyendo un camino en la escena bogotana y que con discos como “Legión del Trueno” ha sabido mantener viva la llama del heavy metal tradicional sin quedarse anclada en el pasado.
Fue un gran inicio de Metal Battle y las cuentas hablan por sí solas, porque en tres participaciones hemos conquistado dos podios a nivel mundial y eso para nosotros dice mucho, pero la apuesta para esta edición es buscar esa banda que vuelva a remover la tierra de Wacken y eso es algo totalmente difícil, tanto que no se puede decir que hubo una mejor banda que otra, porque los estilos fueron diferentes y los sonidos también, y por eso el jurado se tardó tanto tiempo en decidir, aunque al final el veredicto fue claro, el ganador del primer Heat es Detonadores porque el jurado piensa que la presencia escénica de su vocalista y el poder de la banda podrían destacar en el campo sagrado, así mismo Sunset Street pasa a las finales gracias a un performance que levantó a todo el público y que además les valió el voto de la gente, y algo interesante que estamos haciendo es que las bandas voten por otra banda, y ese voto se lo llevó Atomic Heart, lo cual es muy interesante porque demuestra que todos apoyaron a la generación nueva y que la escena entiende que el relevo generacional no es una amenaza sino una necesidad.
Qué honor poder ver a estas bandas en este circuito y descubrir y reiterar una vez más que Bogotá es mucho más de las diez bandas que rotan por todos los espacios públicos, porque a los que fueron saben que fue un concierto de talla mundial y que las grandes bandas no necesitan estadios para sonar como deben, así que encontraremos de nuevo a Detonadores y Sunset Street en las finales para ver si alguna de ellas avanza a la gran final regional, mientras que por lo pronto el segundo heat será el sábado 24 de octubre con otro cartel que promete darnos una de las mejores noches del año y que dejará claro que esta cuarta edición del Wacken Metal Battle Colombia no es un simple torneo sino una declaración de intenciones de una escena que ya no pide permiso para existir sino que exige ser escuchada.
@subterranica
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