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Colombia

Rock y Metal sin límites: 16 bandas colombianas que han sabido ir más allá de lo evidente

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El periodista Joel Cruz responde con una selección expandida al artículo publicado por Subterránica llamado “Rock y Metal con peso propio: 16 bandas colombianas que dejaron huella real” https://subterranica.com/2025/08/13/rock-y-metal-con-peso-propio-16-bandas-colombianas-que-dejaron-huella-real/

Por: Joel Cruz

La historia del rock en Colombia (seamos sinceros, aún no posee el estatus de rock colombiano) es de momentos: muchos piensan que las cosas empezaron a funcionar para el género cuando «Mujer gala» de Aterciopelados explotó (por aquello de ser una época de bombas) en las emisoras. Otros afirman que la cosa tomó forma con el famoso Concierto de conciertos; que catapultó, así fuera muy brevemente, el nombre del rock en español (término que me fastidia) al interior de esta geografía con tres cordilleras. Una porción importante de la población «erudita» defiende de manera conveniente la consolidación de la escena gracias en su totalidad, a Rock al Parque. Casos se ven, no se sorprendan.

Desplazándonos décadas atrás, están los puristas que defienden con ahínco hippie a Ancón o al Festival de la vida. Más atrás, la Gira Milo A Go Go y la llegada del grupo norteamericano Bill Haley & His Comets también aparecen con voz robusta, junto al influjo del mexicano Enrique Guzmán. En fin, instantes heroicos, llenos de romanticismo juvenil, pero cargados de una narrativa fragmentada; una trocha que juega a ser carretera de asfalto y libertinaje, pero al final del día, felicidades efímeras.

Destacando agrupaciones, pero también capítulos (llámense acontecimientos u obras que rompen la barrera del tiempo), esta nota responde inquietudes generadas por el artículo Rock y Metal con peso propio: 16 bandas colombianas que dejaron huella real. Como suele pasar, esta es una visión muy mía del tema; por lo tanto es natural que usted, estimado lector, tenga objeciones respecto a la selección que se hace y que a manera de consecuencia, siembre más pasiones que argumentos o acciones efectivas.

A continuación, se mencionan otros 16 bandas casos de éxito donde lo nacional «tuvo o tiene la posibilidad de ir a algún lado», parafraseando a un famoso cantante de la farándula de bar bohemio. Por lo mismo, su importancia (me atrevo a decirlo) es imposible de ignorar. Hacer rock en una Colombia que glorifica al infame de Diomedes Díaz es como producir vino en Boyacá: parece imposible, pero se ha logrado.

1. La Banda Nueva: Riqueza sonora nacida en lo primigenio

El grupo formado en 1972 por Jaime Córdoba, Orlando Betancur, Juan Carrillo y Gustavo Cáceres lanzó un año después de su unión el álbum La Gran Feria, una gran apuesta de rock progresivo, sinfónico y latin jazz, moderno para su época y en un país donde su contenido era realmente raro.

Pese a todo, nunca dejó de ser autóctono, con letras brillantemente conectadas con la idiosincrasia local. El grupo no prosperó, pero el disco debería ser materia obligada para todo aquél que desee ser un Axl Rose de Transmilenio en el siglo XXI y finja con eso estar a la moda.

2. Nash: Rockstars paisas antes del Titán

En la Medellín de los primeros años ochenta, esta agrupación influenciada por los sonidos de Journey, Uriah Heep o Rush llevó a cabo algo difícil en su realidad: convocar miles de seguidores en sus conciertos, conseguir éxito radial y grabar con las mejores condiciones profesionales que la situación social, política, geográfica y económica de la urbe antioqueña le permitió por aquel entonces. Nash no alcanzó a durar ni 10 años, pero su impacto ha trascendido la nostalgia. No en vano, su cantante y tecladista Víctor García (Victor Bender) es a su vez, responsable tras la consola de piezas memorables, firmadas por nombres en la onda de Estados Alterados, Kraken, Masacre o Ekhymosis. Ni hablar de lo que el mentado músico e ingeniero de sonido ha hecho en el exterior.

3. Ship y Born: Obra maestra acorde con la vanguardia global, pero en un entorno atrasado

El experimento de hacer real un estudio de grabación moderno y bien equipado en Bogotá durante 1980, dio como resultado a Fonovisión, hoy Audiovisión. Se necesitaba registrar un álbum piloto para analizar las bondades que «los juguetes» de este novedoso espacio ofrecía. Así nació Born, larga duración de proyecto Ship, integrado por un dream team capitalino: Jorge Barco, Alexei Restrepo, Ignacio Pilionieta y Joseph Watto, aunque la banda tendría la colaboración de más intérpretes durante su primera etapa de existencia. En la producción e ingeniería, las flamantes hojas de vida que lo hicieron posible también son prominentes, destacando por supuesto a Enrique Gaviria, Mario Sarasty y desde el mundo anglo (entre otras), una muy especial: la de Eddie Kramer (KISS, Jimi Hendrix, The Beatles, David Bowie y un extenso etcétera).

Aunque sus derechos de grabación no están exentos de la polémica, Born no tiene nada que envidiarle a lo que plantearon pesos pesados como Yes o Asia durante el año de la Guerra de las Malvinas. Fue tan moderno en sus días, tan bien cantado en inglés y tan perfectamente elaborado, que no tuvo cabida en este triste trópico tricolor; donde Fruko y sus Tesos, junto a los Hermanos Zuleta, eran la norma del dial.

4. I.R.A.: Lo más punk es rebelarse contra los radicalismos de lo inmundo

El trío de Medellín entra fácilmente a esta selección por ser la leyenda del sonido que definió en parte uno de los episodios más oscuros de la historia colombiana: calles en obra negra que estaban a merced del narcotráfico, las balas y los explosivos. La muerte sin adornos, el «No futuro» en vivo y en directo. Cuarenta años más tarde de sus modestos inicios, el grupo de David Viola, Mónica Moreno y Duván Ocampo está vivo entre tanta esperanza podrida y un recorrido prácticamente ininterrumpido.

Su amplia producción discográfica y su vagaje tanto nacional como en el exterior le ha mostrado al punk criollo que se puede trabajar a la altura, con aspiraciones altas y sin ceder a su esencia temática. Entretanto, los más puristas siguen renegando de ellos, cumpliendo literalmente con su discurso: no tener ningún futuro.

5. Estados Alterados: Cuando lo electrónico llegó para dejar huella en Latinoamérica

En 1991, el debut de Estados Alterados marcó un precedente en toda la región que cubre desde México hasta Argentina. Con cierta dificultad, a punta de new wave y synth pop rompió el paradigma de un estilo que nació naturalmente en Europa y Estados Unidos; pero en el área del país Azteca, Centro y Suramérica, era un símbolo para pocos.

De ese primer vinilo que llegó a la Frecuencia Modulada, transcurrieron los años; las tendencias (análogas o digitales) que no les dieron demasiada popularidad en las fiestas consagradas al «Santo cachón» (con el plagio que tal vallenato lleva a cuestas). También la era de la televisión por cable, del videoclip y el internet, que cambió las directrices de la cultura para siempre. Con tantas mutaciones, sin embargo, siempre han sabido estar al día con lo que va sucediendo en su agitada sociedad.

En la tierra de la nostalgia y donde se le otorga santidad a cualquier tradición, por ridícula que sea, Estados Alterados prefirió, al igual que sus amados Kraftwerk, mirar hacia el futuro y nadar en contra de la corriente, incluso la de los minutos que no regresan. Con una visión que narra nuestra realidad disfuncional, pero a partir de la metáfora del sintetizador y la introspección.

Su inquietud eterna de ir más allá les ha dado también una capacidad visual como la que pudieron enseñar en su video para la canción «Inventándome», de 2015. En ciertos círculos, catalogada como la mejor obra de este formato en Colombia. A la par que se escriben estas líneas, el ahora cuarteto sigue haciendo una nueva lectura de todo, incluso del folclor patrio.

6. Internal Suffering: La brutalidad del death metal que atraviesa océanos

Pereira, punto estratégico para las propuestas extremas, es la cuna de esta agrupación que ha triunfado en su nicho; girando en El Viejo Continente, China, Rusia, Japón y la Unión Americana, lugar donde han instalado su cuartel general casi desde sus comienzos, culminando la década noventera, para después reubicarse en España.

Liderada por Andrés García y Fabio Marin, Internal Suffering es un nombre más que reconocido en su área. Seis trabajos de estudio, más otra cantidad de material considerable, junto a su currículum en vivo, hablan de su poderoso trayecto; al igual que su presencia en festivales de categoría y premios, inspirando en el camino a otras agrupaciones para que sigan sus pasos. Las leyendas se hacen con hechos, no con ego.

7. The Hall Effect: Alternativo tipo exportación (sin folclor embutido)

A comienzos de los 2000, la proliferación del rock alternativo estaba tomando una nueva fuerza en los bares de Bogotá, pues por años fue un circuito más bien huérfano y sin un digno embajador que le diera cualidades decentes para el mercado internacional. Gran parte de ellos, donde abordar temas universales e interpretar canciones en idiomas foráneos se sintiera parte de su hábitat y no una estrategia facilista de exposición.

The Hall Effect logró a través de sus dos primeras producciones, (sobre todo The Hall Effect de 2010) imponer una presencia mediática que se reconoció fácilmente en el ambiente mainstream local y que pudo probar suerte en plazas donde pasan cosas fenomenales, como Francia e Inglaterra; hogar de Muse, uno de sus mejores referentes, y además, en la era que el indie lideraba listados de radio global.

Aunque la banda tiene en la actualidad un perfil más discreto, su actividad sigue en pie, destacando en su ciudad natal y traspolando su idiosincrasia de ajiaco santafereño a una versión madura de lo que han hecho en 21 años de insistir y persistir.

8. Don Tetto: Evolucionar un género de la mano con los fans

Lo que nació como un parche de amigos es hoy una de las agrupaciones más representativas del país y el continente que la cobija. El cuarteto integrado por Diego Pulecio (voz y guitarra), Carlos Leongómez (guitarra líder), Jaime Valderrama (bajo) y Jaime Medina (batería) ha consolidado una trayectoria marcada por triunfos artísticos, galardones internacionales y una sólida conexión no solamente con sus primeros seguidores, sino incluso con las generaciones más recientes.

La proyección foránea ha sido la carta que mejor ha jugado Don Tetto, sin duda. Paradójicamente, en más de dos décadas han sido militantes de una amalgama de estilos donde el pop punk predomina; en su época tachado de banal por los anarquistas de cresta más ortodoxos, aunque en la modernidad, un elemento primario de su todavía conservada frescura.

Mediante maniobras fastuosas de su experiencia en vivo (concierto 360 grados por ejemplo), fortaleciendo un vínculo íntimo y honesto con la Tettomania (el club de fans), su mayor acierto ha sido sostener una base de seguidores fiel y diversa, siempre renovándose frecuentemente y conquistando grandeza en el sendero. ¡Bravo!

9. Tenebrarum: Amarás al violín sobre todas las cosas

Durante la Medellín de 1990, la osadía de unir metal con violín en esta nación correspondió a David Rivera, diestro en este instrumento desde su niñez. Quizás en 2025 es normal que el famoso metal gótico o sinfónico estén a la orden del día en eventos multitudinarios; pero hace 35 años dichas fusiones básicamente no pasaban de ser una rara mezcla que muy pocos se atrevían a dejar consignadas en cinta magnética. Menos en Colombia, donde la música culta y los instrumentos clásicos han sido con regularidad, lujos que no hacen parte de la vida ordinaria.

Tenebrarum entonces fue el pacto que Rivera hizo con el universo para que sus dos pasiones fueran una sola. Fruto de esto, fue abrir el camino para que su banda transitara por distintos estilos de experimentación enmarcados en los sonidos extremos y de paso, lograr aquello que muchos añoran, pero apenas unos cuantos buscan de verdad: autenticidad.

El eje creativo del proyecto es a la fecha, una huella que trasciende los lindes del fonograma y lo escénico: representa una propuesta original, posicionando al instrumento inventado en 1550 por el italiano Andrea Amati como un líder metalero que ha conseguido la compleja tarea de imponerse sobre la guitarra eléctrica.

En paralelo, David Rivera impulsó Violín Rock, un espacio que le permite ampliar horizontes y conectar con nuevos públicos, más allá de las adaptaciones extranjeras y las limitaciones sonoras.

10. Guerra Total: La verdadera batalla es permanecer de pie y con la guardia en alto

Guerra Total, grupo iniciado en 1997, representa la suma de disciplina, singularidad y fuerza creativa. Una concepción del metal que ha dejado huella en el mapa mundial, demostrando que la contienda más feroz también se libra desde los estudios de grabación. Esto tiene mucho sentido, si tenemos en cuenta que solamente al contar sus álbumes, suman un total de 12 obras; gran parte de ellas, enfocadas a no parecerse o asemejarse muy poco a su predecesora, ni siquiera en su tratamiento de posproducción.

Este sello de identidad ha sido tan marcado en el conjunto, que su labor constituye la discografía más larga para una banda colombiana en su género, contrastando con agrupaciones colegas en su campo y que han obtenido su fama con apenas una o dos piezas de larga duración en periodos de actividad excesivamente prolongados.

Su simpatía por temáticas filosóficas, como el nihilismo, el cosmicismo; el universo de Lovecraft, los conflictos bélicos y la historia siniestra de Colombia generan una atención especial en sus letras, dado su grado de profundidad y términos complejos, obligando al oyente a básicamente, «meterse en el cuento».

A pesar de tener poca presencia en directo, la variedad de su catálogo los ha llevado a recibir un robusto reconocimiento en la prensa especializada, dedicada a las expresiones más crudas del speed, black o death metal. Junto a lo anterior, la vinculación de su material con sellos de alto nivel, en lo que podemos mencionar como underground del siglo XXI.

11. Nicolas Waldo: Cuando el virtuosismo trasciende más allá de las fronteras

Productor, compositor e intérprete versátil, Waldo se ha convertido en una ficha clave dentro del power metal y el progresivo instrumental, llevando su virtuosismo a plazas foráneas y dejando una huella imborrable en la guitarra contemporánea. Su formación ha sido autodidacta, mezclada con su pasión por el metal sinfónico y neoclásico.

Su destreza abarca guitarra, piano, bajo y batería, lo que le ha permitido desglosar una visión integral de la música, plasmada en una obra que supera la docena de álbumes solistas y una trayectoria grupal digna de las grandes ligas (les recomiendo buscar todo lo que ha hecho para los power metal Energema y sus contribuciones en el mega proyecto italiano Vivaldi Metal Project). No está de más añadir que su experticia ha sido objeto de patrocinio para marcas de instrumentos y una búsqueda ansiosa de la perfección sonora.

12. Chucho Merchán: Llegar lejos sin vanidades, el mito de la sencillez hecho realidad

Nacido en Bogotá, la carrera de Chucho Merchán ha trascendido ilusiones arribistas y paradigmas, consolidándolo como una figura que ha ayudado a formar hitos del rock. Su escuela ha estado marcada por colaboraciones con legítimas leyendas, de cuya lista se extraen sin problema las firmas de Pete Townshend, Bryan Adams, David Gilmour, Phil Manzanera, The Pretenders; Thomas Dolby, Draco Rosa, Jaguares, Annie Lenox y Eurythmics, George Harrison…¡Por ahora dejémoslo ahí! Y bueno, agreguen su amistad con Paul McCartney.

Desde joven mostró una clara inclinación por sus aptitudes en la guitarra, primero en el país y luego al radicarse en Inglaterra, donde se graduó del  Royal College of Music de Londres, una institución que moldeó sus primeras incursiones en el jazz y la música clásica. Pero finalmente, sería el rock y la fusión donde desplegaría todo su potencial, abriéndose camino en un entorno enormemente competitivo.

Merchán ha sido bajista, compositor y director musical, participando en giras y grabaciones que han marcado época y sucesos trascendentales. Sus colaboraciones lo han convertido en un elemento de referencia dentro de la industria británica; reconocido por su profesionalismo, talento y capacidad de adaptarse a diferentes estilos.

13. INFO: La máquina del futuro que conquistó Wacken

A principios del milenio, INFO arrancó como un conjunto con influencias del post punk y del rock alternativo. Junto a la alineación tradicional, los efectos, loops, programaciones electrónicas y teclados en su repertorio les ha ayudado a ir esculpiendo un sonido más propio, que paulatinamente fue dejando atrás los estilos entonces dominantes de sus comienzos, como el nu metal.

Uno de los logros más destacados del grupo ha sido su participación en el Wacken Open Air Metal Battle 2024, uno de los concursos de bandas más grandes del mundo dentro del género, como embajadores de la Región Norte de Suramérica.

Su labor ha sido clave para visibilizar el industrial criollo. Su recorrido demuestra gran persistencia y calidad técnica; así mismo, una apuesta centrada en lo moderno, perceptible  en la producción de video y sus performances en vivo, combinando distopía y teatralidad.

14. Luciferian: Cuando el portador de luz desde Suramérica se hizo sentir en Noruega

El álbum I am perverse del 2011 marcó un antes y un después en la vida de Luciferian, pues su madurez compositiva terminó de consagrarlos desde entonces como referentes del black metal suramericano, factor que les abriría las puertas a audiencias aún mayores. Pocos años después, la potencia de su producción y la coherencia de su esquema lírico los llevó a un norte tan particular como Trondheim (Noruega), tocando allí mismo. Esta vitrina estuvo de la mano con otro propósito: su líder, Héctor Carmona, hizo tuvo un rol protagónico del documental noruego Blackhearts, dirigido por Fredrik Horn Akselsen y Christian Falch, quien también fue su productor.

Su persistencia en tener una presencia estable en la comunidad internacional y sus esfuerzos por perfeccionar cada detalle de sus trabajos discográficos, hace que Luciferian sea posiblemente la cara más visible del metal negro hecho en Colombia, sobre territorio extranjero.

15. Eshtadur: En la Perla del Otún, la melodía cruje

Dos décadas después de visualizarse millas lejos de los aeropuertos Matecaña y El Dorado, Eshtadur se ha abierto un espacio real en el estrecho espacio que las escenas de Norteamérica y Europa permite; eso sí, sin perder sus raíces pereiranas. Su historia es de talento forjado, de pulir una esencia hasta el cansancio; de perseverancia y de saber que afuera de la tierrita, el tesón y la calidad son cualidades muy apreciadas.

En plena pandemia publicaron el álbum From The Abyss, lanzado por Blood Blast Distribution, servicio de distribución digital y promoción, perteneciente al sello alemán Nuclear Blast. Eshtadur se ha caracterizado por armonizar el death metal melódico con tonalidades oscuras y un enfoque filosófico que aborda la violencia, la guerra, la muerte y los dilemas existenciales, siempre con un trasfondo crítico hacia la realidad local.

16. Gaias Pendulum: Gótico que alcanza justicia poética ante la vastedad de los océanos

Gaias Pendulum son anfitriones en festivales del país, pero también son una especie de coterráneos en zonas de México y Centroamérica, donde el ritual de reconocimiento hacia sus fans ha recompensado las adversidades terrenas. Sus conciertos son ceremonia donde sus canciones se convierten en puente entre la noche y la reflexión, entre lo que se siente y lo que se calla.

La introspección es profunda, a menudo subterránea: en la mirada de quienes corean sin recibir una orden; en quienes se estampan el logo en la piel o en quienes repasan sus fonogramas como Tablas de la ley privadas. En todo esto, tal vez lo que deje más eco en su entorno no sea el volumen, sino los pasajes mudos. El peso de lo dicho y de lo vivido, el eco de lo que alguien pensó que nadie más sentiría, sensaciones colectivas que no se explican. En cualquier tarima, Gaias Pendulum hace que lo íntimo deje de ser soledad, a propósito de su himno insigne.

Bonus track, 28 obras nacionales que usted no se puede perder:
Una selección caprichosa (por si lo preguntan) y sin orden particular

  1. SyracusÆ / Kaizen An Kepler (2024): Una joya monumental de lo melódico, alternativo y progresivo. No en vano, la banda conquistó el exigente escenario del festival Copenhell en Dinamarca.
  2. Psyborg Corp/ The Mechanical Reinassance (2010): La etapa dorada y más harsh EBM de este proyecto, con cierto impacto en Europa.
  3. GOC/ Ficciones (2024): El lado más tétrico del metal negro antioqueño. Despiadado y muy original.
  4. Krönös/ Siete (2017): Un hard rock muy digno y acorde a la enorme experticia de esta leyenda caleña.
  5. La Sociedad de la Sombrilla/ La Máquina moral (2022): Electro, rock y stoner del por ahora, extinto dúo.
  6. Revenge/ Night Danger (2025): Heavy y speed ochentero para recordar una banda que tiene discos hasta en las tiendas de Japón.
  7. Threshold End/ The Ominous Inception (2022): El mejor álbum en su año. El death nacional con identidad propia.
  8. Dante HH/ Gunblade Blues Vol.1 y Vol.2 (2016-2017): Una mezcla de ritmos interesantes, con un lenguaje cinematográfico, crudo y exquisito.
  9. Cobra/ Tiranía (2014): La old school, la efigie «cachaca» de la destrucción thrasher en este buen CD.
  10. Sexy Lucy/ Not for you (2005): Tintes muy fuertes de electroclash. Reflejo de lo bueno que estaba pasando en el Distrito Capital para el comienzo del siglo XXI.
  11. Headcrusher/ Let The Blood Run (2012): Potente agrupación radicada en Estados Unidos. Un álbum hecho con tripas.
  12. Ingrand/ Autopsia de la esencia (2024): La madurez de una agrupación veterana, decidida a no repetirse en ninguna grabación. El objetivo se sigue cumpliendo.
  13. Altars Of Rebellion/ Capital Phase Of Karma (2021): Desde Pasto, tecnicismo, pesadez y oscuridad. Una región colombiana que nunca deja de sorprender.
  14. Impromtus Ad Mortem/ Symphonies Of The Death (2019): Metal sinfónico en todo su esplendor.
  15. Counterline/ Two (2024): Bases del pasado con guiños al presente. Rock melódico y AOR interpretado en un inglés muy convincente.
  16. Liturgia/ Corvi Et Gygnes (2002): La brillante transición doom y melódica al black metal de una banda símbolo del Eje Cafetero.
  17. Sexy Death/ The Damiana Error (2003): En la misma licuadora: Manizales, Suecia y un curioso dark morgue pop (así lo promocionaba su sello), con influencias del new wave.
  18. Herejía/ Renascentia In Tenebris (2017): Los límites del perfeccionamiento entre la vieja escuela del death metal y los arreglos sinfónicos. Impecable.
  19. Freezing Darkness/ Born In The Deepest Frozen Nights (2006): Cuando La frialdad de los países nórdicos llegó a influir de forma visceral en los paisajes gélidos de Nariño.
  20. Implosion Brain/ Qualities Of a Simple Mind (2017): Groove y metalcore de Bogotá. En su época, sobresaliente en todo aspecto.
  21. Brinicle/ Perceptions Of Reality (2024): Death técnico. Complejidad sin tapujos. Una obra larga duración que tomó su tiempo para salir (y valió la pena).
  22. Twilight Glimmer/ Ignition (2022): La cumbre de la melodía metalera en Pereira, pero con una brutalidad que se lleva en las venas. ¡Vayan ya a escucharlo!
  23. Murmur/ The Temple Of Demons (2023): Black/thrash de Medellín. Legado del ultrametal con la penumbra de nuestros tiempos.
  24. Alfonso Espriella/ Ánima (2011): Aunque en su trabajo posterior el músico elevó las cosas a otro nivel, esta pieza lo tuvo todo en su momento para llegar bastante lejos; lírica, conceptual, visual y musicalmente hablando.
  25. Electric Sasquatch/ Electric Sasquatch (2014): Rock psicodélico desde la capital del Valle del Cauca.
  26. Vitam Et Mortem/ El Río de la Muerte (2020): A la muerte no se le teme ni se le mira con desprecio. Aquí se le rinde culto, con una analogía de la mitología griega y la funesta situación de una tumba fluvial, con olor a carroña incluida.
  27. Antípoda/ Manifesto (2009): En sus días, quizás el LP de metal más completo; claro está, realizado por músicos colombianos.
  28. Ethereal/ As Sad As Beautiful (1998): Con este cancionero, la escena capitalina entró en las aguas densas del death/doom/gothic y en la modernidad, de paso. Veintiocho recomendaciones, porque justamente la primera grabación profesional de Ethereal dura 28 minutos.

Colombia

Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano

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¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?

Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.

Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas

Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.

El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.

El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.

Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.

Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.

Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.

Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM

Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.

Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.

Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?

Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.

La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.

La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.

Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia

100% de la asistencia

$561.020.000

561.020 asistencias pagando $1.000 cada una

90% de la asistencia

$504.918.000

504.918 asistencias pagando $1.000 cada una

75% de la asistencia

$420.765.000

420.765 asistencias pagando $1.000 cada una

50% de la asistencia

$280.510.000

280.510 asistencias pagando $1.000 cada una

25% de la asistencia

$140.255.000

140.255 asistencias pagando $1.000 cada una

Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.

Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.

Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?

La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.

Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?

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Colombia

Cuatro bandas independientes se toman Bogotá con una noche de rock sin etiquetas presentes en Ruido Capital

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El próximo viernes 23 de octubre de 2026, la escena independiente de Bogotá tiene una cita ineludible en Rockxy Bar, ubicado en la calle 65 #13-15, en el corazón de Chapinero. Bajo el nombre Ruido Capital, cuatro propuestas musicales de identidades radicalmente distintas compartirán un mismo escenario con una sola consigna: demostrar que el rock bogotano sigue siendo un territorio abierto, incómodo y difícil de encasillar. La jornada arrancará a las 7:30 p. m. con una entrada de $25.000 COP, en un espacio que se ha consolidado como uno de los puntos de encuentro más importantes para la música en vivo de la ciudad, con capacidad para 120 personas y una reputación ganada a pulso entre músicos y público que buscan algo más que una noche de covers.

El Pez Capitán, 6 de Bastos, Radio de Monos y El Pregón del Mudo son los encargados de darle forma a esta descarga sonora. Cada uno llega con una historia y una búsqueda particular. Radio de Monos, por ejemplo, se ha convertido en una de las propuestas más provocadoras del metal alternativo bogotano. La banda, que se consolidó en 2021, construyó su identidad a partir de una mezcla de punk, metal y electrónica que ellos mismos describen como una descarga de caos y energía. Su más reciente sencillo, Soy el Mal, es una pieza que combina riffs pesados, secuencias electrónicas y una estética visual cargada de pintura fluorescente y luces UV, un sello que han perfeccionado en tres años de presentaciones en vivo. Diego, su vocalista y fundador, ha contado que el nombre de la banda nació de una escena casi cinematográfica, cuando vio un programa de televisión donde un personaje escuchaba las voces de los monos mientras en la radio sonaba una noticia trágica. Primero fue la canción, luego el nombre, y de ahí en adelante todo fue construcción de una identidad que no quiere sonar igual a nadie más.

El Pregón del Mudo llega con una propuesta que bebe del rock, el punk y los sonidos propios de Colombia, con la cumbia como uno de sus pilares. La banda nació en 2019 del reencuentro de un grupo de amigos con trayectoria musical, y desde entonces ha construido un repertorio que se alimenta de las situaciones inverosímiles que aparecen en los titulares del país. Canciones como ¿Miedo o empanada?, Tu mamá tiene bigote o El Putas de Aguadas hacen parte de su primer disco, Antipatría, una producción que mezcla la agenda nacional con ritmos de la región y el toque rockero y punkero que los caracteriza. Santiago Garcés, guitarrista de la banda, ha explicado que el nombre surgió de la necesidad de ser la vocería de toda esa gente callada, silenciada o que sencillamente no quiere hablar en el país. Antes se llamaban Ñoñe, pero el nombre les trajo problemas en redes y plataformas digitales, y decidieron cambiarlo por uno que reflejara mejor el rumbo que estaba tomando el proyecto. La banda está conformada por Daniel Bernal en la batería, Jhon Tato Cortés en el bajo, Santiago Garcés en la guitarra y Luis Javier Uribe en la voz, y su música ha ido creciendo al ritmo del público que los ha visto en bares y festivales de Bogotá.

El Pez Capitán y 6 de Bastos completan el cartel de Ruido Capital, dos nombres que hacen parte de esa red de bandas que sostienen la escena independiente de la ciudad con presentaciones constantes y una búsqueda sonora que no se detiene. Rockxy Bar, el lugar elegido para la cita, es un espacio que se ha posicionado rápidamente en la zona de Chapinero gracias a su buen sonido y a una programación periódica de música en vivo que incluye rock, metal y alternativo. Los asistentes destacan la acústica del lugar, la comodidad del espacio y la facilidad de acceso desde la estación de Transmilenio Calle 63, aunque algunos también señalan que el servicio puede ser lento y que las bebidas tienen precios elevados.

Ruido Capital no es solo un concierto. Es una apuesta por la diversidad sonora y por el poder de la música en directo en una ciudad donde la escena independiente sigue resistiendo a punta de guitarras, distorsión y actitud. Cuatro bandas, cuatro universos, una sola noche. La cita es el viernes 23 de octubre de 2026 a las 7:30 p. m. en Rockxy Bar, calle 65 #13-15, Bogotá. La entrada cuesta $25.000 COP. Cuatro bandas. Una noche. Ruido Capital.

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Colombia

“Noir” el lado más íntimo y oscuro de Hijos del Viento

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Hijos del Viento anuncia Noir, el tercer adelanto de su nuevo álbum “Insurgente”, que verá la luz el próximo 30 de octubre. El sencillo, que se estrena oficialmente el 17 de octubre, marca un giro hacia un territorio más íntimo y oscuro dentro de la propuesta de la banda bogotana, explorando la depresión, el aislamiento y la pérdida de identidad desde una estética inspirada en el cine negro. Según la propia agrupación, Noir habla de ese momento en que la depresión deja de sentirse como tristeza y empieza a sentirse como desaparecer, una idea que atraviesa tanto la lírica como la atmósfera sonora del tema. Musicalmente, el corte mantiene la dirección moderna y progresiva que Hijos del Viento viene construyendo, combinando metal moderno, atmósferas densas, melodía y peso en una mezcla que ellos mismos describen como power metalcore hecho en Bogotá.

El estreno de Noir será la misma noche del 17 de octubre, Hijos del Viento lanzará su álbum en vivo con un show de lanzamiento en La Sucursal, en Bogotá, donde presentarán por primera vez el material de su nuevo álbum completo. La banda, conformada por Sebastián Pascagaza en voces, Juan Pablo Carrillo en guitarra, Nicolás Jaime en bajo y Nicolás Gómez en batería, llega a este lanzamiento con un recorrido sólido que incluye haber abierto para Stryper en Bogotá, una participación en un evento masivo en Ciudad de México en 2026 con cerca de cien mil asistentes, su competencia en Wacken Metal Battle Colombia 2027 en Bogotá y el reconocimiento como Mejor Metal Mainstream en los Monster Music Award 2025.

“Insurgente” llegará completo el 30 de octubre y promete consolidar la evolución de la banda hacia un sonido más personal y ambicioso.

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