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La agonía y el éxtasis en Rock al Parque: Lluvias, requisas y Metal Colombiano

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Por: Felipe Szarruk

Volver al parque después de tantos años es algo interesante y les voy a decir por qué… Uno pensaría que no se sentirá como una rutina, pero lo hace. Para los que llevamos muchos festivales encima y que ya conocemos como es el “protocolo”, da un poco de “mamera” atravesar la misma historia de la cuál parece Colombia no se va a poder salvar nunca y es ese “regaño” anterior a un concierto.

A diferencia de casi todos los países del planeta tierra, entrar a un concierto en Colombia es un suplicio, es casi psicópata, es como entrar a visitar a un preso en un pabellón de La Picota, requisas, malas miradas, cien filtros, desconfianza, una mierda eso. Menos mal este concierto es gratuito para el público porque parece que uno tiene que bajar la cabeza y pedir perdón para ingresar a cualquier espectáculo público o privado en el país y esto está mal. Por varias razones, la primera porque es una experiencia muy incómoda para los asistentes, la segunda porque sea lo que sea que creen que pueden quitar en la entrada se consigue adentro, si, incluyendo armas y la tercera y más importante, porque es un reflejo de nuestra pobre cultura como ciudadanos en donde saben que como niños de pañal cagado no nos pueden dejar solos en un evento cultural porque se convierte en una tragedia. Y esto nunca va a cambiar.

Ahora entremos en materia al concierto pasado por agua que tuvimos ayer en El Simón Bolivar, espero que los embalses ya estén bien porque si con ese diluvio no subió el nivel entonces es que se están bebiendo el agua o la están evaporando, porque la cantidad de agua que cayó fue bestial.

Buenas bandas para el no oficial “día del Metal” sobretodo las nacionales de las cuales brillaron varias como Hellfish, Loathsome Faith, Legio Inferí, Highway o Insánity. Repitiendo una y otra vez que el Metal colombiano se encuentra en un buen momento, estás bandas son prueba de ellos. La ingeniería de audio de bandas como Loathsome Faith fue notable, en contraste con algunos internacionales que parecían desubicados en lo que es el festival.
Ese gran espacio entre las bandas y el público confunde a las bandas internacionales que en realidad no tienen ni idea de que es lo que está pasando, algunas que ya conocen la dinámica del festival lo entienden pero no lo comparten.

El festival está ofreciendo unas zonas de comida, bebida y emprendimiento que vale la pena recorrer, ahí es donde se está dando la dinámica social que enriquece algo como Rock al Parque, porque realmente fue dificil disfrutar el concierto, la lluvia no es amiga de esto y como dicen en Alemania en Wacken “Rain o Shine”, sí, pero es que Bogotá dista mucho de un camping tipo Woodstock en donde uno pueda después al menos relajarse o bañarse, igual a la gente que asiste esto no le interesa, pero si impacta de manera directa en el número de asistente que por supuesto fue bajo.

Ayer me metí de sapo en los controles de Canal Capital a confirmar una sospecha que tenía, no es nada importante, solamente para contar en este escrito la respuesta a algunas críticas que hacen del sonido de la transmisión para TV y lo que sucede, es que no existe una mezcla para televisión, el audio llega desde la consola de mezcla en vivo y esto obviamente altera la calidad, ya que la mezcla en vivo para los escenarios es potencialmente diferente a la de una mezcla para televisión, pero tener otros ingenieros haciendo esto elevaría demasiado el costo y no parece que valga la pena realizarlo ya que los indices de rating del evento no parecen sustentarlo.

En general, viéndolo como un todo, se logró sacar adelante un primer día de lo que parecen tres diluvios, Hipocrisy quienes eran los Headliners de la noche no lograron su sonido contundente por algunos problemas que tuvo la banda con los equipos, pero se las arreglaron para que el público tuviera el mejor show que podían hacer, contraste a La Pestilencia a la que Bogotá siempre le responde con fuerza y que iniciaron con una versión “medio sinfónica” de su ya clásico “Nada me obliga”. En cambio actos como Sacred Reich y Dirkschneider tuvieron mejor suerte con el sonido y el público. Hay una banda de la que pocos están hablando pero meceré mucho la pena explorar, los daneses de Afsky, excelente propuesta de Black que encajó perfectamente en el ambiente lúgubre de la capital.

Rock al Parque ni ha perdido su fuerza, ni ha ganado más de la que tenía antes, el cartel este año aunque mejor, dista mucho del line up de un festival de este calibre, aún faltan muchas cosas por arreglar pero es que parece que “esas cosas no importan”, la percepción es que al festival le falta gente que trabaje por mejorarlo pero este año está mejor, más divertido, la curaduría fue mucho más coherente (Aunque con un merengue y cumbiecita por ahí colados), las zonas están mucho mejor y la gente se divierte también sin importar que.

Como criticas me siguen surgiendo dudas sobre los “eventos fantasma” e “invitados fantasma” que comienzan a aparecer mágicamente después de los anuncios. Por ejemplo ese concierto “sinfónico” de rock que hmmm, ¿por qué y para qué?, esa carpa de Dj´s a donde fue a templar incluso el señor García que parece que si no es del Estado no puede comer, ¿Por qué y para qué? Todo eso cuesta dinero y ese dinero se podría usar para buscar la comodidad de los asistentes, para prepararse para las tormentas, incluso para otras bandas porque en la convocatoria pasaron muy pocas. Esos conciertos de Rock al Parque al barrio ¿Por qué y para qué? Asistimos un rato al que se hizo en Lourdes y no había casi nadie, eso es dinero botado. Y eso debe acabarse, si hay un proceso y unos anuncios, punto, no tienen que comenzar a aparecer “premios de consolación” o eventos de la nada usando presupuesto del festival, eso no le sirve a nadie.

Por lo pronto, a ver que como termina esta edición que parece estará entera pasada por agua pero ahora cambia de géneros a otros un poco más “fiesteros” y esto es lo que atrae al grueso de bogotanos.

Ya veremos…

P.D. Y como colombianos que somos, raza de sicarios y ladrones no podíamos fallar y a bandas como Hipocrisy y Haggard les robaron equipos en el aeropuerto. Pero eso somos, eso hemos sido y eso seremos siempre. Mientras a disfrutar de las canciones que hablan de niñas de 14 años que “ya están ricas”.

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¡Idartes es administrador, no curador! Así secuestran la Media Torta y otros escenarios culturales.

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Cualquiera que haya solicitado un escenario público sin participar en convocatorias en el país sabe de lo que va este artículo… son meses de pedir permisos, pasar proyectos, ir a reuniones para que dejen dejen usar algo que es de todos. Pero no, este país es tan amañado y tan deshonesto que no se logra tan fácil, tal vez para ellos es más importante que las bandas amigas agarren el escenario de sala de ensayos que otra cosa. ¿Por qué Idartes y las instituciones que gestionan la cultura en este país son tan corruptas? En estos días han publicado de nuevo varios episodios muy duros para ellos, por ejemplo en Instagram rueda un video en donde se denuncia el incumplimiento en los pagos a contratistas y en los diarios están pidiendo explicaciones por nepotismo y contratos amañados… otra vez.

Pero el problema también son los artistas, los arrodillados… hasta aquí este artículo puede parecer “solo” otro conflicto político entre un gestor incómodo y una entidad cultural, eso que los ignorantes y cómplices llaman “una pataleta”. Pero el problema no es sentimental ni estético, es jurídico y eso es lo que la ignorancia colombiana no ha querido entender ni lo hará jamás. Cuando una entidad pública se apropia de un escenario cultural como si fuera suyo, restringe el acceso a quien le incomoda y administra recursos públicos en función de afinidades políticas, deja de cumplir su función legal y entra en terreno de desviación de poder, vulneración de derechos colectivos y posible corrupción administrativa. ¿Pero a ustedes no les interesa verdad? Porque lo saben, saben que esto es real, pero si pelean entonces se quedan sin el recurso, porque casi todo artista nacional es mendigo del Estado.

La Constitución colombiana es clara, los bienes de uso público, es decir las calles, plazas, parques y por extensión los equipamientos culturales destinados al uso común son inalienables, imprescriptibles e inembargables. El Consejo de Estado ha dicho que cualquier decisión que restrinja su destinación al uso común o excluya a algunas personas del acceso crea privilegios indebidos y vulnera el derecho colectivo al goce del espacio público. Eso incluye casos en los que una autoridad cierra o restringe un bien de uso público para favorecer intereses particulares, como ocurrió cuando una vía fue bloqueada para beneficio de una empresa privada y la justicia ordenó reabrirla mediante acción popular. Pero ustedes como les digo nuevamente son borreguitos arrodillados lo que hacen es callar y aguantar, llenar formularios y rezar para ser escogidos por la dictadura cultural.

En cultura, la Ley 397 de 1997 va más lejos, ordena al Estado “garantizar el acceso de todos los colombianos a la infraestructura artística y cultural” y asegurar que los ciudadanos puedan acceder a manifestaciones, bienes y servicios culturales “en igualdad de oportunidades”. No habla de “amigos del poder”, ni de “aliados del programa”. Habla de todos.

Cuando Idartes administra la Media Torta o el Jorge Eliécer Gaitán de modo que ciertos gestores o escenas nunca logran usar esos espacios, pese a cumplir condiciones técnicas y artísticas, está rompiendo el principio de igualdad en el acceso a la infraestructura cultural. Y cuando eso recae, de manera sistemática, sobre una persona o colectivo crítico de la institución, el asunto deja de ser un simple mal manejo administrativo y se acerca a una vía indirecta de censura. ¿Cómo hacerle entender esto a un colombiano?

La Corte Constitucional ha sido contundente frente a las “vías o medios indirectos” de restricción a la libertad de expresión, negar licencias, concesiones o accesos a recursos públicos con el propósito abierto o encubierto de silenciar voces críticas constituye una forma de censura prohibida por el artículo 20 de la Constitución y por la Convención Americana de Derechos Humanos. En una sentencia sobre un canal de televisión al que el gobierno intentó ahogar mediante decisiones administrativas, la Corte describió este mecanismo así:

“Se prohíbe el empleo de vías o medios indirectos para restringir la comunicación y difusión de ideas y opiniones, pues pueden generar un efecto disuasivo e inhibidor sobre quienes ejercen la libertad de expresión, impidiendo el debate público”.

Cambie “canal” por “teatro público” y la lógica es exactamente la misma.

Habría que hacerle un tatuaje en el cerebro de cada habitante de esta tierra que diga “Idartes es un administrador, no un curador” pero ya es tarde… ya los tienen a todos pastando.

En el derecho administrativo existe una figura llamada desviación de poder que sucede cuando una autoridad usa sus competencias legales para un fin distinto al previsto por la ley. Si Idartes tiene la competencia para asignar la Media Torta, el fin previsto es garantizar el acceso equitativo a un equipamiento cultural público. Si, en la práctica, usa esa competencia para castigar o excluir a un gestor crítico, se configura una desviación de poder sancionable.
El Consejo de Estado y la Corte Constitucional han dicho hasta el cansancio que la desviación del fin en el uso de bienes públicos puede vulnerar varios derechos colectivos, entre ellos, el goce del espacio público, la defensa y utilización de los bienes de uso público y la moralidad administrativa.

La moralidad administrativa no es una invención como sí lo son las políticas culturales absurdas, la moralidad exige que los funcionarios gestionen recursos públicos de forma imparcial, transparente y ceñida a la finalidad del bien. Cuando un escenario financiado con impuestos se entrega selectivamente a ciertos proyectos y se niega sistemáticamente a otros por razones políticas, esa moralidad se quiebra. No hace falta robarse un peso, basta con usar el poder discrecional como arma.

En el plano disciplinario, la reiteración de negativas arbitrarias también puede configurar falta grave de los funcionarios responsables, al vulnerar principios de igualdad, imparcialidad y finalidad del gasto público. La Procuraduría y las personerías han investigado en otros contextos actos similares: cierre de parques, privatización encubierta de espacios públicos, entrega sesgada de contratos. La cultura no debería ser excepción. Pero ya todos conocen las técnicas de Idartes, Sayco (Privada), Mincultura y otros al usar triquiñuelas para salirse por la tangente como publicar pendejadas en portales de noticias falsas, negar a sus empleados usando el esquema de “contratistas” o reclamar que “les están dañando el nombre”. Patético.
Lo que ocurre con la Media Torta, el Jorge Eliécer o el Colón no es solo un problema de programación; es algo más profundo, se trata de la captura institucional de la cultura por parte de una élite burocrática que decide quién puede existir en el espacio público financiado por todos. Osea operan como una mafia. Normal acá.

La ley dice que los escenarios son de todos; la práctica los convierte en territorio de unos pocos. Esa fractura entre norma y realidad no es un simple descuido: es una forma sofisticada de corrupción política, donde el botín no son ladrillos ni contratos de cemento, sino la capacidad de decidir qué se ve, qué se escucha y qué se recuerda.

Frente a eso, el periodismo cultural tiene una tarea incómoda, dejar de tratar a Idartes y a las demás instituciones como mecenas intocables y empezar a narrarlas como lo que son, administradores de bienes públicos sujetos a escrutinio jurídico y ético. No basta con cubrir festivales; hay que cubrir también cómo se decide quién entra y quién queda afuera. Pero en Colombia el periodismo es un inodoro, un hervidero de oportunistas sin criterio que están también al servicio de quien les puede dar un peso para comer.

Porque cada vez que una entidad pública le cierra la puerta de un teatro a un gestor incómodo, no solo viola la ley y los derechos colectivos, nos recuerda que en Colombia la censura ya no necesita tijeras. Le basta con un escenario vacío, un correo sin respuesta y un funcionario que, desde su escritorio, se cree dueño de lo que en realidad pertenece a todos.

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Este es el TOP 50 de Rock y Metal colombiano 2025 para Subterránica

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El rock y el metal colombiano viven un momento duro pero para nada están muertos. Viven en una tensión permanente entre la resistencia y el agotamiento, entre la autogestión real y el discurso vacío, entre quienes siguen haciendo canciones, giras y escenas, y quienes reducen todo a nostalgia, tributos o quejas infinitas. Esa es la realidad que no se puede maquillar y desde la cual Subterránica ha trabajado durante más de dos décadas. Y así, cada año salen cientos de nuevas canciones y producciones que nutren los sonidos locales en resistencia.

El Top 50 Subterránica 2025 no es una lista de complacencias, ni un ranking para alimentar egos, ni una selección dictada por algoritmos, tendencias o relaciones públicas. Es, como todos los años, una fotografía crítica del estado del rock y el metal en Colombia, construida desde la observación constante, el seguimiento a procesos reales y el compromiso con una escena que se sostiene, casi siempre, desde la independencia y la autogestión.

Esta lista existe porque creemos que documentar, reconocer y poner en contexto es una forma de hacer historia. Porque mientras muchos hablan del rock sin aportar nada concreto, hay bandas, productores, gestores y colectivos que siguen creando, grabando, tocando y sosteniendo circuitos en condiciones adversas. A ellos está dedicada esta selección.

El Top 50 Subterránica es una tradición anual que no busca unanimidades ni aplausos fáciles. Busca coherencia, trabajo, impacto y continuidad. Es una lista que incomoda, genera debate y sobre todo, deja registro. Porque si el rock colombiano ha sobrevivido, no ha sido por el apoyo institucional ni por la moda, sino por la terquedad de quienes siguen haciéndolo cuando todo juega en contra.

Este 2025 no es la excepción. Aquí está la lista de Subterránica. No pretende ser definitiva, pero sí honesta. Y como siempre, está hecha desde el mismo lugar… el de quienes están dentro del pantano, no mirándolo desde la orilla.
Suban el volumen y disfruten…

1 – Indolencia – Loathsome Faith


2 – The Missing Point – Under Thread


3 – Calma – Canalla


4 – Se mi refugio – Pacho Gómez


5 – I Awaken – Brainblast


6 – Subatomic Glitchy Groove – Cosmology X


7 – Thrash Manson – Steelbreath


8- Muerte Digna – R.I.P.


9 – Instinto Animal – Rain of Fire


10 – Piedra sobre piedra – Nicolas y los Fumadores


11 – Cypher – Rex Marte


12 – Karma – Yimark


13 – Indefinido – Camargo


14 – Loto – Las tres piedras


15 – Oxido y Perfume – Vulgarxito (Vanegas Blues)


16 – Tierra de Nadie – Alfonso Espriella


17 – Perfect Days – Cheyne Stokes


18 – Enemigo Oculto – Onïxx


19 – Cartas Suicidas – Mandingasea


20 – Sueños – Diatermia


21 – Siniestro – Devasted


22 – Un caos más – Ennui


23 – CH4 – Psycho mosher


24 – Survive – Osaka 32


25 – Clx – Ciudad inmovil


26 – Primal Rage – Herejía


27 – Adaia – Alcanzando el Sol


28 – Desert – Dead Country Broders


29 – The Pleasure of it – Lengua del desierto


30 – Enfermos de Poder – Fixura


31 – De la noche al fin – Los Batz


32 – Inexistencia – Sforzando


33 – Ni con 4 ojos – Cinemablue


34 – Mr Bicth – Rough Times


35 – Where it Begins – Abstrated mind


36 – Días Más Felices – Lutter


37 – Prismas – Aspern ft. Denis Stoff from Drag Me Out


38 – Después de la lluvia – Un ser multiple


39 – Epifanía – Narcocracia Ft Fabián Galindo


40 – Future Tense – Poison the preacher


41 – Megalomaniac – Thy Method


42 – Hasta Que Te Conocí – Homenaje Juan Gabriel, Ensamble Trivalente ft. Six V Six


43 – 2030 (N.O.M) – Brain Voltage


44 – Chaotic – Duplex


45 – Blue – Nauj Project


46 – En el espacio y el tiempo – La Farsa


47 – Redemption – Vein


48 – Holocausto – Tenebrarum


49 – Arrojando siempre música agresiva – A.S.M.A

50 – Envidia – Piel Pimienta

@Subterránica

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Lo Mejor del Rock y Metal Colombiano en 2025 para Subterránica

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Desde las trincheras de Subterránica, 2025 emergió como un año de resistencia y explosión creativa en el rock y metal colombiano, donde bandas independientes desafíaron el establishment con canciones fuertes, honestas y letras que destapan realidades. Bogotá y el circuito underground estuvieron nutridos con El Monster del Rock Subterránica, los heats de Wacken Metal Battle y giras crudas que priorizaron la esencia sobre el mainstream. Estas 14 propuestas capturan según nosotros, la furia genuina e indomable, desde el death brutal, pasando por el thrash demoledor hasta fusiones rebeldes que definen un sonido nacional que se niega a ceder, listo para trascender fronteras sin concesiones.

Estas fueron las mejores agrupaciones del año para nuestro colectiv

Loathsome Faith

Loathsome Faith, death metal bogotano de precisión quirúrgica, teje riffs técnicos con atmósferas asfixiantes que diseccionan la indolencia social y la decadencia humana, evocando a Nile con un toque local visceral. En 2025 fueron los ganadores de Wacken Metal Battle Colombia, tocaron en Ecuador en la gran final, no se quedaron quietos en ningún momento y lanzaron “Indolencia”, un adelanto de su cuarto álbum que acumuló miles de streams underground, seguido de shows en Rock al Parque y presentaciones que reafirmaron sus 15 años de brutalidad inquebrantable. Su presencia en festivales independientes consolidó su rol como ariete del extremo, atrayendo aliados globales sin diluir su ferocidad. Sin duda uno de los nombres más importantes de Metal colombiano.

Cheyne Stokes

Cheyne Stokes evoluciona hacia un metal progresivo introspectivo, donde progresiones emocionales transforman el thrash primigenio en narrativas conceptuales de sombras y redención, con influencias de Tool y Opeth filtradas por la crudeza colombiana. Sacaron el single “The Dream is Collapsing” y el álbum The Empress, un doble golpe de madurez sonora con videos oscuros que exploran colapsos mentales, más presentaciones en varios circuitos. Su música invita a la catarsis colectiva, posicionándolos como innovadores que fusionan introspección con potencia en vivo.

Pr1mal

Pr1mal regresó con riffs más densos, sonido más fuerte tipo Groove Metal y letras políticas que gritan rebeldía contra el sistema, reminiscentes de Slipknot y Korn pero con acento bogotano callejero y actual. Tras 13 años de hiatus, se tomaron nuevamente los escenarios con su voltaje renovado. Su front man Javier Carmona pareciera no querer ceder al tiempo y está en mejor forma que nunca.

Onïxx

Onïxx encarna el hard heavy metal tradicional con potencia clásica, solos melódicos y una energía underground que resiste modas, canalizando Iron Maiden y Judas Priest en riffs que retumban en los bares bogotanos. Finalistas destacados en Wacken Metal Battle Suramérica 2025, sostuvieron una agenda de shows intensos en el circuito local, ignorando confusiones con actos foráneos y fortaleciendo su marca en redes independientes. Su endurance en la escena los erigió como baluartes del metal puro, listos para heats mayores sumado a una excelente puesta en escena.

Mandingasea

Mandingasea fusiona hard rock con grooves latinos y letras viscerales sobre lucha cotidiana, como en “Jodido” o la brutal “Cartas Suicidas”, entregando un sonido callejero que mezcla el rock con raíces colombianas en ritmos infecciosos. Realizaron conciertos clave en la ciudad y su lucha por la salud mental es notoria y necesaria, manteniendo su pulso resistente. Su presencia en el circuito consolidó un estilo que invita al rock con alma popular.

The End

The End despliega cyborg metal postapocalíptico, un hard rock futurista con riffs robóticos, baterías fuertes y letras de guerra final que pintan escenarios distópicos al estilo Rammstein meets Fear Factory. Coronados como ganadores del Monster del Rock Subterránica, superaron rivales en batallas épicas, esta es una banda que es divertida de ver en vivo y que ha construido todo un concepto alrededor de ella.

Osaka 32

Osaka 32 ofrece rock alternativo con riffs potentes y grooves modernos, un sonido fresco que navega stoner y post-hardcore con toques experimentales y elementos asiáticos, ideal para cabezas que buscan intensidad sin clichés. Activos en varios eventos y en Wacken Metal Battle, sumaron giras locales y apariciones en Toque que los catapultaron en la celebración anual del rock underground. Su momentum en Instagram y escenarios independientes los marca como promesa ascendente.

RIP (R.I.P.)

RIP forja heavy rock crudo con temas como “Muerte Digna”, un sonido directo y sin filtros que captura la resistencia underground bogotana, influenciado por el metal clásico con edge punk. Mantuvieron una sólida agenda de shows en la escena local, contribuyendo a la vitalidad del circuito sin alardes, priorizando la conexión auténtica con el público fiel. Su persistencia en redes y eventos los mantuvo como pilar de la tradición roquera, fueron protagonistas de la entrega de Premios Subterránica 2025.

Devasted

Devasted lidera el thrash metal con demencia técnica, inspirado en Coroner y Vektor, donde velocidad y caos social se funden en riffs bastante elaborados que denuncian desorden colectivo. Lanzaron el álbum Siniestro, posicionándolos como el estandarte del thrash y sus fusiones con producción impecable. Su evolución técnica redefinió el género en el underground 2025 y terminan el año con su gira por Perú.

Ciudad Inmovil

Ciudad Inmovil construye modern metal con riffs intensos, grooves y una dinámica bogotana que evoca aquellas bandas a las que no les da miedo experimentas. Competidores fieros en semis de Wacken Metal Battle Bogotá, sumaron a celebraciones roqueras con lanzamientos digitales que ampliaron su reach underground. Su sonido prometedor apunta a dominar el circuito emergente.

Camargo

Camargo explora pop rock con contrastes luminosos y oscuros, un estilo performativo fresco que alterna melodías accesibles con crescendos intensos, atrayendo audiencias amplias en escenarios grandes. Su mezcla emocional capturó el espíritu versátil del génerom este año tuvieron gira en México y en varios festivales del país, pero el lanzamiento de su canción “Indefinido” los marca como lo mejor del año.

Alfonso Espriella

Con 20 años de tarima, entrega y letras introspectivas, Alfonso no es capaz de tomar un descanso, lanzando nueva música durante el año. Ha compartido escenario con Slash y Draco Rosa con un sonido maduro y ecléctico. Estrenó “Dolor Fantasma”, un single haunting que sumó a shows independientes, reforzando su legado versátil en el rock colombiano. Su carrera sostenida inspiró a la escena solista underground siendo él uno de los pocos que quedan en el género.

Somberspawn

Somberspawn desata blackened death metal feroz desde 2018, con “Inumbrate” como estandarte de ruido transfronterizo que mezcla Behemoth con crudeza bogotana en blasts y atmósferas gélidas. Expandieron su visión en showcases independientes y redes globales, consolidando un underground que trasciende límites locales. Su intensidad los elevó como fuerza extrema imparable y definitivamente fueron uno de los mejores shows de Rock al Parque, esta es una banda que pronto se tomará la escena de manera irremediable.

Psycho Mosher

Psycho Mosher, pioneros del crossover thrash, aceleran con riffs veloces y actitud callejera que recuerda bandas como Cro-Mags y Suicidal Tendencies, desatando furia pura en mosh pits globales. Aseguraron boleto a Copenhell 2026 al ser ellos los escogidos en los showcases del Bomm y con shows locales que definieron su proyección internacional como embajadores del thrash colombiano. Su año culminante selló un legado de velocidad indetenible.

!Que nunca pare nuestra escena!

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