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Colombia

Los 10 momentos más importantes en la historia del rock colombiano.

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El rock es un género musical que ha tenido presencia en Colombia desde mediados del siglo XX. El rock colombiano se ha caracterizado por su diversidad, su creatividad y su capacidad de fusionar el rock con otros ritmos y expresiones culturales del país. El rock colombiano también ha sido un medio de comunicación, de protesta y de resistencia de los jóvenes ante la situación social, política y económica de Colombia en diferentes épocas que ha tenido momentos de auge y de crisis, de éxito y de fracaso, de reconocimiento y de censura, pero siempre ha mantenido su esencia y su identidad. En este artículo, vamos a nombrar los 10 momentos más importantes del rock colombiano, que han marcado la historia y la memoria musical del país.

1. El concierto de Bill Haley y Los Cometas en Bogotá.

El rock and roll llegó a Colombia en 1957, de la mano de una película estadounidense que causó furor entre los jóvenes: “Semilla de Maldad”, que se proyectó en el cine Cid de Bogotá. La película, que retrataba la violencia y el desencanto de una generación rebelde, tenía como banda sonora el tema “Rock around the clock” de Bill Halley and his Comets, considerado uno de los primeros himnos del rock.

Cinco años después, el mismo Bill Halley y su banda pisaron por primera vez el escenario del Teatro Colombia, hoy Teatro Jorge Eliecer Gaitán, en diciembre de 1962. Fue la primera estrella internacional de rock and roll que se presentó en Bogotá, y su concierto marcó un hito en la historia musical y cultural de la ciudad.

Aunque el artista ya no estaba en la cima de su popularidad, su presencia en una ciudad conservadora y tradicionalista fue un signo de que Bogotá se abría al mundo y a las nuevas tendencias. El rock and roll empezó a competir con los géneros musicales dominantes, como la música clásica, el pasillo, el torbellino, el porro y la canción mexicana.

El concierto de Bill Halley fue una fiesta inolvidable para los jóvenes bogotanos, que se identificaron con el espíritu rocanrolero y se lanzaron a bailar en el foso del teatro, convirtiéndolo en una pista improvisada. Alvaro Díaz Manrique, integrante de la banda The Young Beats, recuerda así aquella noche: “Jovencitas y jovencitos que no nos conocíamos, esa noche estrechamos profundos lazos y bailamos durante todo el recital; otros, menos lanzados, los más mayores, llevaron el compás trepados en sus sillas. En cualquier caso, fue una fiesta que cambió nuestra forma de sentir la música: todavía está muy fresco en mi memoria el inicio del concierto cuando la banda se largó a tocar su éxito ‘Rock around the clock’ y nos apoderamos del foso del teatro, convirtiéndolo en un pandemónium. ¿Se alcanzan a imaginar eso? Era un sueño hecho realidad. O mejor, era estar dentro de un sueño en el que centenares de chicos y chicas adolescentes, al unísono, fuimos uno solo en medio de una danza tribal urbana, desenfadada y feliz”.

El rock and roll se instaló en Bogotá como una expresión de rebeldía, libertad y modernidad, y dio origen a una escena musical que se desarrollaría en los años siguientes, con bandas como Los Speakers, Los Flippers, Los Yetis y Los Ampex, entre otras. El concierto de Bill Halley fue el detonante de una revolución que cambiaría para siempre la vida cotidiana de la ciudad.

2. El nacimiento de la Nueva Ola en los años 60, con artistas como Harold, Óscar Golden, Los Flippers, Los Speakers y Los Yetis, que adaptaron el rock and roll y el beat a la realidad colombiana.

La Nueva Ola fue el término con el que se denominaba al grupo de músicos e intérpretes que adoptaron la influencia musical del rock and roll y el beat, provenientes de Estados Unidos y Europa, y los adaptaron a la realidad y el idioma de sus países1. La Nueva Ola se relacionó con otros movimientos artísticos como el beatnik y el pop art, que expresaban el descontento y la rebeldía de la juventud frente a la situación económica y social de la época2.

En Colombia, la Nueva Ola tuvo su auge entre 1963 y 1968, y se caracterizó por la diversidad de estilos y géneros que abarcó, desde el rock and roll, el twist, el surf, el soul, el bolero y la balada. Algunos de los artistas más representativos de la Nueva Ola colombiana fueron:
Harold Orozco: Fue uno de los pioneros de la Nueva Ola en Colombia, y se destacó por su voz potente y su carisma.

Óscar Golden: Se hizo famoso por sus interpretaciones de temas románticos y sentimentales.

Los Flippers: Fue una de las bandas más populares y exitosas de la Nueva Ola, y se especializó en el rock and roll y el surf. Sus integrantes eran jóvenes estudiantes que tocaban instrumentos eléctricos y cantaban en español e inglés.

Los Speakers: Fue otra de las bandas emblemáticas de la Nueva Ola, y se diferenció por su sonido más crudo y experimental, influenciado por el rock psicodélico y el garage. Sus miembros eran rebeldes y contestatarios, y sus letras reflejaban el inconformismo y la crítica social.

Los Yetis: Fue una banda que se formó en Medellín, y que se inspiró en el rock and roll y el beat de los Beatles y los Rolling Stones. Sus canciones eran alegres y divertidas, y trataban sobre el amor, la fiesta y la moda.

La Nueva Ola fue un fenómeno que marcó la historia del rock colombiano, y que dejó un legado de canciones, muchos artistas y estilos que influyeron en las generaciones posteriores.

3. El Festival de la vida en 1970.

El Festival de la Vida fue el primer festival de rock al aire libre y gratuito en Colombia, celebrado el 27 de junio de 1970 en el Parque Nacional de Bogotá. Fue organizado por Tania Moreno, una referente del hippismo nacional, y por Edgar Restrepo, Humberto Monroy y Roberto Fiorilli, dueños de Zodiaco Discos y miembros de Siglo Cero, la banda cabeza de cartel. El festival reunió a seis bandas de rock progresivo y psicodélico, que eran pioneras en el género en el país, y a más de 15.000 personas, que disfrutaron de un día de música, paz y naturaleza. El festival fue inspirado por el famoso festival de Woodstock de 1969 en Estados Unidos, y fue un hito para la cultura rock en Colombia, ya que mostró la creatividad, la diversidad y el talento de los músicos locales, así como el espíritu rebelde y contestatario de una generación que buscaba transformar la sociedad.

Se realizó el sábado 27 de junio de 1970 en el Parque Nacional de Bogotá, con un presupuesto de solo $10.000 pesos. Fue el primer festival de rock al aire libre y gratuito en Colombia, inspirado por el famoso festival de Woodstock de 1969 en Estados Unidos12. El objetivo del festival era promover la paz, el amor y la conciencia social entre la juventud, en contraste con la violencia y el conflicto que se vivía en el país y el mundo.

El festival contó con la participación de seis bandas de rock progresivo y psicodélico, que eran pioneras en el género en Colombia. Estas bandas fueron: Aeda, Terrón de Sueños, La Caja de Pandora, Siglo Cero, Los Yetis y Los Impala (estos últimos provenientes de Venezuela)123. El festival atrajo a más de 15.000 personas, que disfrutaron de seis horas de música en vivo, baile, arte y convivencia.

El Festival de la Vida fue un hito para la cultura rock en Colombia, ya que mostró la creatividad, la diversidad y el talento de los músicos locales, así como el espíritu rebelde y contestatario de una generación que buscaba transformar la sociedad. El festival también fue el precursor de otros eventos similares, como el Festival Rock en las Montañas, que se realizó en agosto de 1970 en el mismo lugar.

4. El Festival de Ancón en Antioquia.

El Festival de Ancón se realizó entre el 18 y el 20 de junio de 1971, fue un evento que desafió las normas tradicionales y congregó a miles de hippies en torno a la música estridente, marcó un hito en la historia de la juventud medellinense y en el desarrollo del rock en Colombia. Organizado por Gonzalo Caro Maya, conocido como Carolo, a la edad de 22 años, el festival tuvo lugar en el Parque Ancón Sur, al sur de Medellín, cincuenta años atrás.

Carolo, junto con colaboradores como Édgar Restrepo Caro, Humberto Caballero, y Álvaro Díaz, logró convencer al alcalde de Medellín, Álvaro Villegas Moreno, de la viabilidad del evento, a pesar de la resistencia de sectores conservadores. El lugar elegido, Ancón, fue seleccionado por sus hongos alucinógenos y se convirtió en escenario de tres días de lluvia, barro, humo dulzón, amor y peripecias absurdas.

Aunque enfrentaron críticas y oposición, Carolo y su equipo organizaron el festival bajo marcos legales, con Villegas autorizando el evento. Sin embargo, la destitución del alcalde fue impulsada por el sacerdote Fernando Gómez, quien lo acusó de permitir la invasión de “vagos y degenerados”. A pesar de los contratiempos, el festival se llevó a cabo con la participación de diversas bandas y solistas de Cali, Bogotá y Medellín.

La Gran Sociedad del Estado inauguró el evento bajo un aguacero, mientras la prensa nacional, encabezada por Gloria Valencia, cubría el acontecimiento. Aunque se intentó documentar el festival en fotografías y video, varios contratiempos, incluyendo un intento de incendio de material gráfico, resultaron en una escasa memoria visual y sonora del evento.

Con la asistencia de alrededor de 200 mil personas en tres días, el festival dejó pérdidas económicas, pero su impacto artístico fue destacado. El Pingüino Rojo, el único puesto de comida que operó durante todo el evento, se convirtió, al final, en un acto de caridad al aceptar marihuana como parte de pago de clientes sin dinero.

Tantas décadas después, el Festival de Ancón sigue siendo recordado como un punto de quiebre en la historia cultural de Medellín y como uno de los eventos cruciales en la evolución del rock en Colombia conocido como “El Woodstock Colombiano”.

5.Los primeros grandes conciertos en Bogotá: Carlos Santana y James Brown.

Es bien dificil hallar soporte documental del concierto de Santana en Bogotá pero sí sucedió. No como los hippies lo esperaban al estilo que se presentó en Woodstock, sino que lo hizo elegante vestido de blanco y muy espiritual según recuerda Willie Vergara. Santana se presentó en el Coliseo El Campín el 2 de octubre de 1973, como parte de su gira mundial. Fue uno de los primeros eventos grandes que se hicieron en el recién remodelado coliseo, y contó con la asistencia de más de 10.000 personas. Santana tocó algunos de sus éxitos como “Black Magic Woman”, “Oye Como Va” y “Samba Pa Ti”, e hizo una improvisación de más de 20 minutos con el grupo colombiano Génesis. El concierto fue un éxito y dejó una huella en la historia musical de Bogotá.

El Periódico El Tiempo recuerda:

El 10 de octubre de 1973 Santana apareció en la mitad del escenario del Coliseo El Campín envuelto en una nube de incienso para bendecir al público y pedirle con insistencia que se convirtiera en el espíritu de Dios: “Elevémonos juntos y unamos nuestras fuerzas positivas para que reine el amor… Y ahora sí estamos listos¡Arranquemos!”

Mientras tanto, afuera, cerca de 10 mil personas armaban el desorden y 54 de ellas resultaban detenidas por volcar e incendiar el automóvil de la embajada de Estados Unidos. Mientras Santana repartía bendiciones a 15 mil espectadores, afuera repartían bolillo.

Unos meses atrás ya se había presentado su majestad James Brown en el mismo coliseo que hoy es el Movistar Arena, fue otro evento memorable que tuvo lugar en el mismo año que el de Santana. Según una fuente, James Brown llegó a Bogotá el 28 de agosto y fue recibido por unos 200 fanáticos en el aeropuerto. Ese mismo día, ofreció un espectáculo impresionante en el coliseo, donde cantó algunos de sus clásicos como “Please, Please, Please”, “I Got You (I Feel Good)” y “Papa’s Got a Brand New Bag”. También hizo su famosa “muerte” teatral en escena, cubriéndose con una capa negra y luego levantándose para seguir cantando. El concierto fue presenciado por unas 15 mil personas, que quedaron fascinadas por la energía y el talento del “Padrino del Soul”.

6. El nacimiento del movimiento del Ultra Metal y el Punk en Medellín en los años ochenta como respuesta a la violencia y al caos social que se vivía en el país.

El ultra metal y el punk en Medellín fueron movimientos musicales que surgieron en los años 80 como una forma de expresar el descontento, la rebeldía y la resistencia de los jóvenes ante la situación de violencia y criminalidad que vivían en la ciudad. Influenciados por bandas extranjeras como Metallica, Slayer, Venom y Sex Pistols, los grupos locales crearon un sonido crudo, caótico y agresivo que reflejaba la realidad marginal y el no futuro que les esperaba. Algunas de las bandas más representativas del ultra metal fueron Parabellum, Reencarnación, Blasfemia y Mierda, mientras que del punk se destacaron Mutantex, I.R.A., Pestes y Fértil Miseria. Estas bandas se dieron a conocer a través del intercambio de cassettes, las presentaciones en vivo y el boca a boca, ya que no contaban con el apoyo de los medios de comunicación ni de la industria musical. Su música también llamó la atención de algunos directores de cine que quisieron plasmar en la pantalla la cultura y el estilo de vida de estos jóvenes.

Uno de ellos fue Víctor Gaviria, quien en 1990 estrenó la película Rodrigo D no futuro, un drama social que narra la historia de Rodrigo, un adolescente que sueña con ser baterista de una banda de punk, pero que se ve atrapado por la violencia y la pobreza de su barrio. La película fue una de las primeras en mostrar la realidad de los sicarios, los narcos y los jóvenes marginales de Medellín, y también en darle protagonismo a la música punk y metal como una forma de expresión y resistencia. La banda sonora de la película incluyó canciones de bandas como Mutantex, Pestes, Blasfemia, Reencarnación y Ekrion, y se convirtió en un clásico del rock subterráneo colombiano. La película y su banda sonora fueron reconocida internacionalmente y tuvieron una gran influencia en el desarrollo del rock nacional y en la visibilización de la problemática social de Medellín.

Aparte, La relación entre Mayhem y el ultrametal de Medellín es una de las leyendas más interesantes del metal extremo. Según algunos testimonios, la banda noruega de black metal se inspiró en el sonido crudo, caótico y violento de bandas colombianas como Parabellum y Reencarnación, que habían creado el subgénero del ultrametal a mediados de los años 80. El contacto entre estas bandas se habría dado a través del intercambio de cassettes por correo postal, una práctica común entre los metaleros underground de la época. Así, Mayhem habría escuchado las grabaciones de Parabellum y Reencarnación, y habría quedado impresionado por la atmósfera sucia y agresiva que reflejaba la realidad marginal y violenta de Medellín. Esto habría influido en el estilo musical y estético de Mayhem, que se caracterizó por ser uno de los más radicales y polémicos del black metal, con letras sobre satanismo, muerte y nihilismo, y con actos como el suicidio de su vocalista Dead, el asesinato de su guitarrista Euronymous y la quema de iglesias. Sin embargo, esta relación entre Mayhem y el ultrametal de Medellín no está del todo confirmada, y hay quienes la consideran solo un mito o una exageración. Lo cierto es que tanto el ultrametal como el black metal noruego fueron movimientos musicales que surgieron en contextos de crisis social y que expresaron su rebeldía y resistencia a través de un sonido extremo y una estética oscura.

7. El Primer Concierto de Conciertos en Bogotá en medio del movimiento del “Rock en Español”.

El Primer Concierto de Conciertos en Bogotá fue el primer evento masivo de música en el Estadio El Campín que se realizó el 17 y 18 de septiembre de 1988, con la participación de artistas nacionales e internacionales de rock en español. Fue organizado por Fernando Pava Camelo, director de la emisora Super Stereo 88.9, con el apoyo de Felipe Santos, Armín Torres, Julio Correal, Coca-Cola y la Alcaldía de Bogotá.

El concierto fue un hito para el rock colombiano, ya que fue uno de los primeros y más grandes espectáculos de este género en el país y reunió a más de 70.000 personas que disfrutaron de la música de bandas como Soda Stereo, Los Prisioneros, Los Toreros Muertos, Miguel Mateos, Franco de Vita, Yordano, Compañía Ilimitada y Pasaporte, entre otras. El concierto también fue una muestra de la diversidad y la creatividad de la cultura juvenil de la época, que expresaba su rebeldía, su identidad y su resistencia ante la situación de violencia y crisis social que vivía el país.

El concierto tuvo algunos problemas, como la oposición de los periodistas deportivos que temían por el daño al estadio, la lluvia que afectó el sonido, pequeños disturbios que se presentaron afuera, la falta de preparación de los técnicos de audio, el mal sonido y las críticas de algunos sectores que consideraban que el rock era una música extranjera y decadente. Sin embargo, el concierto también tuvo muchos logros, como la difusión y el reconocimiento del rock en español en Colombia, el intercambio y la integración de los artistas de diferentes países, la visibilización y la reivindicación de los jóvenes como actores sociales y culturales, y la creación de un referente histórico y simbólico para el rock nacional. El concierto de conciertos fue, sin duda, uno de los momentos más importantes para el rock colombiano, y se convirtió en un ícono de la memoria musical y colectiva del país.

8. 1992: Cuando sacaron a bala a David Gilmour de Cali porque a los traquetos no les gustaba el Rock y en Bogotá cayó la November Rain que dejó al campín y al país sin conciertos por casi una década.

David Gilmour, el legendario guitarrista de Pink Floyd, fue invitado por Chucho Merchán, un músico colombiano que había trabajado con él en Inglaterra, para participar en un concierto ecológico llamado Ecomundo 92. El concierto se realizó el 4 de diciembre de 1992 en el Estadio Pascual Guerrero, y también contó con la presencia de Roger Daltrey, el vocalista de The Who, y Phil Manzanera, el guitarrista de Roxy Music. Pero el concierto fue un fracaso, ya que tuvo muchos problemas de organización, sonido, seguridad y público.

Según algunas fuentes, el concierto fue boicoteado por el Cartel de los Rodríguez Orejuela que controlaba la ciudad y que no toleraba el rock ni a los jóvenes que lo escuchaban. Al parecer, los narcos amenazaron a los organizadores y a los artistas y enviaron sicarios al estadio para intimidar y disparar al aire. También se dice que hubo disturbios y enfrentamientos entre la policía y los asistentes, que no superaron las 10.000 personas. El concierto terminó antes de lo previsto, y los artistas tuvieron que salir escoltados del estadio y del país. David Gilmour y los demás se sintieron decepcionados y asustados por la experiencia y juraron nunca más volver a Colombia (Gilmour si lo hizo). El concierto de Ecomundo 92 fue uno de los episodios más tristes y vergonzosos de la historia del rock colombiano pero también demostró la tenacidad y el alma de Chucho Merchán y de su amor por el rock y hasta donde puede llegar un ser humano por esta pasión.

Mientras tanto el 30 de noviembre en Bogota tocaba Guns and Roses en el Estadio El Campín, como parte de su gira mundial Use Your Illusion. Fue uno de los primeros y más grandes conciertos de rock que se hicieron en Colombia, pero también fue uno de los más problemáticos y polémicos. El concierto tuvo muchos inconvenientes, como la cancelación de uno de los dos shows que estaban programados, por el retraso de los equipos que venían de Venezuela, donde hubo un intento de golpe de Estado. Esto generó la molestia de algunos fanáticos que no pudieron entrar al único concierto que se realizó, y que iniciaron una serie de disturbios y enfrentamientos con la policía a las afueras del estadio. El concierto también tuvo fallas de organización, sonido, seguridad y público, y no cumplió con las expectativas de los asistentes, que esperaban escuchar algunos de los éxitos de la banda, como “Sweet Child O’ Mine” y “Knockin’ on Heaven’s Door”, que no fueron tocados. El momento más emotivo del concierto fue cuando la banda interpretó “November Rain”, y coincidió con una fuerte lluvia que cayó sobre el estadio. El público cantó y se mojó junto a la banda, que tuvo que salir del escenario por el riesgo de electrocución y el concierto terminó antes de lo previsto, y los artistas tuvieron que salir escoltados del estadio y del país. El concierto de Guns and Roses en Bogotá fue un fracaso y dejó una mala imagen del rock colombiano entre los sectores más mojigatos de la sociedad que presionaron para que se prohibieran los conciertos en El Campín. El directo afectado fue el italiano Eros Ramazzoti quien terminó tocando en un potrero improvisado. Después de esto hubo pocos conciertos internacionales en mucho tiempo en el país.

9. El Primer Rock al Parque.

Rock al Parque se realizó en Bogotá por primera vez en 1995 y se convirtió inmediatamente en una bandera de la ciudad. El festival nació como una iniciativa de Mario Duarte, vocalista de la banda La Derecha, Julio Correal, productor musical, y Berta Quintero, subdirectora de fomento del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, con el objetivo de promover el rock nacional y de crear un espacio de convivencia y tolerancia para los jóvenes de la ciudad. El primer Rock al Parque se realizó del 26 al 29 de mayo de 1995 en diferentes escenarios como la Media Torta, el Parque Simón Bolívar, el Estadio Olaya Herrera y la Plaza de Toros La Santa María. Contó con la participación de 43 bandas colombianas, como Aterciopelados, 1280 Almas, Morfonia y Catedral, y dos invitados internacionales, Fobia de México y Seguridad Social de España. El festival fue un éxito y reunió a más de 70.000 personas, que disfrutaron de la diversidad y la creatividad del rock en español. El primer Rock al Parque significó un hito para el rock colombiano ya que fue el primer y más grande evento de este género en el país, y dio a conocer a muchas bandas locales que luego se consolidarían en la escena nacional e internacional.

También fue una muestra de la cultura y el estilo de vida de los jóvenes de la época, que expresaban su rebeldía, su identidad y su resistencia ante la situación de violencia y crisis social que vivía el país. Lamentablemente con el tiempo este festival se sumió en la corrupción y la deshonestidad, pero no se puede desconocer su importancia en la escena del rock y el metal colombiano.

Una de las características del primer Rock al Parque y que explica mucho de lo que fueron las bandas que se consolidaron en la escena, fue que la mayoría de las bandas que se presentaron venían de la escuela Tejedores de Sociedad, un programa del Instituto Distrital de Cultura y Turismo que buscaba formar a los jóvenes de los sectores populares de la ciudad en la música, el arte y la cultura. La escuela Tejedores de Sociedad ofrecía talleres de técnica de guitarra, teoría musical, armonía, jazz, historia de la música colombiana e investigaciones sobre músicas indígenas, entre otros. Algunos de los profesores de la escuela eran músicos reconocidos, como Teto Ocampo, Humberto Monroy y Chucho Merchán. La escuela Tejedores de Sociedad fue una plataforma para que muchas bandas emergentes pudieran mostrar su talento y su propuesta musical, y también para que se generara un intercambio y una integración entre los músicos de diferentes regiones y estilos. La escuela Tejedores de Sociedad fue un factor clave para el desarrollo y la consolidación del rock colombiano, y para el éxito del primer Rock al Parque.

10. La consolidación del rock alternativo y fusión en los años 90 que revivió el rock a gran escala en Colombia.

El rock alternativo y fusión en los años 90 en Bogotá y Medellín fue una enorme escena musical que se caracterizó por la diversidad, la creatividad y la innovación de las bandas que mezclaron el rock con otros géneros como el pop, el funk, el reggae, el rap, el ska, el metal y la música folclórica. Algunas de las bandas más representativas de esta escena fueron Aterciopelados, 1280 Almas, La Pestilencia, Estados Alterados, Ekhymosis, Kraken, Morfonia, La Derecha, Catedral, I.R.A., Los Aterciopelados, entre otras. Estas bandas lograron una gran popularidad y reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional, y expresaron a través de sus letras y su música la realidad social, política y cultural de Colombia en una época marcada por la violencia, el narcotráfico y la crisis. El rock alternativo y fusión en los años 90 en Bogotá y Medellín fue una de las escenas más importantes y vibrantes de la historia del rock colombiano.

El primer video en MTV de una banda colombiana fue el de Estados Alterados y el primer Grammy para el rock colombiano fue el de Aterciopelados, estos logros hacían soñar con que Colombia por fín iba a estar en el radar del mundo como lo hacía México o Argentina. Algunas disqueras se aventuraron con los discos como MTM o BMG con su sello Culebra. Lastimosamente esta escena murió con el rock en 1999 junto a los disturbios de Woodstock y todo el movimiento pop que fue reemplazándolo. Subterránica retrató esta década en el libro “Cuando las calles eran de hierro” de Szarruk.

Estos son diez momentos que marcaron esta pequeña historia de nuestro rock que no es tan nutrida como la de otros países pero que sí tienen alma y han sido importantes. De seguro hay muchos más pero estos son los vitales. Cuando el nuevo siglo comenzó el rock decayó, fue lentamente reemplazado por las modernizaciones y folclorizaciones, se dio un conato de resurgimiento con dos movimientos muy fugaces: el new metal y el neo punk, pero no alcanzaron a durar mucho tiempo. Hoy en día el rock lucha por mantener su nicho y está casi extinto en Colombia en donde el Metal aprovechó y ha venido a reemplazar todos los espacios que el rock tenía consolidándose como una de las escenas actuales más importantes…y por supuesto la llegada de Subterránica al país en 2005 que es lo que nos trae acá en este momento… larga vida al rock colombiano.

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IDARTES S.A. ¿Entidad pública o agencia de mercadeo de Live Nation en Bogotá?

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Escribir este tipo de artículos cansa… cansa porque caen en oídos vacíos, en personas con hambre, en necesitados. Cansa porque a pensar que todo está a la luz de la evidencia seguirá pasando lo que siempre pasa… nada, absolutamente nada en esta tierra en donde las artes se convirtieron en el bolsillo de un pequeño grupo de individuos que entendieron y descifraron la forma de enriquecerse en el país sin el más mínimo esfuerzo y sin que nadie los cuestione. Esta es solo otra de esas historias que pasaran al olvido en una tierra en donde lo único que no se olvida es la miseria.

Hace unos días el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) anunció con bombos y platillos una “alianza estratégica” con la empresa Páramo Presenta. El objetivo, según el comunicado oficial, era ofrecer un descuento del 70% a los músicos de la ciudad para el concierto de Tom Morello, un guitarrista legendario en el rock mundial, famoso por ser miembro fundador de Rage Agaisnt the Mchine, por si alguno aún no tiene ni idea de quién es. El gran problema para los incautos, es que lo que se presenta como una “oportunidad de formación y circulación” es, bajo un análisis riguroso de gestión pública y ética corporativa, uno de los entramados de captura institucional más evidentes de los últimos años.

El discurso que recibimos en los correos, estaba vendiendo esta iniciativa como un apoyo al “crecimiento profesional” para músicos e interesados, pero en términos técnicos y reales esto no es honesto, porque Idartes está utilizando su maquinaria de difusión, su talento humano y sus bases de datos —pagados con los impuestos de los bogotanos— para asegurarle la taquilla a un evento privado que a última hora no logró el objetivo.

Para que entiendan (Si quieren hacerlo) la magnitud del problema, hay que seguir el rastro del dinero… Páramo Presenta ya no es una productora independiente colombiana, desde 2023, el 51% de sus acciones pertenece a Live Nation Entertainment, ese gigante global que controla el mercado de la música en vivo y que es dueño de Ticketmaster y que en los últimos días está envuelto en un escándalo salvaje del que hablaremos más adelante.

Es éticamente cuestionable que una entidad pública de Bogotá dedique recursos para hacerle el marketing gratuito a una multinacional que factura miles de millones de dólares. ¿Necesita Live Nation que el presupuesto del Distrito le ayude a vender boletas? La respuesta es obviamente no. Lo que estamos viendo es el uso de lo público para subsidiar el riesgo comercial de un monopolio privado.

Y esto no pasa por que sí, porque Dios es grande o porque Idartes se apiadó de Paramo o que Paramo “da la oportunidad” a los músicos de ir a escuchar a Tom Morelo. Esto se alimenta de una estructura de “puertas giratorias” donde ex-funcionarios de alto perfil en los medios públicos y entidades de cultura terminan en las directivas de las grandes productoras, así como está sucediendo con el cine y la película de Estado “Padilla” que también benefició enormemente a una productora privada por obra y gracia del espíritu santo.

Uno de los personajes importantes de esta historia, fue una de las voces y programadores más influyentes de Radiónica (el sistema de medios del Estado) y hoy es director de Booking en Páramo/Live Nation, ese el ejemplo perfecto. Estos actores conocen el sistema por dentro, fundaron esas empresas gracias a esos puestos de poder, tienen los contactos directos en las subdirecciones de las entidades y logran que la “gestión cultural” del Distrito se alinee perfectamente con los intereses de su empresa privada. Es la institucionalización de “la rosca”, el Estado no se alía con el sector, se alía con sus antiguos compañeros de oficina, mientras que veta a los independientes que tienen derecho a usar el equipamiento cultural pero no lo hacen porque como dijimos en otro artículo Idartes se cree curador y no administrador. ¿Pero quien dice algo? Al parecer el más cobarde es el mismo artista, quien sufre de pánico a ser vetado. Pero la realidad es la realidad así quieran borrarla.
Dicho de manera directa, acá hay una desviación de Poder y Tráfico de Influencias (Castigado por el Art. 409 y 411 del Código Penal), al menos en el papel.

Lo que Idartes presenta como una “gestión de fomento” es bajo la lupa del Derecho Penal, un presunto Interés Indebido en la Celebración de Contratos. La ley colombiana es clara: el servidor público no puede utilizar su cargo para favorecer intereses privados y al destinar recursos públicos (canales de comunicación institucional, tiempo de funcionarios y bases de datos del sector) para promocionar el concierto de una multinacional como Live Nation, Idartes está actuando como una agencia de mercadeo gratuita. Mientras tanto, a procesos históricos de gestión independiente que llevan décadas construyendo tejido social desde la base, se les somete a una burocracia que asfixia y que es miserable. La “puerta giratoria” de ex-funcionarios de Radiónica y el Ministerio de Cultura hacia las directivas de Páramo no es solo un dilema ético; es el mecanismo que aceita este tráfico de influencias.

Acá se está en plena Violación al Principio de Igualdad y No Discriminación (Art. 13 de la Constitución). La Constitución Política de Colombia obliga al Estado a promover el acceso a la cultura en condiciones de igualdad. Pero ¿A quién le importa? Es una nimiedad, es arte, eso ni existe, en Bogotá se ha instaurado una dictadura del gran formato en donde para el Monopolio (Páramo/Live Nation) se pone una alfombra roja institucional, “alianzas estratégicas” inmediatas y validación estatal para vender sus boletas, pero para el Independiente (Gestores y Músicos Autogestionados) siempre hay una negativa sistemática de equipamientos culturales como La Media Torta, excepto para los amigos que la usan hasta para ensayar.

Negar el uso de escenarios públicos a procesos ciudadanos bajo excusas técnicas de “mantenimiento” o “trámites”, mientras se facilita la logística para el lucro de un gigante privado colocando incluso los logos oficiales, es un acto arbitrario e injusto (Art. 416 del Código Penal). El Estado está decidiendo quién suena y quién calla basándose en la rentabilidad de sus “aliados” y no en el valor cultural del proceso.

Un juez podría decidir si esto es peculado por uso, acá estamos hablando del estado como subsidio de la multinacional, pero como siempre tendrán una respuesta, o una artimaña de derecho para rebajar el discurso, así como lo hizo el monopolio deshonesto de Sayco cuando buscó como bajar los anuncios de la sanción millonaria y la investigación a sus directivos el año pasado. Este país está diseñado para la trampa, para que el deshonesto siempre gane.
El uso de la infraestructura del Estado para fines privados tiene ese nombre jurídico: “Peculado por Uso”. Cada post en redes sociales, cada correo masivo enviado desde las bases de datos de Idartes para promocionar a Tom Morello, tiene un costo operativo pagado por los contribuyentes, usar estos activos para “limpiar” la imagen de una empresa como Live Nation —que actualmente enfrenta juicios por prácticas monopolísticas y burlas a sus usuarios en moral, sino patrimonial. Idartes está regalando el prestigio de Bogotá a una corporación depredadora y provada justificando estas alianzas bajo la “Estrategia de Circulación”. Pero hay una caries, la Ley 1493 de 2011 (Ley de Espectáculos Públicos) busca democratizar el acceso y fortalecer la producción local, no convertir al Estado en el tiquetero de turno.
Así que al condicionar el “beneficio” a la compra de una boleta, el Estado abandona su rol de fomentador para convertirse en un captador de rentas para terceros. Es la consolidación de la “technocracia de la cultura” en donde el gestor independiente es bloqueado, mientras el músico es arreado a consumir el producto que “la rosca” decide traer.

Lo que estamos viendo hace décadas ya, es el Colapso ético de las instituciones públicas del arte y necesitamos como sea recuperar lo público, al costo que sea, de la manera que sea.
¿Escucharon el Escándalo global de Live Nation? ¿Con quién se está aliando Idartes? Aunque se sabe que no les interesa, es importante que la ciudadanía y los músicos de Bogotá sepan con quién se está “aliando” su administración local. Mientras Idartes limpia la imagen de Live Nation (dueña de Páramo) presentándola como un motor de “crecimiento profesional”, en los tribunales de Nueva York la realidad es otra.

En marzo de 2026, grabaciones filtradas y mensajes internos de la compañía revelaron un desprecio sistemático por el público. Frases como “Robándolos de frente, nene” y burlas hacia la “estupidez” de los fans que pagan tarifas abusivas, son hoy pruebas reina en un juicio por prácticas monopolísticas. Al promocionar sus eventos, Idartes no solo está fallando en su misión técnica; está incurriendo en una complicidad ética al validar a una corporación que utiliza tácticas de matoneo para aplastar la competencia y extraer hasta el último peso del bolsillo del artista y el espectador. Esto es algo casi de película… pero es Colombia, acá todo pasa y nadie hace nada.

Mientras miles de cineastas llenan convocatorias para ayudas de producción, o cientos de ingenuos músicos desesperados por el hambre y un sueldo llenan convocatorias a Rock al Parque, el “delito” moral más flagrante es la asimetría en el acceso a los bienes públicos. Mientras a la multinacional se le facilitan alianzas de difusión masiva, a procesos históricos de base como muchos gestores independientes no alineados a esta dictadura cultural, se les niegan sistemáticamente equipamientos culturales como los teatros, las oportunidades, convocatorias, etc.

¿Creen que es algo como ellos dicen que “no existe? Es una estrategia de asfixia a la autogestión. Al cerrar los escenarios públicos para la creación independiente bajo excusas burocráticas, el Estado obliga al ecosistema musical a orbitar exclusivamente alrededor de los grandes promotores privados. Es la expropiación simbólica y física de los espacios que pertenecen a todos los bogotanos para entregárselos, por omisión o por favor, a la rentabilidad de “la rosca”. Lo que estamos presenciando es el reemplazo de una Política Pública de Cultura por una Estrategia de Mercadeo Corporativo. Cuando el Estado prioriza la venta de boletas de un privado sobre la circulación de sus propios artistas autogestionados, ha perdido su razón de ser. Pero esto ya lo sabían ¿verdad?

Para entender por qué Idartes actúa hoy como el brazo de mercadeo de un monopolio privado, hay que mirar las hojas de vida de quienes fundaron y dirigen este emporio. No se trata de empresarios que surgieron de la nada; se trata de personajes que aprendieron a manejar la maquinaria pública desde adentro, ocupando cargos estratégicos que luego utilizaron en beneficio de su emprendimiento privado, uno de los fundadores clave fue durante años una de las figuras con mayor poder de decisión en Radiónica (el sistema de medios del Estado). Desde allí, no solo construyó la audiencia que hoy le compra boletas, sino que aprendió cómo se mueven los hilos de la contratación y los apoyos institucionales. Al saltar al sector privado, se llevó consigo el “know-how” y los contactos necesarios para que el Estado vea sus conciertos como “asuntos de interés público”. El Asesor de la “Economía Naranja” es otro de los cerebros detrás de este grupo empresarial que fungió como asesor técnico y consultor en mesas de política pública de economía creativa. Fue él quien ayudó a redactar las reglas de juego que hoy le permiten a los grandes operadores privados acceder a beneficios tributarios y facilidades en el uso de parques metropolitanos (como el Simón Bolívar), mientras a los festivales independientes les cierran las puertas de los teatros distritales. Varios de los integrantes del círculo directivo de esta multinacional han pasado por las listas de jurados de concertación y estímulos del Ministerio de Cultura y Idartes. Conocen a la perfección cómo se redactan los pliegos para que una “alianza estratégica” suene a fomento cultural, cuando en realidad es una operación de salvamento de taquilla para un privado.

Este historial demuestra que no estamos ante una competencia justa, mientras gestores independientes deben enfrentarse a funcionarios que les exigen requisitos imposibles, los fundadores del monopolio hablan de tú a tú con la administración porque ellos mismos fueron la administración. Es la captura técnica del Estado, usaron sus cargos públicos para pavimentar el camino, redactar las normas a su medida y una vez afuera, cobrar el peaje a través de convenios que les entregan la publicidad y los datos de los músicos de la ciudad.

Así que estamos ante la muerte de la política pública cultural en Bogotá. Cuando Idartes se convierte en el relacionista público de Live Nation, la entidad deja de ser un motor de fomento para transformarse en un “portero de discoteca” que decide quién entra al ecosistema, quién tiene permiso de sonar y quién debe quedarse afuera, en la calle, mendigando el uso de un escenario que le pertenece por derecho, el mensaje que el Distrito le envía al músico independiente es “No nos importa tu trayectoria, no nos importa que autogestiones festivales durante 20 años, ni que construyas tejido social sin pedirnos un peso. Si no eres socio de ‘la rosca’, si no vienes de las oficinas de la radio pública o de los pasillos del Ministerio, para nosotros no existes”.

La “alianza” por Tom Morello es el epitafio de una institucionalidad que se vendió al mejor postor. Bogotá no tiene hoy una Secretaría de Cultura; tiene una sucursal de mercadeo de un monopolio global. El silencio de las autoridades ante este conflicto de intereses es la prueba de que el sistema no está roto, sino que está funcionando exactamente como ellos lo diseñaron, para que unos pocos vivan del presupuesto de todos, mientras el verdadero rock independiente muere de inanición burocrática en la puerta de los escenarios que él mismo ayudó a construir.

@subterranica

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Colombia

Cuando Billy Corgan dijo lo que Subterránica lleva veinte años denunciando

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Cuando Billy Corgan habla del destino del rock lo hace desde la experiencia de alguien que estuvo en el corazón mismo de la última gran explosión cultural del género en los años noventa, y hace unos días ha lanzado una afirmación incómoda que ha comenzado a circular con fuerza en las personas que nunca quisieron escuchar… el rock no murió por falta de creatividad, ni porque el público dejara de escucharlo, sino porque fue deliberadamente desplazado del centro cultural.

Según el líder de The Smashing Pumpkins, hacia finales de los noventa ocurrió un giro abrupto en los medios de comunicación musicales. En una entrevista en un podcast, Corgan recordó cómo alrededor de 1997 o 1998 la programación de canales como MTV cambió radicalmente y el rock fue reemplazado por otros géneros que pasaron a dominar la narrativa cultural. El músico sostiene que el género fue “bajado de volumen” culturalmente, incluso mientras seguía siendo uno de los estilos más poderosos en conciertos y audiencias.

En esencia, Corgan sugiere que el rock fue desplazado por decisiones de industria y de medios, no por un agotamiento natural del movimiento. Para alguien que vivió la época dorada del rock alternativo, cuando bandas como Nirvana, Pearl Jam o los propios Smashing Pumpkins dominaban la cultura popular, ese cambio repentino no parece una simple evolución musical, para él fue una reconfiguración deliberada del paisaje cultural.

Pero sabemos que esto no es nuevo, mucho antes de que Corgan empezara a hablar públicamente de ese desplazamiento, en Colombia ya existía una voz que denunciaba algo similar desde la periferia cultural del rock latinoamericano. Esa voz fuimos nosotros… Subterránica.

Durante más de dos décadas, nuestro ha sostenido una crítica constante sobre cómo el rock colombiano fue desplazado de las políticas culturales, de los medios y de los circuitos institucionales. En la tesis doctoral que se desarrolla desde nuestro equipo, se describe cómo el rock pasó de ser una expresión central de la contracultura urbana a convertirse en un género marginado dentro de las agendas culturales oficiales.

La tesis plantea que el cambio no fue accidental. A partir de los años dos mil, las políticas culturales en Colombia comenzaron a privilegiar lo que se denominó “nuevas músicas colombianas”, una categoría amplia que buscaba fusionar elementos tradicionales con estéticas contemporáneas, al principio la iniciativa parecía positiva, pero en la práctica produjo un efecto colateral, el rock dejó de ser considerado una expresión legítima de la identidad cultural del país.

El resultado fue una sustitución simbólica, mientras durante los noventa el rock había sido el lenguaje generacional de miles de jóvenes, en la década siguiente ese lugar empezó a ser ocupado por proyectos financiados institucionalmente bajo etiquetas como world music, fusiones tropicales o propuestas que más tarde serían agrupadas bajo el término de “tropidelia”.

Desde entonces, Subterránica ha sostenido que el problema no fue la existencia de esas músicas, sino el hecho de que fueron promovidas como reemplazo del rock dentro de las políticas culturales y esto recuerda inevitablemente a lo que Corgan describe sobre el contexto internacional. En ambos casos aparece la misma pregunta ¿qué ocurre cuando las instituciones culturales deciden qué géneros merecen visibilidad y cuáles deben desaparecer del relato dominante?

El líder de Smashing Pumpkins ha criticado durante años el funcionamiento interno de la industria musical, señalando que muchas de sus decisiones no responden a procesos naturales de evolución artística sino a estructuras de poder que moldean el mercado cultural. Incluso ha llegado a afirmar que el negocio musical está basado históricamente en dinámicas de explotación y control sobre los artistas. Si esa lógica existe en la industria global, no resulta descabellado pensar que también pueda existir en contextos locales donde el poder cultural se ejerce a través de instituciones públicas, convocatorias y programas de financiación.

Lo que Corgan plantea desde la perspectiva de un ícono del rock mundial es, en esencia, lo mismo que Subterránica lleva señalando en Colombia desde hace veinte años: el rock no desaparece por falta de talento ni por falta de público. Desaparece cuando deja de ser apoyado por los sistemas que deciden qué música merece existir en el espacio público.

El día en que el rock dejó de ser prioridad en Colombia

Durante los años noventa el rock en Colombia vivió uno de sus momentos más visibles. La expansión de festivales, medios especializados y circuitos independientes permitió que el género se consolidara como un lenguaje generacional. No era simplemente música. Era una forma de identidad cultural urbana que dialogaba con procesos sociales, con la contracultura juvenil y con la construcción de una escena que aspiraba a tener un lugar dentro del panorama cultural del país.

Sin embargo, a comienzos del siglo XXI el panorama empezó a transformarse. Las políticas culturales comenzaron a reorganizar sus prioridades y a impulsar nuevas narrativas sobre lo que debía representar la identidad musical colombiana. Bajo el concepto de “nuevas músicas colombianas”, distintas instituciones promovieron proyectos que mezclaban elementos de música tradicional con lenguajes contemporáneos, muchas veces vinculados a circuitos internacionales de world music. La iniciativa, presentada como una estrategia de visibilización cultural, generó un cambio profundo en el ecosistema musical del país.

En ese proceso el rock comenzó a perder espacio dentro de las agendas institucionales. No se trató de una prohibición ni de un enfrentamiento abierto contra el género, sino de algo más silencioso y estructural. Los recursos, las convocatorias, los discursos académicos y las plataformas de promoción empezaron a orientarse hacia otros estilos musicales considerados más representativos de la identidad nacional. El rock, que durante décadas había sido una de las expresiones urbanas más importantes de la juventud colombiana, empezó a ser percibido como una estética extranjera o marginal dentro del relato cultural oficial.

Al mismo tiempo que esto sucedía, surgieron nuevas corrientes que ocuparon el espacio simbólico que antes había tenido el rock den los jóvenes. Propuestas híbridas, fusiones tropicales y proyectos asociados a lo que algunos críticos denominaron “tropidelia” comenzaron a recibir mayor visibilidad en festivales, circuitos académicos y plataformas culturales. Estas iniciativas lograron posicionarse como la representación moderna de la música colombiana ante el mundo relegando el rock a “música de viejos”.

El problema no fue la existencia de estas propuestas, la diversidad musical siempre ha sido parte de la riqueza cultural de cualquier país. El problema fue que, en muchos casos, estas corrientes fueron impulsadas como sustitutas del rock dentro del ecosistema cultural, generando un desplazamiento que alteró profundamente la dinámica de la escena independiente.

Y aun así, sigue existiendo y seguirá existiendo por siempre..

Sigue existiendo en los circuitos independientes, en los sellos autogestionados, en los festivales underground y en las comunidades que se resisten a aceptar que una cultura entera pueda ser borrada por decisiones administrativas o tendencias institucionales.

Tal vez por eso las palabras de Billy Corgan han resonado con tanta fuerza entre quienes han vivido el desarrollo del rock fuera de los grandes centros de poder cultural. Porque lo que el músico describe desde la experiencia de la industria global no es solo una teoría.

Para muchos en Colombia, es una historia que ya ocurrió.

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Colombia

Oscura Radio Tv y doce años documentando el pulso del underground

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Durante más de una década, Oscura Radio Tv ha sido una de esas plataformas que trabajan lejos de los reflectores pero cerca del pulso real de la escena. Doce años acompañando procesos creativos, documentando historias y amplificando las voces del rock y el metal independiente no son una cifra menor en un ecosistema cultural donde la constancia suele ser la primera víctima. Hoy, el proyecto celebra su aniversario número doce con una serie de iniciativas que buscan no solo conmemorar el camino recorrido, sino también reconocer a quienes han construido la escena desde múltiples frentes.

La celebración se materializa en una serie de doce pódcast dedicados a visibilizar proyectos, organizaciones y espacios que forman parte del tejido cultural del rock y el metal en Bogotá. A lo largo de estos episodios se presentan conversaciones con gestores culturales, colectivos, medios de comunicación, iniciativas académicas y emprendimientos creativos que han contribuido, desde distintas trincheras, al desarrollo del movimiento independiente en la ciudad. Más que entrevistas, se trata de un ejercicio de memoria y reconocimiento para quienes han sostenido la escena desde el trabajo constante y muchas veces silencioso.

Según explica su director, Jasa Rehm, el propósito de esta serie es visibilizar a quienes mantienen vivo el ecosistema cultural del rock y el metal desde múltiples espacios. La iniciativa pone sobre la mesa proyectos que representan distintas dimensiones de la cultura alternativa, desde la creación literaria y el emprendimiento creativo hasta la investigación académica y la gestión cultural.

Entre los protagonistas aparecen iniciativas como Eskarlata Poesía Rock, un proyecto editorial que explora la relación entre literatura y rock; Munderground, emprendimiento de diseño artesanal inspirado en la estética alternativa; y la Mesa de Rock Kennedy, espacio de participación ciudadana que promueve procesos culturales en esa localidad. También se suma el Congreso Colombiano de Estudios sobre Rock y Metal, un espacio académico y cultural impulsado por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, que ha abierto un campo de investigación sobre estas músicas dentro del ámbito universitario.

La serie también recoge voces de proyectos como Metal.co, espacio radial de Radio UNAL dirigido por Carlos Fabián Rodríguez Navarrete, dedicado a la difusión de los sonidos extremos del país. A esto se suman experiencias como Nación Rock Metal, que articula distintos actores del sector; Aguja de Hierro, enfocado en personalización y bordados; y la Escuela de Rock de Fontibón, un espacio gratuito de formación musical para jóvenes. Dentro del recorrido también aparece la Casa Cultural Lxs Abandonadxs, proyecto comunitario que promueve el arte y la cultura desde el trabajo barrial.

El panorama se amplía con la participación de otras iniciativas culturales de la ciudad como la Fundación Trilce, dedicada a la divulgación y formación en creación literaria; el Teatro Experimental Fontibón, colectivo que impulsa procesos escénicos en la localidad; y la Corporación Fomentar Desarrollo, entidad que promueve transformaciones sociales a través de la educación, el arte y la cultura. En conjunto, todas estas experiencias permiten entender la escena no solo como un espacio musical, sino como un ecosistema cultural complejo donde convergen investigación, gestión, formación y creación.

La celebración del aniversario también incluye un componente formativo. Oscura Radio Tv desarrolló cuatro talleres de comunicación comunitaria enfocados en la creación de pódcast, dirigidos a jóvenes entre los 12 y 17 años interesados en explorar herramientas de producción sonora y narración radial. Como resultado de este proceso, los participantes realizarán dos programas en vivo desde los estudios del medio, donde compartirán sus primeras experiencias produciendo contenidos sonoros y acercándose al lenguaje radiofónico desde una perspectiva independiente.

En paralelo, el proyecto prepara el lanzamiento del compilado Vol. 4, una producción física en formato doble CD que reunirá a treinta y seis agrupaciones del panorama nacional distribuidas en dos discos dedicados al rock y al metal. Este nuevo volumen continúa una tradición que el medio ha venido consolidando con sus compilados anteriores: documentar el presente de las bandas independientes y generar un puente entre artistas, medios y audiencias que siguen creyendo en la circulación alternativa de la música.

Como parte del concepto del lanzamiento, el arte gráfico también mantiene su protagonismo. En esta edición la carátula fue desarrollada por el artista Narsil_Bv, reforzando la intención de visibilizar no solo a las bandas, sino también a los creadores visuales que forman parte de la misma cadena cultural.

Después de doce años de trabajo continuo, Oscura Radio Tv demuestra que los medios independientes siguen siendo una pieza clave para preservar la memoria de las escenas musicales. La nueva serie de pódcast, el compilado Vol. 4 y las actividades formativas con jóvenes apuntan en una misma dirección: fortalecer la red de actores que mantienen vivo el circuito del rock y el metal desde la autogestión, la colaboración y la convicción de que la cultura independiente se construye colectivamente.

Más información sobre el proyecto y sus contenidos puede encontrarse en su página oficial: https://oscuraradiotv.com/
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