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Colombia

Crónica del lanzamiento de Rock al Parque: Un buen festival gratuito con un nombre y una ideología muy mal puestas.

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Ok, dejemos atrás de una vez por todas lo que fue Rock al Parque y concentrémonos en el presente. Primero miremos lo que fue y lo que muchos extrañan (mos); Rock al Parque fue en su momento un grito de rebeldía y libertad que apoyó el gobierno de Bogotá en los noventas para que algunas bandas de la ciudad, sobre todo las que eran apoyadas por iniciativas distritales como “Tejedores de Sociedad” y algunos allegados tuvieran un espacio masivo para presentarse y darle circulación al rock en un momento en que no solo Colombia sino Latinoamérica impulsado por el movimiento alternativo-grunge y la creación de MTV latino era muy rockera, su antecedente eran los conciertos CREA.

El rock era la música mainstream y era el pop del planeta, nacieron bandas enormes y Bogotá contaba con un circuito inagotable de bares y espacios para el rock y el Metal.

En aquel entonces Internet no era de fácil acceso y uno acudía a Rock al Parque a ver en su mayoría bandas de la ciudad o nacionales para conocerlas, al día siguiente la repercusión era grande ya que las personas comenzaban a hablar de ellas, las radios a colocarlas (algunas) y se creaba movimiento. Bandas que se volvieron conocidas en Rock al Parque hay muchas: La Derecha, La Pestilencia, Monóxido, Danny Dodge, Pepa Fresa, Vértigo, Yuri Gagarin y Los Correcaminos y bandas que fortalecieron su trayectoria que eran ya conocidas como Aterciopelados o underground como Darkness.

Eso era rock al Parque, una política cultural enfocada en el Rock y que, aunque siempre tuvo un círculo de favores cerrado y que beneficiaba a un grupo específico de gente estaba enfocado a visibilizar el Rock y el Metal de Bogota junto a algunos invitados.

Después vino el paso cuando la ciudad no tenía ni idea que hacer con él y que trataron de acabarlo pero no lo lograron, entonces decidieron que fuera administrado por la Orquesta Filarmónica y luego por el nuevo instituto creado en aquella época: Idartes, en donde ya se configuró un grupo de personas en donde algunas de ellas (no todas) eran de muy dudosa honestidad, educación y reputación, y que tuvieron en sus manos ese festival hasta el año pasado, muchos de ellos salieron despedidos pero siempre impunes, el festival ha sido desfalcado por varios millones de pesos por edición según el informe de la contraloría y para rematar, comenzó toda esta instalación de la ideología inclusiva, la composición de términos inexistentes como “nuevas músicas colombianas” para referirse a modernizaciones y otras construcciones comunicativas para acomodar el festival a una ideología de izquierda que llegó a Bogotá (El rock es del imperio tenemos que hacer lo de nosotros) y para abrirlo a más público. Pero eso sí siempre beneficiando al mismo grupo de personas.

Ok, en días pasados se realizó el lanzamiento de la edición 2023 y tenemos varias conclusiones respecto a lo que se vio y se dijo esa noche.

Después de tantas peleas, polémicas y discusiones en torno al evento, pudimos ver de manera clara lo que Idartes piensa y promueve respecto a este festival en la actualidad y la filosofía en la que se basa para hacerlo. Todo se da en un momento de transición en donde hubo una presentación de un comité de curadores conformado para este año, después de la salida de una persona nefasta para el evento, quién que se perpetuó por mucho tiempo y que seguramente el otro año ya no estarán porque deben contratar al nuevo curador de turno según dijeron.

Pero entonces, según este lanzamiento y según las palabras que salieron de las bocas de los curadores, analicemos la realidad y la actualidad de Rock al Parque que seguramente será la que continuará hasta dentro de muchos años.

  1. Rock al Parque ya no es ni será un festival de Rock nunca más: Lo fue, sí, pero ya no lo es. Los mismos curadores dijeron que ya no es un festival de rock, que es un festival de todo tipo de música, entonces seguir discutiendo si lo que se presenta es rock o no es rock ya no vale la pena porque el festival a pesar de que su nombre lo llama pertenece a todos los géneros, por el hemos visto y veremos cumbia, hip hop, tropidelia, boleros y un abanico musical enorme. Así que las bandas de rock y Metal de Colombia deben saber que si quieren tocar en Rock al Parque lo mejor es no tocar rock, ya que el cartel es su gran mayoría lo ocupan otros géneros.
  2. Rock al Parque tiene intereses comerciales y ya no es una política cultural: A pesar de que sea presentada por el distrito como una política cultural no lo es. Según los mismos curadores este festival tiene intereses comerciales, el festival quiere competir con festivales privados como Estéreo Picnic o el Cordillera, lo dijeron ellos. ¿Por qué? No sabemos, de hecho, pensábamos que esto era parte del plan de gobierno del Distrito, pero pues no, es un festival comercial que se financia con dinero del distrito y también con dineros privados que no sabemos a dónde van. Este año venderán licor y se podrán a tono con los festivales corporativos, así que no, no es una política cultural sino un festival de capital mixto el cual no ha dicho de manera muy clara a quién beneficia la ganancia.
  3. Rock al Parque no es para todo el mundo participe: Es para las bandas que están alienadas con sus curadores y con el circulo interno de rock al parque. Este es un circulo que se compone de músicos, medios y bookers. Sí se hace una convocatoria, pero esta convocatoria no es transparente y beneficia en su mayoría a viejos conocidos del evento. Los Bookers que ofrecen actos internacionales siempre serán los mismos porque ganan altas comisiones y los músicos invitados siempre serán los mismos porque son parte del sistema original del festival. Así que la posibilidad de pasar a una convocatoria es bastante baja si usted no pertenece a este circulo o si no hace movimientos para pertenecer a él y le puede suceder lo que a Maskhera, quienes hoy por hoy son una de las mejores bandas de Metal del país y la han colocado a abrir cuando ya sabemos que ni hay público, ni hay medios, ni hay nada. Así que ya no es como antes beneficioso para las bandas, sino que beneficia al público quienes después de las cinco de la tarde comienzan a llegar en masa para disfrutar de los actos internacionales más conocidos. Algunas bandas independientes como Info, cuentan con la suerte de tener buenos horarios, pero esto es muy raro.
  4. Rock al Parque no está alineado con los otros festivales al parque: Dicho por los mismos curadores “los tiempos han cambiado por lo tanto el festival ha cambiado y por eso ya no es solo de rock”, pero esto no aplica a otros festivales, imaginen si esa es la excusa, entonces para “Ópera al Parque” sí que han cambiado los tiempos, más o menos ¿qué? ¿400 años o algo así. Pero ahí sigue la ópera igual, Hip Hop al Parque sigue igual, Colombia al Parque sigue igual, solo Salsa al Parque colocó una banda de Merengue un año, pero solo Rock al Parque profesa esto de que los tiempos han cambiado y que el rock debe combinarse con otros géneros.
  5. Existen, han existido y siempre existirán las bandas “de la casa” o los mismos de siempre: Dicho de manera efusiva por el presentador, Aterciopelados o Los Petit Fellas son “bandas de la casa”, eso deja sin piso el principio de igualdad en el festival, siempre ha existido el rock distrital, bandas que tocan en todas partes que el distrito hace algo, algunas de ellas se enojan cuando se les dice que son parte de “la rosca” del Distrito, pero lo son y negarlo no lo borra. Y como lo dijeron ellos mismos, estas bandas son tan “de la casa” que por ejemplo para una de las ediciones anteriores Chucky García regañó a los jurados por que Los Petit Fellas no habían pasado. Entonces sí, existe el rock distrital, existen las bandas de Idartes, lo dijo el propio García en la Revista Bombea quienes armaron una pataleta por que nosotros lo dijimos acá y lo dijeron los curadores esa noche, a propósito, tenemos la grabación de todo lo que dice este artículo.
  6. Su nombre debería cambiar no por capricho de los “rockeros true” sino para hacer crecer y darle más proyección a lo que hoy es el festival: Mantener el nombre Rock al Parque es un despropósito, si lo miramos de la manera legal es publicidad engañosa, ¿Entonces a quien le va a importar esto? Que sea publicidad engañosa y que no cumpla a cabalidad con la filosofía para lo que fue creado se lo pasan todos por donde nunca les llega el sol. Pero ahora analicemos, ¿No sería mejor entonces, si estamos compitiendo con Cordillera o con el Estéreo Picnic, cambiar el nombre a algo más comercial? A un nombre que abarque todos los géneros, esto evitaría no solo cometer los delitos de publicidad engañosa y el de desconfiguración de política cultural, sino que abriría un panorama enorme para el festival. Mantener el nombre de Rock al Parque no es bueno para ellos, es un capricho por no acabar una marca que ha sido legendaria, pero vale, todo pasa, Abott y Costello acaba de cerrar después de cuarenta años y así todo va pasando, si Rock al Parque ya no existe, pues tampoco debería existir su nombre y que pase a ser parte del legado y de la historia del rock colombiano.
  7. Está comprobado que Colombia en la actualidad no tiene ni idea de lo que es y representa el rock: Esto no tiene mucha explicación, la gente actúa por pasión, no hay académicos, no hay personas que conozcan el rock, no hay rockeros, es una música de nicho como el jazz o el Blues que carece de seriedad en muchos de sus practicantes. Colombia por ende es un país tropical y su gusto por la música está acorde a sus coordenadas.
  8. Rock al Parque es un buen festival (Algo que no decíamos hace tiempo) con muy mal manejo y muy mala praxis ética: Entonces viéndolo así, de esta manera, Rock al Parque es un gran festival, es un encuentro de tres días, ecléctico, gratuitos, con una producción técnica muy buena, que moviliza cientos de miles de personas y que es de los más grandes del continente, eso lo hace un gran festival, pero no es un festival de rock, punto. Bueno, está bueno, para ir a conocer para ir a escuchar, para pasar un buen rato, pero se basa en una ideología más social que musical que quiere encajar con los nuevos tiempos y las ideas progresistas que buscar la exposición de la música, que quiere ser comercial como otros festivales privados y para esto el rock no le sirve sencillamente porque el rock no vende. Entonces sí, es un buen festival, pero su nombre y su fundamentación argumental están mal puestos. Lo que un día fue no volverá a ser jamás y hay que dejarlo ya descansar.

Conclusión

Es hora de que nosotros y otras organizaciones nos echemos totalmente el costal del rock y el Metal nacional como hemos venido haciéndolo y creando espacios para él y para su difusión. Trabajar con quienes aun quieran honrar y tocar el género y nada más, al fin y al cabo los que amamos el rock lo hacemos sobre todas las cosas.

El trabajo de los independientes se hace incluso más importante y los músicos de rock deben saber que en el país no van a vivir del rock sino van a tener que vivir para el rock que es muy diferente, hacer las paces con esta idea y al menos por ahora tocar, tocar y tocar para construir.

Rock al Parque ya fue, lo que hay ahora es otra cosa y si fuéramos nosotros cambiaríamos ese nombre para que creciera aún más y se consolidara como lo que buscan que sea.

Por lo demás, el rock colombiano está hermosamente vivo, cientos de bandas de cada región están tocando, componiendo y tratando de sonar y este es el insumo para que iniciativas como Subterránica, el Museo del Rock o Metal Battle abran un abanico de posibilidades para construir una escena que sea sostenida y disfrutada por nosotros mismos.

El festival se llevará a cabo los días 11, 12 y 13 de noviembre en El Parque Simón Bolívar.

Colombia

No, The Klaxon no es corrupto, la forma en que actuó Rock al Parque sí lo es.

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Una aclaración necesaria ante la mala interpretación de nuestra investigación periodística

Por Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte y Colectivo Subterránica

En las últimas semanas, tras la publicación de nuestro libro de investigación Negocio al Parque: 30 años de Rock al Parque, Corrupción, Poder y Dinero en el Rock Estatal, hemos sido testigos de un fenómeno preocupante pero predecible: la desinformación y la calumnia. Circula en redes sociales un video en el que se me acusa de haber señalado a la banda The Klaxon como “corrupta” o de haberla vinculado directamente con prácticas irregulares dentro del festival. Nada más falso.

Permítanme ser claro, contundente y definitivo:

NUNCA hemos acusado a The Klaxon, ni a sus integrantes, ni a su representante, de ser corruptos. Jamás. Lo que se denuncia en la veeduría, y lo que he denunciado durante más de una década de veeduría ciudadana, es la CORRUPCIÓN SISTEMÁTICA DEL INSTITUTO DISTRITAL DE LAS ARTES (IDARTES) y su forma de operar.

Este artículo no es una disculpa ni un retracto. Es una aclaración que, con toda honestidad, debería ser innecesaria para quienes han leído el libro con la atención que merece. Pero ante la mala fe de algunos y la ligereza de otros, me veo en la obligación de desglosar, punto por punto, lo que realmente dijimos y lo que realmente significa.

Lo que realmente dice el libro sobre The Klaxon

En el Capítulo VII, titulado “La Estafa de las Bandas”, documentamos el caso de The Klaxon en la edición de 2013. La narrativa del libro es clara y está respaldada por hechos documentados:

Primero: The Klaxon se presentó a la convocatoria pública distrital de Rock al Parque, el mecanismo oficial mediante el cual las agrupaciones locales compiten por un cupo en el festival a través de la evaluación de jurados. Es un proceso que, en teoría, debe ser democrático, transparente y basado en criterios artísticos objetivos.

Segundo: Tras surtir el proceso de evaluación, The Klaxon no pasó la convocatoria. Quedó oficialmente fuera del listado de ganadores. Eso significa que, bajo las reglas del juego establecidas por Idartes, la banda no debería haber estado en el cartel.

Tercero (y este es el punto crítico): Idartes, en un acto de absoluta discrecionalidad y arbitrariedad, ignoró el resultado de su propia convocatoria pública y metió a The Klaxon “a dedo” en el cartel oficial bajo la figura de “Show Especial” o “Invitado Distrital”. La banda terminó presentándose en el Escenario BID el domingo 30 de junio de 2013.

El libro dice textualmente:

“Este hecho constituyó una apología a la ‘rosca’ y una burla directa a los cientos de bandas que se sometieron al desgaste de la convocatoria pública. (…) Al meter a la banda de manera directa tras haber sido rechazada en el concurso público, la entidad violó el principio de selección objetiva y de igualdad de oportunidades consagrado en la Constitución Nacional.”

¿Dónde está la acusación contra The Klaxon? No existe. La crítica, la denuncia y el señalamiento son contra IDARTES, la entidad que administra los recursos públicos, que diseña las convocatorias y que decide a quién invitar y a quién excluir.

The Klaxon es una banda excelente. Su inclusión en el cartel fue, desde el punto de vista artístico, un acierto. Andrés, su representante y líder, es un amigo y un músico al que respeto profundamente. El problema no es que The Klaxon haya tocado. El problema es CÓMO y POR QUÉ tocaron.

Un patrón documentado: no es un caso aislado

Para que no quede duda de que estamos ante un patrón de conducta institucional y no ante un ataque a una banda en particular, la investigación documenta otros casos idénticos:

El caso SHIP (2016): Al igual que The Klaxon, la banda SHIP no pasó la convocatoria pública de ese año. Sin embargo, tras presiones externas y contactos dentro de la organización, fue invitada directamente a presentarse en un evento del festival con recursos pagados por el distrito. La misma lógica: se ignora el resultado de la convocatoria y se favorece a quienes tienen la capacidad de presionar o de acceder a los canales no oficiales.

El caso Paul Gillman (2017-2026): Aquí el favoritismo se tiñe de censura ideológica. En 2017, el músico venezolano fue vetado del cartel tras una campaña de desprestigio impulsada por empresarios privados. Idartes, en lugar de defender la libertad de expresión y su propia programación, cedió a la presión y canceló al artista. Años después, con un cambio de administración política, Gillman fue reinvitado. Su música nunca fue el problema. La sumisión de Idartes a grupos de presión y a la ideología del gobierno de turno sí lo fue.

El caso The Castles: La investigación documenta cómo esta banda también fue víctima de la arbitrariedad institucional, siendo retirada de la programación por decisiones caprichosas de la burocracia cultural.

En todos estos casos, el denominador común no son las bandas. Son las decisiones unilaterales, discrecionales y muchas veces ilegales de los funcionarios y contratistas de Idartes.

¿Por qué es grave este patrón de conducta?

Porque viola los principios fundamentales de la contratación pública y de la gestión del Estado:

  1. El Principio de Selección Objetiva (Artículo 5 de la Ley 1150 de 2007): La entidad está obligada a elegir las propuestas más favorables para el interés público mediante un proceso transparente y competitivo. Cuando Idartes ignora el resultado de su propia convocatoria para meter a una banda “a dedo”, está vulnerando este principio de manera flagrante.
  2. El Principio de Igualdad: Se crean dos categorías de participantes: los que se someten a las reglas y los que, por tener los contactos adecuados, pueden saltarse el proceso. Esto es un mensaje demoledor para los cientos de bandas que cada año invierten tiempo, dinero y esfuerzo en diligenciar formularios, preparar carpetas y someterse a la evaluación de jurados.
  3. El Principio de Transparencia: No existe un acto administrativo formal que justifique estas invitaciones directas. No hay una resolución, no hay una explicación pública, no hay un criterio objetivo. Es la pura y simple voluntad de quien ejerce el poder de contratación.
  4. La Desnaturalización del Festival: Rock al Parque fue declarado Patrimonio Cultural de Bogotá mediante el Acuerdo 120 de 2004. Su misión es la protección, circulación y visibilización del género rock en la capital. Cuando Idartes diluye ese mandato para incluir géneros ajenos o para complacer favores, está traicionando el espíritu de la ley.

¿Cómo funciona el “círculo de los elegidos”?

Lo que hemos documentado a lo largo de 189 páginas es la existencia de un sistema, una “rosca” institucionalizada, que opera de la siguiente manera:

  • Un grupo reducido de agrupaciones repite año tras año en el cartel, acumulando hasta 10 o 12 presentaciones en el festival.
  • Un círculo de contratistas y asesores decide qué bandas entran, cuáles se quedan fuera y quiénes reciben los millonarios contratos de producción y logística.
  • Los jurados de las convocatorias son seleccionados a dedo, sin criterios de imparcialidad, y en muchos casos tienen vínculos directos con las bandas que evalúan.
  • Los medios de comunicación aliados reciben acreditaciones masivas y a cambio se comprometen a guardar silencio sobre las irregularidades.
  • Los veedores ciudadanos que se atreven a denunciar son sometidos a campañas de desprestigio, linchamiento digital y vetos institucionales.

Las bandas, en este ecosistema, son piezas de un tablero. No son las culpables. Son, en muchos casos, víctimas de un sistema que las obliga a bailar al ritmo que marca el Estado si quieren sobrevivir.

La responsabilidad de Idartes y la cooptación de la crítica

En el libro también documentamos un fenómeno que el teórico Antonio Gramsci llamó “transformismo”: el proceso mediante el cual el Estado absorbe, neutraliza y asimila a los elementos disidentes a través de la asignación de contratos, recursos públicos o prebendas.

En el Capítulo VI, “El Cartel de los Medios y el Botín de las Acreditaciones”, relatamos el caso de un periodista y gestor cultural, que entre 2012 y 2013 fue uno de los críticos más duros de la gestión de Rock al Parque, fue contratado directamente por Idartes como asesor de comunicaciones. Tras recibir el flujo de fondos públicos, su línea editorial crítica se desvaneció por completo.

Esa es la forma de operar de Idartes: comprar conciencias, silenciar voces y neutralizar la fiscalización ciudadana con recursos del erario.

Y cuando eso no funciona, cuando la crítica persiste, se recurre a la descalificación, al matoneo digital y a la difamación. Como ocurrió conmigo mismo, como ocurrió con el Colectivo Subterránica, como ha ocurrido con todos los que nos hemos atrevido a señalar las irregularidades.

La calumnia como mecanismo de defensa

Ahora entiendo por qué están circulando esos videos que me acusan de haber calumniado a The Klaxon. Es el mismo mecanismo de siempre:

Primero: Se descontextualiza mi declaración.
Segundo: Se reduce el libro a un titular sensacionalista.
Tercero: Se me acusa de atacar a una banda querida por el público.
Cuarto: Se desvía la atención de las verdaderas denuncias: los hallazgos fiscales por más de 960 millones de pesos, los contratos a dedo con Teatro R101, los vetos ideológicos, la persecución a Félix Báez, el desorden documental, las puertas giratorias y el nepotismo institucionalizado.

Es un truco viejo. Y no funcionará.

La verdad está en el libro, no en los titulares

Invitó a quienes han visto esos videos y han dudado a que hagan lo que muchos ya están haciendo: leer el libro completo. No basta con leer un fragmento, un tuit o un titular. Negocio al Parque es un expediente documentado de 30 años de corrupción estructural. Contiene:

  • Pruebas documentales oficiales: Contratos, minutas, estudios previos y actas de liquidación extraídos de SECOP I y II.
  • Hallazgos de entes de control: Informes de la Contraloría de Bogotá que documentan sobrecostos, pagos sin soporte y desorden administrativo.
  • Respuestas oficiales: Derechos de petición y requerimientos de control fiscal que evidencian las excusas y evasivas de Idartes.
  • Análisis estadístico: Datos de programación que demuestran la repetición sistemática de bandas y la exclusión de la escena emergente.

The Klaxon aparece en una de las páginas del libro como un ejemplo de la arbitrariedad de Idartes. No como un ejemplo de corrupción.

The Klaxon es parte de la solución, no del problema

Andrés y The Klaxon son parte del ecosistema musical de Bogotá. Han trabajado por el rock local, han defendido la escena y han hecho buena música. Su inclusión en el cartel de 2013 fue un acierto artístico. Eso no lo discute nadie.

Lo que discuto es que, para que ellos tocaran, Idartes tuvo que violar sus propias reglas. Si la convocatoria decía que no habían pasado, la entidad no debería haberlos invitado. O, mejor aún, la convocatoria debería haber sido lo suficientemente flexible y justa para que bandas como The Klaxon pudieran pasar sin necesidad de “contactos”.

El problema no es la banda. El problema es un sistema que obliga a las bandas a depender de la voluntad de un burócrata.

La fatiga del veedor y la resistencia ciudadana

Llevo más de diez años haciendo veeduría ciudadana. He interpuesto derechos de petición, acciones de tutela, denuncias penales y quejas disciplinarias. He sido vetado, difamado, amenazado y perseguido. He visto cómo Idartes utiliza el presupuesto de los bogotanos para comprar a críticos, silenciar medios y consolidar un feudo cultural.

Y estoy cansado.

Cansado de que me calumnien por no saber leer. Cansado de que se desvíe la atención de las verdaderas irregularidades. Cansado de que se me acuse de atacar a músicos cuando lo que estoy atacando es un sistema que los victimiza.

Pero también estoy fortalecido. Porque la gente está leyendo el libro. En masa. Y se están dando cuenta de la verdad.

No, The Klaxon no es corrupto. La forma en que actuó Rock al Parque, a través de Idartes, es lo que ha sido, durante décadas, la antítesis de la transparencia y la justicia para los artistas de esta ciudad.

El Festival Rock al Parque no es de Idartes. No es de los contratistas. No es de los curadores de turno. Es de la ciudadanía. Es un patrimonio cultural que debe ser defendido, saneado y devuelto a los músicos y al público.

Seguiremos investigando. Seguiremos denunciando. Seguiremos ejerciendo el control social que la Constitución y la ley nos otorgan. Y no nos callarán con calumnias.

Invito a quienes han malinterpretado el libro a que lo lean con atención. Invito a los medios de comunicación a que hagan periodismo serio y no se dejen instrumentalizar por la maquinaria de propaganda de Idartes. Invito a los músicos a que se organicen y exijan transparencia.

The Klaxon es una excelente banda. La corrupción está en las oficinas de Idartes, no en los escenarios.

Toca que aprendan a leer… pero para eso, hay que hacerlo primero.


Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte
Colectivo Subterránica
Bogotá, septiembre de 2026

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K-Tarzys y el grito de la sabana: rock y metal con conciencia social frente al horror de la guerra

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Hay propuestas emergentes que entienden el rock y el metal no solo como vehículos de descarga sónica, sino como trincheras de reflexión humana. Este es el caso de K-Tarzys, una sólida agrupación de la sabana de Bogotá conformada por jóvenes músicos que irrumpen en la escena independiente con una premisa clara: utilizar la música como un altavoz para diseccionar las heridas sociales y políticas que golpean al mundo.

La banda presenta su más reciente sencillo, “Susurros de Piedad”, un lanzamiento que trasciende el circuito convencional del género al proponer una profunda y dolorosa reflexión sobre el impacto humano de los conflictos armados y el sufrimiento de las víctimas anónimas de la guerra.

“Susurros de Piedad” nace de la necesidad de mirar de frente una realidad que continúa afectando a millones de personas. Lejos de la estriducción vacía, K-Tarzys canaliza la crudeza instrumental del rock y el metal hacia una atmósfera densa e interpelante, buscando sacudir al oyente y remover conciencias. Es un ejercicio de empatía hecho canción, donde los pesados acordes y la potencia rítmica sirven para traducir el desgarro de los territorios atravesados por el fuego cruzado.

La agrupación se encuentra actualmente puliendo los detalles de su primer EP de siete canciones, un trabajo discográfico de larga duración con el que buscan consolidar su identidad dentro de la escena independiente colombiana y abrirse paso con fuerza en los circuitos culturales y escenarios de Bogotá y su región.

El valor de K-Tarzys radica precisamente en su capacidad de hibridar la destreza técnica de sus integrantes con una inquietud narrativa genuina. En tiempos donde la música suele buscar el consumo efímero, ver a jóvenes creadores apostar por temáticas de profunda trascendencia humana demuestra que el rock nacional sigue vivo, inconforme y con los pies firmemente puestos sobre la realidad de su entorno

Para quienes deseen sumergirse en esta propuesta, la banda ha dispuesto su material en plataformas digitales y redes oficiales:

Instagram oficial: @ktarzys.oficial

K-Tarzys demuestra que desde la sabana de Bogotá se sigue agitando un rock con memoria, agudeza y un profundo sentido de urgencia.

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Grietas Mentales presenta “Nada Me Quema”: La catarsis sónica del hastío hecho armadura

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Grietas Mentales está de regreso con “Nada Me Quema”, su nuevo sencillo y el primer adelanto de un próximo EP que marcará una evolución decisiva en el sonido de la banda. El estreno está disponible en todas las plataformas digitales desde el pasado 28 de agosto de 2026.

Definida por sus creadores como la banda sonora oficial de mandar todo al carajo, la canción nace de ese punto de quiebre donde el cansancio deja de ser una simple fatiga cotidiana para transformarse en una coraza impenetrable. Habla de estar harto de las cargas laborales, los problemas y las presiones diarias, hasta cruzar la línea donde el dolor cede ante una certeza absoluta: ya nada puede hacer daño, ya nada quema.

En el plano sonoro, la agrupación traduce esa frustración y liberación hacia una propuesta que fusiona el rock alternativo y el indie con sutiles texturas electrónicas. Un bajo robusto, sintetizadores envolventes, cambios dinámicos precisos y un coro de alto impacto conforman un tema diseñado para transformar la rabia contenida en pura energía cinética.

El lanzamiento se completa con un videoclip oficial animado protagonizado por Paco, una silueta concebida como la representación abstracta de la banda dentro de la narrativa visual. Paco encarna al individuo que llega al límite de sus fuerzas, se planta frente al fuego y logra transmutar aquello que lo consumía en su propia armadura, conectando de lleno con el imaginario underground del proyecto.

Ficha Técnica y Formación:

Thiago Villada – Voz

Davyd Junguito – Bajo

Juan Esteban Arango – Guitarra, sintetizadores y voces

Santiago “Rigby” Palacio – Batería, sintetizadores y coros

Producción, mezcla y máster: Juan Esteban Arango, realizado en El Planetario Records

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