Colombia
Crónica del lanzamiento de Rock al Parque: Un buen festival gratuito con un nombre y una ideología muy mal puestas.
Ok, dejemos atrás de una vez por todas lo que fue Rock al Parque y concentrémonos en el presente. Primero miremos lo que fue y lo que muchos extrañan (mos); Rock al Parque fue en su momento un grito de rebeldía y libertad que apoyó el gobierno de Bogotá en los noventas para que algunas bandas de la ciudad, sobre todo las que eran apoyadas por iniciativas distritales como “Tejedores de Sociedad” y algunos allegados tuvieran un espacio masivo para presentarse y darle circulación al rock en un momento en que no solo Colombia sino Latinoamérica impulsado por el movimiento alternativo-grunge y la creación de MTV latino era muy rockera, su antecedente eran los conciertos CREA.
El rock era la música mainstream y era el pop del planeta, nacieron bandas enormes y Bogotá contaba con un circuito inagotable de bares y espacios para el rock y el Metal.
En aquel entonces Internet no era de fácil acceso y uno acudía a Rock al Parque a ver en su mayoría bandas de la ciudad o nacionales para conocerlas, al día siguiente la repercusión era grande ya que las personas comenzaban a hablar de ellas, las radios a colocarlas (algunas) y se creaba movimiento. Bandas que se volvieron conocidas en Rock al Parque hay muchas: La Derecha, La Pestilencia, Monóxido, Danny Dodge, Pepa Fresa, Vértigo, Yuri Gagarin y Los Correcaminos y bandas que fortalecieron su trayectoria que eran ya conocidas como Aterciopelados o underground como Darkness.
Eso era rock al Parque, una política cultural enfocada en el Rock y que, aunque siempre tuvo un círculo de favores cerrado y que beneficiaba a un grupo específico de gente estaba enfocado a visibilizar el Rock y el Metal de Bogota junto a algunos invitados.

Después vino el paso cuando la ciudad no tenía ni idea que hacer con él y que trataron de acabarlo pero no lo lograron, entonces decidieron que fuera administrado por la Orquesta Filarmónica y luego por el nuevo instituto creado en aquella época: Idartes, en donde ya se configuró un grupo de personas en donde algunas de ellas (no todas) eran de muy dudosa honestidad, educación y reputación, y que tuvieron en sus manos ese festival hasta el año pasado, muchos de ellos salieron despedidos pero siempre impunes, el festival ha sido desfalcado por varios millones de pesos por edición según el informe de la contraloría y para rematar, comenzó toda esta instalación de la ideología inclusiva, la composición de términos inexistentes como “nuevas músicas colombianas” para referirse a modernizaciones y otras construcciones comunicativas para acomodar el festival a una ideología de izquierda que llegó a Bogotá (El rock es del imperio tenemos que hacer lo de nosotros) y para abrirlo a más público. Pero eso sí siempre beneficiando al mismo grupo de personas.
Ok, en días pasados se realizó el lanzamiento de la edición 2023 y tenemos varias conclusiones respecto a lo que se vio y se dijo esa noche.
Después de tantas peleas, polémicas y discusiones en torno al evento, pudimos ver de manera clara lo que Idartes piensa y promueve respecto a este festival en la actualidad y la filosofía en la que se basa para hacerlo. Todo se da en un momento de transición en donde hubo una presentación de un comité de curadores conformado para este año, después de la salida de una persona nefasta para el evento, quién que se perpetuó por mucho tiempo y que seguramente el otro año ya no estarán porque deben contratar al nuevo curador de turno según dijeron.

Pero entonces, según este lanzamiento y según las palabras que salieron de las bocas de los curadores, analicemos la realidad y la actualidad de Rock al Parque que seguramente será la que continuará hasta dentro de muchos años.
- Rock al Parque ya no es ni será un festival de Rock nunca más: Lo fue, sí, pero ya no lo es. Los mismos curadores dijeron que ya no es un festival de rock, que es un festival de todo tipo de música, entonces seguir discutiendo si lo que se presenta es rock o no es rock ya no vale la pena porque el festival a pesar de que su nombre lo llama pertenece a todos los géneros, por el hemos visto y veremos cumbia, hip hop, tropidelia, boleros y un abanico musical enorme. Así que las bandas de rock y Metal de Colombia deben saber que si quieren tocar en Rock al Parque lo mejor es no tocar rock, ya que el cartel es su gran mayoría lo ocupan otros géneros.
- Rock al Parque tiene intereses comerciales y ya no es una política cultural: A pesar de que sea presentada por el distrito como una política cultural no lo es. Según los mismos curadores este festival tiene intereses comerciales, el festival quiere competir con festivales privados como Estéreo Picnic o el Cordillera, lo dijeron ellos. ¿Por qué? No sabemos, de hecho, pensábamos que esto era parte del plan de gobierno del Distrito, pero pues no, es un festival comercial que se financia con dinero del distrito y también con dineros privados que no sabemos a dónde van. Este año venderán licor y se podrán a tono con los festivales corporativos, así que no, no es una política cultural sino un festival de capital mixto el cual no ha dicho de manera muy clara a quién beneficia la ganancia.
- Rock al Parque no es para todo el mundo participe: Es para las bandas que están alienadas con sus curadores y con el circulo interno de rock al parque. Este es un circulo que se compone de músicos, medios y bookers. Sí se hace una convocatoria, pero esta convocatoria no es transparente y beneficia en su mayoría a viejos conocidos del evento. Los Bookers que ofrecen actos internacionales siempre serán los mismos porque ganan altas comisiones y los músicos invitados siempre serán los mismos porque son parte del sistema original del festival. Así que la posibilidad de pasar a una convocatoria es bastante baja si usted no pertenece a este circulo o si no hace movimientos para pertenecer a él y le puede suceder lo que a Maskhera, quienes hoy por hoy son una de las mejores bandas de Metal del país y la han colocado a abrir cuando ya sabemos que ni hay público, ni hay medios, ni hay nada. Así que ya no es como antes beneficioso para las bandas, sino que beneficia al público quienes después de las cinco de la tarde comienzan a llegar en masa para disfrutar de los actos internacionales más conocidos. Algunas bandas independientes como Info, cuentan con la suerte de tener buenos horarios, pero esto es muy raro.
- Rock al Parque no está alineado con los otros festivales al parque: Dicho por los mismos curadores “los tiempos han cambiado por lo tanto el festival ha cambiado y por eso ya no es solo de rock”, pero esto no aplica a otros festivales, imaginen si esa es la excusa, entonces para “Ópera al Parque” sí que han cambiado los tiempos, más o menos ¿qué? ¿400 años o algo así. Pero ahí sigue la ópera igual, Hip Hop al Parque sigue igual, Colombia al Parque sigue igual, solo Salsa al Parque colocó una banda de Merengue un año, pero solo Rock al Parque profesa esto de que los tiempos han cambiado y que el rock debe combinarse con otros géneros.
- Existen, han existido y siempre existirán las bandas “de la casa” o los mismos de siempre: Dicho de manera efusiva por el presentador, Aterciopelados o Los Petit Fellas son “bandas de la casa”, eso deja sin piso el principio de igualdad en el festival, siempre ha existido el rock distrital, bandas que tocan en todas partes que el distrito hace algo, algunas de ellas se enojan cuando se les dice que son parte de “la rosca” del Distrito, pero lo son y negarlo no lo borra. Y como lo dijeron ellos mismos, estas bandas son tan “de la casa” que por ejemplo para una de las ediciones anteriores Chucky García regañó a los jurados por que Los Petit Fellas no habían pasado. Entonces sí, existe el rock distrital, existen las bandas de Idartes, lo dijo el propio García en la Revista Bombea quienes armaron una pataleta por que nosotros lo dijimos acá y lo dijeron los curadores esa noche, a propósito, tenemos la grabación de todo lo que dice este artículo.
- Su nombre debería cambiar no por capricho de los “rockeros true” sino para hacer crecer y darle más proyección a lo que hoy es el festival: Mantener el nombre Rock al Parque es un despropósito, si lo miramos de la manera legal es publicidad engañosa, ¿Entonces a quien le va a importar esto? Que sea publicidad engañosa y que no cumpla a cabalidad con la filosofía para lo que fue creado se lo pasan todos por donde nunca les llega el sol. Pero ahora analicemos, ¿No sería mejor entonces, si estamos compitiendo con Cordillera o con el Estéreo Picnic, cambiar el nombre a algo más comercial? A un nombre que abarque todos los géneros, esto evitaría no solo cometer los delitos de publicidad engañosa y el de desconfiguración de política cultural, sino que abriría un panorama enorme para el festival. Mantener el nombre de Rock al Parque no es bueno para ellos, es un capricho por no acabar una marca que ha sido legendaria, pero vale, todo pasa, Abott y Costello acaba de cerrar después de cuarenta años y así todo va pasando, si Rock al Parque ya no existe, pues tampoco debería existir su nombre y que pase a ser parte del legado y de la historia del rock colombiano.
- Está comprobado que Colombia en la actualidad no tiene ni idea de lo que es y representa el rock: Esto no tiene mucha explicación, la gente actúa por pasión, no hay académicos, no hay personas que conozcan el rock, no hay rockeros, es una música de nicho como el jazz o el Blues que carece de seriedad en muchos de sus practicantes. Colombia por ende es un país tropical y su gusto por la música está acorde a sus coordenadas.
- Rock al Parque es un buen festival (Algo que no decíamos hace tiempo) con muy mal manejo y muy mala praxis ética: Entonces viéndolo así, de esta manera, Rock al Parque es un gran festival, es un encuentro de tres días, ecléctico, gratuitos, con una producción técnica muy buena, que moviliza cientos de miles de personas y que es de los más grandes del continente, eso lo hace un gran festival, pero no es un festival de rock, punto. Bueno, está bueno, para ir a conocer para ir a escuchar, para pasar un buen rato, pero se basa en una ideología más social que musical que quiere encajar con los nuevos tiempos y las ideas progresistas que buscar la exposición de la música, que quiere ser comercial como otros festivales privados y para esto el rock no le sirve sencillamente porque el rock no vende. Entonces sí, es un buen festival, pero su nombre y su fundamentación argumental están mal puestos. Lo que un día fue no volverá a ser jamás y hay que dejarlo ya descansar.

Conclusión
Es hora de que nosotros y otras organizaciones nos echemos totalmente el costal del rock y el Metal nacional como hemos venido haciéndolo y creando espacios para él y para su difusión. Trabajar con quienes aun quieran honrar y tocar el género y nada más, al fin y al cabo los que amamos el rock lo hacemos sobre todas las cosas.
El trabajo de los independientes se hace incluso más importante y los músicos de rock deben saber que en el país no van a vivir del rock sino van a tener que vivir para el rock que es muy diferente, hacer las paces con esta idea y al menos por ahora tocar, tocar y tocar para construir.
Rock al Parque ya fue, lo que hay ahora es otra cosa y si fuéramos nosotros cambiaríamos ese nombre para que creciera aún más y se consolidara como lo que buscan que sea.
Por lo demás, el rock colombiano está hermosamente vivo, cientos de bandas de cada región están tocando, componiendo y tratando de sonar y este es el insumo para que iniciativas como Subterránica, el Museo del Rock o Metal Battle abran un abanico de posibilidades para construir una escena que sea sostenida y disfrutada por nosotros mismos.
El festival se llevará a cabo los días 11, 12 y 13 de noviembre en El Parque Simón Bolívar.
Colombia
Subterránica tomará un merecido descanso para poder terminar proyectos académicos, Wacken Metal Battle y asuntos médicos
Hola, saludos a quienes siguen esta pagina. Vamos a tomar un descanso… los motivos son claros, casi 25 años sin parar y estamos hasta el tope: proyectos académicos que llevan años pendientes (Hay que terminar el doctorado que es sobre rock colombiano), la responsabilidad con Wacken Metal Battle para Latinoamérica que ahora tiene dos regiones en lugar de una, y asuntos médicos que requieren atención. Por eso por primera vez en más de dos décadas tomaremos un descanso.
La página sigue activa. El archivo completo, con 25 años de historia, sigue disponible.
Pausamos publicaciones y eventos hasta terminar los demás proyectos.
La veeduría sobre Idartes, el Ministerio de Cultura y la corrupción no se detiene. Ese trabajo continúa, con el equipo que lo viene desarrollando.
A los que apoyan siempre… gracias.
Subterránica
Colombia
LA REALIDAD PARALELA DEL IDARTES: EL DESCARADO MONTAJE POST-DENUNCIA PARA EVADIR A LA CONTRALORÍA
Por: Periodismo de Investigación Ciudadana Bogotá D.C., 7 de junio de 2026
Lo que ha sucedido en las últimas 48 horas en los pasillos del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) es digno de una película de mafiosos… sin ser película sino realidad; es una muestra de cómo una maquinaria burocrática, acorralada por las denuncias ciudadanas, es capaz de alterar expedientes públicos en tiempo real para fabricar una realidad paralela y lavarse las manos ante los entes de control fiscal.
El detonante de este escándalo ocurrió los días 4 y 5 de junio de 2026. Tras una rigurosa auditoría ciudadana al proceso de la BECA LEP – PRODUCCIÓN Y CIRCULACIÓN – RED DE ESCENARIOS 2026 (Específicamente la Categoría 3, destinada al Teatro al Aire Libre La Media Torta), se radicó una macro-denuncia que dejó al desnudo un fraude matemático insubsanable. La convocatoria, bajo la ordenación del gasto de la Subdirectora de Equipamientos Culturales, SILVIA OSPINA HENAO, ofertaba de manera fija y obligatoria 16 cupos para ganadores con recursos de la Contribución Parafiscal Cultural ($160.000.000). Sin embargo, el propio documento oficial de la entidad, denominado Inscritos y habilitados.pdf, demostraba que únicamente doce (12) propuestas reales habían sido habilitadas. Había más premios que concursantes legalmente aptos; el concurso estaba muerto antes de empezar.
El pánico del 5 de junio y la orden de “cuadrar” las cifras
La alerta ciudadana escaló de inmediato. El 5 de junio de 2026, la Dirección de Apoyo al Despacho de la Contraloría de Bogotá emitió el traslado de urgencia de la denuncia mediante el Oficio Consecutivo 11100-1-77045, abriendo de manera formal el Radicado de Control Fiscal No. 2-2026-12084.
Al verse notificados en tiempo real de que la Contraloría iniciaría una inspección técnica sobre un concurso viciado de origen (donde obligaron a los jurados a evaluar un listado raquítico de 12 propuestas para llenar 16 cupos fijos, omitiendo el deber legal de declarar la deserción parcial de los 4 cupos sobrantes), la reacción de las directivas del IDARTES no fue la transparencia, sino el pánico operativo y la adulteración documental.
El sábado 6 de junio de 2026, en una maniobra informática y administrativa relámpago ejecutada a menos de 24 horas del traslado de la denuncia, el IDARTES colgó en su plataforma un documento definitivo: el acta publicada 6 de junio 2026.pdf. Fue en ese preciso instante donde la entidad consumó una presunta Falsedad Ideológica en Documento Público. En un intento desesperado por disimular que la convocatoria carecía de quórum competitivo y que la bolsa de dinero público estaba rota, la entidad modificó la verdad histórica del proceso e insertó una cifra falsa en el texto del acta, asegurando ante los ojos de la ciudadanía y de los auditores fiscales que el universo de proyectos evaluados por los jurados no era de 12, sino de catorce (14) propuestas habilitadas.
De la noche a la mañana, y solo después de verse denunciados, el IDARTES “apareció” dos propuestas fantasmas en el papel para maquillar el déficit e intentar demostrar que sí existía una competencia real en los equipamientos culturales de la ciudad.
El truco de magia: Inventar reglas de juego con el partido ya terminado
El segundo gran pilar de la realidad paralela construida por la Subdirección de Equipamientos Culturales se ejecutó mediante lo que en derecho administrativo se conoce como una flagrante Desviación de Poder. Para blindar a la ordenadora del gasto, SILVIA OSPINA HENAO, tras el traslado de la denuncia el 5 de junio, el IDARTES no solo infló el número de participantes en el papel; también tuvo que inventarse una barrera de contención técnica para deshacerse de propuestas sobre la marcha.
En el acta publicada a las carreras el sábado 6 de junio de 2026, la entidad y su cuerpo de jurados sacaron de la manga un criterio de evaluación inédito: un sistema de “máximos y mínimos de puntaje de corte” para restringir de manera selectiva quiénes pasaban el filtro y quiénes no.
La trampa es burda. Al revisar minuciosamente los pliegos de condiciones técnicas y la Resolución No. 166 del 24 de febrero de 2026 —que legalmente son las únicas reglas de juego vinculantes e inmodificables del concurso—, en ninguna parte se estableció un tope eliminatorio de este carácter para la Categoría 3 de La Media Torta. Las reglas originales obligaban a premiar a 16 propuestas bajo un estricto orden de elegibilidad y evaluación objetiva.
Al inventar y aplicar un umbral de puntuación ex post facto (con el proceso cerrado, los sobres abiertos y la denuncia de la Contraloría ya radicada en sus despachos), IDARTES violó el principio constitucional del debido proceso y la buena fe objetiva. Cambiar las reglas de un concurso público después de que los participantes han competido —y con el único fin de “cuadrar” matemáticamente un resultado que los favorezca ante la auditoría fiscal— configura un presunto delito de Fraude Procesal. Modificaron los elementos del expediente para inducir a error a los investigadores de la Contraloría de Bogotá, pretendiendo hacer pasar un sesgo selectivo extemporáneo como si fuera legalidad técnica.
Los jurados como parachoques y la ridícula coartada.
Para entender las dimensiones del fraude procesal, es necesario mirar la línea de tiempo del expediente. Según consta en el propio documento manipulado, el cuerpo de jurados cerró formalmente sus deliberaciones el día 1 de junio de 2026 a las 14:00:00. Por ley y cronograma, el listado de elegibles debió ser publicado de inmediato. Sin embargo, la entidad retuvo el acta de manera irregular durante cinco días, rompiendo la cadena de custodia del proceso administrativo.
¿Por qué guardaron el documento bajo llave? El pánico del 5 de junio, cuando la Contraloría les trasladó la macro-denuncia ciudadana bajo el Radicado 2-2026-12084, les dio la respuesta. IDARTES utilizó ese preocupante lapso de retención para inyectar en el documento definitivo una narrativa defensiva ex post facto antes de colgarlo en la plataforma el sábado 6 de junio.
Al revisar la página 5 del acta prefabricada, el cinismo institucional queda al descubierto. IDARTES obligó o indujo a los jurados a plasmar justificaciones que no tienen nada que ver con los pliegos originales de la Resolución No. 166 de 2026, sino que buscan culpar al propio software de la entidad por el fracaso en la participación artística de la ciudad. Textualmente se sembró en el acta la siguiente coartada:
“…Esta falta de propuestas viables se ve agravada por el propio diseño de la plataforma de la convocatoria, la cual confunde al participante con formularios duplicados que inducen al plagio de fichas técnicas (riders), exige insumos ajenos a la categoría de circulación (como libretos)… y ofrece herramientas presupuestales rígidas que desconfiguran sus fórmulas”.
Esto es una aberración dentro del periodismo de investigación y la veeduría pública: IDARTES pretendió usar el acta de los jurados como un mecanismo de auto-exoneración penal y fiscal. En el derecho administrativo, las fallas, rigideces o asimetrías de las plataformas informáticas diseñadas por el propio Estado jamás pueden ser elevadas a la categoría de argumentos para descalificar propuestas o para recortar bolsas de dinero parafiscal de destinación específica. Al sembrar este testimonio artificial el 6 de junio, la entidad consumó una Falsedad Ideológica por Ocultamiento y una abierta Desviación de Poder, pretendiendo que los jurados asumieran la culpa del bache matemático que Subterránica ya había puesto en conocimiento del organismo de control fiscal.
La fase criminal: Guerra sucia, video filtrado y amenazas de muerte
El descarado montaje documental del 6 de junio de 2026 no fue la única respuesta del entorno que protege los oscuros intereses de la contratación de IDARTES. Al verse al descubierto ante el traslado inmediato de la Contraloría de Bogotá (Radicado No. 2-2026-12084), y ante el peso de una fiscalización ciudadana que lleva más de 13 años (2013-2026) documentando el direccionamiento del Programa Distrital de Estímulos y las roscas operativas de los Festivales al Parque, los implicados decidieron cruzar la línea de la legalidad para pasar al terreno de la delincuencia organizada.
En las últimas horas, de manera paralela a la publicación del acta falsificada, actores indeterminados, pero directamente coordinados con los intereses de la entidad han desatado una campaña sistemática de guerra sucia y asesinato moral contra el veedor ciudadano. Denunciamos públicamente ante el país y la comunidad internacional la difusión masiva e ilícita de un video de carácter estrictamente privado extraído de mi entorno personal. Este material íntimo ha sido burda y maliciosamente sacado de contexto con un único objetivo delictivo, destruir mi buen nombre, minar mi credibilidad periodística y desviar la atención pública de los contundentes hallazgos que hunden la gestión de la Subdirectora de Equipamientos Culturales, SILVIA OSPINA HENAO. Y no solo eso, no es primera vez, en la fiscalía corre un proceso contra músicos aliados a Idartes y beneficiciaron anteriores por los mismos motivos.
Pero el perfilamiento y la difamación informática son solo la antesala. El ataque escaló de inmediato a la intimidación violenta: he comenzado a recibir amenazas anónimas de muerte que advierten represalias extremas si se detiene la ampliación de estas denuncias ante la Contraloría.
En un país como Colombia, donde la corrupción contractual y la defensa del erario público se pagan históricamente con sangre, estas amenazas no son un chiste digital ni una simple hostilidad de redes sociales; representan un riesgo inminente, real y letal contra la vida y la del núcleo familiar de quienes denuncian. Aquí se mata por deporte para blindar los presupuestos del fomento cultural. El uso de material privado para perfilar a un ciudadano es el procedimiento estándar de las mafias contractuales antes de pasar al atentado material. Hago responsable directo al Estado colombiano, a las directivas de IDARTES y a los operadores privados que se lucran de su contratación por cualquier atentado contra mi integridad física, la de mi esposa o la de mis hijas.
El veredicto ciudadano: Exigencia de cese total y las preguntas que la Contraloría no puede evadir
La farsa de los “14 habilitados”, la invención extemporánea de puntajes mínimos de corte para recortar las bolsas de estímulos y la posterior campaña de hostigamiento contra la veeduría ciudadana demuestran que IDARTES ha desbordado cualquier límite de la legalidad. No estamos ante un problema de software ni ante un error de digitación de un funcionario de rango medio; estamos ante el modus operandi de una cofradía burocrática institucionalizada que prefiere acudir a la falsedad ideológica y a la guerra sucia antes que permitir que se auditen los recursos públicos.
Permitir que el IDARTES continúe ejecutando el presupuesto ordinario del fomento, legalizando contratos de circulación y tramitando los fondos parafiscales de la Contribución Cultural (recursos LEP) bajo un expediente burdamente alterado, constituiría un insulto a los miles de artistas independientes que año tras año ven cómo se cierran las puertas del circuito artístico de Bogotá. Ante la gravedad de los hechos y el riesgo inminente para la vida del fiscalizador, la ciudadanía y los colectivos musicales independientes exigen la aplicación inmediata de medidas extraordinarias: el CESE INMEDIATO DE TODA ACTIVIDAD ADMINISTRATIVA, CONTRACTUAL Y PRESUPUESTAL DEL IDARTES, y la intervención urgente de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y la Fiscalía General de la Nación para frenar la intimidación criminal.
La pelota está ahora en la cancha de la Contraloría de Bogotá D.C. El radicado especial No. 2-2026-12084 determinará si el órgano de control fiscal se arrodilla ante las realidades paralelas de la burocracia o si hace cumplir la Constitución. Los ciudadanos y los medios independientes exigimos respuestas públicas, taxativas y escritas a un cuestionario que no admite evasivas:
- ¿Validará la Contraloría de Bogotá la cifra falsa de 14 habilitados sembrada a última hora por el IDARTES, o tipificará de manera contundente la comisión de los presuntos delitos de Falsedad Ideológica en Documento Público y Fraude Procesal post-denuncia?
- ¿Aceptará el organismo de control fiscal que las entidades distritales inventen e implementen criterios de puntaje excluyentes con el concurso ya cerrado y las denuncias radicadas, destruyendo el principio de Selección Objetiva?
- Dado el entorno de presunta corrupción sistemática que abarca la contratación del fomento y los Festivales al Parque, ¿decretará la Contraloría la Medida Cautelar de Suspensión Preventiva y cese de actividades sobre el IDARTES para proteger el patrimonio de la ciudad?
- Frente a las amenazas de muerte directas y el perfilamiento mediante la filtración de material privado que hoy sufre el veedor de este caso, ¿qué acciones afirmativas e inmediatas tomará la Contraloría para garantizar que ejercer el control social en Bogotá no sea una sentencia de muerte?
- Dígale de frente a la ciudadanía: ¿Es la Contraloría de Bogotá D.C. una institución tolerante con el maquillaje de expedientes y la opacidad en el sector cultura, o compulsará copias de urgencia a la Fiscalía General de la Nación por las conductas delictivas plenamente probadas en este proceso?
La verdad histórica del expediente ya fue expuesta. El documento original definitivo con solo 12 propuestas habilitadas reales contra el acta prefabricada del 6 de junio con 14 participantes artificiales son las pruebas reinas de un montaje que la ciudad no va a silenciar. Seguiremos vigilantes, informando cada paso de este proceso, porque la cultura y los recursos de Bogotá le pertenecen a los artistas, no a los parásitos que pretenden administrarlos a puerta cerrada.
Y ojo… esa manía que tienen los colombianos de compartir chats, conversaciones, videos que no son de ustedes se castiga CON CARCEL:
- Ley 1273 de 2009 (Ley de Delitos Informáticos)
Esta es la norma principal cuando el material privado se obtiene o se difunde a través de medios digitales (WhatsApp, redes sociales, correos electrónicos).
Artículo 269F: Violación de datos personales.
Castiga a quien, sin estar facultado para ello, con provecho propio o de un tercero, obtenga, compile, sancione, modifique, divulgue o difunda códigos de acceso, datos personales contenidos en base de datos o medios semejantes.
Pena de cárcel: De 48 a 96 meses (de 4 a 8 años) de prisión.
Multa: De 100 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.
- Código Penal Colombiano (Ley 599 de 2000)
Si la conversación o el video se obtuvieron interceptando o violando la privacidad de las comunicaciones, aplican los delitos contra la intimidad:
Artículo 192: Violación de ilícita de comunicaciones.
Castiga al que ilícitamente interceptre comunicación dirigida a otra persona, o se entere de su contenido, la modifique o la divulgue.
Pena de cárcel: De 16 a 54 meses (de 1.3 a 4.5 años) de prisión.
Artículo 194: Divulgación y empleo de documentos reservados.
Sanciona al que hallándose en posesión de un documento, chat, grabación o video que por su naturaleza deba permanecer en reserva, lo divulgue de manera que pueda causar perjuicio.
Pena: Multa y pérdida del empleo o cargo público (si aplica), además de agravarse si se usa para chantaje o descrédito.
Agravantes del Delito (Aumento de la Pena)
La ley estipula que la pena de cárcel aumentará de la mitad a las tres cuartas partes (pudiendo superar los 10 o 12 años de prisión) si se cumplen las siguientes condiciones, las cuales encajan con su situación de control social:
Uso de la información para descrédito: Cuando el material se difunde con la intención explícita de dañar el buen nombre, la honra o la credibilidad de la víctima.
Fines de retaliación o chantaje: Cuando se utiliza como un mecanismo de presión para que la persona desista de una acción (como una denuncia fiscal).
Difusión masiva: Cuando se utilizan redes sociales, medios informáticos o canales de mensajería para multiplicar el alcance del daño. PRgunten a nuestro amigo el guitarrista.
Colombia
Ultra Lagends y la puta escena tóxica
Solo existe un tipo de persona de un nicho muy específico al que le importaría quien carajos son “Ultra Legends” el acto anunciado para abrir el concierto de Slayer en Colombia… a la escena tóxica del rock colombiano, a nadie más.
A nadie en realidad le interesa si es la banda del hijo de dueño de Move, si es otra banda de leyendas autoproclamadas que se “reúne” (Como Slayer) o si sencillamente pagaron para estar allá. Al público y al universo le vale verga, solo al rockero y metalero envidioso, egoísta y desagradecido le duele. ¿Por qué? Porque cada uno en su cabeza piensa que “él” tiene que abrir ese concierto y que nadie más en el planeta lo merece, porque “él” is the only one, el elegido.
Y yo sé lo que muchos van a decir y pensar de este tipo de artículos, pero no importa, resbala. Nosotros acá amamos el rock, sobre todo el rock nacional, nunca hemos vivido de él, pero sí para él, casi un cuarto de siglo dándole y entregándole todo apostando por una escena en pedazos, si eso no es amor entonces no sé que es. Pero el músico de rock colombiano aun tiene mucho que aprender para poder entender las normas más básicas de la industria del entretenimiento (Porque la de la música ya murió) Y la primera regla es “no se pisen las mangueras entre ustedes”; las otras básicas pueden ser “sean honestos”, “amárrense el hocico y pónganse a tocar” y “sean agradecidos por los que hemos decidido comer mierda toda la vida solo por amor al arte”, porque la verdad sea dicha señores, ustedes no producen sino gastos y enemigos. Esa es la realidad. No son todos, en Colombia hay músicos y seres humanos increíbles, bandas talentosas y trabajadoras que producen excelente música, son la mayoría… Pero sí hay un pequeño nicho de hijos de puta que son muy fáciles de reconocer, generalmente son los parásitos del Estado que aparecen solamente en cada afiche donde dice “cultura local” o con los logos institucionales y que despotrican de todo lo que no le hieda a burocracia o que se vuelven enemigos cuando les dan un contratico estatal.
Y sí, les hablo de los mismos rockeros y metaleros que insultan y hacen memes de cualquier persona que haga algo por ellos que no sea del gobierno, y es lo único que producen porque de música más bien poca y mediocre, porque algunos rockeros y metaleros colombianos son arrodillados al gobierno, a las marcas, a los mafiosos… el único país del planeta tierra donde tenemos “punk anarquista estatal” que se suben a la tarima a putear a la policía y al gobierno, pero les cobran el cheque por hacerlo. Estos rockeritos quieren todo, pero no tienen nada que ofrecer, conciertos de cinco bandas con cuatro boletos vendidos, por eso saben que la única forma que tienen de almorzar es someterse como borregitos al estado o a alguna marca grande que los use. Normaaaaal, la escena del rock colombiano es la más tóxica y miserable de la tierra y eso que hay algunas que se pasan de calibre, pero lo que sucede acá es de antología.
¿Les duele? ¿Los ofende? La verdad duele, pero se entiende que tal vez en este momento, es sus egos, sus micromundos y sus sabias mentes iluminadas por un rayo que cae sobre sus cabezas directo del cielo, lo negarán, dirán de todo, me insultarán de nuevo y seguirán sus vidas en sus yates y carros de lujo, es sus mansiones comiendo manjares, disfrutando de sus ventas y discos de oro y los que no puedan pues seguirán hablando mal de todos y llenando formularios como perros. ¿El meme? El meme son ustedes, ese tipo de músico que desafortunadamente existe… eso si da risa.
Usemos esas cabeza hermosas e inteligentísimas que tienen para preguntarnos ¿Por qué el rock y el metal de Colombia no han podido triunfar en el mundo? No es solo falta de apoyo, es autodestrucción, es malo, no está a la altura, los músicos solo saben insultar y no hacen música y las buenas bandas, bueno, hacen lo mismo que ya se hizo hace 30 años, muy poca innovación y afuera odian las papayeras eléctricas.
Hay una sensación de vacío que invade a los músicos después de un evento grande, pero también a los promotores independientes… es una especie de depresión ¿La han sentido? Obvio. A los músicos les da porque se dan cuenta que al regresar a la realidad que el mundo sigue, las deudas siguen, que tal vez se gastaron de más en el evento y que al final no cambió su vida, siguen siendo el mismo grupo de manes que tiene que agarrar el Transmilenio para ir a casa porque no hay para el Uber. Y para los promotores es peor, porque a pesar del éxito o magnificencia de lo que se refleja en redes, lo único que gana es una guerra de insultos y degradación por su trabajo, porque dinero no, el rock colombiano es una quiebra, lo sabe cualquiera que haya medio organizado un evento. Esa es la dinámica de esa escena colombiana, es una peste tóxica.
Pensemos en los grandes, en el imaginario del “rock mundial”, los nombres que vienen a la mente son anglosajones, británicos o, en el peor de los casos, argentinos o mexicanos. Colombia, tiene cientos de bandas, de hecho, es una de las escenas más grandes del mundo, solo en la base de datos de Subterránica tenemos más de 7 mil bandas, ¿Cuántas activas? No se sabe porque cada día se retiran al menos 20, cansados de no lograr nada. Pero al menos 4 mil activas sí habrá. Pero este paisito brilla por su ausencia en el mapa global y esto tiene razones de peso. No nos engañemos, no ha sido solo culpa de la industria internacional ni del “destino”. El verdadero freno para el rock colombiano ha sido endémico, es el mismo músico el que se cagó en el rock y el Metal, sumado a sus fans que solo sirven para escupir mierda en las redes pero jamás para ir a pagar un boleto para verlos, a menos que sea como van a ir a ver a Ultra Legends, porque medio millón de pesos si tienen para ir a ver a Slayer, pero 20 lukitas pero ir a verlos a ustedes olvídense, preferible gastarlos en una felpa de perico… una mezcla de egos desmedidos, envidia profesional, una dependencia enfermiza del estado y la creación de micro-mundos de “fama” que, honestamente… son ridículamente pequeños.
Y lo más patético de todo es que ustedes lo saben. Lo saben cuándo están borrachos en un bar después de haber tocado para ocho personas, de las cuales seis eran las novias de la banda. Lo saben cuándo revisan Instagram a las 2 a.m. y ven que el video de un tipo haciéndose el loco con un termo les gana en vistas. Lo saben, pero les importa más putear al que “logró algo” que arreglar su propio desastre.
Ahí es donde entra “Ultra Legends”. No importa quiénes sean. Puede ser cualquiera, una tremenda banda que no conocemos o tres tipos disfrazados de Slipknot. El problema no es la banda. El problema es el espejo. Porque el rockero colombiano, el metalero de Twitter y el “crítico de la escena” que no ha publicado un disco en diez años, prefieren creer que el mundo les debe algo. Que hay una conspiración. Que “todo está comprado”. Y la verdad es mucho más simple y mucho más cruda:
No son lo suficientemente buenos.
No por falta de técnica, les sobran dedos, les sobra equipo endeudado, les sobra actitud para la foto con los brazos cruzados en el festival gratuito soñando que el público es de ellos. Pero les falta canción, les falta carisma fuera del escenario, les falta entender que el “rock mundial” no es una meritocracia pura, pero tampoco es una guardería para ardidos. Nadie va a venir a buscarlos a Soacha o a Envigado para darles un contrato millonario solo porque llevan diez años tocando en el mismo sótano. El rock colombiano no triunfa en el mundo porque el mundo olfatea la desesperación y la resentiditis crónica. Porque afuera, cuando una banda sale, al menos fingen que se quieren. Aquí ustedes se muerden los puños antes de subir al escenario.
¿Y el público? El público es la otra cara de la misma moneda podrida. El público colombiano no va a ver bandas locales no porque “suene feo” (hay bandas increíbles), sino porque ir a verlos no les sube el ego, no es “estatus”. Prefieren pagar medio millón para ver a Slayer y sentirse parte de algo grande, que pagar veinte lucas para ser testigos de algo que podría ser grande, pero que todavía está pariéndose entre insultos en redes. La escena tóxica colombiana es una decisión colectiva. Un pacto de mediocridad donde lo único que importa es quién se cayó más fuerte, no quién llegó más lejos.
Mientras ustedes sigan creyendo que “Ultra Legends” les robó algo que nunca tuvieron, el rock colombiano seguirá siendo ese inodoro que ustedes mismos decoraron con calcomanías de bandas que sí supieron crecer. Y la próxima vez que un hijo de puta como yo les escupa esta verdad, van a hacer lo mismo que siempre, llorar en sus grupos de WhatsApp, bloquearme, y quedarse tan tranquilos… esperando el próximo concierto gringo para volver a sentirse vivos por una noche.
¿Y el mundo? El mundo sencillamente pasó de largo, porque nadie tiene tiempo para escuchar a un montón de tipos que se odian entre ellos más de lo que aman hacer canciones y esa es la puntilla final… el rock y el metal colombiano no han fracasado por falta de talento ni por culpa del imperio anglosajón, han fracasado porque se convirtieron en una secta ridícula de egos inflados que prefieren ser reyes de un basurero a ser aprendices en una industria de verdad, así que mientras no entiendan que el éxito no se mendiga en una convocatoria del estado ni se roba pisoteando al de al lado, seguirán exactamente dónde están, celebrando sus propios funerales disfrazados de toques, creyéndose unos capos cuando en realidad, lo más lejos que ha llegado el rock colombiano es a la esquina de su propia soberbia.
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