Colombia
Crónica del lanzamiento de Rock al Parque: Un buen festival gratuito con un nombre y una ideología muy mal puestas.
Ok, dejemos atrás de una vez por todas lo que fue Rock al Parque y concentrémonos en el presente. Primero miremos lo que fue y lo que muchos extrañan (mos); Rock al Parque fue en su momento un grito de rebeldía y libertad que apoyó el gobierno de Bogotá en los noventas para que algunas bandas de la ciudad, sobre todo las que eran apoyadas por iniciativas distritales como “Tejedores de Sociedad” y algunos allegados tuvieran un espacio masivo para presentarse y darle circulación al rock en un momento en que no solo Colombia sino Latinoamérica impulsado por el movimiento alternativo-grunge y la creación de MTV latino era muy rockera, su antecedente eran los conciertos CREA.
El rock era la música mainstream y era el pop del planeta, nacieron bandas enormes y Bogotá contaba con un circuito inagotable de bares y espacios para el rock y el Metal.
En aquel entonces Internet no era de fácil acceso y uno acudía a Rock al Parque a ver en su mayoría bandas de la ciudad o nacionales para conocerlas, al día siguiente la repercusión era grande ya que las personas comenzaban a hablar de ellas, las radios a colocarlas (algunas) y se creaba movimiento. Bandas que se volvieron conocidas en Rock al Parque hay muchas: La Derecha, La Pestilencia, Monóxido, Danny Dodge, Pepa Fresa, Vértigo, Yuri Gagarin y Los Correcaminos y bandas que fortalecieron su trayectoria que eran ya conocidas como Aterciopelados o underground como Darkness.
Eso era rock al Parque, una política cultural enfocada en el Rock y que, aunque siempre tuvo un círculo de favores cerrado y que beneficiaba a un grupo específico de gente estaba enfocado a visibilizar el Rock y el Metal de Bogota junto a algunos invitados.

Después vino el paso cuando la ciudad no tenía ni idea que hacer con él y que trataron de acabarlo pero no lo lograron, entonces decidieron que fuera administrado por la Orquesta Filarmónica y luego por el nuevo instituto creado en aquella época: Idartes, en donde ya se configuró un grupo de personas en donde algunas de ellas (no todas) eran de muy dudosa honestidad, educación y reputación, y que tuvieron en sus manos ese festival hasta el año pasado, muchos de ellos salieron despedidos pero siempre impunes, el festival ha sido desfalcado por varios millones de pesos por edición según el informe de la contraloría y para rematar, comenzó toda esta instalación de la ideología inclusiva, la composición de términos inexistentes como “nuevas músicas colombianas” para referirse a modernizaciones y otras construcciones comunicativas para acomodar el festival a una ideología de izquierda que llegó a Bogotá (El rock es del imperio tenemos que hacer lo de nosotros) y para abrirlo a más público. Pero eso sí siempre beneficiando al mismo grupo de personas.
Ok, en días pasados se realizó el lanzamiento de la edición 2023 y tenemos varias conclusiones respecto a lo que se vio y se dijo esa noche.
Después de tantas peleas, polémicas y discusiones en torno al evento, pudimos ver de manera clara lo que Idartes piensa y promueve respecto a este festival en la actualidad y la filosofía en la que se basa para hacerlo. Todo se da en un momento de transición en donde hubo una presentación de un comité de curadores conformado para este año, después de la salida de una persona nefasta para el evento, quién que se perpetuó por mucho tiempo y que seguramente el otro año ya no estarán porque deben contratar al nuevo curador de turno según dijeron.

Pero entonces, según este lanzamiento y según las palabras que salieron de las bocas de los curadores, analicemos la realidad y la actualidad de Rock al Parque que seguramente será la que continuará hasta dentro de muchos años.
- Rock al Parque ya no es ni será un festival de Rock nunca más: Lo fue, sí, pero ya no lo es. Los mismos curadores dijeron que ya no es un festival de rock, que es un festival de todo tipo de música, entonces seguir discutiendo si lo que se presenta es rock o no es rock ya no vale la pena porque el festival a pesar de que su nombre lo llama pertenece a todos los géneros, por el hemos visto y veremos cumbia, hip hop, tropidelia, boleros y un abanico musical enorme. Así que las bandas de rock y Metal de Colombia deben saber que si quieren tocar en Rock al Parque lo mejor es no tocar rock, ya que el cartel es su gran mayoría lo ocupan otros géneros.
- Rock al Parque tiene intereses comerciales y ya no es una política cultural: A pesar de que sea presentada por el distrito como una política cultural no lo es. Según los mismos curadores este festival tiene intereses comerciales, el festival quiere competir con festivales privados como Estéreo Picnic o el Cordillera, lo dijeron ellos. ¿Por qué? No sabemos, de hecho, pensábamos que esto era parte del plan de gobierno del Distrito, pero pues no, es un festival comercial que se financia con dinero del distrito y también con dineros privados que no sabemos a dónde van. Este año venderán licor y se podrán a tono con los festivales corporativos, así que no, no es una política cultural sino un festival de capital mixto el cual no ha dicho de manera muy clara a quién beneficia la ganancia.
- Rock al Parque no es para todo el mundo participe: Es para las bandas que están alienadas con sus curadores y con el circulo interno de rock al parque. Este es un circulo que se compone de músicos, medios y bookers. Sí se hace una convocatoria, pero esta convocatoria no es transparente y beneficia en su mayoría a viejos conocidos del evento. Los Bookers que ofrecen actos internacionales siempre serán los mismos porque ganan altas comisiones y los músicos invitados siempre serán los mismos porque son parte del sistema original del festival. Así que la posibilidad de pasar a una convocatoria es bastante baja si usted no pertenece a este circulo o si no hace movimientos para pertenecer a él y le puede suceder lo que a Maskhera, quienes hoy por hoy son una de las mejores bandas de Metal del país y la han colocado a abrir cuando ya sabemos que ni hay público, ni hay medios, ni hay nada. Así que ya no es como antes beneficioso para las bandas, sino que beneficia al público quienes después de las cinco de la tarde comienzan a llegar en masa para disfrutar de los actos internacionales más conocidos. Algunas bandas independientes como Info, cuentan con la suerte de tener buenos horarios, pero esto es muy raro.
- Rock al Parque no está alineado con los otros festivales al parque: Dicho por los mismos curadores “los tiempos han cambiado por lo tanto el festival ha cambiado y por eso ya no es solo de rock”, pero esto no aplica a otros festivales, imaginen si esa es la excusa, entonces para “Ópera al Parque” sí que han cambiado los tiempos, más o menos ¿qué? ¿400 años o algo así. Pero ahí sigue la ópera igual, Hip Hop al Parque sigue igual, Colombia al Parque sigue igual, solo Salsa al Parque colocó una banda de Merengue un año, pero solo Rock al Parque profesa esto de que los tiempos han cambiado y que el rock debe combinarse con otros géneros.
- Existen, han existido y siempre existirán las bandas “de la casa” o los mismos de siempre: Dicho de manera efusiva por el presentador, Aterciopelados o Los Petit Fellas son “bandas de la casa”, eso deja sin piso el principio de igualdad en el festival, siempre ha existido el rock distrital, bandas que tocan en todas partes que el distrito hace algo, algunas de ellas se enojan cuando se les dice que son parte de “la rosca” del Distrito, pero lo son y negarlo no lo borra. Y como lo dijeron ellos mismos, estas bandas son tan “de la casa” que por ejemplo para una de las ediciones anteriores Chucky García regañó a los jurados por que Los Petit Fellas no habían pasado. Entonces sí, existe el rock distrital, existen las bandas de Idartes, lo dijo el propio García en la Revista Bombea quienes armaron una pataleta por que nosotros lo dijimos acá y lo dijeron los curadores esa noche, a propósito, tenemos la grabación de todo lo que dice este artículo.
- Su nombre debería cambiar no por capricho de los “rockeros true” sino para hacer crecer y darle más proyección a lo que hoy es el festival: Mantener el nombre Rock al Parque es un despropósito, si lo miramos de la manera legal es publicidad engañosa, ¿Entonces a quien le va a importar esto? Que sea publicidad engañosa y que no cumpla a cabalidad con la filosofía para lo que fue creado se lo pasan todos por donde nunca les llega el sol. Pero ahora analicemos, ¿No sería mejor entonces, si estamos compitiendo con Cordillera o con el Estéreo Picnic, cambiar el nombre a algo más comercial? A un nombre que abarque todos los géneros, esto evitaría no solo cometer los delitos de publicidad engañosa y el de desconfiguración de política cultural, sino que abriría un panorama enorme para el festival. Mantener el nombre de Rock al Parque no es bueno para ellos, es un capricho por no acabar una marca que ha sido legendaria, pero vale, todo pasa, Abott y Costello acaba de cerrar después de cuarenta años y así todo va pasando, si Rock al Parque ya no existe, pues tampoco debería existir su nombre y que pase a ser parte del legado y de la historia del rock colombiano.
- Está comprobado que Colombia en la actualidad no tiene ni idea de lo que es y representa el rock: Esto no tiene mucha explicación, la gente actúa por pasión, no hay académicos, no hay personas que conozcan el rock, no hay rockeros, es una música de nicho como el jazz o el Blues que carece de seriedad en muchos de sus practicantes. Colombia por ende es un país tropical y su gusto por la música está acorde a sus coordenadas.
- Rock al Parque es un buen festival (Algo que no decíamos hace tiempo) con muy mal manejo y muy mala praxis ética: Entonces viéndolo así, de esta manera, Rock al Parque es un gran festival, es un encuentro de tres días, ecléctico, gratuitos, con una producción técnica muy buena, que moviliza cientos de miles de personas y que es de los más grandes del continente, eso lo hace un gran festival, pero no es un festival de rock, punto. Bueno, está bueno, para ir a conocer para ir a escuchar, para pasar un buen rato, pero se basa en una ideología más social que musical que quiere encajar con los nuevos tiempos y las ideas progresistas que buscar la exposición de la música, que quiere ser comercial como otros festivales privados y para esto el rock no le sirve sencillamente porque el rock no vende. Entonces sí, es un buen festival, pero su nombre y su fundamentación argumental están mal puestos. Lo que un día fue no volverá a ser jamás y hay que dejarlo ya descansar.

Conclusión
Es hora de que nosotros y otras organizaciones nos echemos totalmente el costal del rock y el Metal nacional como hemos venido haciéndolo y creando espacios para él y para su difusión. Trabajar con quienes aun quieran honrar y tocar el género y nada más, al fin y al cabo los que amamos el rock lo hacemos sobre todas las cosas.
El trabajo de los independientes se hace incluso más importante y los músicos de rock deben saber que en el país no van a vivir del rock sino van a tener que vivir para el rock que es muy diferente, hacer las paces con esta idea y al menos por ahora tocar, tocar y tocar para construir.
Rock al Parque ya fue, lo que hay ahora es otra cosa y si fuéramos nosotros cambiaríamos ese nombre para que creciera aún más y se consolidara como lo que buscan que sea.
Por lo demás, el rock colombiano está hermosamente vivo, cientos de bandas de cada región están tocando, componiendo y tratando de sonar y este es el insumo para que iniciativas como Subterránica, el Museo del Rock o Metal Battle abran un abanico de posibilidades para construir una escena que sea sostenida y disfrutada por nosotros mismos.
El festival se llevará a cabo los días 11, 12 y 13 de noviembre en El Parque Simón Bolívar.
Colombia
Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?
Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.
Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas
Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.
El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.
El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.
Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.
Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.
Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.
Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM
Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.
Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.
Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?
Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.
La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.
La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.
Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia
100% de la asistencia
$561.020.000
561.020 asistencias pagando $1.000 cada una
90% de la asistencia
$504.918.000
504.918 asistencias pagando $1.000 cada una
75% de la asistencia
$420.765.000
420.765 asistencias pagando $1.000 cada una
50% de la asistencia
$280.510.000
280.510 asistencias pagando $1.000 cada una
25% de la asistencia
$140.255.000
140.255 asistencias pagando $1.000 cada una
Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.
Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.
Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?
La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.
Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?
Colombia
Cuatro bandas independientes se toman Bogotá con una noche de rock sin etiquetas presentes en Ruido Capital
El próximo viernes 23 de octubre de 2026, la escena independiente de Bogotá tiene una cita ineludible en Rockxy Bar, ubicado en la calle 65 #13-15, en el corazón de Chapinero. Bajo el nombre Ruido Capital, cuatro propuestas musicales de identidades radicalmente distintas compartirán un mismo escenario con una sola consigna: demostrar que el rock bogotano sigue siendo un territorio abierto, incómodo y difícil de encasillar. La jornada arrancará a las 7:30 p. m. con una entrada de $25.000 COP, en un espacio que se ha consolidado como uno de los puntos de encuentro más importantes para la música en vivo de la ciudad, con capacidad para 120 personas y una reputación ganada a pulso entre músicos y público que buscan algo más que una noche de covers.
El Pez Capitán, 6 de Bastos, Radio de Monos y El Pregón del Mudo son los encargados de darle forma a esta descarga sonora. Cada uno llega con una historia y una búsqueda particular. Radio de Monos, por ejemplo, se ha convertido en una de las propuestas más provocadoras del metal alternativo bogotano. La banda, que se consolidó en 2021, construyó su identidad a partir de una mezcla de punk, metal y electrónica que ellos mismos describen como una descarga de caos y energía. Su más reciente sencillo, Soy el Mal, es una pieza que combina riffs pesados, secuencias electrónicas y una estética visual cargada de pintura fluorescente y luces UV, un sello que han perfeccionado en tres años de presentaciones en vivo. Diego, su vocalista y fundador, ha contado que el nombre de la banda nació de una escena casi cinematográfica, cuando vio un programa de televisión donde un personaje escuchaba las voces de los monos mientras en la radio sonaba una noticia trágica. Primero fue la canción, luego el nombre, y de ahí en adelante todo fue construcción de una identidad que no quiere sonar igual a nadie más.
El Pregón del Mudo llega con una propuesta que bebe del rock, el punk y los sonidos propios de Colombia, con la cumbia como uno de sus pilares. La banda nació en 2019 del reencuentro de un grupo de amigos con trayectoria musical, y desde entonces ha construido un repertorio que se alimenta de las situaciones inverosímiles que aparecen en los titulares del país. Canciones como ¿Miedo o empanada?, Tu mamá tiene bigote o El Putas de Aguadas hacen parte de su primer disco, Antipatría, una producción que mezcla la agenda nacional con ritmos de la región y el toque rockero y punkero que los caracteriza. Santiago Garcés, guitarrista de la banda, ha explicado que el nombre surgió de la necesidad de ser la vocería de toda esa gente callada, silenciada o que sencillamente no quiere hablar en el país. Antes se llamaban Ñoñe, pero el nombre les trajo problemas en redes y plataformas digitales, y decidieron cambiarlo por uno que reflejara mejor el rumbo que estaba tomando el proyecto. La banda está conformada por Daniel Bernal en la batería, Jhon Tato Cortés en el bajo, Santiago Garcés en la guitarra y Luis Javier Uribe en la voz, y su música ha ido creciendo al ritmo del público que los ha visto en bares y festivales de Bogotá.
El Pez Capitán y 6 de Bastos completan el cartel de Ruido Capital, dos nombres que hacen parte de esa red de bandas que sostienen la escena independiente de la ciudad con presentaciones constantes y una búsqueda sonora que no se detiene. Rockxy Bar, el lugar elegido para la cita, es un espacio que se ha posicionado rápidamente en la zona de Chapinero gracias a su buen sonido y a una programación periódica de música en vivo que incluye rock, metal y alternativo. Los asistentes destacan la acústica del lugar, la comodidad del espacio y la facilidad de acceso desde la estación de Transmilenio Calle 63, aunque algunos también señalan que el servicio puede ser lento y que las bebidas tienen precios elevados.
Ruido Capital no es solo un concierto. Es una apuesta por la diversidad sonora y por el poder de la música en directo en una ciudad donde la escena independiente sigue resistiendo a punta de guitarras, distorsión y actitud. Cuatro bandas, cuatro universos, una sola noche. La cita es el viernes 23 de octubre de 2026 a las 7:30 p. m. en Rockxy Bar, calle 65 #13-15, Bogotá. La entrada cuesta $25.000 COP. Cuatro bandas. Una noche. Ruido Capital.
Colombia
“Noir” el lado más íntimo y oscuro de Hijos del Viento
Hijos del Viento anuncia Noir, el tercer adelanto de su nuevo álbum “Insurgente”, que verá la luz el próximo 30 de octubre. El sencillo, que se estrena oficialmente el 17 de octubre, marca un giro hacia un territorio más íntimo y oscuro dentro de la propuesta de la banda bogotana, explorando la depresión, el aislamiento y la pérdida de identidad desde una estética inspirada en el cine negro. Según la propia agrupación, Noir habla de ese momento en que la depresión deja de sentirse como tristeza y empieza a sentirse como desaparecer, una idea que atraviesa tanto la lírica como la atmósfera sonora del tema. Musicalmente, el corte mantiene la dirección moderna y progresiva que Hijos del Viento viene construyendo, combinando metal moderno, atmósferas densas, melodía y peso en una mezcla que ellos mismos describen como power metalcore hecho en Bogotá.

El estreno de Noir será la misma noche del 17 de octubre, Hijos del Viento lanzará su álbum en vivo con un show de lanzamiento en La Sucursal, en Bogotá, donde presentarán por primera vez el material de su nuevo álbum completo. La banda, conformada por Sebastián Pascagaza en voces, Juan Pablo Carrillo en guitarra, Nicolás Jaime en bajo y Nicolás Gómez en batería, llega a este lanzamiento con un recorrido sólido que incluye haber abierto para Stryper en Bogotá, una participación en un evento masivo en Ciudad de México en 2026 con cerca de cien mil asistentes, su competencia en Wacken Metal Battle Colombia 2027 en Bogotá y el reconocimiento como Mejor Metal Mainstream en los Monster Music Award 2025.
“Insurgente” llegará completo el 30 de octubre y promete consolidar la evolución de la banda hacia un sonido más personal y ambicioso.
-
Colombia5 meses agoMúsico de la agrupación Hades se debate entre la vida y la muerte por presunta negligencia de Capital Salud en hospital de Engativá en Bogotá.
-
Colombia6 meses agoEstos son los ganadores de los Premios Subterránica Colombia en su edición XVII
-
Colombia6 meses agoTreinta Años de oscuridad: Luciferian y el nacimiento del lamento negro
-
Colombia6 días agoAun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
-
Colombia2 meses agoSin burocracia, sin demora, sin excusas, Medellín organizó en 48 horas lo que las instituciones no pudieron. Rockaton 2026, el poder del rock.
-
Colombia6 meses agoLa banda colombiana de Metal Hijos del Viento debutó en México frente a 100.000 personas en la Marcha para Jesús 2026
-
Colombia6 meses agoRock al Parque inicia la celebración de sus 30 años declarándose los salvadores del género que destruyeron y anunciando un museo igual al del que se burlaron
-
Colombia6 meses agoLos sepultureros del Rock: Critican concursos, premios y festivales y aplauden la corrupción mientras entierran el rock con su lengua. Radiografía del Rock Colombiano.

