La mirada Subterránica
Palestina e Israel: Rock y Guerra, un análisis del conflicto con la banda sonora de sus bandas de Metal.
El conflicto entre Israel y Palestina es uno de los más antiguos y complejos del mundo, ha causado miles de muertos, heridos y refugiados y parece no tener una solución pacífica a la vista, pero en medio de la violencia y el sufrimiento, hay una expresión cultural que une a ambos pueblos: el rock.
Es increíble lo universal que es el rock y el Metal, está presente en todos los pueblos del planeta tierra, se mimetiza, se hace propio, se combina con cada cultura, es un lenguaje que hablan todos los países, ese lenguaje de distorsiones, de guitarras con riff, baterías cavernícolas y fuertes, bajos que hacen temblar la tierra y voces de rabia y llenas de energía, ese rock que sirve para pelear, para gritar, para hacer denuncias y que en este caso en ese par de pueblos que se han odiado durante cientos de años es un lenguaje común, un pequeño pegamento de lado y lado que demuestra que todos somos iguales, que todos los humanos hacemos lo mismo y vivimos lo mismo y que la única salida para este conflicto es que sean reconocidos dos estados, Israel y Palestina para que puedan convivir de manera digna y pacífica sin los extremismos de la religión y las presiones políticas de otros países.
Este escrito es un deber, mi familia es Palestina, tengo un profundo aprecio por Israel también, viví en ese país algún tiempo, soy consciente de que hay muchas fallas, tuve varias amigas judías y me siento un poco frustrado por no poder ayudar o ser útil en esta causa, pero como periodista mi arma son las palabras y espero que este artículo pueda ayudarles a comprender un poco el conflicto y a conocer algunas bandas que le cantan al mismo, unidas de lado y lado por el sonido y el poder del Rock.
Todo el mundo vio por televisión como se perpetró el atentado de Hamás en Israel mientras era sábado, día de descanso del pueblo judío. Llegaron en parapentes y con tractores y motos incursionando en una ciudad del sur del país, en un festival de música, disparando, matando a varias personas.

Hamás no es el gobierno de Palestina, de hecho, no hay un gobierno en Palestina, Hamás es una organización política y militar que se fundó en 1987 como una rama de la Hermandad Musulmana, su nombre significa Movimiento de Resistencia Islámica y su objetivo es establecer un Estado palestino bajo la ley islámica. Hamás controla la Franja de Gaza desde 2007, cuando expulsó a su rival Fatah, el partido del presidente palestino Mahmud Abás. Hamás también tiene presencia en Cisjordania, donde compite con Fatah por el apoyo popular, pero ojo, no todos los palestinos a pesar de que la mayoría son musulmanes quieren un estado islámico porque ustedes ya saben lo que es un estado islámico, ya hemos podido ver como son estos estados en cuestión de derechos humanos e igualdad. Mi familia no es musulmana, nunca lo fue, eran palestinos cristianos de Belén, huyeron de esa guerra y han pasado por todas partes incluyendo EL Salvador o Colombia en donde yo nací, la rama palestina de mi familia es la de mi madre, con quien yo crecí, en casa de mis abuelos que hablaban árabe y comíamos garbanzos y berenjenas rellenas, mi arraigo con mi país natal ha sido difícil porque crecí en otra cultura. Sin embargo, jamás, en toda mi vida escuché a mis abuelos o a nadie de mi familia hablar mal ni de Israel ni de Palestina, de hecho cuando viajé a Israel me apoyaron y en realidad yo conviví fue con los judíos, viví es un Kibbutz, tuve algunas parejas y tengo muchos amigos que quiero con el corazón, lo que quiero decir con esto es que no estoy de acuerdo con esta pelea y mucho menos con toda la barbarie que he visto en las noticias, me duele mucho y debe parar.
Hamás es considerada una organización terrorista por varios países, incluidos Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, debido a sus ataques contra objetivos israelíes, que incluyen atentados suicidas, lanzamiento de cohetes y túneles, pero también tienen un brazo político y social que provee servicios básicos a los habitantes de Gaza, como educación, salud y asistencia humanitaria ya que Gaza es un lugar muy pobre y paupérrimo.
Tratar de responder entonces quien es el representante del pueblo palestino es muy difícil y al no ser Palestina un país entonces hay muchas respuestas, ya que existen diferentes actores políticos que reclaman esa legitimidad, según la mayoría de los países y organizaciones internacionales, el representante oficial del pueblo palestino es la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que es el órgano administrativo que gobierna en Cisjordania y que reconoce el Estado de Israel.

La ANP se creó en 1994 como resultado de los Acuerdos de Oslo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que es la entidad que agrupa a las principales facciones políticas y militares palestinas, esta se fundó en 1964 y fue reconocida como el único representante legítimo del pueblo palestino por la Liga Árabe en 1974 y por la ONU en 1975, la OLP declaró la independencia del Estado de Palestina en 1988 y ha sido reconocida por más de 130 países, esta era la que lideraba Yasser Arafat ¿Recuerdan? Lo interesante es que fueron Los Estados Unidos los que financiaban a Hamás para hacerle frente a la OLP, se repite la historia que vimos con la Talibanes.
Entones lo que pasa en la Franja de Gaza, es que Hamás la controla desde 2007, cuando expulsó a las fuerzas leales a la ANP, ellos se oponen al reconocimiento de Israel y han llevado a cabo numerosos ataques contra objetivos israelíes, incluyendo atentados suicidas, lanzamiento de cohetes y túneles, entonces claro, Israel tiene derecho a defenderse, pero ¿de quién? SI es que Palestina no tiene ejercito y Hamás es un grupo de gente, así que quienes pagan al final son los niños, los abuelos, los enfermos y en general todo el pueblo de lo que queda de “Palestina”.
Así que la pregunta a responder es ¿contra quién es la guerra que han declarado? El conflicto entre Israel y Palestina es muy complejo y tiene muchas causas y consecuencias, no hay una respuesta simple a la pregunta, se puede decir que la guerra es entre Israel y los grupos armados palestinos, principalmente contra Hamás, Israel quiere defender su seguridad y su existencia como Estado judío, mientras que los palestinos quieren liberarse de la ocupación israelí y lograr su independencia como Estado árabe, hay que sumar que el conflicto también tiene dimensiones regionales e internacionales ya que hay otros países y organizaciones que apoyan o se oponen a uno u otro bando. Por ejemplo, Irán y Turquía respaldan a Hamás, mientras que Estados Unidos y la Unión Europea apoyan a Israel, y hay otros actores como Egipto, Jordania, Arabia Saudita y Qatar que tratan de mediar entre las partes o influir en el curso de los acontecimientos.
En resumen y para hacer una analogía de lo que acaba de suceder es como si las disidencias de las Farc enviaran algunos combatientes a una ciudad de Estados Unidos y estos asesinaran a algunas personas y en respuesta, Estados Unidos declara la guerra a Colombia, ya que esas disidencias de las Farc representan al país y lo bombardean, lo encierran, lo invaden, excepto una pequeña región al sur a donde tienen que ir sí o sí todos los colombianos, complicado pero es algo así, USA tendría en teoría el derecho ¿pero de qué manera?
Encima de todo, también pesan aspectos religiosos, culturales e históricos ya que ambos pueblos reclaman lazos ancestrales con la tierra sagrada de Palestina y Jerusalén, hay cuestiones como el estatus de los refugiados palestinos, el asentamiento de colonos judíos en Cisjordania, el bloqueo de Gaza, el acceso a los lugares santos y el reconocimiento mutuo de los derechos nacionales, todo eso es una olla a presión que estalla a cada rato y vuelve a ser tapada para que vuelva a estallar.
Hay que entender que a Palestina no la han reconocido como un país desde que Israel fue instalado por la ONU en lo que durante muchos siglos fue Palestina y esto tiene razones muy complejas y depende de varios factores políticos, históricos y jurídicos, algunos países, como Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, consideran que el reconocimiento de Palestina debe ser el resultado de un acuerdo de paz negociado entre las partes y no una decisión unilateral o impuesta por terceros que fue lo que sucedió con Israel después de 1945.

Otros países, como Reino Unido, Francia, Alemania y Japón han expresado su apoyo a la aspiración palestina de tener un estado propio, pero han señalado que el reconocimiento formal dependerá del avance del proceso de paz y del cumplimiento de ciertos criterios, como la unidad política entre la Autoridad Nacional Palestina y Hamás, el control efectivo sobre el territorio y la capacidad de cumplir con los compromisos internacionales.
Algunos países, como Canadá, Australia y México, han mantenido una posición ambigua o cautelosa sobre el reconocimiento de Palestina, argumentando que se trata de una decisión soberana que debe ser tomada en función de los intereses nacionales y las circunstancias regionales. Estos países han expresado su preocupación por la situación humanitaria y los derechos del pueblo palestino, pero también han reafirmado su apoyo a la seguridad y el derecho a existir de Israel.
La guerra se permite porque no hay una autoridad internacional que pueda imponer una solución pacífica al conflicto ni sancionar a las partes por sus violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. La ONU ha emitido varias resoluciones que piden el fin de la violencia, el respeto al derecho internacional y la solución de dos estados, pero no tiene los medios para hacerlas cumplir. Los países con influencia en la región, como Estados Unidos o Egipto, han intentado mediar entre las partes o promover iniciativas de paz, pero no han logrado resultados duraderos.
Hablando entonces de esta “Guerra”, podemos decir que es muy asimétrica, ya que Israel tiene una superioridad militar abrumadora y puede atacar objetivos en Gaza casi a voluntad y Palestina tiene pocas opciones para defenderse o responder a los ataques israelíes y sufre muchas más víctimas civiles y daños materiales, entonces cada vez que a uno de los grupos extremistas Palestinos les da por hacer algo como el atentado que vimos, Israel se lanza con todo el fuego contra Gaza y ahí es donde la balanza se inclina solo a un lado, repito, es lógico que Israel se defienda, obvio, pero a veces parece que esa defensa consiste en borrar lo que queda de Palestina.
Este es un conflicto que se ve mal y que ha hecho sufrir a muchas personas, ha desplazado a millones y millones han muerto, como dije al principio, los dos estados deben existir respetándose unos a otros, sin meterse en los asuntos del otro ya que son muy diferentes en sus culturas pero esta guerra debe parar, el mundo debe ayudar, es increíble como los países son tan en algunos casos neutrales y en otros apoyan a una de las facciones buscando el exterminio de la otra pero no la creación de los dos estados. ¿Ya qué? Ya lo que pasó, pasó y si seguimos en el problema (a mi parecer bastante estúpido) de ¿A quién le dio Dios la tierra? Entonces no habrá un final feliz.
Y pues de lado y lado esta el rock, está el Metal, está la misma música, la misma rabia, las mismas marcas de guitarras eléctricas, las mismas marcas de baterías, obviamente en Palestina todo se hace más pobre, más precario, pero hay palestinos en otras partes del planeta que están haciendo la tarea del rock. Así que acá les muestro algunas de estas bandas, de estas expresiones, haciendo un llamado a acabar los conflictos de esta tierra, porque nací en Colombia un país que nunca ha visto la paz, soy salvadoreño también, otro país que nunca ha visto la paz, no, Bukele no es un mesías salvador, después les hablo de eso, y soy hijo de Palestinos y estoy harto de la guerra y la violencia, recuerden la máxima “Simio no mata simio”.
Repitan: “Simio no mata simio” “Simio no mata simio” “Simio no mata simio” “Simio no mata simio” “Simio no mata simio” “Simio no mata simio” “Simio no mata simio” “Simio no mata simio”

Bandas Palestinas:
Khalas: Esta banda se formó en 1998 en Ramala y se define como “Arabic Rock Orchestra”. Su música combina elementos del rock, el metal y la música árabe tradicional. Han lanzado tres álbumes y han girado por Europa y Estados Unidos su género es el Folk Metal.
Zalaam: Black Metal Atmosférico desde Palestina, fundada en 2019, no hay mucho que explicar para entender el mensaje que quieren transmitir. Tomando más y más notoriedad cada día.
OspreyV: Es una banda de rock de ciudad de Gaza lo cuál lo hace más extraña aun, conformada por profesionales, le cantan al conflicto.
Como bonus:
Ministry of Dub-Key: Esta banda se creó en 2006 en Haifa Inspirándose en la música reggae y el folclore palestino, Ministry of Dub-Key teje con habilidad una fusión cautivadora. Su innovación se extiende a introducir la danza Dabke y el sonido Mijwiz, mezclados con maestría con ritmos de hip-hop y Dancehall, dando lugar al vibrante estilo Arab-A-Dub., es increíble que la influencia caribeña llegue tan pura a esas tierras. Su música tiene un mensaje político y social que denuncia la ocupación israelí y la opresión de los palestinos. Han lanzado dos álbumes y han participado en festivales internacionales.
Bandas de Israel
Orphaned Land: Los maestros originales del heavy metal israelí, Orphaned Land, han condenado el conflicto israelo-palestino a lo largo de su carrera, a menudo provocando controversia por negarse a defender los intereses de un país sobre el otro.
Melechesh: Black Metal de Jerusalem. Problemas entre Melechesh y la gente estrictamente religiosa en Jerusalén, así como otras razones profesionales y personales, animaron a la banda a trasladarse con sus miembros a Holanda, donde podían seguir trabajando sin el acoso de las autoridades religiosas. Como el baterista no pudo mudarse, encontraron un sustituto con Proscriptor de Absu, que luego fue reemplazado por el baterista holandés Xul. Xul fue despedido en 2013.
Betzefer: Esta banda se creó en 1998 en Tel Aviv y se dedica al groove metal. Su música tiene influencias de bandas como Pantera, Sepultura o Machine Head. Han lanzado cuatro álbumes y han participado en festivales internacionales. Puedes escuchar su canción “Down Low” en este enlace.
Así que, al pueblo judío le debo mucha hospitalidad, amigos y buenos momentos en esta vida, y pongo mi solidaridad y apoyo total al pueblo Palestino para quienes solicito la creación de un estado digno, con igualdad, en donde su pueblo pueda vivir en paz y en abundancia. Los mismos sentimientos que tengo por mi país, Colombia, que en este momento parece más una letrina que un país. Ya estamos muy viejos para seguir andando así. Rechazar toda forma de violencia de parte y parte y solicitar mesura en el uso de fuerza desmedida contra los civiles que no luchan.
Que el rock nos una.
Felipe Szarruk, Doctorando en periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, Magister en Estudios Artísticos de la Facultad de Artes ASAB Universidad Distrital Fco José de Caldas, Comunicador Social y Músico. Fundador de Subterránica y su colectivo de medios y espacios independientes.
Para más música proveniente de la región pueden visitar el siguiente enlace: https://www.lycanthropia.net/best-israeli-palestinian-black-metal-albums.php?smode=c
Colombia
Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano
¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?
Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.
Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas
Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.
El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.
El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.
Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.
Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.
Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.
Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM
Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.
Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.
Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?
Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.
La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.
La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.
Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia
100% de la asistencia
$561.020.000
561.020 asistencias pagando $1.000 cada una
90% de la asistencia
$504.918.000
504.918 asistencias pagando $1.000 cada una
75% de la asistencia
$420.765.000
420.765 asistencias pagando $1.000 cada una
50% de la asistencia
$280.510.000
280.510 asistencias pagando $1.000 cada una
25% de la asistencia
$140.255.000
140.255 asistencias pagando $1.000 cada una
Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.
Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.
Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?
La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.
Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?
Colombia
Por que las bandas no tienen la culpa (¿O sí) Estos son 10 shows para no perderse en Rock al Parque 30 años.
El cartel de las agencias, los 27 mil millones de pesos operados en la sombra, la duplicidad en los pagos de logística y el descarado fraude en la curaduría son una realidad documentada que ya está en manos de la Fiscalía y la Contraloría. El entramado burocrático de IDARTES y el Teatro R-101 ha podrido la estructura administrativa del festival, pero hay una verdad innegable: las bandas no tienen la culpa de la corrupción.
Los músicos que se suben a sudar la camiseta, a descargar sus amplificadores y a dejar la vida en la tarima no son los responsables de los cheques en blanco ni de las roscas de las oficinas de gestión cultural. La pelea por sanear los Festivales al Parque se da en los estrados y en las veedurías, pero en el césped del Simón Bolívar el apoyo tiene que ser para el talento real, independiente y autogestionado.
Aquí están las agrupaciones que, lejos de los carteles de intermediarios, representan el verdadero espíritu del rock y merecen que te pares frente a la tarima a apoyarlas:
El contingente local y nacional
Narcocracia: Propuesta bogotana de metal extremo y grindcore que destaca por su crudeza técnica. Su sonido es denso, caracterizado por riffs veloces, percusión abrasiva (blast beats) y una lírica satírica que ataca las estructuras de poder político y religioso en Colombia.
Solegnium: Agrupación de brutal death metal originaria de Soacha. Su estilo se fundamenta en una ejecución técnica rigurosa, voces guturales muy profundas y una base rítmica demoledora que mantiene viva la tradición del death metal oscuro de la sabana.
No Dependiente: Hardcore punk clásico, acelerado y de garaje. Estructuras de canciones cortas, coros agresivos y una energía cruda diseñada directamente para detonar el pogo, manteniendo la actitud callejera original del género.
Lo Mismo Decían de Juana: Rock alternativo con una marcada fusión de funk, reggae y ritmos latinos. Una banda de ensamble sólido y orgánico, caracterizada por un groove contagioso y guitarras rítmicas versátiles hechas para el directo.
Elsa Riveros: La voz inconfundible e histórica de Pasaporte. Su propuesta navega por el rock pop y la balada rock, sosteniéndose en su capacidad interpretativa, un registro vocal intacto y la ejecución de los clásicos que definieron los inicios del rock comercial en el país.
La cuota internacional
Hellbutcher: Black/thrash metal sueco liderado por el exvocalista de Nifelheim. Velocidad implacable, guitarras afiladas y una estética old school que rescata la agresividad primitiva del metal extremo europeo sin concesiones comerciales.
Algiers: Una mezcla inclasificable y visceral de post-punk, soul, gospel y ruido industrial originaria de Atlanta. Su directo destaca por la tensión rítmica, la intensidad vocal de Franklin James Fisher y letras cargadas de crítica sociopolítica frontal.
End It: Hardcore punk puro y pesado desde Baltimore. Canciones cortas cargadas de riffs densos, two-step, y una actitud combativa en el escenario. Un sonido diseñado para la confrontación física en el pit, sin adornos técnicos innecesarios.
Editors: Institución británica del post-punk revival y el indie rock de estadios. Conducidos por la voz barítona de Tom Smith, su sonido combina sintetizadores oscuros, guitarras atmosféricas y una ejecución melancólica de altísima precisión.
Ratones Paranoicos: Realeza del rock and roll y el blues rock argentino. Su estilo es directo, apoyado en el groove de raíces stonianas, guitarras sucias y la actitud carismática de Juanse, una fórmula que lleva décadas marcando a la escena latinoamericana.
Los que no vienen pero vale la pena que exploren:
Decessus: Banda chilena de metal extremo y metalcore moderno. Mezclan pasajes atmosféricos con breakdowns pesados y afinaciones bajas. Aunque su presentación fue cancelada en circunstancias opacas, su nivel de producción internacional los hace una parada obligatoria para escuchar fuera del festival.
Ir a Rock al Parque este año es un acto de rebeldía en dos frentes para exigir que rueden cabezas en las oficinas donde se desfalca la cultura y hacer un pogo inmenso frente a las agrupaciones que siguen creyendo en el rock. Vayan, disfruten, cómprenle el merch directamente a las bandas locales y no dejen que los burócratas les roben también la música.
Europa
Italia bajo tierra, el nuevo mapa del rock del Rock y el Metal underground.
Hay una Italia musical que no aparece en Sanremo, que no necesita un estadio lleno y que tampoco está esperando que una multinacional descubra su próximo fenómeno. Está debajo de la superficie. Vive en pequeños clubes, salas de ensayo, sellos independientes, festivales organizados por fanáticos, asociaciones culturales y escenarios donde una banda puede tocar frente a cien personas una noche y cruzar la frontera europea unos meses después.
En 2026, la escena underground italiana continúa siendo una de las redes más interesantes de Europa para entender hacia dónde puede moverse el rock pesado, el punk, el hardcore y el metal durante los próximos años. Y quizá lo más interesante sea que no existe una única escena italiana. Existe una constelación de escenas que se conectan entre sí y que atraviesan diferentes regiones, ciudades y tradiciones musicales.
El mapa va desde el black metal de Friuli y Lombardía hasta el death metal de Milán y Roma, pasando por el doom, el sludge, el hardcore, el post-punk, el noise rock, el stoner y un rock alternativo que todavía conserva algo que parece haberse perdido en buena parte de la industria contemporánea: la necesidad de sonar como una banda y no simplemente como un producto.

El underground como infraestructura
Una de las características más importantes del circuito italiano actual es la existencia de pequeños espacios que funcionan como verdaderos centros de circulación cultural. No son simplemente lugares donde se presentan bandas. En muchos casos son salas de ensayo, espacios de encuentro, puntos de venta, lugares de intercambio entre músicos y escenarios donde se construyen relaciones que después terminan llevando a las bandas a otros lugares de Italia y Europa.
El caso del Tune Music Lab de Pordenone resulta particularmente revelador. Se trata de un espacio de capacidad limitada que combina sala de conciertos y sala de ensayo y que ha construido una programación alrededor del underground extremo, permitiendo que bandas locales y emergentes compartan escenario con grupos internacionales. En septiembre de 2026, por ejemplo, recibió a Atomic Aggressor y Ectovoid, dentro de una programación que anteriormente había incluido nombres como Miscreance, Mystifier, Cultus Sanguine y Bodyfarm.
En Erba, cerca de Como, el Centrale Rock Pub cumple una función semejante. Allí se desarrolló durante 2026 el Insubrian Black Metal Fest, dedicado específicamente a las expresiones más oscuras del metal. La segunda edición reunió a Kult, Hiems, A Pale December, Ernte, Forsaken Legion y Verba Serpentis.
Estos espacios demuestran algo fundamental, que el underground italiano no depende exclusivamente de los grandes festivales. Tiene sus propios circuitos y una infraestructura cultural que permite que los proyectos pequeños sobrevivan, se conozcan entre ellos y encuentren nuevos públicos.
Friuli: metal en territorio de frontera
Si existe una región que merece atención especial es Friuli-Venezia Giulia. Su posición geográfica, en la frontera con Austria y Eslovenia y cerca del mundo balcánico, ha contribuido a crear un territorio particularmente fértil para las músicas extremas. Allí las fronteras nacionales parecen tener menos importancia que las rutas naturales de circulación de músicos y públicos.
El EResia Metalfest, celebrado en Val Resia, nació como un pequeño festival gratuito dedicado al metal y fue creciendo hasta convertirse en un encuentro especializado en música extrema. En 2026 llegó a su duodécima edición y presentó un cartel que mezcló nombres internacionales con diferentes generaciones del underground italiano. Allí aparecieron Mortuary Drape y Dewfall, además de bandas internacionales como Desaster, Jungle Rot y Masacre.
Lo interesante es que el festival mantiene una dimensión comunitaria muy marcada. No intenta convertirse necesariamente en una copia italiana de los grandes festivales europeos, sino que conserva una identidad relacionada con el territorio y con la comunidad que lo sostiene.
Algo parecido ocurre con Pietrasonica, también en Friuli, un festival independiente nacido en 2009 alrededor del stoner, psychedelic rock, doom y sludge. El proyecto fue impulsado por músicos, técnicos, integrantes de espacios autogestionados y coleccionistas de vinilo, y en 2026 continuó funcionando con camping gratuito, mercado de discos y mercancía y una programación dedicada a la cultura underground.
Aquí aparece una característica que se repite en buena parte de Italia: el festival underground funciona simultáneamente como concierto, punto de encuentro, mercado, red de contactos y espacio de circulación de música independiente. El evento termina cuando termina el escenario, pero las relaciones construidas allí continúan después.

Black metal: tradición y experimentación
El black metal italiano sigue teniendo una identidad particularmente fuerte. Kult continúa siendo uno de los nombres históricos del underground nacional. La banda de Como, activa desde 2002, regresó a los escenarios y volvió a ocupar un lugar destacado dentro del circuito europeo. Su presencia en el Insubrian Black Metal Fest muestra cómo las nuevas generaciones conviven con proyectos que llevan décadas construyendo la escena.
Pero el black metal italiano contemporáneo también está buscando nuevas formas. Un caso especialmente interesante es Bianca, proyecto formado en 2024 que publicó su debut homónimo en 2025 a través de Avantgarde Music. La banda mezcla black metal tradicional con elementos atmosféricos, cinematográficos y post-black metal y plantea una aproximación deliberadamente alejada de las fronteras rígidas del género.
Otro nombre que merece atención es Unviâr, proyecto procedente de Friuli que utiliza el idioma friulano y convierte el territorio en parte de su identidad artística. Su propuesta combina black metal atmosférico con influencias escandinavas, centroeuropeas y estadounidenses, pero construye alrededor de ellas una identidad local muy marcada.
Es precisamente allí donde aparece una de las tendencias más interesantes de la escena italiana: la recuperación de identidades regionales sin abandonar la conversación internacional del metal. La escena puede utilizar lenguajes musicales nacidos en otros lugares del mundo y, al mismo tiempo, incorporar idioma, territorio, historia y memoria local.
Death metal: brutalidad, tradición y nuevas mutaciones
El death metal italiano también está atravesando un momento particularmente activo. En 2026 apareció Gorge, dúo milanés nacido en 2024 a partir de músicos vinculados con Fulci y Jorelia. Su propuesta se mueve entre brutal death metal y slam, con una aproximación directa y extremadamente pesada. La banda llegó incluso a compartir cartel con Decapitated en Milán.
Otra formación reciente es Woundead, procedente de Lombardía. Su propuesta mira deliberadamente hacia el death metal de finales de los ochenta y principios de los noventa, recuperando una estética más cruda y primordial inspirada en Necrophagia, Autopsy, Impetigo y Obituary.
En la misma línea de exploración de las raíces aparece Skulld, grupo de la región de Romaña que combina death metal, crust y hardcore. La banda incorpora además una fuerte dimensión temática relacionada con el feminismo y el ocultismo. Metalitalia describe precisamente la escena death italiana de 2026 como una escena vital y ramificada, lejos de una sola fórmula estética.
Es una observación importante porque el metal extremo italiano no parece estar intentando construir un único sonido nacional. Está haciendo exactamente lo contrario: multiplicando las posibilidades, recuperando tradiciones y mezclándolas con lenguajes contemporáneos.
El regreso de la oscuridad
El doom, el gothic metal, el post-punk y el rock oscuro también están encontrando nuevos cruces. Desde Génova aparece Sarvaega, un proyecto formado en 2025 que publicó en junio de 2026 su primer álbum, Postumo, a través de Black Widow Records. Su música recupera elementos del gothic metal clásico y de la tradición doom italiana y los mezcla con una estética ritual y oscura.
Desde Turín, Ponte del Diavolo está llevando esa mezcla todavía más lejos. La banda, formada a partir de músicos vinculados con proyectos como Feralia, Inchiuvatu, Abjura y Askesis, trabaja una combinación de doom, black metal, post-punk y wave que ellos mismos describen como “blackened post-punk”. Una particularidad de su sonido es la utilización de dos bajos, construyendo una base pesada sobre la que se desarrolla una estética cercana al post-punk oscuro.
La frontera entre metal y rock alternativo, en otras palabras, se está volviendo cada vez más difícil de definir. Los músicos están tomando elementos de escenas que anteriormente se mantenían separadas y utilizándolos para construir propuestas que no necesitan responder a una sola etiqueta.

Hardcore: la otra columna vertebral
Si el metal extremo tiene una estructura muy visible en Italia, el hardcore constituye otra red fundamental. Una banda particularmente interesante es Die Abete, de Terni. Su trayectoria combina hardcore, screamo, math rock y punk, y en mayo de 2026 publicó Giovani Volpi, su tercer álbum. Después de una pausa y una reconfiguración de la formación, la banda regresó al circuito con una extensa actividad en directo.
En Toscana, Punkcake, procedente de Arezzo, representa otra cara de la escena. Su sonido cruza punk, noise rock y post-hardcore y su primer álbum, Siamo Qui Siamo Questi, fue publicado en 2026 por Rude Records. La banda construyó buena parte de su identidad a partir del directo y de la escena underground toscana.
Son proyectos que recuerdan que el underground no es únicamente una categoría comercial. También puede ser una forma de organizar la música alrededor de comunidades específicas, escenas locales y relaciones que se mantienen durante años.
Y el rock todavía está ahí
Sería un error reducir la escena italiana contemporánea al metal. En el terreno del rock alternativo aparece, por ejemplo, Caspio, proyecto que comenzó como propuesta electro-wave y posteriormente evolucionó hacia una banda de alt-rock con influencias de los años noventa. Su álbum de 2026, Cosa resterà di noi, recupera una estética de guitarras, ruido y melodía que dialoga tanto con Smashing Pumpkins como con Verdena y el nu-gaze contemporáneo.
También está Le Sacerdotesse dell’Isola del Piacere, banda de Piacenza que lleva más de una década construyendo un rock alternativo de raíz noventera y que en septiembre de 2026 prepara el lanzamiento de Ipersensibilità.
Y existe incluso una conexión entre generaciones. Sì! Boom! Voilà! reúne a Roberta Sammarelli, histórica bajista de Verdena, con Giulio “Ragno” Favero y otros músicos de la escena alternativa italiana. Su debut de 2026 se mueve entre alt-rock y post-hardcore.
Esto demuestra que la escena italiana no está dividida de manera absoluta entre “vieja escuela” y “nueva generación”. Hay músicos históricos que continúan participando en proyectos nuevos y músicos jóvenes que están reutilizando lenguajes de décadas anteriores para construir algo diferente.
El club vuelve a ser importante
Quizá este sea el elemento más significativo de todo el panorama. Mientras la industria musical global habla constantemente de plataformas, algoritmos, viralidad y reproducción digital, buena parte del movimiento underground italiano continúa ocurriendo en lugares físicos. Allí la música sigue dependiendo de una relación directa entre músicos, promotores y público.
GERMI-LdC, en Milán, se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de esta lógica. El espacio, fundado entre otros por Manuel Agnelli, desarrolla una programación permanente dedicada a artistas emergentes y en 2026 amplió esa experiencia mediante Suoni dal Futuro, un proyecto que lleva nuevas bandas a clubes de ocho ciudades italianas.
El programa contempla 96 conciertos durante 2026, con cerca de un centenar de bandas involucradas en la programación del GERMI. La iniciativa también conecta artistas con otros escenarios y sellos independientes.
La idea resulta casi subversiva en tiempos de consumo musical algorítmico: volver al club, volver al ensayo y volver a construir una audiencia persona por persona. La escena continúa dependiendo de la existencia de lugares donde los músicos puedan encontrarse, tocar, equivocarse, experimentar y desarrollar una comunidad alrededor de su trabajo.
Una escena que no necesita parecerse a Londres
Durante décadas, hablar de rock europeo significaba mirar hacia Londres, Manchester, Berlín o los países escandinavos. Italia siempre estuvo ahí, pero muchas veces fue observada desde afuera como una escena secundaria frente a los grandes centros europeos.
El panorama de 2026 permite otra lectura. Italia tiene ciudades con escenas propias, regiones con identidades musicales particulares, clubes especializados, festivales independientes, sellos que mantienen catálogos activos y una circulación permanente entre músicos locales e internacionales.
Y sobre todo tiene una característica que resulta fundamental para cualquier escena underground: capacidad de reproducción. Una banda toca en un pequeño club, conoce otra banda, comparte escenario, graba un disco, lo publica un sello independiente, viaja a otro festival y regresa con otra banda. La rueda vuelve a comenzar y, con ella, se reproduce la escena.
Ese mecanismo puede parecer pequeño desde afuera, pero es precisamente el mecanismo mediante el cual se construyen escenas musicales duraderas. El underground no necesita necesariamente convertirse en industria para demostrar que existe. Necesita músicos, espacios, público y una red capaz de mantener la circulación.
El mapa que vale la pena seguir
Si hubiera que comenzar a investigar el underground italiano actual desde algunos nombres, el recorrido podría pasar por Bianca, Ponte del Diavolo, Unviâr, Gorge, Woundead, Skulld, Sarvaega, Die Abete, Punkcake, Caspio y Le Sacerdotesse dell’Isola del Piacere, sin olvidar a veteranos como Kult y Dewfall, que siguen funcionando como referencias dentro de sus respectivos circuitos. (loudersound.com)
Pero quizá el verdadero protagonista de esta historia no sea ninguna banda. Es la infraestructura que permite que todas ellas existan. Son los pequeños clubes, las salas de ensayo, los promotores, los sellos, los festivales, los fotógrafos, los medios especializados, los coleccionistas, los técnicos, los músicos que montan sus propios eventos y los públicos que todavía compran una camiseta, un vinilo o un CD después de un concierto.
Ahí está la escena. Y mientras existan esos lugares, el rock y el metal italiano seguirán teniendo algo que ninguna plataforma puede fabricar por sí sola: una comunidad que se encuentra físicamente para hacer ruido.
Por: Keyver Ramírez y Ángel Betancourt.
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