Colombia
Ajiaco de langosta: cuando la confianza y la creatividad se convierten en enemigos de las artes por la falta de educación.
Estaba leyendo sobre una pequeña polémica que se dio en torno al “Ajiaco de Langosta”, un plato creación del Chef Fernando Arévalo con el que quería “darle otro toque” a la famosa receta Colombia. A la Chef Leonor Espinoza no le gustó para nada y aseguró que atentaba contra la tradición del plato típico. ¿Quién tiene la razón? ¿El sofisticado Chef visionario o la purista de la tradición? Que dilema el de las artes hoy en tiempo de la corrección política en donde todo vale y las artes son despreciadas y manipuladas solamente porque las personas piensan que “todo vale” o “todo es subjetivo”.
Las artes son una forma de expresión humana que abarca diversas manifestaciones estéticas, desde la pintura y la escultura hasta la literatura y la música. Sin embargo, a pesar de su valor cultural, histórico y social, las artes no suelen ser respetadas por las personas en general, hablan de ellas como si todos dominaran el conocimiento en esas áreas desde el momento en que nacen, cosa que no sucede con las matemáticas, el derecho o la medicina, disciplinas sobre las que uno no ve por ahí a todo el mundo opinando. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Qué factores influyen en la falta de respeto por las artes y en la proliferación de ideas empíricas que se defienden con vehemencia? ¿Qué necesidad tienen las personas de querer creer que dominan áreas que nunca han estudiado solo porque se prestan para análisis abiertos? Pareciera que si algo no es 2+2=4 entonces no existe.
Una posible explicación es que las artes son percibidas como algo subjetivo, relativo y dependiente del gusto personal, mientras que las ciencias son vistas como algo objetivo, universal y basado en la razón. Esta dicotomía entre lo subjetivo y lo objetivo se remonta a la Ilustración, el movimiento intelectual que exaltó la ciencia y la razón como fuentes de conocimiento y progreso, frente a la religión y la tradición. La Ilustración también estableció una jerarquía entre las artes y las ciencias, otorgando mayor prestigio y utilidad a estas últimas. Así, las artes quedaron relegadas a un plano secundario, como meros adornos o entretenimientos y este tipo de pensamiento se mantiene hasta hoy en día.
Otra posible explicación es que las artes son más accesibles y cercanas al público que las ciencias, lo que genera una falsa sensación de familiaridad y competencia, como cualquiera accede a la música, al cine, al teatro entonces claro, cualquiera puede hablar y dar su punto de vista y proclamarlo como verídico, cualquiera puede ver una obra de arte, leer un libro o escuchar una canción, pero no cualquiera puede resolver una ecuación, interpretar una ley o diagnosticar una enfermedad. Esto hace que las personas se sientan con más derecho a opinar sobre las artes que sobre las ciencias, sin tener en cuenta los criterios técnicos, históricos o estéticos que rigen cada disciplina artística, y para completar, las personas tienden a proyectar sus propias emociones, experiencias y valores en las obras de arte, lo que los lleva a defender sus opiniones con pasión e incluso con agresividad.
Y aun entendiendo todo lo anterior, estas explicaciones no son suficientes para entender la complejidad del fenómeno, hay que tener en cuenta también otras variables, como el contexto social, cultural y político en el que se producen y se consumen las obras de arte; el papel de los medios de comunicación y de las industrias culturales en la difusión y la valoración de estas; el grado de educación artística y de sensibilidad estética de los individuos; o la diversidad de teorías del arte que existen y que ofrecen diferentes perspectivas para analizar e interpretar el hecho artístico.
Hablemos de algunos hechos puntuales que ilustran este pensamiento, en el caso de la música el cuál es mi área de estudio:
El vallenato es un género musical tradicional de la región del Magdalena Grande, en el norte de Colombia, que se caracteriza por el uso del acordeón, la caja y la guacharaca, y por sus letras que narran historias de amor, desamor, alegría y tristeza, también una forma de comunicación oral que transmite la cultura, la identidad y los valores de las comunidades campesinas y urbanas que lo practican.
En 2015, la Unesco declaró al vallenato como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, reconociendo su importancia como expresión artística y social que contribuye a la cohesión y la diversidad cultural. Según la Unesco, el vallenato está en necesidad de salvaguardia urgente debido a las amenazas que enfrenta su viabilidad, como el conflicto armado, el narcotráfico, el desplazamiento forzado y la pérdida de espacios públicos para su interpretación.
Pero ¿para qué sirve que el vallenato sea patrimonio inmaterial de la humanidad? ¿Qué beneficios tiene esta declaración para el género musical y para las personas que lo cultivan? ¿Qué responsabilidades implica para el Estado y la sociedad civil?
Según los expertos la declaración de la Unesco tiene varios efectos positivos para el vallenato, entre ellos que le otorga un reconocimiento internacional y una visibilidad que puede favorecer su difusión y su valoración en otros contextos culturales o que le brinda una protección legal y moral que puede servir para prevenir o denunciar situaciones que atenten contra su integridad o su autenticidad entre otras cosas, pero entonces si vemos que nadie hace o dice nada cunado en el Festival Vallenato quieren contratar a Bad Bunny pensando más en la comercialización del evento que en salvaguardar el género protegido por la Unesco precisamente por los peligros que cosas así representan, nos damos cuenta que vivimos en un país de hipócritas en donde a pesar de que lo digan constantemente las artes no interesan sino el dinero, somos prostitutas artísticas, meros entretenedores, mercenarios de las artes.
Lo mismo sucede con varios festivales de los cuales hemos hablado cientos de veces como Rock al Parque, pero que parece que el nivel de pensamiento crítico de Colombia no ha sido capaz de entender. Cada vez que se hace una crítica al festival por el detrimento del género o la corrupción comprobada los músicos y personas piensan que se etá criticando la parte músical lo cuál los ha hecho pensar que defender que la cumbia eléctrica es igual que el rock, que representan lo mismo y alterados e inocentes se vuelven cómplices de la corrupción.
En 2013, Rock al Parque fue declarado patrimonio cultural de Bogotá por el Concejo Distrital, reconociendo su importancia como espacio de expresión artística, convivencia ciudadana y diversidad cultural. Según el acuerdo que lo declaró como tal, Rock al Parque debe garantizar la participación de las bandas locales, la calidad artística de las bandas invitadas, la inclusión de géneros afines al rock y la promoción de valores como la tolerancia, el respeto y la solidaridad pero esto señores, sencillamente no sucede, en este país nadie respeta el rock e incluso los ignorantes ahora llaman “la policía del Metal” a quienes puedan diferenciar un pasodoble de un punk, tal estupidez sería como llamar “la policía de las matemáticas” a una profesor que diga que 2+2 no puede ser 7 y no es una falacia de falsa equivalencia, es lo mismo, pero lo científico sí suena absurdo precisamente porque nadie respeta a las artes.
Y sucede en todas las prácticas, en la pintura, la escultura, el dibujo, la fotografía, el cine, que son artes que requieren de una técnica, de una estética y de una creatividad que las distinguen de otras formas de comunicación visual, hacer una película no es comprar una cámara y ya, montar una obra de teatro no es recitar un texto aprendido, que falta de educación la que hay en la gran mayoría sobre el tema.
El problema es que este fenómeno podría poner en riesgo la calidad y el valor de las artes, el empirismo es una actitud o una práctica que se basa en la experiencia personal y en la observación directa de la realidad, sin tener en cuenta los conocimientos teóricos o los criterios artísticos que rigen cada disciplina que puede ser visto como una forma de aprendizaje autodidacta, de experimentación libre o de expresión espontánea, pero también puede ser visto como una forma de ignorancia, de improvisación o de banalización y precisamente la sublimación de este empirismo en Colombia y en otros países en donde han hecho creer que “cualquiera es artista” el que ha generado conflictos o tensiones entre los diferentes actores involucrados en las artes como los artistas, los críticos, los curadores y los espectadores, por cuestiones de autoría, propiedad intelectual o representatividad, precisamente el darle poder a empíricos sin suficiente educación ha destruido nuestra cultura y nuestra políticas culturales, piense si lo hiciéramos con los médicos o los abogados, piensen en que cualquiera pudiera operarnos un tumor o defendernos en un juicio solo porque cree que lo puede hacer.
Tenemos que comenzar a demandar y exigir respeto por las artes, así como se exige por la política o por la responsabilidad de la información, el público y la población en general debe aprender a callar cuando no tenga la suficiente capacidad para abordar un tema y dejar de ser gestores de odio y de ignorancia. Esto no quiere decir que no se pueda dar una opinión sobre cualquier cosa, pero las personas también tienen que entender que la opinión es sencillamente eso, una opinión, un punto de vista personal que no tiene que ser impuesto como lo han hecho a punta de vetos, irrespetos e insultos a los ciudadanos. El problema no son las artes sino la mediocridad de las personas en ellas que están buscando como saquear dineros sin importarle ni siquiera un poco las prácticas artísticas.
Para terminar me gustaría recordar que un juez de la república de Colombia, rechazó una tutela para congelar o replantear el Festival Rock al Parque, después de que la controlaría de la república demostrara toda su corrupción en dos visitas fiscales que se pidieron por parte de Subterránica solamente porque el honorable no “sabía que era Rock”, dejando de nuevo que el festival se robara más de 15 mil millones de pesos al año, dándole la falsa imagen a las bandas de que tenían razón y dándoles a los músicos vía libre para seguir inscribiéndose y ser cómplices de corrupción y robos. Así de graves estamos, en donde “el artista” prefiere ignorar la deshonestidad con tal de sacar un pedazo del plato para un almuerzo y en donde la creatividad, la creación y la gestión fue relegada a un grupo de empíricos amigos unos de otros que saquean los erarios mientras el público en Internet los defiende y cree que quienes defienden a las artes son “retrógrados”, “radicales” y “pataletudos”.
Felipe Szarruk
Doctorando en Periodismo de la U.Complutense de Madrid, Magister en Estudios Artísticos, músico y comunicador social.
Colombia
La banda colombiana de Metal Hijos del Viento debutó en México frente a 100.000 personas en la Marcha para Jesús 2026
No todos los días una banda de metal cristiano colombiana se sube a un escenario en medio de una manifestación religiosa multitudinaria. Mucho menos frente a una audiencia cercana a las 100.000 personas reunidas en el corazón de Ciudad de México. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió con Hijos del Viento durante su presentación en la Marcha para Jesús 2026.
El concierto se trató de un hecho sin precedentes para el rock nacional. Al pisar el escenario del Zócalo capitalino, la banda no solo realizó su primera salida internacional, sino que se convirtió en la primera agrupación de metal cristiano de Colombia en alcanzar una audiencia de dimensiones colosales, superando las 100.000 personas, marcando un antes y un después en la historia del género en el país, demostrando que una propuesta de metal extremo con mensaje espiritual puede romper el techo de cristal y posicionarse en uno de los epicentros culturales más importantes del mundo.

El repertorio seleccionado para este bautizo de fuego internacional fue una muestra de contundencia y evolución artística. La banda abrió su set con la fuerza de “Martyrum” y “DISRUPT”, temas que retumbaron con una fidelidad técnica impecable desde el Ángel de la Independencia hasta los rincones más alejados de la plaza. La audacia de Hijos del Viento quedó de manifiesto al elegir este escenario masivo para estrenar dos piezas inéditas, “Soy” y “Noir”, demostrando una confianza absoluta en su nueva arquitectura sonora. A pesar de que el show debió terminar antes de lo previsto por razones logísticas, la intensidad desplegada en esos minutos bastó para dejar una marca imborrable en el público mexicano y en los miles de espectadores que siguieron la transmisión global.
El impacto del concierto generó un fenómeno mediático inmediato, alimentado por la capacidad de la banda para generar disrupción en un contexto masivo. Mientras las redes sociales se inundaban de comentarios sobre la potencia del sonido y la calidad de la ejecución, en la plaza se vivían momentos únicos de conexión, como grupos de danza que terminaron moviéndose al ritmo de los riffs, evidenciando que el metal, cuando se ejecuta con maestría, rompe cualquier barrera de prejuicio. Esta presentación no fue un evento fortuito, sino una declaración de principios; para los integrantes del grupo, el objetivo era claro, llevar un mensaje de revolución y confrontación, recordando que la esencia de su fe también reside en la disrupción de lo establecido.

Con este debut triunfal, gracias a la gestión de Independent Booking Artist Manager, Hijos del Viento establece un récord histórico para el metal cristiano colombiano, logrando lo que ninguna otra banda del género había alcanzado en la historia del país. Haber compartido tarima con referentes como Upperroom y conquistar a una multitud de seis cifras en su primera incursión fuera de Colombia, los posiciona como líderes de una nueva avanzada cultural. Este éxito en México no es solo un triunfo para la banda, sino una validación de que el metal hecho con convicción y profesionalismo desde Colombia tiene el poder de convocar multitudes y dejar una huella profunda en los escenarios más grandes del planeta.
Fotos por Edixon Sepúlveda.
Colombia
Danny Frati, el músico que hizo de la libertad su único horizonte
Hay artistas que parecen haber nacido con el sonido en la sangre. Danny Frati Celli es uno de ellos. Pero no se los digo como cliché sino como algo más profundo, es un músico de rock que entiende que la libertad no es un concepto abstracto, sino una frecuencia que se encuentra cuando uno se atreve a soltar el freno de mano y lanzarse al vacío al costo que sea.
Lo conocí anoche o mejor dicho lo entrevisté anoche, en una conversación que empezó como una charla sobre su música y terminó convirtiéndose en una reflexión sobre lo que significa realmente ser artista en un mundo que parece empeñado en domesticar el espíritu. Y sí, este artículo es, como deben ser los buenos perfiles, una crónica de ese encuentro y una reflexión sobre lo que encontré en esas preguntas.
Frati nació en San Juan, Puerto Rico hace algunos años, porque el dice que no tiene edad, que el tiempo es algo que no pasa, nació en una época donde la isla aún sonaba a Led Zeppelin, The Animals y otros que llegaba de los Estados Unidos. “Crecí escuchando rock en casa”, me dijo anoche, con esa voz que alterna entre la calma y la intensidad de quien ha encontrado su lugar en el mundo. “Mis padres me enseñaron que la música no era solo entretenimiento, era una forma de entender la vida”.
Para él la música no fue un camino fácil. En los años 90 el rock en Puerto Rico era un territorio en construcción y Danny comenzó su travesía con agrupaciones de amigos tocando covers e incluso su padre fue el primer productor de su primer concierto. Algo que lo marcó ya que por la recepción del público pensó que estaba en el camino correcto, era el primer paso hacia algo suyo, algo más personal, más honesto, porque su necesidad principal siempre ha sido la de tener un mensaje que dar..
Entre 2004 y 2009 se tomó un tiempo y en ese silencio, paradójicamente, encontró su voz. Se graduó como psicólogo, una profesión que, sospecho, le ha dado herramientas para entender la complejidad humana que luego vuelca en sus letras y así lanzó su primer trabajo como solista.
“La psicología me ayudó a entender que la música no es solo expresión, es también escucha”, decía mientras tomaba un trago en medio de la entrevista, solo uno porque tenía otras entrevistas temprano y esa responsabilidad para él es un mantra. “Aprender a escuchar a los demás y sobre todo a uno mismo, cambió por completo mi forma de componer”.
En 2025, Frati nos entregó Más Allá, un álbum que funciona como un viaje cronológico, una novela por entregas donde cada canción es un capítulo en la vida de un protagonista que decide cruzar sus propios límites.
“Quería hacer un álbum que se pudiera escuchar de principio a fin”, explicó Frati, “Un respiro entre la introspección y la euforia, una pausa luminosa dentro de una obra guiada por lo espiritual y lo íntimo”.
Y en ese viaje aparece “Hey, tú”, el sencillo que hoy suena en varias radios y medios independientes y que llegó al número uno en la emisora AzRock de Puerto Rico y que ha sido su carta de presentación en Colombia.

Con un riff que evoca el rock más clásico, “Hey, tú” es mucho más que una canción para escuchar solamente, s un llamado urgente a escapar de la rutina, una invitación a soltarlo todo y lanzarse al vacío.
El 13 de septiembre de 2025, el realizó su primera presentación en Colombia, en el marco de una gira que busca posicionar su propuesta en Suramérica en Dissonante Estudios. Y es que Frati no llegó a Bogotá solo a tocar sino a construir. Durante esa semana, participó en el Bogotá Music Market (BOmm) y visitó medios especializados como Oscura Radio TV, LAUD 90.4 FM, Radio UNAL y Libertadores Online.
Anoche, mientras hablábamos, entendí algo que me pareció genial, Frati no es solo un músico que hace rock sino una persona que vive intensamente con la creencia que la música es un vehículo de autorrealización y tiene claro que no debe depender de nada ni de nadie para conducirlo, la autogestión está siempre presente en todo lo que hace.
Y mientras escribo estas líneas, pienso en eso. En la valentía de empezar, en la libertad de lanzarse al mar sin saber si habrá olas o tormentas, en el rock como un eterno estado de búsqueda y eso conecta, porque muchos vivimos así o al menos tratamos de hacerlo.
Su canción “¿Dónde está el ayer?” es parte del compilado doble de Oscura Radio TV como invitado especial internacional en el disco. Los invito a escuchar su música, un artista que valora su libertad creativa y que ya no le tiene miedo al rock es digno de ser escuchado.
@felipeszarruk
Colombia
Rock al Parque anuncia fechas y cumple 30 años con la necesidad de saldar sus cuentas con el rock
Que bueno sería pensar que para la celebración de los 30 años de Rock al Parque, Idartes va a preparar una fiesta rockera real que honre al género en el país. Desde los años noventa hasta hoy, Colombia se ha convertido en una potencia mundial del Metal mientras el Rock sigue perdiendo terreno ante las “nuevas músicas colombianas” y la tropidelia. Sería genial pensar que lo que veremos es el retorno al rock y sus sonidos.
Lo que para Idartes es un anuncio de fechas, para la comunidad del rock nacional es un ultimátum histórico. La entidad ha confirmado que los próximos 10, 11 y 12 de octubre de 2026, el Parque Simón Bolívar recibirá la edición número 30 de Rock al Parque. Viéndolo de manera histórica, el festival más grande de la región no llega en su mejor momento de identidad, sino arrastrando una deuda profunda con el género que le da nombre.

Bajo el concepto oficial de “30 años, 30 ediciones, estremeciendo a Bogotá”, la dirección de Idartes pretende celebrar un hito, un hito que está más marcado por la ideología de contratistas y trabajadores de turno que tienen la idea que “la música es una” y siguen una agenda política que ha usado el festival tanto para vetar ideologías como el caso de “Gillman”, como para impulsar ideologías, entre ellas que la cumbia es el nuevo rock o que el vallenato de Celso Piña es “el rock de mi pueblo” o que los Gaiteros de San Jacinto son “rebeldes por naturaleza” etc. Entre muchas voces, sobre todo la nuestra, la denuncia ha sido sostenida, en los últimos 20 años, el festival ha sido de todo menos rock. La inclusión sistemática de propuestas de “tropidelia” y otros géneros que desdibujan la esencia del evento ha generado una crisis de representatividad que este aniversario está obligado a corregir, porque el cometido está logrado, ya en Colombia ni siquiera los músicos saben que es rock y eso en lugar de darnos identidad nos ha alejado aun más de la escena mundial.
Para la comunidad del rock y el Metal, celebrar 30 años no puede ser una sencilla fiesta de diversidad mal entendida sino la oportunidad imperativa de saldar las cuentas con el rock, el metal, el punk y el rock alternativo que fundaron las bases de este movimiento y que, edición tras edición, han sido desplazados por curadurías que parecen más interesadas en la tendencia tropical que en la fuerza del género.

El anuncio de María Claudia Parias, directora de Idartes, sobre las “miradas curatoriales” para 2026, pone el foco en una de las heridas más abiertas del festival, la idoneidad de quienes eligen las bandas. Subterránica ha sido enfática en exigir que para esta edición histórica debe haber una curaduría especializada, los encargados de la programación deben ser conocedores reales de la historia y técnica del rock, evitando que el festival termine convertido en una “verbena al parque” más. Se requiere claridad absoluta en los procesos de selección y en el manejo de los recursos públicos, garantizando que el presupuesto se invierta en traer leyendas y fortalecer a las bandas locales que sí representan el género, sin amiguismos ni sesgos ideológicos.
Tras años de denunciar la infiltración de ritmos ajenos, la expectativa para 2026 es que el cartel sea una declaración de principios. El rock bogotano no espera “experimentos sonoros” para sus 30 años; espera el regreso de la distorsión, la técnica y la altura internacional que perdió en las últimas dos décadas. Si bien el Idartes resalta el impacto económico y el derecho a la cultura, el sector del rock le recuerda a la institución que Rock al Parque es patrimonio vivo gracias a los músicos y al público que lo defendió cuando nadie creía en él, porque esto se les olvidó.
Llegar a las 30 ediciones es un logro de la ciudad, pero la verdadera celebración solo ocurrirá si Idartes entiende que el festival no le pertenece a la burocracia de turno, sino a una cultura que exige respeto. Bogotá ya tiene banda sonora para octubre de 2026 y la ciudadanía estará vigilante para que, por fin, esa banda sonora sea auténticamente Rock.
Fotos: Prensa Idartes.
-
Colombia3 semanas agoEstos son los nominados a la XVII Entrega de premios Subterránica 2026, edición: Constructores de sonidos y sociedad.
-
Colombia6 meses agoRock y Metal sin límites: 16 bandas colombianas que han sabido ir más allá de lo evidente
-
Festivales e Industria2 meses agoLatinoamérica prepara un choque bestial en Lima, estas son las doce bandas en la final regional de Wacken Metal Battle 2026
-
Colombia3 meses agoLas regiones se imponen en Bogotá: Athemesis y Altars of Rebellion ganan la final de Wacken Metal Battle en Colombia
-
Colombia3 meses agoEste es el TOP 50 de Rock y Metal colombiano 2025 para Subterránica
-
Colombia4 meses agoLo Mejor del Rock y Metal Colombiano en 2025 para Subterránica
-
Colombia6 meses agoLa trampa de la raíz: Cómo el “sonido local” nos desconectó del rock mundial.
-
Latinoamérica3 meses agoDiez medios y periodistas que hacen escena rock en un país donde casi no la hay

