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La mirada Subterránica

Las 10 bandas colombianas de Rock y Metal del 2022.

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Aún en el árido desierto del Rock y Metal colombiano es posible encontrar algunas joyas ocultas que han hecho su trabajo como se debe. Construir una banda constante en un país en donde el género es poco más que un chiste es una tarea titánica, porque además de ser músico es necesario adquirir una serie de habilidades extras para poder sortear literalmente “la vida”.

El Rock Colombiano ha tenido algunas épocas doradas, los años sesenta y setenta con las dos primeras generaciones y la explosión del género en el país fue una de ellas y la batalla por la identidad de los noventas de donde salieron excelentes trabajos con sonidos auténticos y personalidades notorias. De resto el rock colombiano ha navegado con muy pocos barcos y muchos de ellos viejos y maltrechos, usando las mismas armas que no hacen daño.

Pero hoy en día el panorama es aún más desalentador, en general, en Colombia no hay Rock y el Metal vino a ocupar su lugar llenando el corazón de quienes necesitan un sonido libre, rabioso y que sirva para identificarse, para ser parte de.

En el país actualmente hay más de cuatro mil bandas activas pero la mayoría se pierde en la subsistencia, en los tributos o sencillamente en el ensayo del sábado en la tarde porque no hay tiempo para nada más. Por eso, esta lista de 10 bandas (Que no son las únicas) es un respiro dentro el ahogo del rock estatal, del rock manipulado por el discurso del hambre, de la música arrodillada, un respiro a la mediocridad y que nos deja un mensaje claro: El rock colombiano vive, solo que casi nadie sabe dónde buscarlo.

Las siguientes son 10 bandas que colocan en alto el Rock y Metal Colombiano, de manera independiente, sonando muy bien y aportando música que es lo que en realidad importa, aportar música y no rencores, aportar música y no mendicidad, aportar música para mantener vivo lo que tanto amamos ya sea en grandes festivales, en parlantes o en bares a donde pertenece el rock.

1. Narcocracia

La sorpresa del año llegó con un grupo de personas que se unieron para protestar en contra de un país en decadencia, la diferencia con otras bandas de este corte es que lo hicieron desde los escenarios que otros desprecian y esto les dio una notoriedad inmediata. Finalistas absolutos y casi ganadores del Monster del Rock. Narcocracia posee un espectáculo en vivo impresionante, un front man con la fuerza suficiente para captar la atención en los primeros minutos y un discurso que no deja a nadie indiferente. Narcocracia terminó el año con su primera salida internacional y es de esperar que siga activo por mucho tiempo. El reto está en mantener la línea de discurso de manera consistente, aunque Colombia tiene material inagotable para esto.

2. Templa in Cinere

El Black Metal nacional está en un lugar privilegiado dentro de la escena actual, varios proyectos se destacan en el país, Templa in Cinere por su música y la gestión de banda, logra ser una de las diez de esta lista ondeando un género muy de nicho. La música se adecua a los estándares necesarios dentro del panorama internacional del Black, sumado a la solidez en el mensaje que proyectan y una imagen bien elaborada, les abrieron rápidamente el espacio en algunos escenarios importantes de largo alcance.

3. Surviving

Esta banda es tal vez una clase de lo que se puede llamar autogestión, su logro más grande es haberse mantenido durante ya un largo tiempo llevando a cabo un plan trazado que ha tomado varios pasos muy difíciles de dar. La trayectoria de Surviving va de la mano de la gestión cultural de su baterista Carlos Ortiz que no es cualquier cosa, este músico ha logrado crear espacios de circulación impresionantes, no solo para su proyecto sino para decenas de otros músicos y lo ha hecho sin necesidad de quitarle el dinero al estado o de clavarle ruanas a las bandas para hacerlas sentir “colombianas”. La banda se presentó en importantísimos eventos en 2022 y sigue con fuerza.

4. Morte Ascendo

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Si usted va a buscar esta banda por internet es probable que encuentre muy poco, es de las bandas que aun están en las sombras, que respiran en los bares y espacios alternativos. Tienen algo que pocas bandas nuevas logran conseguir y es un concepto, creado y basado en la mente de “huesos” su front man, quien además de la música explora con otros oficios como intervenir prendas, creaciones dramáticas, etc. Esta es una banda de horror-punk que está en esta recomendación, pero que para que usted la encuentre deberá salir y vivir los espacios del rock.

5. El piloto ciego

Aparecen y comienzan a girar por importantes escenarios de Antioquia, una banda de punk con tenacidad en las guitarras y una buena puesta en escena que la saca de las líneas del movimiento actual pero que, aun así, mantiene los más poderosos elementos del género.

6. Masacre

Lo que ha logrado esta agrupación en 2022 tuvo que haberlo hecho desde hace algunos años. La consolidación de la banda como un nombre importante en el panorama internacional, al menos a nivel continental es más que merecida. Masacre ha sido constante y honesta con lo que representan y cada paso dado no ha sido buscado sino entregado por mérito. Es hoy por hoy la banda de Metal más importante del país y tal vez la que va a figurar en ese escaño por mucho tiempo en la historia del rock colombiano.

7. Threshold End

¿Qué lleva a un artista a invertir y tomar en serio fuertemente un proyecto en un país en donde recuperar es tan dificil? Fácil, creer en uno mismo y lo que se hace. Esta banda nos ha acostumbrado además de su buen sonido a que las cosas deben hacerse bien o mejor no hacerse, nada de medias tintas. Han acompañado su trayectoria con el profesionalismo hacia el público, preocupados por entregarles siempre lo mejor que puedan hacer y eso las coloca en un lugar diferente.

8. Implosion Brain

Ser testigo del crecimiento musical de IB es ser testigo de un camino que pocas agrupaciones han podido consolidar. Su más reciente lanzamiento: “Circadian Grief” es una gran obra, las guitarras son increíblemente bien elaboradas y escritas. Es interesante imaginar el proceso creativo y de ensamble de este proyecto y es entendible que ante la carencia de espacios para el Metal y sus corrientes progresivas en el país no hayan dudado en buscar algunos espacios no tan sacros. Lo cierto es que cada día ganan más adeptos y que musicalmente son una de las banderas actuales del sonido bogotano.

9. SYRACUSÆ

Ganadores de Premio Subterránica esta banda fue elegida entre muchas para abrir el show de Gojira en Bogotá lo cuál nos llena de esperanza al saber que al menos alguna persona en el mainstream es sensata y no escogió a alguno de sus amigos para hacerlo. En cambio, merecidamente le dio el puesto a una agrupación de un sonido absolutamente diferente dentro de la escena colombiana, profesional y muy pasional lo que los convierte en tal vez una de las bandas de más proyección internacional del país.

10. Las tres piedras

Le tomó a los mal llamados medios especializados en el país descubrir esta agrupación de la ciudad de pasto, revelación desde hace algún tiempo y con una notoria participación en El Monster del Rock Subterránica, les tomó mucho tiempo hablar de ellos sencillamente porque estos medios especializados solo se especializan en cubrir Rock al Parque después de ciertas horas pero la verdad es que esta banda está haciendo bulla desde hace un rato y cada día evolucionan más, una de las mejores bandas del sur del país y que ojalá de ahora en adelante pueda tener más espacios en el espectro local.

Bonus: Camargo

A pesar de haber nacido en el país vecino, Camargo se ha convertido en un actor imprescindible del rock bogotano. Ganadores del Monster del Rock Subterránica la banda nos metió de lleno en un segmento del rock que parecía estar olvidado: ¡el divertido! Ese rock que hace bailar, que está dirigido a todo el público y no solo a los mechudos amargados de negro como lo somos casi todos. Camargo ha dominado las nuevas tecnologías en favor de un show fresco y lleno de energía, música pegajosa y por supuesto una cantidad de presentaciones que ganan cada día más adeptos.

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Colombia

Melenas de Leyenda que Cayeron

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El rock siempre ha tenido una relación íntima con la imagen. La melena larga, descuidada pero poderosa, ha sido durante décadas un símbolo de rebeldía, libertad y actitud. Sin embargo, detrás de guitarras distorsionadas, giras interminables y noches sin dormir, muchos rockeros han enfrentado una realidad menos glamorosa la pérdida de cabello a edades tempranas.

Para quienes leen Subterránica, aman la música, el buen rock y valoran una melena bien cuidada, hablar de calvicie no es un tema superficial. Es parte de entender cómo el cuerpo responde a la genética, al estilo de vida y al paso del tiempo, incluso cuando el espíritu sigue siendo joven y rebelde.

La calvicie temprana no es exclusiva del mundo del rock, pero sí se vuelve más visible en un entorno donde la imagen tiene tanto peso. Muchos músicos comenzaron a perder cabello entre los 20 y 30 años, justo cuando sus carreras despegaban y su identidad estética se consolidaba.

Rockeros calvos icónicos y cuándo empezó todo

La historia del rock está llena de figuras que enfrentaron la caída del cabello sin que eso apagara su impacto musical. Phil Collins, líder de Genesis, comenzó a mostrar una pérdida evidente en la coronilla desde sus primeros 30 años. Billy Corgan, mente creativa detrás de Smashing Pumpkins, empezó a perder cabello incluso antes de cumplir los 30, optando con el tiempo por el rapado como parte de su imagen.

Rob Halford de Judas Priest convirtió la cabeza rasurada en un sello visual que hoy es inseparable de su figura. Lars Ulrich, baterista de Metallica, mostró signos claros de adelgazamiento capilar desde mediados de sus 30. Joe Satriani, virtuoso de la guitarra, asumió la calvicie de forma natural desde joven, sin que eso afectara su estatus como ícono.

A esta lista se suman muchos otros nombres que marcaron generaciones: músicos que comenzaron con melenas abundantes y que, con los años, vieron cómo el cabello se transformaba. Las comparaciones de antes y después son comunes y muestran un patrón claro: la mayoría no perdió el pelo de la noche a la mañana, sino de forma progresiva.

Casos como Bruce Willis o Dwayne Johnson, aunque no estrictamente rockeros, ayudan a entender el fenómeno. Ambos comenzaron a perder cabello relativamente jóvenes y optaron por el rapado total, demostrando que la genética no distingue géneros musicales y que la pérdida capilar puede convertirse también en una decisión estética consciente.

Por qué los rockeros también pierden el cabello

La causa principal de la calvicie masculina es la alopecia androgénica. Este tipo de pérdida está directamente relacionada con la dihidrotestosterona, una hormona derivada de la testosterona que afecta a los folículos genéticamente sensibles. En la mayoría de los hombres, este proceso puede iniciar entre los 20 y 30 años.

En el mundo del rock, a los factores genéticos se suman otros elementos frecuentes. El estrés constante de las giras, los horarios irregulares, el sueño fragmentado y, en algunos casos, el consumo de alcohol u otras sustancias, pueden acelerar la caída. La nutrición deficiente durante largos periodos también influye en la salud capilar.

A pesar de esto, la tasa de calvicie entre músicos no es mayor que en la población general. Lo que cambia es la percepción. Muchos rockeros optan por soluciones discretas como pelucas, sistemas capilares, rapados estratégicos o procedimientos médicos, lo que hace que la calvicie sea menos evidente de lo que realmente es.

La melena rockera y el silencio alrededor de la caída

Existe una especie de pacto tácito en la escena musical. La pérdida de cabello rara vez se discute abiertamente. Para algunos artistas, asumirla fue parte de reinventarse visualmente. Para otros, fue un proceso privado. La presión por mantener una imagen coherente con el imaginario del rock hace que muchos busquen alternativas antes de mostrar la calvicie de forma abierta.

Esto no significa negación, sino adaptación. El rock siempre ha tratado de autenticidad, y para muchos músicos, aceptar los cambios físicos también es una forma de honestidad artística.

Opciones para cuidar la melena

Hoy existen múltiples tratamientos que permiten cuidar el cabello, frenar la caída o mejorar su densidad, sin perder la esencia rockera. El minoxidil, en loción o espuma, es uno de los más utilizados. Ayuda a estimular el crecimiento y a frenar la caída, especialmente cuando se inicia entre los 20 y 40 años.

Los tratamientos antiandrógenos como la finasterida o la dutasterida actúan bloqueando la hormona responsable de la miniaturización del folículo. Pueden utilizarse desde edades tempranas bajo supervisión médica y son una de las herramientas más efectivas para conservar cabello a largo plazo.

Para quienes prefieren opciones sin fármacos, los bioestimuladores como el plasma rico en plaquetas o los exosomas se han vuelto populares. Estas terapias utilizan factores del propio cuerpo para nutrir el folículo y mejorar su funcionamiento, siendo especialmente atractivas para músicos jóvenes y activos.

En casos donde la pérdida ya es avanzada, el implante capilar aparece como una alternativa definitiva para recuperar densidad manteniendo un aspecto natural, siempre que se realice con criterio estético y respeto por la identidad personal.

Rock, tiempo y decisiones

Perder cabello no hace a nadie menos rockero. La historia demuestra que la actitud, la música y la autenticidad pesan mucho más que una melena perfecta. Sin embargo, también es válido querer cuidarla, entender por qué se cae y conocer las opciones disponibles.

El rock no es negarse al tiempo, sino decidir cómo enfrentarlo. Algunos lo hacen con la cabeza rapada, otros conservando su cabello con tratamientos, y muchos reinventando su imagen sin perder un gramo de potencia sonora. Al final, la verdadera melena rockera es la que se lleva con seguridad, información y libertad.

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Colombia

Las regiones se imponen en Bogotá: Athemesis y Altars of Rebellion ganan la final de Wacken Metal Battle en Colombia

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Bogotá explotó en un acto de orgullo regional y entrega absoluta la noche del 17 de enero de 2026. Ace of Spades —el templo del rock en la capital— se llenó hasta la última gota para presenciar una final que no fue solo una competición, fue la constatación de que el metal colombiano tiene músculo, mapa y futuro. La cita era clara… ocho bandas, jurados de primer nivel y dos pasajes a la final regional en Lima, Perú.

Desde el primer riff quedó en evidencia que esto no iba de formatos ni de discursos sino de carácter. Onnix, Soul Disease, Souland, Athemesis, Riptor, Licantropía, Infested Co. y Altars of Rebellion representaron, cada una desde su ciudad, una porción del país que llegó a decir “aquí estamos”, el cartel habló de diversidad estilística y de escenas que crecieron en condiciones adversas para llegar a rendir con solvencia en una noche que exigía todo.

El jurado, conformado por figuras de peso en la música y la gestión —Jorge Burbano, Ángel Niño, Guillermo Moreno, Edixón Sepúlveda y Viviana Cabrera— dio el marco técnico y riguroso que merecía la competencia. Sus decisiones, combinadas con la voz del público —que fungió como un jurado más en la noche— definieron los puestos que quedarán en la memoria.

Cuando se anunció el podio la escena se movió. En tercer lugar quedó Riptor (Cali), una banda que confirmó su prestigio en la escena thrash/alternativa; en segundo lugar Altars of Rebellion (Pasto), veteranos que trajeron a Bogotá la experiencia y la furia que los caracteriza; y en primer lugar, Athemesis (Medellín), que se alzó con la victoria absoluta y el derecho a representar a Colombia en la final regional junto a Altars. Estos resultados fueron comunicados oficialmente en el escenario durante la ceremonia de cierre de la final por los jurados y el equipo de Metal Battle. El voto del público, algo muy interesante lo ganaron Infested Co. Y Licantropía, dos bandas que tienen una base sólida de seguidores que no cualquiera tiene.

La mecánica para este evento no es caprichosa sino dificil y de mucho rigor, esto no ha terminado, las dos bandas viajarán a Lima para disputar la final sudamericana, y de ese cruce saldrá la banda que tendrán la oportunidad de tocar en el Wacken Open Air en Alemania representando a los seis países de la región. Es decir lo que aquí se decidió no es un trofeo local; es una pasarela hacia el circuito global que comienza en este momento.

Más allá del resultado, lo que quedó en claro fue otra cosa, el país dejó de pensar en Bogotá como único eje. Las regiones se impusieron. Medellín, Pasto y Cali dieron muestras de cantera y oficio; Bogotá respondió con público y esfuerzo; y la final se convirtió en una radiografía del metal colombiano contemporáneo, feroz, diverso y profesional. Ese cruce territorial fue, quizá, el mensaje más contundente de la velada.

La producción y la logística —impulsadas por la organización regional y el equipo local en cabeza de Subterránica e Independent Booking Artist Manager— respondieron con precisión. Que la Embajada de Alemania y las estructuras oficiales miren con atención este circuito no es casual, aquí se construye una industria cultural que busca tránsito internacional sin abandonar su independencia. El evento lo confirmó con boletería llena, puntualidad y un cierre de lujo a cargo de Maskhera, invitada especial que coronó la noche.

Para las bandas finalistas —y para quienes compitieron en los heats durante meses— la jornada fue más que una oportunidad, fue la certificación de un trabajo de años. Viajes, ensayos en condiciones difíciles, inversión personal y noches de sala chica se convirtieron en la fórmula que permitió llegar hasta el Ace of Spades y pelear por representar al país. Ese sacrificio es, en el fondo, el verdadero combustible del metal nacional. Bbar y Ace of Spades representan el circuito bogotano que aguanta y que le da honor a rock colombiano.

La victoria de Athemesis y la presencia contundente de Altars of Rebellion como segunda fuerza confirman una tendencia, que el metal colombiano se organiza por regiones, con circuitos propios que ya no dependen exclusivamente de la capital. Esa descentralización es estratégica multiplica voces, itinerarios y posibilidades de exportación. Mañana, cuando las dos bandas lleguen a Lima, llevarán en la mochila no solo su repertorio, sino la representatividad de escenas enteras.

La noche del 17 de enero no terminó con una foto en la tarima nada más; terminó con un pulso nuevo. El metal colombiano demostró que tiene estructura para soñar en grande y músculo para competir fuera. Athemesis, Altars of Rebellion y Riptor se llevan hoy aplausos, pero también la responsabilidad de representar un continente que merece ser escuchado. Y el público que llenó Ace of Spades se va con la certeza de que, cuando las regiones se organizan, ninguna capital puede monopolizar la historia.

A todos !gracias! Nos vemos en Perú.

@felipeszarruk

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Colombia

¡Idartes es administrador, no curador! Así secuestran la Media Torta y otros escenarios culturales.

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Cualquiera que haya solicitado un escenario público sin participar en convocatorias en el país sabe de lo que va este artículo… son meses de pedir permisos, pasar proyectos, ir a reuniones para que dejen dejen usar algo que es de todos. Pero no, este país es tan amañado y tan deshonesto que no se logra tan fácil, tal vez para ellos es más importante que las bandas amigas agarren el escenario de sala de ensayos que otra cosa. ¿Por qué Idartes y las instituciones que gestionan la cultura en este país son tan corruptas? En estos días han publicado de nuevo varios episodios muy duros para ellos, por ejemplo en Instagram rueda un video en donde se denuncia el incumplimiento en los pagos a contratistas y en los diarios están pidiendo explicaciones por nepotismo y contratos amañados… otra vez.

Pero el problema también son los artistas, los arrodillados… hasta aquí este artículo puede parecer “solo” otro conflicto político entre un gestor incómodo y una entidad cultural, eso que los ignorantes y cómplices llaman “una pataleta”. Pero el problema no es sentimental ni estético, es jurídico y eso es lo que la ignorancia colombiana no ha querido entender ni lo hará jamás. Cuando una entidad pública se apropia de un escenario cultural como si fuera suyo, restringe el acceso a quien le incomoda y administra recursos públicos en función de afinidades políticas, deja de cumplir su función legal y entra en terreno de desviación de poder, vulneración de derechos colectivos y posible corrupción administrativa. ¿Pero a ustedes no les interesa verdad? Porque lo saben, saben que esto es real, pero si pelean entonces se quedan sin el recurso, porque casi todo artista nacional es mendigo del Estado.

La Constitución colombiana es clara, los bienes de uso público, es decir las calles, plazas, parques y por extensión los equipamientos culturales destinados al uso común son inalienables, imprescriptibles e inembargables. El Consejo de Estado ha dicho que cualquier decisión que restrinja su destinación al uso común o excluya a algunas personas del acceso crea privilegios indebidos y vulnera el derecho colectivo al goce del espacio público. Eso incluye casos en los que una autoridad cierra o restringe un bien de uso público para favorecer intereses particulares, como ocurrió cuando una vía fue bloqueada para beneficio de una empresa privada y la justicia ordenó reabrirla mediante acción popular. Pero ustedes como les digo nuevamente son borreguitos arrodillados lo que hacen es callar y aguantar, llenar formularios y rezar para ser escogidos por la dictadura cultural.

En cultura, la Ley 397 de 1997 va más lejos, ordena al Estado “garantizar el acceso de todos los colombianos a la infraestructura artística y cultural” y asegurar que los ciudadanos puedan acceder a manifestaciones, bienes y servicios culturales “en igualdad de oportunidades”. No habla de “amigos del poder”, ni de “aliados del programa”. Habla de todos.

Cuando Idartes administra la Media Torta o el Jorge Eliécer Gaitán de modo que ciertos gestores o escenas nunca logran usar esos espacios, pese a cumplir condiciones técnicas y artísticas, está rompiendo el principio de igualdad en el acceso a la infraestructura cultural. Y cuando eso recae, de manera sistemática, sobre una persona o colectivo crítico de la institución, el asunto deja de ser un simple mal manejo administrativo y se acerca a una vía indirecta de censura. ¿Cómo hacerle entender esto a un colombiano?

La Corte Constitucional ha sido contundente frente a las “vías o medios indirectos” de restricción a la libertad de expresión, negar licencias, concesiones o accesos a recursos públicos con el propósito abierto o encubierto de silenciar voces críticas constituye una forma de censura prohibida por el artículo 20 de la Constitución y por la Convención Americana de Derechos Humanos. En una sentencia sobre un canal de televisión al que el gobierno intentó ahogar mediante decisiones administrativas, la Corte describió este mecanismo así:

“Se prohíbe el empleo de vías o medios indirectos para restringir la comunicación y difusión de ideas y opiniones, pues pueden generar un efecto disuasivo e inhibidor sobre quienes ejercen la libertad de expresión, impidiendo el debate público”.

Cambie “canal” por “teatro público” y la lógica es exactamente la misma.

Habría que hacerle un tatuaje en el cerebro de cada habitante de esta tierra que diga “Idartes es un administrador, no un curador” pero ya es tarde… ya los tienen a todos pastando.

En el derecho administrativo existe una figura llamada desviación de poder que sucede cuando una autoridad usa sus competencias legales para un fin distinto al previsto por la ley. Si Idartes tiene la competencia para asignar la Media Torta, el fin previsto es garantizar el acceso equitativo a un equipamiento cultural público. Si, en la práctica, usa esa competencia para castigar o excluir a un gestor crítico, se configura una desviación de poder sancionable.
El Consejo de Estado y la Corte Constitucional han dicho hasta el cansancio que la desviación del fin en el uso de bienes públicos puede vulnerar varios derechos colectivos, entre ellos, el goce del espacio público, la defensa y utilización de los bienes de uso público y la moralidad administrativa.

La moralidad administrativa no es una invención como sí lo son las políticas culturales absurdas, la moralidad exige que los funcionarios gestionen recursos públicos de forma imparcial, transparente y ceñida a la finalidad del bien. Cuando un escenario financiado con impuestos se entrega selectivamente a ciertos proyectos y se niega sistemáticamente a otros por razones políticas, esa moralidad se quiebra. No hace falta robarse un peso, basta con usar el poder discrecional como arma.

En el plano disciplinario, la reiteración de negativas arbitrarias también puede configurar falta grave de los funcionarios responsables, al vulnerar principios de igualdad, imparcialidad y finalidad del gasto público. La Procuraduría y las personerías han investigado en otros contextos actos similares: cierre de parques, privatización encubierta de espacios públicos, entrega sesgada de contratos. La cultura no debería ser excepción. Pero ya todos conocen las técnicas de Idartes, Sayco (Privada), Mincultura y otros al usar triquiñuelas para salirse por la tangente como publicar pendejadas en portales de noticias falsas, negar a sus empleados usando el esquema de “contratistas” o reclamar que “les están dañando el nombre”. Patético.
Lo que ocurre con la Media Torta, el Jorge Eliécer o el Colón no es solo un problema de programación; es algo más profundo, se trata de la captura institucional de la cultura por parte de una élite burocrática que decide quién puede existir en el espacio público financiado por todos. Osea operan como una mafia. Normal acá.

La ley dice que los escenarios son de todos; la práctica los convierte en territorio de unos pocos. Esa fractura entre norma y realidad no es un simple descuido: es una forma sofisticada de corrupción política, donde el botín no son ladrillos ni contratos de cemento, sino la capacidad de decidir qué se ve, qué se escucha y qué se recuerda.

Frente a eso, el periodismo cultural tiene una tarea incómoda, dejar de tratar a Idartes y a las demás instituciones como mecenas intocables y empezar a narrarlas como lo que son, administradores de bienes públicos sujetos a escrutinio jurídico y ético. No basta con cubrir festivales; hay que cubrir también cómo se decide quién entra y quién queda afuera. Pero en Colombia el periodismo es un inodoro, un hervidero de oportunistas sin criterio que están también al servicio de quien les puede dar un peso para comer.

Porque cada vez que una entidad pública le cierra la puerta de un teatro a un gestor incómodo, no solo viola la ley y los derechos colectivos, nos recuerda que en Colombia la censura ya no necesita tijeras. Le basta con un escenario vacío, un correo sin respuesta y un funcionario que, desde su escritorio, se cree dueño de lo que en realidad pertenece a todos.

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