La mirada Subterránica
Las 10 bandas colombianas de Rock y Metal del 2022.
Aún en el árido desierto del Rock y Metal colombiano es posible encontrar algunas joyas ocultas que han hecho su trabajo como se debe. Construir una banda constante en un país en donde el género es poco más que un chiste es una tarea titánica, porque además de ser músico es necesario adquirir una serie de habilidades extras para poder sortear literalmente “la vida”.
El Rock Colombiano ha tenido algunas épocas doradas, los años sesenta y setenta con las dos primeras generaciones y la explosión del género en el país fue una de ellas y la batalla por la identidad de los noventas de donde salieron excelentes trabajos con sonidos auténticos y personalidades notorias. De resto el rock colombiano ha navegado con muy pocos barcos y muchos de ellos viejos y maltrechos, usando las mismas armas que no hacen daño.
Pero hoy en día el panorama es aún más desalentador, en general, en Colombia no hay Rock y el Metal vino a ocupar su lugar llenando el corazón de quienes necesitan un sonido libre, rabioso y que sirva para identificarse, para ser parte de.
En el país actualmente hay más de cuatro mil bandas activas pero la mayoría se pierde en la subsistencia, en los tributos o sencillamente en el ensayo del sábado en la tarde porque no hay tiempo para nada más. Por eso, esta lista de 10 bandas (Que no son las únicas) es un respiro dentro el ahogo del rock estatal, del rock manipulado por el discurso del hambre, de la música arrodillada, un respiro a la mediocridad y que nos deja un mensaje claro: El rock colombiano vive, solo que casi nadie sabe dónde buscarlo.
Las siguientes son 10 bandas que colocan en alto el Rock y Metal Colombiano, de manera independiente, sonando muy bien y aportando música que es lo que en realidad importa, aportar música y no rencores, aportar música y no mendicidad, aportar música para mantener vivo lo que tanto amamos ya sea en grandes festivales, en parlantes o en bares a donde pertenece el rock.
1. Narcocracia
La sorpresa del año llegó con un grupo de personas que se unieron para protestar en contra de un país en decadencia, la diferencia con otras bandas de este corte es que lo hicieron desde los escenarios que otros desprecian y esto les dio una notoriedad inmediata. Finalistas absolutos y casi ganadores del Monster del Rock. Narcocracia posee un espectáculo en vivo impresionante, un front man con la fuerza suficiente para captar la atención en los primeros minutos y un discurso que no deja a nadie indiferente. Narcocracia terminó el año con su primera salida internacional y es de esperar que siga activo por mucho tiempo. El reto está en mantener la línea de discurso de manera consistente, aunque Colombia tiene material inagotable para esto.
2. Templa in Cinere
El Black Metal nacional está en un lugar privilegiado dentro de la escena actual, varios proyectos se destacan en el país, Templa in Cinere por su música y la gestión de banda, logra ser una de las diez de esta lista ondeando un género muy de nicho. La música se adecua a los estándares necesarios dentro del panorama internacional del Black, sumado a la solidez en el mensaje que proyectan y una imagen bien elaborada, les abrieron rápidamente el espacio en algunos escenarios importantes de largo alcance.
3. Surviving
Esta banda es tal vez una clase de lo que se puede llamar autogestión, su logro más grande es haberse mantenido durante ya un largo tiempo llevando a cabo un plan trazado que ha tomado varios pasos muy difíciles de dar. La trayectoria de Surviving va de la mano de la gestión cultural de su baterista Carlos Ortiz que no es cualquier cosa, este músico ha logrado crear espacios de circulación impresionantes, no solo para su proyecto sino para decenas de otros músicos y lo ha hecho sin necesidad de quitarle el dinero al estado o de clavarle ruanas a las bandas para hacerlas sentir “colombianas”. La banda se presentó en importantísimos eventos en 2022 y sigue con fuerza.
4. Morte Ascendo

Si usted va a buscar esta banda por internet es probable que encuentre muy poco, es de las bandas que aun están en las sombras, que respiran en los bares y espacios alternativos. Tienen algo que pocas bandas nuevas logran conseguir y es un concepto, creado y basado en la mente de “huesos” su front man, quien además de la música explora con otros oficios como intervenir prendas, creaciones dramáticas, etc. Esta es una banda de horror-punk que está en esta recomendación, pero que para que usted la encuentre deberá salir y vivir los espacios del rock.
5. El piloto ciego
Aparecen y comienzan a girar por importantes escenarios de Antioquia, una banda de punk con tenacidad en las guitarras y una buena puesta en escena que la saca de las líneas del movimiento actual pero que, aun así, mantiene los más poderosos elementos del género.
6. Masacre
Lo que ha logrado esta agrupación en 2022 tuvo que haberlo hecho desde hace algunos años. La consolidación de la banda como un nombre importante en el panorama internacional, al menos a nivel continental es más que merecida. Masacre ha sido constante y honesta con lo que representan y cada paso dado no ha sido buscado sino entregado por mérito. Es hoy por hoy la banda de Metal más importante del país y tal vez la que va a figurar en ese escaño por mucho tiempo en la historia del rock colombiano.
7. Threshold End
¿Qué lleva a un artista a invertir y tomar en serio fuertemente un proyecto en un país en donde recuperar es tan dificil? Fácil, creer en uno mismo y lo que se hace. Esta banda nos ha acostumbrado además de su buen sonido a que las cosas deben hacerse bien o mejor no hacerse, nada de medias tintas. Han acompañado su trayectoria con el profesionalismo hacia el público, preocupados por entregarles siempre lo mejor que puedan hacer y eso las coloca en un lugar diferente.
8. Implosion Brain
Ser testigo del crecimiento musical de IB es ser testigo de un camino que pocas agrupaciones han podido consolidar. Su más reciente lanzamiento: “Circadian Grief” es una gran obra, las guitarras son increíblemente bien elaboradas y escritas. Es interesante imaginar el proceso creativo y de ensamble de este proyecto y es entendible que ante la carencia de espacios para el Metal y sus corrientes progresivas en el país no hayan dudado en buscar algunos espacios no tan sacros. Lo cierto es que cada día ganan más adeptos y que musicalmente son una de las banderas actuales del sonido bogotano.
9. SYRACUSÆ
Ganadores de Premio Subterránica esta banda fue elegida entre muchas para abrir el show de Gojira en Bogotá lo cuál nos llena de esperanza al saber que al menos alguna persona en el mainstream es sensata y no escogió a alguno de sus amigos para hacerlo. En cambio, merecidamente le dio el puesto a una agrupación de un sonido absolutamente diferente dentro de la escena colombiana, profesional y muy pasional lo que los convierte en tal vez una de las bandas de más proyección internacional del país.
10. Las tres piedras
Le tomó a los mal llamados medios especializados en el país descubrir esta agrupación de la ciudad de pasto, revelación desde hace algún tiempo y con una notoria participación en El Monster del Rock Subterránica, les tomó mucho tiempo hablar de ellos sencillamente porque estos medios especializados solo se especializan en cubrir Rock al Parque después de ciertas horas pero la verdad es que esta banda está haciendo bulla desde hace un rato y cada día evolucionan más, una de las mejores bandas del sur del país y que ojalá de ahora en adelante pueda tener más espacios en el espectro local.
Bonus: Camargo
A pesar de haber nacido en el país vecino, Camargo se ha convertido en un actor imprescindible del rock bogotano. Ganadores del Monster del Rock Subterránica la banda nos metió de lleno en un segmento del rock que parecía estar olvidado: ¡el divertido! Ese rock que hace bailar, que está dirigido a todo el público y no solo a los mechudos amargados de negro como lo somos casi todos. Camargo ha dominado las nuevas tecnologías en favor de un show fresco y lleno de energía, música pegajosa y por supuesto una cantidad de presentaciones que ganan cada día más adeptos.
Colombia
Ultra Lagends y la puta escena tóxica
Solo existe un tipo de persona de un nicho muy específico al que le importaría quien carajos son “Ultra Legends” el acto anunciado para abrir el concierto de Slayer en Colombia… a la escena tóxica del rock colombiano, a nadie más.
A nadie en realidad le interesa si es la banda del hijo de dueño de Move, si es otra banda de leyendas autoproclamadas que se “reúne” (Como Slayer) o si sencillamente pagaron para estar allá. Al público y al universo le vale verga, solo al rockero y metalero envidioso, egoísta y desagradecido le duele. ¿Por qué? Porque cada uno en su cabeza piensa que “él” tiene que abrir ese concierto y que nadie más en el planeta lo merece, porque “él” is the only one, el elegido.
Y yo sé lo que muchos van a decir y pensar de este tipo de artículos, pero no importa, resbala. Nosotros acá amamos el rock, sobre todo el rock nacional, nunca hemos vivido de él, pero sí para él, casi un cuarto de siglo dándole y entregándole todo apostando por una escena en pedazos, si eso no es amor entonces no sé que es. Pero el músico de rock colombiano aun tiene mucho que aprender para poder entender las normas más básicas de la industria del entretenimiento (Porque la de la música ya murió) Y la primera regla es “no se pisen las mangueras entre ustedes”; las otras básicas pueden ser “sean honestos”, “amárrense el hocico y pónganse a tocar” y “sean agradecidos por los que hemos decidido comer mierda toda la vida solo por amor al arte”, porque la verdad sea dicha señores, ustedes no producen sino gastos y enemigos. Esa es la realidad. No son todos, en Colombia hay músicos y seres humanos increíbles, bandas talentosas y trabajadoras que producen excelente música, son la mayoría… Pero sí hay un pequeño nicho de hijos de puta que son muy fáciles de reconocer, generalmente son los parásitos del Estado que aparecen solamente en cada afiche donde dice “cultura local” o con los logos institucionales y que despotrican de todo lo que no le hieda a burocracia o que se vuelven enemigos cuando les dan un contratico estatal.
Y sí, les hablo de los mismos rockeros y metaleros que insultan y hacen memes de cualquier persona que haga algo por ellos que no sea del gobierno, y es lo único que producen porque de música más bien poca y mediocre, porque algunos rockeros y metaleros colombianos son arrodillados al gobierno, a las marcas, a los mafiosos… el único país del planeta tierra donde tenemos “punk anarquista estatal” que se suben a la tarima a putear a la policía y al gobierno, pero les cobran el cheque por hacerlo. Estos rockeritos quieren todo, pero no tienen nada que ofrecer, conciertos de cinco bandas con cuatro boletos vendidos, por eso saben que la única forma que tienen de almorzar es someterse como borregitos al estado o a alguna marca grande que los use. Normaaaaal, la escena del rock colombiano es la más tóxica y miserable de la tierra y eso que hay algunas que se pasan de calibre, pero lo que sucede acá es de antología.
¿Les duele? ¿Los ofende? La verdad duele, pero se entiende que tal vez en este momento, es sus egos, sus micromundos y sus sabias mentes iluminadas por un rayo que cae sobre sus cabezas directo del cielo, lo negarán, dirán de todo, me insultarán de nuevo y seguirán sus vidas en sus yates y carros de lujo, es sus mansiones comiendo manjares, disfrutando de sus ventas y discos de oro y los que no puedan pues seguirán hablando mal de todos y llenando formularios como perros. ¿El meme? El meme son ustedes, ese tipo de músico que desafortunadamente existe… eso si da risa.
Usemos esas cabeza hermosas e inteligentísimas que tienen para preguntarnos ¿Por qué el rock y el metal de Colombia no han podido triunfar en el mundo? No es solo falta de apoyo, es autodestrucción, es malo, no está a la altura, los músicos solo saben insultar y no hacen música y las buenas bandas, bueno, hacen lo mismo que ya se hizo hace 30 años, muy poca innovación y afuera odian las papayeras eléctricas.
Hay una sensación de vacío que invade a los músicos después de un evento grande, pero también a los promotores independientes… es una especie de depresión ¿La han sentido? Obvio. A los músicos les da porque se dan cuenta que al regresar a la realidad que el mundo sigue, las deudas siguen, que tal vez se gastaron de más en el evento y que al final no cambió su vida, siguen siendo el mismo grupo de manes que tiene que agarrar el Transmilenio para ir a casa porque no hay para el Uber. Y para los promotores es peor, porque a pesar del éxito o magnificencia de lo que se refleja en redes, lo único que gana es una guerra de insultos y degradación por su trabajo, porque dinero no, el rock colombiano es una quiebra, lo sabe cualquiera que haya medio organizado un evento. Esa es la dinámica de esa escena colombiana, es una peste tóxica.
Pensemos en los grandes, en el imaginario del “rock mundial”, los nombres que vienen a la mente son anglosajones, británicos o, en el peor de los casos, argentinos o mexicanos. Colombia, tiene cientos de bandas, de hecho, es una de las escenas más grandes del mundo, solo en la base de datos de Subterránica tenemos más de 7 mil bandas, ¿Cuántas activas? No se sabe porque cada día se retiran al menos 20, cansados de no lograr nada. Pero al menos 4 mil activas sí habrá. Pero este paisito brilla por su ausencia en el mapa global y esto tiene razones de peso. No nos engañemos, no ha sido solo culpa de la industria internacional ni del “destino”. El verdadero freno para el rock colombiano ha sido endémico, es el mismo músico el que se cagó en el rock y el Metal, sumado a sus fans que solo sirven para escupir mierda en las redes pero jamás para ir a pagar un boleto para verlos, a menos que sea como van a ir a ver a Ultra Legends, porque medio millón de pesos si tienen para ir a ver a Slayer, pero 20 lukitas pero ir a verlos a ustedes olvídense, preferible gastarlos en una felpa de perico… una mezcla de egos desmedidos, envidia profesional, una dependencia enfermiza del estado y la creación de micro-mundos de “fama” que, honestamente… son ridículamente pequeños.
Y lo más patético de todo es que ustedes lo saben. Lo saben cuándo están borrachos en un bar después de haber tocado para ocho personas, de las cuales seis eran las novias de la banda. Lo saben cuándo revisan Instagram a las 2 a.m. y ven que el video de un tipo haciéndose el loco con un termo les gana en vistas. Lo saben, pero les importa más putear al que “logró algo” que arreglar su propio desastre.
Ahí es donde entra “Ultra Legends”. No importa quiénes sean. Puede ser cualquiera, una tremenda banda que no conocemos o tres tipos disfrazados de Slipknot. El problema no es la banda. El problema es el espejo. Porque el rockero colombiano, el metalero de Twitter y el “crítico de la escena” que no ha publicado un disco en diez años, prefieren creer que el mundo les debe algo. Que hay una conspiración. Que “todo está comprado”. Y la verdad es mucho más simple y mucho más cruda:
No son lo suficientemente buenos.
No por falta de técnica, les sobran dedos, les sobra equipo endeudado, les sobra actitud para la foto con los brazos cruzados en el festival gratuito soñando que el público es de ellos. Pero les falta canción, les falta carisma fuera del escenario, les falta entender que el “rock mundial” no es una meritocracia pura, pero tampoco es una guardería para ardidos. Nadie va a venir a buscarlos a Soacha o a Envigado para darles un contrato millonario solo porque llevan diez años tocando en el mismo sótano. El rock colombiano no triunfa en el mundo porque el mundo olfatea la desesperación y la resentiditis crónica. Porque afuera, cuando una banda sale, al menos fingen que se quieren. Aquí ustedes se muerden los puños antes de subir al escenario.
¿Y el público? El público es la otra cara de la misma moneda podrida. El público colombiano no va a ver bandas locales no porque “suene feo” (hay bandas increíbles), sino porque ir a verlos no les sube el ego, no es “estatus”. Prefieren pagar medio millón para ver a Slayer y sentirse parte de algo grande, que pagar veinte lucas para ser testigos de algo que podría ser grande, pero que todavía está pariéndose entre insultos en redes. La escena tóxica colombiana es una decisión colectiva. Un pacto de mediocridad donde lo único que importa es quién se cayó más fuerte, no quién llegó más lejos.
Mientras ustedes sigan creyendo que “Ultra Legends” les robó algo que nunca tuvieron, el rock colombiano seguirá siendo ese inodoro que ustedes mismos decoraron con calcomanías de bandas que sí supieron crecer. Y la próxima vez que un hijo de puta como yo les escupa esta verdad, van a hacer lo mismo que siempre, llorar en sus grupos de WhatsApp, bloquearme, y quedarse tan tranquilos… esperando el próximo concierto gringo para volver a sentirse vivos por una noche.
¿Y el mundo? El mundo sencillamente pasó de largo, porque nadie tiene tiempo para escuchar a un montón de tipos que se odian entre ellos más de lo que aman hacer canciones y esa es la puntilla final… el rock y el metal colombiano no han fracasado por falta de talento ni por culpa del imperio anglosajón, han fracasado porque se convirtieron en una secta ridícula de egos inflados que prefieren ser reyes de un basurero a ser aprendices en una industria de verdad, así que mientras no entiendan que el éxito no se mendiga en una convocatoria del estado ni se roba pisoteando al de al lado, seguirán exactamente dónde están, celebrando sus propios funerales disfrazados de toques, creyéndose unos capos cuando en realidad, lo más lejos que ha llegado el rock colombiano es a la esquina de su propia soberbia.
Colombia
Músico de la agrupación Hades se debate entre la vida y la muerte por presunta negligencia de Capital Salud en hospital de Engativá en Bogotá.
Joaquín Betancourth, miembro de la banda Hades, permanece en estado crítico en el Hospital de Engativá. Su entorno asegura que la EPS Capital Salud no ha autorizado una intervención quirúrgica necesaria para salvar su vida, lo que ha desatado una denuncia pública en redes sociales y medios de comunicación.
Joaquín Betancourth, lleva al menos 15 días en el centro asistencial esperando la autorización de la cirugía, según reveló un amigo cercano del artista a través de plataformas digitales. La publicación, que ha sido compartida masivamente, acusa a la EPS Capital Salud de obstaculizar el procedimiento y pone en riesgo la estabilidad del paciente.
La denuncia específica que la negativa a programar la operación constituye un acto de negligencia. El hospital cuenta con la voluntad de realizar el procedimiento, pero las trabas administrativas impuestas por la empresa promotora de salud habrían frenado la acción médica. El entorno del afectado ha solicitado la intervención inmediata de las autoridades de salud para evitar un desenlace fatal.
Hasta el cierre de esta edición, ni Capital Salud ni el Hospital de Engativá habían emitido un comunicado oficial sobre el estado de salud de Betancourth ni sobre los motivos específicos que impiden la realización de la cirugía. La Superintendencia Nacional de Salud cuenta con mecanismos de tutela y procedimientos de vigilancia para estos casos, pero la familia del músico insiste en que la emergencia no admite más demoras administrativas.
La comunidad musical y los seguidores de la banda han iniciado una cadena de solidaridad para presionar a las entidades responsables, exigiendo que la vida del artista prevalezca sobre los procesos burocráticos del sistema de salud. Se espera que en las próximas horas la EPS Capital Salud se pronuncie oficialmente o que un juez ordene la protección inmediata del paciente mediante una acción de tutela.
Joaquín Betancourth permanece en estado crítico en el Hospital de Engativá y su vida corre peligro porque la EPS Capital Salud se niega a autorizar la operación que necesita con urgencia. Este caso no es una excepción en un sistema de salud colombiano que ha sido señalado una y otra vez por su incapacidad para proteger la vida de los pacientes. Según datos de la Superintendencia Nacional de Salud, en el último año se registraron 290.386 reclamos relacionados con negación de medicamentos, entrega tardía o incompleta de servicios médicos, lo que representa el 18 por ciento del total de quejas en el sistema. Detrás de cada uno de esos números hay una historia de dolor, de espera y muchas veces de muerte.

La EPS Capital Salud, precisamente la entidad que tiene en sus manos el destino de Joaquín Betancourth, aparece en el centro de este escándalo. De acuerdo con cifras de la Superintendencia presentadas por el propio presidente Gustavo Petro, Capital Salud registra una tasa de 580,88 reclamos por cada 10.000 afiliados, ubicándose entre las EPS con peores indicadores del país. Esa no es una estadística menor cuando vidas como la de Betancourth están en juego.
Y mientras un músico agoniza en una cama de hospital esperando una autorización, la entidad que debería vigilar el sistema ha tambaleado por sus propios escándalos de corrupción e inoperancia. La Superintendencia Nacional de Salud fue señalada por la Procuraduría por presuntamente falsear actas para intervenir a la Nueva EPS, dejando a 11,5 millones de afiliados en un vacío legal y administrativo que pone en evidencia la fragilidad de la institucionalidad. Las deudas de esa EPS bajo control estatal se dispararon a 26 billones de pesos mientras los funcionarios encargados de vigilar no cumplían ni siquiera con los requisitos mínimos de idoneidad.
El Ministerio de Salud tampoco escapa a las críticas. La representante a la Cámara Catherine Juvinao radicó una moción de censura contra el ministro Guillermo Alfonso Jaramillo por su actitud displicente e inoperante ante la grave crisis en el acceso a medicamentos y servicios de salud. La moción señala que la tutela ha dejado de ser un mecanismo excepcional para convertirse en un instrumento ordinario para obtener lo que el sistema debería suministrar de manera automática, una evidencia irrefutable de que el derecho a la salud es papel mojado si no hay quien lo haga cumplir.
El ministro Jaramillo enfrenta además un posible desacato por incumplir una tutela relacionada con la falta de respuestas a peticiones de información, un patrón de conducta que se repite en distintas instancias del sector. Los sindicatos que impulsan el proceso señalan que la entidad no ha remitido respuestas completas ni aportado los documentos ordenados por el juez, demostrando una vez más que la ley se doblega ante la burocracia y la indolencia.
Ni siquiera las decisiones de la Corte Constitucional han sido suficientes para corregir el rumbo. El máximo tribunal ha tenido que dejar sin efectos intervenciones de EPS como la de Sanitas por violaciones al debido proceso, y las irregularidades en la cadena de mando de la Superintendencia han sido documentadas por distintos organismos de control. El sistema de salud colombiano parece diseñado para que los pacientes paguen con su vida los errores de administradores ineficientes y funcionarios corruptos.

Joaquín Betancourth puede salvarse. Su vida y su caso puede tener un desenlace distinto al de Kevin Acosta, el niño hemofílico que murió por falta de acceso a medicamentos y cuyo caso conmovió al país y desencadenó la moción de censura contra el ministro. Pero la ventana de oportunidad se cierra con cada hora que pasa sin que la EPS Capital Salud autorice la cirugía, sin que la Superintendencia intervenga con la urgencia que el caso requiere y sin que el Ministerio de Salud actúe con la contundencia que la situación demanda.
Es inaceptable que un hombre que ha dedicado su vida al arte, que ha llevado música y cultura a los colombianos, tenga que mendigar por una cirugía que literalmente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Es inaceptable que su familia y sus amigos tengan que acudir a la denuncia pública porque el sistema está diseñado para ignorar a los ciudadanos cuando más lo necesitan. Es inaceptable que se hayan reportado 290.386 reclamos por negación de servicios y que nadie haya pagado las consecuencias.
La comunidad musical colombiana y todos los ciudadanos decentes de este país tienen que alzar la voz por Joaquín Betancourth pero también por las miles de víctimas anónimas de un sistema de salud que mata por negligencia. El clamor no puede quedarse en un tuit o en un artículo de prensa. Tiene que traducirse en acciones de tutela, en movilizaciones, en presión social y política para que los responsables dejen de esconderse detrás de informes técnicos y protocolos burocráticos.
Porque mientras la EPS Capital Salud gaste el tiempo de Joaquín, otros pacientes están muriendo en silencio. Las multas millonarias impuestas a gestores farmacéuticos como Audifarma y Sumiprocesos por no entregar medicamentos a tiempo no han frenado la sangría. Los anuncios presidenciales sobre quitar licencias a las peores EPS suenan huecos cuando la realidad demuestra que la Superintendencia no tiene capacidad ni voluntad para hacerlo con la celeridad que los casos extremos exigen.
Subterránica, El Museo del Rock Colombiano y toda la comunidad cercana exige a la EPS Capital Salud que autorice la cirugía de Joaquín Betancourth de manera inmediata. Exige a la Superintendencia Nacional de Salud que intervenga con toda la fuerza de la ley para que un ciudadano no muera por negligencia mientras los funcionarios discuten procedimientos. Exige al Ministerio de Salud que deje de lado las excusas y los informes y actúe para salvar una vida que está en riesgo ahora, no mañana, cuando ya sea demasiado tarde.
La vida de Joaquín Betancourth puede salvarse. Pero la responsabilidad de que así sea no recae solo en su fuerza de voluntad o en la tenacidad de sus amigos. Recae en quienes tienen el poder y la obligación de garantizar el derecho a la salud. Recae en cada uno de nosotros que podemos alzar la voz y no permitir que un nuevo nombre se sume a la larga y vergonzosa lista de muertos por negligencia en Colombia. Recae ahora, en este momento, porque Joaquín no puede esperar 15 días más.
Colombia
El Monster del Rock Subterránica 2026 apuesta por nuevos sonidos en las dos primeras batallas, acá la crónica
Con empates en las dos primeras batallas ha sido muy dificil escoger quienes avanzan en El Monster de este año. El concurso como es tradición mantiene un nivel increíblemente alto y este año no ha sido la excepción. El voto de las bandas instaurado desde el año anterior ha sido clave para poder desenmarañar lo complicado que es escoger. Este e sun ejercicio muy potente en donde los mismos músicos también son parte del jurado. Esto más que un concurso es un circuito increíble en donde se mide la realidad de la escena independiente y el diagnostico es que musicalmente está muy, muy bien.
En sus primeras dos batallas, el Monster del Rock 2026 levantó el telón con una energía que hacía rato no se sentía en el circuito de los festivales y circuitos independientes, nada pudo empañar la pirotecnia sónica de estas dos primeras fechas, salieron a escena sonidos nuevos, los mestizajes que asustan cuando están tan bien hechos y las nuevas generaciones dispuestas a romper el molde.

La batalla uno fue la consolidación de los híbridos y tuvo un poco de todo, pero sobre todo fue la demostración de que el rock colombiano ya no se esconde. También Conocidos Como fue una de las revelaciones más impresionantes de la noche. Es una banda que no tiene miedo de desbordarse en nada, sus teclados son protagonistas absolutos, capaces de construir atmósferas hipnóticas que transportan a otros mundos, mientras la batería y el bajo inyectan capas y capas de ritmo sin descanso. No es fácil catalogarlos, pero suenan a rock mestizo, nuevo, único y radicalmente diferente en la escena actual. Faith Burner vino a demostrar que está lista para el circuito internacional. Su propuesta es divertida, contundente y si uno es amante del Metal, no hay un solo segundo de pérdida. Tienen una voz poderosa y riffs que se te clavan desde el primer acorde. Por su parte, Reborn se mostró como una máquina de Metal bien engrasada. Son una banda ya consolidada, con un sonido poderoso y ensamblado a la perfección que sonó como un mazazo encima del escenario.
Pero hubo dos propuestas especialmente celebradas por el público. Chonois fue de las más interesantes de la jornada, sobre todo por sus experimentaciones en las partes instrumentales. En sus canciones se escuchan montones de influencias del rock clásico y latino, un cóctel que promete muchísimo para el futuro. Mad Dogs es otra cosa. Llevan años de trayectoria y cada vez suenan mejor; de hecho, ya forman parte del circuito obligado en Bogotá. Suena a Heavy Metal del puro. Esa música que uno escucha y siente que debería estar sonando en los mejores escenarios internacionales. Tienen canciones que poco a poco comienzan a ser favoritas entre los fans, y este parece el momento exacto para que vayan a explorar nuevos mercados dispuestos a valorar un proyecto que hoy carga las banderas del género en la capital. Finalmente, Potrero llevó la exploración folclórica a otro nivel. No suenan a folklore; suenan a Rock y a psicodelia, a algo nuevo que se empieza a forjar, por fin. Suena a Colombia sin tener que recurrir a los clichés de los papagayos, manteniendo una jerarquía del rock que impresiona.
Los ganadores de la jornada fueron También Conocidos Como y Potrero, que avanzan directo a la final del 5 de junio.

La batalla dos proporcionó la energía del under y la precisión conceptual. Si la primera noche fue mestiza y contundente, la segunda batalla fue visceral y conceptual. Abriendo la noche, como invitados especiales armados con los premios Subterranica, apareció la banda Adaia, proveniente de Medellín. Dejaron el escenario caliente, con un camión de banda que hizo temblar el piso y preparó el terreno para lo que venía. El primer golpe de autoridad se lo llevó Natyvo, que también llega de la capital antioqueña. Han tenido un cambio impresionante, la adición de un baterista transformó por completo el proyecto. Hoy son una de las pocas bandas de Rock en el país con una propuesta que sabe combinar electrónica, un saxo que vuela y muy buena música. The Toxic viene con años de trayectoria encima. Su rock clásico es muy divertido y sus letras tienen una pegajosidad poderosa que atrapa. Es una banda difícil para un concurso, sí, pero efectiva para los conciertos de verdad. Es una de las pocas propuestas de rock clásico que nos quedan en Bogotá. Hay que sentarse a escucharlos con un trago en la mano, sumergirse en esos sonidos de lo que debe ser ese rock sin artificios. Souland, por su parte, es un proyecto increíble. También vienen de Medellín. Son conceptuales, técnicamente muy profesionales, su música cuenta una historia y la voz es increíble. Esta es una banda que promete estar muy pronto en la cima del metal colombiano. Cerró Descxnxcidxs, que nos entregó la descarga de rock con tintes punk y post rock que hacía falta en este Monster, una banda que nos recordó esa actitud de los noventas cuando se quiere transmitir muchas emociones subjetivas en el escenario. Son jóvenes, sienten el proyecto de manera apasionada y son la prueba viviente de que las nuevas generaciones están rescatando los sonidos más under y contraculturales del Rock.
El ganador de la noche fue Natyvo.

El Monster apuesta este año por los sonidos nuevos, por lo que nunca ha sonado y por el futuro. Con estos tres finalistas (También conocidos como, Potrero y Natyvo) ya tenemos cubierta esa cuota de innovación y talento. Nos vemos en las próximas batallas. La gran final se mueve al viernes 5 de junio por la ley seca en las elecciones.
A todas las bandas, patrocinadores y público gracias, porque sin ustedes nada de esto se podría realizar.
@subterranica
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