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La mirada Subterránica

Las 10 bandas colombianas de Rock y Metal del 2022.

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Colombia

PazFest: Una Ilusión de Paz en Bogotá, más espectáculo que Transformación

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El viernes 12 de abril un día antes del ataque de Irán contra Israel y que el mundo temblara por miedo a una guerra mundial, la Plaza de Bolívar en Bogotá se convirtió en el escenario de PazFest, un festival musical organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Con la participación de bandas y artistas invitados, el evento buscaba explorar el potencial de la música como catalizador de la paz y la reconciliación en Colombia.
Sin embargo, tras el brillo de las luces y el estruendo de la música, queda la sensación de que PazFest fue más un espectáculo de entretenimiento que un verdadero impulsor de cambios significativos hacia la paz.

La presencia de una figura como Paul Gillman y su banda, quien por fin pudo cantar en Bogotá después de haber sido vetado hace unos años por el mismo curador que lo invitó a este concierto, solo sirvió para resaltar las profundas divisiones dentro de la sociedad colombiana, las reacciones en redes sociales al concierto no son precisamente un acto de paz sino un reflejo de la división de pensamiento tan profunda en la que está sumida Colombia, el concierto se dio sin ofrecer un espacio real para el diálogo y la comprensión mutua. ¿Cómo puede un evento que no aborda de frente las raíces del conflicto esperar realmente contribuir a su resolución?

La elección de la Plaza de Bolívar como sede del evento fue efectiva, es un espacio adecuado para un evento de magnitud media, pero a pesar de un lleno total, este tipo de espectáculos plantea interrogantes sobre la verdadera relevancia y accesibilidad del festival para el público en general. ¿Para quién fue realmente este espectáculo? ¿Qué impacto tuvo más allá de ser un simple entretenimiento gratuito?

Las bandas, a excepción de La Pestilencia se mostraron disfrutando de un espectáculo como cualquiera y no se escucharon protestas, propuestas o discursos que pusieran a la gente a pensar en el conflicto que se vive en Colombia actualmente, en donde el rock ha sido parte de él al estar involucrado directamente en panoramas de corrupción, violencia política y alguno que otro escándalo por ideologías, en ese sentido, bandas como Panteón Rococo que en otros escenarios han sido más activistas, esta vez se mostraron cautelosos. A pesar de todo fue un buen espectáculo, otro buen show gratis para el público que se ha acostumbrado a que el rock es gratis en la ciudad y esto es otro factor que ha contribuido a que quienes se dedican al rock les cueste demasiado hacer de su práctica algo rentable.

La producción técnica del evento fue impecable, con detalles como una tarima giratoria que añadió una dinámica visual interesante, un sonido a la altura, visuales que se apoyaban con la atmósfera colonial de la Plaza de Bolívar, pero la ausencia de un mensaje claro sobre la paz y la reconciliación dejó mucho que desear. Las expresiones simbólicas, como las banderas de Palestina y los carteles anti-taurinos, se sintieron más como adornos superficiales que como verdaderos llamados a la acción y la reflexión.

En resumen, PazFest fue una ilusión de paz en Bogotá, un evento que, a pesar de su espectacularidad, careció de la profundidad necesaria para abordar los problemas subyacentes que obstaculizan la construcción de la paz en Colombia. Es hora de dejar de lado los espectáculos superficiales y trabajar hacia iniciativas más sustanciales y transformadoras que realmente impacten en la sociedad.

Subterránica #PazFest #Bogotá

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Colombia

Recordando los noventa en Bogotá, a los Rolling Ruanas o a Chob Quib Town los hubieran linchado.

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Atentos: No tengo nada en contra de Los Rolling Ruanas, Chob Quib Town o alguna otra banda. El nombre del título es aleatorio, hubiera podido utilizar a cualquier banda que no pertenezca al rock para hacerlo. De hecho, los Rolling Ruanas me parecen una excelente agrupación y su propuesta bastante consistente y divertida. La foto de portada es de la banda Aterciopelados en los noventa, antes de convertirse en una banda de música más tropical. Sabiendo esto podemos continuar.

Tal vez porque el colombiano es corto de mente se olvida fácil de su historia, o no, tal vez porque en Colombia es mejor olvidar, la historia del país ha sido tan violenta y tan absurda que es mejor mirar hacia otro lado… bombas explotando los centros comerciales, tres mil muertos cuyos pedazos estaban esparcidos por casi toda la ciudad después de un una dinamitada, tocaba salir del cine corriendo cuando colocaban la bolsa de basura al lado de uno porque tal vez esa bolsa se convertía en una sala llena de muertos, así fue mi niñez y mi juventud, casi como hoy, en donde toca ir a un restaurante con chaleco antibalas, en donde toca salir armado a la tienda, pero en esa época no había internet, entonces las noticias corrían solo por la televisión y los periódicos al otro día. No sé, había una sensación de que a pesar de que el infierno sucedía en la misma ciudad, uno no estaba al alcance.

Hmmm, lo mismo con el Rock, Bogotá era absolutamente rockera, escuchar vallenatos y ser tropicaloide era muy mal visto por muchísima gente, no pegaba, en aquellos días se decía que “era una ceba”, ¡que ceba! Se le decía a lo rancio, a lo feo. Rumbeábamos en uno de los cien bares de rock que existan: vértigo Campoelias, La Flor-isteria, Rotten Ratts, Rocket, Heaven, Púrpura, etc. Para los más gomelines estaban los del norte, Jeremías, La Galería del Diseño entre muchos más. Yo tuve uno llamado d´Club, quedaba a una cuadra de Stage y de Horus en la 140 en Cedritos. Bogotá era rockera y sabía qué era el rock, aunque no el rock de verdad, pero al menos se alineaba con el comercial y el movimiento del rock en español.

Hubo momentos duros para bandas de otros géneros que trataron de meter en conciertos, por ejemplo, recuerdo el segundo concierto de conciertos, ahí ya se notaba que Bogotá no era de rock sino más de Pop cuando R.E.O Speedwagon tocó para un estadio vacío a las 4AM después de que Soda estéreo reventara el lugar, todo el mundo se fue, sucedió lo mismo con Santana, muchos se fueron después de Soda en el Campín, solo quedaron mayores y melómanos fumando bareta.

Zapato 3, una super banda venezolana casi fue linchada en Rock al Parque porque no era lo suficientemente “rockera para el lugar”, lo mismo le pasó a La Mosca Tse Tse, les tocó bajarse, sacando el dedo medio, insultando al público, porque Bogotá era Rockera. Por que Radioctiva era rockera, porque 88.9 era rockera, porque los teníamos MTV que era rockero y Headbangers Ball los miércoles en la noche, aun no existían los Chukis que vendían la cumbia como rock y al gobierno le valía guevo como tenía que ser el rock, no lo insultaban a uno desde los medios oficiales por ser contracultura y rebelde como lo hacen los mierdas de hoy en día.

Pero ya no, el lavado de cerebro les funcionó, Carlos Vives caló en la gente y se creyeron que ese man era el rock de mi pueblo, pero no. Cantaba covers de Charly García por todas partes hasta que tuvo la suerte de protagonizar la novela de Escalona, ese man jamás, nunca en la vida fue folclorista. Después vino Richard Blair con ese discurso de que no podíamos los aborígenes competir con AC/DC o Metallica, que teníamos que ser nosotros y entonces las bandas como Bloque de Búsqueda o Sidestepper fueron coronadas como los “rockeros tropicales” y coincidió con el asesinato del rock en el mundo por parte de la industria. En Colombia al rock lo mató la mafia, porque la mafia está compuesta por gente ordinaria a la que le daba miedo y asco los mechudos. La mafia fue la culpable de que el vallenato se popularizara en Colombia, porque en la bonanza marimbera los traquetos llegaban en sus jeeps último modelo escuchando vallenato y la misma mafia fue la que sacó a bala de Cali a David Gilmour y Roger Daltrey, es que es duro hablar de algo si no se ha vivido, por eso ahora los niños con hocico enorme despotrica y hablan popó de casi todo. Y la mafia también se tomó Sayco, esa mafia costeña puerca y la mafia también se tomó Rock al Parque, esa que ustedes ya saben quiénes son pero que nadie castiga porque la DNDA, la contraloría y todos esos cerdos están alineados para recibir dineros de ellos. Entonces vendieron ese discurso de “las nuevas músicas colombianas” que todos se tragaron enterito y ahí nos zamparon la tropidelia como comidilla diaria.

Y está bien, esa tropidelia es un producto nacional, como la insípida arepa paisa que no sabe a nada, pero está en todas partes, como la Changua de Bogotá o el Cuy de Pasto, esa música agropecuaria y tropical está bien ¿Pero por qué matar al rock nacional para cambiarla por esos platos típicos? ¿A quién le conviene esto? ¿A quién le conviene por ejemplo que Rock al Parque tenga patrocinadores privados? Aaaah, ahí ya van viendo el panorama, entre menos gasto más puedo robar. ¿Verdad? Usen ese cerebro que mi Dios les dio un poquito más, esfuércenlo y verán que encuentran las respuestas. ¿Por qué una política cultural necesita de Red Bull? Ah

Hubo una época en que a los Rolling Ruanas los hubieran linchado, los hubieran bajado a botella de esa tarima, porque las tarimas eran sagradas, porque ahí sonaba lo que nuestra rebeldía necesitaba, el rock era de respeto, la gente en la calle se cambiaba de acera.
Ahora es una música ahí… inofensiva, de colores pastel, rosadita, con pianitos al fondo, para bailar tranquilos. ¡¡¡Lo lograron!!! Tenemos punketos de estado, que cantan todavía disfrazados de anarquistas, pero cobrando el cheque de la alcaldía. Todo se fue a la mierda, da vergüenza.

Pero gracias al cielo o al infierno, los niños se han dado cuenta de que existen las guitarras con distorsión y toda una nueva generación está tocando, niños de 8 y 9 años, descubriendo a Guns and Roses, a Helmet, a Carcass, miren TikTok, el rock está de vuelta y en cinco años será de nuevo un trueno. Así como en la política en donde ser de derecha ahora es la nueva rebeldía, el rock está retomando su lugar dos generaciones después y eso es bueno.

Siempre fue la música que emputó a nuestros padres y hoy los padres somos nosotros y nos emputa el reguetón que es el de los hijos. Así que los nietos son los que van a volver a bajar a botella de los escenarios todo lo que no sepa a rebeldía y así esas mafias puercas tendrán que enseñarles a sus hijos a ser lo que ellos nunca pudieron: honestos.

Salud!!!
@felipeszarruk

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Colombia

La Reunión de febrero en Cartagena: Entre la Modernidad y la Corrupción en las Sociedades de Gestión, SAYCO el mafioso intocable.

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Las sociedades de gestión colectiva del sector de la música y el audiovisual, entre las que se encuentra la controvertida SAYCO (Sociedad de Autores y Compositores de Colombia), se reunieron en Cartagena de Indias, Colombia, en febrero de 2024, para discutir sobre un nuevo modelo de gestión que según ellos promete modernizar el derecho de autor en el país.

Este tipo de encuentros despierta muchas sospechas ya que vemos que no han invitado a los compositores, quienes han sido históricamente afectados por las prácticas corruptas de estas entidades, siguen marginados y sin representación adecuada en este tipo de encuentros a donde SAYCO es uno de los principales ponentes aun con su historial de corrupción, multas y sanciones que pareciera resbalan a su paso. 2024 y no se entiende como la ley de derechos de autor sigue siendo la de 1982 y sigue regida por una entidad corrupta y mafiosa como SAYCO pero en Colombia, el Disney para la delincuencia todo puede suceder.

En ese encuentro se propuso la implementación de un sistema de gestión colectiva obligatorio, presentándolo como un avance hacia la modernidad en el ámbito del derecho de autor, pero repetimos, esta propuesta no puede ser tomada en serio entre aquellos que conocen de cerca la opacidad y los intereses oscuros que han caracterizado a entidades como SAYCO a lo largo de su historia.

La supuesta eficiencia y seguridad jurídica que se promete a los usuarios y titulares de derechos mediante este modelo obligatorio es cuestionable porque en realidad, estas medidas podrían favorecer más a las propias sociedades de gestión que a los verdaderos creadores, lejos de proteger los intereses de los autores, la gestión colectiva obligatoria podría perpetuar el control y la explotación indebida de sus obras por parte de estas entidades, sin garantizar una distribución justa y transparente de los beneficios generados como ha venido pasando y mientras los músicos en Colombia sigan muertos de hambre como la mayoría está ahora, seguirán yendo a firmar contratos ilegales en donde les obligan a renunciar a la potestad sobre sus derechos como lo vimos en el reciente problema que tuvimos con Subterránica y una banda concursante en donde Sayco se proclamó dueño, amo y señor de los compositores y las obras inscritas a pesar de que la ley dice lo contrario. ¿Cómo lo han logrado? Aun es un misterio, Sayco se limpia con la ley y parece a nadie importarle ni siquiera a los músicos que siguen acudiendo como ganado al matadero creyendo que esta sociedad deshonesta los hará millonarios, de nuevo todo en Colombia se resume a una sola cosa: el dinero, es tan poco el dinero que gana un músico en el país que se aguantan la corrupción de varias entidades por un puñado de monedas.

A pesar de los argumentos esgrimidos por las sociedades de gestión en favor de esta iniciativa, la ausencia de una representación legítima y equitativa de los compositores y autores en esta discusión plantea serias dudas sobre la verdadera intención detrás de este nuevo modelo de gestión, esta reunión debe ser vista como un intento más de consolidar su poder y control sobre los derechos de autor, en lugar de buscar verdaderas soluciones que beneficien a los creadores y promuevan un entorno justo y transparente para la industria musical y audiovisual en el país.

Es increíble que se en estos espacios sin control, liderado principalmente por entidades como SAYCO quienes han estado plagados de controversias, acusaciones de corrupción y falta de transparencia a lo largo de los años. Desde artistas que nunca reciben las regalías que les corresponden hasta informes de malversación de fondos, las historias de abuso y negligencia por parte de estas sociedades son abundantes y preocupantes, hemos denunciado millones de veces, ustedes pudieron escuchar la entrevista que publicamos en noviembre de 2023 con la abogada de la Oficina Nacional de Derechos de Autor en donde nos decía que lo que Sayco hacía era ilegal entonces ¿Por qué nadie hace nada?

Como músico y defensor de los derechos de autor no puedo evitar sentarme a pensar en todos los millones que seguirán robando en nombre de la música en un país que no solo permite sino defiende la corrupción y los monopolios y que ataca de manera constante a quienes denunciamos esto. ¿Pero que hacemos? El hambre es una cosa muy brava y los músicos en el país seguirán pegados al que les tire un hueso para poder comer, así este hueso sea corrupto.
Amanecerá y veremos dijo el ciego.

@felipeszarruk

Imágenes creadas con Copilot

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