Festivales e Industria
Maná hace historia: Primera banda en español nominada al Rock & Roll Hall of Fame
El Rock & Roll Hall of Fame ha anunciado la lista de nominados para su clase 2025 y por primera vez en la historia una banda de habla hispana ha sido considerada para este prestigioso reconocimiento. Se trata de Maná, la legendaria agrupación mexicana que ha sido un actor importante del movimiento conocido como” del “rock en español” durante más de tres décadas.
Con esta nominación, Maná comparte un lugar en la lista de candidatos con grandes de la música como Mariah Carey, Oasis, Outkast, The White Stripes, Billy Idol, Joe Cocker, Cyndi Lauper y Soundgarden, entre otros. Esta selección no solo marca un logro para la banda, sino que también representa un paso importante en la inclusión del rock en español dentro de la historia del rock & roll mundial, verlo de esa manera nos permite pensar que el rock en nuestro idioma puede tener un espacio de importancia en la historia del género.
Desde su fundación en los años 80, Maná ha sido uuna banda influyente en América Latina y España, con un sonido que fusiona rock con elementos de pop, reggae y música latina, han logrado consolidarse como una de las agrupaciones más queridas y respetadas a nivel internacional.

Hasta ahora, el Rock & Roll Hall of Fame había reconocido a pocos artistas latinos y casi todos con un repertorio mayormente en inglés. Santana fue el primero en ser inducido en 1998, seguido por Ritchie Valens en 2001 y Linda Ronstadt en 2014. Maná se convierte en la primera banda de habla hispana en ser nominada, lo que supone un reconocimiento al impacto global de la música en español dentro de la escena del rock.
“Somos cuatro chicos de México que crecimos escuchando rock and roll: The Beatles, The Rolling Stones, Queen, Led Zeppelin, The Eagles, Santana”, expresó Fher Olvera, vocalista de la banda. “Ser nominados es algo casi imposible de imaginar. Estamos honrados y agradecidos”.
La banda también aprovechó el anuncio para destacar la importancia de la nominación no solo para ellos, sino para la comunidad latina en general. “Queremos compartir este reconocimiento con todos los latinos, especialmente los inmigrantes que están sufriendo ahora. No pierdan la fe. Nuestra gente siempre encuentra el camino”, señaló Olvera.
Maná ha sido una de las agrupaciones más exitosas en la historia de la música en español. Desde el lanzamiento de su icónico álbum Dónde Jugarán los Niños en 1992, han acumulado un impresionante récord de ventas, premios y giras multitudinarias.

Algunos de sus logros más destacados incluyen:
– Más de 40 millones de discos vendidos en todo el mundo.
– Ocho álbumes en el puesto #1 de Top Latin Albums de Billboard.
– 33 canciones en la lista Hot Latin Songs y 36 en Latin Airplay, más que cualquier otra banda de rock en español.
– Cuatro premios Grammy y ocho premios Grammy Latinos, además de múltiples Billboard Latin Music Awards y Premios Lo Nuestro.
– Una residencia histórica en el Kia Forum de Los Ángeles, con 16 conciertos agotados y más de 220,000 boletos vendidos en 2023.
A lo largo de los años, la banda ha mantenido su compromiso con temas sociales, apoyando causas ambientales a través de su Fundación Selva Negra y alzando la voz en defensa de los derechos de los inmigrantes.

¿Cómo funciona la selección para el Rock & Roll Hall of Fame?
El proceso para la inducción al Rock & Roll Hall of Fame es altamente competitivo y requiere el voto de un panel de más de 1,200 artistas, historiadores y miembros de la industria musical. Sin embargo, los fanáticos también tienen la oportunidad de influir en la decisión a través de una votación pública.
Los artistas seleccionados serán anunciados en abril de 2025, momento en el que también se revelarán los nombres de aquellos que serán honrados en categorías especiales como:
Premio a la Influencia Musical
Premio a la Excelencia Musical
Premio Ahmet Ertegun (para contribuciones no artísticas)
La ceremonia de inducción se llevará a cabo en Los Ángeles en la segunda mitad del año, aunque la fecha exacta aún está por confirmarse.
Más allá del reconocimiento individual a la banda, la nominación de Maná representa un triunfo para la música en español y podría abrir las puertas para que otras agrupaciones icónicas del género sean consideradas en el futuro. Bandas como Soda Stereo, Caifanes, Héroes del Silencio, Los Fabulosos Cadillacs y Los Prisioneros han dejado una huella imborrable en la historia del rock latino, y esta nominación podría ser el primer paso para que el Salón de la Fama comience a reconocer más ampliamente la diversidad del rock global
Si logran ser inducidos, no solo consolidarán su lugar en la historia del rock, sino que abrirán la puerta para que más artistas latinos sean considerados en el futuro.
@subterránica
Colombia
Seis fechas para el ska, el punk y el reggae en Bogotá
Bogotá se alista para recibir Ska Punk Reggae Parties 2026, un circuito de seis fechas que apuesta por algo cada vez más necesario en la ciudad: circulación real, trabajo colectivo y fortalecimiento de la escena independiente desde los sonidos que históricamente han sido música de resistencia.
Entre el 31 de enero y el 28 de marzo de 2026, el circuito recorrerá tres espacios clave de Chapinero —Boro Room, Latino Power y Relevent Music Hall—, consolidando una alianza entre artistas, productores y venues que entienden que la escena no se sostiene con eventos aislados, sino con procesos continuos y bien estructurados.
El proyecto es liderado por El Punto Ska, agrupación ganadora de la Beca LEP Rutas Culturales 24/7 de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y con una trayectoria sólida no solo como banda, sino como agente cultural. Desde ahí se han gestado iniciativas como Ska Para Todos Fest y El Concierskazo Fest, cuya próxima edición tendrá lugar el 1 de marzo de 2026 en el Teatro al Aire Libre La Media Torta, reafirmando una línea de trabajo que combina música, gestión y comunidad.
Ska Punk Reggae Parties 2026 nace de una convocatoria abierta impulsada desde la propia escena, con la intención de escuchar nuevos proyectos, ampliar el diálogo entre generaciones y abrir espacio a propuestas no solo de Bogotá, sino también de otros territorios. El resultado fue una respuesta contundente: 58 proyectos inscritos, de los cuales 20 fueron seleccionados mediante un proceso de evaluación claro y transparente, a los que se suman cuatro artistas invitados para una fecha especial.
Cada jornada del circuito mantiene una curaduría coherente y diversa: una banda de ska, una de reggae, una de punk y un DJ, apostando por el cruce de públicos, la circulación efectiva de los proyectos y el fortalecimiento de una comunidad que se reconoce en la diferencia.

Los carteles se distribuyen así:
El 31 de enero en Boro Room, con Ley Ska, Asamblea Feeling Roots, Los Sordos y Mr Tosh en los platos.
El 14 de febrero en Latino Power, con Big Beaters, Los Makonnen, Dosiis y Diego 25.
El 21 de febrero en Boro Room, fecha especial encabezada por El Punto Ska, Alto Grado, Chite y Fat Bastard.
El 28 de febrero en Relevent Music Hall, con Atrapamoskas, Los Candelarians, Los Highros y Matjahman.
El 14 de marzo en Latino Power, con La Farsa, Juan Camacho & La Roots Stop, Kaoz Kapital y La Calandria.
Y el 21 de marzo en Relevent Music Hall, cerrando el circuito con Dama Juana, Fausto Moreno, Lost Take y Zeta Pe.
Más allá de la programación, el circuito pone énfasis en condiciones técnicas dignas, organización profesional y trato respetuoso, entendiendo que el bienestar de artistas y públicos es parte fundamental del crecimiento de la escena.
En cuanto a la boletería, todas las fechas tendrán un valor de $30.000 más servicio en preventa y $40.000 en taquilla, con cerveza incluida. Para quienes quieran vivir la experiencia completa, se ofrece un abono para las seis fechas por $170.000 más servicio, que incluye seis cervezas.
Las boletas pueden adquirirse en Secta Colectiva, La Valija de Fuego, Fun Skateboards y Oi! Distro, así como a través del WhatsApp 310 493 8907 para información y compras directas.
Desde su concepción, Ska Punk Reggae Parties se declara como un espacio antifascista, libre de cualquier forma de discriminación y alineado con el espíritu histórico del ska, el punk y el reggae como músicas de encuentro, resistencia y comunidad. En palabras de Pablo Marroquín, productor general del circuito e integrante de El Punto Ska, se trata de un proyecto nacido desde la experiencia real de tocar, producir y sostener procesos independientes, con la convicción de que hoy más que nunca la escena necesita apoyo mutuo, respeto y espacios donde la diferencia sume.
Con seis fechas, más de veinte proyectos en tarima, más de cien músicos involucrados y una apuesta clara por la circulación independiente, Ska Punk Reggae Parties 2026 se perfila como uno de los circuitos más relevantes del primer semestre del año en Bogotá y una muestra concreta de cómo la escena se fortalece cuando se organiza desde abajo.
Colombia
Las regiones se imponen en Bogotá: Athemesis y Altars of Rebellion ganan la final de Wacken Metal Battle en Colombia
Bogotá explotó en un acto de orgullo regional y entrega absoluta la noche del 17 de enero de 2026. Ace of Spades —el templo del rock en la capital— se llenó hasta la última gota para presenciar una final que no fue solo una competición, fue la constatación de que el metal colombiano tiene músculo, mapa y futuro. La cita era clara… ocho bandas, jurados de primer nivel y dos pasajes a la final regional en Lima, Perú.
Desde el primer riff quedó en evidencia que esto no iba de formatos ni de discursos sino de carácter. Onnix, Soul Disease, Souland, Athemesis, Riptor, Licantropía, Infested Co. y Altars of Rebellion representaron, cada una desde su ciudad, una porción del país que llegó a decir “aquí estamos”, el cartel habló de diversidad estilística y de escenas que crecieron en condiciones adversas para llegar a rendir con solvencia en una noche que exigía todo.

El jurado, conformado por figuras de peso en la música y la gestión —Jorge Burbano, Ángel Niño, Guillermo Moreno, Edixón Sepúlveda y Viviana Cabrera— dio el marco técnico y riguroso que merecía la competencia. Sus decisiones, combinadas con la voz del público —que fungió como un jurado más en la noche— definieron los puestos que quedarán en la memoria.
Cuando se anunció el podio la escena se movió. En tercer lugar quedó Riptor (Cali), una banda que confirmó su prestigio en la escena thrash/alternativa; en segundo lugar Altars of Rebellion (Pasto), veteranos que trajeron a Bogotá la experiencia y la furia que los caracteriza; y en primer lugar, Athemesis (Medellín), que se alzó con la victoria absoluta y el derecho a representar a Colombia en la final regional junto a Altars. Estos resultados fueron comunicados oficialmente en el escenario durante la ceremonia de cierre de la final por los jurados y el equipo de Metal Battle. El voto del público, algo muy interesante lo ganaron Infested Co. Y Licantropía, dos bandas que tienen una base sólida de seguidores que no cualquiera tiene.
La mecánica para este evento no es caprichosa sino dificil y de mucho rigor, esto no ha terminado, las dos bandas viajarán a Lima para disputar la final sudamericana, y de ese cruce saldrá la banda que tendrán la oportunidad de tocar en el Wacken Open Air en Alemania representando a los seis países de la región. Es decir lo que aquí se decidió no es un trofeo local; es una pasarela hacia el circuito global que comienza en este momento.

Más allá del resultado, lo que quedó en claro fue otra cosa, el país dejó de pensar en Bogotá como único eje. Las regiones se impusieron. Medellín, Pasto y Cali dieron muestras de cantera y oficio; Bogotá respondió con público y esfuerzo; y la final se convirtió en una radiografía del metal colombiano contemporáneo, feroz, diverso y profesional. Ese cruce territorial fue, quizá, el mensaje más contundente de la velada.
La producción y la logística —impulsadas por la organización regional y el equipo local en cabeza de Subterránica e Independent Booking Artist Manager— respondieron con precisión. Que la Embajada de Alemania y las estructuras oficiales miren con atención este circuito no es casual, aquí se construye una industria cultural que busca tránsito internacional sin abandonar su independencia. El evento lo confirmó con boletería llena, puntualidad y un cierre de lujo a cargo de Maskhera, invitada especial que coronó la noche.
Para las bandas finalistas —y para quienes compitieron en los heats durante meses— la jornada fue más que una oportunidad, fue la certificación de un trabajo de años. Viajes, ensayos en condiciones difíciles, inversión personal y noches de sala chica se convirtieron en la fórmula que permitió llegar hasta el Ace of Spades y pelear por representar al país. Ese sacrificio es, en el fondo, el verdadero combustible del metal nacional. Bbar y Ace of Spades representan el circuito bogotano que aguanta y que le da honor a rock colombiano.

La victoria de Athemesis y la presencia contundente de Altars of Rebellion como segunda fuerza confirman una tendencia, que el metal colombiano se organiza por regiones, con circuitos propios que ya no dependen exclusivamente de la capital. Esa descentralización es estratégica multiplica voces, itinerarios y posibilidades de exportación. Mañana, cuando las dos bandas lleguen a Lima, llevarán en la mochila no solo su repertorio, sino la representatividad de escenas enteras.
La noche del 17 de enero no terminó con una foto en la tarima nada más; terminó con un pulso nuevo. El metal colombiano demostró que tiene estructura para soñar en grande y músculo para competir fuera. Athemesis, Altars of Rebellion y Riptor se llevan hoy aplausos, pero también la responsabilidad de representar un continente que merece ser escuchado. Y el público que llenó Ace of Spades se va con la certeza de que, cuando las regiones se organizan, ninguna capital puede monopolizar la historia.
A todos !gracias! Nos vemos en Perú.
@felipeszarruk
Colombia
Que el Estado sea mecenas, no censor: qué puede aprender Colombia del ingreso para artistas en Irlanda
Es hora de hacer una pregunta importante en Colombia en cuanto a las artes: ¿Qué papel debería jugar el Estado en la vida cultural? ¿Debe limitarse a regular y a repartir migajas, o puede convertirse en un mecenas decidido que permita a las prácticas creativas existir sin extorsiones burocráticas ni censuras veladas?
Irlanda ha dado en 2025 una respuesta radical y práctica a esta pregunta, el Estado financia la capacidad de crear. Tras un piloto iniciado en 2022, el programa Basic Income for the Arts (Ingreso Básico para las Artes) que pagó €325 semanales a 2.000 artistas y se proyecta como permanente a partir de 2026. Es decir: alrededor de €1.300–€1.500 mensuales garantizados, sin informes de resultados que exijan productividad inmediata, con efectos positivos reportados en salud mental, producción creativa y retención profesional en el sector cultural. Los primeros balances del piloto y las decisiones tomadas en Dublín muestran que una política pública que confía en la autonomía creativa puede dar retornos sociales medibles y, sobre todo, devolver dignidad al trabajo artístico.
Frente a ese experimento irlandés, la realidad colombiana aparece fragmentada y se han desarrollado instrumentos de política cultural, pero persiste una brecha entre los discursos y la práctica. Los diagnósticos internacionales muestran que la política cultural en Colombia ha avanzado en la creación de ecosistemas creativos y en la declaración de cultura como derecho, pero su financiación y su capacidad de descentralizar recursos siguen siendo limitadas frente a las necesidades reales de artistas, gestores y territorios. En paralelo, la articulación entre memoria, museos locales (como el Museo del Rock Colombiano) y los programas de reconocimiento que proponen medios independientes y plataformas ciudadanas constituyen prácticas resilientes frente a esa fragilidad estatal.
Este contraste obliga a repensar el imaginario que muchos tenemos sobre la relación Estado-cultura en América Latina. Cuando se habla de “dictadura cultural” en tono de crítica, a menudo se alude a dos riesgos distintos pero conectados: a) el riesgo autoritario, en el que el poder decide qué es arte válido y qué no, imponiendo censuras o líneas temáticas legitimadas por el aparato estatal; y b) el riesgo liberalizador, donde el Estado abandona la escena cultural a los vaivenes del mercado y a la precariedad de la condición creativa. La experiencia irlandesa ofrece una tercera vía: un Estado que actúa como mecenas en sentido moderno —financiando la posibilidad de crear sin dirigir el contenido— y, al mismo tiempo, protege la libertad de expresión y la diversidad. Esa es la lección que conviene mirar con atención.
¿Por qué copiar el modelo irlandés? Primero, porque un ingreso básico para artistas parte de una hipótesis empírica: la inestabilidad económica genera fuga de talentos, autocensura por necesidad y el abandono de proyectos a largo plazo. Al mitigar esa inestabilidad, se multiplican las condiciones para la experimentación, la investigación artística y la construcción de memorias locales. Segundo, porque el retorno no es meramente simbólico: los informes preliminares del piloto en Irlanda registran mejoras en el bienestar, en la producción y en la profesionalización, y apuntan a beneficios económicos indirectos —mayor consumo cultural, circuitos de exhibición más dinámicos, y mayor oferta pedagógica— que compensan la inversión pública. Tercero, porque el ejemplo de pequeñas iniciativas como Raíz y Convergencia demuestra que la articulación entre museos, medios independientes y administración local puede amplificar los efectos de una política pública sólida.
Pero ninguna traslación política es automática. A partir de la comparación entre Irlanda y el estado actual de la cultura en Colombia, proponemos un diagnóstico y una serie de propuestas concretas, viables y escalables para que el Estado colombiano deje de ser un simple regulador o, peor, un censor indirecto, y pase a ser un mecenas responsable.

Diagnóstico breve
- Financiación fragmentada y precaria. Los fondos existen en líneas dispersas como convocatorias, estímulos y subsidios, pero suelen ser inestables, condicionados y burocráticos. Eso excluye a muchos creadores que no tienen tiempo o recursos para competir permanentemente por subvenciones.
- Centralización y desigualdad territorial. Bogotá y algunas capitales concentran la mayor parte de la visibilidad y los recursos; el trabajo en regiones suele depender de iniciativas particulares y festivales puntuales.
- Déficit de políticas de ingreso estable para creadores. No hay un análogo real a programas tipo “basic income for artists” que garantice mínimos de subsistencia para producir con libertad.
- Gestión cultural y memoria resiliente. Actores privados y comunitarios (museos, medios como Subterránica, redes locales) han cubierto vacíos de la política pública, mostrando capacidad de archivo, reconocimiento y organización para mantener viva la memoria cultural.
La propuesta es un marco de política pública inspirado (y adaptado) al modelo irlandés - Lanzamiento de un piloto nacional de Ingreso Básico para la Cultura (IBC) — 2.000 beneficiarios (fase 1).
- • Monto orientativo: equivalente a una fracción razonable del salario mínimo local ajustado por regiones (por ejemplo, 1–1.5 SMMLV en ciudades principales, y 0.8–1 SMMLV en municipios). Alternativa: seguir el modelo irlandés y fijar un monto con impacto comparable al costo de vida local.
• Selección: combinación de criterios objetivos (trayectoria mínima, producción cultural demostrable) y cupos territoriales para garantizar diversidad regional. No debe ser una “subvención por proyecto”, sino un reconocimiento temporal que permita crear. - Evaluación independiente y horizonte de continuidad.
• El piloto debe contar con evaluación académica independiente (universidades, think tanks) y con indicadores de impacto: salud mental, volumen de creación, empleo cultural indirecto, actividad expositiva/concertística. La idea es evitar la politización del programa y asegurar su continuidad técnica. - Complementariedad con espacios de memoria y producción.
• Asociar el IBC con museos y medios locales para crear residencias, archivos y ciclos de formación. Las coproducciones como la que plantean algunas premiaciones podrían ser cofinanciadas por el programa como espacios de visibilidad para los beneficiarios. - Descentralización efectiva.
• Asignar cupos por departamentos y garantizar vocaciones territoriales (por ejemplo, bandas y gestores del Valle, del Eje Cafetero, de la Costa, del Pacífico). Evitar que el programa solo beneficie a quienes ya tienen redes en Bogotá. - Protección a la libertad de expresión y mecanismos anti-captura.
• Establecer cláusulas claras: la asignación del ingreso no debe implicar control de contenidos ni aprobación previa. Crear un consejo ciudadano-artístico plural que supervise transparencia y evite capturas políticas. La “lógica del mecenas” aquí se entiende como financiamiento público para la creación, no como tutela ideológica. - Sinergias con políticas culturales existentes.
• Integrar el IBC con convocatorias, compra pública de arte, programación cultural municipal y acuerdos con teatros y salas para presentar trabajos producidos por beneficiarios. Esto multiplica el retorno social y económico de la inversión. - Contraargumentos y riesgos — y cómo mitigarlos
- • “Se volverá una renta para ociosos”: la evidencia del piloto irlandés contradice esta afirmación; los beneficiarios usan la estabilidad para producir, formarse y participar en proyectos colaborativos. Es clave diseñar la evaluación para demostrar efectos positivos.
- • Politización del fondo: crear órganos independientes, plazos y transparencia pública de beneficiarios reduce la posibilidad de captura.
- • Costo fiscal: hay que dimensionarlo con realismo: un piloto con 2.000 beneficiarios es una inversión relativamente baja en términos presupuestales nacionales pero con alto impacto simbólico y práctico. Además, los beneficios indirectos (empleo cultural, consumo, turismo cultural) amortiguan el gasto. Informes preliminares del piloto irlandés señalan retornos sociales y económicos favorables por cada euro invertido.
- Mecenas democrático vs. “dictadura cultural”
- Llamar a una política pública “dictadura cultural” cuando lo que se reclama es la dirección autoritaria del contenido es válido como advertencia histórica; pero sería un error interpretar que la intervención estatal y la existencia de grandes programas de apoyo equivalen a censura. El reto es que el Estado colombiano deje de verse solo como juez y supervisor, y asuma el papel que le corresponde en una democracia robusta: el de garante de derechos culturales. Ser mecenas no significa mandar sobre el arte: significa pagar la posibilidad de que el arte exista con autonomía.
- Irlanda nos recuerda que el Estado puede, sin imponer visiones estéticas, invertir en la libertad creativa y cosechar efectos sociales que van mucho más allá del aplauso: desarrollo económico local, salud pública, educación y memoria colectiva. Copiar ese modelo, con las adaptaciones territoriales y políticas que exige Colombia, es una inversión de futuro; una forma de reconocer que la cultura no es un lujo sino un bien público que sostiene la democracia y nos enseña quiénes somos. Si queremos que la memoria del rock y de tantas otras músicas deje de depender solo de iniciativas heroicas y dispersas, es hora de exigir que el Estado se convierta en mecenas responsable y que la cultura sea tratada como política de Estado, no como anécdota.
- Fuentes principales consultadas
- • Cobertura sobre la permanencia del programa Basic Income for the Arts en Irlanda (informes y notas recientes): Business Insider; Smithsonian Magazine; ArtNews; Citizens Information.
- • Información y fichas sobre los Premios Subterránica y su rol en la escena del rock colombiano.
- • Diagnósticos y recomendaciones sobre políticas culturales en Colombia (OECD, UNESCO y análisis sobre financiamiento y descentralización).
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