Contáctanos

Colombia

Tres cosas que todo el mundo critica de Rock al Parque: Los fosos de periodistas, el punk de Estado y la transmisión de Canal Capital. ¿Qué es lo que sucede con esto? Estas son las razones.

Publicado

en

Ah el colombiano… esa raza a la que le gusta hablar y hablar hasta el cansancio y la mayoría critica todo por criticar. Hermosa raza parte de las más felices del planeta tierra, dueña de “el festival gratuito más grande de Latinoamérica” orgullo patrio y en donde confluyen más de 100 mil “rockeros” que sin pagar un peso por la entrada adquieren inmediatamente el conocimiento absoluto del género y la gestión cultural. Todo un portento de la humanidad. Bellísimo.

Pero la realidad es otra… los colombianos en su gran mayoría critican por el placer de hacerlo, por el placer de destruir al otro, de desacreditarlo y muchas veces, que es lo peor, critica por defender la corrupción y dañar al que denuncia. Rock al Parque ha sido un tema complicado para la ciudad, para los músicos y para el público y mientras este último disfruta tres días de “extrema convivencia” sin pagar por la entrada, los músicos y medios viven un pequeño infierno para sacar el evento adelante porque deben acoplarse a la ideología y sistema del distrito que aun tiene muy jodidos los sistemas de pensamiento y gestión cultural.

Vamos a analizar acá las razones de tres de las peores situaciones que se viven año tras año y que las personas solo critican, pero no ahondan en el por qué de cada una y sí, la realidad es que las tres tienen razón de ser, acá les contamos:

El foso de los periodistas y los “medios especializados”:

Idartes abre cada año una convocatoria para acreditar medios para el cubrimiento del festival, por ejemplo este año solo permitían dos acreditaciones por medio, es decir dos periodistas para cubrir tres escenarios, ruedas de prensa, zona de emprendimientos y todo lo que pase en el festival. Eso sencillamente es estúpido. Ningún periodista por más años de experiencia que tenga puede estar en seis partes al mismo tiempo. Así que comencemos porque Idartes comete un error garrafal al pedir cubrimiento a un par de periodistas por medio sin asignar zonas. Pero a medios como a Caracol ha llegado a entregarle más de 32 acreditaciones en algunas ediciones y la pregunta es ¿Cuándo han visto a Caracol cubrir Rock al Parque más que en su insípida sección del final del noticiero? ¿Para qué necesita Radioactiva tantas acreditaciones si jamás en la vida han hablado de Rock nacional o de Black Metal? Entonces es cuando comienza a jugar la corrupción y la burocracia.

Hace unos años en una de las pocas reuniones que Idartes le aceptó a Subterránica, nos contaron que tienen que entregarles manillas a todos en el Consejo de Bogotá y a otras personas para pagar favores políticos, es por eso que el foro de “periodistas” se llena tanto al final del día, porque quienes están ahí no son periodistas sino los hijos, amigos de los hijos y personajes “especiales” que ingresan con manillas que les dan a políticos y personas que son importantes para Idartes. Entonces en el caso del escenario Plaza no es un foso para periodistas es una zona VIP.

Los periodistas que llegan temprano son siempre los mismos año tras año, Subterránica por supuesto, Oscura Radio, Alejo Bonilla, Pablito Wilson, Henry Rage, entre otros que siempre hacen la tarea. El resto llega a las seis de la tarde, por eso cuando se presentan las primeras bandas solamente hay seis o siete periodistas en cada escenario, repetimos que con dos acreditaciones solo se puede así y por eso es que ya en la noche está todo repleto.

Ahora, Rock al Parque trata a los periodistas como perros, en esta edición por ejemplo para el escenario Eco solo dejó una brecha de un metro y medio para los periodistas y era imposible cubrir, contrario a la gran zona VIP del Bio y Plaza que quedó libre en algunas bandas como The Ocean e Info que estaban a kilómetros del público porque los “periodistas” y los invitados especiales estaban en otros escenarios. En el Eco no se podía ni caminar y no se podía cubrir.

A eso súmenle que no hay lugares para cargar los equipos, no hay lugares para cargar celular, para guardar equipos, la sala de prensa es una mierda, cancelan a diestra y siniestra ruedas de prensa y para rematar, no hay señal de Internet, cubrir Rock al Parque es una aventura que gradúa a cualquier periodista de espectáculos por no decir menos y si no fuera por los periodistas, señores, ustedes solo tendrían el informe final de cada año en donde todo fue perfecto, todo fue genial y no sabrían cosas como estas, hay que respetar el trabajo de los periodistas y hay que respetar al público y esto tiene que cambiar, 27 años en las mismas.

Los Punketos de Estado:

Esto solo tiene una razón y es que los músicos de Rock en Colombia están muertos de hambre y no tienen ninguna oportunidad más que la que entrega el distrito para poder ganar unos pesos y la de poder llegar a un público masivo. Si no fuera por Rock al Parque o Altavoz, un grupo de punk colombiano no puede aspirar más que a tocar gratis en infinidad de calles, parques y venues underground incluyendo salones comunales y donde caiga, así que esto es un caso especial.

Sid Vicious se retuerce en su tumba cada vez que un punketo recibe un cheque del gobierno, el punk en su esencia es anarquista, anti-sistema, detesta al gobierno a tal punto que en algunos países como España los mataron entregando heroína en las calles para desaparecerlos, Colombia es el único lugar del planeta tierra en donde un punketo almuerza en McDonalds.
Y eso no estaría mal si no se montaran a la tarima en donde ellos mismos voluntariamente se sometieron a un proceso burocrático de llenar papelería, de enviar identificaciones, de que su música sea cobrada por Sayco así ellos no sepan y de entregarse al sistema que tanto odian sin chistar para después subirse a la tarima a putear a ese sistema, eso es estúpido, eso es ridículo, es como si una persona tratara de convencer a los demás de ser veganos mientras se traga un chorizo, un punketo que come del estado no es anti-sistema ¡pertenece y chupa del sistema! Sean coherentes.

Es estúpido subirse a dar un discurso de odio a un sistema al que ya se arrodillaron y que les está pagando el único show pago que tendrán en el año, porque de ahí en adelante regresan a la realidad, a los antros con 10 personas y a la cerveza barata comprada en la tienda de al lado y no en el bar en donde tocan.

Señores, llevamos 30 años en esto, conocemos la realidad, así que acá no vengan a disfrazarse de punketos anti-sistema cuando no lo son, su música es buena, son buenas bandas, suenan excelente pero entonces ofrezcan un show de categoría para tener mas adeptos a su música sin putear a quienes les están pagando, al fin y al cabo son sus jefes.

Y el público se traga el cuento, como se ha tragado cada cuento que le han metido en rock al parque desde el principio, como se ha comido el cuento de “la música es una”, la inclusión, lo diverso y cuanta mierda pseudointelectual el distrito ha implantado en la juventud para convertirla en una disidencia controlada con herramientas ideológicas como Rock al Parque, no hay nada menos punk que Rock al Parque y al menos quienes tocan allá deben saberlo y actuar conforme a lo que son: Contratistas del estado.

El sonido de la transmisión de Canal Capital:

Cada año es la misma historia, pero antes de leer esto por favor pase a YouTube y revise las transmisiones de otros festivales del mismo calibre como Wacken, Glastonbury e incluso vea las transmisiones de los ochentas y setentas y verán que suenan mucho mejor que las de Rock al Parque. ¿Por qué? Por dinero no es, ya que se gastan una millonada en ese cubrimiento con equipos de ultima generación y armando sets enormes con presentadores que saben más de farándula que de otra cosa, que se equivocan constantemente y se sienten muy fuera de contexto.

Entonces ¿Por qué a pesar de tanto dinero y tanto despliegue el sonido es tan malo? Por ejemplo, en la presentación de INFO solo se escuchaba el teclado y la voz mientras que en Slow Crusher se eliminaba completamente toda la parte instrumental.

Comencemos porque son tres escenarios y esto es una salvajada para cualquier equipo, la acústica del lugar tiene demasiado que ver, El Parque Simón Bolívar es un espacio abierto y amplio que puede generar ecos, reverberaciones y distorsiones en el sonido, especialmente si hay viento o lluvia, además, los escenarios están ubicados cerca unos de otros lo que puede generar interferencias entre ellos, son factores pueden afectar la calidad del sonido que se transmite, pero hay mucho más.

La calibración de los equipos depende de los escenarios y sus ingenieros, cada escenario tiene su propio sistema de sonido, que debe ser calibrado y ajustado según las características de cada banda, el tipo de música y el público, esto requiere de un trabajo profesional y minucioso que puede variar según el criterio y la experiencia de los técnicos de sonido y la pregunta es ¿tenemos ese tipo de ingenieros en Colombia? ¿Estamos formando ese tipo de ingenieros? Y si lo estamos haciendo ¿Los contratan para estas transmisiones o también son los amigos los que están ahí? Si la calibración de los escenarios no es adecuada, el sonido puede resultar demasiado bajo, alto, agudo o grave, lo que se refleja en la transmisión de Canal Capital.

Y para terminar está la conexión de la consola al master, que para quienes no saben es el dispositivo que permite mezclar y controlar las señales de audio que provienen de los instrumentos, las voces y los micrófonos en resumen la mezcla de cada escenario. El master es el dispositivo que recibe la señal de audio final y la envía a los altavoces o a la transmisión. La conexión entre la consola y el master debe ser de buena calidad y estar bien configurada, para evitar ruidos, cortes o pérdidas de señal, si la conexión no es óptima y todo lo mencionado anteriormente tampoco lo es, entonces de nada sirve tener equipos, millones de pesos y bonita escenografía, el sonido siempre saldrá como lo hace en Canal Capital, la respuesta es sencilla: ingenieros.

Ok, ahora que ya ahondamos en los problemas de una manera concreta y crítica, esperamos que estos problemas puedan corregirse y que las personas que tanto critican sepan porqué lo están haciendo, ya que criticar no es odiar y la crítica fomenta la evolución de los sistemas, pero hablar mierda no es criticar y el colombiano no critica, sino que en su mayoría habla mierda.

@subterránica

Colombia

No, The Klaxon no es corrupto, la forma en que actuó Rock al Parque sí lo es.

Publicado

en

Una aclaración necesaria ante la mala interpretación de nuestra investigación periodística

Por Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte y Colectivo Subterránica

En las últimas semanas, tras la publicación de nuestro libro de investigación Negocio al Parque: 30 años de Rock al Parque, Corrupción, Poder y Dinero en el Rock Estatal, hemos sido testigos de un fenómeno preocupante pero predecible: la desinformación y la calumnia. Circula en redes sociales un video en el que se me acusa de haber señalado a la banda The Klaxon como “corrupta” o de haberla vinculado directamente con prácticas irregulares dentro del festival. Nada más falso.

Permítanme ser claro, contundente y definitivo:

NUNCA hemos acusado a The Klaxon, ni a sus integrantes, ni a su representante, de ser corruptos. Jamás. Lo que se denuncia en la veeduría, y lo que he denunciado durante más de una década de veeduría ciudadana, es la CORRUPCIÓN SISTEMÁTICA DEL INSTITUTO DISTRITAL DE LAS ARTES (IDARTES) y su forma de operar.

Este artículo no es una disculpa ni un retracto. Es una aclaración que, con toda honestidad, debería ser innecesaria para quienes han leído el libro con la atención que merece. Pero ante la mala fe de algunos y la ligereza de otros, me veo en la obligación de desglosar, punto por punto, lo que realmente dijimos y lo que realmente significa.

Lo que realmente dice el libro sobre The Klaxon

En el Capítulo VII, titulado “La Estafa de las Bandas”, documentamos el caso de The Klaxon en la edición de 2013. La narrativa del libro es clara y está respaldada por hechos documentados:

Primero: The Klaxon se presentó a la convocatoria pública distrital de Rock al Parque, el mecanismo oficial mediante el cual las agrupaciones locales compiten por un cupo en el festival a través de la evaluación de jurados. Es un proceso que, en teoría, debe ser democrático, transparente y basado en criterios artísticos objetivos.

Segundo: Tras surtir el proceso de evaluación, The Klaxon no pasó la convocatoria. Quedó oficialmente fuera del listado de ganadores. Eso significa que, bajo las reglas del juego establecidas por Idartes, la banda no debería haber estado en el cartel.

Tercero (y este es el punto crítico): Idartes, en un acto de absoluta discrecionalidad y arbitrariedad, ignoró el resultado de su propia convocatoria pública y metió a The Klaxon “a dedo” en el cartel oficial bajo la figura de “Show Especial” o “Invitado Distrital”. La banda terminó presentándose en el Escenario BID el domingo 30 de junio de 2013.

El libro dice textualmente:

“Este hecho constituyó una apología a la ‘rosca’ y una burla directa a los cientos de bandas que se sometieron al desgaste de la convocatoria pública. (…) Al meter a la banda de manera directa tras haber sido rechazada en el concurso público, la entidad violó el principio de selección objetiva y de igualdad de oportunidades consagrado en la Constitución Nacional.”

¿Dónde está la acusación contra The Klaxon? No existe. La crítica, la denuncia y el señalamiento son contra IDARTES, la entidad que administra los recursos públicos, que diseña las convocatorias y que decide a quién invitar y a quién excluir.

The Klaxon es una banda excelente. Su inclusión en el cartel fue, desde el punto de vista artístico, un acierto. Andrés, su representante y líder, es un amigo y un músico al que respeto profundamente. El problema no es que The Klaxon haya tocado. El problema es CÓMO y POR QUÉ tocaron.

Un patrón documentado: no es un caso aislado

Para que no quede duda de que estamos ante un patrón de conducta institucional y no ante un ataque a una banda en particular, la investigación documenta otros casos idénticos:

El caso SHIP (2016): Al igual que The Klaxon, la banda SHIP no pasó la convocatoria pública de ese año. Sin embargo, tras presiones externas y contactos dentro de la organización, fue invitada directamente a presentarse en un evento del festival con recursos pagados por el distrito. La misma lógica: se ignora el resultado de la convocatoria y se favorece a quienes tienen la capacidad de presionar o de acceder a los canales no oficiales.

El caso Paul Gillman (2017-2026): Aquí el favoritismo se tiñe de censura ideológica. En 2017, el músico venezolano fue vetado del cartel tras una campaña de desprestigio impulsada por empresarios privados. Idartes, en lugar de defender la libertad de expresión y su propia programación, cedió a la presión y canceló al artista. Años después, con un cambio de administración política, Gillman fue reinvitado. Su música nunca fue el problema. La sumisión de Idartes a grupos de presión y a la ideología del gobierno de turno sí lo fue.

El caso The Castles: La investigación documenta cómo esta banda también fue víctima de la arbitrariedad institucional, siendo retirada de la programación por decisiones caprichosas de la burocracia cultural.

En todos estos casos, el denominador común no son las bandas. Son las decisiones unilaterales, discrecionales y muchas veces ilegales de los funcionarios y contratistas de Idartes.

¿Por qué es grave este patrón de conducta?

Porque viola los principios fundamentales de la contratación pública y de la gestión del Estado:

  1. El Principio de Selección Objetiva (Artículo 5 de la Ley 1150 de 2007): La entidad está obligada a elegir las propuestas más favorables para el interés público mediante un proceso transparente y competitivo. Cuando Idartes ignora el resultado de su propia convocatoria para meter a una banda “a dedo”, está vulnerando este principio de manera flagrante.
  2. El Principio de Igualdad: Se crean dos categorías de participantes: los que se someten a las reglas y los que, por tener los contactos adecuados, pueden saltarse el proceso. Esto es un mensaje demoledor para los cientos de bandas que cada año invierten tiempo, dinero y esfuerzo en diligenciar formularios, preparar carpetas y someterse a la evaluación de jurados.
  3. El Principio de Transparencia: No existe un acto administrativo formal que justifique estas invitaciones directas. No hay una resolución, no hay una explicación pública, no hay un criterio objetivo. Es la pura y simple voluntad de quien ejerce el poder de contratación.
  4. La Desnaturalización del Festival: Rock al Parque fue declarado Patrimonio Cultural de Bogotá mediante el Acuerdo 120 de 2004. Su misión es la protección, circulación y visibilización del género rock en la capital. Cuando Idartes diluye ese mandato para incluir géneros ajenos o para complacer favores, está traicionando el espíritu de la ley.

¿Cómo funciona el “círculo de los elegidos”?

Lo que hemos documentado a lo largo de 189 páginas es la existencia de un sistema, una “rosca” institucionalizada, que opera de la siguiente manera:

  • Un grupo reducido de agrupaciones repite año tras año en el cartel, acumulando hasta 10 o 12 presentaciones en el festival.
  • Un círculo de contratistas y asesores decide qué bandas entran, cuáles se quedan fuera y quiénes reciben los millonarios contratos de producción y logística.
  • Los jurados de las convocatorias son seleccionados a dedo, sin criterios de imparcialidad, y en muchos casos tienen vínculos directos con las bandas que evalúan.
  • Los medios de comunicación aliados reciben acreditaciones masivas y a cambio se comprometen a guardar silencio sobre las irregularidades.
  • Los veedores ciudadanos que se atreven a denunciar son sometidos a campañas de desprestigio, linchamiento digital y vetos institucionales.

Las bandas, en este ecosistema, son piezas de un tablero. No son las culpables. Son, en muchos casos, víctimas de un sistema que las obliga a bailar al ritmo que marca el Estado si quieren sobrevivir.

La responsabilidad de Idartes y la cooptación de la crítica

En el libro también documentamos un fenómeno que el teórico Antonio Gramsci llamó “transformismo”: el proceso mediante el cual el Estado absorbe, neutraliza y asimila a los elementos disidentes a través de la asignación de contratos, recursos públicos o prebendas.

En el Capítulo VI, “El Cartel de los Medios y el Botín de las Acreditaciones”, relatamos el caso de un periodista y gestor cultural, que entre 2012 y 2013 fue uno de los críticos más duros de la gestión de Rock al Parque, fue contratado directamente por Idartes como asesor de comunicaciones. Tras recibir el flujo de fondos públicos, su línea editorial crítica se desvaneció por completo.

Esa es la forma de operar de Idartes: comprar conciencias, silenciar voces y neutralizar la fiscalización ciudadana con recursos del erario.

Y cuando eso no funciona, cuando la crítica persiste, se recurre a la descalificación, al matoneo digital y a la difamación. Como ocurrió conmigo mismo, como ocurrió con el Colectivo Subterránica, como ha ocurrido con todos los que nos hemos atrevido a señalar las irregularidades.

La calumnia como mecanismo de defensa

Ahora entiendo por qué están circulando esos videos que me acusan de haber calumniado a The Klaxon. Es el mismo mecanismo de siempre:

Primero: Se descontextualiza mi declaración.
Segundo: Se reduce el libro a un titular sensacionalista.
Tercero: Se me acusa de atacar a una banda querida por el público.
Cuarto: Se desvía la atención de las verdaderas denuncias: los hallazgos fiscales por más de 960 millones de pesos, los contratos a dedo con Teatro R101, los vetos ideológicos, la persecución a Félix Báez, el desorden documental, las puertas giratorias y el nepotismo institucionalizado.

Es un truco viejo. Y no funcionará.

La verdad está en el libro, no en los titulares

Invitó a quienes han visto esos videos y han dudado a que hagan lo que muchos ya están haciendo: leer el libro completo. No basta con leer un fragmento, un tuit o un titular. Negocio al Parque es un expediente documentado de 30 años de corrupción estructural. Contiene:

  • Pruebas documentales oficiales: Contratos, minutas, estudios previos y actas de liquidación extraídos de SECOP I y II.
  • Hallazgos de entes de control: Informes de la Contraloría de Bogotá que documentan sobrecostos, pagos sin soporte y desorden administrativo.
  • Respuestas oficiales: Derechos de petición y requerimientos de control fiscal que evidencian las excusas y evasivas de Idartes.
  • Análisis estadístico: Datos de programación que demuestran la repetición sistemática de bandas y la exclusión de la escena emergente.

The Klaxon aparece en una de las páginas del libro como un ejemplo de la arbitrariedad de Idartes. No como un ejemplo de corrupción.

The Klaxon es parte de la solución, no del problema

Andrés y The Klaxon son parte del ecosistema musical de Bogotá. Han trabajado por el rock local, han defendido la escena y han hecho buena música. Su inclusión en el cartel de 2013 fue un acierto artístico. Eso no lo discute nadie.

Lo que discuto es que, para que ellos tocaran, Idartes tuvo que violar sus propias reglas. Si la convocatoria decía que no habían pasado, la entidad no debería haberlos invitado. O, mejor aún, la convocatoria debería haber sido lo suficientemente flexible y justa para que bandas como The Klaxon pudieran pasar sin necesidad de “contactos”.

El problema no es la banda. El problema es un sistema que obliga a las bandas a depender de la voluntad de un burócrata.

La fatiga del veedor y la resistencia ciudadana

Llevo más de diez años haciendo veeduría ciudadana. He interpuesto derechos de petición, acciones de tutela, denuncias penales y quejas disciplinarias. He sido vetado, difamado, amenazado y perseguido. He visto cómo Idartes utiliza el presupuesto de los bogotanos para comprar a críticos, silenciar medios y consolidar un feudo cultural.

Y estoy cansado.

Cansado de que me calumnien por no saber leer. Cansado de que se desvíe la atención de las verdaderas irregularidades. Cansado de que se me acuse de atacar a músicos cuando lo que estoy atacando es un sistema que los victimiza.

Pero también estoy fortalecido. Porque la gente está leyendo el libro. En masa. Y se están dando cuenta de la verdad.

No, The Klaxon no es corrupto. La forma en que actuó Rock al Parque, a través de Idartes, es lo que ha sido, durante décadas, la antítesis de la transparencia y la justicia para los artistas de esta ciudad.

El Festival Rock al Parque no es de Idartes. No es de los contratistas. No es de los curadores de turno. Es de la ciudadanía. Es un patrimonio cultural que debe ser defendido, saneado y devuelto a los músicos y al público.

Seguiremos investigando. Seguiremos denunciando. Seguiremos ejerciendo el control social que la Constitución y la ley nos otorgan. Y no nos callarán con calumnias.

Invito a quienes han malinterpretado el libro a que lo lean con atención. Invito a los medios de comunicación a que hagan periodismo serio y no se dejen instrumentalizar por la maquinaria de propaganda de Idartes. Invito a los músicos a que se organicen y exijan transparencia.

The Klaxon es una excelente banda. La corrupción está en las oficinas de Idartes, no en los escenarios.

Toca que aprendan a leer… pero para eso, hay que hacerlo primero.


Felipe Szarruk
Director de la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte
Colectivo Subterránica
Bogotá, septiembre de 2026

Continúa leyendo

Colombia

K-Tarzys y el grito de la sabana: rock y metal con conciencia social frente al horror de la guerra

Publicado

en

Hay propuestas emergentes que entienden el rock y el metal no solo como vehículos de descarga sónica, sino como trincheras de reflexión humana. Este es el caso de K-Tarzys, una sólida agrupación de la sabana de Bogotá conformada por jóvenes músicos que irrumpen en la escena independiente con una premisa clara: utilizar la música como un altavoz para diseccionar las heridas sociales y políticas que golpean al mundo.

La banda presenta su más reciente sencillo, “Susurros de Piedad”, un lanzamiento que trasciende el circuito convencional del género al proponer una profunda y dolorosa reflexión sobre el impacto humano de los conflictos armados y el sufrimiento de las víctimas anónimas de la guerra.

“Susurros de Piedad” nace de la necesidad de mirar de frente una realidad que continúa afectando a millones de personas. Lejos de la estriducción vacía, K-Tarzys canaliza la crudeza instrumental del rock y el metal hacia una atmósfera densa e interpelante, buscando sacudir al oyente y remover conciencias. Es un ejercicio de empatía hecho canción, donde los pesados acordes y la potencia rítmica sirven para traducir el desgarro de los territorios atravesados por el fuego cruzado.

La agrupación se encuentra actualmente puliendo los detalles de su primer EP de siete canciones, un trabajo discográfico de larga duración con el que buscan consolidar su identidad dentro de la escena independiente colombiana y abrirse paso con fuerza en los circuitos culturales y escenarios de Bogotá y su región.

El valor de K-Tarzys radica precisamente en su capacidad de hibridar la destreza técnica de sus integrantes con una inquietud narrativa genuina. En tiempos donde la música suele buscar el consumo efímero, ver a jóvenes creadores apostar por temáticas de profunda trascendencia humana demuestra que el rock nacional sigue vivo, inconforme y con los pies firmemente puestos sobre la realidad de su entorno

Para quienes deseen sumergirse en esta propuesta, la banda ha dispuesto su material en plataformas digitales y redes oficiales:

Instagram oficial: @ktarzys.oficial

K-Tarzys demuestra que desde la sabana de Bogotá se sigue agitando un rock con memoria, agudeza y un profundo sentido de urgencia.

Continúa leyendo

Colombia

Grietas Mentales presenta “Nada Me Quema”: La catarsis sónica del hastío hecho armadura

Publicado

en

Grietas Mentales está de regreso con “Nada Me Quema”, su nuevo sencillo y el primer adelanto de un próximo EP que marcará una evolución decisiva en el sonido de la banda. El estreno está disponible en todas las plataformas digitales desde el pasado 28 de agosto de 2026.

Definida por sus creadores como la banda sonora oficial de mandar todo al carajo, la canción nace de ese punto de quiebre donde el cansancio deja de ser una simple fatiga cotidiana para transformarse en una coraza impenetrable. Habla de estar harto de las cargas laborales, los problemas y las presiones diarias, hasta cruzar la línea donde el dolor cede ante una certeza absoluta: ya nada puede hacer daño, ya nada quema.

En el plano sonoro, la agrupación traduce esa frustración y liberación hacia una propuesta que fusiona el rock alternativo y el indie con sutiles texturas electrónicas. Un bajo robusto, sintetizadores envolventes, cambios dinámicos precisos y un coro de alto impacto conforman un tema diseñado para transformar la rabia contenida en pura energía cinética.

El lanzamiento se completa con un videoclip oficial animado protagonizado por Paco, una silueta concebida como la representación abstracta de la banda dentro de la narrativa visual. Paco encarna al individuo que llega al límite de sus fuerzas, se planta frente al fuego y logra transmutar aquello que lo consumía en su propia armadura, conectando de lleno con el imaginario underground del proyecto.

Ficha Técnica y Formación:

Thiago Villada – Voz

Davyd Junguito – Bajo

Juan Esteban Arango – Guitarra, sintetizadores y voces

Santiago “Rigby” Palacio – Batería, sintetizadores y coros

Producción, mezcla y máster: Juan Esteban Arango, realizado en El Planetario Records

Continúa leyendo

Popular