Colombia
Rock y reguetón: la historia de mi amigo que se pasó al Dembow y escribió un libro sobre la revolución latina del Reguetón. Entrevista con Pablito Wilson.
Los que me leen saben que soy un rockero de corazón que ama el sonido de las guitarras eléctricas, las baterías potentes y las letras rebeldes. Sé que muchos de ustedes comparten mi pasión por este género musical que nos ha acompañado durante décadas y que ha marcado nuestra identidad cultural. Pero también sé que hay otros géneros musicales que tienen su público y su valor, aunque no sean de nuestro agrado. Uno de ellos es el reguetón, ese ritmo urbano que se ha tomado las radios, las discotecas y las redes sociales con sus pegajosas melodías y sus polémicas letras y del cual muchos despotricamos en los bares.
Sé lo que están pensando: ¿qué hace este man hablando de reguetón? ¿Acaso se ha vendido al sistema? ¿O es que quiere burlarse de ese género que tanto detesta? Pues les voy a contar una historia que quizás les sorprenda y les haga reflexionar. Resulta que tengo un amigo, Pablito Wilson, que era tan rockero como cualquiera de nosotros, esta historia es diferente a la de tantos gestores que he conocido en el país que por afán del dinero dejaron el rock y se volcaron a buscar un espacio en la “industria” y ahora ganan dinerito y hablan pestes del rock.
Pablito ama la música y de hecho cuando comenzó a escribir comenzó escribiendo un libro de rock, pero hace unos años, algo cambió en su vida y de repente comenzó a interesarse por el Reguetón, obviamente me dio como una especie de comezón, pero después vi que el tema iba mucho más en serio de lo que yo creía, Pablito escribió uno de los libros referentes del género llamado “Reggetón: Entre El General y Despacito” y justo ahora está estrenando un segundo tomo llamado “Reggaetón: Una revolución Latina”.
Así que mis queridos lectores, he decidido enfrentar mis prejuicios y mis miedos y entrevistar a mi amigo Pablito Wilson, quiero saber qué piensa, qué siente, qué hace, qué sueña. Quiero conocer su historia, su proceso, su trabajo, quiero entender su pasión por el reguetón y ver si hay algo que podamos aprender los rockeros o sencillamente reforzar nuestra postura. Quiero hacer una entrevista divertida, respetuosa, sincera y profunda. Quiero hacer una entrevista en la que no voy a refutar nada sencillamente a escuchar para que cada uno de ustedes, así como yo, saquemos nuestras conclusiones.

¿Qué pasó Wilson con el rock? ¿Qué te motivó a escribir un libro sobre el reguetón y adentrarse en esa práctica?
Bueno hermano, pasaron muchas cosas. El rock sigue estando en mi vida naturalmente. Yo sigo escuchando mucho rock, casualmente en estos días escuchaba el nuevo disco de Metallica, que me pareció muy bueno. Lo que pasa también es yo entendí que al hablar de música no sólo estaba hablando de música sino también de otras cosas, entonces era muy bonito hablar de rock y contar cosas que pasan en el rock, pero también descubrí que el reguetón como un género pop mainstream me permitía funcionar como un vehículo para contar otras cosas. A mí posiblemente nadie me habría abierto micrófonos o al menos muchos espacios a los que he llegado con este libro de reguetón, no los habría tenido si no fuera porque estoy hablando de reguetón precisamente y son espacios donde yo he podido hablar de cómo es la realidad de las calles, de cómo se vive el sexo en la actualidad, del empoderamiento femenino, pero no porque yo sea un experto, sino porque sería triste haber hecho un libro de reguetón sin reconocer el talento de las mujeres que están haciendo cosas muy grandes dentro del movimiento, todo eso pasó.
¿Qué opinas de la crítica que se le hace al reguetón por su contenido sexual, violento o machista?
Yo creo que hay muchas cosas que están en debate en la actualidad y que no se trata simplemente de lo que piense yo, entonces me parece que toda crítica es válida. Me parece que es válido decir que el reguetón tiene un alto contenido sexual violento, machista, pero sí me parece triste cuando la gente se queda ahí y no mira a otros géneros musicales. Las letras del bolero y el tango a veces llegaban a ser súper machistas, porque también era el pensamiento de época, no se trata tampoco de satanizar al bolero y al tango, pero si vamos a hablar de machismo en serio, vamos a agarrar todos los géneros musicales, hablar que tienen de machistas o que tienen que se podría cambiar o se podría mejorar, sería bárbaro, bienvenido al debate, pero si se va a agarrar el reguetón como un chivo expiatorio en ese si no me monto.
¿Qué artistas de rock admiras o te han influenciado en tu carrera?
Muchos, mucho rock, vos que me conoces bien, sabes que yo he escuchado muchas cosas de rock, naturalmente que cuando empecé a formar mi mentalidad como persona que escuchaba rock más o menos a los 13 años, entré por Metallica, escuché muchas bandas, pero de las bandas que todavía me siguen gustando podemos nombra a Héroes del Silencio o The Police, Entonces bueno, un poquito más adelante me fui por el New Metal y por el Punk, siempre estoy escuchando rock, cosas más o menos mainstream, por ejemplo, yo creo que en este momento la única banda de rock mainstream que existe, o sea que puede llegar a espacios como los que llegaba el rock en sus grandes épocas es Maneskin y puede ser una banda pop, pero me parece que están haciendo algo super interesante.
¿Cómo ves la relación entre el rock y el reguetón en la actualidad? ¿Crees que hay una rivalidad o una colaboración entre ambos géneros?
No hay precisamente una colaboración pero a veces hay tolerancia, por ejemplo, en una ciudad como Medellín, el reguetón ha dado trabajo a muchas personas e ingenieros de sonido, entonces por ahí puedes encontrar un productor que produce reguetón, pero que escucha rock, que tiene amigos de bandas de rock, que mejor ejemplo de eso que el de Camilo Restrepo de providencia, el cantante de una de las bandas de reggae más grandes del país, que ha sido por muchos años el corista de Ñejo y es muy bacano porque entonces es como que “listo este mi trabajo con Ñejo, voy, canto hago esto, pero mi vida personal con la música que me gusta l vivo de la manera que me gusta”. Acercamientos entre rock y el reguetón los han habido, yo creo que el primer encuentro entre el rock y el reguetón, fue cuando Rabanes hace años hicieron una canción con Don Omar, creo que fueron súper visionarios, año 2004 más o menos, hicieron un temazo con Don Omar cuando el reguetón recién estaba saliendo, pienso que es un poco como dice Dréxler que no se trata tanto de atacar la música que no nos gusta, sino que podemos aprender de esa música o cómo podemos interpretar esa música de una manera que a nosotros nos parezca más adecuada.
¿Qué desafíos has enfrentado como autor de este libro? ¿Cómo los has superado?
Desafíos muchos, pero lo que pasa es que yo soy una persona muy previsora, por ejemplo, algo que yo sabía que me iba a pasar desde que comencé el libro es que no iba a ser fácil llegar a las fuentes, que no iba a poder llegar a todas las fuentes que quería y que muchas cosas no iban a salir como esperaba, en medio de ese panorama yo dije “bueno, a ver cómo lo voy a solucionar” entonces, por ejemplo, así escribí mi primer libro que es un libro de rock, es un libro donde yo simplemente opinaba y de vez en cuando metía el bocado de alguna persona, en cambio en este libro ya tenía una intención mucho más periodística y ya me ponía un poco más atrás como autor, porque si bien está mi opinión en él, ahora más que convencer a la gente de lo que yo pienso, lo que quiero es darle todas las herramientas para que la gente piense lo que quiera pensar, entonces entendí que me iba a tener que inspirar mucho en entrevistas de internet y combinarlas con entrevistas de producción propia, que siempre es lo ideal. Así que lo importante era tener una base muy sólida para que lo que yo no pudiera lograr en entrevistas lo pudiera sustentarse en esa base sólida.
Cuando vos agarras “Reguetón, una revolución latina” ves que es un libro que tiene muchísima información y tiene al menos unos 15 o 20 libros en la bibliografía y eso está entre las cosas que más me elogiaron en los medios de comunicación cuando salía a promocionarlo, creo que a la larga todo va hacia el mismo punto, trabajo duro, trabajo constante, trabajo de corazón y tratar de hacer el mejor trabajo posible.
¿Qué proyectos tienes para el futuro? ¿Te gustaría experimentar con otros géneros musicales?
Me gustaría mucho experimentar con otros géneros musicales, pero en este momento sí me quiero ir cada vez más a lo mainstream por esto que les contaba anteriormente, por ejemplo, el libro que estoy haciendo ahora es un libro muy mainstream y es un libro que va a hablar de amor, de familia, de salud mental y también va a hablar, digamos, de este mundo de la música mainstream, pop, urbana y reguetón. Entonces no descartó el día de mañana, de pronto hacer el libro de un músico de pop rock que admiro un montón, pero en este momento, si quiero un mensaje cada vez más mainstream, porque siento que estamos desaprovechando mucho los espacios de poder que tenemos en la sociedad y digo espacios de poder porque la gente que controla el poder creo que nos jode mucho, porque nosotros nos peleamos mucho entre nosotros, no aprovechamos espacios que podríamos usar para difundir un mensaje y contraatacar, entonces yo sí prefiero como irme detrás de esos espacios, por ejemplo que el día de mañana de pronto tenga un programa de entrevistas y entreviste a un YouTuber y que todo ese público que sigue este YouTuber me sea útil para decirle cosas a los jóvenes que verdaderamente importan y que verdaderamente les ayuden a comprender mejor lo que pasa en su país.
¿Qué mensaje quieres transmitir con tu libro?
El mensaje pues siempre va por la música, yo tengo muy claro que el libro es grande porque es un tema Pop, es un tema del que todo el mundo está hablando, un libro de reguetón es un tema hiper-vendible en cualquier medio de comunicación, entonces es muy fácil que a uno le abran puertas para una entrevista pero a la larga la única intención que tengo es la de hacer el mejor trabajo posible y que sentir que puedo cambiar algunas cosas, así sea una pequeña escala, cada vez que veo gente que me dice por ejemplo “No parce yo tenía otra visión del machismo y ahora entiendo mejor” pienso que estoy ayudando a cambiar cosas.
¿Qué prefieres: una guitarra eléctrica o un Dembow?
Yo soy un tipo al que incluso le cuesta elegir sus comidas preferidas, entonces a ver, incluso te diría que prefiero una guitarra eléctrica porque vengo de una estructura muy rockera, pero es muy relativo, porque por ejemplo, a lo largo de mi vida creo que he escuchado más Dance Hall que Rock, pero también lo que pasa es que en el rock es que el virtuosismo musical de algunos tiene que ver mucho con el haber sido músico de conservatorio, con el hecho de tener otro tipo de formación musical que en la música urbana, pero en lo urbano si vemos chicos con un talento enorme, con una capacidad de conectar con su público y eso no se puede demeritar y con una inteligencia muy grande que no será la inteligencia de la academia pero que muchas veces es “sabiduría de calle” que con dos o tres palabritas que te dicen te dejan pensando, porque son pibes que verdaderamente han tratado de comprender lo que ocurre a su alrededor.
¿Qué opinas de los rockeros que critican el reguetón? ¿Y de los reguetoneros que critican el rock?
A mí me parece que la crítica siempre es muy válida desde que se haga de un lugar de no de “criticar por criticar” sino de verdaderamente comprender lo que está sucediendo. Yo entiendo que hay músicos que están hartos de buscar espacios y no tener esos espacios porque están ocupados por otros géneros musicales y también entiendo que ahí hay algo de dolor que hace que a veces no se expresen de la mejor manera posible. Me parece que es súper válido, pero pues lo ideal es que demos un debate cada vez mejor. Incluso a mí me encantó cuando vos leíste mi primer libro de rock colombiano, que me dijiste, me encantó el libro, pero ahora estoy mucho más firme en lo que he pensado toda la vida y vos sabes que yo te admiro un montón como amigo, como músico, como organizador de eventos, pero tenemos formas muy diferentes de ver la escena nacional y de ver muchas cosas, me parece brutal eso, poder decir que nos admiramos mutuamente, pero tenemos formas muy distintas de verlo.
¿Qué le dirías a un fanático del rock que dice que el reguetón no es música? ¿Y a uno del reguetón que dice que el rock es aburrido?
Mira, yo creo que hace años un amigo músico lo explicó mucho mejor que yo. Él, como músico de academia decía que es ridículo decir que cualquier género musical no es música, yo creo que tenemos que elevar el nivel de debate, a mí una persona que me dice que el reguetón no es música, hasta me da pereza hablar con esa persona, en cambio una que me dice que el reguetón es aburrido es diferente, porque es una percepción que parte desde lo subjetivo, no parte de esa soberbia de querer tener la razón, sino decir “parce todo bien con el reguetón, pero no es mi onda” y me parece que está perfecto, si estoy hablando con una persona que es una persona que es súper abierta, músico, productor o algo así, le diría “bueno, píllate, esto es reggaetón, un poco diferente al reguetón mainstream, es una propuesta reggaetón feminista Argentina con unas letras súper ingeniosas”
¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos te gusta del rock? ¿Y del reguetón?
Lo que menos me gusta, el rock es el radicalismo absurdo. Porque existe el radicalismo que tiene una causa, digamos, el de las personas que se informan y entienden cómo funciona todo y dicen, yo me paro acá y de acá no me muevo, me parece una chimba, pero el radicalismo absurdo, el de odiar, sin siquiera tomarse el mínimo tiempo para leer Wikipedia, ese me rompe las pelotas.
Del Rock naturalmente que me encanta su libertad, su capacidad, digamos de llevar este mensajes transgresores. Me encanta el hecho de haber vivido un momento en el que el rock fue lo más grande que había a nivel mundial y que se lograron muchas conquistas. Me encanta ver que los chicos jóvenes que hoy escuchan reguetón también están escuchando rock y que pueden entender que sí, que el reguetón les gusta y con eso conectan con sus amigos y bailan con las chicas en la discoteca, pero pueden ir a su casa y escucharse toda la discografía de Iron Maiden, eso me encanta.
Y del reguetón, digamos que el contenido mainstream de hoy en día me jode un poco la inmediatez, que todo sea como tan efímero. Y, me gusta el hecho de que, al ser tan masivo, tan absurdamente masivo, cuando se mandan mensajes simples como ligados a ser buena persona, a colaborar con otros artistas, a reconocer artistas de otros géneros que fueron grandes en otras épocas, a llevar mensajes simples como está pasando ahora con las mujeres que simplemente quieren mandar un mensaje de unidad, de fortaleza, de valor en lo que dice la mujer que esos mensajes tengan un impacto tan gigante. Eso me encanta del reguetón y de toda la música mainstream de ahora.
Y entonces con la llegada de las IA y todo lo que sucede, que predicciones tienes para el futuro en estos géneros y en la música.
Uy el tema de las llegadas de la IA está jodidísimo, porque no hay que tenerle miedo a la tecnología, pero sí es cierto que toda la tecnología que nos está llegando apunta hacia el mismo lugar, abaratar la mano de obra y que cada vez las máquinas hagan que se dependa menos de las personas. Yo siempre pongo el ejemplo de cuando llegaron los teclados en los años 80, la gente decía “Wow” de la canción Final Countdown, decían “que buena canción” y sí era una canción tremenda y los teclados permitían polifonía, pero también significaba que iban a haber menos músicos en el estudio, entonces cada vez nos estamos volviendo más individualistas y cada vez se requerirá menos de la mano de obra. Es un panorama bastante complejo, yo creo que tenemos que ser lo más inteligente posible con la inteligencia artificial, acoplarla de la mejor manera posible, ver cómo nosotros podemos hacer cosas que sean, combinación entre nuestro talento y lo que permite la inteligencia artificial, porque si no nos va a comer vivos.
¿Dónde conseguimos el libro?
El libro está temporalmente agotado pero ya está próximo a llegar a las librerías en distintas partes del continente, entonces hay que estar super pendientes para preguntarlo, depende de la distribuidora de España, pero sé que va a ser muy pronto, así que en toda librería de confianza y sobre todo librerías que trabajen con títulos muy específicos de música. Ahí creo que lo pueden preguntar y si no es ahora en un par de semanas lo van a conseguir.
@felipeszarruk
Colombia
Sin burocracia, sin demora, sin excusas, Medellín organizó en 48 horas lo que las instituciones no pudieron. Rockaton 2026, el poder del rock.
En Medellín nadie lo vio venir. No hubo rueda de prensa, no hubo anuncio institucional, no hubo presupuesto asignado ni mesa de trabajo con funcionarios. Lo que está a punto de ocurrir en el Cerro Nutibara nació de una conversación privada, de un recuerdo que volvió y de una pregunta que alguien se hizo en voz baja ¿por qué no volvemos a hacer una Rockatón?
Esa pregunta la formuló Román Gonzáles, un artista y gestor cultural de larga data de la ciudad que prefiere mantenerse al margen del ruido mediático, pero que desde el primer momento entendió que cuando el país tiembla —y esta vez tiembla de verdad, con casas derrumbadas, familias desplazadas y una emergencia humanitaria que no espera— el arte no puede darse el lujo de mirar hacia otro lado. No se trataba de protagonismo ni de construir un currículum. Se trataba de algo mucho más antiguo y mucho más simple: ayudar desde lo que uno sabe hacer y lo que esta escena sabe hacer es juntar gente.
Hablamos con Román sobre esta iniciativa. La Rockatón de 1999 quedó grabada en la memoria de quienes la vivieron. Fue un momento en el que la música de Medellín demostró que podía ser respuesta, que los músicos, los técnicos, los roadies y el público podían convertirse en una red de solidaridad activa. Veintisiete años después, cuando la tierra volvió a moverse y el país entró en estado de emergencia, ese recuerdo no fue nostalgia: fue combustible. Román, que hoy está también detrás de esta nueva Rockatón estuvo allí en el noventa y nueve y sabe lo que significó. Sabe que aquello no fue un concierto, fue un acontecimiento que le mostró a la ciudad que el rock podía ser mucho más que ruido y rebeldía.
Por eso, cuando la noticia del terremoto recorrió los grupos de WhatsApp y las pantallas de los teléfonos, su reacción fue inmediata, aunque no planeada. No hubo un documento de intención ni una estrategia de comunicación. Hubo un teléfono en la mano y una lista de contactos que empezó a desplegarse como una madeja. ¿Quién se apunta? ¿Quién puede ayudar? ¿Quién tiene un escenario disponible? ¿Quién conoce a alguien que conozca a alguien?
El para qué era claro, ayudar. Pero con una condición que marca una diferencia radical con cualquier otra campaña de recaudación. Esta Rockatón no está pidiendo dinero. Está pidiendo comida, elementos de higiene, pañales, leche, cobijas, cosas para niños, para adultos mayores, para mascotas. No hay transferencias bancarias ni códigos QR para donar. Hay puntos de recepción física y una lógica de ayuda concreta, directa, que no se diluye en intermediarios ni se pierde en burocracias. Román lo explica sin rodeos, no se trata de solucionar el problema de fondo, porque eso excede cualquier esfuerzo artístico. Se trata de aportar desde lo que se sabe hacer, y lo que se sabe hacer es convocar, reunir, producir y poner la música al servicio de quienes más lo necesitan.
Y entonces comenzó el milagro de los dos días.

Porque lo que está a punto de suceder en el Carlos Vieco no es un festival que se haya gestado durante meses. No hay un año de planeación, no hay patrocinadores millonarios, no hay una máquina burocrática detrás. Lo que hay es una red de personas que, en cuestión de horas, empezó a tejer lo que hoy son más de setenta bloques artísticos confirmados para dos jornadas completas. Setenta bandas, solistas, proyectos y colectivos que han dicho que sí sin preguntar cuánto pagan, sin exigir condiciones, sin poner condiciones. Setenta propuestas musicales que van del metal al punk, del reggae al rock, del ska al pop, de la electrónica a lo acústico, y que representan la diversidad de una escena que muchos daban por fragmentada o por muerta.
Pero la Rockatón no es solo música. Es también la gente que trabaja detrás, productores, técnicos de sonido, iluminadores, roadies, ingenieros, comunicadores, fotógrafos, personal de logística y seguridad. Equipos enteros que se han sumado sin contrato ni remuneración. Gente que ha movilizado sus propias herramientas, sus propios vehículos, su propio tiempo. Re-Roadies está ahí. Escenario Vivo, Fusión Logística, Persival, Backline Co., Máximo Nivel, REV Music. Nombres que suenan en el circuito independiente y que han puesto su experiencia al servicio de una causa que no pregunta de dónde vienes, sino qué puedes aportar.
Y hay algo que Román subraya con especial énfasis, no todos los que están participando son personas con las que él hubiera trabajado antes. Muchos aparecieron porque entendieron la causa, porque alguien los llamó, porque un amigo les pasó el contacto, porque vieron la convocatoria en redes y decidieron que querían estar. No hay una lista cerrada de invitados, no hay un comité de selección. Hay una necesidad y una disponibilidad que se encuentran en el camino.
El escenario elegido tampoco es casual. El Teatro al Aire Libre Carlos Vieco Ortiz, en el Cerro Nutibara, tiene una capacidad para aproximadamente mil personas y es uno de los espacios con más historia musical de Medellín. Lleva el nombre de un compositor y músico paisa que dedicó su vida al arte, y para el gestor, cerrar la Rockatón allí tiene un peso simbólico que va más allá de la logística. Inicialmente se barajaron otras opciones, como La Macarena o la Plaza de Eventos, pero los tiempos apremiaban y el Vieco ofrecía las condiciones para hacerlo bien y hacerlo rápido y también se unió a la causa. Y además, hay algo en ese escenario al aire libre, con la ciudad extendiéndose a sus pies, que convierte cualquier concierto en una declaración de principios.

Esto no se hizo con una gran convocatoria institucional ni con un formulario sofisticado. Se hizo llamando gente, escribiendo por WhatsApp, preguntando quién podía ayudar. Un músico llamó a otro, una banda recomendó otra, un técnico consiguió un contacto, alguien consiguió un equipo. Fue creciendo como crecen las cosas en la escena independiente: de persona en persona.
Hay una cifra que suena casi a exageración, pero es real, más de setenta bloques artísticos se van a subir al escenario del Carlos Vieco durante los dos días que dure la Rockatón. Setenta proyectos musicales que van a tocar sin cobrar un peso. Setenta agrupaciones que van a sacar tiempo de sus ensayos, de sus trabajos, de sus vidas, para estar ahí con sus instrumentos, su energía y su disposición a ayudar. Y cuando se dice que no van a cobrar, no es un gesto retórico. Es una decisión concreta que cada banda tomó cuando recibió la invitación.
Román insiste en que esto no es un concurso de popularidad ni una muestra de poder de convocatoria. No se trata de decir “miren cuántas bandas conseguimos”. Lo que realmente lo impresiona es la cantidad de gente que decidió poner lo suyo al servicio de algo que es más grande que cada banda. Porque tocar gratis implica costos reales: transporte, equipos, ensayos adicionales, tiempo de preparación, desplazamientos. Y aun así, la respuesta fue masiva. Nadie preguntó cuánto pagan. Nadie pidió condiciones especiales. Nadie dijo que no porque el escenario fuera pequeño o porque el sonido no fuera el de una gran producción.
Lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario a la lógica del mercado musical. En un ecosistema donde los artistas suelen medir su valor por el caché, por el número de seguidores o por la calidad de los escenarios en los que tocan, esta Rockatón está operando bajo una lógica completamente distinta: la de la necesidad compartida. Y esa lógica, cuando se activa, tiene una fuerza que los números no alcanzan a capturar.
Pero hay un matiz que vale la pena subrayar. Cuando alguien menciona que en dos días se levantó un festival con más de setenta bandas, la comparación con eventos como Rock al Parque o Altavoz aparece casi por inercia. Román es el primero en frenar esa conversación. No cree que tenga sentido decir que la Rockatón es mejor o más grande que esos festivales. Son procesos diferentes, con presupuestos, equipos, instituciones y tiempos de preparación completamente distintos. Pero es inevitable pensar, que el rock es masivo, es grande y que en este país se han acostumbrado tanto a los formularios, trabas, audiciones, etc. Que este evento echa por el piso todas las teorías que defienden desde las instituciones, imaginen por un momento que esto lo hubiera organizado el sector público, sencillamente no se hace. Porque lo que la Rockatón ha logrado en cuestión de días —movilizar más de setenta proyectos musicales alrededor de una causa, sin pagarles por tocar, sin una estructura institucional detrás— dice algo sobre la vitalidad de la escena que muchas veces se subestima. Durante años se ha escuchado que el rock está muerto, que la escena está fragmentada, que los músicos solo están pendientes de sus propias carreras, que el público ya no responde. Y de repente ocurre una emergencia y todo eso se desmiente.
El gestor cuenta que la convocatoria no fue un proceso frío de envío de correos ni de llenado de formularios. Fue un proceso humano: llamar, escribir, preguntar. Y la respuesta llegó en forma de cadena. Una banda confirmaba y recomendaba a otra. Un técnico decía que sí y conseguía a un colega. Un productor ofrecía su experiencia y su red de contactos. Así fue creciendo, como crecen las cosas en la escena independiente: de persona en persona. Sin algoritmos, sin campañas pagadas, sin métricas. Con el único motor de la confianza y el compromiso.
Y ahí hay una verdad incómoda para quienes piensan que la cultura solo puede sostenerse con dinero del Estado o con grandes patrocinios. La Rockatón está demostrando que hay otra manera de hacer las cosas. No es la única manera, ni pretende serlo. Pero existe. Y funciona.

Román también reflexiona sobre el papel de la escena en la sociedad. No como entretenimiento, sino como tejido. Un músico de metal, uno de punk, uno de reggae, uno de rock, un productor, un roadie, un periodista o una persona del público pueden trabajar juntos por una misma causa. Eso, para él, es mucho más importante que cualquier cifra de bandas o de asistentes. Porque lo que está en juego no es solo recoger alimentos o elementos de higiene. Lo que está en juego es demostrar que la música puede ser un puente, que la cultura puede ser respuesta, que el arte no es un adorno sino una herramienta.
Y si después de todo esto queda la sensación de que cuando Colombia necesite algo, el rock también puede responder, entonces ya se habrá logrado bastante.
Porque la Rockatón no es solamente el festival. No es solamente el escenario, las bandas, el sonido, la logística o la recolección de ayudas. La Rockatón es la comprobación de que todavía somos capaces de unirnos. Es la evidencia de que, cuando la urgencia llama, la escena responde. No desde la institución, no desde el presupuesto, no desde la burocracia. Desde la calle, desde el WhatsApp, desde el teléfono que suena y la pregunta que se hace una y otra vez: ¿en qué ayudo?
Esa pregunta ha sido el verdadero motor de todo esto. El rock jamás ha estado muerto, está es ahogado en la burocracia de este país y simplemente estaba esperando una razón para volver a encontrarse.
Colombia
Somberspawn y Altars of Rebellion, el alma nacional que encenderá el ritual con Dimmu Borgir
La fecha está marcada en el calendario del metal extremo colombiano, el 8 de diciembre de 2026, Bogotá volverá a temblar con el regreso de Dimmu Borgir. La noticia, confirmada por el Bogotá Metal Fest, ha encendido la expectativa de toda una escena que esperaba con ansias el desembarco de los titanes noruegos del black metal sinfónico para la presentación oficial de su nuevo álbum, Grand Serpent Rising. Sin embargo, mientras los reflectores del mundo apuntan hacia el imponente ensamble liderado por Shagrath y Silenoz, el verdadero pulso de la noche no se agota en el cartel internacional. La sangre, el sudor y la oscuridad de esta velada histórica correrán por las venas del underground nacional, representado por dos fuerzas que no son meros teloneros, sino los guardianes del altar que abrirán el ritual: Somberspawn desde Bogotá y Altars of Rebellion desde Pasto.

Desdela capital, Somberspawn llega con la misión de destrozar el hielo y preparar el terreno para la tormenta sinfónica. Esta banda de blackened death metal, fundada en 2018, se ha ganado un lugar de respeto en la escena local gracias a una propuesta de técnica brutal y atmósferas densas, perfeccionada en trabajos como INUMBRATE (2020) e INVOCATE (2024), que ya los posicionan como una de las promesas más sólidas del metal extremo colombiano. Su presencia en el escenario no es casualidad; es el reconocimiento a una constancia que ya les valió ser destacados como una de las presentaciones más superlativas del Rock al Parque en 2025 y uno de los mejores actos de Wacken Metal Battle Colombia. Con letras que exploran los abismos de la ansiedad y el ocultismo, y una puesta en escena de capuchas y ferocidad, Somberspawn será la mecha que encienda la pólvora sinfónica de la noche, demostrando que la nueva sangre colombiana no solo sigue los pasos de los grandes, sino que está lista para competir con ellos en igualdad de condiciones.

Mientras que desde el sur llega la sabiduría ancestral de Altars of Rebellion, una histórica agrupación nacida en Pasto en 1999 que se ha consolidado como un pilar inamovible de la escena nacional. Con más de dos décadas de trayectoria, la banda ha evolucionado desde sus inicios en el black metal melódico hacia un sonido más sinfónico y narrativo, donde el existencialismo y la biomecánica se entrelazan en composiciones de profunda madurez. Altars of Rebellion no es cualquier banda; han representado a Colombia en escenarios internacionales como la final regional del Wacken Metal Battle y han demostrado que es posible filtrar la brutalidad a través de una sensibilidad propia, sin necesidad de copiar estéticas europeas. Su misticismo y su trayectoria serán el contrapeso perfecto para la épica orquestal de Dimmu Borgir, aportando el peso de la tierra y la historia del metal hecho en las montañas del sur.

El Bogotá Metal Fest ha entendido que mantener a la capital en el circuito mundial del metal extremo no es solo cuestión de traer grandes nombres internacionales, sino de construir puentes sólidos con el talento nacional. Dimmu Borgir pondrá la grandilocuencia y el despliegue orquestal con himnos atemporales como “Mourning Palace”, “Puritania” o “Progenies of the Great Apocalypse”, pero serán Somberspawn y Altars of Rebellion quienes pongan la carne, el sudor y la oscuridad genuina de la tierra colombiana.
Colombia
LA REALIDAD PARALELA DEL IDARTES: EL DESCARADO MONTAJE POST-DENUNCIA PARA EVADIR A LA CONTRALORÍA
Por: Periodismo de Investigación Ciudadana Bogotá D.C., 7 de junio de 2026
Lo que ha sucedido en las últimas 48 horas en los pasillos del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) es digno de una película de mafiosos… sin ser película sino realidad; es una muestra de cómo una maquinaria burocrática, acorralada por las denuncias ciudadanas, es capaz de alterar expedientes públicos en tiempo real para fabricar una realidad paralela y lavarse las manos ante los entes de control fiscal.
El detonante de este escándalo ocurrió los días 4 y 5 de junio de 2026. Tras una rigurosa auditoría ciudadana al proceso de la BECA LEP – PRODUCCIÓN Y CIRCULACIÓN – RED DE ESCENARIOS 2026 (Específicamente la Categoría 3, destinada al Teatro al Aire Libre La Media Torta), se radicó una macro-denuncia que dejó al desnudo un fraude matemático insubsanable. La convocatoria, bajo la ordenación del gasto de la Subdirectora de Equipamientos Culturales, SILVIA OSPINA HENAO, ofertaba de manera fija y obligatoria 16 cupos para ganadores con recursos de la Contribución Parafiscal Cultural ($160.000.000). Sin embargo, el propio documento oficial de la entidad, denominado Inscritos y habilitados.pdf, demostraba que únicamente doce (12) propuestas reales habían sido habilitadas. Había más premios que concursantes legalmente aptos; el concurso estaba muerto antes de empezar.
El pánico del 5 de junio y la orden de “cuadrar” las cifras
La alerta ciudadana escaló de inmediato. El 5 de junio de 2026, la Dirección de Apoyo al Despacho de la Contraloría de Bogotá emitió el traslado de urgencia de la denuncia mediante el Oficio Consecutivo 11100-1-77045, abriendo de manera formal el Radicado de Control Fiscal No. 2-2026-12084.
Al verse notificados en tiempo real de que la Contraloría iniciaría una inspección técnica sobre un concurso viciado de origen (donde obligaron a los jurados a evaluar un listado raquítico de 12 propuestas para llenar 16 cupos fijos, omitiendo el deber legal de declarar la deserción parcial de los 4 cupos sobrantes), la reacción de las directivas del IDARTES no fue la transparencia, sino el pánico operativo y la adulteración documental.
El sábado 6 de junio de 2026, en una maniobra informática y administrativa relámpago ejecutada a menos de 24 horas del traslado de la denuncia, el IDARTES colgó en su plataforma un documento definitivo: el acta publicada 6 de junio 2026.pdf. Fue en ese preciso instante donde la entidad consumó una presunta Falsedad Ideológica en Documento Público. En un intento desesperado por disimular que la convocatoria carecía de quórum competitivo y que la bolsa de dinero público estaba rota, la entidad modificó la verdad histórica del proceso e insertó una cifra falsa en el texto del acta, asegurando ante los ojos de la ciudadanía y de los auditores fiscales que el universo de proyectos evaluados por los jurados no era de 12, sino de catorce (14) propuestas habilitadas.
De la noche a la mañana, y solo después de verse denunciados, el IDARTES “apareció” dos propuestas fantasmas en el papel para maquillar el déficit e intentar demostrar que sí existía una competencia real en los equipamientos culturales de la ciudad.
El truco de magia: Inventar reglas de juego con el partido ya terminado
El segundo gran pilar de la realidad paralela construida por la Subdirección de Equipamientos Culturales se ejecutó mediante lo que en derecho administrativo se conoce como una flagrante Desviación de Poder. Para blindar a la ordenadora del gasto, SILVIA OSPINA HENAO, tras el traslado de la denuncia el 5 de junio, el IDARTES no solo infló el número de participantes en el papel; también tuvo que inventarse una barrera de contención técnica para deshacerse de propuestas sobre la marcha.
En el acta publicada a las carreras el sábado 6 de junio de 2026, la entidad y su cuerpo de jurados sacaron de la manga un criterio de evaluación inédito: un sistema de “máximos y mínimos de puntaje de corte” para restringir de manera selectiva quiénes pasaban el filtro y quiénes no.
La trampa es burda. Al revisar minuciosamente los pliegos de condiciones técnicas y la Resolución No. 166 del 24 de febrero de 2026 —que legalmente son las únicas reglas de juego vinculantes e inmodificables del concurso—, en ninguna parte se estableció un tope eliminatorio de este carácter para la Categoría 3 de La Media Torta. Las reglas originales obligaban a premiar a 16 propuestas bajo un estricto orden de elegibilidad y evaluación objetiva.
Al inventar y aplicar un umbral de puntuación ex post facto (con el proceso cerrado, los sobres abiertos y la denuncia de la Contraloría ya radicada en sus despachos), IDARTES violó el principio constitucional del debido proceso y la buena fe objetiva. Cambiar las reglas de un concurso público después de que los participantes han competido —y con el único fin de “cuadrar” matemáticamente un resultado que los favorezca ante la auditoría fiscal— configura un presunto delito de Fraude Procesal. Modificaron los elementos del expediente para inducir a error a los investigadores de la Contraloría de Bogotá, pretendiendo hacer pasar un sesgo selectivo extemporáneo como si fuera legalidad técnica.
Los jurados como parachoques y la ridícula coartada.
Para entender las dimensiones del fraude procesal, es necesario mirar la línea de tiempo del expediente. Según consta en el propio documento manipulado, el cuerpo de jurados cerró formalmente sus deliberaciones el día 1 de junio de 2026 a las 14:00:00. Por ley y cronograma, el listado de elegibles debió ser publicado de inmediato. Sin embargo, la entidad retuvo el acta de manera irregular durante cinco días, rompiendo la cadena de custodia del proceso administrativo.
¿Por qué guardaron el documento bajo llave? El pánico del 5 de junio, cuando la Contraloría les trasladó la macro-denuncia ciudadana bajo el Radicado 2-2026-12084, les dio la respuesta. IDARTES utilizó ese preocupante lapso de retención para inyectar en el documento definitivo una narrativa defensiva ex post facto antes de colgarlo en la plataforma el sábado 6 de junio.
Al revisar la página 5 del acta prefabricada, el cinismo institucional queda al descubierto. IDARTES obligó o indujo a los jurados a plasmar justificaciones que no tienen nada que ver con los pliegos originales de la Resolución No. 166 de 2026, sino que buscan culpar al propio software de la entidad por el fracaso en la participación artística de la ciudad. Textualmente se sembró en el acta la siguiente coartada:
“…Esta falta de propuestas viables se ve agravada por el propio diseño de la plataforma de la convocatoria, la cual confunde al participante con formularios duplicados que inducen al plagio de fichas técnicas (riders), exige insumos ajenos a la categoría de circulación (como libretos)… y ofrece herramientas presupuestales rígidas que desconfiguran sus fórmulas”.
Esto es una aberración dentro del periodismo de investigación y la veeduría pública: IDARTES pretendió usar el acta de los jurados como un mecanismo de auto-exoneración penal y fiscal. En el derecho administrativo, las fallas, rigideces o asimetrías de las plataformas informáticas diseñadas por el propio Estado jamás pueden ser elevadas a la categoría de argumentos para descalificar propuestas o para recortar bolsas de dinero parafiscal de destinación específica. Al sembrar este testimonio artificial el 6 de junio, la entidad consumó una Falsedad Ideológica por Ocultamiento y una abierta Desviación de Poder, pretendiendo que los jurados asumieran la culpa del bache matemático que Subterránica ya había puesto en conocimiento del organismo de control fiscal.
La fase criminal: Guerra sucia, video filtrado y amenazas de muerte
El descarado montaje documental del 6 de junio de 2026 no fue la única respuesta del entorno que protege los oscuros intereses de la contratación de IDARTES. Al verse al descubierto ante el traslado inmediato de la Contraloría de Bogotá (Radicado No. 2-2026-12084), y ante el peso de una fiscalización ciudadana que lleva más de 13 años (2013-2026) documentando el direccionamiento del Programa Distrital de Estímulos y las roscas operativas de los Festivales al Parque, los implicados decidieron cruzar la línea de la legalidad para pasar al terreno de la delincuencia organizada.
En las últimas horas, de manera paralela a la publicación del acta falsificada, actores indeterminados, pero directamente coordinados con los intereses de la entidad han desatado una campaña sistemática de guerra sucia y asesinato moral contra el veedor ciudadano. Denunciamos públicamente ante el país y la comunidad internacional la difusión masiva e ilícita de un video de carácter estrictamente privado extraído de mi entorno personal. Este material íntimo ha sido burda y maliciosamente sacado de contexto con un único objetivo delictivo, destruir mi buen nombre, minar mi credibilidad periodística y desviar la atención pública de los contundentes hallazgos que hunden la gestión de la Subdirectora de Equipamientos Culturales, SILVIA OSPINA HENAO. Y no solo eso, no es primera vez, en la fiscalía corre un proceso contra músicos aliados a Idartes y beneficiciaron anteriores por los mismos motivos.
Pero el perfilamiento y la difamación informática son solo la antesala. El ataque escaló de inmediato a la intimidación violenta: he comenzado a recibir amenazas anónimas de muerte que advierten represalias extremas si se detiene la ampliación de estas denuncias ante la Contraloría.
En un país como Colombia, donde la corrupción contractual y la defensa del erario público se pagan históricamente con sangre, estas amenazas no son un chiste digital ni una simple hostilidad de redes sociales; representan un riesgo inminente, real y letal contra la vida y la del núcleo familiar de quienes denuncian. Aquí se mata por deporte para blindar los presupuestos del fomento cultural. El uso de material privado para perfilar a un ciudadano es el procedimiento estándar de las mafias contractuales antes de pasar al atentado material. Hago responsable directo al Estado colombiano, a las directivas de IDARTES y a los operadores privados que se lucran de su contratación por cualquier atentado contra mi integridad física, la de mi esposa o la de mis hijas.
El veredicto ciudadano: Exigencia de cese total y las preguntas que la Contraloría no puede evadir
La farsa de los “14 habilitados”, la invención extemporánea de puntajes mínimos de corte para recortar las bolsas de estímulos y la posterior campaña de hostigamiento contra la veeduría ciudadana demuestran que IDARTES ha desbordado cualquier límite de la legalidad. No estamos ante un problema de software ni ante un error de digitación de un funcionario de rango medio; estamos ante el modus operandi de una cofradía burocrática institucionalizada que prefiere acudir a la falsedad ideológica y a la guerra sucia antes que permitir que se auditen los recursos públicos.
Permitir que el IDARTES continúe ejecutando el presupuesto ordinario del fomento, legalizando contratos de circulación y tramitando los fondos parafiscales de la Contribución Cultural (recursos LEP) bajo un expediente burdamente alterado, constituiría un insulto a los miles de artistas independientes que año tras año ven cómo se cierran las puertas del circuito artístico de Bogotá. Ante la gravedad de los hechos y el riesgo inminente para la vida del fiscalizador, la ciudadanía y los colectivos musicales independientes exigen la aplicación inmediata de medidas extraordinarias: el CESE INMEDIATO DE TODA ACTIVIDAD ADMINISTRATIVA, CONTRACTUAL Y PRESUPUESTAL DEL IDARTES, y la intervención urgente de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y la Fiscalía General de la Nación para frenar la intimidación criminal.
La pelota está ahora en la cancha de la Contraloría de Bogotá D.C. El radicado especial No. 2-2026-12084 determinará si el órgano de control fiscal se arrodilla ante las realidades paralelas de la burocracia o si hace cumplir la Constitución. Los ciudadanos y los medios independientes exigimos respuestas públicas, taxativas y escritas a un cuestionario que no admite evasivas:
- ¿Validará la Contraloría de Bogotá la cifra falsa de 14 habilitados sembrada a última hora por el IDARTES, o tipificará de manera contundente la comisión de los presuntos delitos de Falsedad Ideológica en Documento Público y Fraude Procesal post-denuncia?
- ¿Aceptará el organismo de control fiscal que las entidades distritales inventen e implementen criterios de puntaje excluyentes con el concurso ya cerrado y las denuncias radicadas, destruyendo el principio de Selección Objetiva?
- Dado el entorno de presunta corrupción sistemática que abarca la contratación del fomento y los Festivales al Parque, ¿decretará la Contraloría la Medida Cautelar de Suspensión Preventiva y cese de actividades sobre el IDARTES para proteger el patrimonio de la ciudad?
- Frente a las amenazas de muerte directas y el perfilamiento mediante la filtración de material privado que hoy sufre el veedor de este caso, ¿qué acciones afirmativas e inmediatas tomará la Contraloría para garantizar que ejercer el control social en Bogotá no sea una sentencia de muerte?
- Dígale de frente a la ciudadanía: ¿Es la Contraloría de Bogotá D.C. una institución tolerante con el maquillaje de expedientes y la opacidad en el sector cultura, o compulsará copias de urgencia a la Fiscalía General de la Nación por las conductas delictivas plenamente probadas en este proceso?
La verdad histórica del expediente ya fue expuesta. El documento original definitivo con solo 12 propuestas habilitadas reales contra el acta prefabricada del 6 de junio con 14 participantes artificiales son las pruebas reinas de un montaje que la ciudad no va a silenciar. Seguiremos vigilantes, informando cada paso de este proceso, porque la cultura y los recursos de Bogotá le pertenecen a los artistas, no a los parásitos que pretenden administrarlos a puerta cerrada.
Y ojo… esa manía que tienen los colombianos de compartir chats, conversaciones, videos que no son de ustedes se castiga CON CARCEL:
- Ley 1273 de 2009 (Ley de Delitos Informáticos)
Esta es la norma principal cuando el material privado se obtiene o se difunde a través de medios digitales (WhatsApp, redes sociales, correos electrónicos).
Artículo 269F: Violación de datos personales.
Castiga a quien, sin estar facultado para ello, con provecho propio o de un tercero, obtenga, compile, sancione, modifique, divulgue o difunda códigos de acceso, datos personales contenidos en base de datos o medios semejantes.
Pena de cárcel: De 48 a 96 meses (de 4 a 8 años) de prisión.
Multa: De 100 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.
- Código Penal Colombiano (Ley 599 de 2000)
Si la conversación o el video se obtuvieron interceptando o violando la privacidad de las comunicaciones, aplican los delitos contra la intimidad:
Artículo 192: Violación de ilícita de comunicaciones.
Castiga al que ilícitamente interceptre comunicación dirigida a otra persona, o se entere de su contenido, la modifique o la divulgue.
Pena de cárcel: De 16 a 54 meses (de 1.3 a 4.5 años) de prisión.
Artículo 194: Divulgación y empleo de documentos reservados.
Sanciona al que hallándose en posesión de un documento, chat, grabación o video que por su naturaleza deba permanecer en reserva, lo divulgue de manera que pueda causar perjuicio.
Pena: Multa y pérdida del empleo o cargo público (si aplica), además de agravarse si se usa para chantaje o descrédito.
Agravantes del Delito (Aumento de la Pena)
La ley estipula que la pena de cárcel aumentará de la mitad a las tres cuartas partes (pudiendo superar los 10 o 12 años de prisión) si se cumplen las siguientes condiciones, las cuales encajan con su situación de control social:
Uso de la información para descrédito: Cuando el material se difunde con la intención explícita de dañar el buen nombre, la honra o la credibilidad de la víctima.
Fines de retaliación o chantaje: Cuando se utiliza como un mecanismo de presión para que la persona desista de una acción (como una denuncia fiscal).
Difusión masiva: Cuando se utilizan redes sociales, medios informáticos o canales de mensajería para multiplicar el alcance del daño. PRgunten a nuestro amigo el guitarrista.
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