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La mirada Subterránica

¿Por qué ha fracasado el rock colombiano? Un análisis sobre la escasez creativa y la calidad musical del género en el país.

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Afirmar que existe algo llamado “rock colombiano” o incluso “rock latino” es adentrarse en aguas turbulentas en donde la subjetividad cobra mucha fuerza y se impone ante la razón o el conocimiento, el rock, al no tener un patrón rítmico definido se da para muchas interpretaciones y es “adaptable” a las necesidades, sin embargo, no podemos hablar de “rock colombiano” más que refiriéndonos a la música que se crea en el país dentro de este género. Hacerlo de otra forma sería como referirnos a “Vals jamaiquino” y no por ello el género va a cambiar, todos conocemos el patrón rítmico del vals y así se haga en Jamaica o en Viena será lo mismo, he ahí la razón del problema tan grande cuando pensamos en el “rock”, no existe (repito) un patrón rítmico general.

Pero si podemos a la luz de las evidencias pensar que tal vez el rock hecho en Colombia fracasó en su misión de crearse en una industria auto sostenible y de alcanzar fronteras más allá de las nuestras, mientras varios países tienen a sus movimientos consolidados y girando, Colombia nunca pudo salir de Rock al Parque y de un pequeño circuito de bares que se hizo más pequeño ante la cantidad de bandas que están tocando, bandas que en Bogotá superan las tres mil en número pero que viven invisibles y sin poder hacer más que ensayar de vez en cuando. Para concluir la idea, el rock colombiano se quedó en el garaje y la única oportunidad para una banda es clasificar como contratista a una convocatoria del estado o auto financiar giras al exterior. Gracias a eso, se ha dado un fenómeno muy interesante: la corrupción en el rock y sus políticas culturales, sus aliados y su ecosistema, tanto público como privado.

Es difícil atribuir una sola razón al fracaso del rock colombiano, ya que hay varios factores que podrían haber contribuido a ello. A continuación, podemos abordar algunos para analizarlos:

Falta de apoyo de la industria musical: El rock colombiano nunca recibió el mismo nivel de apoyo de la industria musical que otros géneros más populares como el Vallenato o la música popular, ni siquiera cuando el rock era lo popular, esto seguro fue una causa del estancamiento, en Colombia el rock siempre ha sido mal visto por la sociedad y nunca fue tomado en serio como si se hizo en otros países que vieron en el género un negocio, en realidad en Colombia jamás se escuchó el rock, mientras en el mundo se daban movimientos como la nueva ola del heavy metal británico, el glam, el punk, etc. En Colombia se consolaban con Vilma Palma e Vampiros y otras bandas que hacían parte de una lista de lo que llamaron “rock en español” pero que distaba mucho de lo que sucedía en el mundo. La industria musical no le puso atención al fenómeno y las disqueras no prensaron trabajos ni los promocionaron, muy pocos trabajos fueron prensados y muchos menos fueron apoyados en radios mainstream o en televisión.

La influencia del rock internacional fue muy poca: La popularidad de la música internacional, especialmente la música angloparlante no fue algo grande en Colombia más que para algunos nichos, las bandas que hacían rock tenían que rebuscarse los sonidos, en ese caso era muy difícil y aun lo es, encontrar profesores o músicos que dominaran las técnicas en las guitarras, en el bajo, generalmente el bajista era el que menos guitarra tocaba. Es difícil y caro conseguir instrumentos, el rock es una profesión que requiere inversiones altas y cuando ya en el país hubo instrumentos, salas de ensayos y una buena educación en técnicas gracias a Internet y sus tutoriales, la industria de la música ya había muerto en general, es decir el rock ya estaba absolutamente nulo en el país.

Falta de infraestructura musical: El rock colombiano pudo haber enfrentado dificultades para establecer una infraestructura musical adecuada, como salas de conciertos y estudios de grabación de alta calidad, lo que podría haber afectado su capacidad para producir y promover su música. Son muy pocos los discos que no suenan como si los hubiera mezclado un ingeniero experto en cumbia, la distorsión y la mezcla siempre han sido un problema, nunca hubo educación en estos ámbitos hasta hace muy poco y de nuevo, cuando ya lo tuvimos, ya no se grababa en estudios sino en casa, la producción musical del rock en general es muy pobre.

Estatismo paternalista: La necesidad y el hambre, la falta de escenarios pagos, la falta de gusto del público actual por el género entre otras cosas han hecho que sea el estado quien se posesione como “el gestor del rock nacional” y tiene sometidos y domesticados a los músicos de rock a punta de convocatorias y ayudas que prometen el dinero que no pueden ganar de otra manera, así entonces convirtieron al rock colombiano en una disidencia controlada, en algo inofensivo y maleable.

Personalidades egocéntricas y destructivas dentro de la escena: Es cierto que para ser rockero no hay que ser académico, estudiar música no es una necesidad para dominar las técnicas de ejecución más avanzadas o para componer buenas canciones. El estudio es necesario para desarrollar otras competencias como las practicas del fracaso, la aceptación de la crítica y el pensamiento crítico para poder debatir. La gran mayoría de los músicos de rock colombiano presentan conductas egoístas, ególatras, destructivas y muchas veces hasta delincuenciales.

Hemos vivido en carne propia el desprecio de algunos músicos cuando se trata de premiarlos, abrir espacios de circulación o promoción o incluso de agremiarse, dentro de la escena hay personas despreciables y desgastantes que solo piensan en el beneficio propio y en arrancar de las manos de quien tenga algún apoyo o las oportunidades para tenerlas en su bolsillo. Además, la ignorancia en temas y teoría artística se tomó los puestos de los gestores culturales quienes han contribuido a literalmente destruir la escena.

Ahora, hablando del gobierno en este país y su postura respecto al rock, hay que abordarla de varias maneras, sin duda tendremos que hablar de un agente que en un principio fue un factor de crecimiento pero que desde principios de siglo se convirtió en un evento de división y de corrupción: Rock al Parque, el festival más importante del país y el más grande que se financia con dineros públicos, es una política cultural y es patrimonio de Bogotá.

Pensemos en algo, no hay razones evidentes para afirmar que al gobierno le conviene que el rock no exista en Colombia o que quisiera acabarlo o que incluso le molestara de alguna manera. De hecho, el gobierno ha apoyado a diversos artistas y bandas de rock en el país a través de programas de financiamiento, festivales de música y otros esfuerzos de promoción cultural, el pecado del gobierno es que desconoce que sucede al interior de estas políticas y esfuerzos por el rock, ellos solo aprueban el presupuesto y dejan la ejecución en manos de agentes corruptos y con poca o nula educación en música.

Es posible que, en algunos casos, las autoridades gubernamentales hayan censurado o limitado la difusión de ciertas canciones o mensajes en el rock, como ha ocurrido en otros países, por motivos políticos o morales o sencillamente a capricho de algunas figuras que influyen en la escena. Sin embargo, esto no implica que el gobierno en general tenga una postura anti-rock o anti-cultura, sencillamente es incompetencia.

Entonces una de las metas de todo rockero en el país es tocar en Rock al Parque, que es un festival de música gratuito que se realiza en Bogotá y que ha sido uno de los eventos culturales más importantes del país durante más de 25 años y que, aunque su nombre incluye la palabra “rock”, el festival ha ampliado su oferta musical para incluir otros géneros y artistas a capricho de su curador y de algunos amigos que tienen como negocio el booking de bandas internacionales.

La inclusión de artistas y bandas que no son de rock en Rock al Parque puede tener varias razones entre las cuales dentro de un análisis “subjetivo” podríamos decir que se quiere ampliar la oferta musical o reflejar la diversidad musical de Colombia, pero si esto fuera cierto se podría manejar de maneras diferentes, Rock al Parque se convirtió de una excelente plataforma para artistas emergentes en los noventa, al bolsillo personal de algunos personajes corruptos eternizados en un instituto creado en la segunda década del siglo XXI llamado Idartes y que tiene practicas bastante deshonestas ya ampliamente denunciadas y conocidas por la opinión pública. Sin embargo, ha logrado salir impune ante todo y continúa funcionando.

No necesariamente sería corrupción poner a tocar bandas que no sean de rock en un festival llamado “Rock al Parque”, siempre y cuando la selección de artistas se base en criterios justos y transparentes, y se busque promover la diversidad y la calidad musical.

Pero en el caso del festival, en general hay una selección injusta de artistas y se realizan vetos a artistas de rock en detrimento de otros géneros como la cumbia o el pop electrónico, entonces sí podría considerarse como corrupción. La corrupción en la selección de artistas implica el uso de influencias indebidas para obtener un beneficio personal o para favorecer a ciertas personas o grupos en detrimento de otros.

La transparencia en la selección de artistas y la aplicación justa de criterios de calidad y diversidad musical son esenciales para garantizar la integridad del festival y su función como una plataforma de promoción y apoyo a la música. Si los organizadores del festival toman decisiones injustas y arbitrarias en la selección de artistas, y se favorece a ciertos géneros en detrimento de otros, entonces se estaría violando los principios de equidad y justicia que deben guiar cualquier política cultural.

Se ha comprobado ya por parte de la contraloría que ha habido corrupción en algunos procesos de contratación en Idartes y es bien sabido que la selección de artistas es manipulada por su curador, el cuál siempre ha salido impune ya que el distrito maneja la figura de “contratista”-
Entonces, si los organizadores de Rock al Parque intentan evadir su responsabilidad y culpar a un contratista, es importante tener en cuenta que la responsabilidad última recae en los organizadores del festival, ya que ellos son los encargados de supervisar y garantizar que todas las actividades relacionadas con el festival se lleven a cabo de manera adecuada y en cumplimiento de las leyes y regulaciones aplicables.

Si bien es cierto que los organizadores pueden contratar a terceros para llevar a cabo ciertas tareas, como la selección de artistas, la supervisión y control de estas actividades sigue siendo responsabilidad de los organizadores. Por lo tanto, si se descubre que ha habido corrupción en la selección de artistas y los organizadores intentan culpar a un contratista, podrían ser considerados cómplices o negligentes en la comisión del delito, y enfrentar consecuencias legales, pero esto es Colombia y es el país en donde un juez rechazó una tutela bajo el argumento de “que no sabía lo que era el rock” y por eso se declaró incompetente.

La falla acá entonces es de la procuraduría, ya que, a pesar de haber encontrado evidencia de corrupción, no toma medidas para sancionar a los responsables, así que está fallando en su deber de garantizar la integridad del servicio público y prevenir la corrupción.

Y sucede que el músico vive en necesidad y se acopla a lo que papá estado le dice, así que, si Rock al Parque dice que la cumbia es rock, el rockero no exige o pelea por sus derechos, sino que busca la manera de encajar y sonar a cumbia eléctrica, esto ha sido una de las grandes causas del fracaso del rock colombiano como género, porque sencillamente no se está haciendo rock.

Es difícil hacer una generalización sobre los músicos de rock que acceden a incluir otros géneros en su música o participar en festivales que no se centran exclusivamente en el rock. Cada músico tiene su propia motivación y razones para tomar decisiones relacionadas con su carrera y su arte.

Sin embargo, en general los músicos de rock deberían tener en cuenta la importancia de mantener la integridad de su género y su arte. Si los músicos de rock comienzan a incluir otros géneros en su música solo por dinero o para participar en un festival, esto podría afectar la calidad y la autenticidad de su arte y eso es lo que hemos visto año tras año, festival tras festival, encuentro tras encuentro. Mucha hambre, mucha ironía, muy poca creatividad, pero, sobre todo, muy poca música, muy poco rock.

Si los músicos de rock no se mantienen firmes en su compromiso el mismo rock, esto afecta gravemente la posición del género en la industria de la música y en la cultura en general. Si los músicos de rock comienzan a incluir otros géneros en su música y a participar en festivales que no se centran exclusivamente en el rock, esto podría hacer que el rock pierda su identidad y su influencia en la cultura.

Cada músico es libre de decidir por sí mismo si eso está bien o está mal. Pero el rock sigue en picada en el país.

Propondríamos revisar la política cultural detrás del festival, cambiar constantemente a su curador, mayor participación de la comunidad de rockeros, selección de bandas exclusivamente de Rock, Metal y derivados (Ya se incluye el Reggae y el Ska que no son parte del rock pero los rockeros los disfrutan), transparencia en la selección de bandas, aumentar el presupuesto para el festival para fortalecer su infraestructura y su cartel, entre otras cosas que podrían enriquecer la política cultural transformarla nuevamente en una plataforma de lanzamiento. Pero de nuevo, debo recalcar que cada vez que alguien propone para Rock al Parque, es vetado, ridiculizado y apartado del sistema de convocatorias, así que debemos concluir que este festival ha sido parte importante del fracaso del rock nacional.

Ok, después de todo esto, tenemos que abordar entonces tal vez la pregunta más importante de todas ¿Por qué los mismos músicos permiten la corrupción y la desconfiguración del género? ¿Por qué son los mismos músicos los que denigran y desprecian a los agentes independientes que quieren hacer algo por el rock?

No podemos generalizar y decir que todos los músicos y el público permiten que el Rock sea destruido ya que cada individuo tiene su propia opinión y postura sobre este tema. Sin embargo, en general, puede haber varios factores que contribuyen a la aparente permisividad del público y de los músicos en relación a la corrupción y al deterioro del rock en el país:

Falta de información y conciencia sobre la situación: Muchas personas pueden no estar informadas sobre los casos de corrupción y cómo esto afecta la calidad y la integridad del género, la mayoría de los músicos de rock vive pensando en cómo va a almorzar y esa necesidad les nubla otras intenciones. Además, existe una falta de conciencia sobre la importancia de luchar contra la corrupción en todas las esferas de la sociedad no solo en la música. Sencillamente muchos músicos ni siquiera conocen el problema y no les importa.

Dependencia económica: Para algunos músicos, participar en festivales como Rock al Parque puede representar una fuente importante de ingresos y una oportunidad para darse a conocer. En este sentido, pueden estar dispuestos a aceptar ciertas condiciones, incluso si no están de acuerdo con ellas.

Miedo a represalias: Algunas personas pueden tener temor a denunciar las faltas de corrupción por temor a represalias, tanto en términos de su carrera musical como en su seguridad personal ya hemos visto casos y hemos vivido en carne propia la calumnia, la grosería, el veto y el desprestigio a todo nuestro trabajo con Subterránica por parte de los corruptos a quienes denunciamos y de los músicos que son sus aliados.

Falta de opciones alternativas: En algunos casos, los músicos y el público pueden sentir que no tienen opciones alternativas a aceptar las cosas como están siendo, y por lo tanto, pueden estar dispuestos a aceptar lo que venga. ¿Cuándo han visto ustedes en la historia del rock punketos contratistas del gobierno? Bueno, bienvenidos a Colombia.

Es importante decir que al menos de manera personal, no creo que pueda existir algo llamado rock colombiano o rock latino aparte de catalogarlo por el lugar en donde se realiza, ya que algunas veces las fusiones y otras acciones lo convierten en algo que ya no es rock. Es cierto que el rock es un género musical que ha evolucionado y ha experimentado con otros estilos y géneros musicales a lo largo de su historia. Además, la música es un arte que se nutre de diferentes influencias y estilos para crear algo nuevo y original. Es por eso que es común encontrar fusiones y mezclas de géneros en muchos festivales de rock y eventos del género.

Pero es importante tener en cuenta que, a pesar de las fusiones y mezclas, el rock sigue siendo un género musical con características específicas y reconocibles, como el uso de guitarras eléctricas, batería y bajo, letras con temáticas sociales y/o políticas, entre otros elementos.

En cuanto a la existencia del rock colombiano o latino, los países y regiones tienen sus propias escenas y estilos musicales, influenciados por su contexto cultural, social y político. En este sentido, es posible hablar de una escena de rock colombiana o latina, que tenga características propias y diferenciadoras, pero es en este contexto que se puede hablar de geografía, una de las causas del fracaso del rock colombiano es que sencillamente NO SUENA A ROCK para los oídos de quienes viven afuera, ustedes no pueden pretender que un Inglés considere rock la música de Carlos Vives solo porque él la llama así, bueno, a menos que ese inglés se llame “Richard Blair” que es un agente que también contribuyó fuertemente junto a otros a la desconfiguración y transformación del rock colombiano en una “papayera eléctrica” con identidad tropical más que otra cosa.

¿Entonces… existe el rock en Colombia? Claro que sí, el país posee una escena enorme y vibrante con más de cuatro mil bandas activas, el Metal actual es una de las escenas más fuertes y por fin después de tantos años estamos siendo testigo de que una banda como Masacre comience a recoger los frutos de tantos años de carrera. Y a pesar de que nunca tuvimos bandas con presencia en los escenarios del mundo por petición de los públicos, no es tarde para construir una escena fuerte y que pise duro dentro del género y la competencia internacional, porque quieran o no, el rock como cualquier otra profesión es una competencia y así esté enmarcado dentro de las artes, su vida y su contemplación, para que sea rentable y los músicos podamos comer de nuestra música, necesitamos los concursos, los premios, las disqueras, los festivales, los medios y todo lo que rodea a la industria de la música, si no, es mejor sentarse a tocar en la sala de la casa sin tanto gasto y esfuerzo.

Lo cierto es que el rock no está muerto como algunos piensan o perciben. Aunque es cierto que ha disminuido en popularidad en comparación con otros géneros musicales como el hip hop, el reguetón o el pop, el rock sigue siendo uno de los géneros más importantes en la historia de la música y cuenta con una base de fanáticos muy leales en todo el mundo. Además, muchas bandas de rock continúan produciendo nueva música y realizando giras exitosas, lo que demuestra que el género sigue vivo y activo.

No quiero cerrar este escrito sin enviar un mensaje a los músicos que hacen rock en Colombia, porque sí los hay, muchas bandas están produciendo excelente música y se mantienen firmes en el género y en la lucha por mantenerlo vivo, el panorama no debe ser desalentador, esa precisamente es la razón de ser de Subterránica y todo este proyecto, si botáramos la toalla cada vez que alguien nos insulta, nos rechaza o nos pide que sonemos como Joe Arroyo, no llevaríamos 20 años creando espacios. A pesar de todos los problemas y de las personas que lo destruyen, podemos construir una escena fuerte, independiente y sostenible, que, si el gobierno quiere apoyar, bienvenido sea pero con las condiciones de los músicos y no de ellos, tenemos es que reorganizarnos y dejar atrás un poco el “yo” y pensar más en el “nosotros”.

@felipeszarruk, doctorando en periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, Magister en Estudios Artísticos, músico, comunicador social, director de Subterránica.

Foto de Pexels.

Colombia

Ya están abiertas las nominaciones a la XVII entrega de los Premios Subterránica Colombia

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Los Premios Subterránica abren oficialmente el proceso de nominaciones para su XVII entrega, consolidando una vez más un espacio que lejos de responder a modas o coyunturas comerciales, se ha convertido en uno de los pocos reconocimientos con verdadera lectura de escena en el rock colombiano. No se trata únicamente de un premio nacional. Subterránica ha logrado, con el paso de los años, articular una plataforma con resonancia regional e incluso internacional, conectando procesos independientes, circuitos alternativos, autogestión y memoria histórica en un país donde la cultura rock sigue sobreviviendo más por insistencia que por apoyo estructural.

Desde su creación, los Premios Subterránica han funcionado como un archivo vivo del rock colombiano, registrando no solo discos y canciones, sino también trayectorias, escenas locales, periodismo musical, gestión cultural y esfuerzos comunitarios que rara vez encuentran espacio en los grandes medios o en los premios tradicionales. Esa mirada amplia, incómoda y deliberadamente independiente es la que les ha permitido sostenerse durante diecisiete ediciones sin perder identidad ni diluir su criterio.

Como cada año la edición 2026 tendrá un énfasis especial, alineado con las discusiones actuales de la escena y el contexto cultural del país, el cual será revelado más adelante. Por ahora, el llamado está abierto para que artistas, bandas, gestores, medios y públicos participen en el proceso de nominación, entendiendo que Subterránica no es un premio de inscripción automática ni de marketing, sino un ejercicio de lectura colectiva del ecosistema rock nacional.

Como parte de la evolución natural del premio, esta edición profundiza decisiones que no son cosméticas, sino políticas y culturales. Categorías como Mejor Riff del Año y Mejor Letra del Año, introducidas el año pasado, llegaron para quedarse porque ponen el foco en el oficio, en la composición y en los elementos que realmente sostienen una canción más allá del ruido promocional. Del mismo modo, el reconocimiento al Artista Nuevo del Año adquiere desde ahora un peso simbólico mayor al llevar el nombre de Juliana Gómez Tarrá, amiga, música excepcional y fuerza imparable de la naturaleza, cuya memoria sigue viva en la escena y cuyo legado representa exactamente lo que Subterránica busca visibilizar en las nuevas generaciones. Categorías como Trayectoria Independiente, Activismo y Música y Aporte a la Memoria del Rock Colombiano refuerzan la idea de que el rock no es solo un sonido, sino una práctica cultural sostenida en el tiempo, con impacto social, político y comunitario. En esa misma línea, desde hace un año se tomó la decisión de separar la voz gutural de la voz natural, reconociendo técnicas, contextos y exigencias completamente distintas, y de eliminar las divisiones de artista masculino y femenino, entendiendo que el talento no necesita segregarse por género para ser evaluado con justicia. Estas decisiones confirman que los Premios Subterránica no solo observan la escena, sino que dialogan con ella, la cuestionan y la acompañan en su transformación.

El interés que ha despertado esta nueva convocatoria confirma la vitalidad y la complejidad del rock colombiano. Solo en la primera semana de apertura se han recibido más de 300 prenominaciones, una cifra que habla no solo del volumen de proyectos activos, sino de la diversidad de propuestas, sonidos, territorios y enfoques que conviven hoy dentro de una escena tan fragmentada como fértil. Lejos de una narrativa de crisis permanente, estos números revelan un movimiento amplio, descentralizado y en constante mutación.

Las nominaciones deben enviarse por correo electrónico a director@subterranica.com y están abiertas para producciones, proyectos y procesos que hayan tenido actividad relevante durante el periodo evaluado que es enero de 2025 hasta marzo de 2026. Como es tradición, el proceso no se limita a la música grabada, sino que reconoce el valor del trabajo en vivo, la palabra escrita, la imagen, la gestión cultural y el impacto social del rock como herramienta de expresión y transformación.

Las categorías habilitadas para esta XVII entrega abarcan distintos niveles de la escena y reflejan la filosofía integral del premio.

Categorías principales
Disco del Año
Canción del Año
Artista del Año
Premio Juliana Gómez Tarrá al Artista Nuevo del Año
Mejor Voz
Mejor Voz Gutural
Mejor Guitarrista
Mejor Bajista
Mejor Baterista

Categorías por géneros
Mejor Banda Fusión, modernizaciones, tropidelia o folclorizaciones
Mejor Banda de Metal (todos los géneros)
Mejor Banda de Rock (rock, hard rock)
Mejor Banda de Punk / Hardcore
Mejor Banda Progresiva / Post-Rock
Mejor Banda de Blues, Jazz o Blues-Rock

Escena en vivo
Mejor Show en Vivo
Mejor Gira Nacional o Internacional
Mejor Festival Independiente
Mejor Venue Rock
Mejor Letra del Año
Mejor Riff del Año (cualquier instrumento)

Periodismo musical y contenido
Mejor Medio de Rock
Mejor Artículo de Periodismo Musical
Mejor Cobertura de la Escena
Mejor Podcast o Programa Radial Rock
Mejor Fotografía Musical

Audiovisual y estética
Mejor Videoclip
Mejor Arte Gráfico / Portada

Gestión, industria y autogestión
Mejor Gestor o Gestora Cultural
Mejor Uso de Plataformas Digitales
Mejor Proyecto de Circulación Internacional
Mejor Iniciativa de Formación Musical
Mejor Proyecto Comunitario desde el Rock

Categorías Subterránica
Premio Subterránica
Trayectoria Independiente
Activismo y Música
Aporte a la Memoria del Rock Colombiano

Los Premios Subterránica continúan funcionando como un espacio de validación entre pares, de construcción de memoria y de visibilización de procesos que, sin este tipo de plataformas, quedarían condenados a la dispersión o al olvido. La XVII entrega no es solo una nueva edición, es una nueva oportunidad para leer el presente del rock colombiano con rigor, criterio y conciencia histórica.

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Festivales e Industria

Unos Grammy 2026 en donde nadie se calló y la elección de Bad Bunny es un claro mensaje político.

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La noche de los Grammy 2026 dejó muchas lecturas posibles, pero una se impone por encima del resto y atraviesa tanto el escenario como el contexto social en Estados Unidos, el máximo galardón entregado a Bad Bunny por Debí Tirar Más Fotos no puede leerse únicamente como un reconocimiento artístico. Es, guste o no, una afrenta frontal de la Academia a un clima político cada vez más hostil hacia la cultura latina, hacia el español como lengua viva y hacia una comunidad que sigue siendo tratada como invitada incómoda incluso cuando sostiene buena parte de la industria del entretenimiento.

Que el Álbum del Año recaiga en un disco íntegramente atravesado por identidad latina, referencias culturales propias y una narrativa que no se acomoda al molde anglosajón tradicional, ocurre en un momento especialmente tenso, en el momento más beligerante cuando Bad Bunny dice que no sabe decir “contaminado” en Inglés, el recinto estalló en aplausos. En las semanas previas, figuras públicas y comentaristas ligados al entorno conservador volvieron a instalar el discurso de que “hay que aprender inglés para pertenecer”, llegando incluso a sugerir que el español debía quedar fuera de eventos masivos como el Super Bowl. En ese contexto, la Academia no solo premia un álbum sino que envía un mensaje. Uno que incomoda, que molesta y que contradice de forma explícita esa idea de asimilación forzada.

El Grammy a Bad Bunny funciona así como una declaración simbólica de resistencia cultural dentro del corazón mismo de la industria estadounidense. No es casualidad y tampoco es neutral. La música popular siempre ha sido un campo de disputa y esta vez la Academia decidió pararse del lado de una realidad demográfica, social y cultural que ya no puede seguir siendo ignorada. Que ese gesto sea suficiente o no es otra discusión, pero el gesto existe y pesa.

Más allá de ese gran titular, la ceremonia volvió a exhibir las contradicciones históricas de los Grammy en categorías que parecen diseñadas para no entender lo que premian. El rock, como casi todos los años, salió mal parado. Que Turnstile se lleve el premio a Mejor Álbum de Rock confirma una confusión persistente, no tienen ni idea de los géneros músicales, especialmente del Metal, rock, punk y otros. Turnstile es una gran banda, con una propuesta sólida y contemporánea, pero no es metal, ni siquiera se mueve dentro de lo que tradicionalmente se ha entendido como rock pesado. El problema no es Turnstile, es la categoría. Una categoría que mezcla sonidos, escenas e historias que no dialogan entre sí y que termina vaciando de sentido cualquier intento de lectura musical seria.

Esa misma confusión se repite, con aún más ruido, en el terreno latino. La insistencia de la Academia en combinar rock y alternativo latino en una sola categoría es una decisión profundamente errada desde lo cultural. No se trata de un tecnicismo ni de una pelea de nicho. El rock latino y la música alternativa latinoamericana responden a tradiciones distintas, públicos distintos y recorridos históricos que no deberían ser empujados a competir entre sí por falta de voluntad curatorial. Juntar esos mundos no los fortalece, los diluye.

Mientras tanto, otras decisiones de la noche dejaron claro que el Grammy sigue funcionando mejor como termómetro industrial que como brújula artística. Kendrick Lamar consolidó su lugar como figura central del rap contemporáneo, Lady Gaga reafirmó su dominio del pop vocal, y el R&B mostró una salud creativa que contrasta con la precariedad conceptual de otras categorías. En ese sentido, la ceremonia fue tan predecible como reveladora: cuando la Academia entiende el género, acierta; cuando no, improvisa.

Pero nada de eso opacó el peso simbólico del premio mayor. El Álbum del Año no solo coronó a Bad Bunny como artista, sino que convirtió su obra en un punto de fricción cultural. En un país donde el español sigue siendo tratado como lengua secundaria pese a ser hablado por decenas de millones de personas, el Grammy más importante entregado a un disco latino es un recordatorio incómodo de una realidad que ya no cabe debajo de la alfombra.

La música no cambia gobiernos, pero sí expone contradicciones. Y este Grammy, más que celebrar una tendencia, dejó en evidencia que el centro de la cultura popular estadounidense ya no es monolingüe, ni monocultural, ni puede seguir fingiendo que lo es.

LISTA DE GANADORES EN LAS PRINCIPALES CATEGORÍAS

Álbum del Año
Bad Bunny – Debí Tirar Más Fotos

Grabación del Año
Luther – Kendrick Lamar con SZA

Canción del Año
Wildflower – Billie Eilish

Mejor Interpretación Vocal Pop Solista
Messy – Lola Young

Mejor Álbum Pop Vocal
Mayhem – Lady Gaga

Mejor Artista Nuevo
Olivia Dean

Mejor Álbum de Rap
GNX – Kendrick Lamar

Mejor Canción de Rap
TV Off – Kendrick Lamar con Lefty Gunplay

Mejor Interpretación de Rap
Chains & Whips – Clipse, Kendrick Lamar, Pusha T & Malice

Mejor Colaboración Rap/Cantada
Luther – Kendrick Lamar & SZA

Mejor Álbum de R&B
Mutt – Leon Thomas

Mejor Interpretación de R&B
Folded – Kehlani

Mejor Canción de R&B
Folded – Kehlani

Compositor del Año (No Clásico)
Amy Allen

Productor del Año (No Clásico)
Cirkut

Mejor Álbum de Música Alternativa
Songs of a Lost World – The Cure

Mejor Álbum de Rock
Never Enough – Turnstile

Mejor Canción de Rock
As Alive as You Need Me to Be – Nine Inch Nails

Mejor Actuación de Rock
Changes (Live From Villa Park) – Yungblud con Nuno Bettencourt y Frank Bello

Mejor Video Musical
Anxiety – Doechii

Mejor Grabación Dance/Pop
Abracadabra – Lady Gaga

Mejor Álbum Dance/Electrónica
Eusexua – FKA twigs

Mejor Grabación Dance/Electrónica
End of Summer – Tame Impala

Mejor Interpretación Pop de Dúo o Grupo
Defying Gravity – Cynthia Erivo & Ariana Grande

Mejor Álbum Pop Latino
Cancionera – Natalia Lafourcade

Mejor Interpretación Pop Solista
Messy – Lola Young

Mejor Álbum de Rock o Alternativo Latino
Papota – Ca7riel & Paco Amoroso

Mejor Álbum de Música Urbana
Debí Tirar Más Fotos – Bad Bunny

Mejor Álbum Tropical Latino
Raíces – Gloria Estefan

Mejor Canción para un Medio Visual
Golden – Huntr/x

Y al final, más allá de la larga lista de ganadores y de los discursos previsibles, los Grammy 2026 dejan una sensación clara, que la Academia sigue siendo un organismo contradictorio, capaz de gestos políticamente significativos y, al mismo tiempo, de errores conceptuales que arrastra desde hace décadas. Premiar a Bad Bunny con el máximo galardón fue una toma de posición en medio de un país que debate su identidad, su idioma y su relación con la cultura latina. Pero ese gesto convive con categorías mal diseñadas, con confusiones de género que perjudican al rock y al metal, y con una mirada latinoamericana todavía filtrada por la simplificación. Los Grammy no son un termómetro perfecto del arte, pero sí un espejo incómodo del poder cultural. Este año reflejaron, con todas sus fallas, una verdad que ya no se puede ignorar, que la música que incomoda, que habla otro idioma y que no pide permiso ya no está en la periferia, está en el centro, aunque a muchos todavía les moleste aceptarlo.

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Festivales e Industria

Latinoamérica prepara un choque bestial en Lima, estas son las doce bandas en la final regional de Wacken Metal Battle 2026

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Cuando más de 400 bandas de metal decidieron inscribirse este año en uno de los concursos de música más exigentes del planeta, quedó claro que Latinoamérica no solo hace gran cantidad de Metal y Hard Rock, sino que construye escena fuerte y diversa. Este año  Wacken Metal Battle 2026 rompió récords de participación en Suramérica, consolidándose como una de las regiones más activas dentro del circuito global que, desde 2004, abrió las puertas al Wacken Open Air, el festival de metal más importante del mundo, celebrado cada año en Alemania.

COLOMBIA:

Después de meses de eliminatorias locales y finales nacionales, cada una cargada de logística, viajes interregionales y una competitividad brutal, el camino de las bandas ha llegado a su punto más alto, se viene la gran final regional de Latinoamérica, que se llevará a cabo en Lima, Perú, el 21 de febrero de 2026. Allí, los grupos que representarán a sus países se enfrentarán por el derecho a representar a toda la región en la etapa global del Metal Battle en Alemania.

La lista de finalistas es impresionante por su alcance geográfico y variedad. Desde Venezuela llegan Visión Real y C.E.R.E.S, representando la pujante escena venezolana y quienes actualmente tienen la bandera de la región. De Colombia, dos actos fuertes como Athemesis y Altars of Rebellion ganaron su derecho a competir tras una final nacional intensa en Bogotá, donde demostraron profesionalismo e identidad territorial descentralizando la música del país.

VENEZUELA:

Ecuador estará presente con Shadow Bullets y Sublevación Post-Mortem, proyectos que han capitalizado su energía underground para destacarse en un circuito bastante competitivo. De Perú, Inkarri y Tepuy llegan con el apoyo de su escena local, fuertes de repertorio y una base de seguidores consolidada. Bolivia deposita sus esperanzas en Invencible y Cremated Existence, bandas que han sorteado enormes desafíos logísticos para posicionarse en estas instancias. Y de Chile, Force y Letalis dos bandas de Heavy Metal que completan el cuadro de finalistas que, en los últimos años, ha crecido en presencia y originalidad. Es la primera vez que Chile participa en Wacken Metal Battle y es uno de los países con más escena en el planeta.

BOLIVIA:

Lo que enfrentan estas bandas no como lo hemos dicho siempre una competencia, sino el resultado de trayectos de meses, de viajes largos para presentarse en eliminatorias locales y nacionales, de ensayos y vida personal, de organizar recursos propios para sostener una participación internacional. En muchos casos, estos grupos han tenido que costear vuelos, alojamientos y equipos por su cuenta, además de cumplir con requisitos logísticos como pasaportes vigentes y repertorios originales que respetan las normas internacionales de la competencia.

ECUADOR:

La complejidad de producir un evento regional de esta magnitud es algo casi impensable pero que se logra gracias a las bandas, público y promotores. Coordinar procesos en seis países distintos, cada uno con sus particularidades culturales, escenarios, públicos y circuitos de metal, requiere una estructura de organización sólida y comprometida. En este sentido, la batalla regional es también un testimonio de la madurez de la escena latinoamericana, que ha sabido articular esfuerzos para competir de tú a tú con bandas de otras regiones del mundo.

CHILE:

Detrás de este proceso está un equipo de promotores que han llevado la competencia desde lo local hasta lo continental. A la cabeza de esta articulación se encuentra Felipe Szarruk, director regional y promotor de Metal Battle Suramérica, a la par, promotores en cada país han hecho posible que las finales nacionales salgan adelante: Raúl Colmenares en Venezuela; Edixón Sepúlveda en Colombia quien también es director logístico regional; Diego Orrego en Ecuador; Gustavo Delgado en Perú; Helmut Jahnsen en Bolivia; Raúl Saavedra como Relaciones Públicas de la región y Evelyn Jayson en Chile. Es un equipo multicultural, transnacional y muy comprometido que lleva tres años ya trabajando para darle a las bandas un circuito único. Muchas más personas involucradas que son ejes en cada área.

PERÚ:

La final regional en Lima no solo será un espectáculo musical producido por Xaria Music a la cabeza de Gustavo Delgado Pino y Patricio Mendía Hidalgo, será un cruce de historias, identidades y territorios. Será el momento en que las voces de bandas que representan esta diversidad, desde metal tradicional hasta folk Metal y variantes más extremas y contemporáneas, se encuentren en una competencia que trasciende fronteras. Más allá del resultado, el solo hecho de llegar hasta aquí, enfrentando barreras económicas, geográficas y organizativas ya es una victoria para la escena metalera latinoamericana.

Y en el horizonte, más allá de Lima, está el objetivo supremo, el escenario del Wacken Open Air en Alemania, ese festival legendario que desde hace décadas reúne a amantes del metal de todo el mundo y representa la cima de la aspiración para muchas de estas bandas.

Teatro kantaro
21 de febrero de 2025
Av tacna 225 lima
Gran final regional South America Northen Region
https://www.instagram.com/cckantaro?igsh=MWpqazVrYWJ3MWYzZQ==
Capacidad para público: 600

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