Contáctanos

Colombia

El dedo en la llaga que duele: Bandas tributo ¿Artistas o mercenarios?

Publicado

en


En la cultura popular, los términos tributo y homenaje se utilizan frecuentemente, pero rara vez se analizan con la profundidad que merecen, especialmente en la música. Estos conceptos, en teoría, deberían implicar respeto y admiración hacia un artista o una obra. Sin embargo, el término banda tributo, popularizado en los bares y clubes nocturnos, ha ido perdiendo su significado original para convertirse, en muchos casos, en un simple negocio que explota el talento ajeno sin aportar nada nuevo. ¿Son estas bandas realmente un tributo o un homenaje? ¿O estamos frente a una versión mercenaria del arte? Vamos a desglosarlo.

¿Qué es un tributo y qué es un homenaje?

Empecemos por lo básico. Un tributo es una manifestación de respeto o admiración hacia una persona o un grupo que ha tenido un impacto significativo en una comunidad, la cultura o la historia. En el contexto musical, un tributo debería implicar una reinterpretación o recreación respetuosa de la obra de un artista, intentando capturar la esencia que lo convirtió en un ícono.

Por otro lado, un homenaje va más allá del simple reconocimiento. Un homenaje es una celebración de la obra o la figura de alguien, no sólo por lo que logró, sino por lo que simboliza. En el caso de un homenaje musical, lo ideal sería que los músicos aporten algo de su propia creatividad, reinterpretando la obra original con su propio toque personal, como una forma de extender el legado artístico.

En ambos casos, tanto el tributo como el homenaje deben basarse en la admiración genuina, el respeto y la creatividad. Sin embargo, lo que muchas bandas que tocan en bares bajo la etiqueta de “banda tributo” hacen, es simplemente replicar el repertorio y la imagen de grandes artistas para generar ingresos, sin aportar ninguna innovación o valor artístico real.

El negocio de las bandas “tributo”: Entre lo mercenario y lo superficial

Hoy en día, las bandas “tributo” son un fenómeno generalizado. Es común encontrar en cualquier ciudad bares llenos de gente que asiste a escuchar a una banda que emula a un artista o grupo famoso, interpretando exactamente los mismos temas y, en muchos casos, hasta intentando replicar los movimientos y la imagen del ícono original. Lo que muchas de estas bandas tributo hacen va más allá de la mera imitación: se apropiaron de la obra, y de la estética, para ofrecer un producto diseñado exclusivamente para generar ingresos, con el mínimo esfuerzo creativo.

Pero ¿dónde está el problema? Esa es la pregunta que todos se hacen ¿Por qué importa? ¿Qué es lo que está mal acá? Esencialmente, en la falta de autenticidad y en el aprovechamiento comercial de un legado artístico sin permiso ni reconocimiento. A menudo, estas bandas no pagan por derechos de autor, usan la imagen de los artistas sin su consentimiento (Ya ni siquiera ponen la foto de la banda sino del artista original), y se benefician económicamente del trabajo de otros, sin aportar una interpretación que realmente se pueda considerar un tributo en el sentido más puro del término.

Esto convierte el acto de tocar música en bares en algo más parecido a un negocio mercenario que a un verdadero acto artístico. La música deja de ser arte para convertirse en un simple mecanismo para ganar dinero rápido, a costa de la nostalgia del público, que muchas veces ni siquiera se da cuenta de que está aplaudiendo una versión vacía de lo que alguna vez fue una obra creativa vibrante y revolucionaria.

¿Por qué no son un tributo ni un homenaje?

Una banda tributo, en su esencia más pura, debería tomar la música del artista que admiran y reinterpretarla con respeto, sumando algo nuevo que permita que la obra original continúe viva de una manera diferente. Un homenaje, por su parte, debería ser una forma de honrar la trayectoria y el impacto del artista en cuestión, haciendo referencia a su legado pero añadiendo una nueva visión.

Sin embargo, lo que vemos hoy en la mayoría de los bares y clubes es un copy-paste sin alma. No hay un esfuerzo por ofrecer una reinterpretación creativa o por explorar nuevas maneras de interpretar la música que celebran. En lugar de eso, muchas bandas tributo simplemente se limitan a replicar el sonido y la apariencia, confiando en la nostalgia para atraer a una audiencia, y dejando de lado cualquier ambición artística. Es una reproducción mecánica del pasado.

El problema central es que, lejos de ser un homenaje o un tributo, este modelo ha degenerado en un sistema de explotación artística que usa el prestigio de grandes artistas para fines comerciales sin aportar valor nuevo. Se podría argumentar que estas bandas viven del aplauso prestado, tomando como propio el reconocimiento que pertenece a los músicos originales. Su objetivo no es la expresión artística, sino la reproducción de éxitos probados con la esperanza de un rápido beneficio.

El aplauso prestado: ¿dónde queda la autenticidad?

El aplauso prestado es el corazón de este problema. Los músicos de bandas tributo se alimentan de la nostalgia de los fans, pero no se ganan ese reconocimiento por su propio talento o innovación. Viven del eco de algo que ya existió, de una obra que no es suya, y en lugar de sumar algo nuevo al panorama musical, simplemente ocupan un espacio de repetición.

Es cierto que no todos los artistas deben revolucionar la música, pero hay una diferencia abismal entre interpretar canciones de un artista que admiras con pasión y creatividad, y usar su legado como una vía rápida para el éxito.

Una banda que se limita a copiar el vestuario, los movimientos y las canciones sin más, no está rindiendo un verdadero tributo; está haciendo un negocio con la memoria de alguien más. En muchos casos, los músicos de estas bandas no buscan crear algo duradero o significativo; solo quieren llenar el local y recibir el aplauso fácil. Es una versión mercenaria del arte, que reduce la música a un simple producto de consumo rápido.

¿Qué queda del arte en este modelo?

Al final, el problema con las bandas tributo que no aportan nada nuevo es que contribuyen a la mercantilización extrema del arte. No hay riesgo, no hay innovación, no hay un proceso creativo que lleve a algo más. Y si bien hay un lugar para la interpretación y la recreación, lo que vemos en muchos bares no es ni tributo ni homenaje, sino una forma de capitalizar el trabajo y el legado de otros sin el esfuerzo ni el respeto que debería requerir el uso de una obra ajena.

Este modelo se alimenta de la nostalgia y explota el deseo de revivir momentos del pasado, pero al final del día, está vacío de autenticidad. Para muchos músicos que intentan vivir de su propia creación y su propia voz, este fenómeno puede resultar frustrante: mientras algunos se esfuerzan por encontrar un espacio para su arte original, otros optan por lo fácil, explotando el legado de quienes ya marcaron el camino.

Las bandas tributo han distorsionado lo que realmente significa rendir homenaje a un artista. Han convertido un acto que debería estar lleno de respeto y admiración en un mecanismo mercenario para hacer dinero fácil, explotando el trabajo de otros sin pagar lo que corresponde ni aportar valor artístico. El arte, en su forma más pura, es riesgo, es creatividad, es expresar algo propio. El problema con muchas de estas bandas es que, lejos de rendir un verdadero tributo, lo que están haciendo es vivir del eco de algo que no les pertenece. Y en ese proceso, están contribuyendo a la desvalorización del arte como una forma de expresión auténtica.

¿Qué debería hacer una banda para ser un verdadero tributo?

Para que una banda “tributo” pueda realmente considerarse un tributo auténtico y no un simple negocio que explota la nostalgia, es fundamental que adopte una serie de medidas que vayan más allá de imitar el sonido y la imagen del artista original. Aquí te expongo algunos pasos clave que deberían seguir:

El primer y más importante paso que una banda tributo debe tomar es pagar regalías por el uso de la música y la imagen de los artistas originales. Muchas bandas tributo tocan las canciones de sus ídolos sin preocuparse por el hecho de que están utilizando una obra protegida por derechos de autor para generar ingresos. Los artistas originales, o sus herederos en caso de artistas fallecidos, merecen ser compensados por el uso de su trabajo, así como por el uso de su imagen si la banda intenta replicarla de alguna manera.

No hacerlo convierte este acto en una forma de apropiación que es, en última instancia, ilegal y moralmente cuestionable. Respetar los derechos de autor es fundamental para dignificar el trabajo del artista, porque ese legado no debería ser explotado sin retribución. Hay maneras claras y accesibles de cumplir con estas obligaciones legales, como a través de sociedades de gestión colectiva de derechos que se encargan de distribuir las regalías.

Un verdadero tributo no se limita a copiar de manera exacta las canciones y el estilo del artista original. Las mejores bandas tributo son aquellas que aportan algo nuevo a la música que interpretan, ya sea con arreglos innovadores, instrumentaciones distintas o incluso con una reinterpretación que dé una nueva vida a las canciones.

Cuando una banda simplemente imita, está tomando el camino fácil, sin ofrecer ninguna aportación propia. En cambio, cuando una banda se atreve a experimentar y añadir su propio toque personal, contribuye al crecimiento del legado del artista, mostrando que la música puede evolucionar y continuar inspirando a las nuevas generaciones de maneras diferentes. De esta forma, la banda deja de ser un mero vehículo de nostalgia para convertirse en un puente entre el pasado y el presente, honrando de verdad la obra del artista.

Otra señal de un verdadero tributo es la transparencia. Las bandas deben ser claras acerca de su objetivo: ¿Están simplemente replicando canciones para lucrarse? ¿O están realmente buscando mantener viva la música de su artista favorito de una manera significativa? Las bandas que se toman en serio su rol de tributo deberían mostrar un profundo conocimiento y respeto por la trayectoria y la influencia del artista original.Esto puede implicar, por ejemplo, el incluir en sus presentaciones una explicación del contexto en el que las canciones fueron creadas, las historias detrás de las letras, o cómo el legado del artista ha influenciado a la banda. Al compartir este conocimiento, las bandas pueden ayudar a educar a sus audiencias, haciéndolas más conscientes del valor cultural y artístico de la música que están escuchando.

Una forma auténtica de rendir tributo es hacer algo concreto para contribuir al legado del artista. Esto podría ser mediante donaciones a fundaciones o causas que el artista apoyaba en vida, o incluso participar en proyectos de restauración o conservación de su obra. Las bandas también pueden contribuir organizando eventos que no solo celebren la música, sino que también generen ingresos para las causas benéficas relacionadas con el artista.
Por ejemplo, si una banda tributo a Queen organiza un evento en el que parte de los ingresos se donan a organizaciones de lucha contra el VIH, estaría no solo homenajeando a Freddie Mercury, sino también continuando con su legado de apoyo a esa causa. Esto permite que el tributo tenga un impacto tangible más allá del simple acto de interpretar canciones.

Usar la imagen de un artista famoso para atraer al público es algo delicado. Las bandas tributo a menudo intentan replicar no solo la música, sino también el look y los gestos del artista original. Esto, si se hace de manera superficial o burlesca, puede llegar a ser ofensivo o de mal gusto.

Un verdadero tributo debe abordar la representación del artista con dignidad y respeto, evitando la caricaturización o el uso exagerado de estereotipos. Es clave recordar que la imagen del artista original no debe ser tratada como una simple mercancía. Si una banda decide emular la estética de su ídolo, debe hacerlo con respeto hacia el valor simbólico y cultural que esa imagen representa, y no solo para crear una versión comercial vacía que busca el aplauso fácil

Las bandas tributo tienen la oportunidad de construir una identidad artística propia mientras rinden homenaje a sus ídolos. Si bien pueden basarse en la música del artista original, deberían esforzarse por encontrar su propio estilo y voz dentro de esa música. Un buen tributo no trata de ocultar la identidad de los músicos detrás de la máscara del artista original, sino que busca que esos músicos crezcan artísticamente a través de la obra que están celebrando.
Esto puede significar realizar conciertos en los que mezclen las canciones del artista homenajeado con sus propias composiciones originales o con versiones de las canciones que reflejen su estilo particular. De esta forma, la banda tributo puede atraer a un público que no solo busca revivir el pasado, sino que también está interesado en ver cómo evoluciona esa música en manos de nuevos artistas.

Otra estrategia para dignificar el trabajo como banda tributo es colaborar con músicos o productores cercanos al artista original. Esto no solo añade autenticidad al tributo, sino que también asegura que la música se está interpretando de una manera respetuosa y aprobada por quienes conocen mejor la obra del artista. Algunas bandas tributo de renombre han logrado colaborar con miembros originales de la banda a la que rinden homenaje, lo que les otorga una legitimidad y un respeto que va mucho más allá de lo que una simple imitación podría lograr.

Para que una banda realmente se pueda llamar tributo, debe ir mucho más allá de simplemente copiar la música y la imagen de un artista famoso. Debe haber un compromiso con el respeto a los derechos de autor, con la aportación creativa, con la autenticidad y, sobre todo, con el reconocimiento justo del legado del artista homenajeado. Sin estos elementos, el tributo no es más que una explotación mercantil de la nostalgia, un negocio disfrazado de homenaje, un buen ejemplo de todo lo que acá se ha hablado es la banda Led Zepp Again que cumple con todos estos requisitos y son avalados por los propios Led Zeppelin quienes aprueban cada movimiento y reciben una parte de las ganancias. Esta banda gira por todo el planeta y no es la única, hay varias.

El arte siempre ha sido una conversación entre lo pasado y lo presente. Un verdadero tributo mantiene viva esa conversación, permitiendo que la obra original evolucione y siga tocando los corazones de nuevas audiencias, con respeto y admiración. Todo lo demás es, en última instancia, un ejercicio vacío y superficial.

    Sayco como siempre, la mafia pendeja que se lava las manos

    Dentro del marco legal colombiano, las bandas tributo que no cumplen con las normativas sobre derechos de autor, propiedad intelectual, y el uso de la imagen de artistas están incurriendo en una serie de violaciones a la ley. A continuación, detallo las leyes y las faltas a las que estas bandas podrían estar pasando por alto, además de las obligaciones que deberían cumplir para operar legalmente.

    Las bandas tributo, al interpretar y beneficiarse económicamente de las obras musicales de otros artistas sin pagar regalías o sin autorización, están infringiendo las normativas de derechos de autor en Colombia.

    Ley 23 de 1982: Esta ley regula los derechos de autor en Colombia y establece que toda obra artística, literaria, o científica goza de protección. La música, las letras y las composiciones son consideradas obras protegidas bajo esta ley, lo que significa que su reproducción, distribución y comunicación pública sin la autorización del titular es ilegal.

    Las bandas que interpretan en vivo o graban canciones sin el permiso expreso del titular de los derechos (artistas, compositores o herederos) están incumpliendo con esta ley.

    Las bandas deben pagar regalías a través de entidades de gestión colectiva como Sayco (Sociedad de Autores y Compositores de Colombia), que se encarga de gestionar los derechos de autor en nombre de los compositores. Si una banda no está afiliada o no realiza estos pagos, incurre en una falta grave, que puede resultar en sanciones económicas y demandas legales pero ya todos conocemos la clase de mafia monopólica que es esta entidad.

    Muchas bandas tributo no solo interpretan la música de artistas originales, sino que también replican su imagen, vestimenta, y estilo escénico sin el debido consentimiento, lo que constituye una violación del derecho a la imagen.

    Artículo 15 de la Constitución Política de Colombia: Establece que todas las personas tienen derecho a su imagen y al respeto de su buen nombre. El uso no autorizado de la imagen de un artista para fines comerciales puede ser considerado una violación a su derecho de imagen.
    Ley 1581 de 2012 (Ley de Protección de Datos Personales): Aunque esta ley está más enfocada en la protección de la información personal, su marco puede aplicarse cuando el uso de la imagen de una persona está en juego, ya que la imagen es considerada un dato personal que no puede ser utilizado sin autorización.

    La reproducción de la imagen de artistas sin su consentimiento para fines lucrativos puede llevar a sanciones. Esto es particularmente problemático si la banda tributo se presenta como un reflejo exacto del artista, usando su nombre, estética y performance sin contar con los derechos correspondientes.

    En Colombia, cualquier actividad económica está sujeta a las normas fiscales del país. Las bandas tributo que no registran adecuadamente sus ingresos y no declaran las regalías generadas por sus conciertos, grabaciones o ventas de merchandising están incumpliendo con las normativas fiscales.

    Estatuto Tributario Colombiano: Todas las actividades lucrativas deben estar registradas y cumplir con las obligaciones tributarias correspondientes. Las bandas tributo que no registran sus actividades económicas ni declaran ingresos provenientes de sus conciertos o eventos pueden estar evadiendo impuestos.

    No declarar los ingresos obtenidos a través de presentaciones en vivo, venta de mercancías o cualquier otra actividad comercial relacionada con la música tributo puede derivar en multas, sanciones y hasta investigaciones fiscales.

    Si una banda tributo utiliza el nombre o logotipos asociados a la banda original, como aquellos que están registrados como marca, puede estar infringiendo la ley de propiedad industrial.
    Decisión 486 de la Comunidad Andina (Régimen Común sobre Propiedad Industrial): Regula el uso de las marcas y los signos distintivos. Las bandas o artistas suelen registrar su nombre y logotipo como marca para protegerlos. Cualquier uso comercial de una marca registrada sin autorización puede considerarse una infracción de los derechos de propiedad industrial.
    Usar sin autorización el nombre, logotipo o signos distintivos de una banda o artista original para promocionar un evento o una presentación podría constituir una violación de los derechos de propiedad industrial, exponiendo a las bandas tributo a demandas por infracción de marca.

    El uso de arreglos musicales o la reinterpretación de una obra sin el debido crédito o autorización del autor también puede considerarse una forma de apropiación indebida. Aunque la banda interprete canciones, modificar o transformar de manera significativa la obra original puede requerir permisos adicionales, algo que muchas bandas tributo ignoran.

    Ley 23 de 1982 y Decisión 351 de 1993 (Normas de protección a los derechos de autor en la Comunidad Andina): Estas leyes también cubren las obras derivadas. Si una banda realiza modificaciones importantes a la obra original, como cambios en la estructura o instrumentación, está creando una obra derivada que también está sujeta a derechos de autor.
    Realizar arreglos sin permiso del compositor original y lucrar con ello podría generar reclamos legales, ya que una obra derivada es propiedad del autor original y debe contar con su aprobación.

    Las bandas tributo en Colombia, aunque populares, deben cumplir con una serie de obligaciones legales para operar de manera adecuada. Esto incluye pagar regalías a los artistas originales, respetar los derechos de imagen y marca, declarar correctamente los ingresos generados, y obtener los permisos correspondientes para sus presentaciones en vivo. De lo contrario, no solo están explotando ilegalmente el trabajo de otros artistas, sino que también se exponen a sanciones legales, demandas por violación de derechos de autor y problemas fiscales.

    Entonces señores, la cosa va mucho más, muchísimo más allá de un simple capricho o de una simple “envidia”, al igual que las bandas que a pesar de tener conocimiento sobre la corrupción en las instituciones del Estado y aun así siguen participando con ellos, estas bandas también son cómplices de la deshonestidad y las faltas en la música. Cómo dijo el fiscal en el caso de P.Diddy: “Si usted estuvo allí y vio cosas, así no haya participado, también es culpable”.

    Pero así es, así ha sido y así será y conociendo a nuestros músicos, pasarán de largo de este artículo, diciendo que es un artículo envidioso y resentido y seguirán comiendo del aplauso ajeno sin cumplir con ninguna responsabilidad y mucho menos “rindiendo tributo” a nadie.

    @subterránica

    Colombia

    IDARTES S.A. ¿Entidad pública o agencia de mercadeo de Live Nation en Bogotá?

    Publicado

    en


    Escribir este tipo de artículos cansa… cansa porque caen en oídos vacíos, en personas con hambre, en necesitados. Cansa porque a pensar que todo está a la luz de la evidencia seguirá pasando lo que siempre pasa… nada, absolutamente nada en esta tierra en donde las artes se convirtieron en el bolsillo de un pequeño grupo de individuos que entendieron y descifraron la forma de enriquecerse en el país sin el más mínimo esfuerzo y sin que nadie los cuestione. Esta es solo otra de esas historias que pasaran al olvido en una tierra en donde lo único que no se olvida es la miseria.

    Hace unos días el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) anunció con bombos y platillos una “alianza estratégica” con la empresa Páramo Presenta. El objetivo, según el comunicado oficial, era ofrecer un descuento del 70% a los músicos de la ciudad para el concierto de Tom Morello, un guitarrista legendario en el rock mundial, famoso por ser miembro fundador de Rage Agaisnt the Mchine, por si alguno aún no tiene ni idea de quién es. El gran problema para los incautos, es que lo que se presenta como una “oportunidad de formación y circulación” es, bajo un análisis riguroso de gestión pública y ética corporativa, uno de los entramados de captura institucional más evidentes de los últimos años.

    El discurso que recibimos en los correos, estaba vendiendo esta iniciativa como un apoyo al “crecimiento profesional” para músicos e interesados, pero en términos técnicos y reales esto no es honesto, porque Idartes está utilizando su maquinaria de difusión, su talento humano y sus bases de datos —pagados con los impuestos de los bogotanos— para asegurarle la taquilla a un evento privado que a última hora no logró el objetivo.

    Para que entiendan (Si quieren hacerlo) la magnitud del problema, hay que seguir el rastro del dinero… Páramo Presenta ya no es una productora independiente colombiana, desde 2023, el 51% de sus acciones pertenece a Live Nation Entertainment, ese gigante global que controla el mercado de la música en vivo y que es dueño de Ticketmaster y que en los últimos días está envuelto en un escándalo salvaje del que hablaremos más adelante.

    Es éticamente cuestionable que una entidad pública de Bogotá dedique recursos para hacerle el marketing gratuito a una multinacional que factura miles de millones de dólares. ¿Necesita Live Nation que el presupuesto del Distrito le ayude a vender boletas? La respuesta es obviamente no. Lo que estamos viendo es el uso de lo público para subsidiar el riesgo comercial de un monopolio privado.

    Y esto no pasa por que sí, porque Dios es grande o porque Idartes se apiadó de Paramo o que Paramo “da la oportunidad” a los músicos de ir a escuchar a Tom Morelo. Esto se alimenta de una estructura de “puertas giratorias” donde ex-funcionarios de alto perfil en los medios públicos y entidades de cultura terminan en las directivas de las grandes productoras, así como está sucediendo con el cine y la película de Estado “Padilla” que también benefició enormemente a una productora privada por obra y gracia del espíritu santo.

    Uno de los personajes importantes de esta historia, fue una de las voces y programadores más influyentes de Radiónica (el sistema de medios del Estado) y hoy es director de Booking en Páramo/Live Nation, ese el ejemplo perfecto. Estos actores conocen el sistema por dentro, fundaron esas empresas gracias a esos puestos de poder, tienen los contactos directos en las subdirecciones de las entidades y logran que la “gestión cultural” del Distrito se alinee perfectamente con los intereses de su empresa privada. Es la institucionalización de “la rosca”, el Estado no se alía con el sector, se alía con sus antiguos compañeros de oficina, mientras que veta a los independientes que tienen derecho a usar el equipamiento cultural pero no lo hacen porque como dijimos en otro artículo Idartes se cree curador y no administrador. ¿Pero quien dice algo? Al parecer el más cobarde es el mismo artista, quien sufre de pánico a ser vetado. Pero la realidad es la realidad así quieran borrarla.
    Dicho de manera directa, acá hay una desviación de Poder y Tráfico de Influencias (Castigado por el Art. 409 y 411 del Código Penal), al menos en el papel.

    Lo que Idartes presenta como una “gestión de fomento” es bajo la lupa del Derecho Penal, un presunto Interés Indebido en la Celebración de Contratos. La ley colombiana es clara: el servidor público no puede utilizar su cargo para favorecer intereses privados y al destinar recursos públicos (canales de comunicación institucional, tiempo de funcionarios y bases de datos del sector) para promocionar el concierto de una multinacional como Live Nation, Idartes está actuando como una agencia de mercadeo gratuita. Mientras tanto, a procesos históricos de gestión independiente que llevan décadas construyendo tejido social desde la base, se les somete a una burocracia que asfixia y que es miserable. La “puerta giratoria” de ex-funcionarios de Radiónica y el Ministerio de Cultura hacia las directivas de Páramo no es solo un dilema ético; es el mecanismo que aceita este tráfico de influencias.

    Acá se está en plena Violación al Principio de Igualdad y No Discriminación (Art. 13 de la Constitución). La Constitución Política de Colombia obliga al Estado a promover el acceso a la cultura en condiciones de igualdad. Pero ¿A quién le importa? Es una nimiedad, es arte, eso ni existe, en Bogotá se ha instaurado una dictadura del gran formato en donde para el Monopolio (Páramo/Live Nation) se pone una alfombra roja institucional, “alianzas estratégicas” inmediatas y validación estatal para vender sus boletas, pero para el Independiente (Gestores y Músicos Autogestionados) siempre hay una negativa sistemática de equipamientos culturales como La Media Torta, excepto para los amigos que la usan hasta para ensayar.

    Negar el uso de escenarios públicos a procesos ciudadanos bajo excusas técnicas de “mantenimiento” o “trámites”, mientras se facilita la logística para el lucro de un gigante privado colocando incluso los logos oficiales, es un acto arbitrario e injusto (Art. 416 del Código Penal). El Estado está decidiendo quién suena y quién calla basándose en la rentabilidad de sus “aliados” y no en el valor cultural del proceso.

    Un juez podría decidir si esto es peculado por uso, acá estamos hablando del estado como subsidio de la multinacional, pero como siempre tendrán una respuesta, o una artimaña de derecho para rebajar el discurso, así como lo hizo el monopolio deshonesto de Sayco cuando buscó como bajar los anuncios de la sanción millonaria y la investigación a sus directivos el año pasado. Este país está diseñado para la trampa, para que el deshonesto siempre gane.
    El uso de la infraestructura del Estado para fines privados tiene ese nombre jurídico: “Peculado por Uso”. Cada post en redes sociales, cada correo masivo enviado desde las bases de datos de Idartes para promocionar a Tom Morello, tiene un costo operativo pagado por los contribuyentes, usar estos activos para “limpiar” la imagen de una empresa como Live Nation —que actualmente enfrenta juicios por prácticas monopolísticas y burlas a sus usuarios en moral, sino patrimonial. Idartes está regalando el prestigio de Bogotá a una corporación depredadora y provada justificando estas alianzas bajo la “Estrategia de Circulación”. Pero hay una caries, la Ley 1493 de 2011 (Ley de Espectáculos Públicos) busca democratizar el acceso y fortalecer la producción local, no convertir al Estado en el tiquetero de turno.
    Así que al condicionar el “beneficio” a la compra de una boleta, el Estado abandona su rol de fomentador para convertirse en un captador de rentas para terceros. Es la consolidación de la “technocracia de la cultura” en donde el gestor independiente es bloqueado, mientras el músico es arreado a consumir el producto que “la rosca” decide traer.

    Lo que estamos viendo hace décadas ya, es el Colapso ético de las instituciones públicas del arte y necesitamos como sea recuperar lo público, al costo que sea, de la manera que sea.
    ¿Escucharon el Escándalo global de Live Nation? ¿Con quién se está aliando Idartes? Aunque se sabe que no les interesa, es importante que la ciudadanía y los músicos de Bogotá sepan con quién se está “aliando” su administración local. Mientras Idartes limpia la imagen de Live Nation (dueña de Páramo) presentándola como un motor de “crecimiento profesional”, en los tribunales de Nueva York la realidad es otra.

    En marzo de 2026, grabaciones filtradas y mensajes internos de la compañía revelaron un desprecio sistemático por el público. Frases como “Robándolos de frente, nene” y burlas hacia la “estupidez” de los fans que pagan tarifas abusivas, son hoy pruebas reina en un juicio por prácticas monopolísticas. Al promocionar sus eventos, Idartes no solo está fallando en su misión técnica; está incurriendo en una complicidad ética al validar a una corporación que utiliza tácticas de matoneo para aplastar la competencia y extraer hasta el último peso del bolsillo del artista y el espectador. Esto es algo casi de película… pero es Colombia, acá todo pasa y nadie hace nada.

    Mientras miles de cineastas llenan convocatorias para ayudas de producción, o cientos de ingenuos músicos desesperados por el hambre y un sueldo llenan convocatorias a Rock al Parque, el “delito” moral más flagrante es la asimetría en el acceso a los bienes públicos. Mientras a la multinacional se le facilitan alianzas de difusión masiva, a procesos históricos de base como muchos gestores independientes no alineados a esta dictadura cultural, se les niegan sistemáticamente equipamientos culturales como los teatros, las oportunidades, convocatorias, etc.

    ¿Creen que es algo como ellos dicen que “no existe? Es una estrategia de asfixia a la autogestión. Al cerrar los escenarios públicos para la creación independiente bajo excusas burocráticas, el Estado obliga al ecosistema musical a orbitar exclusivamente alrededor de los grandes promotores privados. Es la expropiación simbólica y física de los espacios que pertenecen a todos los bogotanos para entregárselos, por omisión o por favor, a la rentabilidad de “la rosca”. Lo que estamos presenciando es el reemplazo de una Política Pública de Cultura por una Estrategia de Mercadeo Corporativo. Cuando el Estado prioriza la venta de boletas de un privado sobre la circulación de sus propios artistas autogestionados, ha perdido su razón de ser. Pero esto ya lo sabían ¿verdad?

    Para entender por qué Idartes actúa hoy como el brazo de mercadeo de un monopolio privado, hay que mirar las hojas de vida de quienes fundaron y dirigen este emporio. No se trata de empresarios que surgieron de la nada; se trata de personajes que aprendieron a manejar la maquinaria pública desde adentro, ocupando cargos estratégicos que luego utilizaron en beneficio de su emprendimiento privado, uno de los fundadores clave fue durante años una de las figuras con mayor poder de decisión en Radiónica (el sistema de medios del Estado). Desde allí, no solo construyó la audiencia que hoy le compra boletas, sino que aprendió cómo se mueven los hilos de la contratación y los apoyos institucionales. Al saltar al sector privado, se llevó consigo el “know-how” y los contactos necesarios para que el Estado vea sus conciertos como “asuntos de interés público”. El Asesor de la “Economía Naranja” es otro de los cerebros detrás de este grupo empresarial que fungió como asesor técnico y consultor en mesas de política pública de economía creativa. Fue él quien ayudó a redactar las reglas de juego que hoy le permiten a los grandes operadores privados acceder a beneficios tributarios y facilidades en el uso de parques metropolitanos (como el Simón Bolívar), mientras a los festivales independientes les cierran las puertas de los teatros distritales. Varios de los integrantes del círculo directivo de esta multinacional han pasado por las listas de jurados de concertación y estímulos del Ministerio de Cultura y Idartes. Conocen a la perfección cómo se redactan los pliegos para que una “alianza estratégica” suene a fomento cultural, cuando en realidad es una operación de salvamento de taquilla para un privado.

    Este historial demuestra que no estamos ante una competencia justa, mientras gestores independientes deben enfrentarse a funcionarios que les exigen requisitos imposibles, los fundadores del monopolio hablan de tú a tú con la administración porque ellos mismos fueron la administración. Es la captura técnica del Estado, usaron sus cargos públicos para pavimentar el camino, redactar las normas a su medida y una vez afuera, cobrar el peaje a través de convenios que les entregan la publicidad y los datos de los músicos de la ciudad.

    Así que estamos ante la muerte de la política pública cultural en Bogotá. Cuando Idartes se convierte en el relacionista público de Live Nation, la entidad deja de ser un motor de fomento para transformarse en un “portero de discoteca” que decide quién entra al ecosistema, quién tiene permiso de sonar y quién debe quedarse afuera, en la calle, mendigando el uso de un escenario que le pertenece por derecho, el mensaje que el Distrito le envía al músico independiente es “No nos importa tu trayectoria, no nos importa que autogestiones festivales durante 20 años, ni que construyas tejido social sin pedirnos un peso. Si no eres socio de ‘la rosca’, si no vienes de las oficinas de la radio pública o de los pasillos del Ministerio, para nosotros no existes”.

    La “alianza” por Tom Morello es el epitafio de una institucionalidad que se vendió al mejor postor. Bogotá no tiene hoy una Secretaría de Cultura; tiene una sucursal de mercadeo de un monopolio global. El silencio de las autoridades ante este conflicto de intereses es la prueba de que el sistema no está roto, sino que está funcionando exactamente como ellos lo diseñaron, para que unos pocos vivan del presupuesto de todos, mientras el verdadero rock independiente muere de inanición burocrática en la puerta de los escenarios que él mismo ayudó a construir.

    @subterranica

    Continúa leyendo

    Colombia

    Cuando Billy Corgan dijo lo que Subterránica lleva veinte años denunciando

    Publicado

    en

    Cuando Billy Corgan habla del destino del rock lo hace desde la experiencia de alguien que estuvo en el corazón mismo de la última gran explosión cultural del género en los años noventa, y hace unos días ha lanzado una afirmación incómoda que ha comenzado a circular con fuerza en las personas que nunca quisieron escuchar… el rock no murió por falta de creatividad, ni porque el público dejara de escucharlo, sino porque fue deliberadamente desplazado del centro cultural.

    Según el líder de The Smashing Pumpkins, hacia finales de los noventa ocurrió un giro abrupto en los medios de comunicación musicales. En una entrevista en un podcast, Corgan recordó cómo alrededor de 1997 o 1998 la programación de canales como MTV cambió radicalmente y el rock fue reemplazado por otros géneros que pasaron a dominar la narrativa cultural. El músico sostiene que el género fue “bajado de volumen” culturalmente, incluso mientras seguía siendo uno de los estilos más poderosos en conciertos y audiencias.

    En esencia, Corgan sugiere que el rock fue desplazado por decisiones de industria y de medios, no por un agotamiento natural del movimiento. Para alguien que vivió la época dorada del rock alternativo, cuando bandas como Nirvana, Pearl Jam o los propios Smashing Pumpkins dominaban la cultura popular, ese cambio repentino no parece una simple evolución musical, para él fue una reconfiguración deliberada del paisaje cultural.

    Pero sabemos que esto no es nuevo, mucho antes de que Corgan empezara a hablar públicamente de ese desplazamiento, en Colombia ya existía una voz que denunciaba algo similar desde la periferia cultural del rock latinoamericano. Esa voz fuimos nosotros… Subterránica.

    Durante más de dos décadas, nuestro ha sostenido una crítica constante sobre cómo el rock colombiano fue desplazado de las políticas culturales, de los medios y de los circuitos institucionales. En la tesis doctoral que se desarrolla desde nuestro equipo, se describe cómo el rock pasó de ser una expresión central de la contracultura urbana a convertirse en un género marginado dentro de las agendas culturales oficiales.

    La tesis plantea que el cambio no fue accidental. A partir de los años dos mil, las políticas culturales en Colombia comenzaron a privilegiar lo que se denominó “nuevas músicas colombianas”, una categoría amplia que buscaba fusionar elementos tradicionales con estéticas contemporáneas, al principio la iniciativa parecía positiva, pero en la práctica produjo un efecto colateral, el rock dejó de ser considerado una expresión legítima de la identidad cultural del país.

    El resultado fue una sustitución simbólica, mientras durante los noventa el rock había sido el lenguaje generacional de miles de jóvenes, en la década siguiente ese lugar empezó a ser ocupado por proyectos financiados institucionalmente bajo etiquetas como world music, fusiones tropicales o propuestas que más tarde serían agrupadas bajo el término de “tropidelia”.

    Desde entonces, Subterránica ha sostenido que el problema no fue la existencia de esas músicas, sino el hecho de que fueron promovidas como reemplazo del rock dentro de las políticas culturales y esto recuerda inevitablemente a lo que Corgan describe sobre el contexto internacional. En ambos casos aparece la misma pregunta ¿qué ocurre cuando las instituciones culturales deciden qué géneros merecen visibilidad y cuáles deben desaparecer del relato dominante?

    El líder de Smashing Pumpkins ha criticado durante años el funcionamiento interno de la industria musical, señalando que muchas de sus decisiones no responden a procesos naturales de evolución artística sino a estructuras de poder que moldean el mercado cultural. Incluso ha llegado a afirmar que el negocio musical está basado históricamente en dinámicas de explotación y control sobre los artistas. Si esa lógica existe en la industria global, no resulta descabellado pensar que también pueda existir en contextos locales donde el poder cultural se ejerce a través de instituciones públicas, convocatorias y programas de financiación.

    Lo que Corgan plantea desde la perspectiva de un ícono del rock mundial es, en esencia, lo mismo que Subterránica lleva señalando en Colombia desde hace veinte años: el rock no desaparece por falta de talento ni por falta de público. Desaparece cuando deja de ser apoyado por los sistemas que deciden qué música merece existir en el espacio público.

    El día en que el rock dejó de ser prioridad en Colombia

    Durante los años noventa el rock en Colombia vivió uno de sus momentos más visibles. La expansión de festivales, medios especializados y circuitos independientes permitió que el género se consolidara como un lenguaje generacional. No era simplemente música. Era una forma de identidad cultural urbana que dialogaba con procesos sociales, con la contracultura juvenil y con la construcción de una escena que aspiraba a tener un lugar dentro del panorama cultural del país.

    Sin embargo, a comienzos del siglo XXI el panorama empezó a transformarse. Las políticas culturales comenzaron a reorganizar sus prioridades y a impulsar nuevas narrativas sobre lo que debía representar la identidad musical colombiana. Bajo el concepto de “nuevas músicas colombianas”, distintas instituciones promovieron proyectos que mezclaban elementos de música tradicional con lenguajes contemporáneos, muchas veces vinculados a circuitos internacionales de world music. La iniciativa, presentada como una estrategia de visibilización cultural, generó un cambio profundo en el ecosistema musical del país.

    En ese proceso el rock comenzó a perder espacio dentro de las agendas institucionales. No se trató de una prohibición ni de un enfrentamiento abierto contra el género, sino de algo más silencioso y estructural. Los recursos, las convocatorias, los discursos académicos y las plataformas de promoción empezaron a orientarse hacia otros estilos musicales considerados más representativos de la identidad nacional. El rock, que durante décadas había sido una de las expresiones urbanas más importantes de la juventud colombiana, empezó a ser percibido como una estética extranjera o marginal dentro del relato cultural oficial.

    Al mismo tiempo que esto sucedía, surgieron nuevas corrientes que ocuparon el espacio simbólico que antes había tenido el rock den los jóvenes. Propuestas híbridas, fusiones tropicales y proyectos asociados a lo que algunos críticos denominaron “tropidelia” comenzaron a recibir mayor visibilidad en festivales, circuitos académicos y plataformas culturales. Estas iniciativas lograron posicionarse como la representación moderna de la música colombiana ante el mundo relegando el rock a “música de viejos”.

    El problema no fue la existencia de estas propuestas, la diversidad musical siempre ha sido parte de la riqueza cultural de cualquier país. El problema fue que, en muchos casos, estas corrientes fueron impulsadas como sustitutas del rock dentro del ecosistema cultural, generando un desplazamiento que alteró profundamente la dinámica de la escena independiente.

    Y aun así, sigue existiendo y seguirá existiendo por siempre..

    Sigue existiendo en los circuitos independientes, en los sellos autogestionados, en los festivales underground y en las comunidades que se resisten a aceptar que una cultura entera pueda ser borrada por decisiones administrativas o tendencias institucionales.

    Tal vez por eso las palabras de Billy Corgan han resonado con tanta fuerza entre quienes han vivido el desarrollo del rock fuera de los grandes centros de poder cultural. Porque lo que el músico describe desde la experiencia de la industria global no es solo una teoría.

    Para muchos en Colombia, es una historia que ya ocurrió.

    Continúa leyendo

    Colombia

    Oscura Radio Tv y doce años documentando el pulso del underground

    Publicado

    en

    Durante más de una década, Oscura Radio Tv ha sido una de esas plataformas que trabajan lejos de los reflectores pero cerca del pulso real de la escena. Doce años acompañando procesos creativos, documentando historias y amplificando las voces del rock y el metal independiente no son una cifra menor en un ecosistema cultural donde la constancia suele ser la primera víctima. Hoy, el proyecto celebra su aniversario número doce con una serie de iniciativas que buscan no solo conmemorar el camino recorrido, sino también reconocer a quienes han construido la escena desde múltiples frentes.

    La celebración se materializa en una serie de doce pódcast dedicados a visibilizar proyectos, organizaciones y espacios que forman parte del tejido cultural del rock y el metal en Bogotá. A lo largo de estos episodios se presentan conversaciones con gestores culturales, colectivos, medios de comunicación, iniciativas académicas y emprendimientos creativos que han contribuido, desde distintas trincheras, al desarrollo del movimiento independiente en la ciudad. Más que entrevistas, se trata de un ejercicio de memoria y reconocimiento para quienes han sostenido la escena desde el trabajo constante y muchas veces silencioso.

    Según explica su director, Jasa Rehm, el propósito de esta serie es visibilizar a quienes mantienen vivo el ecosistema cultural del rock y el metal desde múltiples espacios. La iniciativa pone sobre la mesa proyectos que representan distintas dimensiones de la cultura alternativa, desde la creación literaria y el emprendimiento creativo hasta la investigación académica y la gestión cultural.

    Entre los protagonistas aparecen iniciativas como Eskarlata Poesía Rock, un proyecto editorial que explora la relación entre literatura y rock; Munderground, emprendimiento de diseño artesanal inspirado en la estética alternativa; y la Mesa de Rock Kennedy, espacio de participación ciudadana que promueve procesos culturales en esa localidad. También se suma el Congreso Colombiano de Estudios sobre Rock y Metal, un espacio académico y cultural impulsado por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, que ha abierto un campo de investigación sobre estas músicas dentro del ámbito universitario.

    La serie también recoge voces de proyectos como Metal.co, espacio radial de Radio UNAL dirigido por Carlos Fabián Rodríguez Navarrete, dedicado a la difusión de los sonidos extremos del país. A esto se suman experiencias como Nación Rock Metal, que articula distintos actores del sector; Aguja de Hierro, enfocado en personalización y bordados; y la Escuela de Rock de Fontibón, un espacio gratuito de formación musical para jóvenes. Dentro del recorrido también aparece la Casa Cultural Lxs Abandonadxs, proyecto comunitario que promueve el arte y la cultura desde el trabajo barrial.

    El panorama se amplía con la participación de otras iniciativas culturales de la ciudad como la Fundación Trilce, dedicada a la divulgación y formación en creación literaria; el Teatro Experimental Fontibón, colectivo que impulsa procesos escénicos en la localidad; y la Corporación Fomentar Desarrollo, entidad que promueve transformaciones sociales a través de la educación, el arte y la cultura. En conjunto, todas estas experiencias permiten entender la escena no solo como un espacio musical, sino como un ecosistema cultural complejo donde convergen investigación, gestión, formación y creación.

    La celebración del aniversario también incluye un componente formativo. Oscura Radio Tv desarrolló cuatro talleres de comunicación comunitaria enfocados en la creación de pódcast, dirigidos a jóvenes entre los 12 y 17 años interesados en explorar herramientas de producción sonora y narración radial. Como resultado de este proceso, los participantes realizarán dos programas en vivo desde los estudios del medio, donde compartirán sus primeras experiencias produciendo contenidos sonoros y acercándose al lenguaje radiofónico desde una perspectiva independiente.

    En paralelo, el proyecto prepara el lanzamiento del compilado Vol. 4, una producción física en formato doble CD que reunirá a treinta y seis agrupaciones del panorama nacional distribuidas en dos discos dedicados al rock y al metal. Este nuevo volumen continúa una tradición que el medio ha venido consolidando con sus compilados anteriores: documentar el presente de las bandas independientes y generar un puente entre artistas, medios y audiencias que siguen creyendo en la circulación alternativa de la música.

    Como parte del concepto del lanzamiento, el arte gráfico también mantiene su protagonismo. En esta edición la carátula fue desarrollada por el artista Narsil_Bv, reforzando la intención de visibilizar no solo a las bandas, sino también a los creadores visuales que forman parte de la misma cadena cultural.

    Después de doce años de trabajo continuo, Oscura Radio Tv demuestra que los medios independientes siguen siendo una pieza clave para preservar la memoria de las escenas musicales. La nueva serie de pódcast, el compilado Vol. 4 y las actividades formativas con jóvenes apuntan en una misma dirección: fortalecer la red de actores que mantienen vivo el circuito del rock y el metal desde la autogestión, la colaboración y la convicción de que la cultura independiente se construye colectivamente.

    Más información sobre el proyecto y sus contenidos puede encontrarse en su página oficial: https://oscuraradiotv.com/
    .

    Continúa leyendo

    Popular