Colombia
Rock y Metal sin límites: 16 bandas colombianas que han sabido ir más allá de lo evidente
El periodista Joel Cruz responde con una selección expandida al artículo publicado por Subterránica llamado “Rock y Metal con peso propio: 16 bandas colombianas que dejaron huella real” https://subterranica.com/2025/08/13/rock-y-metal-con-peso-propio-16-bandas-colombianas-que-dejaron-huella-real/
Por: Joel Cruz
La historia del rock en Colombia (seamos sinceros, aún no posee el estatus de rock colombiano) es de momentos: muchos piensan que las cosas empezaron a funcionar para el género cuando «Mujer gala» de Aterciopelados explotó (por aquello de ser una época de bombas) en las emisoras. Otros afirman que la cosa tomó forma con el famoso Concierto de conciertos; que catapultó, así fuera muy brevemente, el nombre del rock en español (término que me fastidia) al interior de esta geografía con tres cordilleras. Una porción importante de la población «erudita» defiende de manera conveniente la consolidación de la escena gracias en su totalidad, a Rock al Parque. Casos se ven, no se sorprendan.
Desplazándonos décadas atrás, están los puristas que defienden con ahínco hippie a Ancón o al Festival de la vida. Más atrás, la Gira Milo A Go Go y la llegada del grupo norteamericano Bill Haley & His Comets también aparecen con voz robusta, junto al influjo del mexicano Enrique Guzmán. En fin, instantes heroicos, llenos de romanticismo juvenil, pero cargados de una narrativa fragmentada; una trocha que juega a ser carretera de asfalto y libertinaje, pero al final del día, felicidades efímeras.
Destacando agrupaciones, pero también capítulos (llámense acontecimientos u obras que rompen la barrera del tiempo), esta nota responde inquietudes generadas por el artículo Rock y Metal con peso propio: 16 bandas colombianas que dejaron huella real. Como suele pasar, esta es una visión muy mía del tema; por lo tanto es natural que usted, estimado lector, tenga objeciones respecto a la selección que se hace y que a manera de consecuencia, siembre más pasiones que argumentos o acciones efectivas.
A continuación, se mencionan otros 16 bandas casos de éxito donde lo nacional «tuvo o tiene la posibilidad de ir a algún lado», parafraseando a un famoso cantante de la farándula de bar bohemio. Por lo mismo, su importancia (me atrevo a decirlo) es imposible de ignorar. Hacer rock en una Colombia que glorifica al infame de Diomedes Díaz es como producir vino en Boyacá: parece imposible, pero se ha logrado.
1. La Banda Nueva: Riqueza sonora nacida en lo primigenio
El grupo formado en 1972 por Jaime Córdoba, Orlando Betancur, Juan Carrillo y Gustavo Cáceres lanzó un año después de su unión el álbum La Gran Feria, una gran apuesta de rock progresivo, sinfónico y latin jazz, moderno para su época y en un país donde su contenido era realmente raro.
Pese a todo, nunca dejó de ser autóctono, con letras brillantemente conectadas con la idiosincrasia local. El grupo no prosperó, pero el disco debería ser materia obligada para todo aquél que desee ser un Axl Rose de Transmilenio en el siglo XXI y finja con eso estar a la moda.
2. Nash: Rockstars paisas antes del Titán
En la Medellín de los primeros años ochenta, esta agrupación influenciada por los sonidos de Journey, Uriah Heep o Rush llevó a cabo algo difícil en su realidad: convocar miles de seguidores en sus conciertos, conseguir éxito radial y grabar con las mejores condiciones profesionales que la situación social, política, geográfica y económica de la urbe antioqueña le permitió por aquel entonces. Nash no alcanzó a durar ni 10 años, pero su impacto ha trascendido la nostalgia. No en vano, su cantante y tecladista Víctor García (Victor Bender) es a su vez, responsable tras la consola de piezas memorables, firmadas por nombres en la onda de Estados Alterados, Kraken, Masacre o Ekhymosis. Ni hablar de lo que el mentado músico e ingeniero de sonido ha hecho en el exterior.
3. Ship y Born: Obra maestra acorde con la vanguardia global, pero en un entorno atrasado
El experimento de hacer real un estudio de grabación moderno y bien equipado en Bogotá durante 1980, dio como resultado a Fonovisión, hoy Audiovisión. Se necesitaba registrar un álbum piloto para analizar las bondades que «los juguetes» de este novedoso espacio ofrecía. Así nació Born, larga duración de proyecto Ship, integrado por un dream team capitalino: Jorge Barco, Alexei Restrepo, Ignacio Pilionieta y Joseph Watto, aunque la banda tendría la colaboración de más intérpretes durante su primera etapa de existencia. En la producción e ingeniería, las flamantes hojas de vida que lo hicieron posible también son prominentes, destacando por supuesto a Enrique Gaviria, Mario Sarasty y desde el mundo anglo (entre otras), una muy especial: la de Eddie Kramer (KISS, Jimi Hendrix, The Beatles, David Bowie y un extenso etcétera).
Aunque sus derechos de grabación no están exentos de la polémica, Born no tiene nada que envidiarle a lo que plantearon pesos pesados como Yes o Asia durante el año de la Guerra de las Malvinas. Fue tan moderno en sus días, tan bien cantado en inglés y tan perfectamente elaborado, que no tuvo cabida en este triste trópico tricolor; donde Fruko y sus Tesos, junto a los Hermanos Zuleta, eran la norma del dial.
4. I.R.A.: Lo más punk es rebelarse contra los radicalismos de lo inmundo
El trío de Medellín entra fácilmente a esta selección por ser la leyenda del sonido que definió en parte uno de los episodios más oscuros de la historia colombiana: calles en obra negra que estaban a merced del narcotráfico, las balas y los explosivos. La muerte sin adornos, el «No futuro» en vivo y en directo. Cuarenta años más tarde de sus modestos inicios, el grupo de David Viola, Mónica Moreno y Duván Ocampo está vivo entre tanta esperanza podrida y un recorrido prácticamente ininterrumpido.
Su amplia producción discográfica y su vagaje tanto nacional como en el exterior le ha mostrado al punk criollo que se puede trabajar a la altura, con aspiraciones altas y sin ceder a su esencia temática. Entretanto, los más puristas siguen renegando de ellos, cumpliendo literalmente con su discurso: no tener ningún futuro.
5. Estados Alterados: Cuando lo electrónico llegó para dejar huella en Latinoamérica
En 1991, el debut de Estados Alterados marcó un precedente en toda la región que cubre desde México hasta Argentina. Con cierta dificultad, a punta de new wave y synth pop rompió el paradigma de un estilo que nació naturalmente en Europa y Estados Unidos; pero en el área del país Azteca, Centro y Suramérica, era un símbolo para pocos.
De ese primer vinilo que llegó a la Frecuencia Modulada, transcurrieron los años; las tendencias (análogas o digitales) que no les dieron demasiada popularidad en las fiestas consagradas al «Santo cachón» (con el plagio que tal vallenato lleva a cuestas). También la era de la televisión por cable, del videoclip y el internet, que cambió las directrices de la cultura para siempre. Con tantas mutaciones, sin embargo, siempre han sabido estar al día con lo que va sucediendo en su agitada sociedad.
En la tierra de la nostalgia y donde se le otorga santidad a cualquier tradición, por ridícula que sea, Estados Alterados prefirió, al igual que sus amados Kraftwerk, mirar hacia el futuro y nadar en contra de la corriente, incluso la de los minutos que no regresan. Con una visión que narra nuestra realidad disfuncional, pero a partir de la metáfora del sintetizador y la introspección.
Su inquietud eterna de ir más allá les ha dado también una capacidad visual como la que pudieron enseñar en su video para la canción «Inventándome», de 2015. En ciertos círculos, catalogada como la mejor obra de este formato en Colombia. A la par que se escriben estas líneas, el ahora cuarteto sigue haciendo una nueva lectura de todo, incluso del folclor patrio.
6. Internal Suffering: La brutalidad del death metal que atraviesa océanos
Pereira, punto estratégico para las propuestas extremas, es la cuna de esta agrupación que ha triunfado en su nicho; girando en El Viejo Continente, China, Rusia, Japón y la Unión Americana, lugar donde han instalado su cuartel general casi desde sus comienzos, culminando la década noventera, para después reubicarse en España.
Liderada por Andrés García y Fabio Marin, Internal Suffering es un nombre más que reconocido en su área. Seis trabajos de estudio, más otra cantidad de material considerable, junto a su currículum en vivo, hablan de su poderoso trayecto; al igual que su presencia en festivales de categoría y premios, inspirando en el camino a otras agrupaciones para que sigan sus pasos. Las leyendas se hacen con hechos, no con ego.
7. The Hall Effect: Alternativo tipo exportación (sin folclor embutido)
A comienzos de los 2000, la proliferación del rock alternativo estaba tomando una nueva fuerza en los bares de Bogotá, pues por años fue un circuito más bien huérfano y sin un digno embajador que le diera cualidades decentes para el mercado internacional. Gran parte de ellos, donde abordar temas universales e interpretar canciones en idiomas foráneos se sintiera parte de su hábitat y no una estrategia facilista de exposición.
The Hall Effect logró a través de sus dos primeras producciones, (sobre todo The Hall Effect de 2010) imponer una presencia mediática que se reconoció fácilmente en el ambiente mainstream local y que pudo probar suerte en plazas donde pasan cosas fenomenales, como Francia e Inglaterra; hogar de Muse, uno de sus mejores referentes, y además, en la era que el indie lideraba listados de radio global.
Aunque la banda tiene en la actualidad un perfil más discreto, su actividad sigue en pie, destacando en su ciudad natal y traspolando su idiosincrasia de ajiaco santafereño a una versión madura de lo que han hecho en 21 años de insistir y persistir.
8. Don Tetto: Evolucionar un género de la mano con los fans
Lo que nació como un parche de amigos es hoy una de las agrupaciones más representativas del país y el continente que la cobija. El cuarteto integrado por Diego Pulecio (voz y guitarra), Carlos Leongómez (guitarra líder), Jaime Valderrama (bajo) y Jaime Medina (batería) ha consolidado una trayectoria marcada por triunfos artísticos, galardones internacionales y una sólida conexión no solamente con sus primeros seguidores, sino incluso con las generaciones más recientes.
La proyección foránea ha sido la carta que mejor ha jugado Don Tetto, sin duda. Paradójicamente, en más de dos décadas han sido militantes de una amalgama de estilos donde el pop punk predomina; en su época tachado de banal por los anarquistas de cresta más ortodoxos, aunque en la modernidad, un elemento primario de su todavía conservada frescura.
Mediante maniobras fastuosas de su experiencia en vivo (concierto 360 grados por ejemplo), fortaleciendo un vínculo íntimo y honesto con la Tettomania (el club de fans), su mayor acierto ha sido sostener una base de seguidores fiel y diversa, siempre renovándose frecuentemente y conquistando grandeza en el sendero. ¡Bravo!
9. Tenebrarum: Amarás al violín sobre todas las cosas
Durante la Medellín de 1990, la osadía de unir metal con violín en esta nación correspondió a David Rivera, diestro en este instrumento desde su niñez. Quizás en 2025 es normal que el famoso metal gótico o sinfónico estén a la orden del día en eventos multitudinarios; pero hace 35 años dichas fusiones básicamente no pasaban de ser una rara mezcla que muy pocos se atrevían a dejar consignadas en cinta magnética. Menos en Colombia, donde la música culta y los instrumentos clásicos han sido con regularidad, lujos que no hacen parte de la vida ordinaria.
Tenebrarum entonces fue el pacto que Rivera hizo con el universo para que sus dos pasiones fueran una sola. Fruto de esto, fue abrir el camino para que su banda transitara por distintos estilos de experimentación enmarcados en los sonidos extremos y de paso, lograr aquello que muchos añoran, pero apenas unos cuantos buscan de verdad: autenticidad.
El eje creativo del proyecto es a la fecha, una huella que trasciende los lindes del fonograma y lo escénico: representa una propuesta original, posicionando al instrumento inventado en 1550 por el italiano Andrea Amati como un líder metalero que ha conseguido la compleja tarea de imponerse sobre la guitarra eléctrica.
En paralelo, David Rivera impulsó Violín Rock, un espacio que le permite ampliar horizontes y conectar con nuevos públicos, más allá de las adaptaciones extranjeras y las limitaciones sonoras.
10. Guerra Total: La verdadera batalla es permanecer de pie y con la guardia en alto
Guerra Total, grupo iniciado en 1997, representa la suma de disciplina, singularidad y fuerza creativa. Una concepción del metal que ha dejado huella en el mapa mundial, demostrando que la contienda más feroz también se libra desde los estudios de grabación. Esto tiene mucho sentido, si tenemos en cuenta que solamente al contar sus álbumes, suman un total de 12 obras; gran parte de ellas, enfocadas a no parecerse o asemejarse muy poco a su predecesora, ni siquiera en su tratamiento de posproducción.
Este sello de identidad ha sido tan marcado en el conjunto, que su labor constituye la discografía más larga para una banda colombiana en su género, contrastando con agrupaciones colegas en su campo y que han obtenido su fama con apenas una o dos piezas de larga duración en periodos de actividad excesivamente prolongados.
Su simpatía por temáticas filosóficas, como el nihilismo, el cosmicismo; el universo de Lovecraft, los conflictos bélicos y la historia siniestra de Colombia generan una atención especial en sus letras, dado su grado de profundidad y términos complejos, obligando al oyente a básicamente, «meterse en el cuento».
A pesar de tener poca presencia en directo, la variedad de su catálogo los ha llevado a recibir un robusto reconocimiento en la prensa especializada, dedicada a las expresiones más crudas del speed, black o death metal. Junto a lo anterior, la vinculación de su material con sellos de alto nivel, en lo que podemos mencionar como underground del siglo XXI.
11. Nicolas Waldo: Cuando el virtuosismo trasciende más allá de las fronteras
Productor, compositor e intérprete versátil, Waldo se ha convertido en una ficha clave dentro del power metal y el progresivo instrumental, llevando su virtuosismo a plazas foráneas y dejando una huella imborrable en la guitarra contemporánea. Su formación ha sido autodidacta, mezclada con su pasión por el metal sinfónico y neoclásico.
Su destreza abarca guitarra, piano, bajo y batería, lo que le ha permitido desglosar una visión integral de la música, plasmada en una obra que supera la docena de álbumes solistas y una trayectoria grupal digna de las grandes ligas (les recomiendo buscar todo lo que ha hecho para los power metal Energema y sus contribuciones en el mega proyecto italiano Vivaldi Metal Project). No está de más añadir que su experticia ha sido objeto de patrocinio para marcas de instrumentos y una búsqueda ansiosa de la perfección sonora.
12. Chucho Merchán: Llegar lejos sin vanidades, el mito de la sencillez hecho realidad
Nacido en Bogotá, la carrera de Chucho Merchán ha trascendido ilusiones arribistas y paradigmas, consolidándolo como una figura que ha ayudado a formar hitos del rock. Su escuela ha estado marcada por colaboraciones con legítimas leyendas, de cuya lista se extraen sin problema las firmas de Pete Townshend, Bryan Adams, David Gilmour, Phil Manzanera, The Pretenders; Thomas Dolby, Draco Rosa, Jaguares, Annie Lenox y Eurythmics, George Harrison…¡Por ahora dejémoslo ahí! Y bueno, agreguen su amistad con Paul McCartney.
Desde joven mostró una clara inclinación por sus aptitudes en la guitarra, primero en el país y luego al radicarse en Inglaterra, donde se graduó del Royal College of Music de Londres, una institución que moldeó sus primeras incursiones en el jazz y la música clásica. Pero finalmente, sería el rock y la fusión donde desplegaría todo su potencial, abriéndose camino en un entorno enormemente competitivo.
Merchán ha sido bajista, compositor y director musical, participando en giras y grabaciones que han marcado época y sucesos trascendentales. Sus colaboraciones lo han convertido en un elemento de referencia dentro de la industria británica; reconocido por su profesionalismo, talento y capacidad de adaptarse a diferentes estilos.
13. INFO: La máquina del futuro que conquistó Wacken
A principios del milenio, INFO arrancó como un conjunto con influencias del post punk y del rock alternativo. Junto a la alineación tradicional, los efectos, loops, programaciones electrónicas y teclados en su repertorio les ha ayudado a ir esculpiendo un sonido más propio, que paulatinamente fue dejando atrás los estilos entonces dominantes de sus comienzos, como el nu metal.
Uno de los logros más destacados del grupo ha sido su participación en el Wacken Open Air Metal Battle 2024, uno de los concursos de bandas más grandes del mundo dentro del género, como embajadores de la Región Norte de Suramérica.
Su labor ha sido clave para visibilizar el industrial criollo. Su recorrido demuestra gran persistencia y calidad técnica; así mismo, una apuesta centrada en lo moderno, perceptible en la producción de video y sus performances en vivo, combinando distopía y teatralidad.
14. Luciferian: Cuando el portador de luz desde Suramérica se hizo sentir en Noruega
El álbum I am perverse del 2011 marcó un antes y un después en la vida de Luciferian, pues su madurez compositiva terminó de consagrarlos desde entonces como referentes del black metal suramericano, factor que les abriría las puertas a audiencias aún mayores. Pocos años después, la potencia de su producción y la coherencia de su esquema lírico los llevó a un norte tan particular como Trondheim (Noruega), tocando allí mismo. Esta vitrina estuvo de la mano con otro propósito: su líder, Héctor Carmona, hizo tuvo un rol protagónico del documental noruego Blackhearts, dirigido por Fredrik Horn Akselsen y Christian Falch, quien también fue su productor.
Su persistencia en tener una presencia estable en la comunidad internacional y sus esfuerzos por perfeccionar cada detalle de sus trabajos discográficos, hace que Luciferian sea posiblemente la cara más visible del metal negro hecho en Colombia, sobre territorio extranjero.
15. Eshtadur: En la Perla del Otún, la melodía cruje
Dos décadas después de visualizarse millas lejos de los aeropuertos Matecaña y El Dorado, Eshtadur se ha abierto un espacio real en el estrecho espacio que las escenas de Norteamérica y Europa permite; eso sí, sin perder sus raíces pereiranas. Su historia es de talento forjado, de pulir una esencia hasta el cansancio; de perseverancia y de saber que afuera de la tierrita, el tesón y la calidad son cualidades muy apreciadas.
En plena pandemia publicaron el álbum From The Abyss, lanzado por Blood Blast Distribution, servicio de distribución digital y promoción, perteneciente al sello alemán Nuclear Blast. Eshtadur se ha caracterizado por armonizar el death metal melódico con tonalidades oscuras y un enfoque filosófico que aborda la violencia, la guerra, la muerte y los dilemas existenciales, siempre con un trasfondo crítico hacia la realidad local.
16. Gaias Pendulum: Gótico que alcanza justicia poética ante la vastedad de los océanos
Gaias Pendulum son anfitriones en festivales del país, pero también son una especie de coterráneos en zonas de México y Centroamérica, donde el ritual de reconocimiento hacia sus fans ha recompensado las adversidades terrenas. Sus conciertos son ceremonia donde sus canciones se convierten en puente entre la noche y la reflexión, entre lo que se siente y lo que se calla.
La introspección es profunda, a menudo subterránea: en la mirada de quienes corean sin recibir una orden; en quienes se estampan el logo en la piel o en quienes repasan sus fonogramas como Tablas de la ley privadas. En todo esto, tal vez lo que deje más eco en su entorno no sea el volumen, sino los pasajes mudos. El peso de lo dicho y de lo vivido, el eco de lo que alguien pensó que nadie más sentiría, sensaciones colectivas que no se explican. En cualquier tarima, Gaias Pendulum hace que lo íntimo deje de ser soledad, a propósito de su himno insigne.
Bonus track, 28 obras nacionales que usted no se puede perder:
Una selección caprichosa (por si lo preguntan) y sin orden particular
- SyracusÆ / Kaizen An Kepler (2024): Una joya monumental de lo melódico, alternativo y progresivo. No en vano, la banda conquistó el exigente escenario del festival Copenhell en Dinamarca.
- Psyborg Corp/ The Mechanical Reinassance (2010): La etapa dorada y más harsh EBM de este proyecto, con cierto impacto en Europa.
- GOC/ Ficciones (2024): El lado más tétrico del metal negro antioqueño. Despiadado y muy original.
- Krönös/ Siete (2017): Un hard rock muy digno y acorde a la enorme experticia de esta leyenda caleña.
- La Sociedad de la Sombrilla/ La Máquina moral (2022): Electro, rock y stoner del por ahora, extinto dúo.
- Revenge/ Night Danger (2025): Heavy y speed ochentero para recordar una banda que tiene discos hasta en las tiendas de Japón.
- Threshold End/ The Ominous Inception (2022): El mejor álbum en su año. El death nacional con identidad propia.
- Dante HH/ Gunblade Blues Vol.1 y Vol.2 (2016-2017): Una mezcla de ritmos interesantes, con un lenguaje cinematográfico, crudo y exquisito.
- Cobra/ Tiranía (2014): La old school, la efigie «cachaca» de la destrucción thrasher en este buen CD.
- Sexy Lucy/ Not for you (2005): Tintes muy fuertes de electroclash. Reflejo de lo bueno que estaba pasando en el Distrito Capital para el comienzo del siglo XXI.
- Headcrusher/ Let The Blood Run (2012): Potente agrupación radicada en Estados Unidos. Un álbum hecho con tripas.
- Ingrand/ Autopsia de la esencia (2024): La madurez de una agrupación veterana, decidida a no repetirse en ninguna grabación. El objetivo se sigue cumpliendo.
- Altars Of Rebellion/ Capital Phase Of Karma (2021): Desde Pasto, tecnicismo, pesadez y oscuridad. Una región colombiana que nunca deja de sorprender.
- Impromtus Ad Mortem/ Symphonies Of The Death (2019): Metal sinfónico en todo su esplendor.
- Counterline/ Two (2024): Bases del pasado con guiños al presente. Rock melódico y AOR interpretado en un inglés muy convincente.
- Liturgia/ Corvi Et Gygnes (2002): La brillante transición doom y melódica al black metal de una banda símbolo del Eje Cafetero.
- Sexy Death/ The Damiana Error (2003): En la misma licuadora: Manizales, Suecia y un curioso dark morgue pop (así lo promocionaba su sello), con influencias del new wave.
- Herejía/ Renascentia In Tenebris (2017): Los límites del perfeccionamiento entre la vieja escuela del death metal y los arreglos sinfónicos. Impecable.
- Freezing Darkness/ Born In The Deepest Frozen Nights (2006): Cuando La frialdad de los países nórdicos llegó a influir de forma visceral en los paisajes gélidos de Nariño.
- Implosion Brain/ Qualities Of a Simple Mind (2017): Groove y metalcore de Bogotá. En su época, sobresaliente en todo aspecto.
- Brinicle/ Perceptions Of Reality (2024): Death técnico. Complejidad sin tapujos. Una obra larga duración que tomó su tiempo para salir (y valió la pena).
- Twilight Glimmer/ Ignition (2022): La cumbre de la melodía metalera en Pereira, pero con una brutalidad que se lleva en las venas. ¡Vayan ya a escucharlo!
- Murmur/ The Temple Of Demons (2023): Black/thrash de Medellín. Legado del ultrametal con la penumbra de nuestros tiempos.
- Alfonso Espriella/ Ánima (2011): Aunque en su trabajo posterior el músico elevó las cosas a otro nivel, esta pieza lo tuvo todo en su momento para llegar bastante lejos; lírica, conceptual, visual y musicalmente hablando.
- Electric Sasquatch/ Electric Sasquatch (2014): Rock psicodélico desde la capital del Valle del Cauca.
- Vitam Et Mortem/ El Río de la Muerte (2020): A la muerte no se le teme ni se le mira con desprecio. Aquí se le rinde culto, con una analogía de la mitología griega y la funesta situación de una tumba fluvial, con olor a carroña incluida.
- Antípoda/ Manifesto (2009): En sus días, quizás el LP de metal más completo; claro está, realizado por músicos colombianos.
- Ethereal/ As Sad As Beautiful (1998): Con este cancionero, la escena capitalina entró en las aguas densas del death/doom/gothic y en la modernidad, de paso. Veintiocho recomendaciones, porque justamente la primera grabación profesional de Ethereal dura 28 minutos.
Colombia
Estos son los nominados a la XVII Entrega de premios Subterránica 2026, edición: Constructores de sonidos y sociedad.
Es un gran honor para Subterránica y La Fundación Museo del Rock Colombiano presentar a los nominados a la XVII Entrega de los Premios Subterránica Colombia 2026, una edición que consolida el crecimiento, la diversidad y la madurez de una escena que ya no puede entenderse únicamente desde la música, sino como un ecosistema cultural en plena expansión. Bajo el concepto de “Constructores de sonidos y sociedad”, esta edición reúne un total de 31 categorías que abarcan desde los reconocimientos tradicionales como Artista, Disco y Canción del Año, hasta áreas fundamentales como el periodismo musical, la gestión cultural, los espacios en vivo, la producción audiovisual y los procesos comunitarios. En total, se entregarán 34 reconocimientos, incluyendo homenajes especiales, reafirmando el carácter integral de estos premios dentro del panorama del rock nacional.
La magnitud de esta edición se refleja en sus 193 nominaciones, una cifra que evidencia no solo la cantidad de proyectos activos, sino la complejidad y riqueza del movimiento. No se trata únicamente de premiar bandas, sino de visibilizar a todos los actores que hacen posible la escena: músicos, medios, fotógrafos, gestores, festivales, venues y procesos sociales. En este contexto, los Premios Subterránica se posicionan como una plataforma que documenta, articula y legitima el desarrollo del rock independiente en Colombia, funcionando como un verdadero termómetro del estado actual de la cultura alternativa en el país y como el galardón más importante del género no solo en el país sino en el continente.
En términos de protagonismo, nombres como Under Threat lideran el número de nominaciones, seguidos de proyectos como Soul Desease, Psychopath Billy, Las Tres Piedras, Solsticio, Camargo y Los Malkavian, lo que evidencia una combinación de trayectoria, consistencia y presencia activa en múltiples frentes de la escena. Recibimos más de 300 pre-nominaciones lo cuál es una cifra impresionante que demuestra que el rock colombiano es una de las escenas más nutridas, vivas y dinámicas tal vez del planeta. Las categorías principales, especialmente Artista, Disco y Canción del Año, se consolidan como las más competitivas, concentrando el mayor número de nominados y reflejando el alto nivel artístico alcanzado en esta edición.
A nivel territorial, aunque Bogotá continúa siendo el epicentro con más del 60% de representación, esta edición confirma una descentralización cada vez más evidente, con ciudades como Medellín y Pasto emergiendo como polos fundamentales, junto a otras regiones como Cali, Pereira, Zipaquirá, Sincelejo y el Meta. Esta distribución no solo amplía el mapa del rock nacional, sino que valida el crecimiento de escenas locales con identidad propia, fortaleciendo el carácter verdaderamente nacional de los premios.
En cuanto a tendencias sonoras, el metal se mantiene como el género dominante dentro de las nominaciones, seguido por el rock en sus distintas vertientes. Sin embargo, también se evidencia una apertura hacia propuestas de fusión, experimentalismo y cruces con lo folclórico, lo que refuerza la idea de una escena en transformación constante, alineada con el concepto de construcción que define esta edición.
Un aspecto especialmente relevante es la participación femenina, que alcanza aproximadamente un 25% del total, una cifra significativa dentro de un entorno históricamente dominado por hombres. La presencia de mujeres se destaca particularmente en roles como vocalistas, gestoras culturales y creadoras de contenido, así como en bandas con integrantes femeninas, lo que marca un avance importante hacia una escena más diversa e inclusiva.
En conjunto, esta XVII edición de los Premios Subterránica no solo reconoce lo mejor del año, sino que configura un panorama completo del rock independiente en Colombia: una red viva de creación, circulación, memoria y resistencia cultural. Más que una ceremonia, estos premios se consolidan como un espacio de validación y visibilidad para quienes, desde distintos frentes, continúan construyendo la escena día a día.
La ceremonia se llevará a cabo del Jueves 30 de abril del 2026 en Ace of Spades en Bogotá. Muy pronto anunciaremos la dinámica de entrega de invitaciones y boletos para acompañantes.
XVII Entrega de Premios Subterránica Colombia 2026
Edición: Constructores de sonidos y sociedad
Categorías Principales
Artista del Año
Narcocracia (Bogotá)
Soul Desease (Bogotá)
Under Threat (Bogotá)
The End (Bogotá)
Camargo (Bogotá – Venezuela)
Oh La Ville (Bogotá)
Loathsome Faith (Bogotá)
Las tres piedras (Pasto)
Vitam et Mortem (Carmen del Viboral)
Masacre (Medellín)
Disco del Año
Brainblast – Colossus Suprema (Bogotá)
Óxido y Perfume – Vulgarxito (Cali)
Luna llena – Solsticio (Medellín)
Herejía – In Nomine Oscurantis (Bogotá)
Devasted – Siniestro (Bogotá)
Vein – Reveal (Bogotá)
Oh La Ville – Movimientos para Soltar el alma (Bogotá)
The Empress – Cheyne Stokes (Bogotá)
Thy Method – Degodify (Bogotá)
Psycho Mosher – Trapped into the madness vortex (Bogotá)
Canción del Año
Indefinido – Camargo (Bogotá)
Complex Condition Altars of Rebellion (Pasto)
The vice – Santa Elena (Medellín)
Si del cielo te caen limones – Degato (Bogotá)
Prismas – Nauj Project (Manizales)
Cypher – rex marte (Cali)
El demonio en mi cabeza – Psychopath Billy (Palmira)
Throne – Osaka 32 (Bogotá)
El planeta es mi casa – Soulterra (Zipaquirá)
Premio Juliana Gómez Tarrá al Artista Nuevo del Año
Natyvo (Medellín)
Sofi Angel (Bogotá)
Atomic Heart (Bogotá)
Inhuman evolution (Bogotá)
Brain voltaje (Bogotá)
Los Setas (Pasto)
Categorías Individuales
Mejor Voz
Andrea Puerta Bernal – Athémesis (Medellín)
Apis Mellifera – Solsticio (Medellín)
Alessandro Angelucci – Camargo (Bogotá)
Lilly Mosh (San Gil)
Harlod Fandiño – Counterline (Bogotá)
Juliana Chamorro – las tres piedras (Pasto)
Mejor voz gutural
Diego “El piojo” Nieto – Licantropía (Bogotá)
Fernando Kristos – Altars of Rebellion (Pasto)
Juli Maleficarum – Support de Violence (Bogotá)
Diego Melo – Neurosis (Bogotá)
Angel Niño – Vein, Loathsome Faith (Bogotá)
Johana Sevillano – Ataque de Panico (Bogotá)
Mejor Guitarrista
Jorge Burbano (Bogotá)
Juan Carlos Burbano – Under Threat (Bogotá)
Rodrigo Iragorri – Firesnake (Bogotá)
Mateo Bejarano – Soul Desease (Bogotá)
Nicolas Waldo (Bogotá)
Jorge Luis Vanegas (Cali)
Mejor Bajista
Jean Jiménez – Soul Desease (Bogotá)
Basthian Vélez – Athemesis/Perros de reserva MED (Medellín)
Fredy Melo – Under Threat (Bogotá)
Nicolas Jaime – Hijos del Viento (Bogotá)
Alex de la cruz – las tres piedras (Pasto)
Andres Mosquera – Psychopath Billy (Palmira)
Mejor Baterísta
Alejandro rojas – Under Threat (Bogotá)
Andrés Achuri – Condenados (Bogotá)
Cesar Quintero – Athemesis, GOC, Craneo (Medellín)
E. Lerma – Riptor (Cali)
Edward Melo – Ataque de Pánico (Bogotá)
Daniel Philliph K – Altars of Rebellion (Pasto)
Categorías por géneros
Mejor Banda Fusión, modernizaciones, tropidelia o folclorizaciones
Degato (Bogotá)
El santo hereje (Bogotá)
Psychopath Billy (Palmira)
Origen Rock Folclor (Bogotá)
Soulterra (Zipaquirá)
Músicos Obreros (Bogotá)
Mejor Banda de Metal (Todos los géneros)
Athemesis (Medellín)
Soul Desease (Bogotá)
Altars of Rebelion (Pasto)
Loathsome Faith (Bogotá)
Arkhanon (Bogotá)
Vitam et mortem (Carmen del Viboral)
Mejor Banda de Rock (Rock, hard rock)
The Vice (Medellín)
Atomic Heart (Bogotá)
Counterline (Bogotá)
Ennui (Bogotá)
Sunset Street (Bogotá)
Somer (Circasia)
Mejor Banda de Punk / Hardcore
Condenados (Bogotá)
Distancia HxC (Pereira)
Sucia Eukaristia (Bogotá)
Infested Co. (Bogotá)
Pr1mal (Bogotá)
Radical Knot (Bogotá)
Mejor Banda Progresiva / Experimental / Post-Rock / post punk
Sueños de un Tulpa (Bogotá)
Las tres piedras (Pasto)
Oh La Ville (Bogotá)
Psychopath Billy (Palmira)
Happy Sunday – (Granada, Meta)
Laserock (Bogotá)
Mejor Banda blues, jazz o blues-rock
Vanegas Blues (Cali)
Puertos (Fusagasugá)
Annis (Neiva)
Hex Crow (Bucaramanga)
The Sick Blues (Chia)
Categorías escena en vivo
Mejor Show en Vivo
Narcocracia (Bogotá)
Athemesis (Medellín)
Under Threat (Bogotá)
Medium (Pereira)
Rain of Fire (Tulua)
Onixx (Bogotá)
Mejor Gira Nacional o internacional
Vulgarxito gira por Colombia y Suramérica (Cali)
Under threat Mexico junto a paradise lost (Bogotá)
Las Tres Piedras – Gira Colombia y México (Pasto)
Camargo por Colombia y México (Bogotá)
Masacre gira europea (Medellín)
Tenebrarum 70 tons of Metal (Medellín)
Mejor Festival Independiente
Festival Metal de las Montañas XX años (Bogotá)
Urbana Rock (Barranquilla)
Sabane Rock Festival (Sincelejo)
Festival Rock Vida y Libertad (Circasia, Quindío).
Premios Tupa Tupa y Tupa Tupa Fest (Montería)
Muiscas Metal Fest (Madrid, Cundinamarca)
Rock en la Luna (Chia)
Mejor Venue de Rock
Ace of spades (Bogotá)
Bbar (Bogotá)
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Barnaby Jones (Medellín)
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Mejor letra del año
Tendencia – Narcocracia (Bogotá)
Cartas Suicidas – Mandingasea (Bogotá)
Cain – los malkavian (Medellín)
Utopia – The Toxic (Bogotá)
Rojo Patria – Happy Sunday (Granada, Meta)
Un Monstruo Llamado Silencio – Munnopsis (Bogotá)
Rabia Feat. Cristian Londoño – Aquelarre (Bogotá)
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Joel Cruz – Pesadilla sin final: ‘Patología grotesca’ de Purulent. https://rugidosdisidentes.co/pesadilla-sin-final-patologia-grotesca-de-purulent/ (Bogotá)
Cultura Rock – Entrevista a Osaka 32 https://www.youtube.com/watch?v=v5zP2ttn9v0 (Bogotá)
Geraldine de la Hoz, Diario La Libertad Barranquilla – El eco eterno del vinilo: El legado incombustible del rock barranquillero https://diariolalibertad.com/sitio/2026/01/14/el-eco-eterno-del-vinilo-el-legado-incombustible-del-rock-barranquillero/ (Barranquilla)
Distorsión Muisca – Okinawa Bullets en Distorsión Muisca https://www.youtube.com/watch?v=uq_fEUTvKbE (Madrid)
Dark Room Network – 50 álbumes que definieron el rock nacional en 2025 https://darkroomnetwork.com/50-albumes-que-definieron-el-rock-colombiano-en-2025/ (Bogotá)
Relatos Sonoros Nuevas músicas del Tolima Episodio 1 – https://www.youtube.com/watch?v=7X9G6MKezsQ&list=PLDgpUslkGRoqUwGRvXv0tJ4zKtQRcQ2g0&index=3 (Mariquita)
Mejor Cobertura de la Escena
Lobotomía (Bogotá)
Alejandrosis (Bogotá)
Factor metal (Bogotá)
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Rugidos Disidentes (Bogotá)
Doom Metal Magazine: A guide of Colombia Doom (Bogotá)
Mejor Podcast o Programa Radial Rock
El mero magazín: Oscura Radio TV (Bogotá)
Top 7 Radio (Bogotá)
El Show del Mutuo Elogio (Medellín)
El Rock no ha muerto (Bogotá)
Distorsión Muisca Emisora: Madrid Radio 96.4 FM (Madrid)
Cuando duerme la ciudad – Podcast (Bucaramanga)
Mejor Fotografía Musical
Alexis Cañon (Bogotá)
Alberto Mira Mora (Envigado)
Luisa Gonzáles (Bogotá)
Alberto mira mora (Medellín)
Daniel Rodrigez.ph Bogota
Lex Herrera (Bogotá)
Categorías Audiovisual y estética
Mejor Videoclip
Brain Voltage – 2030 (N.O.M) Nuevo Orden Mundial (Bogotá)
The Vice Santa Elena (Medellín)
El demonio en mi cabeza – Psychopath Billy (Palmira)
Ausencia de Ignorancia – Solsticio (Medellín)
Un Monstruo Llamado Silencio – Munnopsis (Bogotá)
Adaia – Alcanzando el sol (Cartago)
Mejor Arte Gráfico / Portada
El día de la ira – Ennui (Bogotá)

Colossus Suprema – Brainblast (Bogotá)

Degodify – Thy Method (Bogotá)

Psycho Mosher – Trapped into the madness vortex (Bogotá)

Rain of Fire – Psicosis (Tuluá)

Categorías en gestión cultural, industria y autogestión
Mejor Gestor/a Cultural
Juan Carlos Prieto Cuenca – Por su gestión en el Festival de Metal de las Monatañas y los derechos humanos. (Bogotá)
Eskarlata Poesía Rock – Por su gestión como colectivo acercando la literatura al rock, encuentros de autores y músicos y su gestión en FILbo (Bogotá)
Dayana Hernández y Roberto fundación Gecua – Por su gestión en el festival Independiente Urbana Rock y el trabajo por el rock de la región caribe. (Barranquilla)
Aida Hodson – Por su gestión con Hodson Música en el periodo nominado. Celebración del Rock Colombiano. (Bogotá)
Juna Carlos Obando – Por su gestión labor sostenida que combina formación, circulación y producción con su Fundación Rey Largarto en Pasto y la parte sur del país. (Pasto)
Cesar Andrés Gonzáles Montes – Por la gestión tanto en el festival Sabane Rock como en la visibilización y circulación del Rock en la región. (Sincelejo)
Mejor Proyecto Comunitario desde el Rock
Sembrando Sonrisas (Bogotá)
Festival Metal de las montañas (Bogotá)
Sonrisas de plástico (Bogotá)
Metal por la infancia (Bogotá)
Punk al Parque (Bogotá)
Categorías Subterránica
Premio Subterránica
Richie Torres de Todo en Fase por su colaboración en audio en los eventos de Subterránica y Wacken Metal Battle (Bogotá)
Ricardo Florian por su resistencia y la construcción de su proyecto Feel Connections. (Bogotá)
Homenajes Especiales
Hector Carmona Amaya (Luciferian) Por 30 años de Black Metal en Colombia (Pereira)
Masacre por su trayectoria de 30 años y su lucha por el sonido extremo de Medellín (Medellín)
Cromlech por sus 30 años de trayectoria independiente. (Medellín)
Los ganadores son escogidos por un panel de jurados especializados en las diferentes áres y disciplinas. Tendremos como siempre a los mejores actos en vivo del país.
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Colombia
IDARTES S.A. ¿Entidad pública o agencia de mercadeo de Live Nation en Bogotá?
Escribir este tipo de artículos cansa… cansa porque caen en oídos vacíos, en personas con hambre, en necesitados. Cansa porque a pensar que todo está a la luz de la evidencia seguirá pasando lo que siempre pasa… nada, absolutamente nada en esta tierra en donde las artes se convirtieron en el bolsillo de un pequeño grupo de individuos que entendieron y descifraron la forma de enriquecerse en el país sin el más mínimo esfuerzo y sin que nadie los cuestione. Esta es solo otra de esas historias que pasaran al olvido en una tierra en donde lo único que no se olvida es la miseria.
Hace unos días el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) anunció con bombos y platillos una “alianza estratégica” con la empresa Páramo Presenta. El objetivo, según el comunicado oficial, era ofrecer un descuento del 70% a los músicos de la ciudad para el concierto de Tom Morello, un guitarrista legendario en el rock mundial, famoso por ser miembro fundador de Rage Agaisnt the Mchine, por si alguno aún no tiene ni idea de quién es. El gran problema para los incautos, es que lo que se presenta como una “oportunidad de formación y circulación” es, bajo un análisis riguroso de gestión pública y ética corporativa, uno de los entramados de captura institucional más evidentes de los últimos años.
El discurso que recibimos en los correos, estaba vendiendo esta iniciativa como un apoyo al “crecimiento profesional” para músicos e interesados, pero en términos técnicos y reales esto no es honesto, porque Idartes está utilizando su maquinaria de difusión, su talento humano y sus bases de datos —pagados con los impuestos de los bogotanos— para asegurarle la taquilla a un evento privado que a última hora no logró el objetivo.
Para que entiendan (Si quieren hacerlo) la magnitud del problema, hay que seguir el rastro del dinero… Páramo Presenta ya no es una productora independiente colombiana, desde 2023, el 51% de sus acciones pertenece a Live Nation Entertainment, ese gigante global que controla el mercado de la música en vivo y que es dueño de Ticketmaster y que en los últimos días está envuelto en un escándalo salvaje del que hablaremos más adelante.

Es éticamente cuestionable que una entidad pública de Bogotá dedique recursos para hacerle el marketing gratuito a una multinacional que factura miles de millones de dólares. ¿Necesita Live Nation que el presupuesto del Distrito le ayude a vender boletas? La respuesta es obviamente no. Lo que estamos viendo es el uso de lo público para subsidiar el riesgo comercial de un monopolio privado.
Y esto no pasa por que sí, porque Dios es grande o porque Idartes se apiadó de Paramo o que Paramo “da la oportunidad” a los músicos de ir a escuchar a Tom Morelo. Esto se alimenta de una estructura de “puertas giratorias” donde ex-funcionarios de alto perfil en los medios públicos y entidades de cultura terminan en las directivas de las grandes productoras, así como está sucediendo con el cine y la película de Estado “Padilla” que también benefició enormemente a una productora privada por obra y gracia del espíritu santo.
Uno de los personajes importantes de esta historia, fue una de las voces y programadores más influyentes de Radiónica (el sistema de medios del Estado) y hoy es director de Booking en Páramo/Live Nation, ese el ejemplo perfecto. Estos actores conocen el sistema por dentro, fundaron esas empresas gracias a esos puestos de poder, tienen los contactos directos en las subdirecciones de las entidades y logran que la “gestión cultural” del Distrito se alinee perfectamente con los intereses de su empresa privada. Es la institucionalización de “la rosca”, el Estado no se alía con el sector, se alía con sus antiguos compañeros de oficina, mientras que veta a los independientes que tienen derecho a usar el equipamiento cultural pero no lo hacen porque como dijimos en otro artículo Idartes se cree curador y no administrador. ¿Pero quien dice algo? Al parecer el más cobarde es el mismo artista, quien sufre de pánico a ser vetado. Pero la realidad es la realidad así quieran borrarla.
Dicho de manera directa, acá hay una desviación de Poder y Tráfico de Influencias (Castigado por el Art. 409 y 411 del Código Penal), al menos en el papel.
Lo que Idartes presenta como una “gestión de fomento” es bajo la lupa del Derecho Penal, un presunto Interés Indebido en la Celebración de Contratos. La ley colombiana es clara: el servidor público no puede utilizar su cargo para favorecer intereses privados y al destinar recursos públicos (canales de comunicación institucional, tiempo de funcionarios y bases de datos del sector) para promocionar el concierto de una multinacional como Live Nation, Idartes está actuando como una agencia de mercadeo gratuita. Mientras tanto, a procesos históricos de gestión independiente que llevan décadas construyendo tejido social desde la base, se les somete a una burocracia que asfixia y que es miserable. La “puerta giratoria” de ex-funcionarios de Radiónica y el Ministerio de Cultura hacia las directivas de Páramo no es solo un dilema ético; es el mecanismo que aceita este tráfico de influencias.
Acá se está en plena Violación al Principio de Igualdad y No Discriminación (Art. 13 de la Constitución). La Constitución Política de Colombia obliga al Estado a promover el acceso a la cultura en condiciones de igualdad. Pero ¿A quién le importa? Es una nimiedad, es arte, eso ni existe, en Bogotá se ha instaurado una dictadura del gran formato en donde para el Monopolio (Páramo/Live Nation) se pone una alfombra roja institucional, “alianzas estratégicas” inmediatas y validación estatal para vender sus boletas, pero para el Independiente (Gestores y Músicos Autogestionados) siempre hay una negativa sistemática de equipamientos culturales como La Media Torta, excepto para los amigos que la usan hasta para ensayar.
Negar el uso de escenarios públicos a procesos ciudadanos bajo excusas técnicas de “mantenimiento” o “trámites”, mientras se facilita la logística para el lucro de un gigante privado colocando incluso los logos oficiales, es un acto arbitrario e injusto (Art. 416 del Código Penal). El Estado está decidiendo quién suena y quién calla basándose en la rentabilidad de sus “aliados” y no en el valor cultural del proceso.

Un juez podría decidir si esto es peculado por uso, acá estamos hablando del estado como subsidio de la multinacional, pero como siempre tendrán una respuesta, o una artimaña de derecho para rebajar el discurso, así como lo hizo el monopolio deshonesto de Sayco cuando buscó como bajar los anuncios de la sanción millonaria y la investigación a sus directivos el año pasado. Este país está diseñado para la trampa, para que el deshonesto siempre gane.
El uso de la infraestructura del Estado para fines privados tiene ese nombre jurídico: “Peculado por Uso”. Cada post en redes sociales, cada correo masivo enviado desde las bases de datos de Idartes para promocionar a Tom Morello, tiene un costo operativo pagado por los contribuyentes, usar estos activos para “limpiar” la imagen de una empresa como Live Nation —que actualmente enfrenta juicios por prácticas monopolísticas y burlas a sus usuarios en moral, sino patrimonial. Idartes está regalando el prestigio de Bogotá a una corporación depredadora y provada justificando estas alianzas bajo la “Estrategia de Circulación”. Pero hay una caries, la Ley 1493 de 2011 (Ley de Espectáculos Públicos) busca democratizar el acceso y fortalecer la producción local, no convertir al Estado en el tiquetero de turno.
Así que al condicionar el “beneficio” a la compra de una boleta, el Estado abandona su rol de fomentador para convertirse en un captador de rentas para terceros. Es la consolidación de la “technocracia de la cultura” en donde el gestor independiente es bloqueado, mientras el músico es arreado a consumir el producto que “la rosca” decide traer.
Lo que estamos viendo hace décadas ya, es el Colapso ético de las instituciones públicas del arte y necesitamos como sea recuperar lo público, al costo que sea, de la manera que sea.
¿Escucharon el Escándalo global de Live Nation? ¿Con quién se está aliando Idartes? Aunque se sabe que no les interesa, es importante que la ciudadanía y los músicos de Bogotá sepan con quién se está “aliando” su administración local. Mientras Idartes limpia la imagen de Live Nation (dueña de Páramo) presentándola como un motor de “crecimiento profesional”, en los tribunales de Nueva York la realidad es otra.
En marzo de 2026, grabaciones filtradas y mensajes internos de la compañía revelaron un desprecio sistemático por el público. Frases como “Robándolos de frente, nene” y burlas hacia la “estupidez” de los fans que pagan tarifas abusivas, son hoy pruebas reina en un juicio por prácticas monopolísticas. Al promocionar sus eventos, Idartes no solo está fallando en su misión técnica; está incurriendo en una complicidad ética al validar a una corporación que utiliza tácticas de matoneo para aplastar la competencia y extraer hasta el último peso del bolsillo del artista y el espectador. Esto es algo casi de película… pero es Colombia, acá todo pasa y nadie hace nada.
Mientras miles de cineastas llenan convocatorias para ayudas de producción, o cientos de ingenuos músicos desesperados por el hambre y un sueldo llenan convocatorias a Rock al Parque, el “delito” moral más flagrante es la asimetría en el acceso a los bienes públicos. Mientras a la multinacional se le facilitan alianzas de difusión masiva, a procesos históricos de base como muchos gestores independientes no alineados a esta dictadura cultural, se les niegan sistemáticamente equipamientos culturales como los teatros, las oportunidades, convocatorias, etc.
¿Creen que es algo como ellos dicen que “no existe? Es una estrategia de asfixia a la autogestión. Al cerrar los escenarios públicos para la creación independiente bajo excusas burocráticas, el Estado obliga al ecosistema musical a orbitar exclusivamente alrededor de los grandes promotores privados. Es la expropiación simbólica y física de los espacios que pertenecen a todos los bogotanos para entregárselos, por omisión o por favor, a la rentabilidad de “la rosca”. Lo que estamos presenciando es el reemplazo de una Política Pública de Cultura por una Estrategia de Mercadeo Corporativo. Cuando el Estado prioriza la venta de boletas de un privado sobre la circulación de sus propios artistas autogestionados, ha perdido su razón de ser. Pero esto ya lo sabían ¿verdad?
Para entender por qué Idartes actúa hoy como el brazo de mercadeo de un monopolio privado, hay que mirar las hojas de vida de quienes fundaron y dirigen este emporio. No se trata de empresarios que surgieron de la nada; se trata de personajes que aprendieron a manejar la maquinaria pública desde adentro, ocupando cargos estratégicos que luego utilizaron en beneficio de su emprendimiento privado, uno de los fundadores clave fue durante años una de las figuras con mayor poder de decisión en Radiónica (el sistema de medios del Estado). Desde allí, no solo construyó la audiencia que hoy le compra boletas, sino que aprendió cómo se mueven los hilos de la contratación y los apoyos institucionales. Al saltar al sector privado, se llevó consigo el “know-how” y los contactos necesarios para que el Estado vea sus conciertos como “asuntos de interés público”. El Asesor de la “Economía Naranja” es otro de los cerebros detrás de este grupo empresarial que fungió como asesor técnico y consultor en mesas de política pública de economía creativa. Fue él quien ayudó a redactar las reglas de juego que hoy le permiten a los grandes operadores privados acceder a beneficios tributarios y facilidades en el uso de parques metropolitanos (como el Simón Bolívar), mientras a los festivales independientes les cierran las puertas de los teatros distritales. Varios de los integrantes del círculo directivo de esta multinacional han pasado por las listas de jurados de concertación y estímulos del Ministerio de Cultura y Idartes. Conocen a la perfección cómo se redactan los pliegos para que una “alianza estratégica” suene a fomento cultural, cuando en realidad es una operación de salvamento de taquilla para un privado.
Este historial demuestra que no estamos ante una competencia justa, mientras gestores independientes deben enfrentarse a funcionarios que les exigen requisitos imposibles, los fundadores del monopolio hablan de tú a tú con la administración porque ellos mismos fueron la administración. Es la captura técnica del Estado, usaron sus cargos públicos para pavimentar el camino, redactar las normas a su medida y una vez afuera, cobrar el peaje a través de convenios que les entregan la publicidad y los datos de los músicos de la ciudad.
Así que estamos ante la muerte de la política pública cultural en Bogotá. Cuando Idartes se convierte en el relacionista público de Live Nation, la entidad deja de ser un motor de fomento para transformarse en un “portero de discoteca” que decide quién entra al ecosistema, quién tiene permiso de sonar y quién debe quedarse afuera, en la calle, mendigando el uso de un escenario que le pertenece por derecho, el mensaje que el Distrito le envía al músico independiente es “No nos importa tu trayectoria, no nos importa que autogestiones festivales durante 20 años, ni que construyas tejido social sin pedirnos un peso. Si no eres socio de ‘la rosca’, si no vienes de las oficinas de la radio pública o de los pasillos del Ministerio, para nosotros no existes”.
La “alianza” por Tom Morello es el epitafio de una institucionalidad que se vendió al mejor postor. Bogotá no tiene hoy una Secretaría de Cultura; tiene una sucursal de mercadeo de un monopolio global. El silencio de las autoridades ante este conflicto de intereses es la prueba de que el sistema no está roto, sino que está funcionando exactamente como ellos lo diseñaron, para que unos pocos vivan del presupuesto de todos, mientras el verdadero rock independiente muere de inanición burocrática en la puerta de los escenarios que él mismo ayudó a construir.
@subterranica
Colombia
Cuando Billy Corgan dijo lo que Subterránica lleva veinte años denunciando
Cuando Billy Corgan habla del destino del rock lo hace desde la experiencia de alguien que estuvo en el corazón mismo de la última gran explosión cultural del género en los años noventa, y hace unos días ha lanzado una afirmación incómoda que ha comenzado a circular con fuerza en las personas que nunca quisieron escuchar… el rock no murió por falta de creatividad, ni porque el público dejara de escucharlo, sino porque fue deliberadamente desplazado del centro cultural.
Según el líder de The Smashing Pumpkins, hacia finales de los noventa ocurrió un giro abrupto en los medios de comunicación musicales. En una entrevista en un podcast, Corgan recordó cómo alrededor de 1997 o 1998 la programación de canales como MTV cambió radicalmente y el rock fue reemplazado por otros géneros que pasaron a dominar la narrativa cultural. El músico sostiene que el género fue “bajado de volumen” culturalmente, incluso mientras seguía siendo uno de los estilos más poderosos en conciertos y audiencias.
En esencia, Corgan sugiere que el rock fue desplazado por decisiones de industria y de medios, no por un agotamiento natural del movimiento. Para alguien que vivió la época dorada del rock alternativo, cuando bandas como Nirvana, Pearl Jam o los propios Smashing Pumpkins dominaban la cultura popular, ese cambio repentino no parece una simple evolución musical, para él fue una reconfiguración deliberada del paisaje cultural.
Pero sabemos que esto no es nuevo, mucho antes de que Corgan empezara a hablar públicamente de ese desplazamiento, en Colombia ya existía una voz que denunciaba algo similar desde la periferia cultural del rock latinoamericano. Esa voz fuimos nosotros… Subterránica.

Durante más de dos décadas, nuestro ha sostenido una crítica constante sobre cómo el rock colombiano fue desplazado de las políticas culturales, de los medios y de los circuitos institucionales. En la tesis doctoral que se desarrolla desde nuestro equipo, se describe cómo el rock pasó de ser una expresión central de la contracultura urbana a convertirse en un género marginado dentro de las agendas culturales oficiales.
La tesis plantea que el cambio no fue accidental. A partir de los años dos mil, las políticas culturales en Colombia comenzaron a privilegiar lo que se denominó “nuevas músicas colombianas”, una categoría amplia que buscaba fusionar elementos tradicionales con estéticas contemporáneas, al principio la iniciativa parecía positiva, pero en la práctica produjo un efecto colateral, el rock dejó de ser considerado una expresión legítima de la identidad cultural del país.
El resultado fue una sustitución simbólica, mientras durante los noventa el rock había sido el lenguaje generacional de miles de jóvenes, en la década siguiente ese lugar empezó a ser ocupado por proyectos financiados institucionalmente bajo etiquetas como world music, fusiones tropicales o propuestas que más tarde serían agrupadas bajo el término de “tropidelia”.
Desde entonces, Subterránica ha sostenido que el problema no fue la existencia de esas músicas, sino el hecho de que fueron promovidas como reemplazo del rock dentro de las políticas culturales y esto recuerda inevitablemente a lo que Corgan describe sobre el contexto internacional. En ambos casos aparece la misma pregunta ¿qué ocurre cuando las instituciones culturales deciden qué géneros merecen visibilidad y cuáles deben desaparecer del relato dominante?

El líder de Smashing Pumpkins ha criticado durante años el funcionamiento interno de la industria musical, señalando que muchas de sus decisiones no responden a procesos naturales de evolución artística sino a estructuras de poder que moldean el mercado cultural. Incluso ha llegado a afirmar que el negocio musical está basado históricamente en dinámicas de explotación y control sobre los artistas. Si esa lógica existe en la industria global, no resulta descabellado pensar que también pueda existir en contextos locales donde el poder cultural se ejerce a través de instituciones públicas, convocatorias y programas de financiación.
Lo que Corgan plantea desde la perspectiva de un ícono del rock mundial es, en esencia, lo mismo que Subterránica lleva señalando en Colombia desde hace veinte años: el rock no desaparece por falta de talento ni por falta de público. Desaparece cuando deja de ser apoyado por los sistemas que deciden qué música merece existir en el espacio público.
El día en que el rock dejó de ser prioridad en Colombia
Durante los años noventa el rock en Colombia vivió uno de sus momentos más visibles. La expansión de festivales, medios especializados y circuitos independientes permitió que el género se consolidara como un lenguaje generacional. No era simplemente música. Era una forma de identidad cultural urbana que dialogaba con procesos sociales, con la contracultura juvenil y con la construcción de una escena que aspiraba a tener un lugar dentro del panorama cultural del país.
Sin embargo, a comienzos del siglo XXI el panorama empezó a transformarse. Las políticas culturales comenzaron a reorganizar sus prioridades y a impulsar nuevas narrativas sobre lo que debía representar la identidad musical colombiana. Bajo el concepto de “nuevas músicas colombianas”, distintas instituciones promovieron proyectos que mezclaban elementos de música tradicional con lenguajes contemporáneos, muchas veces vinculados a circuitos internacionales de world music. La iniciativa, presentada como una estrategia de visibilización cultural, generó un cambio profundo en el ecosistema musical del país.
En ese proceso el rock comenzó a perder espacio dentro de las agendas institucionales. No se trató de una prohibición ni de un enfrentamiento abierto contra el género, sino de algo más silencioso y estructural. Los recursos, las convocatorias, los discursos académicos y las plataformas de promoción empezaron a orientarse hacia otros estilos musicales considerados más representativos de la identidad nacional. El rock, que durante décadas había sido una de las expresiones urbanas más importantes de la juventud colombiana, empezó a ser percibido como una estética extranjera o marginal dentro del relato cultural oficial.

Al mismo tiempo que esto sucedía, surgieron nuevas corrientes que ocuparon el espacio simbólico que antes había tenido el rock den los jóvenes. Propuestas híbridas, fusiones tropicales y proyectos asociados a lo que algunos críticos denominaron “tropidelia” comenzaron a recibir mayor visibilidad en festivales, circuitos académicos y plataformas culturales. Estas iniciativas lograron posicionarse como la representación moderna de la música colombiana ante el mundo relegando el rock a “música de viejos”.
El problema no fue la existencia de estas propuestas, la diversidad musical siempre ha sido parte de la riqueza cultural de cualquier país. El problema fue que, en muchos casos, estas corrientes fueron impulsadas como sustitutas del rock dentro del ecosistema cultural, generando un desplazamiento que alteró profundamente la dinámica de la escena independiente.
Y aun así, sigue existiendo y seguirá existiendo por siempre..
Sigue existiendo en los circuitos independientes, en los sellos autogestionados, en los festivales underground y en las comunidades que se resisten a aceptar que una cultura entera pueda ser borrada por decisiones administrativas o tendencias institucionales.
Tal vez por eso las palabras de Billy Corgan han resonado con tanta fuerza entre quienes han vivido el desarrollo del rock fuera de los grandes centros de poder cultural. Porque lo que el músico describe desde la experiencia de la industria global no es solo una teoría.
Para muchos en Colombia, es una historia que ya ocurrió.
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