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No es una ley sino la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos, el camino para el fortalecimiento de las artes en Colombia.

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“Da igual de qué color político fuera, nunca ha habido conexión entre la cultura y las instituciones políticas” dijo Álvaro Urquijo en una intervención en un libro que recoge experiencias de diversos artistas en España. Y yo lo complemento afirmando que los artistas siempre han sido usados ofreciéndoles un pan que es el precio que han recibido por sus ideales y sus sueños.

Las artes son una expresión de la cultura, la identidad y la creatividad de un pueblo, pero en Colombia, los artistas enfrentan múltiples dificultades para desarrollar su trabajo, tales como la falta de recursos, la precariedad laboral, la inseguridad social, la estigmatización y la invisibilización, estos factores limitan el potencial artístico y cultural del país y afectan el bienestar y la calidad de vida de los creadores.

Ante esta situación siempre se han planteado diversas propuestas para apoyar y proteger a los artistas que nunca han sido escuchadas, desde Subterránica y de manera personal, he lanzado varias propuestas entre las que se destacan la ley de renta básica universal para el sector cultural y la ley de mecenazgo cultural. Sin embargo, estas iniciativas han generado controversia y debate, pues algunos las consideran inviables, insuficientes o contraproducentes ya que sería una afrenta para el sistema establecido en donde predomina el robo y el nepotismo.

En este artículo, se argumenta que no es una ley sino la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos, el camino para el fortalecimiento de las artes en Colombia. Se explica en qué consisten estas dos medidas, cuáles son sus beneficios y desafíos, y cómo se complementan entre sí para generar un ecosistema cultural más dinámico, diverso e inclusivo.

Renta básica de creación para artistas

La renta básica de creación para artistas es una modalidad de apoyo económico que consiste en otorgar una suma fija mensual a los creadores que cumplan con ciertos requisitos, como tener una trayectoria artística reconocida, estar inscritos en un registro único de artistas y gestores culturales pero que sea público, transparente y verificable, presentar un proyecto artístico anual y rendir cuentas de su ejecución.

La renta básica de creación para artistas tiene como objetivo garantizar las condiciones mínimas de subsistencia de los creadores, así como incentivar su producción artística y su participación en el circuito cultural. De esta manera, se busca reconocer el valor social y económico de las artes, así como contribuir al desarrollo humano y cultural del país.
La renta básica de creación para artistas se diferencia de la renta básica universal para el sector cultural, que es una propuesta legislativa que busca establecer un ingreso mínimo vital para todos los trabajadores del sector cultural, independientemente de su actividad o condición. La renta básica universal para el sector cultural ha sido criticada por su alto costo fiscal, su falta de focalización y su posible efecto desincentivador sobre la actividad económica.

La renta básica de creación para artistas también se diferencia de las becas, los estímulos y las convocatorias que actualmente existen para apoyar a los artistas y que sufren de dudosa ejecución y transparencia, pues estas son formas de financiación puntual, competitiva y condicionada a la realización de proyectos específicos. La renta básica de creación para artistas pretende ser una forma de financiación permanente, universal y flexible que permita a los creadores desarrollar su trabajo con mayor autonomía, libertad y seguridad y además esto descentralizaría los fondos para los artistas y atacaría directamente la dictadura cultural actual y la corrupción ligada al estado.

Mecenazgos culturales

Los mecenazgos culturales son una modalidad de apoyo financiero que consiste en que personas naturales o jurídicas aporten recursos económicos a proyectos artísticos o culturales a cambio de beneficios fiscales o publicitarios. Los mecenazgos culturales tienen como objetivo movilizar recursos privados hacia el sector cultural, así como fomentar la responsabilidad social empresarial y el compromiso ciudadano con las artes.
Los mecenazgos culturales se basan en el principio de corresponsabilidad entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil para el desarrollo cultural del país. De esta manera, se busca diversificar las fuentes de financiación del sector cultural, así como generar alianzas estratégicas entre los diferentes actores involucrados.

Los mecenazgos culturales se regirían por una normativa de mecenazgo cultural, que es una propuesta legislativa que busca crear un marco normativo e institucional que regule y promueva esta práctica en Colombia. Esta iniciativa de mecenazgo cultural ha sido respaldada por diversos sectores culturales, pero también ha enfrentado resistencias por parte de algunos sectores políticos y económicos que la consideran una forma de elusión tributaria, una intromisión del sector privado en la política cultural o una amenaza a la independencia y la diversidad de las expresiones artísticas lo cual sencillamente no es real y carece de argumentación.

Complementariedad entre la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales

La renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales son dos medidas que se complementan entre sí para el fortalecimiento de las artes en Colombia. Por un lado, la renta básica de creación para artistas garantiza el derecho a la cultura de los creadores, al asegurar su dignidad, su sostenibilidad y su capacidad creativa. Por otro lado, los mecenazgos culturales potencian el derecho a la cultura de la ciudadanía, al ampliar la oferta, la calidad y el acceso a los bienes y servicios culturales.

Así mismo, la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales contribuyen al desarrollo económico y social del país, al generar empleo, ingresos, innovación, educación y cohesión social. Además, la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales fortalecen la democracia y la paz, al promover la participación, la diversidad, el diálogo y la convivencia.

Pero la renta y los mecenazgos culturales también enfrentan desafíos para su implementación efectiva, como el aseguramiento de los recursos financieros, el diseño de los criterios de elegibilidad y evaluación, el seguimiento y el control de los resultados, el fortalecimiento de las capacidades institucionales y técnicas, y la articulación entre los diferentes niveles y sectores del Estado lo cual exige que se implemente por un estado que no sea corrupto y por lo tanto en Colombia muchas de estas iniciativas han muerto en manos de la corrupción.
Mi propuesta

Considero que he sido una de las voces que ha defendido la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales en Colombia, como músico, comunicador social, Magister en Estudios Artísticos y Doctorando en Periodismo de la Complutense de Madrid he sido uno de los temas que más he investigado ya que la corrupción en las instituciones del estado que manejan las artes está desbordada y a nadie ni le interesa ni parece verla. Se ha planteado desde hace tiempos que estas medidas son necesarias para garantizar la transparencia, la equidad y la calidad en el sector cultural, frente a las actuales convocatorias públicas que no cumplen con estos criterios.

Desde Subterránica y La Asociación de Músicos Independientes de Colombia, hemos denunciado que las convocatorias públicas para el sector cultural son acomodadas al gobierno y a la ideología de turno, lo que genera sesgos, favoritismos y corrupción. Además, hemos comprobado gracias a las veedurías ciudadanas y a las investigaciones de la Contraloría, que las convocatorias públicas son insuficientes, inestables y burocráticas, lo que dificulta el acceso y la participación de los artistas, especialmente de los más vulnerables y marginados.
Por eso siempre hemos propuesto que la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales sean de acceso automático para quienes cumplan los requisitos establecidos, sin necesidad de pasar por procesos de selección o evaluación discrecionales. Así, se evitaría la injerencia política o ideológica en el sector cultural y se reconocería el derecho a la cultura como un derecho humano fundamental, además la renta debe tener un valor mínimo a un salario vigente y en ocasiones más dependiendo del proyecto de creación, pero hay que establecer topes para que no se use indebidamente como siempre sucede.

Siempre he argumentado que la renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales beneficiarían tanto a los creadores como a la sociedad en general. Por un lado, la renta básica de creación para artistas permitiría a los creadores tener un ingreso digno y estable que les permita dedicarse a su actividad artística sin depender de las condiciones del mercado o de las instituciones públicas. Por otro lado, los mecenazgos culturales implicarían una mayor responsabilidad social de las empresas y las personas que apoyen proyectos artísticos o culturales, lo que redundaría en una mayor oferta, calidad y acceso a los bienes y servicios culturales.

Cómo abordar la corrupción en las artes en Colombia

La corrupción es un fenómeno que afecta a todos los sectores de la sociedad, incluido el sector cultural. La corrupción en las artes se refiere al uso indebido o ilegal de los recursos públicos o privados destinados al fomento, la protección y la difusión de las expresiones artísticas y culturales. La corrupción en las artes puede manifestarse de diversas formas, como el desvío, el robo, el soborno, el clientelismo, el nepotismo. prevaricato, el fraude, la falsificación, la extorsión o el lavado de dinero.

La corrupción en las artes tiene graves consecuencias para el desarrollo cultural del país, pues afecta la calidad, la diversidad, la equidad y la transparencia de las políticas, los programas, los proyectos y los procesos culturales. La corrupción en las artes también tiene un impacto negativo en el bienestar y los derechos de los artistas, pues limita sus oportunidades, sus ingresos, su seguridad y su reconocimiento.

Causas de la corrupción en las artes

La corrupción en las artes es un fenómeno complejo y multifactorial que responde a diversas causas de orden histórico, político, económico, social y cultural. Entre las principales causas de la corrupción en las artes se pueden mencionar las siguientes:

La debilidad institucional del sector cultural, que se refleja en la falta de una política cultural integral, coherente y participativa; la insuficiencia y la inestabilidad de los recursos financieros; la ausencia o el incumplimiento de normas y mecanismos de control; la falta de capacitación y profesionalización del personal; y la escasa articulación entre los niveles y sectores del Estado.

La desigualdad social y territorial del país, que se traduce en una brecha entre el centro y la periferia; entre lo urbano y lo rural; entre lo formal y lo informal; entre lo público y lo privado; entre lo nacional y lo local; entre lo mayoritario y lo minoritario; entre lo hegemónico y lo alternativo. Esta brecha genera exclusión, discriminación y marginación de ciertos grupos sociales y culturales que tienen menos acceso a los recursos, a los espacios y a las oportunidades culturales.

La cultura política dominante en el país, que se caracteriza por el clientelismo, el personalismo, el caudillismo, el populismo, el autoritarismo, el paternalismo, el nepotismo y el corporativismo. Esta cultura política implica una concepción patrimonialista del poder y de los recursos públicos, una falta de ética pública y ciudadana, una baja confianza institucional y social, una alta tolerancia e impunidad frente a la corrupción y una escasa participación y veeduría ciudadana.

La lógica mercantilista del mercado cultural, que se basa en la competencia, la rentabilidad, la eficiencia, la productividad, la estandarización y la homogeneización. Esta lógica mercantilista impone criterios económicos sobre criterios culturales o sociales para valorar las expresiones artísticas y culturales. Así mismo, esta lógica mercantilista genera una concentración del poder económico y mediático en manos de unos pocos agentes que determinan los gustos, las tendencias y las agendas culturales.

Efectos de la corrupción en las artes

La corrupción en las artes tiene efectos negativos tanto para el sector cultural como para los artistas. Entre los principales efectos de la corrupción en las artes se pueden destacar los siguientes:

La pérdida de recursos públicos y privados que podrían destinarse al fomento, la protección y la difusión de las expresiones artísticas y culturales. La corrupción en las artes implica un desperdicio, un mal uso o un robo de los fondos que se asignan al sector cultural, lo que reduce la capacidad de inversión, de gestión y de impacto del sector.

La disminución de la calidad, la diversidad, la equidad y la transparencia de las políticas, los programas, los proyectos y los procesos culturales. La corrupción en las artes afecta el diseño, la implementación, la evaluación y el seguimiento de las acciones culturales, lo que genera ineficiencia, ineficacia, inequidad y opacidad en el sector. Así mismo, la corrupción en las artes distorsiona los criterios de selección, de asignación y de reconocimiento de los proyectos artísticos y culturales, lo que genera injusticia, arbitrariedad y desconfianza en el sector.

La limitación de las oportunidades, los ingresos, la seguridad y el reconocimiento de los artistas. La corrupción en las artes dificulta el acceso y la participación de los artistas en las convocatorias, los estímulos, las becas, los premios y los eventos culturales. Además, la corrupción en las artes reduce los ingresos y la seguridad social de los artistas, al no garantizarles unas condiciones laborales dignas y estables. Finalmente, la corrupción en las artes afecta el reconocimiento social y cultural de los artistas, al no valorar su trabajo ni su aporte al desarrollo del país.

Soluciones para la corrupción en las artes

La corrupción en las artes es un problema que requiere de una solución integral y sistémica que involucre a todos los actores del sector cultural. Entre las posibles soluciones para la corrupción en las artes se pueden proponer las siguientes:

El fortalecimiento institucional del sector cultural, que implica la formulación e implementación de una política cultural integral, coherente y participativa; el incremento y la estabilidad de los recursos financieros; el establecimiento y el cumplimiento de normas y mecanismos de control; la capacitación y profesionalización del personal; y la articulación entre los niveles y sectores del Estado.

La reducción de la desigualdad social y territorial del país, que implica una distribución más equitativa y descentralizada de los recursos, los espacios y las oportunidades culturales; una inclusión, una valoración y una visibilización de los grupos sociales y culturales más vulnerables y marginados; una promoción de la diversidad cultural como un factor de riqueza y no de conflicto; y una garantía del acceso universal a los bienes y servicios culturales.

El cambio de la cultura política dominante en el país, que implica una educación para la ética pública y ciudadana; una construcción de confianza institucional y social; una sanción efectiva e implacable a los actos de corrupción; una participación activa y veeduría ciudadana en los asuntos públicos; y una rendición de cuentas permanente y transparente por parte de los gobernantes y los gestores culturales.

La transformación de la lógica mercantilista del mercado cultural, que implica una regulación del poder económico y mediático en el sector cultural; una defensa del derecho a la cultura como un derecho humano fundamental; una generación de alternativas económicas solidarias, cooperativas y autogestionarias para el sector cultural; y una promoción de la creatividad, la innovación, la calidad y la originalidad en las expresiones artísticas y culturales.

Renta básica de creación para artistas y mecenazgos culturales como medidas contra la corrupción en las artes

La renta básica de creación para artistas y los mecenazgos culturales son dos medidas que pueden contribuir a combatir la corrupción en las artes, al generar condiciones más justas, dignas y sostenibles para los creadores.

Pero como siempre, es difícil hacer que alguien escuche en un país en donde lo que manda es la necesidad sobre todas las cosas y en donde todo, incluso las artes han sucumbido a los odios, tretas y manipulaciones de un estado y una sociedad corrupta que no busca la creación de nada sino enriquecerse a costa del erario.

¿Cuánto le cuesta a un artista estudiar y formarse? Y ¿Cuál es la retribución? En este país los artistas solo viven si se alienan con las actuales entidades corruptas que manejan la cultura como un bolsillo personal.

Felipe Szarruk, músico, comunicador social, Magister en Estudios Artísticos y Doctorando en Periodismo de la Complutense de Madrid.

Colombia

Aun si fuera verdad que más de 500 mil personas fueron a Rock al Parque, esta entonces sería la peor noticia para la escena del rock bogotano

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¿Dónde putas están esas 500 mil personas cuando las bandas colombianas se presentan durante el resto del año? ¿Dónde están cuando esas mismas agrupaciones organizan un concierto en un bar y no consiguen meter ni diez personas pagando una entrada de veinte mil pesos? ¿Dónde están los miles de asistentes que aparecen en Rock al Parque, consumen, recorren el festival y llenan los espacios frente a las tarimas, pero desaparecen cuando los músicos necesitan vender unas cuantas boletas para poder seguir tocando?

Si aceptáramos que la cifra de 500 mil asistentes publicada por varios medios es cierta, tendríamos una noticia hermosa para el festival. Pero hay otra realidad… Durante Rock al Parque, buena parte del público llega para ver a los artistas internacionales que se presentan después de las seis de la tarde. Las bandas nacionales pueden estar tocando desde temprano, pero la convocatoria que parece multitudinaria no se traduce en público para sus conciertos durante el resto del año. Esas mismas agrupaciones que aparecen en el cartel de uno de los festivales públicos más importantes del continente no consiguen reunir ni diez personas en un bar.

Entonces, ¿de qué público estamos hablando? ¿De una comunidad que sigue a sus bandas, compra entradas, asiste a conciertos y sostiene una escena musical o de una multitud ocasional que consume rock cuando la entrada es gratuita y el espectáculo está financiado con recursos públicos?

Asistencia en las primeras bandas

Aquí aparece la contradicción. Hay personas dispuestas a gastar treinta mil pesos en un perro caliente durante el festival, pero que no pagan veinte mil por entrar a ver a una agrupación colombiana en un escenario independiente. No se trata de cuestionar en qué gasta su dinero cada persona. Se trata de señalar la hipocresía de una cultura que dice apoyar el rock nacional, comparte afiches, publica fotografías desde el parque y aplaude a las bandas cuando no tiene que pagar por escucharlas, pero que después no aparece cuando esas mismas agrupaciones necesitan público para sobrevivir.

El problema no es que el rock colombiano carezca de músicos, de propuestas o de talento. El problema es que hemos confundido la asistencia a un festival gratuito con la existencia de una escena musical sólida. Una multitud que llega a ver a sus artistas internacionales favoritos no constituye automáticamente un público para las bandas nacionales. Y una persona que disfruta de un concierto gratuito no necesariamente se convierte en alguien dispuesto a pagar por la música durante el resto del año.

El público del rock colombiano tiene que mirarse al espejo. No puede exigir mejores bandas, mejores escenarios, más conciertos y mayor reconocimiento mientras se niega a pagar una entrada de veinte mil pesos. No puede reclamar que los músicos vivan de su trabajo y después dejarlos solos frente a una taquilla vacía. La música necesita seguidores, pero también necesita personas dispuestas a sostener económicamente aquello que dicen amar.

Por supuesto, existen seguidores que apoyan de manera constante a las agrupaciones, compran entradas y mantienen vivos los circuitos independientes. Pero si una banda puede tocar ante miles de personas en un festival y después no consigue reunir ni diez asistentes en un bar, algo está profundamente jodidísimo en la relación entre esa escena y su público.

Y esto es directo, el público del rock colombiano, entendido como esa masa que presume de apoyar el género pero solo aparece cuando todo es gratis, es una mierda. Es un público acomodado, acostumbrado a que otros paguen la cuenta, que confunde consumir un espectáculo con apoyar una cultura. Quiere la foto, la experiencia, el artista internacional y el festival multitudinario, pero no quiere asumir los veinte mil pesos que pueden ayudar a mantener viva a una banda nacional.

Rock al Parque puede ofrecer visibilidad a ciertas bandas, pero la visibilidad no paga los ensayos, las grabaciones, el transporte, los equipos ni el alquiler de un bar. Los músicos no pueden vivir eternamente de la promesa de que algún día ese público regresará. Tampoco pueden sostener una carrera esperando la siguiente convocatoria institucional.

Treinta años después de la creación del festival, la pregunta no es solamente cuánta gente fue al parque. La pregunta es cuántas de esas personas seguirán a las bandas colombianas cuando se apaguen las tarimas, se retiren los artistas internacionales y desaparezca la gratuidad. ¿Cuántas comprarán una entrada de veinte mil pesos para ver a esas mismas agrupaciones en un bar? Eso sucedía en los noventas cuando al otro día una banda que se hiciera notoria sonaba en las radios y llenaba bares, hoy para nada.

Asistencia en las horas antes de las 6.00 PM

Porque si la respuesta es que no llegan ni diez, entonces tenemos que dejar de celebrar las multitudes como prueba del éxito del rock nacional. Tal vez el festival sí tiene público. Tal vez los artistas internacionales sí tienen público. Lo que parece no tener la escena colombiana, en muchos casos, es un público dispuesto a pagar por ella.

Y esa es la peor noticia. No que la gente deje de ir a Rock al Parque, sino que después de treinta años todavía haya bandas colombianas que no consigan reunir diez personas pagando una entrada. El día que termine el festival, los músicos seguirán necesitando público. Y entonces no habrá perro caliente de treinta mil pesos, artista internacional ni presupuesto público detrás del cual esconderse.

Hagamos un ejercicio ¿que pasaría si se cobrara mil pesos por persona, cuanto ingresaría para rock al parque para traer más bandas de calidad o inyectarle al rock y la pregunta dura, si se cobrara mil pesos? cuanta gente irira?

Si Rock al Parque convocó 561.020 asistencias en tres días según lo que dice la alcaldía, ¿qué pasaría si cada asistente pagara apenas $1.000? No estamos hablando de cobrar una entrada de $20.000 ni de convertir el festival en un negocio privado. Estamos hablando de una contribución simbólica y de preguntarnos cuánto dinero podría regresar directamente a la escena del rock colombiano.

La cuenta inicial es sencilla: si las 561.020 asistencias se mantuvieran y cada una pagara mil pesos, el recaudo bruto sería de $561.020.000.

La pregunta más interesante es la segunda: ¿cuánta gente dejaría de ir si tuviera que pagar esos mil pesos? No hay datos que permitan predecirlo con certeza. Pero podemos calcular cuánto se recaudaría en distintos escenarios.

Recaudo bruto con una contribución de $1.000 por asistencia

100% de la asistencia

$561.020.000

561.020 asistencias pagando $1.000 cada una

90% de la asistencia

$504.918.000

504.918 asistencias pagando $1.000 cada una

75% de la asistencia

$420.765.000

420.765 asistencias pagando $1.000 cada una

50% de la asistencia

$280.510.000

280.510 asistencias pagando $1.000 cada una

25% de la asistencia

$140.255.000

140.255 asistencias pagando $1.000 cada una

Escenarios hipotéticos, antes de costos de recaudo y operación.

Con que pagara la mitad del público registrado, entrarían más de $280 millones. Con una cuarta parte, serían más de $140 millones que podrían destinarse, si así se decidiera y presupuestara, a circulación de bandas nacionales, giras, grabación, producción de conciertos o mejores honorarios.

Si una persona está dispuesta a desplazarse, pasar horas en el parque y gastar decenas de miles de pesos en comida, ¿pagaría mil pesos para entrar? ¿Cuántos dejarían de ir? ¿Y qué nos diría eso sobre la relación real del público con el festival y con el rock colombiano?

La cifra de asistencia de 2026 permite plantear el experimento, pero no demuestra de antemano cuántas personas aceptarían pagar. Precisamente por eso, la pregunta de los mil pesos es tan potente, pone a prueba cuánto vale realmente el apoyo que el público dice tener por el rock.

Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿En donde están todos esos rockeros el resto del año?

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Colombia

Cuatro bandas independientes se toman Bogotá con una noche de rock sin etiquetas presentes en Ruido Capital

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El próximo viernes 23 de octubre de 2026, la escena independiente de Bogotá tiene una cita ineludible en Rockxy Bar, ubicado en la calle 65 #13-15, en el corazón de Chapinero. Bajo el nombre Ruido Capital, cuatro propuestas musicales de identidades radicalmente distintas compartirán un mismo escenario con una sola consigna: demostrar que el rock bogotano sigue siendo un territorio abierto, incómodo y difícil de encasillar. La jornada arrancará a las 7:30 p. m. con una entrada de $25.000 COP, en un espacio que se ha consolidado como uno de los puntos de encuentro más importantes para la música en vivo de la ciudad, con capacidad para 120 personas y una reputación ganada a pulso entre músicos y público que buscan algo más que una noche de covers.

El Pez Capitán, 6 de Bastos, Radio de Monos y El Pregón del Mudo son los encargados de darle forma a esta descarga sonora. Cada uno llega con una historia y una búsqueda particular. Radio de Monos, por ejemplo, se ha convertido en una de las propuestas más provocadoras del metal alternativo bogotano. La banda, que se consolidó en 2021, construyó su identidad a partir de una mezcla de punk, metal y electrónica que ellos mismos describen como una descarga de caos y energía. Su más reciente sencillo, Soy el Mal, es una pieza que combina riffs pesados, secuencias electrónicas y una estética visual cargada de pintura fluorescente y luces UV, un sello que han perfeccionado en tres años de presentaciones en vivo. Diego, su vocalista y fundador, ha contado que el nombre de la banda nació de una escena casi cinematográfica, cuando vio un programa de televisión donde un personaje escuchaba las voces de los monos mientras en la radio sonaba una noticia trágica. Primero fue la canción, luego el nombre, y de ahí en adelante todo fue construcción de una identidad que no quiere sonar igual a nadie más.

El Pregón del Mudo llega con una propuesta que bebe del rock, el punk y los sonidos propios de Colombia, con la cumbia como uno de sus pilares. La banda nació en 2019 del reencuentro de un grupo de amigos con trayectoria musical, y desde entonces ha construido un repertorio que se alimenta de las situaciones inverosímiles que aparecen en los titulares del país. Canciones como ¿Miedo o empanada?, Tu mamá tiene bigote o El Putas de Aguadas hacen parte de su primer disco, Antipatría, una producción que mezcla la agenda nacional con ritmos de la región y el toque rockero y punkero que los caracteriza. Santiago Garcés, guitarrista de la banda, ha explicado que el nombre surgió de la necesidad de ser la vocería de toda esa gente callada, silenciada o que sencillamente no quiere hablar en el país. Antes se llamaban Ñoñe, pero el nombre les trajo problemas en redes y plataformas digitales, y decidieron cambiarlo por uno que reflejara mejor el rumbo que estaba tomando el proyecto. La banda está conformada por Daniel Bernal en la batería, Jhon Tato Cortés en el bajo, Santiago Garcés en la guitarra y Luis Javier Uribe en la voz, y su música ha ido creciendo al ritmo del público que los ha visto en bares y festivales de Bogotá.

El Pez Capitán y 6 de Bastos completan el cartel de Ruido Capital, dos nombres que hacen parte de esa red de bandas que sostienen la escena independiente de la ciudad con presentaciones constantes y una búsqueda sonora que no se detiene. Rockxy Bar, el lugar elegido para la cita, es un espacio que se ha posicionado rápidamente en la zona de Chapinero gracias a su buen sonido y a una programación periódica de música en vivo que incluye rock, metal y alternativo. Los asistentes destacan la acústica del lugar, la comodidad del espacio y la facilidad de acceso desde la estación de Transmilenio Calle 63, aunque algunos también señalan que el servicio puede ser lento y que las bebidas tienen precios elevados.

Ruido Capital no es solo un concierto. Es una apuesta por la diversidad sonora y por el poder de la música en directo en una ciudad donde la escena independiente sigue resistiendo a punta de guitarras, distorsión y actitud. Cuatro bandas, cuatro universos, una sola noche. La cita es el viernes 23 de octubre de 2026 a las 7:30 p. m. en Rockxy Bar, calle 65 #13-15, Bogotá. La entrada cuesta $25.000 COP. Cuatro bandas. Una noche. Ruido Capital.

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Colombia

“Noir” el lado más íntimo y oscuro de Hijos del Viento

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Hijos del Viento anuncia Noir, el tercer adelanto de su nuevo álbum “Insurgente”, que verá la luz el próximo 30 de octubre. El sencillo, que se estrena oficialmente el 17 de octubre, marca un giro hacia un territorio más íntimo y oscuro dentro de la propuesta de la banda bogotana, explorando la depresión, el aislamiento y la pérdida de identidad desde una estética inspirada en el cine negro. Según la propia agrupación, Noir habla de ese momento en que la depresión deja de sentirse como tristeza y empieza a sentirse como desaparecer, una idea que atraviesa tanto la lírica como la atmósfera sonora del tema. Musicalmente, el corte mantiene la dirección moderna y progresiva que Hijos del Viento viene construyendo, combinando metal moderno, atmósferas densas, melodía y peso en una mezcla que ellos mismos describen como power metalcore hecho en Bogotá.

El estreno de Noir será la misma noche del 17 de octubre, Hijos del Viento lanzará su álbum en vivo con un show de lanzamiento en La Sucursal, en Bogotá, donde presentarán por primera vez el material de su nuevo álbum completo. La banda, conformada por Sebastián Pascagaza en voces, Juan Pablo Carrillo en guitarra, Nicolás Jaime en bajo y Nicolás Gómez en batería, llega a este lanzamiento con un recorrido sólido que incluye haber abierto para Stryper en Bogotá, una participación en un evento masivo en Ciudad de México en 2026 con cerca de cien mil asistentes, su competencia en Wacken Metal Battle Colombia 2027 en Bogotá y el reconocimiento como Mejor Metal Mainstream en los Monster Music Award 2025.

“Insurgente” llegará completo el 30 de octubre y promete consolidar la evolución de la banda hacia un sonido más personal y ambicioso.

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