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Los 10 momentos más importantes en la historia del rock colombiano.

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El rock es un género musical que ha tenido presencia en Colombia desde mediados del siglo XX. El rock colombiano se ha caracterizado por su diversidad, su creatividad y su capacidad de fusionar el rock con otros ritmos y expresiones culturales del país. El rock colombiano también ha sido un medio de comunicación, de protesta y de resistencia de los jóvenes ante la situación social, política y económica de Colombia en diferentes épocas que ha tenido momentos de auge y de crisis, de éxito y de fracaso, de reconocimiento y de censura, pero siempre ha mantenido su esencia y su identidad. En este artículo, vamos a nombrar los 10 momentos más importantes del rock colombiano, que han marcado la historia y la memoria musical del país.

1. El concierto de Bill Haley y Los Cometas en Bogotá.

El rock and roll llegó a Colombia en 1957, de la mano de una película estadounidense que causó furor entre los jóvenes: “Semilla de Maldad”, que se proyectó en el cine Cid de Bogotá. La película, que retrataba la violencia y el desencanto de una generación rebelde, tenía como banda sonora el tema “Rock around the clock” de Bill Halley and his Comets, considerado uno de los primeros himnos del rock.

Cinco años después, el mismo Bill Halley y su banda pisaron por primera vez el escenario del Teatro Colombia, hoy Teatro Jorge Eliecer Gaitán, en diciembre de 1962. Fue la primera estrella internacional de rock and roll que se presentó en Bogotá, y su concierto marcó un hito en la historia musical y cultural de la ciudad.

Aunque el artista ya no estaba en la cima de su popularidad, su presencia en una ciudad conservadora y tradicionalista fue un signo de que Bogotá se abría al mundo y a las nuevas tendencias. El rock and roll empezó a competir con los géneros musicales dominantes, como la música clásica, el pasillo, el torbellino, el porro y la canción mexicana.

El concierto de Bill Halley fue una fiesta inolvidable para los jóvenes bogotanos, que se identificaron con el espíritu rocanrolero y se lanzaron a bailar en el foso del teatro, convirtiéndolo en una pista improvisada. Alvaro Díaz Manrique, integrante de la banda The Young Beats, recuerda así aquella noche: “Jovencitas y jovencitos que no nos conocíamos, esa noche estrechamos profundos lazos y bailamos durante todo el recital; otros, menos lanzados, los más mayores, llevaron el compás trepados en sus sillas. En cualquier caso, fue una fiesta que cambió nuestra forma de sentir la música: todavía está muy fresco en mi memoria el inicio del concierto cuando la banda se largó a tocar su éxito ‘Rock around the clock’ y nos apoderamos del foso del teatro, convirtiéndolo en un pandemónium. ¿Se alcanzan a imaginar eso? Era un sueño hecho realidad. O mejor, era estar dentro de un sueño en el que centenares de chicos y chicas adolescentes, al unísono, fuimos uno solo en medio de una danza tribal urbana, desenfadada y feliz”.

El rock and roll se instaló en Bogotá como una expresión de rebeldía, libertad y modernidad, y dio origen a una escena musical que se desarrollaría en los años siguientes, con bandas como Los Speakers, Los Flippers, Los Yetis y Los Ampex, entre otras. El concierto de Bill Halley fue el detonante de una revolución que cambiaría para siempre la vida cotidiana de la ciudad.

2. El nacimiento de la Nueva Ola en los años 60, con artistas como Harold, Óscar Golden, Los Flippers, Los Speakers y Los Yetis, que adaptaron el rock and roll y el beat a la realidad colombiana.

La Nueva Ola fue el término con el que se denominaba al grupo de músicos e intérpretes que adoptaron la influencia musical del rock and roll y el beat, provenientes de Estados Unidos y Europa, y los adaptaron a la realidad y el idioma de sus países1. La Nueva Ola se relacionó con otros movimientos artísticos como el beatnik y el pop art, que expresaban el descontento y la rebeldía de la juventud frente a la situación económica y social de la época2.

En Colombia, la Nueva Ola tuvo su auge entre 1963 y 1968, y se caracterizó por la diversidad de estilos y géneros que abarcó, desde el rock and roll, el twist, el surf, el soul, el bolero y la balada. Algunos de los artistas más representativos de la Nueva Ola colombiana fueron:
Harold Orozco: Fue uno de los pioneros de la Nueva Ola en Colombia, y se destacó por su voz potente y su carisma.

Óscar Golden: Se hizo famoso por sus interpretaciones de temas románticos y sentimentales.

Los Flippers: Fue una de las bandas más populares y exitosas de la Nueva Ola, y se especializó en el rock and roll y el surf. Sus integrantes eran jóvenes estudiantes que tocaban instrumentos eléctricos y cantaban en español e inglés.

Los Speakers: Fue otra de las bandas emblemáticas de la Nueva Ola, y se diferenció por su sonido más crudo y experimental, influenciado por el rock psicodélico y el garage. Sus miembros eran rebeldes y contestatarios, y sus letras reflejaban el inconformismo y la crítica social.

Los Yetis: Fue una banda que se formó en Medellín, y que se inspiró en el rock and roll y el beat de los Beatles y los Rolling Stones. Sus canciones eran alegres y divertidas, y trataban sobre el amor, la fiesta y la moda.

La Nueva Ola fue un fenómeno que marcó la historia del rock colombiano, y que dejó un legado de canciones, muchos artistas y estilos que influyeron en las generaciones posteriores.

3. El Festival de la vida en 1970.

El Festival de la Vida fue el primer festival de rock al aire libre y gratuito en Colombia, celebrado el 27 de junio de 1970 en el Parque Nacional de Bogotá. Fue organizado por Tania Moreno, una referente del hippismo nacional, y por Edgar Restrepo, Humberto Monroy y Roberto Fiorilli, dueños de Zodiaco Discos y miembros de Siglo Cero, la banda cabeza de cartel. El festival reunió a seis bandas de rock progresivo y psicodélico, que eran pioneras en el género en el país, y a más de 15.000 personas, que disfrutaron de un día de música, paz y naturaleza. El festival fue inspirado por el famoso festival de Woodstock de 1969 en Estados Unidos, y fue un hito para la cultura rock en Colombia, ya que mostró la creatividad, la diversidad y el talento de los músicos locales, así como el espíritu rebelde y contestatario de una generación que buscaba transformar la sociedad.

Se realizó el sábado 27 de junio de 1970 en el Parque Nacional de Bogotá, con un presupuesto de solo $10.000 pesos. Fue el primer festival de rock al aire libre y gratuito en Colombia, inspirado por el famoso festival de Woodstock de 1969 en Estados Unidos12. El objetivo del festival era promover la paz, el amor y la conciencia social entre la juventud, en contraste con la violencia y el conflicto que se vivía en el país y el mundo.

El festival contó con la participación de seis bandas de rock progresivo y psicodélico, que eran pioneras en el género en Colombia. Estas bandas fueron: Aeda, Terrón de Sueños, La Caja de Pandora, Siglo Cero, Los Yetis y Los Impala (estos últimos provenientes de Venezuela)123. El festival atrajo a más de 15.000 personas, que disfrutaron de seis horas de música en vivo, baile, arte y convivencia.

El Festival de la Vida fue un hito para la cultura rock en Colombia, ya que mostró la creatividad, la diversidad y el talento de los músicos locales, así como el espíritu rebelde y contestatario de una generación que buscaba transformar la sociedad. El festival también fue el precursor de otros eventos similares, como el Festival Rock en las Montañas, que se realizó en agosto de 1970 en el mismo lugar.

4. El Festival de Ancón en Antioquia.

El Festival de Ancón se realizó entre el 18 y el 20 de junio de 1971, fue un evento que desafió las normas tradicionales y congregó a miles de hippies en torno a la música estridente, marcó un hito en la historia de la juventud medellinense y en el desarrollo del rock en Colombia. Organizado por Gonzalo Caro Maya, conocido como Carolo, a la edad de 22 años, el festival tuvo lugar en el Parque Ancón Sur, al sur de Medellín, cincuenta años atrás.

Carolo, junto con colaboradores como Édgar Restrepo Caro, Humberto Caballero, y Álvaro Díaz, logró convencer al alcalde de Medellín, Álvaro Villegas Moreno, de la viabilidad del evento, a pesar de la resistencia de sectores conservadores. El lugar elegido, Ancón, fue seleccionado por sus hongos alucinógenos y se convirtió en escenario de tres días de lluvia, barro, humo dulzón, amor y peripecias absurdas.

Aunque enfrentaron críticas y oposición, Carolo y su equipo organizaron el festival bajo marcos legales, con Villegas autorizando el evento. Sin embargo, la destitución del alcalde fue impulsada por el sacerdote Fernando Gómez, quien lo acusó de permitir la invasión de “vagos y degenerados”. A pesar de los contratiempos, el festival se llevó a cabo con la participación de diversas bandas y solistas de Cali, Bogotá y Medellín.

La Gran Sociedad del Estado inauguró el evento bajo un aguacero, mientras la prensa nacional, encabezada por Gloria Valencia, cubría el acontecimiento. Aunque se intentó documentar el festival en fotografías y video, varios contratiempos, incluyendo un intento de incendio de material gráfico, resultaron en una escasa memoria visual y sonora del evento.

Con la asistencia de alrededor de 200 mil personas en tres días, el festival dejó pérdidas económicas, pero su impacto artístico fue destacado. El Pingüino Rojo, el único puesto de comida que operó durante todo el evento, se convirtió, al final, en un acto de caridad al aceptar marihuana como parte de pago de clientes sin dinero.

Tantas décadas después, el Festival de Ancón sigue siendo recordado como un punto de quiebre en la historia cultural de Medellín y como uno de los eventos cruciales en la evolución del rock en Colombia conocido como “El Woodstock Colombiano”.

5.Los primeros grandes conciertos en Bogotá: Carlos Santana y James Brown.

Es bien dificil hallar soporte documental del concierto de Santana en Bogotá pero sí sucedió. No como los hippies lo esperaban al estilo que se presentó en Woodstock, sino que lo hizo elegante vestido de blanco y muy espiritual según recuerda Willie Vergara. Santana se presentó en el Coliseo El Campín el 2 de octubre de 1973, como parte de su gira mundial. Fue uno de los primeros eventos grandes que se hicieron en el recién remodelado coliseo, y contó con la asistencia de más de 10.000 personas. Santana tocó algunos de sus éxitos como “Black Magic Woman”, “Oye Como Va” y “Samba Pa Ti”, e hizo una improvisación de más de 20 minutos con el grupo colombiano Génesis. El concierto fue un éxito y dejó una huella en la historia musical de Bogotá.

El Periódico El Tiempo recuerda:

El 10 de octubre de 1973 Santana apareció en la mitad del escenario del Coliseo El Campín envuelto en una nube de incienso para bendecir al público y pedirle con insistencia que se convirtiera en el espíritu de Dios: “Elevémonos juntos y unamos nuestras fuerzas positivas para que reine el amor… Y ahora sí estamos listos¡Arranquemos!”

Mientras tanto, afuera, cerca de 10 mil personas armaban el desorden y 54 de ellas resultaban detenidas por volcar e incendiar el automóvil de la embajada de Estados Unidos. Mientras Santana repartía bendiciones a 15 mil espectadores, afuera repartían bolillo.

Unos meses atrás ya se había presentado su majestad James Brown en el mismo coliseo que hoy es el Movistar Arena, fue otro evento memorable que tuvo lugar en el mismo año que el de Santana. Según una fuente, James Brown llegó a Bogotá el 28 de agosto y fue recibido por unos 200 fanáticos en el aeropuerto. Ese mismo día, ofreció un espectáculo impresionante en el coliseo, donde cantó algunos de sus clásicos como “Please, Please, Please”, “I Got You (I Feel Good)” y “Papa’s Got a Brand New Bag”. También hizo su famosa “muerte” teatral en escena, cubriéndose con una capa negra y luego levantándose para seguir cantando. El concierto fue presenciado por unas 15 mil personas, que quedaron fascinadas por la energía y el talento del “Padrino del Soul”.

6. El nacimiento del movimiento del Ultra Metal y el Punk en Medellín en los años ochenta como respuesta a la violencia y al caos social que se vivía en el país.

El ultra metal y el punk en Medellín fueron movimientos musicales que surgieron en los años 80 como una forma de expresar el descontento, la rebeldía y la resistencia de los jóvenes ante la situación de violencia y criminalidad que vivían en la ciudad. Influenciados por bandas extranjeras como Metallica, Slayer, Venom y Sex Pistols, los grupos locales crearon un sonido crudo, caótico y agresivo que reflejaba la realidad marginal y el no futuro que les esperaba. Algunas de las bandas más representativas del ultra metal fueron Parabellum, Reencarnación, Blasfemia y Mierda, mientras que del punk se destacaron Mutantex, I.R.A., Pestes y Fértil Miseria. Estas bandas se dieron a conocer a través del intercambio de cassettes, las presentaciones en vivo y el boca a boca, ya que no contaban con el apoyo de los medios de comunicación ni de la industria musical. Su música también llamó la atención de algunos directores de cine que quisieron plasmar en la pantalla la cultura y el estilo de vida de estos jóvenes.

Uno de ellos fue Víctor Gaviria, quien en 1990 estrenó la película Rodrigo D no futuro, un drama social que narra la historia de Rodrigo, un adolescente que sueña con ser baterista de una banda de punk, pero que se ve atrapado por la violencia y la pobreza de su barrio. La película fue una de las primeras en mostrar la realidad de los sicarios, los narcos y los jóvenes marginales de Medellín, y también en darle protagonismo a la música punk y metal como una forma de expresión y resistencia. La banda sonora de la película incluyó canciones de bandas como Mutantex, Pestes, Blasfemia, Reencarnación y Ekrion, y se convirtió en un clásico del rock subterráneo colombiano. La película y su banda sonora fueron reconocida internacionalmente y tuvieron una gran influencia en el desarrollo del rock nacional y en la visibilización de la problemática social de Medellín.

Aparte, La relación entre Mayhem y el ultrametal de Medellín es una de las leyendas más interesantes del metal extremo. Según algunos testimonios, la banda noruega de black metal se inspiró en el sonido crudo, caótico y violento de bandas colombianas como Parabellum y Reencarnación, que habían creado el subgénero del ultrametal a mediados de los años 80. El contacto entre estas bandas se habría dado a través del intercambio de cassettes por correo postal, una práctica común entre los metaleros underground de la época. Así, Mayhem habría escuchado las grabaciones de Parabellum y Reencarnación, y habría quedado impresionado por la atmósfera sucia y agresiva que reflejaba la realidad marginal y violenta de Medellín. Esto habría influido en el estilo musical y estético de Mayhem, que se caracterizó por ser uno de los más radicales y polémicos del black metal, con letras sobre satanismo, muerte y nihilismo, y con actos como el suicidio de su vocalista Dead, el asesinato de su guitarrista Euronymous y la quema de iglesias. Sin embargo, esta relación entre Mayhem y el ultrametal de Medellín no está del todo confirmada, y hay quienes la consideran solo un mito o una exageración. Lo cierto es que tanto el ultrametal como el black metal noruego fueron movimientos musicales que surgieron en contextos de crisis social y que expresaron su rebeldía y resistencia a través de un sonido extremo y una estética oscura.

7. El Primer Concierto de Conciertos en Bogotá en medio del movimiento del “Rock en Español”.

El Primer Concierto de Conciertos en Bogotá fue el primer evento masivo de música en el Estadio El Campín que se realizó el 17 y 18 de septiembre de 1988, con la participación de artistas nacionales e internacionales de rock en español. Fue organizado por Fernando Pava Camelo, director de la emisora Super Stereo 88.9, con el apoyo de Felipe Santos, Armín Torres, Julio Correal, Coca-Cola y la Alcaldía de Bogotá.

El concierto fue un hito para el rock colombiano, ya que fue uno de los primeros y más grandes espectáculos de este género en el país y reunió a más de 70.000 personas que disfrutaron de la música de bandas como Soda Stereo, Los Prisioneros, Los Toreros Muertos, Miguel Mateos, Franco de Vita, Yordano, Compañía Ilimitada y Pasaporte, entre otras. El concierto también fue una muestra de la diversidad y la creatividad de la cultura juvenil de la época, que expresaba su rebeldía, su identidad y su resistencia ante la situación de violencia y crisis social que vivía el país.

El concierto tuvo algunos problemas, como la oposición de los periodistas deportivos que temían por el daño al estadio, la lluvia que afectó el sonido, pequeños disturbios que se presentaron afuera, la falta de preparación de los técnicos de audio, el mal sonido y las críticas de algunos sectores que consideraban que el rock era una música extranjera y decadente. Sin embargo, el concierto también tuvo muchos logros, como la difusión y el reconocimiento del rock en español en Colombia, el intercambio y la integración de los artistas de diferentes países, la visibilización y la reivindicación de los jóvenes como actores sociales y culturales, y la creación de un referente histórico y simbólico para el rock nacional. El concierto de conciertos fue, sin duda, uno de los momentos más importantes para el rock colombiano, y se convirtió en un ícono de la memoria musical y colectiva del país.

8. 1992: Cuando sacaron a bala a David Gilmour de Cali porque a los traquetos no les gustaba el Rock y en Bogotá cayó la November Rain que dejó al campín y al país sin conciertos por casi una década.

David Gilmour, el legendario guitarrista de Pink Floyd, fue invitado por Chucho Merchán, un músico colombiano que había trabajado con él en Inglaterra, para participar en un concierto ecológico llamado Ecomundo 92. El concierto se realizó el 4 de diciembre de 1992 en el Estadio Pascual Guerrero, y también contó con la presencia de Roger Daltrey, el vocalista de The Who, y Phil Manzanera, el guitarrista de Roxy Music. Pero el concierto fue un fracaso, ya que tuvo muchos problemas de organización, sonido, seguridad y público.

Según algunas fuentes, el concierto fue boicoteado por el Cartel de los Rodríguez Orejuela que controlaba la ciudad y que no toleraba el rock ni a los jóvenes que lo escuchaban. Al parecer, los narcos amenazaron a los organizadores y a los artistas y enviaron sicarios al estadio para intimidar y disparar al aire. También se dice que hubo disturbios y enfrentamientos entre la policía y los asistentes, que no superaron las 10.000 personas. El concierto terminó antes de lo previsto, y los artistas tuvieron que salir escoltados del estadio y del país. David Gilmour y los demás se sintieron decepcionados y asustados por la experiencia y juraron nunca más volver a Colombia (Gilmour si lo hizo). El concierto de Ecomundo 92 fue uno de los episodios más tristes y vergonzosos de la historia del rock colombiano pero también demostró la tenacidad y el alma de Chucho Merchán y de su amor por el rock y hasta donde puede llegar un ser humano por esta pasión.

Mientras tanto el 30 de noviembre en Bogota tocaba Guns and Roses en el Estadio El Campín, como parte de su gira mundial Use Your Illusion. Fue uno de los primeros y más grandes conciertos de rock que se hicieron en Colombia, pero también fue uno de los más problemáticos y polémicos. El concierto tuvo muchos inconvenientes, como la cancelación de uno de los dos shows que estaban programados, por el retraso de los equipos que venían de Venezuela, donde hubo un intento de golpe de Estado. Esto generó la molestia de algunos fanáticos que no pudieron entrar al único concierto que se realizó, y que iniciaron una serie de disturbios y enfrentamientos con la policía a las afueras del estadio. El concierto también tuvo fallas de organización, sonido, seguridad y público, y no cumplió con las expectativas de los asistentes, que esperaban escuchar algunos de los éxitos de la banda, como “Sweet Child O’ Mine” y “Knockin’ on Heaven’s Door”, que no fueron tocados. El momento más emotivo del concierto fue cuando la banda interpretó “November Rain”, y coincidió con una fuerte lluvia que cayó sobre el estadio. El público cantó y se mojó junto a la banda, que tuvo que salir del escenario por el riesgo de electrocución y el concierto terminó antes de lo previsto, y los artistas tuvieron que salir escoltados del estadio y del país. El concierto de Guns and Roses en Bogotá fue un fracaso y dejó una mala imagen del rock colombiano entre los sectores más mojigatos de la sociedad que presionaron para que se prohibieran los conciertos en El Campín. El directo afectado fue el italiano Eros Ramazzoti quien terminó tocando en un potrero improvisado. Después de esto hubo pocos conciertos internacionales en mucho tiempo en el país.

9. El Primer Rock al Parque.

Rock al Parque se realizó en Bogotá por primera vez en 1995 y se convirtió inmediatamente en una bandera de la ciudad. El festival nació como una iniciativa de Mario Duarte, vocalista de la banda La Derecha, Julio Correal, productor musical, y Berta Quintero, subdirectora de fomento del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, con el objetivo de promover el rock nacional y de crear un espacio de convivencia y tolerancia para los jóvenes de la ciudad. El primer Rock al Parque se realizó del 26 al 29 de mayo de 1995 en diferentes escenarios como la Media Torta, el Parque Simón Bolívar, el Estadio Olaya Herrera y la Plaza de Toros La Santa María. Contó con la participación de 43 bandas colombianas, como Aterciopelados, 1280 Almas, Morfonia y Catedral, y dos invitados internacionales, Fobia de México y Seguridad Social de España. El festival fue un éxito y reunió a más de 70.000 personas, que disfrutaron de la diversidad y la creatividad del rock en español. El primer Rock al Parque significó un hito para el rock colombiano ya que fue el primer y más grande evento de este género en el país, y dio a conocer a muchas bandas locales que luego se consolidarían en la escena nacional e internacional.

También fue una muestra de la cultura y el estilo de vida de los jóvenes de la época, que expresaban su rebeldía, su identidad y su resistencia ante la situación de violencia y crisis social que vivía el país. Lamentablemente con el tiempo este festival se sumió en la corrupción y la deshonestidad, pero no se puede desconocer su importancia en la escena del rock y el metal colombiano.

Una de las características del primer Rock al Parque y que explica mucho de lo que fueron las bandas que se consolidaron en la escena, fue que la mayoría de las bandas que se presentaron venían de la escuela Tejedores de Sociedad, un programa del Instituto Distrital de Cultura y Turismo que buscaba formar a los jóvenes de los sectores populares de la ciudad en la música, el arte y la cultura. La escuela Tejedores de Sociedad ofrecía talleres de técnica de guitarra, teoría musical, armonía, jazz, historia de la música colombiana e investigaciones sobre músicas indígenas, entre otros. Algunos de los profesores de la escuela eran músicos reconocidos, como Teto Ocampo, Humberto Monroy y Chucho Merchán. La escuela Tejedores de Sociedad fue una plataforma para que muchas bandas emergentes pudieran mostrar su talento y su propuesta musical, y también para que se generara un intercambio y una integración entre los músicos de diferentes regiones y estilos. La escuela Tejedores de Sociedad fue un factor clave para el desarrollo y la consolidación del rock colombiano, y para el éxito del primer Rock al Parque.

10. La consolidación del rock alternativo y fusión en los años 90 que revivió el rock a gran escala en Colombia.

El rock alternativo y fusión en los años 90 en Bogotá y Medellín fue una enorme escena musical que se caracterizó por la diversidad, la creatividad y la innovación de las bandas que mezclaron el rock con otros géneros como el pop, el funk, el reggae, el rap, el ska, el metal y la música folclórica. Algunas de las bandas más representativas de esta escena fueron Aterciopelados, 1280 Almas, La Pestilencia, Estados Alterados, Ekhymosis, Kraken, Morfonia, La Derecha, Catedral, I.R.A., Los Aterciopelados, entre otras. Estas bandas lograron una gran popularidad y reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional, y expresaron a través de sus letras y su música la realidad social, política y cultural de Colombia en una época marcada por la violencia, el narcotráfico y la crisis. El rock alternativo y fusión en los años 90 en Bogotá y Medellín fue una de las escenas más importantes y vibrantes de la historia del rock colombiano.

El primer video en MTV de una banda colombiana fue el de Estados Alterados y el primer Grammy para el rock colombiano fue el de Aterciopelados, estos logros hacían soñar con que Colombia por fín iba a estar en el radar del mundo como lo hacía México o Argentina. Algunas disqueras se aventuraron con los discos como MTM o BMG con su sello Culebra. Lastimosamente esta escena murió con el rock en 1999 junto a los disturbios de Woodstock y todo el movimiento pop que fue reemplazándolo. Subterránica retrató esta década en el libro “Cuando las calles eran de hierro” de Szarruk.

Estos son diez momentos que marcaron esta pequeña historia de nuestro rock que no es tan nutrida como la de otros países pero que sí tienen alma y han sido importantes. De seguro hay muchos más pero estos son los vitales. Cuando el nuevo siglo comenzó el rock decayó, fue lentamente reemplazado por las modernizaciones y folclorizaciones, se dio un conato de resurgimiento con dos movimientos muy fugaces: el new metal y el neo punk, pero no alcanzaron a durar mucho tiempo. Hoy en día el rock lucha por mantener su nicho y está casi extinto en Colombia en donde el Metal aprovechó y ha venido a reemplazar todos los espacios que el rock tenía consolidándose como una de las escenas actuales más importantes…y por supuesto la llegada de Subterránica al país en 2005 que es lo que nos trae acá en este momento… larga vida al rock colombiano.

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Mr Bitch lanza SUCKER, el espejo incómodo del rock colombiano

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La banda de Pereira lanza un sencillo que convierte la crítica ajena en autoironía, con un videoclip que no deja títere con cabeza.

Hay una frase que Mr Bitch lanza al aire y que resume el espíritu de «SUCKER»: “todos somos suckers, menos tú… obvio”. Esa coletilla, cargada de sarcasmo, es la puerta de entrada a un lanzamiento que la banda colombiana de rock alternativo usa para señalar esas conductas cotidianas que criticamos en los demás sin detenernos a pensar que nosotros también podemos ser parte de ellas.

El grupo, oriundo de Pereira, construye su propuesta sobre una base sonora que bebe del rock alternativo, el grunge y los sonidos de los años 80 y 90. Guitarras contundentes, actitud irreverente y una ironía que no se esconde, esos son los pilares de un sonido que «SUCKER» lleva a su terreno más reconocible.

Pero si hay un elemento que le da cuerpo a la crítica que la canción propone, es su videoclip. Protagonizado por un personaje con apariencia de bolsa de basura, el video recorre situaciones cargadas de clichés y referencias a comportamientos cotidianos. La elección no es gratuita, el personaje envuelto en basura es, en sí mismo, una metáfora de aquello que desechamos, de lo que señalamos como ajeno, mientras el mensaje de la canción insiste en que eso que tanto criticamos en los demás también puede tener algo que ver con nosotros mismos.

La apuesta de Mr Bitch no es la del sermón ni la del juicio moral. Es la de la autoironía como espejo. La banda juega con la idea de que el “sucker” no es solo el otro, el que comete las conductas que nos molestan, sino también uno mismo. Y lo hace desde un lugar lúdico y provocador, con una propuesta visual que se ríe de los clichés mientras los exhibe.

«SUCKER» ya está disponible en las plataformas digitales, y su videoclip puede verse en el canal oficial de YouTube de la banda. Con este lanzamiento, Mr Bitch reafirma su lugar dentro del rock alternativo colombiano, una banda que combina canciones propias, guitarras contundentes y una actitud irreverente inspirada en distintas generaciones del rock, pero con una mirada propia sobre lo que somos capaces de criticar sin mirarnos al espejo.

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La Veeduría Ojo al Arte destapa millonarios vacíos, duplicidades y opacidad financiera en informe sobre los Festivales al Parque de Bogotá.

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La escena subterránea colombiana acaba de presenciar el ejercicio de periodismo de investigación y control ciudadano más demoledor de su historia contemporánea tras el cierre oficial de las pesquisas lideradas por la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte. Nacida desde las entrañas de la resistencia cultural y consolidada como el único contrapeso real frente a la desidia estatal, esta plataforma ha sacudido los cimientos de la burocracia musical local al destapar lo que las grandes esferas del poder cultural querían mantener sepultado bajo alfombras de terciopelo y contratos multimillonarios. Lo que comenzó como una sospecha sobre el manejo de los dineros públicos en los festivales más importantes del continente se convirtió en una radiografía de cómo se mercantiliza la pasión de miles de rockeros en favor de unos pocos operadores privados y clanes institucionales protegidos por el silencio administrativo.

Durante meses de un rastreo forense implacable por los laberintos transaccionales del SECOP II y la revisión de polémicos convenios de asociación, la veeduría diseccionó quirúrgicamente la maquinaria financiera del Instituto Distrital de las Artes exponiendo ante la opinión pública un modelo de contratación opaco que supera los trece mil millones de pesos entregados a dedo a entidades sin ánimo de lucro como el Teatro R101. El equipo investigador logró documentar la existencia de cajas negras presupuestales donde el Estado transfiere sumas astronómicas de dinero para operar festivales masivos mientras confiesa por escrito que carece de extractos bancarios y comprobantes de egreso reales para verificar el destino de los recursos. La investigación detalla con precisión quirúrgica cómo se desvío dinero destinado a la formación artística infantil en los barrios para tapar huecos en contratos de vigilancia y cómo se consolidó un monopolio técnico de backline e infraestructura donde las mismas empresas rotan en simulacros de subasta adjudicándose contratos por el cien por ciento del presupuesto oficial sin dejar un solo peso de ahorro para la ciudad.

El informe final no solo desnuda la duplicidad escandalosa de los gastos operativos y el pago inflado de más de mil doscientos millones de pesos a sociedades de gestión colectiva mediante falsas motivaciones de exclusividad, sino que también pone sobre la mesa el acoso sistemático, los vetos corporativos y las persecuciones policiales orquestadas contra los veedores que se atrevieron a desafiar el statu quo. Con este compendio probatorio ya radicado formalmente ante los entes de control fiscal y disciplinario, la veeduría cierra un ciclo histórico demostrando con documentos firmados que la deshonestidad y la tercerización corrupta imperaban en el corazón de la fiesta musical de Bogotá, dejando ahora la responsabilidad en manos de una ciudadanía que ya despertó y de unas autoridades obligadas a romper su complicidad histórica.

Obviamente el trabajo investigativo termina, se presentaron más de 250 páginas de pruebas. Ya el documento reposa en manos de las autoridades después de que a la veeduría concluyera su trabajo aun con allanamientos basados en denuncias falsas, seguimientos a las viviendas, amenazas y desacreditación por parte de intereses oscuros los cuales también se han solicitado sean investigados.

La conclusión de una auditoría forense de esta magnitud no se sostiene en adjetivos grandilocuentes, sino en la implacable arquitectura de los documentos públicos. Tras meses de un cruce metodológico de bases de datos transaccionales en el SECOP II, oficios institucionales de respuesta evasiva y resoluciones presupuestales, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte ha consolidado el expediente más riguroso y documentado sobre las anomalías estructurales que rigen la contratación del Instituto Distrital de las Artes y los Festivales al Parque en Bogotá. El informe no es un manifiesto político, sino una autopsia institucional que demuestra cómo los mecanismos de fomento cultural fueron desplazados por una maquinaria de tercerización opaca, diseñada para transferir millonarios recursos públicos a manos privadas eludiendo los principios elementales de la contratación estatal.

El núcleo de esta desviación financiera se sostiene sobre convenios de asociación plurianuales que superan los trece mil trescientos millones de pesos entregados a la Asociación Cultural Teatro R101, un operador privado que recibe el grueso del presupuesto operativo mientras la propia entidad pública confiesa por escrito que carece de extractos bancarios, comprobantes de egreso y copias de los subcontratos artísticos que justifiquen el destino real de los dineros. Esta renuncia deliberada a la fiscalización bancaria convierte al operador en una caja negra financiera, blindada por respuestas burocráticas que fragmentan la información entre entidades hermanas y por fallos judiciales de primera instancia que conceden plazos de espera funcionales para la consolidación de coartadas documentales, reproduciendo las mismas prácticas de opacidad detectadas en la gestión de estímulos anteriores como la Beca LEP.

La lista estructurada de los principales hallazgos técnicos y jurídicos de la investigación contine más de 70 jallazos de irregularidades de los cuales estos son algunos de los principales:

La “Caja Negra” Financiera del Teatro R-101 ($13.361 Millones): IDARTES transfiere multimillonarios recursos públicos mediante convenios de asociación para operar los Festivales al Parque, pero la propia entidad confiesa documentalmente que no audita las cuentas bancarias ni posee la totalidad de los subcontratos y pagos a artistas, amparándose en que los extractos son “documentos privados internos” del operador.

Duplicidad Contractual y Gasto Paralelo: IDARTES cubre directamente con contratos independientes los componentes esenciales de técnica, logística, seguridad, salud y transporte, mientras transfiere en paralelo sumas globales al operador privado, configurando un presunto pago doble por las mismas obligaciones operativas.

El Monopolio de Proveedores Técnicos: Concentración plurianual de más de cien contratos en un círculo cerrado de proveedores de infraestructura y backline (como Audio Daz y 4 Cuartos), amparados en pliegos restrictivos, subastas sin ahorro para el Estado (adjudicadas por el 100% del presupuesto) y confesiones documentadas de “monopolio de inventario”.

Escalada Injustificada en los Pagos a SAYCO (Aumento del 600%): Incremento desproporcionado en los giros directos por derechos de autor (de $178 millones en 2024 a más de $1.229 millones en 2026), fundamentados en una falsa motivación sobre inexistencia de pluralidad de oferentes y ejecutados a ciegas en el primer mes del año sin cruce de planillas de repertorio real. Todo esto a una entidad sancionada que históricamente ha estado envuelta en cientos de escándalos.

Privatización del Espacio Público y Patrocinios Ocultos: Explotación comercial de los parques metropolitanos y montaje de escenarios comerciales (como la tarima corporativa comercial) por parte de marcas privadas y licoreras, cuyos contratos y recaudos no ingresan al Tesoro Distrital ni son vigilados por la administración.

Nómina Paralela y Fraccionamiento Presupuestal: Uso masivo de la contratación directa por prestación de servicios y fraccionamiento de Certificados de Disponibilidad Presupuestal (CDPs) para mantener una estructura burocrática interna transversal que elude los concursos públicos de mérito y los umbrales de selección objetiva.

Vetos, Hostigamiento e Intimidación al Control Social: Bloqueo institucional y sistemático contra plataformas de veeduría y medios independientes (como Subterránica y el Museo del Rock Colombiano), trascendiendo a hostigamientos y operativos de presión policial y judicial contra los veedores ciudadanos.

Con la presentación de este informe técnico y financiero, la Veeduría Ciudadana Ojo al Arte cumple a cabalidad con su mandato constitucional y legal de control social, habiendo recaudado y documentado el acervo probatorio que demuestra las graves irregularidades que rodean la contratación de los Festivales al Parque.

No obstante, corresponde ahora de manera exclusiva a las autoridades competentes (Fiscalía General de la Nación, Contraloría General de la República, Procuraduría General de la Nación y Personería de Bogotá) asumir la responsabilidad legal que les compete: realizar las investigaciones forenses de fondo, practicar las pruebas periciales necesarias y tomar las decisiones disciplinarias, fiscales y penales a que haya lugar. Nuestra labor investigativa ha llegado a su término; el esclarecimiento definitivo de los hechos y la determinación de las responsabilidades legales quedan enteramente en manos del Estado.

@veeduríaojoalarte

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Colombia

Bogotá afina las guitarras para Incendiar Wacken y el primer heat ya tiene dueño

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La maquinaria del metal colombiano ha vuelto a rugir con una fuerza que no entiende de fronteras y Wacken Metal Battle Colombia ha abierto oficialmente su cuarta temporada consecutiva con una noche que quedará grabada en la memoria de la escena capitalina, porque Bbar se convirtió en el epicentro de una operación enorme que activa un circuito único en la región y que este 2026 llega con un antecedente demoledor, el primer lugar a nivel mundial conquistado con fuerza por el talento de los chilenos Force, un hito que ahora obliga a llevar a dos bandas al campo sagrado de Alemania y que eleva la vara para cada agrupación que se atreve a subirse al escenario.

La geografía de esta batalla es tan ambiciosa como su propósito y nuestra región se divide en dos, norte con Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que el oeste agrupa a Chile, Perú y Bolivia, tejiendo una red de eliminatorias que desembocan en una final regional donde los mejores exponentes del continente se disputan el pasaje a Wacken Open Air y esa presión se sintió desde el primer acorde en Bogotá, donde cinco bandas de altísimo nivel se lanzaron a la arena con la certeza de que solo un cupo directo estaban en juego y con la responsabilidad de demostrar que la escena local es mucho más que las diez bandas que suelen rotar por los espacios públicos.

La primera en reventar el escenario fue Decimation, una agrupación bogotana de death metal formada en 2016 que sonó como un camión y que dejó claro por qué es una de las bandas más sólidas del circuito extremo capitalino, con una alta factura en los riffs de guitarra y una energía que no dio tregua en ningún momento, porque su punto fuerte es ese front man que combina una voz poderosa con una presencia escénica bestial y que, respaldado por una banda de ejecución precisa, logró que el público entendiera de inmediato que la noche no iba a tener concesiones, sobre todo si se tiene en cuenta que Decimation trabajando constantemen te consolidando un nombre que ya es sinónimo de brutalidad bien entendida en la movida bogotana.

Siguió Atomic Heart, una de esas bandas jóvenes que llevan varios años trabajando y cuya evolución ha sido evidente para quienes han seguido su rastro, porque el ensamble musical es de mucho calibre y refresca una escena que necesita urgentemente de savia nueva, y es que Atomic Heart ha dado un giro hacia una especie de hard rock con una identidad propia que ellos mismos bautizaron como Street-Rock, una propuesta que refleja lo que es ser un muchacho en estos tiempos y que se sostiene en el caos urbano de Bogotá como materia prima, con guitarras pesadas, estructuras directas y una estética que bebe del pixel art y el glitch, además de contar con recorrido que ya supera una enorme cantidad de presentaciones y nominaciones en los Premios Subterránica 2026, lo que confirma que su juventud no es un obstáculo sino un combustible para seguir conquistando espacios.

Luego vino Sunset Street, una banda que ha dado mucho de qué hablar en Bogotá por su puesta en escena, su look y su energía, y que representó toda la estética glam de los ochentas a la perfección con una diversión contagiosa que cautivó al público desde el primer acorde, porque su propuesta rescata el sonido y la imaginería de bandas como Mötley Crüe, Ratt y Poison con una fidelidad que no cae en la copia y que, por el contrario, se apropia del sleaze metal para proyectarlo hacia el presente, y para este heat integraron una segunda voz femenina que sí aportó y enriqueció tanto visual como musicalmente, sumando armonías, texturas y una presencia escénica que potenció la puesta en escena y se complementó con la solidez de un grupo que se nota sin esfuerzo sobre las tablas, con un performance que levantó a todos los asistentes y que confirmó por qué son una de las bandas revelación de los últimos años en el país.

Le llegó el turno a Detonadores, una agrupación que ha sufrido cambios a lo largo de los años hasta consolidar lo que son hoy, con una demostración de poder que dejó al jurado sin argumentos en contra, porque su vocalista es una fuerza de la naturaleza imparable, una mujer que se lleva por delante a muchos de los vocalistas de metal actuales y que, con una música que mezcla crust punk alterado con la fuerza del gutural, convierte cada canción en un golpe profundo y pesado, agresivo y con clase, demostrando que la escena extrema colombiana tiene nombres femeninos que están redefiniendo las reglas del juego y que el jurado supo reconocer al momento de deliberar, apostando por una presencia escénica arrolladora y por un sonido que no necesita adornos para ser demoledor.

Para cerrar la noche llegó Thunder Steel, heavy clásico pero con tintes modernos, riffs rápidos y una puesta en escena perfecta para despedir una jornada tan intensa, y bandas como estas demuestran que los géneros más puros del rock se están retomando por las nuevas generaciones y los están haciendo propios, metiendo el tinte de la ciudad y la realidad en donde viven, porque a pesar de que ya habían pasado cuatro bandas la gente se levantó y respondió con una entrega que pocas veces se ve en un concierto de esta naturaleza, validando el trabajo de una agrupación fundada en 2010 que lleva más de una década construyendo un camino en la escena bogotana y que con discos como “Legión del Trueno” ha sabido mantener viva la llama del heavy metal tradicional sin quedarse anclada en el pasado.

Fue un gran inicio de Metal Battle y las cuentas hablan por sí solas, porque en tres participaciones hemos conquistado dos podios a nivel mundial y eso para nosotros dice mucho, pero la apuesta para esta edición es buscar esa banda que vuelva a remover la tierra de Wacken y eso es algo totalmente difícil, tanto que no se puede decir que hubo una mejor banda que otra, porque los estilos fueron diferentes y los sonidos también, y por eso el jurado se tardó tanto tiempo en decidir, aunque al final el veredicto fue claro, el ganador del primer Heat es Detonadores porque el jurado piensa que la presencia escénica de su vocalista y el poder de la banda podrían destacar en el campo sagrado, así mismo Sunset Street pasa a las finales gracias a un performance que levantó a todo el público y que además les valió el voto de la gente, y algo interesante que estamos haciendo es que las bandas voten por otra banda, y ese voto se lo llevó Atomic Heart, lo cual es muy interesante porque demuestra que todos apoyaron a la generación nueva y que la escena entiende que el relevo generacional no es una amenaza sino una necesidad.

Qué honor poder ver a estas bandas en este circuito y descubrir y reiterar una vez más que Bogotá es mucho más de las diez bandas que rotan por todos los espacios públicos, porque a los que fueron saben que fue un concierto de talla mundial y que las grandes bandas no necesitan estadios para sonar como deben, así que encontraremos de nuevo a Detonadores y Sunset Street en las finales para ver si alguna de ellas avanza a la gran final regional, mientras que por lo pronto el segundo heat será el sábado 24 de octubre con otro cartel que promete darnos una de las mejores noches del año y que dejará claro que esta cuarta edición del Wacken Metal Battle Colombia no es un simple torneo sino una declaración de intenciones de una escena que ya no pide permiso para existir sino que exige ser escuchada.

@subterranica

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